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Cuando los pájaros anidan en paisajes sonoros

PIERRE-LAURENT AIMARD

CICLO GRANDES INTÉRPRETES 15.
Auditorio Nacional, 6 Octubre 2010

PARTE I:

MARCO STROPPA (1959-)

. Tangata manu (1995)
(Miniature estrose, Primo Libro nº5)
Prestissimo inafferrabile, azzurro

FERENC LISZT (1811-1886)

. Saint François d’Assise. La prédication aux oiseaux (1863)

OLIVIER MESSIAEN (1908-1992)

. Le traquet stapazin (1959)
(Catalogue d’oiseaux, Deuxieme Livre nº4)

F. LISZT

. Vallée d’Obermann (1855)
Première Année de pèlerinage: Suisse, S 160)
Lento Assai – Piú lento – Recitativo – Più mosso – Presto – Lento

PARTE II:

F. LISZT

. Au cyprès de la Villa d’Este nº 1 (1877)
(Troisième Année de pélerinage, S 163)
Andante – Più agitato –  Tempo I

BÉLA BARTÓK (1881-1945)

. Nénie, op 9a nº 4, Sz 45 (1917)

F. LISZT

. Les jeux d’eaux à la Villa d’Este (1877)
(Troisième Année de pèlerinage, S 163)
Allegretto – Un poco più moderato – Un poco accelerando – Un poco più lento.

MAURICE RAVEL (1875-1937)

. Miroirs (1906)
Une barque sur l’ocean
Oiseaux tristes
Alborada del gracioso

Propina:

– RAVEL – Miroirs: La Vallee des Cloches

DE PÁJAROS Y PAISAJES

.- STROPPA: TANGATA MANU

El compositor y docente italiano Marco Stroppa (Venecia, 1959) se formó en los conservatorios de Verona, Milán y Venecia. Su principal maestro de composición fue Azio Corghi. En los años ochenta trabajó en el Centro di Sonologia Computazionale de la Universidad de Padua iniciando una intensa relación con la música electrónica y la composición por ordenador, ámbito en el que adquirió una autoridad que le llevó a dirigir el Departamento de Investigación Musical del IRCAM de París entre 1987 y 1990. A este centro había acudido a investigar invitado por Pierre Boulez. Terminando el siglo XX, Stroppa comenzó a ejercer la enseñanza de la Composición en la Musikhochschule de Stuttgart y en el Conservatorio de París, centros en los que sucedió a los maestros Lachenmann y Grisey, respectivamente.

Otro gran nombre de la composición contemporánea -Luciano Berio- está relacionado con la pieza Tangata manu, porque ésta fue compuesta en 1995 como felicitación al maestro Berio por su sesenta aniversario, razón por la cual Stroppa citó  en su partitura alguna célula temática del homenajeado. La obra pasó a integrarse en la colección tituladoa Miniature estrose (Minitauras caprichosas), cuyo primer libro está integrado por siete piezas pianísticas, ocupando Tangata manu el quinto lugar. El título, Tangata manu, significa hombre-pájaro y alude a un viejo rito de la isla de Pascua, según el cual varios hombres debían moverse por muy peligrosos acantilados para hacerse con el primer huevo puesto por la Manutara o ave de la suerte, que cada año venía a anidar al escarpado paraje. Quien conseguía el huevo convertía en jefe guerrero a su amo, el cual pasaba así a ser el respetado y venerado Tangata manu.

 

MESSIAEN: LE TRAQUET STAPAZIN

Olivier Messiaen fue un apasionado de los pájaros que dejó muy importantes partituras referidas a ellos. De hecho, Messiaen se dedicó a la ornitología con entrega y criterios de científico. Una de sus obras más importantes donde plasmó sus conocimientos sobre los pájaros, es el colosal álbum pianístico que se titula Catalogue d’oiseaux (Catálogo de pájaros). En la sala Gaveau de París, el 15 de abril de 1959, la gran pianista Yvonne Loriod, discípula de Messiaen, ofreció el estreno absoluto de la obra. El público fue subyugado por aquella catarata de música, por aquel monumento sonoro que Loriod había puesto en pie admirablemente durante casi tres horas de concierto. La partitura está dedicada «a sus modelos alados y a Yvonne Loriod». Dos años más tarde, el maestro y su intérprete admirada y bienamada contraerían matrimonio.

Messiaen trabajó en su Catálogo de pájaros desde octubre de 1956 hasta septiembre de 1958. Dos años, obviamente precedidos de mucho tiempo de investigación, de ensayo, de trabajo de campo. El músico recorrió grandes superficies naturales, en distintas zonas de Francia, observando, escuchando a los pájaros y todos los sonidos de su entorno, anotando, impregnándose de aromas, de colores cambiantes con las horas del día… Todo esto, que no solo el canto de los pájaros, quiso, pudo y supo llevar a los pentagramas, y lo hizo sin orillar ningún aspecto técnico o estético del hecho musical: limitar la consideración del Catálogo de pájaros a que es una inteligente trasposición al piano del canto de los pájaros equivaldría, más o menos, a juzgar Tristán e Isolda simplemente como una inteligente explotación del cromatismo. Messiaen alcanzó en esta obra una de las cumbres de la literatura pianística de todos los tiempos.

La pieza Le traquet stapazin alude a la collalba rubia (Oenanthe hispanica), ave passeriforme cuyo canto fue seguido y anotado por Messiaen en el Rosellón, al sureste de Francia. Se trata del cuarto número de los trece que integran el Catálogo de pájaros. En ella, no sólo se evoca al canto de la collalba rubia, sino a muchas otras sugestiones ornitológicas, botánicas y paisajísticas que el propio maestro Messiaen tuvo el buen acuerdo de transmitir en un texto:

«Fin de junio. El Rosellón, la Costa Roja. Más arriba de Banyuls: el cabo de la Abeja, el cabo Rederis. Los acantilados rocosos, las montañas, el mar, los viñedos en terrazas. La viña presenta aún hojas verdes. Al borde del camino, una collalba rubia. Orgullosa, noble, se alza sobre las piedras con su bella vestimenta de seda naranja y de terciopelo negro, una T negra invertida que divide el blanco de la cola, una máscara negra profunda que cubre la parte superior de los ojos, la papada y la garganta. Se diría que es un gran señor español preparándose para un baile de máscaras. Su canto es fuerte, brusco, breve. No lejos, en la viña, el verderón hortelano lanza con éxtasis sus notas repetidas, aflautadas, de terminación melancólica. He aquí el carrascal, batiburrillo de matorrales bajos y espinosos, aulaga, romero, raíces, coscoja. En el carrascal: el canto exquisito de la invisible curruca tomillera. Volando alto y lejos sobre el mar, las gaviotas argénteas dejan oir su alarido cruel, su risa socarrona, seca y percutida. Un trío de grandes cuervos sobrevuela las rocas del acantilado con sus graznidos potentes y graves. Un pequeño jilguero tañe las campanillas… 5 h. de la mañana. El disco rojo y oro del sol sale del mar y asciende hacia el cielo. En lo alto del disco, la corona de oro aumenta hasta el momento en el que el sol está por completo amarillo y oro. Asciende más. Una banda luminosa se forma sobre el mar. 9 h. de la mañana. Con la luz y el calor otras voces se suceden: repiques sobre dos notas aflautadas de la curruca mirlona escondida entre los alcornoques -los cristalitos del triguero, la alegría poco extraña del escribano montesino, la volubilidad del zarcero- canto en vuelo exultante, graznidos mezclados con gritos agudos de la cogujada montesina. Varias collalbas rubias se responden. 9 h. de la tarde. Rodeado de sangre y oro, el sol desciende tras las montañas. Los montes Albères se cubren de incendio. El mar se ensombrece. El cielo pasa del rojo al naranja, después se llena de un violeta de ensueño… Últimas estrofas de la curruca tomillera. Tres notas del escribano hortelano en la viña cubierta de noche. Todavía una collalba rubia, lejos sobre la carretera. Percusión seca de una gaviota argéntea, muy lejos, sobre el mar negro. Silencio… 10 h. Noche total. Recuerdo de la curruca tomillera».

LISZT: SAINT FRANÇOIS D’ASSISE. LA PRÈDICATION AUX OISEAUX; VALLÉE D’OBERMANN; AU CYPRÈS DE LA VILLA D’ESTE Nº 1; LES JEUX D’EAUX À LA VILLA D’ESTE

El piano de Liszt ofrece la perfecta adecuación de la escritura a las características técnicas y físicas del teclado del piano, así como la exigencia de alto virtuosismo para el intérprete; pero en cuanto a la sustancia de la música, el piano de Liszt ofrece un fascinante abanico que va del extremado rigor formal de la Sonata  a las formas más desbordantes de fantasía y libertad, de la música basada en temas nacionalistas o folclóricos a la música aspirante a la universalidad, de la manifestación festiva a la expresividad hondamente religiosa o casi mística, del carácter abstracto del estudio a la música cargada de contenido poemático… Su larga vida -al contrario que las de Schumann y Chopin-, su poliédrica personalidad, su propia vinculación al instrumento como intérprete, su trabajo constante y la facilidad con que improvisaba y escribía se tradujeron en un caudal enorme de composiciones en las que, inevitablemente, se dan altibajos de calidad e interés, pero, aun considerando solamente el buen piano de Liszt, éste es inagotable, fascinante, todo un mundo. O mejor, varios mundos.

Saint François d’Assis. La prédication aux oiseaux (San Francisco de Asís predicando a los pájaros), es una preciosa muestra del poematismo pianístico en Liszt. Forma parte del conjunto formado por 2 Légendes S 175, escritas en 1863. La primera leyenda es un prodigio de música evocadora de la tierna y beatífica estampa del fraile dando doctrina a las aladas criaturas. Se transita de la etérea pajarería a la solemnidad -sin aparato externo- del sermón y, de éste, a la contestación alegre y como ingrávida de los pajarillos. François René Tranchefort estuvo inspirado al describir la estética de esta espléndida página de Liszt como «una suerte de impresionismo místico».

En los libros titulados genéricamente Années de pélerinage (Años de peregrinación), se recogen composiciones muy distantes en el tiempo y de carácter vario, si bien unificadas por el apuntado carácter poemático y por el hecho de que cuanto el compositor evoca en ellas son vivencias experimentadas en sus largos periplos europeos. Así, en 1835, acompañado por su amante, la condesa Marie d’Agoult, el entonces joven compositor y brillantísimo pianista húngaro viajó desde París, a través de varios países, con destino principal a Suiza. En su Album d’un voyageur (Álbum de un viajero) (1835-1836) fue dejando impresiones musicales que servirían años más tarde para el primer volumen -titulado Suiza- de los Años de peregrinación. La composición de esta obra la llevó a cabo Liszt entre 1848 y 1854, en Weimar, reviasando a fondo parte de aquel Álbum. Si Italia sería objeto de un segundo volumen, integrando por piezas a menudo inspiradas por grandes obras plásticas o literarias, no cabe extrañar que los principales motivos de inspiración en Suiza fueran la contemplación de paisajes y el relato de leyendas, aunque no falte el apoyo en citas literarias, a las que Liszt eran tan propenso: así sucede en la Vallée d’Obermann, acaso la pieza más amplia y elaborada del álbum. Se suceden en su transcurso diversas secciones que pretenden ser un retrato sonoro psicológico de un personaje (al parecer portador de caracteres autobiográficos) del escritor francés Sénancour, a quien Liszt dedicó la página. Domina un clima expresivo triste, melancólico, de lúgubres presentimientos…

El tercer volumen de los Años de peregrinación, contiene un total de siete piezas, compuestas entre 1867 y 1877, y publicadas en 1883, cuando aquel arrebatado joven húngaro que «tomó» París medio siglo atrás había pasado a ser un venerable maestro que vestía sotana. Las piezas dedicadas a la Villa d’Este son de las más tardías, de 1877. Están inspiradas en los deliciosos y relajantes paseos que por la bellísima Villa situada en Tívoli, cerca de Roma, se dio Liszt durante sus estancias en el lugar, invitado por su amigo el cardenal Hohenlohe. Las páginas tituladas Au cyprés de la Villa d’Este (Los cipreses de la Villa d’Este) (números 2 y 3 de la colección) son dos thrénodies, es decir, cantos fúnebres. La primera de ellas Au cyprés de la Villa d’Este (Thrénodie I) está estructurada en tres secciones de agógica cambiante, pero siempre dentro de una concentrada y a la vez elevada expresividad. Por su parte, Les jeux d’eaux à la Villa d’Este (Los juegos de agua de la Villa d’Este), cabe que sea la página más celebrada de los tres volúmenes de Años de Peregrinación. Y no es extraño, pues se trata de una composición realmente deslumbrante, precursora del impresionismo musical, tan admirable al ser analizada como pura música, como si atendemos a su increíble plasticidad, a su poder evocativo y casi descriptivo de las cascadas, surtidores, chorros, salpicaduras, tintineos, reflejos… y hasta el propio sonido del agua al brotar, al caer, al salpicar. Todas las «músicas acuáticas» habidas después de esta obra lisztiana le deben algo: lo dijo Ferruccio Busoni hace mucho tiempo, pero la sentencia sigue valiendo.

 

BARTÓK: NÉNIE, OP. 9A, Nº4, SZ 45

Béla Bartók sería el compositor que seguiría a Liszt en el tiempo inscribiendo otro apellido húngaro en la nómina de la mejor música europea. Nénie también es un canto fúnebre. Hasta cuatro compuso Béla Bartók en 1910, aunque tardaron en darse a conocer, pues las estrenó en Budapest su colega Ernö Dohnanyi, el 17 de octubre de 1917. Se editaron como su Op. 9a. Se trata de música honda, grave y solemne, en la que Bartók traza un curso básicamente en acordes de admirable riqueza armónica y de personalidad sonora moderna, nueva e inconfundiblemente bartókiana, o sea, propia.

RAVEL: UNE BARQUE SUR L’OCEAN; OISEAUX TRISTES; ALBORADA DEL GRACIOSO

Miroirs (1905) constituye una serie de piezas para piano que marcan una evolución armónica de Ravel. Entre el encanto de la Pavana para una infanta difunta (1899) y la trascendencia del virtuosismo pianístico aplicado a las fantásticas evocaciones que hay en Gaspard de la nuit (1908), el piano de Ravel se enriqueció en 1905 con la colección Miroirs (Espejos), formada por cinco pequeñas obras maestras, cada una de ellas dedicadas a un miembro de aquel grupo artístico parisino, juvenil y revoltoso llamado «Los Apaches» y poseedora de valor autóctono, lo que justifica interpretaciones aisladas o parciales de las piezas del álbum. Ricardo Viñés estrenó los Miroirs, como tantas obras pianísticas de Ravel: ésta, el 6 de enero de 1906, en París.

– Noctuelles: (Noctuas, cierto tipo de mariposas). Continuos arpegios, trinos, juegos de tresillos en notas mínimas, está construida como un scherzo, con un episodio «sombrío y expresivo» en medio. La evocación es la de este tipo de mariposas, en la noche, al parecer a partir de una imagen presurrealista de Léon-Paul Fargue: «Las noctuas de un hangar parten con un vuelo torpe a encorbatar otras vigas». Los arpegios son vuelos entrevistos de revoltosas y pequeñas mariposas.

– Oiseaux Tristes: (Pájaros tristes). Los arpegios regresan para evocar un melancólico vuelo; hoy nos puede recordar a Messiaen, al menos en un momento cuando suena el nervioso puenteado del canto de un mirlo, anotado por el propio compositor y trasladado a esta pieza. Escribe Ravel: «Fue el primer fragmento que compuse -y el más típico de todos- aunque es el segundo de la serie. Evoco unos pájaros perdidos en el bochorno de un bosque muy sombrío en las horas calurosas del verano». Es una pieza lenta, una especie de lamento en el que también hay algo de ‘perpetuo’, un re sostenido que se repite.

– Une barque sur l’océan: (Una barca sobre el océano). Los arpegios ahora imitan al agua. Es la pieza más poemática, por decirlo así. La naturaleza ha dejado definitivamente de ser humana, como el arte trata de dejar de serlo a su vez. La misma sensibilidad que en Debussy con una letra muy distinta. Esta pieza fue posteriormente orquestada por Ravel, y el resultado es bastante distinto, y no sólo por la tímbrica sino por la propia transformación, que no se reduce a una orquestación.

– Alborada del gracioso: También realizó Ravel una orquestación años después. El gracioso  es ese personaje del teatro del Siglo de Oro que guiñaba al espctador de una complicidad humorística, una suerte de scherzo teatral que aliviaba el peso de la trama. Este gracioso de Ravel también se presenta en una especie de scherzo, aunque no ortodoxo sino bastante irregular, en el que la danza puenteada sería el tema del scherzo y la copla cumpliría funciones de trio. La «Alborada» nos sugiere la serenata y la danza de un gracioso de comedia de capa y espada, ya entrado en años, ya torpe, algo rídiculo en su ir por ahí de ronda. La guitarra da la serenata y marca la transición hacia o desde la danza, hacia o desde la copla. Sigue el esquema:
1. Guitarra (1), tema nervioso, en staccato, 6/8. Danza punteada, ágil, abundancia de efectos disonantes.
2. Guitarra (cadencia). Transición. Culmina la danza. Trinos. Regreso a 1
3. Copla, un intermedio sosegado y melancólico, poderoso contraste con el resto de la Alborada. La copla desgrana sentimiento en su cadencia. Pero entre la copla se abre camino, como reminiscencia o por su propio empuje, el clima de la danza, como se despliega la bandada de trinos y el tropel de arpegios.
4. Dos ideas. La copla ha ido cediendo y cae ante el empuje de una idea acuático de amplios arpegios y punteado guitarrístico. Es un episodio de transición al que sigue otro que regresa a 1 y a la danza, pero ahora sosegada; lo cual es engañoso, porque lo que quiere la danza es regresar.
5. Lo que finalmente regresa no es exactamente la danza, pero sí su índole, su tempo, su virtualidad sonora.

– La Válle des cloches: (El valle de las campanas). Movimiento lento, también con «ostinaciones», y con habituales contrastes de tesituras en la simultaneidad de líneas; esto es, de timbres. Al contrario que Noctuelles, este episodio final tiene un submovimiento algo más animado (dentro de la solemnidad de procesión que hay en esta evocación), y bastante más cantabile, mientras que la calma tensa, el sosiego acaso falso se da en los extremos, cuando se despliega la lejanía de las campanas.

~ by lostonsite on 26 octubre, 2010.

Conciertos, Música

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