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Cuando 1000 caras son 1 rostro multiplicado por 0

1000 CARAS / 0 CARAS / 1 ROSTRO
CINDY SHERMAN, THOMAS RUFF, FRANK MONTERO

SALA ALCALA 31
Del 31 mayo al 24 julio 2011

PHOTOESPAÑA 2011

Todo retrato representa la articulación entre la identidad fisonómica, la expresión subjetiva y la agencia del retratista que construye la obra. Aquél modula o transforma la identidad y el mensaje del rostro de su modelo en beneficio de la semiosis del rostro representado. Esta recreación, inherente al proceso mismo de representar, puede ser activada conscientemente con múltiples propósitos, que van de idealizar y teatralizar al realismo. Mediante las tensas interfaces entre artistas tan dispares como Cindy Sherman, Thomas Ruff y Frank Montero, a través de sus obras se puede reflexionar acerca de los intrincados caminos de la identidad, la representación y la comunicación en el arte, pero también más allá, en la sociedad contemporánea.

Mientras que Sherman es una sola persona, ella misma, quien actúa a todas las demás, en Ruff se trata de personas reales que parecen una sola repetida al infinito. Las fotos de Frank Montero, por otra parte, son un enigmático registro de su vida basado en su autorrepresentación. De este modo, en Sherman se tiene una cara que produce a todas; en Ruff son todas las caras multiplicadas por 0; en Montero, el rostro propio que se actúa a sí mismo en las innumerables rostros de los cambios del tiempo y de la vida.

. CINDY SHERMAN

La obra de Cindy Sherman (New York, 1954) es una  monumental investigación sobre las identidades y los poderes de representación de una fotografía actuada más que escenificada. Durante décadas ha desarrollado el proyecto aparentemente imposible de transformarse en otros, mimetizando sus identidades, en series como Bus Riders, Murder Mistery People, ABCDE Untitled Film Stills, en las que realiza una construcción y representación de personajes más directa y escueta.

La obra de Cindy Sherman se articula en torno a la representación de estereotipos. La artista es la protagonista de sus propias fotografías: en ellas se transforma en sujetos triviales a partir de los que analiza modelos de la cultura occidental. Cindy Sherman empezó a interesarse por el arte después de encontrar un libro con reproducciones de artistas como Picasso y Dalí. La artista comenzó sus estudios de arte en la Universidad Estatal de Búfalo en 1972, donde pronto abandonó la pintura para centrarse en la fotografía, arte que considera más atractivo e inmediato. Fue en la universidad donde, de la mano de Barbara Jo Revelle, una de sus profesoras, Sherman se inició en el arte conceptual.

En 1976 después de graduarse, Sherman se mudó a la ciudad de Nueva York. Allí, comenzó a trabajar sola en su estudio, asumiendo todos los roles: era al mismo tiempo la autora y la protagonista de sus fotografías.

En su obra el referente real se acaba perdiendo y es sustituido por un personaje que le sirve a la artista para reproducir los roles femeninos culturalmente establecidos y reproducidos en los medios de comunicación de masas. Para Sherman, tanto el cine como la televisión tienen una influencia determinante en la configuración de los estereotipos de género. En sus fotografías, analiza de forma crítica lo que hay de artificial bajo esa construcción de lo femenino.

Además, Cindy Sherman también ha hecho incursiones en el campo de la cinematografía dirigiendo películas como Office Killer, de 1997.

– Serie ABCDE (1975)

Cindy Sherman comenzó la Serie ABCDE en 1975, cuando aún estaba en la universidad. Este trabajo está compuesto por cinco retratos de la artista en primer plano, de tal forma que su cara y su cuerpo llenan toda la imagen -incluso se sale del marco en algunas ocasiones- anulando cualquier referencia espacial.

 

En cuatro de estas imágenes, la artista se fotografía representando diversos momentos de la vida de una mujer, y en la otra se retrata como un hombre. Aunque es uno de los primeros trabajos de Sherman, ya se ve una de las constantes que van a guiar su obra: el uso de su cuerpo para representar estereotipos sociales.

 

– Murder Mystery People (1976-2000)

En la serie Murder Mistery People (1976), Cindy Sherman se fotografía como los diferentes personajes que podrían protagonizar una novela negra.

 

Esta obra está compuesta por diecisiete imágenes donde la artista vuelve a retratarse en su estudio, sin ningún elemento más que su propio cuerpo y los complementos necesarios para crear a cada personaje.

 

En estas fotografías, a diferencia de lo que ocurría en la Serie ABCDE, las figuras aparecen de cuerpo entero, bien encuadradas y con una iluminación homogénea. Para tomar estas imágenes, Sherman ha utilizado un ángulo neutro, colocando el objetivo a la altura de los ojos.

 

– Bus Riders (1976-2005)

En Bus Riders (1976), Cindy Sherman se retrata como las personas anónimas que esperan y cogen el autobús. Como en la serie anterior, son retratos en blanco y negro, con un fondo y una iluminación neutros, que realiza activando un disparador con el pie.

 

Las fotografías fueron tomadas en 1976 pero no se imprimieron hasta el año 2000. Sherman usa elaborados disfraces, transformando su identidad en cada imágen. Sin embargo el escenario está vacio, sólo se acompaña por una silla de madera como si fuese un asiento del autobús.

 

A partir de los años ochenta, la artista comienza a trabajar con otros formatos y con la fotografía a color.

 

– Untitled Film Stills (1977-1980)

Untitled Film Stills (1977) es una de las series más conocidas de Cindy Sherman. En esta obra, compuesta por sesenta y nueve retratos en blanco y negro, la artista parte del imaginario colectivo y, sin utilizar ninguna referencia concreta, aparece como la protagonista de una película de cine negro o de una imagen publicitaria de los años cincuenta.

En esta serie, el punto de vista desde el que toma las fotografías es más variado al que emplea en las series anteriores: hay planos generales, planos medios y primeros planos, y, además del ángulo neutro, utiliza también el contrapicado.

. THOMAS RUFF

Thomas Ruff (1958, Zell am Harmersbach, Alemania) despersonaliza al máximo a los sujetos, usando recursos que los igualan de forma repetitiva: ausencia de expresión, encuadre fijo, iluminación plana, vestuario y fondo neutros. Basa su trabajo en una reflexión sobre los rostros y la función que estos cumplen en cuanto a identidad e identificación. Sus fotografías son anti-retratos, como fichas policiales que despersonalizan a los sujetos que posan para él.

Thomas Ruff  forma parte de una generación de fotógrafos alemanes –junto con Axel Hütte, Candida Hoffer y Andreas Gursky, entre otros– que, al interesarse por la fotografía documental, protagonizaron el regreso a una nueva objetividad en la década de los ochenta del siglo XX.

Este artista se inició en la fotografía como alumno de Bernd Becher –precursor, junto a su mujer Hilla Becher, de esta vuelta a la objetividad- en la Academia de Arte de Düsseldorf, donde más tarde ha trabajado como profesor. La búsqueda de lo real, y la utilización de la serie y la repetición como método de trabajo, son algunas de las características que, desde el principio, han guiado su obra.

Aunque Ruff empezó fotografiando arquitectura en su primera serie (Interiors, 1979), enseguida se interesó por el género del retrato. En Portrait, a partir de 1981, el fotógrafo utiliza una luz uniforme e idéntica posición en todos los modelos, con el fin de despersonalizar al máximo a los sujetos retratados. En un primer momento, sus imágenes eran de pequeño formato, pero a partir de 1986 el artista optó por una fotografía de grandes dimensiones.

 

La obra de este autor toma referencias constantes de la sociedad contemporánea. Así, en Portrait retrata a sus modelos siguiendo los procedimientos que la policía utiliza para la identificación de sujetos, mientras que en Nacht, una serie que se inspira en las imágenes retransmitidas por televisión durante la Guerra del Golfo, el autor documenta paisajes urbanos nocturnos. Por otro lado, y de forma más explícita, en la serie Nudes utiliza directamente imágenes pornográficas obtenidas en Internet.

– Portrait (1980)

En 1980 Thomas Ruff realizó sus primeras obras dentro de la serie Portrait, en la que experimentó con las diferentes posibilidades que le proporcionaba el género del retrato. Este trabajo está compuesto por una serie de fotografías en las que retrata a conocidos suyos de medio busto y con una luz frontal. Este trabajo le proporcionó fama internacional.

En una segunda tanda de retratos, fechada en 1986, Thomas Ruff cambió el fondo de color neutro que había utilizado en un primer momento, por uno blanco. Ese mismo año, el artista decidió ampliar de manera considerable el formato de sus obras, lo que provocó un punto de inflexión en el panorama fotográfico de ese momento.

Los recursos que utiliza Thomas Ruff para despersonalizar a los sujetos que retrata son el encuadre fijo, una iluminación plana, y un vestuario y un fondo neutros. Sus obras son fotos directas, que igualan de forma repetitiva a los modelos que posan para él.

 

Otra de las características de la obra de Thomas Ruff es la ausencia de expresión de los retratados, y es que las personas a las que fotografía nunca sonríen, algo que el propio artista solicita a los modelos. Los rostros que fotografía Thomas Ruff son inexpresivos e impenetrables al no transmitir al espectador ninguna emoción o información sobre los retratados. Como espectadores, nadie nos devuelve nuestra mirada, por lo que no hay contacto posible con el retratado.

Según dice el propio Thomas Ruff: la fotografía que tomo a una persona ya no tiene nada que ver con ella. La imagen adquiere una realidad propia, es independiente de la persona fotografiada.

. FRANK MONTERO

Frank Montero, méxicano de mediados del siglo XIX y principios del siglo XX, era hasta hace poco un desconocido. La totalidad de su obra la componen 23 fotografías, en las que recrea su propia historia; en ellas, como también hace Cindy Sherman, el artista aparece disfrazado. Se escenificó a sí mismo en distintas etapas de su vida, retratado con atributos de sus ocupaciones o situaciones, a menudo teatralizados y quizás fabulados.

En este álbum autobiográfico, Montero aparece desempeñando ocupaciones tan dispares como cantante de ópera, seminarista católico, pionero del protestantismo, misionero metodista, periodista o difusor del espiritismo.

La obra de este artista mexicano plantea múltiples interrogantes: no podemos demostrar si realmente fue así su vida –si, por ejemplo, ejerció todas las profesiones en las que aparece fotografiado- o si todo es una invención; tampoco sabemos si Montero fue el autor intelectual o sólo el actor protagonista de las fotografías: lo único que la técnica nos asegura es que las leyendas que aparecen en los retratos se escribieron todas a la vez.

Por las imágenes que integran este álbum podemos distinguir varias etapas en la vida de Frank Montero. La primera, entre 1854 y 1879, corresponde a los años de su infancia, en la que vemos al artista como interno en un colegio francés. En un segundo momento, entre 1879 y 1882, Montero aparece como seminarista, profesor de filosofía y español, y conferenciante en la Misión Metodista. Y por último, en el periodo que abarca desde 1882 hasta 1925, aparece, entre otras profesiones, como periodista, cantante de ópera o presidente de la Sociedad Espiritista Mexicana.

Uno de los primeros retratos en plata sobre gelatina de Frank Montero es el que aparece a la edad de 12 años como interno del instituto Santa Isabel y del colegio francés Mathieu du Fossey (1867). Este colegio, fundado por un inmigrante francés a mediados del siglo XIX, destacaba tanto por su elevado precio como por la gran preparación con la que dotaba a sus alumnos. Este retrato pertenece a una primera etapa (1854-1879) que recoge sus fotografías de juventud, junto a los retratos del artista como interno en el Liceo Franco-mexicano y en el Ateneo mexicano (1872), y como estudiante de preparatorio (1874).

En un fotomontaje se ve el busto del autor con una leyenda escrita que nos informa sobre las ocupaciones de Frank Montero en ese momento. La escritura que acompaña a cada retrato nos proporciona la única información que tenemos sobre las imágenes y, por tanto, sobre la vida del artista.

 

Por el tipo de caligrafía y de tinta, se sabe que estas leyendas fueron escritas todas a la vez. Además, aunque las fotografías están fechadas entre 1855 y 1925, gracias al tamaño y el tipo uniforme de papel y a la técnica de impresión utilizados en todas ellas, sabemos que son imágenes de principios del siglo XX tomadas de fotografías del siglo XIX. Estos datos demuestran la intencionalidad de realizar un álbum biográfico

En un retrato de 1897, el artista aparece cantando Il Pagliacci en Puebla, una ópera del compositor italiano Ruggero Leoncavallo. De todas las fotografías que componen este álbum autobiográfico, esta es la única imagen en la que se indica el lugar donde se ha realizado. Del resto de las imágenes se desconoce la fecha, el lugar y la persona que tomó los retratos, tan sólo se conoce al protagonista: Frank Montero.

 

En estos retratos, el artista aparece en situaciones y escenarios dramatizados. Se ve como, según avanzan los retratos en el tiempo, aumenta el artificio y la teatralidad de las fotografías.

En uno de sus últimos retratos (1925), Frank Montero aparece como Francisco de Paula en el Convento de Churubusco de Ciudad de México. En este lugar Frank Montero también aparece fotografiado como El peregrino.

En estas dos instantáneas Frank sale del estudio y se hace retratar en el exterior, aumentando así la teatralidad de estas dos imágenes. Se pueden comparar estas obras de la etapa final de su vida con sus fotografías de juventud, donde se siguen todas las convenciones del retrato de estudio de esa época.

 

~ by lostonsite on 8 julio, 2011.

Arte, Exposiciones

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