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Cuando se sirve el último banquete

MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL DE TARQUINIA.

El Museo Arqueológico Nacional de Tarquinia fue Inaugurado en el año 1924, estableciéndose la sede en el Palacio Vitelleschi.

El Palacio se mandó construir entre 1436 y 1439 por el cardenal Giovanni Vitelleschi -uno de los más ilustres ciudadanos de Corneto, la Tarquinia medieval- bajo el pontificado de Eugenio IV.

Pier Giovanni Sacchi, junto con Vitelleschi fue encargado de presidir la construcción. El Palacio se erigió sobre una serie de estructuras pre-existentes de época medieval, entre los siglos XII y XIV, una casa/torre fortificada y una serie de estancias a lo largo de un callejón correspondiente al pasillo que se abre en la parte posterior del patio. Esto podría ser la explicación tanto de la irregularidad del proyecto como de su rapidez en ejecutarse.

Tarquinia - Palazzo Vitelleschi

El palacio, uno de los más importantes monumentos de principios del Renacimiento en el Lacio, imita la tipología de una vivienda noble florentina: tres pisos dispuestos alrededor de un patio interior, la planta baja para los servicios, el primer piso para los invitados, y el segundo piso para la vida privada de los propietarios. En este último piso se situaba también la Capilla Palatina y la habitación-estudio del Cardenal. El patio, con forma cuadrangular y con un pozo de mármol en el centro para retirar agua de una gran cisterna subterránea, está rodeado en tres de sus lados por estancias con logias y columnatas, mientras que el cuarto lado está cerrado con un gran muro.

Por voluntad del cliente y del proyectista, coexisten en el edificio motivos Renacentistas y Góticos: portales y aberturas de gusto clásico se encuentran en puertas, ventanas de dos luces, y ventanas de tres luces al estilo gótico-catalán. El empleo de distintos materiales -piedra caliza para las fachadas, piedra nenfro (especie de toba volcánica gris oscura poco resistente típica del Alto Lazio) y mármol para los elementos decorativos, granito para las columnas, etc… – confieren al conjunto un carácter pictórico. De la rica decoración pintada que embellecía las estancias del palacio, se han conservado pequeños fragmentos en algunas habitaciones del primer piso y la decoración intacta del estudio del Cardenal en el segundo piso, que presenta frescos con la historia de Lucretia Romana, alternados con alegorías de las Virtudes. Esta obra, según Federico Zeri, fue realizada por un artista anónimo del siglo XV que denominó “pintor de Corneto”.

Museo Arqueológico Nacional de Tarquinia 03

A la muerte del cardenal, el palacio fue utilizado como alojamiento de los Pontífices en sus estancias en Corneto. Posteriormente pasó a manos de la familia aristocrática Soderini, y en el año 1900 se convirtió en propiedad del Ayuntamiento de Tarquinia.

Visita de Emanuele III y Elena de Savoya al Palacio Vitelleschi (17 mayo 1905)

En 1916 el Ayuntamiento lo donó al Estado para ser utilizado como un museo arqueológico. Fue inaugurado en 1924 con la fusión de dos colecciones históricas del siglo XIX: La Colección de la Ciudad y las colecciones privadas de los Condes Bruschi-Falgari. El museo se ha ido enriqueciendo con adquisiciones de objetos encontrados durante las excavaciones que se llevaron a cabo dentro de la zona de la antigua ciudad etrusca y con su gran y rica necrópolis.

La colección comprende material del periodo arcaico y clásico, esculturas funerarias del periodo helenístico, vasijas encontradas en la necrópolis, objetos votivos pertenecientes a los santuarios de la ciudad, y un famoso panel en altorrelieve de dos caballos alados pertenecientes al Templo Ara della Regina.

Museo Arqueológico Nacional de Tarquinia 02

. La ciudad etrusca de Tarquinia.

“… Tarquinia… la Reina de Maremma, coronada con una tiara de numerosas torres… A la derecha, separada por un profundo valle y el afluente San Savino, se encuentra la antigua Tarquinii, donde una vez se levantaron templos y palacios fastuosos. Aquí estaba la ciudad de los vivos; la ciudad de los muertos, con sus sepulcros, cerca de la moderna ciudad.” G. Dennis “The Cities and Cemeteries of Etruria”, 1883. 

Mapa Etruria

La ciudad etrusca de Tarquinia (en etrusco Tarch(u)na, y en latín Tarquinii), estaba a unos 100 km. de Roma, dominando estratégicamente el valle del río Marta, que discurre desde el Lago Bolsena hasta el mar. El cerro donde se encontraba la antigua ciudad, conocido hoy con e l nombre de “Pian di Civita”, era la confluencia de dos afluentes del Marta: al norte el Albucci, y al sur el San Savino. A 6 kilómetros de la ciudad, esta zona se encuentra separada de la costa por las cadenas montañosas de los Monterozzi, lugar donde se dispuso la principal necrópolis de la ciudad, y en cuyo lado oriental se situó la ciudad medieval (Corneto) y la ciudad moderna.

Mapa Etruria - Ciudad Tarquinia

Debido a la total pérdida de escritos historiográficos de los Etruscos, sólo se dispone de pequeños restos fragmentarios  algunas citas de historiadores griegos y romanos, llenos de lagunas. Sin embargo, éstos son suficientes para demostrar que la ciudad estaba considerada como una de las más importantes para los Etruscos.

Tarquinia fue, de hecho, fundado por el heróe Tarchon -de quien toma su nombre- el hijo o hermano del rey lidio Tirreno que, según la leyenda, condujo a los Etruscos de la lejana Lidia hasta Italia. Posteriormente se atribuyó a Tarquinia el origen del arúspice, práctica adivinatoria basada en la observación de las vísceras de los animales sacrificados y que era enseñada a los hijos de los príncipes Etruscos. Finalmente, también procedía de Tarquinia la dinastía de los Tarquinii, que reinó en Roma a finales del siglo VII y el siglo VI a. C.

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La ciudad, desde la fase inicial de su formación (edad del hierro, siglo IX-VIII a. C.) mostró un gran predominio económico y cultural respecto a las asentamientos vecinos. La aristocracia local se estableció definitivamente a lo largo del siglo VII a. C., tal y como atestiguan la monumentalidad de los sepulcros, de las tumbas y la riqueza de los ajuares funerarios. Durante el siglo siguiente (siglo VI a. C.), Tarquinia alcanzó su mayor esplendor, documentado con la proliferación de las tumbas pintadas en la necrópolis de Monterozzi. En Gravisca, una de las ciudades portuarias, se acercaron mercaderes extranjeros procedentes de todo el Mediterráneo para ofrecer sus preciadas mercancías a la rica aristocracia local. A partir de mediados del siglo V a. C., dificultades sociales, políticas y económicas trajeron a la ciudad un breve periodo de recesión, pero a finales de ese mismo siglo, Tarquinia fue de nuevo protagonista de un fuerte proceso de renacimiento y asumió el liderazgo de la confederación de las ciudades etruscas en defensa de una doble amenaza: los pueblos celtas del norte, y de la creciente potencia romana del Sur.

A mediados del siglo IV a. C., se inició el definitivo declive: en el año 358 a. C. se produjo el primer encuentro armado con Roma. Tras diversos periodos  de guerras y treguas, a lo largo del siglo III a. C. Tarquinia cayó definitivamente bajo el poder Romano. Tras el año 90 a. C. Tarquinia, al igual que las demás ciudades-estado etruscas, recibió el derecho de ciudadanía romana, y perdió la autonomía política. A lo largo de los siglos, la ciudad fue despoblada gradualmente, trasladándose a Corneto, en los cercanos cerros de Monterozzi.

. Las moradas de los difuntos.

La arquitectura funeraria está condicionada en primer lugar por el ritual fúnebre utilizado, es decir, si el difunto va a ser incinerado o enterrado, pero también por las diversas creencias religiosas y por las exigencias sociales. En Tarquinia, en el momento de la formación de la ciudad (siglo X-VIII a. C., el llamado periodo “villanoviano”) el uso exclusivo de la incineración conllevó la utilización de las tumbas de pozo, que consisten en un agujero excavado en la roca o en la tierra y en cuyo interior se depositaban la urna cineraria con las cenizas del difunto y los objetos del ajuar funerario.

A partir del siglo IX a. C, junto al rito de la cremación se establece el rito del enterramiento, haciendo aparecer las tumbas de fosa,  en las que el cuerpo del difunto, ataviado y provisto de todos los adornos personales, era depositado junto con todos los objetos que constituían su ajuar funerario. Las fosas, excavadas en la tierra o en la roca, estaban a menudo cubiertas por grandes bloques de piedra.

A lo largo del siglo VIII a. C. Tarquinia era ya una gran ciudad cercana al mar y expuesta a las novedades y a las influencias exteriores, gracias a los contactos culturales y comerciales con los griegos y con otros pueblos del Mediterráneo oriental: el rito funerario de esta época es casi exclusivamente el enterramiento, apareciendo las primeras tumbas de cámaras, destinadas al enterramiento de los distintos componentes de la familia aristocrática, señalizadas en la superficie por unos imponentes túmulos inspirados en las culturas orientales. En Tarquinia, las cámaras más antiguas se caracterizan por el perfil ojival de las paredes y presentan el techo surcado por una hendidura longitudinal sellada por pesados bloques de piedra. A la cámara subterránea se accedía a través de un amplio vestíbulo al aire libre, a veces provisto de una escalinata articulada, que constituía una especie de embrionario teatro para las ceremonias y los juegos celebrados para los funerales. Este es el caso del Túmulo dell’Infernaccio.

Tarquinia - Tumba dell'Infernaccio

. La tumba de los Versna.

En el año 1980 se excavó una tumba de cámara “ojival” (tumba nº6118) en la necrópolis de Monterozzi, no muy lejos de la famosa tumba de los Augurios.

El sepulcro, de la época del último cuarto del siglo VII a. C., pertenecía a la familia de los Versna, como está documentado en la inscripción esculpida en las estelas de la piedra encontrada en el vestíbulo al aire libre que precede a la cámara funeraria. En la primera línea (la segunda es de lectura incierta) se lee: mi versna, es decir, yo (la tumba) pertenezco a los Versna.

El sepulcro ya fue expoliado, y el techo se derrumbó, por lo que la mayoría de los objetos del ajuar (precisamente los más preciados), fueron robados, y todo lo que quedaba no se encontraba en la posición original.

La cámara funeraria fue excavada en el banco calcáreo y la puerta fue sellada con grandes bloques de piedra de Nenfro. En la esquina de la pared de la izquierda y la pared del fondo, se aprovechó la roca para crear un resalto que estaba destinado a recoger los restos del difunto. A la derecha, una cama construida con bloques de piedra de Nenfro y con laterales finamente moldeadas, probablemente fueron utilizados -por comparación con otras sepulturas- como “mesa de ofertas”.

Tarquinia -Tumba de Versna

En el sepulcro estaba sepultado un hombre entre 20 y 40 años cuyos pocos restos se encontraron en la tierra entre los objetos del ajuar, debido a la violación de la tumba. Los objetos encontrados han sido dos lanzas de hierro, restos de un carro de guerra de dos ruedas y arreos de los caballos, que indican el carácter guerrero del difunto.

La presencia de un segundo enterramiento, de una mujer, está documentado por objetos propios del mundo femenino: fusayolas de pasta vítrea, pequeñas conchas horadadas para crear un collar y un píxide  (vaso de tocador) de importación corintia. La completa falta de restos humanos y el hallazgo sobre el pavimento de fragmentos de un vaso de bronce – a menudo utilizado como urna cineraria – ha hecho pensar que tal vez la mujer fue incinerada.

El rango de los dos difuntos está subrayado por la presencia de vajillas de importación griega y por el rico servicio del banquete -costumbre que los aristócratas etruscos tomaron prestado de culturas orientales-: grandes ollas de color rojo destinadas a contener la mezcla de agua y vino; numerosas jarras para verter los líquidos, buccheros en arcilla clara y pintadas; numerosos vasos para beber, cálices y kantharus.

Para las reservas alimentarias estaban destinados a su vez una gran tinaja de color rojo y siete ánforas (para el vino y el aceite) de arcilla clara y pintada, dispersas por el pavimento.

Los pequeños ungüentarios testimonian la predilección de los aristócratas etruscos por las esencias perfumadas.

. La escultura funeraria arcaica.

Halladas en un gran número en las necrópolis de Tarquinia, pero nunca en su posición original, los bloques de piedra de Nenfro (piedra volcánica de color gris) se caracterizan por una serie de trazos esculpidos que forman un motivo “escalado”, alternados con motivos decorativos esculpidos en bajorrelieve, consistentes generalmente en bandas verticales de metopas figuradas. a veces en altorrelieve, otras en bajorrelieve formaban un friso continuo. la decoración debía estar completada con la aplicación de una viva coloración  con efectos cromáticos algo violentos.

Las tiendas artesanales de Tarquinia produjeron esta clase de monumentos durante más de un siglo a partir de la mitad del siglo VII a. C.

No existe ninguna certeza sobre su función, aunque no debía ser necesaramiente la misma para todas, como parece deducirse de la diferencia de dimensiones entre los ejemplares. Sin embargo, parece que es clara su vinculación con la arquitectura funeraria: probablemente constituyesen las puertas de las cámaras sepulcrales, o quizás bloques de cobertura puestas para sellar las hendiduras longitudinales abiertas sobre los techos de las tumbas “ojivales”. También se ha supuesto, basándose en la inclinación de algunos ejemplares encontrados insertos en la estructura de algunos túmulos, que servían de escaleras para subir a los propios túmulos. Para algunas piedras parece convincente la hipótesis de que funcionasen como coronación ornamental del “dromos” (pasillo de acceso a la cámara funeraria), y que con el tiempo sirviesen para contener el terraplén del túmulo; algunos ejemplares -puestos en obra unos sobre otros- quizás formaban parte de las enormes paredes verticales, una especie de fondo monumental para la decoración de la pared al final del dromos, sobre la puerta de entrada o precisamente para ocultarla. Las metopas están decoradas con bajorrelieve, con un rico repertorio figurado de animales y antropomorfo, que constituye una síntesis de las creencias etruscas sobre el mundo de la muerte y la suerte de los difuntos. La función funeraria de los monumentos constituye la clave para interpretar las imágenes: fieras y seres monstruosos que aluden a las criaturas amenazadoras que pueblan el mundo de ultratumba, mientras las escenas de carácter narrativo -con frecuentes referencias a la mitología del mundo homérico- son asimismo metáforas del valor y del coraje del difunto, de su ilustre ascendencia y de la muerte heroica que les garantiza la salvación en el mundo del más allá.

Tarquinia - Metopas

La organización de los elementos decorativos con el motivo de “escala” alternado con bandas verticales de metopas figuradas es comprensible si se reconoce en los relieves la transposición en piedra de prototipos de madera “a tambor” -quizás destinado al cerramiento temporal de la cámara sepulcral durante las ceremonias fúnebres, en espera del cerramiento definitivo.

– La escultura de bulto redondo.

Animales feroces y monstruosos  seres fantásticos en piedra esculpidos con la técnica de bulto redondo, adornaban los túmulos monumentales que señalaban en superficie los sepulcros de los príncipes etruscos o, pinturas, decoraban las paredes de sus cámaras funerarias. Éstos evocaban los amenazadores seres que poblaban el mundo ultratumba y que acompañaban -según las más antiguas creencias religiosas etruscas- al difunto en el peligroso y largo viaje hacia el más allá. 

En Tarquinia -respecto a otros centros etruscos- la estatuaria funeraria de época arcaica aparece como un fenómeno extraño y está documentado sólo por pocos ejemplares entre los cuales destaca el gran león procedente de la necrópolis de Poggio Gallinaro.

Tarquinia - León sentado (siglo V aC)

– León. Piedra de Nenfro. Pequeño león sentado. Melena compuesta de pequeños mechones en llama. Siglo V a. C. (?). Procedencia: Imprecisa.

Tarquinia - León con fauces abiertas (Siglo VI aC) 02  Tarquinia - León con fauces abiertas (Siglo VI aC) 01

– León sentado con fauces abiertas rugiendo. Melena formada por largos mechones ondulados. Finales siglo VII a. C., inicios siglo VI a. C. Procedencia: Necrópolis de Poggio Gallinaro.

. Los sarcófagos de Tarquinia.

A lo largo del siglo IV a. C. se difunde en Etruria el uso de enterrar los difuntos en sarcófagos. Éste, transmite a la posteridad el recuerdo del difunto y conlleva por tanto una gran importancia ideológica.

En los vastos hipogeos helenísticos que acogían los restos de los miembros de un mismo clan, a menudo pertenecientes a distintas generaciones, el sarcófago asegura a los difuntos la posibilidad de tener un monumento funerario particular, destinado a satisfacer la necesidad de caracterizar los enterramientos individuales en los más grandes sepulcros colectivos.

Los talleres artesanales de Tarquinia, para satisfacer la creciente demanda de la ciudad y de los centros habitados del territorio, estuvieron particularmente activos en la elaboración y producción de este tipo de monumento.

La importación de Grecia de algunos ejemplares en mármol de las islas egeas, -entre los que destaca los célebres sarcófagos “de las Amazonas” y “del Sacerdote”- promovió inicialmente, a partir de la mitad del siglo IV a. C., una producción de imitación en piedra calcárea o en travertino, realizada por trabajadores fuertemente helenizados y destinados a la élite de la sociedad de Tarquinia. Junto a estos obras de lujo que se aproximaban mucho al modelo original, pronto aparece una producción menos costosa realizada en piedra local (generalmente del gris nenfro de origen volcánico), que va a tener una gran difusión.

En los ejemplares más antiguos (segunda mitad del siglo IV a. C.), aparece una tapa con techo a dos aguas (es decir, de “tipo arquitectónico”), sobre el cual, a menudo está esculpida la figura del difunto y que eran generalmente colocados en el centro de la cámara funeraria. El sarcófago estaba decorado con pinturas o relieves en sus cuatro lados. El difunto esculpido sobre la tapa, aparece representado completamente tumbado, en una posición que quizás recordase a la exposición del cuerpo (prothesis) en los días en los que se desarrollaban las ceremonias fúnebres que precedían el acto de enterramiento. En algunos ejemplares, la tapa era sustituida por un bloque de piedra que en los lados cortos acababan con frontispicios o cornisas parecidas a las de las tapas con dos aguas.

Hacia finales del siglo, la escultura del difunto adopta una postura semi-tumbada, destinada a permanecer durante toda la época helenística: las figuras yacen ahora sobre un lado, parcialmente incorporada y con la cabeza apoyada sobre el brazo izquierdo, en una actitud que aludía a la posición del comensal sobre el lecho o Kline. Con ello también se hacía alusión a la tradición del banquete, símbolo, hasta la época arcaica, del poder aristocrático.

. Los sarcófagos más antiguos de Tarquinia.

Los sarcófagos más significativos de la más antigua producción artesanal de Tarquinia proceden de las tumbas exploradas entre 1870 y 1880, durante las excavaciones promovidas por el Municipio Corneto-Tarquinia en la necrópolis de Monterozzi. En total, se consiguieron recuperar cuatro importantes sarcófagos de este periodo inicial.

Un sarcófago, de tipo arquitectónico, presenta en sus cuatro lados una decoración, que lamentablemente se ha perdido casi en su totalidad. Según la documentación realizada durante las excavaciones, consistían en escenas de caza de color crema sobre un fondo rojo. En la actualidad es posible distinguir sólo las figuras pintadas en los lados cortos, presentando un personaje entre dos animales -posiblemente un grifo y un tritón- y un jabalí entre dos jóvenes.

Tarquinia - Sarcófago

Los otros 3 ejemplares presentan, esculpida sobre la tapa, la figura tumbada del difunto. Sólo de un sarcófago se conoce el nombre del difunto en el que estaba enterrado: Larth Verstarcnies, muerto a la edad de 34 años, como indicaba la inscripción pintada sobre la pared del sepulcro en el que el monumento fue encontrado. La noble familia de Vast – probablemente propietaria también de la célebre tumba pintada del Cardenal- sobrevivió todavía hasta el siglo I d. C. De hecho son conocidas (gracias a Plinio el Joven) los acontecimientos políticos de T. Vestricius Spurinna, senador de rango consular que vivió entre el 24 y el 105 d. C., descendiente de Verstarcnies por parte de padre, mientras que por parte materna procedía de otra ilustre familia de Tarquinia, los Spurinna.

Tarquinia - Sarcófago de Larth Verstarcnies

– Sarcófago de Larth Verstarcnies. Piedra nenfro. Sobre la tapa está esculpido extendido el anciano difunto, coronado y con una pátera en la mano izquierda. Aparece decorado con un friso de animales entre dos figuras femeninas aladas que empuñan serpientes. Figuras análogas flanquean las parejas de esfinges esculpidas en los lados cortos. Segunda mitad del siglo IV a. C. 

Estos tres sarcófagos presentan un mismo motivo de decoración en los lados largos, un friso esculpido con animales. Los orígenes de este repertorio figurativo tienen un origen lejano, procedente de Rusia Meridional, entró a formar parte del patrimonio cultural de Grecia hacia principios del siglo IV a. C., transmitiéndose a todo el mundo helenístico. Entre las ciudades griegas de la Italia meridional se encontraba Tarento que acogieron a muchos artistas griegos que transmitieron su arte a Etruria.

Tarquinia - Sarcófago Masculino

– Tapa de sarcófago masculino. Nenfro. Sobre la tapa se representa al difunto tumbado, envuelto en el sudario, y portando la pátera en la mano derecha, utilizada para realizar el acto ritual de la libación. La complexión se caracteriza por el rendimiento macizo de la musculatura. Producido en la segunda mitad del siglo IV a. C. por un taller artesano activo probablemente en el interior de Tarquinia.

. Estatua funeraria femenina.

Una serie de esculturas ornamentales -bustos, estatuas, cipos, estelas, etc- se disponían junto a los sarcófagos como elementos decorativos de las tumbas de Tarquinia en la época helenística.

Uno de los ejemplos más interesantes de estas esculturas funerarias está formado por la estatua femenina encontrada en 1857 durante las excavaciones efectuadas en la necrópolis del Monterozzi en la localidad de Tipa Gretta, en los terrenos de la noble familia de Tarquinia de los condes Bruschi-Falgari.

Tarquinia - Estatua femenina

La estatua -que en la actualidad no posee cabeza- fue encontrada en el  pasillo de acceso (dromos) de una tumba, rota en diversos fragmentos, aunque se pudo recomponer por entero. La figura aparece apoyada sobre una base en la que estaba esculpida una inscripción actualmente perdida, pero que en aquella época aún había una parte legible. Colocada probablemente cercana a la entrada de la cámara funeraria, la estatua intentaba celebrar -en la suntuosidad de los adornos que simbolizaban la riqueza familiar- el personaje femenino para la cual la tumba había sido construida.

. Friso funerario.

En las últimos décadas del siglo pasado en la necrópolis de Monterozzi se encontraron los restos de un grandioso friso funerario. Se trata de una serie de bloques rectangulares de piedra calcárea, de espesor y longitud variable, que en su parte inferior presentan un listón grueso sobre el que se apoyan. Están esculpidos en altorrelieve, con personajes en una escala de 2/3 respecto a las proporciones reales, guerreros vestidos con la clámide y armados con lanzas y amazonas vestidas con una capa, y sólo en un caso con el típico traje consistente en una pequeña falda sostenida por tirantes cruzados sobre el pecho. Finalmente, sobre un fragmento se ha conservado una cabeza de un caballo. Parece tratarse de escenas relativas a una amazonomaquia o una batalla entre Griegos y orientales, con la mayor parte de los personajes retratados en actitud de reposo: apoyados sobre las lanzas o en pilares, con una pierna apoyada sobre un realce rocoso.

La creencia general de la procedencia de los fragmentos de un único sepulcro, ha hecho suponer que los bloques constituyeran un friso único perteneciente a un complejo monumental, hipótesis, por otra parte, no confirmada por otros elementos.

La costumbre de decorar las paredes interiores de las tumbas con escenas figurativas en relieve, documentada en época helenística en Tarquinia por célebres frisos como los de la tumba de la Mercareccia, por las dos figuras masculinas esculpidas en la tumba del Orco, o por los de la tumba de las Esculturas, ha hecho suponer por analogía que los bloques fuesen las paredes de un hipogeo, aunque en todo los casos anteriormente citados, el relieve está esculpido directamente sobre las paredes rocosas del sepulcro.

Según otra hipótesis, los bloques servirían para decorar el exterior de una tumba, como por ejemplo una de estructura rectangular, en forma de “dado”, construidas con el propósito de señalar en superficie la presencia del hipogeo, del que conocemos ejemplos en otros centros etruscos, peo que quizás también estuvo presente en Tarquinia.

Las esculturas, presentan ecos del arte griego de finales del siglo V a. C. y del IV a. C., cuyos reflejos están evidentes en la cultura figurativa etrusca de la segunda mitad del siglo IV a. C., época a la que se atribuye el friso.

Tarquinia - Friso monumental

. Estela con busto femenino.

La estela con cabeza femenina fue encontrada en abril de 1888 en la necrópolis de Monterozzi, en el “dromos” de una tumba situada en las cercanías del cementerio moderno. De la tumba sólo se pudieron recuperar algunos objetos del ajuar funerario puesto que ésta había sido saqueada con anterioridad. Entre éstos, destacan dos vasos (stamnoi) de figuras rojas producidos por artesanos de Tarquinia, y de finales del siglo IV a. C. De esta misma época debe atribuirse la construcción del sepulcro con la estela  que probablemente se situó sobre la puerta de entrada, encajada sobre las paredes o apoyada sobre una ménsula. La figura, esculpida en altorrelieve, representa la cabeza de la difunta, con un rico peinado que subraya el alto rango social: orejas adornadas con pendientes en forma de pirámides, y cuello con dos torques en espiral y un collar con frutos circulares y bellotas. Las joyas tiene correspondencia con ejemplares reales encontrados en tumbas de Tarquinia de la época helenística.

La imagen del difunto, representado como un héroe, tiene estrecha relación con la decoración pintada de la cerámica de la región de Apulia, confirmando la relación de ideologías y temas figurativos de Italia meridional, sobre todo de Tarento, tal y como se demuestra con la producción artística etrusca del primer helenismo.

Tarquinia - Estela con cabeza femenina

– La tumba de los Alvethna.

Excavada en el 1933 por el entonces director del Museo de Tarquinia, Pietro Romanelli, la tumba de los Alvethna estaba situada sobre las laderas meridionales de la necrópolis de Monterozzi, no muy lejos de la tumba denominada “de los Festones”. La cámara sepulcral, excavada bastamente en la roca, consistía en una estancia cuadrangular con el techo ligeramente a dos aguas. A lo largo de las paredes, apoyados sobre un banco, se disponían cinco sarcófagos; un sexto se encontraba en el centro, donde estaba sepultado el cabeza de familia, Larth Alvethna.

La tumba presentó indicios de haber sido saqueada previamente, por lo que se encontraron pocos objetos del ajuar: un plato y cuatro ungüentarios, dos de cerámica y dos de vidrio.

Sólo tres de los sarcófagos presentaban, esculpidas, las inscripciones funerarias, que constaban simplemente del nombre del difunto. Esto ha permitido, sin embargo, conocer el nombre de la familia aristocrática propietaria del sepulcro, los Alvethna, y de reconstruir la probable, aunque parcial, genealogía.

La tumba parece haber sido utilizada desde las últimas décadas del siglo IV a. C. (época en la que está fechado el sarcófago de Larth) hasta el siglo I d. C. como indican los objetos del ajuar.

Sólo el monumento fúnebre perteneciente al cabeza de familia, puesto enfáticamente en el centro del sepulcro y por tanto visible en sus cuatro lados, presenta una rica y compleja decoración. La tapa, en el que aparece representado Larth solemnemente tumbado, está adornado con pequeños frontones con cabezas humanas finamente esculpidos; una de las cabezas femeninas aparece adornada con ricas joyas según la moda de las últimas décadas del siglo IV a. C., y principios del siglo III a. C.

La decoración de la caja comprende un friso en relieve con animales en lucha que recorre el margen inferior de los lados largos, y con una escena pintada en la que aparece representada una batalla. Aunque el color ha desaparecido casi completamente aún se aprecian figuras de guerreros a caballo y armados con escudos.

– La tumba de Arnth Paipnas.

En el año 1876, en el sector oriental de la necrópolis de Monterozzi, en una pequeña tumba no lejos del sepulcro de los Partunu, se encontraron dos importantes monumentos fúnebres: el sarcófago con Cerbero y el cipo con cabeza humana de Arnth Paipnas. Los dos monumentos datan de los últimos años del siglo IV a. C.

. El cipo de Arnth Paipnas: El cipo representa el busto con barba de Arnth Paipnas Tite(s) (hijo de Tite), como indica la inscripción tallada sobre la base. Los cipos son elementos muy importantes porque, al igual que los sarcófagos, son el signo de la deposición individual en los grandes sepulcros colectivos de la época helenística. Éstos podían estar colocados tanto fuera como dentro de la tumba. El cipo de Arnth Paipnas puede ser considerado como un retrato tipológico de producción local, no exento de influencia griega. Esto demuestra la concepción, difundida en la Península Itálica, de que con sólo la cabeza basta para representar la figura entera.

Tarquinia - Cipo de Arnth Paipnas

. El sarcófago con Cerbero: La tapa del sepulcro, con forma de techo, está decorado con animales de bulto redondo: en el centro está Cerbero, el monstruo que custodia el Hades, representado cono un perro de tres cabezas. En las cuatro esquinas aparecen leones acostados, con una cabeza de carnero entre sus patas anteriores. La caja está decorada en sus frentes con un friso en relieve que representa escenas de caza, articulados en diferentes grupos con guerreros y amazonas en lucha con felinos y grifos. El tema de la caza es una clara referencia a la muerte, entendida como fuerza violenta que agrede al hombre y le arrebata la vida. Es posible que el grupo con guerrero y grifo aluda al mito de los Arimaspos, población legendaria que los griegos situaban en el fabuloso oriente, perennemente en lucha con los Grifos para apropiarse de los tesoros que éstos custodiaban. De específico contenido funerario es sin embargo la escena esculpida en uno de los laterales del sarcófago, con dos demonios enfrentados: a la derecha Caronte armado con un martillo en el momento en el que apresa el difunto representado como un pequeño cuerpo exánime, y a la izquierda el demonio semi-humano etrusco de la muerte, Tuchulcha.

Tarquinia - Sarcófago con Cerbero

– Sarcófago con cervatillo.

En 1875, en un sepulcro de la necrópolis de Monterozzi, se encontró el sarcófago de un refinado personaje anónimo. En éste aparece representado el difunto en la tapa, con la cabeza elevada y apoyada sobre la mano izquierda. La mano derecha, extendida a un lado, sostiene una patera de la que bebe un gracioso cervatillo, motivo que se dispone en otros sarcófagos de Tarquinia.

El rostro del difunto presenta detalles como arrugas, asimetrías, etc… La caja, decorada en todos sus lados con frisos en relieve, está embellecida en las esquinas con columnas escalonadas con capiteles de tipo eólico-etrusco. Los frisos esculpidos en los frentes representan contenido mitológico: episodios tratados en la Iliada, en el frente principal y una amazonomaquia en el frente posterior. En los laterales aparecen guerreros sobre cuádrigas. En el tratamiento de las figuras, separadas unas de otras y con predilección por ropajes en movimiento, es clara la referencia a los modelos clásicos del mundo griego. El monumento puede datarse en los últimos años del siglo IV a. C.

Museo Tarquinia - Sarcófago con cervatillo

– Tumba de los Partunu.

Las excavaciones promovidas a partir de 1874 en la necrópolis de Monterozzi por iniciativa de Luigi Dasti, permitieron el descubrimiento el 21 de enero de 1876 de una tumba de época helenística perteneciente a una familia de nobles, los Partunu. Esta tumba estaba formada por una sola cámara excavada en la roca con un banco corrido a lo largo de las paredes.

La tumba, que ya había sido saqueada previamente, presentaba catorce sarcófagos y una urna cineraria. Algunos monumentos se encontraba en su posición original, aunque otros fueron movidos para obtener objetos de particular interés para los saqueadores.

Tres sarcófagos se distinguen del resto porque fueron esculpidos en mármol griego o en piedra caliza blanca, y no en nenfro, la piedra más común de esta localidad. En éstos estaban enterrados el cabeza de familia y fundador de la tumba, Laris Partunu, su hijo Velthur y su nieto (Laris?). El propio Dasti nombró a estos sarcófagos, basándose en los trazos de los difuntos esculpidos en las tapas, como el Sarcófago del Sacerdote, el Sarcófago del Magnate y el Sarcófago del Obeso, respectivamente.

Las inscripciones que aparecen en algunas de las cajas informan que los Partunu estaban emparentados con otras familias nobles de Tarquinia -directamente con los Cucinie, los Satine y los Spantu, e indirectamente con los Spurina- lo que ha permitido reconstruir al menos una parte del árbol genealógico de la familia.

Tarquinia - Tumba Partunu

. Sarcófago del Sacerdote. Mitad del siglo IV a. C.: Esculpido en un bloque de mármol griego de la isla de Paro, el sarcófago contenía los restos de Laris Partunu, cabeza de la familia y fundador de la tumba. El nombre, ya perdido, estaba pintado cerca de la cabeza del difunto, que está representado acostado sobre la tapa del sarcófago, vestido con un largo hábito y con una copa en la mano izquierda. Del análisis de los restos del cráneo que se han encontrado en el sarcófago se sabe que Laris murió en una edad comprendida entre los 55 y los 60 años.

El sarcófago esculpido en Grecia y destinado al mercado cartaginés -como demuestra el hallazgo de ejemplares parecidos en la necrópolis de esta ciudad- acabó sin embargo en Etruria donde un artesano local pintó las paredes de la caja con escenas de inspiración mitológica.

En el lado anterior y encuadrado por un grupo de Griegos y de Amazonas en lucha, está representado el episodio homérico en el que Aquiles sacrifica un grupo de prisioneros troyanos para vengarse de la muerte de su amigo Patroclo. El mismo Aquiles aparece pintado en el centro en el momento en el que va a golpear a un troyano sentado en tierra con las manos atadas a la espalda, y desnudo, al igual que sus otros compañeros. A la izquierda, la sombra de Patroclo observa la escena, con el pecho vendado y un cetro en la mano derecha.

Le siguen un viejo troyano atado, sostenido por un joven guerrero griego y por Chamun, el demonio etrusco de la muerte. A las espaldas del prisionero sacrificado por Aquiles se sitúa un personaje atado con barba y largos cabellos rubios, que tal vez representase a Agamenón, y a su derecha Áyax el Grande (Telamonio) y Áyax el Menor (Oileo), con dos prisioneros.

La escena del sacrificio de los prisioneros troyanos encontró en Etruria particular fortuna y fue pintada sobre vasos y paredes de tumbas, esculpida sobre sarcófagos, grabada en cistas de bronce. El modelo original griego que inspiró todas estas representaciones -quizás una pintura famosa- fue modificado localmente según las diversas exigencias de quien lo encargaba. El pintor de Tarquinia se limitó a añadir el demonio del más allá para subrayar la función funeraria del monumento.

El episodio mitológico está cargado de particular significado político y tal vez quisiera recordar la matanza de 307 prisioneros romanos, ocurrida -según está documentado por fuentes antiguas- en el foro de Tarquinia durante el primer encuentro armado con Roma en el año 357 a. C. Los Etruscos son comparados con los Griegos vencedores, mientras que los Romanos están representados por los Troyanos derrotados.

Sobre las otras caras del sarcófago está representada la mítica lucha entre los Griegos y Amazonas, con figuras infernales que aferran por la espalda a los guerreros griegos heridos o moribundos.

Museo Tarquinia - Tumba del Sacerdote

. Sarcófago del Magnate. Último cuarto del siglo IV a. C.: El monumento constituye uno de los mejores productos de los talleres artesanales de Tarquinia. El artista, en el uso de la piedra caliza blanca, está ciertamente inspirado en los sarcófagos importados esculpidos en el apreciado mármol griego, y del cual un excelente ejemplo era el sarcófago del “Sacerdote”.

Sobre la tapa, está representado en un extremo la cabeza de Acheloo (divinidad fluvial) entre dos esfinges y con un busto femenino entre dos leones. El difunto aparece acostado y participando de un banquete con una patera para las libaciones en la mano derecha.

La caja, cuya forma imita a ejemplares de madera, está decorada con un bajorrelieve con escenas mitológicas: en el lado principal y en los lateras está esculpida la lucha entre los Griegos y las Amazonas (Amazonomaquia), y en el lado posterior una lucha entre los Lápitas y los Centauros (Centauromaquia) con la presencia de personajes infernales no pertenecientes al mito griego.

La inscripción fúnebre informa que el difunto, Velthur Partunu, hijo de Laris (el “Sacerdote”), ocupó el cargo de suprema magistratura ciudadana.

Museo Tarquinia - Sarcófago del Magnate

. Sarcófago del Obeso. Principios del siglo III a. C.: Debido a la falta de conservación de la inscripción fúnebre (cuyos trazos rasgados son aún visibles en el lado anterior de la caja), se ignora a quién pertenecía el personaje enterrado en el sarcófago. Sin embargo, por motivos de orden cronológico, es posible que se tratase de un hijo de Velthur (el “Magnate”), y que por tanto tuviese -según la costumbre etrusca- el mismo nombre que el abuelo: Laris.

El difunto yace con un manto sobre la tapa del sarcófago: aparece representado como un hombre anciano y obeso, con la cabeza enmarcada por una espesa cabellera y apoyada sobre la mano izquierda. El rostro está caracterizado por ojos profundos y por una gran nariz aguileña. Es posible que el artista haya querido subrayar la pronunciada obesidad del personaje para crear casi un símbolo de opulencia y del lujo de la clase aristocrática a la cual el difunto se complace de pertenecer.

Tarquinia - Sarcófago del Obeso

– Tumba del Cavalluccio.

. El ajuar funerario: La tumba acogía, como  queda testimoniado por los diversos sarcófagos que se encontraron, los restos de numerosos miembros de la familia aristocrática de los Camna.

Según la costumbre etrusca, los difuntos eran enterrados con sus mejores vestidos y con todos los objetos de adorno o accesorios del hábito, a menudo realizados en materiales preciosos. El ajuar comprendía además, de utensilios y vajillas, que se correspondían -tanto por su número como por su calidad- con el rango social del difunto. También se disponían ofertas alimentarias que servían al difunto como provisión para el largo viaje al más allá.

Sin embargo, no se han conservado muchos objetos de la tumba del Cavalluccio ya que ésta resultó haber sido abundantemente saqueada. Poquísimos objetos se conservaron en su posición original, librándose del expolio de los saqueadores o voluntariamente abandonados porque no tenían mucho valor.

Se recuperaron sólo algunos vasos pertenecientes al periodo comprendido entre el siglo IV al II a. C. , como platillos y cuencos barnizados de negro, un ungüentario, jarras sin decoración cromática y tres ánforas de transporte del tipo c.d. “greco-itálico” (de dos sólo se han conservado el cuello que presenta marcas y letras pintadas, mientras que de la tercera, prácticamente íntegra, presentaba la inscripción m.vel.m./z.s, pintada en el cuello y que quizás fuese una abreviatura de una fórmula onomástica). Además se han conservado también algunos bronces, entre los cuales destaca una jarra y una asa con la cabeza de un cordero, y fragmentos de marfil y monedas.

. Las inscripciones: La excavación de la tumba del Cavalluccio, localizada en setiembre de 1953 por un hundimiento del terreno causado por abundantes lluvias, resultó particularmente difícil. La cámara sepulcral, se presentó casi en su totalidad cubierta por tierra y bloques de roca desmoronados del techo que, por la profunda hendidura, estaba sujeto a peligrosos hundimientos.

Además de los sarcófagos y de los pocos objetos del ajuar funerario, se encontró un cipo funerario en nenfro, encontrado cerca de la entrada de la cámara, y con la fórmula onomástica esculpida: Larv Plecuśa, donde, junto al nombre individual masculino “Larth”, aparece el apellido Plecu, que permite identificar una rama de la familia Camna.

Tras algunos meses del hallazgo de la Tumba del Cavalluccio fue encontrado en las inmediaciones un segundo sepulcro, ya totalmente saqueado, pero en el que se encontró un fragmento de caja de sarcófago con la inscripción Camnas Vel Larval, (Vel Camna hijo de Larth). Las inscripciones permitieron atribuir ambos sepulcros a la familia Camna y particularmente, la Tumba del Cavalluccio a la rama de los Camna que se relacionaba con el apellido Plecu.

Tarquinia -Tumba de Cavalluccio

. Los sarcófagos: Entre los años 1953 y 1954 se realizaron algunas excavaciones en el Poggio del Cavalluccio, descubriéndose dos hipogeos contiguos, pertenecientes ambos al periodo helenístico. Aunque ya fueron profanados en la antigüedad, se sabe sin embargo, gracias a las inscripciones sobre un cipo y sobre un fragmento de sarcófago, que ambos sepulcros pertenecieron a la noble familia de Tarquinia de Camna, ya conocida por otros epitafios inscritos en algunos sarcófagos encontrados en el mismo sitio a mitad del siglo XIX.

Una de las dos tumbas -conocida como la “Tumba del Cavalluccio”- consiste en una gran habitación con un techo sostenido por pilastras y con un banco corrido a lo largo de las paredes, pintadas con festones y lazos de colores. Del ajuar fúnebre se han conservado algunos objetos, junto con una treintena de sarcófagos. Algunos de éstos presentan decoración en relieve, mientras que otros solo presentan la caja lisa adornada con algunos trazos de decoración pintada.

La decoración en relieve de la caja varía desde sencillas imágenes simbólicas, como figuras de tritones y grifos, a escenas más complejas. Entre éstos, a excepción de un ejemplar con una lucha entre Etruscos y Galos-, el tema predominante es sobre el viaje del difunto al más allá, imaginado como un cortejo y con la intención de subrayar el elevado rango del muerto. Si se trata de difuntos de sexo masculino se evidencia los cargos públicos que los personajes consiguieron en vida en el ámbito del gobierno ciudadano. El muerto, a caballo o sobre un carro, se presenta ataviado como un alto magistrado, acompañado por músicos y asistido por un séquito de subalternos: los líctores  con un haz de ramas, magistrados, escribas con sus tablas, etc… Acompañando la procesión, para subrayar el carácter funerario, aparecen los demonios etruscos de la muerte: Charuo con el martillo para abrir las puertas del Hades, y Vanth, provisto de antorcha para iluminar el oscuro camino hacia el más allá.

En las tapas de los sarcófagos están esculpidas las figuras de los difuntos en posición de un banquete. La iniciación a los misterios dionisíacos debía ser una costumbre de la familia a juzgar por el rollo (una especie de libro) que sostienen entre sus manos algunos de éstos, y de la venda que ciñe la frente del difunto de un sarcófago, elementos atribuidos a tal religión cuya difusión en Etruria fue transmitida por mediación de la ciudad de la Magna Grecia.

Tarquinia - Sarcófagos Tumba Cavalluccio

. Necrópolis de Poggio del Cavalluccio: una serie de pequeños sepulcros suburbanos, de extensión menor respecto a la gran necrópolis de Monterozzi, circundaba la ciudad de Tarquinia. Uno de éstos, en uso desde época arcaica hasta la época helenística, estaba situado sobre Poggio del Cavalluccio, una pequeña elevación de forma alargada sobre el valle del río Marta donde al norte se situaba la antigua vía que conducía a Tuscania.

El sepulcro no ha sido investigado sistemáticamente, pero ha proporcionado a finales del siglo XIX una serie de ricas sepulturas, pertenecientes a época helenística, repleto de sarcófagos y cuyos ajuares funerarios, aunque las tumbas ya fueron saqueadas, contenían pendientes preciosos y lujosos objetos decorativos en bronce y marfil. Al menos, cuatro de estos sepulcros pertenecían a la noble familia de  los Camna, que evidentemente poseían las tierras de la zona, de las cuales obtenían su poder económico y que por tanto eligieron estos sepulcros para erigir sus propias tumbas.

– Tumba de los Pulena

La Tumba de los Pulena fue encontrada en la necrópolis de Tarquinia el 12 de noviembre de 1878. Tanto en el techo como en las paredes presentaba algunos restos de pinturas rojas con motivos vegetales. En el interior de la cámara sepulcral, estrechamente apilados, se encontraron veintiún sarcófagos, cuatro en piedra de nenfro y los otros en piedra calcárea local. Tan sólo dos de ellos aparecía la figura del difunto esculpida en la tapa del sarcófago y tan sólo en cuatro aparecía una inscripción fúnebre indicando el nombre del difunto, como el sarcófago de Laris, (también conocido como el Magistrado), y el de su hijo Velthur.

Tarquinia - Tumba de los Pulena

Los Pulena podían jactarse de tener un origen griego: el apellido del cabeza de familia, Creice, corresponde al término Craicos (Laris Pule “el griego”).

. Tumba del Magistrado. Segundo cuarto del siglo III a. C.: El difunto, Laris Pulena, aparece representado como un hombre imberbe de edad madura y expresivamente coronado. El rostro está caracterizado por un acentuado prognatismo frontal, grandes ojos hinchados y una pequeña nariz. Semi-incorporado sobre la tapa del sarcófago con el codo izquierdo apoyado sobre dos cojines, con las manos sostiene un gran rollo que muestra una larga inscripción. Se trata de la representación más significativa, en un monumento figurativo etrusco, de un libro, aquí en la forma de un rollo de papiro o de piel. Esto representa la condición privilegiada del difunto, iniciado en los misterios dionisíacos. Sobre la caja, en relieve, una escena de carácter infernal relativa a la llegada de Laris al más allá. La larga inscripción sobre el rollo es de difícil comprensión: el texto se inicia con la genealogía del difunto; después se señala su actividad de escritos de arúspices, y finalmente los cargos públicos que Laris ostentó en el gobierno de la ciudad de Tarquinia y también las funciones sacerdotales relacionadas con el culto de Pacha (Baco) y de Catha. 

Museo Tarquinia - Sarcófago del Magistrado

– Sarcófago de los Camna

Los cuatro monumentos funerarios pertenecientes -tal y como atestiguan los epitafios- a la familia noble de los Camna y la rama genealógica de los Camna-Plecu, pertenecieron a la colección privada de los condes Bruschi Falgari. Ya en el año 1860, el estudioso alemán Heinrich Brunn vio los sarcófagos “en la villa de la señora condesa Bruschi, casi una milla antes de llegar a Corneto, camino de Civitavecchi”, a excepción del sarcófago de Ramtha Apatrui que se encontraba “en otra villa de la misma condesa, un poco distante de la anterior”.

Los monumentos se descubrieron a mitad del siglo XIX por las excavaciones realizadas en Poggio Cavalluccio, entonces propiedad de la familia Bruschi. Posiblemente los sarcófagos de Ramtha Apatrui y de su hijo, miembros de la rama Camna Plecu, procediesen de la “Tumba del Cavalluccio”, excavada a mediados del siglo XIX. Gracias a las inscripciones sobre los sarcófagos se ha podido recrear el árbol genealógico de la familia Camna y su rama Camna-Plecu.

Los Camna estaban emparentados con otras nobles familias como los Apatru, los Pumpna, los Atna y los Alvethna, éstos últimos originarios de Musarna, un pequeño centro de Viterbese.

Tarquinia - Sarcófagos de los Camna

. Sarcófago de Larth (II) Plecu. Segunda mitad del siglo III a. C.: El difunto aparece representado ligeramente incorporado como si estuviese participando de un banquete, y con la pátera de las libaciones en su mano derecha. En la tumba aparece esculpido, en bajorrelieve no pulido, el viaje hacia el más allá: Larth, como recuerda el epitafio, fue dos veces “zila”, es decir supremo magistrado del gobierno ciudadano, avanza solemnemente sobre un carro flanqueado por “Charun”, y es escoltado por un séquito de servidores.

Tarquinia - Sarcófago Larth (II) Plecu

. Epitafio del sarcófago de Larth (II) Plecu: “Larth, hijo de Arnth Plecu y de Ramtha Apatrui, que fue “zila” dos veces, murió con cuarenta y nueve (?) años”.

Tarquinia - Sarcófago Larth (II) Plecu 01

– Tumba del Triclinio. Primer cuarto del siglo V a. C.

Hallada en el año 1830, fue nombrada por G. Dennis con el sugerente nombre de “tumba de la alegría y de las fiestas”. Las pinturas fueron extraídas de su lugar original en el año 1949.

Para acceder a la cámara sepulcral, hipogeo de planta rectangular, a través de un largo pasillo descendiente con escalones. El techo, de doble vertiente, presenta decoraciones con un motivo ajedrezado, mientras que sobre la viga central se pintó una decoración vegetal. En el triangulo frontal de la pared del fondo, a los lados de la ménsula que sostienen la viga, aparecen figuras de hombres recostados junto con aves, mientras que sobre el frontón de la pared de ingreso se conservan restos de felinos. En las paredes, sobre un zócalo decorado con un motivo de ondas que sugiere la superficie encrespada del mar, aparece un friso figurativo coronado por un sutil sarmiento de hiedra. A los lados de la puerta de entrada dos caballeros que aluden a los juegos ecuestres en honor del difunto, aunque también es posible que se hiciese referencia a Dioscuros, divinidad cuyo culto está documentado en Tarquinia y que eran particularmente indicados para ser representados en una tumba. Su paternidad divina (hijos de Zeus) exalta la nobleza de la estirpe del difunto, su condición de héroes, guerreros y atletas, alude a la virtud del muerto; el destino que les impone entrar y salir del Hades, subraya en realidad el vínculo ideal entre el difunto y los familiares todavía con vida.

Tarquinia - Tumba Triclinio

Sobre las paredes del fondo y sobre las paredes laterales se representa un grandioso banquete fúnebre en honor del difunto, ambientado en un bosque de esbeltos árboles, poblado por pájaros y que quizás se desarrollase baje un toldo, que es lo que parece aludir la decoración ajedrezada del techo. Tres parejas de comensales se representan sobre las paredes del fondo, tendidos sobre lechos de convite, uno de los cuales -en la parte derecha- se representa en escorzo. En primer plano, bajo las mesas para la vajilla, aparece un gato, un gallo  y una perdiz. El banquete, servido por sirvientes y jóvenes coperos, está amenizado por músicos y danzas: sobre las paredes laterales aparecen jóvenes de ambos sexos bailando, representados en posturas vivas y rítmicamente marcadas. El banquete, símbolo de prestigio y signo distintivo de la clase aristocrática, es el tema decorativo casi exclusivo de las tumbas de Tarquinia del siglo V a. C.

La alta calidad de la pintura, la fluidez del diseño, el delicado color de tonos pasteles, la esmerada reproducción de los preciosos tejidos, han hecho que esta tumba esté entre las más famosas y apreciadas. La fuerte influencia de la contemporánea pintura griega, predominantemente ática, ha inducido a muchos estudiosos a suponer la mano de un artista griego, o a un artista etrusco que se hubiese formado en un ambiente griego.

– Tumba de los Carros. Primeras décadas del siglo V a. C.

Descubierta en 18027 y conocida también como “Tumba Stackelberg”, debido al nombre del barón Otto Magnus von Stackelberg que fue el primero en describir y copiar las pinturas. Las pinturas fueron extraídas de su posición original en 1949.

Para acceder a la amplia cámara cuadrangular de techo a doble vertiente se realizaba mediante un pasillo escalonado. El techo del pasillo presentaba una viga central, estando en relieve todas las paredes y cornisas del mismo.

Las pinturas se han deteriorado fuertemente, y para su lectura hay que valerse de las reproducciones realizadas en el siglo XIX, tras su descubrimiento.

El techo está decorado con un motivo ajedrezado sobre los faldones inclinados del techo y con rosetones sobre la viga central. En el frontón de la pared del fondo está representada una escena de un banquete: dos convidados están tumbados a los lados de la ménsula de la viga del techo y sobre la misma aparece representado el vaso para el vino (una gran crátera) entre dos jóvenes coperos desnudos. Una escena análoga puede que apareciese también sobre el frontón de la pared de entrada, pero en la actualidad se ha perdido completamente.

Sobre la cornisa en relieve se representa, en clave miniaturista y sobre un fondo claro, los juegos en honor del difunto, con la presencia de numerosos espectadores sentados sobre la tribuna de madera puesta en las esquinas entre las paredes laterales y la pared del fondo, bajo las cuales están echados los sirvientes. Se trata del conjunto etrusco de representación de atletas más importante que se ha conservado hasta nuestros días. Aparecen representados púgiles, luchadores, saltadores con pértiga, lanzadores de disco y una carrera de carros que ha dado el nombre al sepulcro.

Museo Tarquinia - Tumba delle Bighe (Tumba de los Carros)

Sobre las paredes, se pinta una gran escena de un banquete: sobre el fondo las tres parejas de comensales, todos hombres echados sobre lechos de convite, ricamente adornados; jóvenes sirvientes desnudos sirven a los comensales mientras que en las paredes laterales jóvenes de ambos sexos danzan y tocan instrumentos en un paisaje marcado por árboles; en la esquina entre la pared derecha y la pared del fondo está una mesa preparada suntuosamente con toda la vajilla.

Con la Tumba de los Carros, se afirma el esquema decorativo recurrente en las tumbas del siglo V a. C.: el banquete en la pared del fondo, música y danzas en las paredes laterales.  También este pintor está fuertemente influenciado por la pintura griega contemporánea.

– Tumba de las Olimpiadas. 530-520 a. C.

Descubierta en  1958, las pinturas fueron extraídas ese mismo año. A través de un pasillo escalonado se accedía a la larga cámara funeraria, de forma rectangular y con techo de doble vertiente y con viga central pintada de rojo. Sobre el frontal de la pared del fondo, a los lados de la ménsula de sostén de la viga del techo, figuras de comensales echados en curiosas y vivaces posturas. Sobre la pared del fondo, a los lados de una  puerta de dos hojas decorada con tachones, aparecen algunos personajes masculinos y femeninos, tal vez en acto de celebrar ceremonias en honor al difunto, pero que según algunos estudiosos interpretan en clave mitológica como la representación del Juicio de Paris.

Tarquinia - Tumba de las Olimpiadas

Sobre las paredes laterales se dispone un gran friso con los juegos en honor al difunto. A la derecha una carrera, el salto de longitud y el lanzamiento del disco; sigue la representación del juego del phersu documentado también en otras tumbas de Tarquinia y que consistía en la lucha entre dos personajes: un hombre (el phersu) de rostro cubierto por una máscara y con un sombrero puntiagudo, azuza un perro contra el adversario, encapuchado y armado con una clava. De la escena, que se han perdido muchas partes, quedan tan solo las cabezas de los dos protagonistas. El juego del phersu, cuyo nombre se puesto en relación con el término latino persona=máscara, testimonia los orígenes etruscos de los juegos cruentos tipo gladiadores, que tendrían mucha fortuna en el mundo romano y campano. Sobre la pared de la izquierda aparece una carrera de carros, la última de las cuales aparece dramáticamente volcada y con el auriga por los aires. Se sigue con una escena de púgiles. De las pinturas de la pared de entrada no se ha conservado prácticamente nada.

La tumba, con fecha del 530-520 a. C., probablemente fue pintada por un artista griego oriental, cuyo estilo se distingue por la particular vivacidad y exuberancia.

– Tumba de la nave. Mitad del siglo V a. C.

Descubierta en 1958, las pinturas se extrajeron ese mismo año. A través de un pasillo escalonado se descendía a la cámara funeraria, rectangular, con techo de doble vertiente decorado con tema ajedrezado y con viga central pintada de rojo.

Sobre los frontales de las paredes cortas, a los lados de la ménsula de sostén de la viga del techo, escenas de banquete con comensales tendidos en la tierra o echados sobre lechos de comensales.

Sobre la pared del fondo, la pared de la derecha y sobre la de entrada, una gran escena de banquete con cuatro parejas de comensales echados sobre lechos ricamente decorados y servidos por jóvenes coperos desnudos; músicos y bailarines amenizan el convite que se desarrolla en un bosque.

Museo Tarquinia - Tumba de la Nave

Pero es la escena pintada en la pared de la izquierda la que ha dado el nombre a la tumba y que constituye un ejemplo único dentro de la pintura funeraria de Tarquinia: en un paisaje marino cerrado por altas rocas aparece representado una gran nave de carga, con vela y dos mástiles, y una segunda embarcación más pequeña, de un sólo mástil. En el personaje pintado a la derecha se ha querido ver el propietario del sepulcro, probablemente un comerciante que ha querido así recordar su actividad marinera que lo enriqueció.

Las conquistas espaciales de la gran pintura griega del siglo V a. C., son ya conocidas por el artista de Tarquinia que ha organizado la escena con figuras escalonadas en distintos planos.

– Los Caballos Alados

El altorrelieve en terracota de los “caballos alados” -universalmente reconocido como uno de las obras más importantes de la cultura etrusca de edad tardoclásica- se ha convertido en un símbolo de la ciudad de Tarquinia,

En 1938, el arqueólogo Pietro Romanelli afrontó de manera sistemática la exploración del gran templo del “Ara della Regina”, encontrando a casi 3 metros de profundidad numerosos fragmentos de la pieza escultórica, como un centenar. Sabiamente restaurado, ya a finales de octubre del mismo año, el conjunto fue expuesto en las salas del Museo de Tarquinia.

La escultura de los Caballos Alados es de 1,15 metros de alta y 1,25 metros de ancho. En su origen se encontraba en la viga izquierda del triángulo frontal de la fachada del templo. Su margen superior, tallado oblicuamente, reproduce la inclinación de la gran viga de madera. Los animales, magistralmente modelados a mano, se destacan progresivamente del tablero del fondo. El altorrelieve se fijaba a la estructura de madera del techo mediante numerosos clavos de bronce de gran longitud, recuperados durante las excavaciones. Algunos de ellos, con motivo de una reciente restauración han vuelto a ser insertados en su posición original. La escultura estaba enriquecida con una viva policromía, de la cual quedan abundantes restos.

Los caballos, vueltos hacia la izquierda con los orificios nasales dilatados y la boca semi-abierta, se agitan impacientes dispuestos a prender el vuelo. Las crines, cortas y espesas, se esparcen por toda la cabeza; las largas colas se anudan.

Ricamente enjaezados, los animales estaban uncidos a una cuádriga, de la que queda sólo el timón. Probablemente, la cuádriga era dirigida por un héroe o una divinidad: el carro debía decorar una segunda talla que se dispondría a la derecha, pero no fue localizada durante las excavaciones. Difícil, debido a los pocos elementos que han quedado, es la interpretación del programa figurativo representado en la decoración del frontón, pero que por analogía con los otros santuarios urbanos de otras ciudades etruscas, tendría que estar ligado a los orígenes de la ciudad y sus mitos de fundación.

Los “Caballos Alados” de Tarquinia son obra de un artesano etrusco que en su configuración, en las primeras décadas del siglo IV a. C., demuestra un perfecto conocimiento de la escultura griega de la época clásica, pero que al mismo tiempo está profundamente ligado a la tradición local como revelan las desproporciones volumétricas de los cuellos y de las cabezas respecto al resto del cuerpo, delicados y alargados, la acentuación de las formas anatómicas, el gusto decorativo de las bridas…

Museo Tarquinia - Dos Caballos alados

~ by lostonsite on 17 julio, 2011.

Italia, Viajes

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