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Cuando la creación es potencia

TILL FELLNER

Auditorio Nacional. Martes 10 de Marzo, 2009

LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770 – 1827)
– Sonata nº 1 en fa menor op. 2 nº 1 (1796)
Allegro
Adagio
Menuetto: Allegretto
Prestissimo

– Sonata nº 2 en la mayor, op. 2 nº2 (1796)
Allegro vivace
Largo appassionato
Scherzo: Allegretto
Rondo: Grazioso

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– Sonata nº 3 en Do Mayor op. 2 nº 3 (1796)
Allegro con brio
Adagio
Scherzo: Allegro
Allegro assai

– Sonata nº 23 en fa menor, op. 57, «Appassionata» (1807)
Allegro assai
Andante con moto
Allegro ma non troppo

POTENCIA CREADORA
En sus primeras sonatas, Beethoven fue inspirado por tres grandes figuras. Una fue el italiano Muzio Clementi (1752-1832), autor de multitud de sonatas estudiadas por Beethoven (algunas de las cuales influyeron asimismo en la creación mozartiana), que antes que la forma admiraba en ellas la utilización de sorprendentes efectos pianísticos (ya no clavecinísticos), como los pasajes en octavas, séptimas o terceras, arpegios de octavas truncadas, brillantes figuraciones, bloques de acordes de varias notas por mano, terceras, sextas y cuartas simultáneas, empleo de distintos registros del instrumento y de su colorido dinámico… Beethoven debió de conocer de primera mano las Sonatas op.2 de Clementi, publicadas en Londres y, en mayor medida, las op. 7 y op. 9, editadas a principios de 1780.

Otro músico relevante fue Haydn, aunque todo el mundo está de acuerdo en que desde un punto de vista estético y técnico la influencia fue poco apreciable. Aunque no existía mucha afinidad entre él y Beethoven, lo que no obsta para reconocer la gran admiración que por el viejo compositor sentía el más joven. Como autor de sonatas o variaciones para piano, el padre de la sinfonía pensaba en términos orquestales o cartetísticos, mientras que Beethoven se reveló desde el principio como un pianista y un creador para el teclado.

Otra cosa sucedía con Mozart, un verdadero ideal, cuyas 23 sonatas fueron ejemplos a seguir; eran prototipos de la sonata clásica en tres movimientos y resultaban plenamente pianísticas, aunque las primeras hubieran sido escritas para el clave. Y sobre esa estela empezó Beethoven a elevar su gran edificio de sonatas, que él mismo interpretaba, codeándose con virtuosos, y también compositores, como Hummel, Vanhal, Jelinek, Steibelt, Stadler o Kozeluh, aunque desde el principio demostrara una originalidad mucho mayor que todos ellos. Sentía la necesidad de decir cosas nuevas, y las decía, lo que determinaría a la postre su grandeza. Y un buen y temprano ejemplo, tras sus sonatas de Bonn WoO 47, dedicadas al príncipe Max Friedrich, son las primeras sonatas catalogadas, las tres de la op.2, que constan de cuatro tiempos, algo verdaderamente insólito en la sonata clásica. Las tres Sonatas op.2 vieron la luz en los años de Bonn, aunque no se terminaron hasta el periodo vienés en 1795. Se interpretaron por primera vez en el palacio del conde Lichnowski, con Beethoven al piano y la presencia de Haydn entre el selecto público.

Se ha insistido mucho en que uno de los aspectos de la modernidad del piano de Beethoven es la importancia dada al factor tímbrico y a sus derivaciones conectadas con el matiz, el color, el claroscuro. Incluso en sus obras para teclado calificadas de más sinfónicas prevalece este rasgo, que contribuye a diferenciar su estilo del de otros músicos. Son rasgos que ya se daban, aún larvadamente, en estas primerizas obras, que por ello representan una decisiva meta estilística de la escritura para piano y son reflejo de una auténtica implicación personal del autor. La dilatación de la forma, así como la búsqueda de nuevas relaciones tonales, la adopción de encendidos contrastes dinámicos y rítmicos, el tumulto de ideas y un lenguaje inhabitualmente atrevido son otros tantos signos de esta conquista.

BEETHOVEN: SONATA Nº1 EN FA MENOR, OP.2 Nº1
El esquema sonatístico se amplía, se extiende el periodo de desarrollo, se potencian las áreas de gravitación tonal, los contrastes rítmicos y se busca una nueva expresión. Pro primera vez también, en el curso de ese camino rompedor y original, aparece en una sonata para teclado el «Menuetto», un anticipo del futuro «Scherzo», que Beethoven llevaría a su máximo esplendor. La Sonata nº1 es por tanto histórica a este respecto, aunque siga conservando perfiles herederos muy directos de los modos de Mozart (canto libre y sereno del «Adagio»), de Haydn (impronta de ese «Menuetto») y de Clementi (estilo de «Finale»). Esta primera sonata es partitura incisiva, apasionada y rica en humores, en la que fluctúan temas afirmativos y motivos llenos de delicadeza.

Sin embargo, más de una vez se ha señalado que el «Allegro» inicial de esta composición en fa menor es, en su sobriedad, bastante pobretón, con tres ideas que constituyen un único motivo. Algo que , de esta manera tan económica no se había oído nunca hasta entonces. Ese comienzo se ha comparado frecuentemente al de una sonata de Carl Philippe Emanuel Bach en el mismo tono, a otra de Reinecke o a la Sinfonía en sol menor nº 25  de Mozart. Lo que no tiene en realidad nada de particular porque no pocas piezas musicales de esa época empleaban la misma disposición de notas, constitutivas de un acorde perfecto arpegiado.

Los contrastes entre el mayor y el menor son suficientes al autor para edificar un edificio muy estimulante, que continúa con un «Adagio» que parece dejar ya definitivamente atrás la época galante, aunque pueda dudarse de su orginalidad. El tema procede de uno de los cuartetos de Bonn. El retorno de la tónica en el trío del «Menuetto», viene precedido de un delicioso pasaje en sextas que asciende a fortísimo y casi se desvanece, produciendo un hermoso efecto. Un movimiento más bien serio, que sirve de pórtico al turbulento «Finale. Prestissimo», que mantiene una analogía con la Sonata op. 6, nº1 de Clementi. Pero Beethoven rompe esa similitud con una cantilena de su cosecha, que difumina la impresión de que estemos ante un fragmento de puro virtuosismo, meramente exterior. Los secos acordes, que impulsan gran parte del movimiento, resuenan a través de la atmósfera oscura del fa menor.

SONATA Nº 2 EN LA MAYOR, OP. 2 Nº2
Siempre se ha destacado el valor del «Largo appassionato», en re menor de la Sonata nº2 en La Mayor, op.2, considerado como el primero de los grandes adagios beethovenianos. En este especie de lied hay un indudable pathos romántico revelador de emociones ignoradas en el setecientos. Es un bellísimo canto arioso, que se eleva sobre un singular acompañamiento de bajo. La melodía, que algunos comentaristas han conectado con el de un antiguo oratorio italiano, posee un sentimiento que toca realmente las fibras interiores.

La Sonata se abre con un «Allegro vivace» sobre un gozoso intervalo de cuarta, respondido por un motivo secundario. La modulante elaboración posterior encuentra su liberación en un acorde de sexta. En el desarrollo Beethoven da curso a su amargo sentido del humor. El motivo de cuarta se hace omnipresente e impulsa los pasajes más amenazadores. En la obra, Beethoven ya no disimula y coloca a continuación un menuetto, sino un «Scherzo» con todas sus letras (primera vez en la historia). Un motivo muy breve otorga al tiempo un carácter saltarín y encantador. El «Rondo» no lleva indicación de tempo y es una curiosa combinación con un menuetto. Es más bien simple y de contagiosa vitalidad, enturbiada en un pasaje tempestuoso en la segunda mitad, provisto de enérgicos tresillos, que acaban por disolverse en un dulce legato.

SONATA Nº3 EN DO MAYOR, OP.2 Nº3
Esa solemnidad casi religiosa del «Largo» de la obra anterior se corresponde con una suavidad casi schumaniana y con el maravilloso colorido del «Adagio» de la Sonata nº 3 en Do Mayor, op.2, que tiene también algo de sacro y que enuncia una melodía que se canta en las iglesias de Noruega; un hermoso coral. El pesante basso ostinato avanza letamente a través de distintas tonalidades. Esta sonata es para muchos la más ambiciosa y la más novedosa, aunque no puede negarse que en su conjunto debe mucho a Clementi; lo que, impulsado por la fiebre de su continuador, se aprecia en las notas staccato del rutilante y extremadamente variado «Rondo» final, un «Allegro assai» de dificultosa ejecución, con su rosario de acordes de sexta en la mano derecha y sus fantasiosas y continuas ideas. Todo es ligereza y finura.

El «Allegro con brio» se inaugura con una figura de blanca – cuatro semicorcheas – dos corcheas y una negra, un motivo vigoroso que es trabajado profusamente con elegancia y amenidad. Un contrastante y dulce tema cantabile preludia el Concierto nº 1 para piano. El «Scherzo», todavía cercano al menuetto tradicional, recuerda a las Variaciones K613 de Mozart. Su interés se anima en la coda, al aparecer las oposiciones mayor-menor.

SONATA Nº 23 EN FA MENOR, OP. 57, «APPASSIONATA»
Obra que se produjo en torno a los años 1804 y 1805, época en la que se va forjando la monumental Sinfonía nº 3, «Heroica», cuyo espíritu está, no cabe duda, en la partitura para piano. Obra arrebatada, demoledora y, sin embargo, estructurada de acuerdo con un plan perfectamente ideado. Cuando era preguntado por el significado de una partitura tan conflictiva y emocional, el músico contestaba: «Leed La tempestad de Shakespeare». Por sus tumultuosos pentagramas fue bautizada con «Appassionata» por el editor hamburgués Cranz. Sin duda, hay algo de esotérico en estos pentagramas, que nos pintan una sobrecogedora tragedia y que, en alusión al dramaturgo inglés, utiliza como punto de partida del primer movimiento, «Allegro assai», una tonada popular británica. Pero el tema crece hasta el infinito y es contrastado dialécticamente con un bello motivo lírico. La tensión desconoce la tregua en este fluir de «lava incandescente».

El «Andante con moto», engañosamente seráfico, ofrece una serie de variaciones que parecen ser la búsqueda de uan pasajera tranquilidad. No hay melodía propiamente dicha y sí un discurrir aparentemente manso que fluye sobre la misteriosa pulsación del bajo, que proporciona una paulatina y cosquilleante aceleración. El «Allegro ma non troppo» entra attaca, sin solución de continuidad. Aquí todos los elementos se desatan violentamente. Estamos ante la tragedia en su máxima dimensión destructura representada en un incesante tourbillon de semicorcheas. Es también un movimiento perpetuo, que combina las forams sonata y rondó. Se recupera centuplicado, el clima de tensión de la primera parte de la obra, que se nos ofrece ahora de manera auténticamente alucinada. El fragmento se cierra con un contundente y demoníaco «Presto» que exige intérpretes muy experimentados, firmes y seguros, con dedos voladores y templados. La partitura está dedicada al mecenas conde Franz von Brunswick, hermano de Therese y Josephine, dos mujeres que jugaron un importante papel en la vida afectiva del compositor, que parece que se decantaba por la segunda, cariñosamente apodada Pepi, y a quien escribió trece apasionadas cartas.

TILL FELLNER
Nació en 1972 en Viena (Austria). Comenzó sus estudios de piano a los seis años de edad. Continuó su aprendizaje en el conservatorio de su ciudad natal con Hélène Sedo-Stadler. Luego estudió con Meira Farkas, Alfred Brendel y Oleg Maisenberg. En 1983 ganó el primer premio del Concurso Internacional Clara Haskil y en 1998 obtuvo el premio de interpretación, otorgado por la Sociedad Mozart de Viena. A partir de entonces actuó con las más famosas orquestas, entre las que destacan, Academy of St-Martin-in-the-Fields, Orquesta de la BBC, Camerata de Salzburgo, Orquesta Sinfónica de Chicago, Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham, Orquesta Sinfónica de Viena, Orquesta Filarmónica de Londres, bajo la direacción musical de Claudio Abbado, Nikolaus Harnoncourt, Heinz Holliger, Marek Janowski, Sir Charles Mackerras, Sir Neville Marriner, Kent Nagano, Franz Welser-Möst y Hans Zender, entre otros. Participó en los conciertos del Cuarteto Alban Berg, el violinista Thomas Zehetmair o el violenchelista Heinrich Schiff, con quien ha grabado la obra completa para piano y violonchelo de Ludwig van Beethoven para Philips. Su carrera se ha desarrollado en las principales salas de conciertos de las ciudades europeas y americanas. También ha participado en los festivales de música de Schwarzenberg, Viena, Salzburgo, Nueva York, Tanglewood, la Roque d’Antheron, Montreux-Vevey, Ruhr y Edinburgo. Después de un año sabático, que se tomó para preparar su nuevo repertorio, inicia una gira con Schiff y ofrece diversos recitales en Viena, Milán, Londres, Bruselas o en la Schubertiade de Schwarzenberg, además de numerosos conciertos con orquesta. Tiene un buen número de discos con música para piano y cámara.

~ by lostonsite on 10 marzo, 2009.

Conciertos, Música

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