header image
 

Cuando los cantos son de juventud

JEAN-YVES THIBAUDET

Auditorio Nacional. Martes 13 de Enero, 2009

MAURICE RAVEL (1875 – 1937)
– Pavana para una infanta difunta (1902)
(Pavane pour une infante défunte)

– Espejos (1906)
(Miroirs)
Noctuelles
Oiseaux tristes
Une barque sur l’océan
Alborada del gracioso
La Válle des cloches

—————————————————-

JOHANNES BRAHMS (1833 – 1897)
– Sonata nº 3 en fa menor, op 5 (1853)
Allegro maestoso
Andante espressivo
Scherzo
Intermezzo
Finale

CANTOS DE JUVENTUD

Brahms cumplía veinte años en 1853 cuando dio a conocer a los Schumann sus tres sonatas, y ya no compondría más sonatas para piano solo. Ravel tenía apenas veinticuatro cuando compuso la Pavana para una infanta difunta, y sólo veintinueve cuando concluyó Miroirs. Lo que sorprende de la Sonata de Brahms y del ciclo de Ravel es la gran madurez de ambos, en especial la del músico de Hamburgo.

RAVEL:PAVANA PARA UNA INFANTA DIFUNTA. ESPEJOS.
La Pavane pour une infante défunte la compuso Ravel para piano solo en 1899 y la orquestó once años después, en 1910. Es una de las primeras obras españolas de Ravel, que tanto se acercó a la inspiración de nuestro país, aunque huyó desde muy pronto del tipismo, al contrario que Glinka o Chabrier. Se trata de una lenta línea horizontal que al orquestarse no cambia esencialmente.
Estrenada en 1902 por Ricardo Viñes, la Pavana no sólo se fija en un elemento exótico como es España en ese tránsito del siglo, sino también en una danza antigua y venerable. En esta obra no se advierte todavía el pensamiento pianístico que viene de Liszt y, más cerca, de Albéniz; que sí se verá en piezas posteriores, como las cinco de Miroirs.

Las grandes series pianísticas de Ravel encierran lo fundamental de su aportación al teclado. La serie Sonatine (1903-1905) lucha por una nueva sensibilidad. Trata de tres movimientos que toman como modelo el género sonata y la reducen a su esencia, le arrebatan el subjetivismo y la estatura, y casi en silencio y sin hacer demostraciones olvidan cualquier propuesta romántica. La factura es clásica, la línea es rica en sugerencias, los tres breves movimientos no parodian sino que subliman el género a través de otras tantas formas: una forma sonata bitemática ala que no le falta la ortodoxia del desarrollo y la reexposición; un bello movimiento lento con métrica de minueto; una toccata de libre apariencia pero de ortodoxa secuencia (a partir de una auténtica exposición).

Ravel aprovecha la herencia de Liszt, aunque desdeña el énfasis o las aplicaciones nacionalistas de ese legado. Con obras sencillas como la Pavane se hace con la aportación de Luszt y su continuación en pianistas como Viñes o pianistas también compositores como Albéniz. La culminación, el punto más elevado y complejo del pianismo de Ravel se dará en las tres piezas que forman Gaspard de la nuit, en las que el pretexto lo constituyen tres poemas de un libro raro de un raro escritor de París romántico, Aloysius Bertrand.

Miroirs (1905) constituye una serie de piezas para piano que marcan una evolución armónica de Ravel. Coetánea a la Sonatina y anterior al Gaspard, se compone de un total de cinco piezas.
– Noctuelles: (Noctuas, cierto tipo de mariposas). Continuos arpegios, trinos, juegos de tresillos en notas mínimas, está construida como un scherzo, con un episodio «sombrío y expresivo» en medio. La evocación es la de este tipo de mariposas, en la noche, al parecer a partir de una imagen presurrealista de Léon-Paul Fargue: «Las noctuas de un hangar parten con un vuelo torpe a encorbatar otras vigas». Los arpegios son vuelos entrevistos de revoltosas y pequeñas mariposas.
– Oiseaux Tristes: (Pájaros tristes). Los arpegios regresan para evocar un melancólico vuelo; hoy nos puede recordar a Messiaen, al menos en un momento cuando suena el nervioso puenteado del canto de un mirlo, anotado por el propio compositor y trasladado a esta pieza. Escribe Ravel: «Fue el primer fragmento que compuse -y el más típico de todos- aunque es el segundo de la serie. Evoco unos pájaros perdidos en el bochorno de un bosque muy sombrío en las horas calurosas del verano». Es una pieza lenta, una especie de lamento en el que también hay algo de ‘perpetuo’, un re sostenido que se repite.
– Une barque sur l’océan: (Una barca sobre el océano). Los arpegios ahora imitan al agua. Es la pieza más poemática, por decirlo así. La naturaleza ha dejado definitivamente de ser humana, como el arte trata de dejar de serlo a su vez. La misma sensibilidad que en Debussy con una letra muy distinta. Esta pieza fue posteriormente orquestada por Ravel, y el resultado es bastante distinto, y no sólo por la tímbrica sino por la propia transformación, que no se reduce a una orquestación.
– Alborada del gracioso: También realizó Ravel una orquestación años después. El gracioso  es ese personaje del teatro del Siglo de Oro que guiñaba al espctador de una complicidad humorística, una suerte de scherzo teatral que aliviaba el peso de la trama. Este gracioso de Ravle también se presenta en una especie de scherzo, aunque no ortodoxo sino bastante irregular, en el que la danza puenteada sería el tema del scherzo y la copla cumpliría funciones de trio. La «Alborada» nos sugiere la serenata y la danza de un gracioso de comedia de capa y espada, ya entrado en años, ya torpe, algo rídiculo en su ir por ahí de ronda. La guitarra da la serenata y marca la transición hacia o desde la danza, hacia o desde la copla. Sigue el esquema:
1. Guitarra (1), tema nervioso, en staccato, 6/8. Danza punteada, ágil, abundancia de efectos disonantes.
2. Guitarra (cadencia). Transición. Culmina la danza. Trinos. Regreso a 1
3. Copla, un intermedio sosegado y melancólico, poderoso contraste con el resto de la Alborada. La copla desgrana sentimiento en su cadencia. Pero entre la copla se abre camino, como reminiscencia o por su propio empuje, el clima de la danza, como se despliega la bandada de trinos y el tropel de arpegios.
4. Dos ideas. La copla ha ido cediendo y cae ante el empuje de una idea acuático de amplios arpegios y punteado guitarrístico. Es un episodio de transición al que sigue otro que regresa a 1 y a la danza, pero ahora sosegada; lo cual es engañoso, porque lo que quiere la danza es regresar.
5. Lo que finalmente regresa no es exactamente la danza, pero sí su índole, su tempo, su virtualidad sonora.
– La Válle des cloches: (El valle de las campanas). Movimiento lento, también con «ostinaciones», y con habituales contrastes de tesituras en la simultaneidad de líneas; esto es, de timbres. Al contrario que Noctuelles, este episodio final tiene un submovimiento algo más animado (dentro de la solemnidad de procesión que hay en esta evocación), y bastante más cantabile, mientras que la calma tensa, el sosiego acaso falso se da en los extremos, cuando se despliega la lejanía de las campanas.

BRAHMS: SONATA Nº 3 EN FA MENOR, OP. 5
Ante las tres sonatas de Brahms podemos comprender la sorpresa, el estupor de Robert Schumann, allá en Düsseldorf, cuando se presentó Brahms, que venía recomendado, y tocó con perfección y hasta virtuosismo un Scherzo y unas sonatas compuestas por él. Son conocidos los escritos de Schumann en la prensa, así como sus comentarios entusiastas. Brahms llegó a aquella casa poco antes de que la desgracia se apoderase de ella, con la hospitalización de Schumann al año siguiente y su muerte en 1856. Quedan solos Clara y los niños. Y ahí surge la historia, leyenda o realidad, del amor blanco aunque apasionado entre ambos, hasta la muerte de Clara en 1893, cuatro años antes que Brahms.

Brahms fue un compositor-intérprete, y gran virtuoso del piano. Se ha señalado que el virtuosismo es «culpable» de ciertas obras maestras imprescindibles del repertorio, como la Sonata en si menor de Liszt. El pensamiento pianístico, la agilidad, la técnica se unen a la capacidad creadora para conseguir maravillas así. Sin embargo, Brahms no compuso más sonatas, aunque ya fueron consideradas «sinfonismo pianístico», para dar paso con el tiempo a auténticas sinfonías; ortodoxas pero personales, originales.

La complejidad del solemne pero nunca grave ni pedante «Allegro maestoso» es magisterio, pero también es inspiración. El arranque ya nos anuncia el de los dos conciertos pianísticos. Aparece una compleja disposición de una estricta forma de sonata, hábiles y habituales cambios métricos del primer tema… etc
El «Andante» es un nocturno de hondo lirismo y de gran tensión. Es una secuencia de tres espisodios. En el primero culmina lo cantabile, pero no lo agota. En el segundo «Poco più lento», es el corazón de la secuencia. En el tercero hay una exaltación en que las voces se apoyan en polifonía, aunque sin trama especial, hasta un clímax.
El breve «Scherzo» es un vals que tiene algo de enloquecido. En contraste el trío es un remanso de paz frente a la locura. Un remanso aunque tenso; una calma algo inquieta, desde luego.
Como variante grotesca del «Andante», el «Intermezzo» parte de la temática y en cierto modo el tratamiento del «Andante», pero su humor y su exposición son muy distintos. Y no sólo por lo breve, sino sobre todo por lo aristado, por lo virulento. Se ha dicho que es la negación del amor que parece afirmar el Andante.
La secuencia de temas del «Allegro» final indica que estamos ante un rondó, aunque no se respete la recurrencia del refrán con total ortodoxia y en algún momento se permita con él unas variaciones. La gracia que tiene el rondó es que puede permitir el desfile de temas y, por lo tanto, posibles evocaciones.

JEAN-YVES THIBAUDET
Nacido en Lyon, comenzó sus estudios de piano a los 5 años, ofreciendo su primer concierto a los 7. Reconocido por la crítica internacional como uno de los pianistas más brillantes de su generación, es un invitado habitual en orquestas como la Filarmónica de Los Angeles, Sinfónica de Boston, Orquesta de Filadelfia, Sinfónica de San Francisco y Concertgebouw de Ámsterdam. En 2001 la República de Francia le condecoró como Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres.

Thibaudet es un pianista versátil que, además del recital, realiza numerosos conciertos con orquesta y colabora en diversas formaciones de cámara, así como de música vocal. Además de una técnica que parece basarse en la pura naturalidad, sus mayores virtudes se encuentran en la claridad de líneas y texturas, la sutileza de pedal y la plasmación de los diversos planos sonoros.

Thibaudet ofrece más de cien conciertos al año que consisten no sólo en recitales de piano, sino que incluyen también numerosas obras de cámara, así como orquesta. En el 2008 presentó el repertorio más representativo de Debussy y de Ravel: las dos series de Imágenes o los dos libros de Preludios de Debussy, que suponen el culmen creativo, a nivel de búsqueda tímbrica y armónica, donde el intérprete debe profundizar no sólo en el plano musical sino también en el técnico.

~ by lostonsite on 13 enero, 2009.

Conciertos, Música

Leave a Reply




 
A %d blogueros les gusta esto: