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Cuando se confrontan dos imperios

PALAZZO REALE

LOS DOS IMPERIOS
Del 16 abril al 5 Septiembre 2010

Resultado de la cooperación entre el Ministerio de Actividades Culturales de la República Italiana y su homólogo de la República Popular China, la exposición «Los dos Imperios» permite comparar dos de los más importantes imperios de la historia: el Imperio Romano y las dinastías Qin y Han en el período comprendido entre el siglo II a. C. y el siglo IV d. C.

Una exposición con más de 450 obras de arte italianas y chinas que reconstruyen las etapas y los momentos más importantes del nacimiento y desarrollo de los dos imperios. A través de estas obras se puede comparar las estructuras sociales, investigar los ámbitos políticos y económicos de la civilización de Oriente y Occidente. Con unas condiciones históricas y geográficas peculiares, dos grandes culturas se desarrollaron mediante fórmulas distintas en sus formas externas, pero afines en su estructura funcional.

El imperio Chino evolucionó en un periodo de gran esplendor, plasmando y consolidándose el primer gran imperio con una importante estructura administrativa que ha tenido continuidad durante veintiún siglos. Contemporáneamente, en las antípodas de Eurasia, Roma, en su época imperial, representaba la potencia dominante a nivel político, económico y militar en el mundo civilizado occidental, convirtiéndose en el epicentro de la producción artística y cultural.

Las dinastías Qin y Han, y el Imperio Romano, como consecuencia de su papel de absoluta e indiscutible importancia en la antigüedad, han establecido las bases de estructuras políticas y sociales válidas aún hoy en día, estableciendo reglas capaces de influenciar fuertemente la historia de los siglos siguientes. Al comienzo de nuestra era, y aproximadamente durante los dos siglos posteriores, casi la mitad de la humanidad se encontraba bajo el control de uno de los dos grandes imperios: el Imperio Romano y el Imperio Han, situados en los polos opuestos de Eurasia. Dos Imperios de dimensiones parecidas (controlaban directamente unos cuatro millones de kilómetros cuadrados de territorio), con una administración burocrática simliar, dividido en un número comparable de entidades administrativas, con una enorme estructura militar capaz de imponer el respeto a los pueblos vecinos e incluso someterlos. Ambos se consideraban el centro del mundo, de todo el mundo, respectivamente del Orbis Terrarum y del Tianxia (todo aquello que está bajo el Cielo). Ambos estuvieron implicados en invasiones de pueblos que consideraban «bárbaros». La historia de la Dinastía Han Occidental conserva el vestuario de la dinastía Qin, o «Gran China», un reino cercano a la extremidad occidental de la tierra. Sus habitantes eran altos y llevaban la cabeza rapada, vestían trajes bordados, plantaban árboles de morera para los gusanos de seda y «su soberano habitaba cinco palacios cuyas columnas estaban hechas de vidrio». El hecho que estas características no tengan parangón reconocible en el Imperio Romano, podría haber sido porque se creía el acceso a esas tierras remotas estaba bloqueado por «leones y tigres feroces, que atacaban a quienes se aventuraban a entrar en ellas, siendo siempre devorados si no se iba en expediciones superiores a un centenar de hombres armados».

Los observadores romanos se encontraban en una situación parecida: para ellos, la extremidad oriental de Asia no era de fácil acceso: pocos hombres volvían de allí, y en muy extrañas ocasiones». Esto hizo difícil poder tener un intercambio cultural con aquellos que Horacio llamaba los «Hombres de la Seda».

Lo extraordinario es que, si no hubiese sido por la dificultad de comunicación, el observador contemporáneo habría podido percibir las numerosas similitudes entre los dos poderosos imperios, llegando a converger en el tiempo una evolución similar: el desplazamiento de la ciudad-estado a sistemas políticos territoriales; la transformación de las movilizaciones de muchedumbres en ejércitos profesionales; el crecimiento de un servicio civil proto-burocrático; diferencias en las organizaciones provinciales eclisadas por la centralización del control gubernamental; una robusta expansión de la moneda acuñada y controlada por el Estado; censo de la población; la codificación del derecho; la progresiva concentración de la riqueza entre la élite y el desarrrollo del mercado de la propiedad territorial; una transformación de pequeños propietarios arrendatarios, unida a la creciente fuerza de la unión del nepotismo político, que provocó la debilidad de la autoridad del Estado; los intentos fallidos de reforma agraria y los posteriores desórdenes rurales; la unificación ideológica a través de proyectos de arquitectura monumental, ritos religiosos; la creación de una cultura de élite homogénea; ideología y derecho imperial sostenidas por poderes trascendentales y, posteriormente, transformaciones religiosas que llevaron a la formación de Iglesias autónomas y al surgir de conceptos éticos y de salvación individuales respecto de los valores de la comunidad.

Sin embargo, también se podría haber incidido en las diferencias evidentes entre los dos imperios, como por ejemplo el fondo republicano del estado romano, el peso relativo de los propietarios terratenientes y de los funcionarios dependientes del gobierno imperial, las funciones y lal importancia del trabajo de los esclavos, el grado de autonomía del poder militar; la inexistencia en el Imperio Han de un equivalente al derecho civil romano y también la ausencia en Roma de una estabilidad dinástica parecida a la china o de una filosofía confuciana legalista sobre cómo fundar la autoridad del Estado y su legitimidad.

Las distancias eran demasiado grandes para permitir este tipo de confrontaciones: la ruta terrestre desde Chang’an hasta la costa mediterránea se desarrollaba a través de 7.000 kilómetros de estepas y montañas, mientras que la vía más directa por mar desde Egipto hasta Vietnam constaba de 12.ooo kilómetros. Así pues, al fin de los dos imperios, el conocimiento empírico de unos sobre otros quedó confinada en las escasas mercancias que eran traídas por intrépidos intermediarios: seda, jade y objetos de hierro procedentes de China, o lencería, vidrio y yeso del Mediterráneo.

. Dinastía Qin (221 – 206 a. C.)

La dinastía Qin gobernó China desde el año 221 a. C. hasta el 206 a. C.. El nombre Qín es uno de los posibles orígenes de la palabra China. La unificación de China en el 221 a. C. bajo el primer emperador Qin Shi Huang marcó los comienzos de la China imperial, periodo que duró (con ciertas interrupciones) hasta la caída de la dinastía Qing en 1912. La dinastía Qin dejó el legado de un centralizado y burocrático estado que sería continuado en dinastías sucesivas.

El rey de Qin, Zheng, se autoproclamó «Primer Emperador», una fórmula de títulos reservada anteriormente para deidades y los mitológicos gobernantes de China. Es conocido por los historiadores como Qin Shi Huang, primer emperador de Qin. Su deseo era que los sucesivos gobernantes de china la gobernaran con los títulos de «Segundo Emperador», «Tercer emperador», etc.

En el proceso de consolidación de su poder, Qin Shi Huang impuso el sistema burocrático no hereditario y centralizado del estado de Qin sobre su nuevo imperio en lugar del sistema feudal de la anterior dinastía Zhou. El imperio de Qin se apoyaba en la filosofía del legalismo (con hábiles consejeros como Han Fei o Li Si). La centralización, obtenida a través de métodos despiadados, se enfocaba en estandarizar los códigos legales y los procedimientos burocráticos, la moneda, el sistema de escritura y los patrones de pensamiento y estudios. Los caracteres utilizados en el antiguo estado de Qin se convirtieron en el estándar para todo el imperio. La longitud del eje de las ruedas de los carros también se unificó y las vías para vehículos estandarizadas para facilitar el transporte a lo largo del país. Para silenciar las críticas contra el mandato imperial, el emperador expulsó o condenó a muerte a muchos estudiosos confucianos que disentían, y confiscó y quemó sus libros.

Para evitar alzamientos futuros, Qin Shi Huang ordenó confiscar las armas y almacenarlas en la capital. Con el objetivo de prever el resurgimiento de los señores feudales, también destruyó los muros y fortificaciones que habían separado previamente a los seis estados. Se ideó un servicio militar nacional: todo varón entre las edades de diecisiete y sesenta años era forzado a servir un año en el ejército.

 

El engrandecimiento de Qin fue apoyado por las frecuentes expediciones militares que avanzaban por las fronteras del norte y del sur. Para repeler la intrusión de los pueblos nómadas (principalmente contra los xiongnu en el norte) las murallas de las fortificaciones construidas por los Reinos Combatientes se unieron para convertirlas en una sola; esto fue un primer precursor de la Gran Muralla China de 5000 km de largo construida posteriormente durante la dinastía Ming. Varios proyectos de obras públicas, incluyendo canales y puentes, también se emprendieron para consolidar y reforzar el mandato imperial. Una extravagante tumba para el emperador, completada con los guerreros de terracota, se construyó cerca de la capital Xiangyang, una ciudad a media hora de la moderna Xi’an. Esta actividades requerían de enormes desplazamientos de mano de obra y recursos, por no mencionar las necesarias medidas represivas.

 

El trabajo sin fin en los últimos años del reinado de Qin Shi Huang comenzó a provocar un descontento extendido. Sin embargo, el emperador fue capaz de mantener la estabilidad gracias a su firme control en cada aspecto de la vida de los chinos.

 

Durante su reinado Qin Shi Huang hizo cinco viajes de inspección por el país. Durante su último viaje con su segundo hijo Huhai en el 210 a. C., Qin Shi Huang murió repentinamente en la prefectura de Shaqiu. Huhai, siguiendo el consejo de dos altos oficiales -el secretario imperial Li Si y el jefe eunuco Zhao Ghao- falsificó el testamento del emperador. El falso decreto ordenaba que el primer hijo de Qin Shi Huang, el heredero Fusu, se suicidara, nombrando en su lugar a Huhai como el próximo emperador. El decreto también arrebataba la dirección de las tropas del militar Meng Tian -un fiel partidario de Fusu- y sentenciaba a la familia de Meng a muerte. Paso a paso, Zhao Ghao se apoderó del poder de Huhai, conviertendole en efecto en un emperador títere.

 

A los tres años de la muerte de Qin Shi Huang, las extendidas revueltas de los campesinos, presos, soldados y descendientes de los nobles de los seis Reinos Combatientes surgieron por toda China. Cheng Sheng  y Wu Guang, dos de un grupo de 900 soldados asignados para la defensa contra los Xiongnu, se convirtieron en los líderes de la primera revolución de plebeyos.

A comienzos de Octubre del 207 a. C. Zhao Ghao obligó a Huhai a suicidarse y le reemplazó con el hijo de Fusu, Ziying, quien no tardó en matar a Zhao Ghao, rindiéndose a Liu Bang. Sin embargo, en enero del año 206 a. C., Xiang Yu mató a Ziying e incendió el palacio, terminando con la dinastía Qin. En tan solo tres años tras la muerte de Qin Shi Huang, y menos de veinte años después de ser fundada la dinastía Qin llegó a su final. Pero pese a su corta existencia, su gobierno legalista tuvo un profundo impacto en las posteriores dinastías chinas. El sistema imperial que se inició durante la dinastía Qin creó un esquema que se desarrolló durante los siguientes dos milenios.

Durante el nacimiento y caída de la Dinastía Qin en China, en el Mediterráneo se libraba la Segunda Guerra Púnica (218 – 201 a. C.), en la cual los cartagineses perdieron la Península Ibérica. Comienza por tanto la expansión desde Roma del modo de producción esclavista y de todas las expresiones de la civilización clásica, bajo un sistema de gobierno, que desembocará en el llamada Alto Imperio Romano a finales del siglo I a. C. La transformación fue sufrida por toda la Cuenca del Mediterráneo, pero con notables diferencias en la mitad occidental (más latinizada) y oriental (donde continuó e incluso se profundizó la influencia helenística).

 

. Dinastía Han (206 a. C. – 220 d. C.)

La dinastía Han siguió a la dinastía Qin y precedió al periodo de los Tres Reinos en China desde el 206 a. C. hasta el 220. Durante la dinastía Han, sus reyes adoptaron las enseñanzas de los grandes filósofos de la antigüedad, Lao-Tse y Confucio, logrando una importante expansión territorial. Se fomentó la educación y la escritura en el recién inventado papel de arroz, propiciándose el intercambio de mercancías por la Ruta de la Seda, que va del Océano Pacífico hasta Persia e India.

China se convirtió oficialmente en un Estado confuciano y prosperó en el ámbito interno: la agricultura, los productos hechos a mano y el comercio florecieron, y la población llegó a los 50 millones. Mientras tanto, el imperio extendió su influencia cultural y política sobre los actuales Vietnam, Asia central, Mongolia y Corea antes de derrumbarse bajo una combinación de presiones internas y externas.

El primero de los dos periodos de la dinastía, llamado Dinastía Han Anterior o Dinastía Han Occidental que duró hasta el año 9 tuvo su capital en Chang’an (actual Xi’an, provincia de Shaanxi). La Dinastía Han Posterior o Dinastía Han Oriental, que duró del 25 al 220 tuvo su capital en Luoyang. La convención de denominarlas occidental y oriental se usa hoy en día para evitar la confusión con la dinastía Han del período de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos, aunque la nomenclatura de anterior/posterior se usaba en los textos históricos, incluyendo en Zizhi Tongjian de Sima Guang.

Los logros intelectuales, artísticos y literarios revivieron y florecieron durante la dinastía Han. El periodo Han produjo el historiador más famoso de China, Sima Qian (145 a.C. – 87a.C.?), cuyas Memorias históricas proveen una crónica detallada desde los tiempos de la legendaria dinastía Xia a aquéllos del emperador Wu (141a.C. – 87 a. C.). Los avances tecnológicos también marcaron este periodo. Uno de los grandes inventos chinos, el papel, data de la época Han.

Sería correcto afirmar que los imperios contemporáneos de los Han y los romanos eran los mayores que existían en ese momento en el mundo conocido. Pese a que no había una relación directa entre los dos, ambos eran conscientes de la existencia del otro, y existía un vínculo comercial a través de los otros imperios que existían en Asia Central y que actuaban como intermediarios, como Partia. Era un intercambio bastante desigual; China exportaba especias, telas, y, principalmente, seda. El imperio romano únicamente podía ofrecer oro y plata a cambio, puesto que no poseían otras manufacturas de interés para los chinos. Uno de los pocos contactos directos registrados entre ambos imperios aparecen en el Hou Hanshu donde se cuenta que un convoy romano representando a Antonino Pío alcanzó la capital Luoyang y fue recibido por el emperador Huan.

 

La dinastía Han, que ha dado nombre al principal grupo étnico de China, «los Han», fue notable también por su poderío militar. El imperio se expandió hacia el oeste hasta llegar a la depresión de Tarim (en la actual Región Autónoma Uigur de Xinjiang. Los ejércitos chinos también invadieron y se anexionaron partes del norte de Vietnam y Corea hacia el final del siglo II a. C. Pero el control por parte de los Han de las regiones periféricas era generalmente escaso. Para asegurar la paz con los poderes locales fuera de China la corte Han desarrollo un «sistema tributario» mutuamente beneficioso. A los estados no chinos se les permitía autonomía a cambio de la aceptación simbólica de la dominación Han. Los lazos tributarios se confirmaron y reforzaron a través de enlaces matrimoniales entre clases altas y los intercambios periódicos de regalos y bienes.

En los 3 meses tras la muerte del emperador de la dinastía Qin Qin Shi Huang en Shaqiu, surgieron revueltas por todos los rincones de China en las que estaban involucrados campesinos, prisioneros, soldados y descendientes de los nobles de los Reinos Combatientes. Chen Sheng y Wu Guang, miembros de un grupo de 900 soldados asignados a la lucha contra los xiongnu, fueron los líderes de la primera rebelión. Las continuas insurgencias finalmente desbancaron a la dinastía Qin en el 206 a. C. El líder de los insurgentes era Xiang Yu, un destacado comandante militar sin conocimientos de política, que dividió el país en 18 estados feudales para su propia satisfacción. La guerra consecuencia de esto entre esos estados marcó los cinco años de la Contención Chu Han con Liu Bang, el primer emperador de la dinastía Han, como eventual ganador. Al comienzo de la dinastía Han se le atribuyen dos fechas, tanto el 206 a. C. cuando la dinastía Qin se desmoronó, como el 202 a. C., cuando Xiang Yu se suicidó.

El nuevo imperio retuvo la mayor parte de la estructura administrativa de los Qin, pero se distanció un poco de la estructura centralizada de este último estableciendo principados con vasallos en algunas áreas por cuestiones de interés político. Después de que se estableciera la dinastía Han, el emperador Gao (Liu Bang) dividió el país en varios feudos para satisfacer a algunos de sus aliados en la guerra, aunque planeaba deshacerse de ellos una vez se hubiera consolidado su poder.

 

Después de su muerte, sus sucesores, desde el emperador Hui al emperador Jing, intentaron dominar China combinando métodos legalistas con las ideas filosóficas taoístas. Durante esta era «pseudo-taoísta», un gobierno estable y centralizado surgió mediante la revitalización de los sectores agrícolas y las fragmentaciones de los estados feudales después de anular la rebelión de los siete estados.

Durante el periodo taoísta, China fue capaz de mantener la paz con los Xiongnu pagando tributo y llevando a cabo acuerdos matrimoniales de princesas chinas con miembros de los Xiongnu. Durante este tiempo, el objetivo de la dinastía era librar a la sociedad de leyes duras, guerras y condiciones creadas durante la dinastía Qin, de amenazas externas de los nómadas, y de los primeros conflictos internos de la corte Han. El gobierno redujo la recaudación de impuestos y adoptó una actitud de servidumbre para con la tribus nómadas vecinas. Esta política de poca intervención del gobierno en las vidas civiles dio lugar a un periodo de estabilidad, que se denominó el reino de Wen y Jing, llamado así por los nombres de los dos emperadores de esta peculiar era.

 

Sin embargo, bajo el liderazgo del emperador Wu, en el periodo más próspero de la dinastía Han (140 a. C. – 87), el imperio volvió a recuperar el control. En su punto más alto, China incorporó los actuales Qinghai, Gansu y Vietnam dentro de sus límites territoriales. El emperador Wu decidió que el taoísmo ya no se adaptaba por más tiempo a China, y declaró oficialmente un estado confuciano. Sin embargo, al igual que los emperadores que le precedieron, combinó métodos legalistas con el ideal confuciano. La adopción oficial del confucianismo conllevó no solamente un sistema de selección para los servicios civiles, sino también el que los candidatos a la burocracia imperial hubieran de conocer obligatoriamente los clásicos confucianos, un requisito que duraría hasta el establecimiento de la República de China en 1912. Los estudiosos confucianos obtuvieron un estatus prominente dentro de dicho servicio civil.

Desde el 138 a. C. el emperador Wu envió a Zhang Qian como su enviado hacía las regiones occidentales, y en el proceso fue el pionero de la ruta que llegó a ser conocida como la ruta de la seda que iba desde Chang’an, pasando por Xinjiang y Asia Central hasta la costa este del Mar Mediterráneo.

 

Continuando la labor de embajador y los informes de Zhang Qian, las relaciones comerciales entre China y Asia Central y Occidental florecieron, a través de muchas misiones chinas enviadas a lo largo del primer siglo AC que iniciaron el desarrollo de la Ruta de la Seda. China también mandó misiones a Partia, que fueron seguidas de misiones reciprocas por parte de Partia alrededor del 100 a. C.

Después de doscientos años, la dinastía Han se vio interrumpida durante un breve periodo que duró del 9 al 24. La situación económica se fue deteriorando en los últimos años y Wang Mang, un miembro de las familias terratenientes que habían adquirido un gran poder durante el gobierno Han, tomó el poder y fundó la dinastía Xin, que sólo duró unos pocos años hasta que se restableció de nuevo la dinastía Han. Un pariente distante de la realeza Liu, Liu Xiu, lideró la rebelión contra Wang Mang con el apoyo de los mercaderes y los terratenientes. Consiguió así restablecer la dinastía Han en Luoyang, que gobernaría por otros doscientos años, y se convirtió en el emperador Guangwu.

Durante el primer siglo de nuestra era, en el Imperio Romano se consolida el Principado frente a la República, sucediéndose diversas dinastías que no demostraron ser especialmente dotadas, evidenciando las debilidades de un sistema dinástico hereditario. Tiberio, Calígula y Nerón fueron especialmente despóticos, dejándose llevar incluso por los excesos de locura que pusieron a prueba la fortaleza del sistema consolidado bajo la sabia administración de Octavio. Tras la dinastía Julio-Claudia se instauró la dinastía Flavia, cuyos emperadores sobresalieron en el aspecto de la administración y construcción. Mantuvieron resguardadas las fronteras mediante campamentos militares y a los habitantes de las provincias romanas del imperio les otorgaron derecho de ciudadanía. Fue en este periodo cuando se sucedió la erupción del Vesubio (año 79) que destruyó las ciudades de Pompeya y Herculano.

 

En el 105, ya en la dinastía Han oriental, un oficial e inventor llamado Cai Lun inventó la técnica para hacer papel de gran calidad. La invención del papel es considerada una revolución en la comunicación y el aprendizaje, reduciendo de forma drástica el coste de la educación.

Éste fue unos de los periodos más prósperos de la dinastía Han, al menos durante el reinado de los primeros tres emperadores, durante el cual no hubo revueltas importantes, ni dentro del China ni con los Xiongnu. El comercio floreció y la ruta de la seda se convirtió en una de las vías más importantes para el comercio exterior.

Pero la acumulación de poder por parte de los terratenientes y la presión cada vez más grande sobre los campesinos comenzó a generar nuevas rebeliones, acentuando la crisis agraria. Las desastrosas inundaciones del Río Amarillo alrededor de la década de 170 no hizo más que empeorar esta situación. La pérdida de las cosechas creó periodos de hambruna que alimentaron las rebeliones. La más importante de todas estas rebeliones fue la de los turbantes amarillos en las planicies del norte de China, la principal zona agraria del país. Esta rebelión fue liderada por Zhang Jiao y sus dos hermanos, que defendían las doctrinas taoístas de igualdad de derechos e igualdad en la distribución de tierras, presentes también en la secta de los Taiping. Pese a la muerte de los tres hermanos, las rebeliones continuaron. El poder de los emperadores se hizo cada vez menos influyente en favor de los estamentos militares, que son los que gobernaban en efecto el país. El último emperador Han, Xian Di, fue un emperador títere colocado en el poder por Dong Zhuo, un comandante del ejército, reinando hasta el 220 aunque sin ejercer ningún control real. De esta manera concluyó el periodo Han y China dejó de estar unificada en un solo estado, durante casi cuatrocientos años, hasta que fue reunificada de nuevo por la dinastía Jin después del turbulento período de los Tres reinos.

Mientras tanto, en el Imperio Romano durante el siglo II se sucede la dinastía de los Antoninos, de los cuales sus cinco primeros emperadores fueron conocidos dentro de la Dinastía de los Cinco Emperadores Buenos, porque todos fueron sabios y dirigieron muy bien Roma. Esto gracias a un nuevo sistema de sucesión que se basaba en la designación del sucesor, en vez de ser el pariente más cercano. Es así como se aseguró una buena sucesión, hasta que Marco Aurelio rompe la norma, designando a su hijo, Cómodo, decisión que resultaría desastrosa.

 

Tras un breve periodo anárquico Septimio Severo, militar no perteneciente a la aristocracia romana, consigue establecer una nueva dinastía el año 193, para ello debería salir victorioso en la mayor y más sangrienta confrontación entre ejércitos romanos (Batalla Lugdunum). Alejandro Severo es el último emperador de esta línea hereditaria, dando paso a la tercera anarquía (la primera fue el año de los cuatro emperadores y la segunda la que precedió a los Severos). A partir de entonces se suceden en el trono varios emperadores que llegan al poder gracias a haber subido en el escalafón militar por méritos sin ser necesariamente de procedencia noble. Todo ello desembocará en la crisis del siglo III.

~ by lostonsite on 12 julio, 2010.

Italia, Viajes

2 Responses to “Cuando se confrontan dos imperios”

  1. Excelente artiiculo , muy imteresante y completo.

  2. Desconocia toda esta info, esta super interesante…

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