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Cuando visitas los orígenes de la ciudad eterna

ROMA

. COLISEO

En verano del año 64 d. C., bajo el reinado del emperador Nerón, Roma sufrió un Gran Incendio que destruyó gran parte de la ciudad, como el primer anfiteatro de la ciudad de Roma construido en el Campo de Marte por el cónsul Estatilio Tauro en el año 29 a. C. Así pues, se hizo necesario la construcción de un nuevo anfiteatro para la urbe romana.

Nerón, aprovechando la devastación del Gran Incendio de Roma, se apropió de gran parte del terreno comprendido entre las colinas Celio, Esquilino y Palatino para edificar su residencia: la grandiosa Domus Aurea. En ella ordenó construir una laguna artificial (Stagnum Neronis), rodeada de jardines y pórticos. Se amplió el acueducto Aqua Claudia, para que llegase hasta esta zona, y a la entrada de la Domus Aurea se situó una gran estatua de bronce conocida como el Coloso de Nerón.

Sin embargo, seis años después, 70 d. C., bajo el mandato del emperador Vespasiano, se decidió situar el nuevo anfiteatro en esta misma área, transformándose y derribándose buena parte de la Domus Aurea. El lago se rellenó y la tierra se reutilizó como emplazamiento para el nuevo Anfiteatro Flavio, mientras que donde anteriormente se encontraba la Domus Aurea, se construyeron escuelas de gladiadores y otros edificios relacionados con esta actividad.

Según una inscripción que se encontró en el lugar, el emperador Vespasiano ordenó que este nuevo anfiteatro se erigiera usando su parte del botín como general. Esto puede referirse al gran tesoro que robaron los romanos tras su victoria en la Gran Rebelión Judía del 70 d. C. El Coliseo puede así ser interpretado como un gran monumento triunfal, siguiendo la tradición de celebrar las grandes victorias. La decisión de Vespasiano de construir el Coliseo en el emplazamiento del lago de Nerón puede ser vista como un gesto popular para devolver a la gente un área de la ciudad de la que Nerón se había apropiado para uso exclusivo. Al contrario que muchos otros anfiteatros, que se situaban a las afueras de la ciudad, el Coliseo se construyó justo en el centro de la urbe; situándolo literal y simbólicamente en el corazón de Roma.

El Anfiteatro Flavio presenta una planta ovalada de 189 metros de largo por 156 de ancho, y de 57 metros de altura, con un perímetro de la elíptica de 524 metros. El terreno de juego propiamente dicho era un óvalo de 75 por 44 metros, y en realidad era una plataforma construida en madera y cubierta de arena.

El Coliseo albergó espectáculos como las venationes (peleas de animales) o los noxii (ejecuciones de prisioneros por animales), así como las munera: peleas de gladiadores. Se calcula que en estos juegos murieron entre 500.000 y 1.000.000 de personas. Asimismo, se celebraban naumachiae, espectaculares batallas navales que requerían inundar la arena de agua. Es probable que fueran en los primeros años, antes de construirse los sótanos bajo la arena. El Coliseo poseía un avanzado sistema de canalización de agua que permitía llenar y vaciar rápidamente el piso inferior, conectado a cuatro imponentes cloacas.

Se desconoce la identidad del arquitecto del edificio, como ocurría en general con la mayoría de las obras romanas: las edificaciones públicas se erigían para mayor gloria de los emperadores. A lo largo de los años se han barajado los nombres de Rabirio, Severo, Gaudencio o incluso Apolodoro de Damasco, aunque se sabe que este último llegó a Roma en el año 105.

El Coliseo romano fue quizás la obra más grandiosa de la arquitectura romana, y en él se utilizaron las más variadas técnicas de construcción. Las pilastras y los arcos son de travertino colocado sin argamasa. En las partes inferiores y en los sótanos se empleó la toba del mismo modo. Muchos de estos sillares iban sujetos con grapas metálicas. Las bóvedas que sostienen la cávea se hicieron vertiendo argamasa de cemento directamente sobre cimbras de madera, una innovación que aligeraba la fábrica.

El hecho de que el edificio se ubicase sobre una laguna obligó a excavar hasta 14 metros de limos inservibles y realizar una cimentación de casi 13 metros de opus cementicium (hiladas de argamasa de cal y piedras alternadas).

Cuando Vespasiano murió en el 79, el Coliseo ya estaba completo hasta el tercer piso. Su hijo Tito terminó el nivel superior e inauguró el edificio en el 80. Más adelante se remodeló el edificio bajo el mandato del hijo pequeño de Vespasiano, el recientemente nombrado emperador Domiciano, quien al parecer abandonó la idea de la naumachiae, pavimentando las cloacas y construyendo una serie de estancias subterráneas denominadas hipogeo.

El hipogeo era un complejo de túneles y mazmorras en el que se alojaba a los gladiadores, a los condenados y a los animales, disponiéndose en el suelo del anfiteatro varias trampillas y montacargas que comunicaban con el sótano y que podían ser usadas durante el espectáculo. Además de la construcción del hipogeo, Domiciano mandó construir una galería en la parte superior del Coliseo para aumentar su aforo.

El amplio graderío interior estaba diferenciado en gradus, pisos reservados para las diferentes clases sociales:

– En el podium,el primero de ellos, se sentaban los romanos más ilustres: los senadores, magistrados, sacerdotes y quizá las vestales. En ambos extremos del eje menor había sendos palcos: la tribuna imperial (pulvinar), y otra reservada para el magistrado que en ocasiones presidía los juegos. Dado que este piso era el más próximo a las fieras, había una red metálica de protección y arqueros apostados regularmente.

– El maenianum primum, para los aristócratas que no pertenecían al senado,

– El maenianum secundum, dividido en el imum para los ciudadanos ricos y el summum para los pobres.

– En lo más alto estaba el maenianum summum in ligneis, hecho de madera, probablemente sin asientos y reservado para mujeres pobres.

Además, algunos órdenes sociales, como los tribunos, sacerdotes o la milicia, tenían sectores reservados.

El acceso desde los pasillos hasta las gradas se producía a través de los vomitorios, llamados así porque permitían salir una enorme cantidad de gente en poco tiempo. Estaba tan bien diseñado que los 50.000 espectadores podían ser evacuados en un poco más que cinco minutos.

La fachada se articula en cuatro órdenes, cuyas alturas no se corresponden con los pisos interiores. Los tres órdenes inferiores los forman 80 arcos sobre pilastras, y con semicolumnas adosadas que soportan un entablamento puramente decorativo. El cuarto lo forma una pared ciega, con pilastras adosadas, y ventanas en uno de cada dos vanos.

Respecto a los aspectos estéticos, aparece una combinación de arco y dintel y la superposición de órdenes toscano, jónico y corintio. El último piso tiene un estilo indefinido que fue catalogado en el siglo XVI como compuesto. Era corriente superponer estilos diferentes en pisos sucesivos, pero no era habitual hacer edificios con cuatro órdenes superpuestos. Las comunicaciones entre cada piso se realizaban a través de escaleras y galerías concéntricas.

El Coliseo contaba con una cubierta de tela desplegable accionada mediante poleas. Esta cubierta, hecha primero con tela de vela y luego sustituida por lino (más ligero), se apoyaba en un entramado de cuerdas del que poco se sabe. Cada sector de tela podía moverse por separado de los de alrededor, y eran accionados por un destacamento de marineros de la flota romana.

En la parte superior de la fachada se han identificado los huecos en los que se colocaban los 250 mástiles de madera que soportaban los cables. Al parecer las cuerdas se anclaban en el suelo, pues de otro modo los mástiles soportarían demasiado peso. A tal efecto había un anillo concéntrico de piedras o cipos situados a 18 metros de la fachada en la explanada exterior, y que también permitían el control del público para evitar aglomeraciones. La franja entre la fachada y los cipos estaba pavimentada con travertino.

En el 217, el Coliseo fue gravemente dañado por un gran incendio que destruyó el suelo de madera en el interior del anfiteatro. No se reparó del todo hasta el 240, siguiéndose diversas intervenciones posteriores, posiblemente para reparar los daños que causó un terremoto en el año 443. La última pelea de gladiadores de la historia está registrada hacia el año 435, pero la arena siguió utilizándose para competiciones y caza de animales hasta por lo menos el año 523.

Durante el periodo medieval, el Coliseo experimentó grandes cambios en su uso. A finales del siglo VI se construyó una pequeña iglesia dentro de la estructura del anfiteatro, aunque aparentemente no le dio un significado religioso al edificio entero. La arena se transformó en un cementerio. Los numerosos espacios entre las arcadas y bajo los asientos se convirtieron en fábricas y refugios, y según las fuentes se alquilaron hasta el siglo XII.

Durante el papado de Gregorio Magno muchos de los monumentos antiguos pasaron a manos de la Iglesia, que era la única autoridad efectiva. Sin embargo carecía de recursos para mantenerlos, por lo que cayeron en el abandono y el expolio. En la Edad Media, la decadencia de la ciudad afectó a todos los monumentos imperiales. Los terremotos de 801 y 847 provocaron grandes destrozos en un edificio prácticamente abandonado en las afueras de la ciudad medieval.

Cuando en 1084 el papa Gregorio VII fue expulsado de la ciudad, muchos monumentos cayeron en manos de familias nobles romanas, que los usaron como fortalezas. Alrededor del 1200 la familia Frangipani se apropió del Coliseo y lo fortificó, usándolo de forma parecida a un castillo y convirtiéndolo en su área de influencia. El Coliseo fue cambiando de manos hasta 1312, año en el que volvió a pertenecer a la Iglesia.

El gran terremoto de 1349 dañó severamente la estructura del Coliseo, haciendo que el lado externo sur se derrumbase. Muchas de esas piedras desprendidas fueron reutilizadas para construir palacios, iglesias (incluido el Vaticano), hospitales y otros edificios en toda Roma. Una orden religiosa se asentó en el tercio norte del Coliseo y siguió habitándolo hasta principios del siglo XIX. Las piedra del interior del anfiteatro fue picada en exceso, para reutilizarla en otra parte o (en caso de la fachada de mármol) quemarla para obtener cal viva. Las abrazaderas de bronce que sostenían la mampostería fueron arrancadas de las paredes, dejando numerosas marcas. Aún hoy pueden observarse dichas cicatrices en el edificio.

A partir de 1820, se comenzaron una serie de obras para estabilizar el monumento, como la construcción de unos contrafuertes, sin los cuales, el edificio probablemente se habría derrumbado.Durante todo el siglo se sucedieron obras de consolidación y mejora. En 1980, la Unesco declaró el centro histórico de Roma, incluido el Coliseo, Patrimonio Mundial.

. MONTE PALATINO

El monte Palatino (en latín Collis Palatium o Mons Palatinus) forma parte de la llamada Roma Quadrata (así llamada a la primera aglomeración urbana). El Palatino es la más céntrica de las siete colinas de Roma y es una de las partes más antiguas de la ciudad. Según la mitología romana, el Palatino era el lugar donde estaba la cueva, conocida como el Lupercal, en la que fueron encontrados Rómulo y Remo, fundadores de Roma, y que era el hogar de Luperca, la loba que los amamantó.

Roma tiene sus orígenes en el Palatino (con sus tres cimas: Cermalus, Palatium y Velia). De hecho, excavaciones recientes en la zona muestran que ha estado habitado desde aproximadamente el año 1000 a. C. A lo largo de los siglos, muchos emperadores romanos construyeron sus palacios sobre este monte, como Augusto, Tiberio o Domiciano, cuyas ruinas aún son visibles.

. Casa de Augusto: Cuando en el año 36 a. C., Octavio Augusto erigió su residencia en el Monte Palatino, se determinó el uso de la colina como residencia oficial de los emperadores. Sustituyó la arquitectura doméstica de las residencias privadas patricias con una arquitectura de representación, la domus imperial.

La domus del primer emperador se erigió en el lugar más sagrado del Palatino por estar ligado a la leyenda de la fundación de la ciudad por Rómulo, estableciéndose una asociación entre el fundador mítico de Roma con el nuevo fundador del estado, especialmente tras los años de la guerra civil.

Basándose en el modelo del palacio helenístico de la dinastía atálida, vinculados al santuario de Atenea en la acrópolis de Pérgamo, la domus imperial estaba estrechamente ligada, como atestigua los datos arqueológicos, con el Templo de Apollo Actiacus, el templo más grandioso atribuido a Augusto con el que quería rendir tributo al Dios que le había protegido en la batalla de Accio (año 31 a. C.) y, según la leyenda, su padre divino.

La Casa de Augusto fue el resultado de la unión de varias casas preexistentes de la época republicana, que el emperador Augusto incorporó en el año 36 a. C. Así pues, la llamada Casa de Livia debería formar parte de este complejo junto con el Templo de Apolo Palatino, la casa del orador Quinto Hórtensio Hórtalo, el templo de Vesta y el templo de Cibeles. Todo ello conformó una estructura arquitectónica compleja, siendo el núcleo original la casa de Quinto, al que se fueron añadiendo más estancias. Tras la victoria contra Pompeo en el año 36 a. C. Augusto adquirió, a través de intermediarios, numerosas casas existentes en el monte Palatino.

La Casa de Augusto también incorporó el santuario del Lupercale, lugar sagrado en donde según la leyenda, Rómulo fue salvado por la loba del Rey Faustolo.

Para la identificación de las salas de Augusto fueron fundamentales las excavaciones  del año 1961, descubriéndose el templo de Apolo y al sur, las estancias de representación de la casa augustea.

Según la planimetría de la domus augusti, en el centro se disponía un atrium que separaba la domus privata (en la parte izquierda), de la domus publica, (a la derecha). Esta división de la casa del emperador permanecerá también en las sucesivas ampliaciones en época de Nerón y de la dinastía Flavia.

La domus augusti fue el primer palacio imperial en el monte Palatino. En la actualidad se han conservado alguna pavimentación de mármol, y sobre todo unos frescos de segundo estilo del año 30 a. C. Estos frescos se encontraban en la «Stanza delle Maschere» (Sala de las Máscaras),  presentando una decoración pintada que imita una arquitectura compleja, similar a una escenografía teatral como también parecen aludir las máscaras pintadas sobre las cornisas que han dado nombre a la sala.

 

La Casa de Augusto representa el más importante grupo de pinturas del Segundo Estilo recuperado en Roma en las últimas décadas, a pesar de que algunas partes de las pinturas se han perdido o han sido recompuestas. Las espléndidas pinturas producen un efecto extraordinario por la vivacidad de los colores y la originalidad y finura de la síntesis decorativa.

a) La Casa de Livia: La Casa de Livia constaba de una serie de dependencias que probablemente fueron utilizadas por la mujer de Augusto, readaptando una casa republicana anterior.

El acceso se realizaba a través de un corredor que conserva el mosaico original en el pavimento, compuesto de teselas negras dispuestas de manera regular sobre un fondo de teselas blancas. Muy probablemente este acceso no fue el original, situándose el primitivo acceso en el otro lado pero que sería cerrado tras diversas intervenciones en el edificio. El centro de la Casa de Livia está compuesto por un patio rectangular con pilastras que debían sostener un tejado, pero que en la actualidad sólo se conservan las basas.

En las salas de la Casa de Livia se han conservado decoraciones con frescos de Segundo Estilo del año 30 a. C.

b) El templo de Apolo Palatino: En el interior de las propiedades de Augusto en el Palatino, el templo fue finalizado en el año 28 a. C. para celebrar la victoria de Accio sobre Marco Antonio.

El recinto del templo estaba formado por una terraza artificial de 70 por 30 metros, apoyado sobre construcciones en  Opus quadratum. En la parte septentrional de la terraza, el templo se elevaba sobre un alto podio, construido con bloques de toba y travertino en las partes portantes.

El templo estaba construido con bloques de mármol de Carrara, constando probablemente de un pronao de seis columnas en la fachada, mientras qeu sobre los lados se disponían pilastras adosadas a los muros externos de la cella. En la actualidad sólo se conservan trazas del pavimento de mármol, de las columnas y de algunos capiteles corintios.

c) Templo de Cibeles en el Palatino o Templo de Magna Mater: Fue erigido por primera vez en el año 204 a. C. cuando una embajada romana trajo de vuelta la imagen de Cibeles desde Pessinus. En el año 111 a. C., el templo se incendió aunque la estatua de Quinta Cloelia de su interior resultó ilesa. Finalmente fue restaurado por Augusto en el año 3 d. C., conservándose intacto desde entonces hasta el siglo IV.

En la actualidad, las ruinas del antiguo templo se limitan a una parte de una colosal estatua femenina sentada en un trono, un fragmento de una base con garras de leones (los guardas habituales de la diosa), junto con un enorme podio hecho de trozos irregulares de tosca y peperino, colocados con mortero grueso, y fragmentos de columnas y entablamento.

Los muros del podio tiene 3,84 metros de grosor (los de la cella son algo menos gruesos) en los lados, y 5,50 en el fondo, pero este grosor inusual se debe a que el muro es un muro doble con un espacio de 1,80 metros entre las dos partes. Este muro tenía en su parte exterior un acabado de estuco en vez de opus quadratum. La longitud total del templo era de 33,18 metros y su ancho de 17,10.

El templo era un próstilo hexástilo, de orden corintio. Se accedía a él por un tramo de escaleras que se extendía a todo el ancho del frontal. El mortero del podio pertenece a la época de Augusto, y dado que los fragmentos arquitectónicos conservados son de peperino, es evidente que la restauración de ese periodo fue realizada a partir de material de la estructura original.

. Domus Tiberiana: Probablemente Tiberio eligió el emplazamiento de la domus en el mismo lugar donde se encontraba su casa natal, sobre el monte Palatino. La fase inicial del palacio se debió limitar a la parte central de los jardines que existen en la actualidad, mientras que Calígula lo amplió hacia el Foro y Domiciano lo hizo restaurar. En esta restauración se construyó el acceso monumental sobre el Foro, donde debía asentarse la sede de la guardia pretoriana. En este lugar fue donde posteriormente se levantó la Iglesia de Santa María Antiqua.

En la parte central se conoce tan sólo la existencia de un gran peristilo rodeado de estancias de las cuales se distinguía un gran corredor que terminaba en las salas cercanas al Templo de Magna Mater. Otros pasillos debían salir posteriormente del criptopórtico de la Domus Transitoria de Nerón, donde en la actualidad se han conservado algunos pasajes.

En el lado sur, hacia la Casa de Livia, se han descubierto dieciocho salas rectangulares cubiertas con bóvedas de cañón. Una de las salas se ha conservado una parte de la bóveda pintada con recuadros que contienen escenas figurativas (una figura femenina, una pantera y unos pájaros), pertenecientes al siglo III d. C., mientras que las paredes en ladrillo pertenecen a la reconstrucción de Nerón después del año 64. También, en la parte meridional se encontraba un estanque con escalones, que quizás se trataba de un vivarium donde se tenían peces.

El lado este está delimitado por el largo criptopórtico de la época de Nerón. Hacia este criptopórtico se abrían algunas ventanas donde se han conservado restos de pintura y de pavimentos con mosaicos. El Criptopórtico es uno de los monumentos más característicos del Palatino. Se trata de un corredor semienterrado de 130 metros de largo, iluminado con lucernarios. Servía para comunicar la parte meridional de la Domus Tiberiana con la Casa de Livia. Este pasaje cubierto servía para unir diversos núcleos del Palacio imperial en la época de la dinastía Julio-Claudia. La bóveda estaba originalmente cubierta de finos estucos blancos con representaciones de cupidos dentro de decorativos marcos. En la actualidad sólo se han conservado unos pocos fragmentos. Aunque los criptopórticos se datan en la época de Nerón, probablemente pertenecieran a una época anterior, en la primera mitad del siglo I d. C.

En lado norte hacia el Foro, la Domus Tiberiana se disponía a lo largo de una vía de subida denominada Clivus Victoriae. Algunas estancias orientadas a noreste-suroeste son las más antiguas, mientras que sobre éstas se apoyaban otras estructuras de orientación norte-sur que sobresalían sobre la vía con arcos. En estas estancias se han descubierto graffitis con listas de cuentas y nombres de monedas, lo que ha hecho pensar que la se de del fisco imperial se encontraba aquí.

Por la fuentes antiguas se sabe que la Domus Tiberiana debía tener al menos una biblioteca.

Los Jardines de Farnese, creados a mitad del siglo XVI por el cardenal Alejandro Farnese, enterraron lo que hasta entonces se había conservado del piano nobile de la Domus Tiberiana. La ausencia de restos visibles en la superficie hizo que durante un tiempo se pensase en la existencia de monumentos de distinto tipo, como pabellones de jardín de época de Nerón.

En el año 2000 comenzaron excavaciones para verificar las causas de los gravísimos derrumbes y daños estructurales del complejo, y que permanecen enterrados bajo los jardines. Hasta ahora se han descubierto estructuras arquitectónicas bajo la terraza del jardín y los critptopórticos, dispuestas en dos niveles, lo que ha permitido la reconstrucción de un nuevo marco cronológico de la Domus Tiberiana.

A nivel del jardín, la excavación ha revelado los restos de un pórtico con columnas y, dentro del peristilo, un gran vaso polilobulado cubierto con bloques de mármol. Este vaso muestra signos de reconstrucciones en distintas ocasiones durante el periodo imperial, pero su original construcción está vinculada con la presencia de una conducción hídrica en la que está inscrita el nombre del emperador Claudio, emperador entre los años 41 al 54 d. C.

Es una importante evidencia de que no fue Nerón quien transformó la Domus Tiberiana en un palacio monumental, sino que fue ya un proyecto de Tiberio y después de Calígula. Claudio fue el emperador erudito que primero se casó con Messalina, que fue asesinada por sus infidelidades, y después con su sobrina Agrippina, cuyo hijo, Nerón, fue adoptado por él. Fue en este palacio (tal y como Suetonius lo relata en Nero, 8), donde Nerón fue elegido emperador a la edad de diecisiete años, viviendo en sus primeros años de reinado bajo la influencia de Séneca.

Los pórticos y jardines descubiertos en los Jardines fueron remplazados por un complejo sistema de criptopórticos, habitaciones y pasillos subterráneos que servían para conectar los diferentes núcleos del palacio imperial. Los cimientos de estas galerías han sufrido grandes daños, con el consecuente derrumbamiento de varios muros. Las excavaciones han revelado la altura de estas estructuras coronadas con bóvedas (unos 5 metros), y su planta. Los criptopórticos fueron dispuestos para formar un amplio cuadrilátero iluminado por lucernarios. A los lados de los criptopórticos se disponían vanos de diversas dimensiones, escaleras y corredores, que presentan al menos dos fases cronológicas, desde la época de Augusto hasta Nerón. Esta parte semi-enterrada del palacio Julio-Claudio tuvo una vida limitada, siendo abandonada por la dinastía Flavia. Es muy probable que en estas galerías fuese asesinado el emperador Calígula por los conspiradores guiados por Cassius Chaerea, según el histórico Flavius Josephus.

Entre muchas de las piezas recuperadas en las excavaciones, se encuentran unas espléndidas alas, quizás pertenecientes a una Victoria, y la figura masculina sin cabeza de mármol griego con restos de color en sus ropas. La estatua representa, con mucha probabilidad, a un príncipe Julio-Claudio, cubierto por un pequeño paño. La estatua fue encontrada bajo los Jardines Farnese, durante la excavación de un corredor perteneciente al ala oriental del criptopórtico de Tiberio. Realizada en mármol de Paros, está constituida por numerosas partes (al menos 12), unidas mediante tornillos de acero.  La superficie presenta restos de coloración: en el borde del paño se conserva una banda de color rosa, con doble borde de azul con posibles trazas de láminas metálicas. El color rojo también está presente en el trono (posicionado como apoyo de la figura en la pierna izquierda), y en la base. Debido a su distintiva manufactura, la estatua fue sujeto de numerosos análisis como rayos X, análisis al microscopio, micro-estatigráfica y  espectrofotometría FTIR. Gracias a esto se han identificado pigmentos adicionales: «Azul egipcio», rojo a base de hierro con posible añadidura de minio, o el rosa que se corresponde con el purpurissum descrito por las fuentes antiguas (un color muy caro, obtenido artificialmente de diversas maneras). En este caso, parece ser que se obtuvo a través de un colorante vegetal, conocido en la actualidad como Rubia Roja (Rubia Tinctorum), mediante sus raíces precipitadas sobre un componente mineral.

Otros muchos fragmentos arquitectónicos y esculturales se han encontrado, como un bello retrato de una emperatriz, posiblemente de Faustina Minor.

. Palacio Domiciano: El Palacio de Domiciano era el principal complejo imperial en el monte Palatino. Está compuesto por tres sectores: la Domus Flavia, la Domus Augustana y el Estadio palatino.

El enorme complejo ocupó toda la parte central del monte desde finales del siglo I, sustituyendo edificios más antiguos de la época de la República de Nerón.

Este inmenso palacio tuvo un gran efecto en sus contemporáneos, como queda constancia en las alabanzas de Marco Valerio Marcial y Marco Estacio Prisco. La validez de los arquitectos involucrados en el edificio queda patente con el hecho de que en épocas posteriores el edificio nunca fue sustituido, siendo el Palacio de los Augustos por excelencia, que se limitaron a restaurarlo y a realizar algún anexo. De este modo, su arquitectura fue el modelo para posteriores palacios dinásticos en el poder. Los trabajos fueron realizados por el arquitecto Rabirio, iniciados poco después del año 81 (fecha de la subida al poder de Domiciano) y finalizados en el año 92.

El edificio fue descubierto y excavado en el siglo XVIII, surgiendo distintos saqueos que dañaron irremediablemente el estado del edificio. El edificio estaba articulado en diversos núcleos. El primero que se construyó fue la Domus Flavia, el palacio oficial de representación, seguido por la Domus Augustana, la estancia privada del emperador, y finalmente el Estadio. Las salas estaban generalmente organizadas alrededor de un patio central, decorado por magníficas fuentes centrales. Entre los edificios subsidiarios estaba el Paedagogium, para la educación de los niños esclavos, y la Domus Praeconum, la casa de los heraldos.

La importancia del Palacio Imperial de Domiciano en la historia de la arquitectura fue decisiva, siendo un punto de referencia. Por primera vez, se reunía en un sólo edificio todas las funciones y las necesidades de la vida política del Estado, organizadas de una manera orgánica y funcional. El palacio fue la respuesta a la «monarquización» del poder, realizado bajo Domiciano, que se manifestó también en la arquitectura. La separación entre los espacios públicos y privados respondía a las exigencias de aislar y sublimar la figura del soberano, presencia hierática y semidivina que se mostraba solamente en condiciones excepcionales y en los magníficos salones de representación. Los ábsides que se disponían en la parte de atrás de los lugares de recibimiento fueron construidos con la intención de concentrar la atención sobre el emperador, aislándole como una divinidad manifestada a los comunes mortales.

a) Domus Flavia: La Domus Flavia era la parte más pública y oficial del Palacio de Domiciano. Reunía en el palacio imperial las funciones de gobierno y de representación -incluidas las sesiones del dócil senado de la época-, que antaño se repartían por otras sedes de la ciudad.

La Domus Flavia se dispuso sobre la Domus Transitoria, una de las más antiguas estancias imperiales de Nerón y que fue destruida durante el gran incendio de Roma del año 64. La Domus Transitoria de Nerón se encontraba en la parte central de la colina, y en la actualidad sólo se ha conservado un rico pavimento de mármol perteneciente seguramente a un pórtico, y parte de un ninfeo. También se han conservado algunas pinturas de escenas mitológicas que decoraban los techos. Estas pinturas de cuarto estilo, tal vez fueron realizadas por el pintor Fabullus.

Las pinturas de la Domus Transitoria fueron descubiertas por Giacomo Boni en 1912. Decoraban la bóveda de una habitación de la Domus Transitoria que tenía pavimentos y paredes revestidas de taraceas de colores. Las pinturas, que fueron restauradas en el año 1959, estaban embellecidas con pasta de vidrio y piedras semipreciosas, formando uno de los ejemplos más ricos de la pintura de la época de Nerón por su audaz representación del espacio, los juegos de luz, el estilo fluido y el refinamiento de los diseños ornamentales y decorativos. El diseño de la bóveda estaba dispuesto en casetones abiertos, constituido por vigas pintadas en color cinabrio y que soportaban una rama formada de fantásticos «grotescos».  Las escenas, con figuras representadas en perspectiva, están encuadradas con una moldura denominada kyma lesbio. 

El centro de la Domus Flavia estaba compuesto por un inmenso peristilo de columnas que rodeaban una fuente central en forma de laberinto octogonal.

Al nordeste se hallaban los dos salones principales. El primero de ellos era el Aula Regia o Salón del Trono, instalado sobre un alto estrado en el ábside de la cabecera. Los robustos resaltes de las otras paredes formaban ocho nichos, tres a cada lado y dos a los pies, flanqueados por dieciséis columnas acanaladas. En cada nicho se alzaba una estatua colosal de basalto, de un dios o de un héroe. Junto a la Aula Regia se erigía una pequeña estancia rectangular más pequeña, tradicionalmente llamado «Larario», aunque carece de un fundamento real. Probablemente se tratase de la sede de la guardia pretoriana que protegía el acceso al palacio desde el alto Foro. Bajo esta sala se escavó la llamada Casa de los Grifos.

El salón contiguo, conocido como basílica, presentaba planta rectangular con ábside. Posiblemente estaba dividida en tres naves mediante dos filas de columnas. En su interior se albergaba el Auditorium del senado y el consejo privado o consistorium del emperador, que decidía las suertes políticas y administrativas del Imperio cuando el Senado perdía el poder. Las columnas de las naves laterales están bastante próximas a la pared, por lo que se ha pensado que tal vez de su entablamento partiese la bóveda de medio cañón que obligó a erigir contrafuertes que segmentaron el pórtico que orlaba uno de sus flancos.

b) Domus Augustana: La Domus Augustana era la parte más privada del Palacio de Domiciano. Respecto a la Domus Flavia, la Domus Augustana presenta un desarrollo mayor en sentido longitudinal. Se articula en dos partes diferenciadas, aunque sus límites no están particularmente marcados. Se ha formulado la hipótesis de que sólo la parte más meridional de la Domus Augustana, la que está en contacto con el Circo Máximo, era la residencia privada del emperador, mientras que el resto serían otras salas de representación. Esta tesis se apoya en que ambas partes del edificio fueron construidas en distintos periodos, y muy probablemente, la parte más septentrional, no fuese construido por el arquitecto Rabirio.

La parte más septentrional del edificio es la que ha sido más dañada con el paso del tiempo. Probablemente estaba organizada alrededor de un gran peristilo, dispuesto en un eje horizontal respecto de la Domus Flavia, y decorado en el centro con una fuente ornamental. En el centro del vaso de la fuente se alzaba un templete, accesible mediante un puente. Posiblemente se trataba del templo de Minerva, diosa a la que Domiciano era particularmente devoto. Las estancias más al norte se encuentran en estado de ruina, por lo que es difícil reconstruir la planta.

La parte más meridional, sin embargo, se ha conservado mejor, disponiéndose sobre terrazas. El primer piso se sitúa a un nivel mucho más bajo que el resto del palacio. Para conseguir los dos niveles se realizó un gran corte vertical a la colina, que con los años ha provocado el declive del Palatino.

En el piso inferior se encuentra un patio cuadrado, originalmente rodeado por un pórtico de dos pisos. En el centro de éste se encontraba una gran fuente decorada con un motivo de «peltas» (escudos ligeros de los antiguos ejércitos griegos).

Tanto al norte como al oeste se abrían algunas estancias, mientras que hacia el sur se disponía una gran exedra, cuya parte exterior es la fachada del palacio hacia el Circo Máximo. En el lado norte del patio se abrían dos grandes salas octogonales, cubiertas con bóvedas de arista y con las paredes repletas de nichos semicirculares y rectangulares de forma alternativa. Las siguientes salas de este nivel están tallados directamente de la roca. Sobre el lado occidental del patio se accede a una sala que sobresale en parte sobre el propio patio, y que está flanqueada por dos grandes ninfeos. En la parte izquierda una escalinata de dos tramos permite el acceso al piso superior.

Las salas del segundo piso, de las cuales sólo se conocen la planta, no son especialmente grandes y presentan una organización más compleja. Es aquí donde probablemente vivía el emperador.

c) Estadio: El Estadio fue la última parte en ser construida del Palacio Domiciano. Fue realizado en ladrillo a finales de la época de Domiciano, con algunos añadidos posteriores en la época de Adriano (los pórticos), y de Septimio Severo (la exedra). El pequeño recinto oval que se ha conservado en la parte meridional de la arena data de la época de Teodorico, cuando quizás fue utilizado como anfiteatro y no como campo de entrenamiento de gladiadores, puesto que este tipo de espectáculos fueron ya abolidos en tiempos de Honorio.

El estadio debió ser utilizado como jardín y como lugar para la equitación (Viridarium), siguiendo el modelo de villas privadas de la época, tal y como atestigua Plinio el Joven.

El estadio era un edificio en forma de circo, con un rectángulo muy alargado y con uno de sus lados menores curvo (parte meridional). El estadio ocupa todo el lado oriental de la Domus Augustana, con un total de casi 88 metros.

El perímetro estaba decorado con un pórtico de dos pisos, compuesto en el nivel inferior con pilastras de ladrillos recubiertos de mármol (sólo se han conservado las basas) y en el nivel superior por columnas de mármol.

Sobre el lado oriental, en el centro, se abría la tribuna en forma de hemiciclo, situada en el nivel superior del pórtico y ligeramente sobresaliente. En la parte inferior se sitúan tres estancias abiertas al estadio. La arena estaba dividida por una parte central de la que sólo se ha conservado los elementos semicirculares de los extremos.

. FORO ROMANO

El Foro Romano era la zona central de la ciudad de Roma, en torno a la que se desarrolló la antigua ciudad y en la que tenían lugar el comercio, los negocios, la prostitución, la religión y la administración de justicia.

El valle del Foro, en su origen pantanoso e inhóspito, fue utilizado entre los siglos X y el VII a. C. como necrópolis de las primeras villas que se afincaron en las colinas circundantes. Hacia el año 600 a. C., por obra del rey etrusco Tarquinio Prisco, el valle fue drenado gracias a la construcción de la Cloaca Máxima, pavimentándose en toba y creándose una gran plaza rectangular como lugar de mercado y de desarrollo de la vida política y judicial. Esta plaza era el punto central donde convergían importantes calles, como la Via Sacra.

Pronto se empezaron a construir importantes monumentos relacionados con la actividad política de Roma, como el Comicio, en la segunda mitad del siglo VI a. C., la Regia, lugar donde el Rex sacrorum y el pontífice máximo ejercían sus funciones sagradas, el templo de Vesta, de planta circular, y otros importantes santuarios. Los restos que se han conservado en la actualidad de estos edificios, pertenecen sin embargo a reconstrucciones posteriores.

A principios del siglo V a. C., se inauguró el Templo de Saturno, con la sede anexa del erario de Roma, el Templo de Cástor y Pólux, mientras que un siglo después se construyó el Templo de la Concordia, debido al acuerdo que alcanzaron entre los patricios y la plebe.

A partir del siglo II a. C., se transformó el Foro con un nuevo impulso arquitectónico. Lucio Cornelio Sila regularizó la zona situada hacia el Campidoglio, construyendo el Tabularium, y en torno a la plaza, construyó cuatro basílicas (Porcia, Emilia, Sempronia y Opimia) destinadas a la administración de la justicia y al desarrollo de los negocios. De las cuatro basílicas, la Basílica Emilia se ha conservado a través de numerosas reconstrucciones, mientras que la Basílica Porcia y Sempronia fueron sustituidas por la Basílica Giulia en época de César. En verdad, el esquema definitivo de los Foros se debió en gran parte a la labor de César y de Augusto.

De la dinastía Flavia pertenece el Templo de Vespasiano, junto al de la Concordia. Además, fuera del área del Foro se edificó el Arco de Tito, en la Vía Sacra. Del siglo II pertenecen las construcciones del Templo de Antonino y Faustina, mientras que a principios del siglo III se erigió el Arco de Saptimo Severo. Hacia el año 608 se levantó el último monumento erigido en los Foros: la Columna de Focas. Fue mandado construir por orden del Senado Romano  para honrar al emperador Focas.

Posteriormente, durante la Edad Media, algunos monumentos del Foro cayeron en el olvido, llegando a convertirse en ruinas. Otros fueron readaptados y englobados en nuevas construcciones o fortificaciones medievales. Poco a poco, el Foro se fue enterrando, y durante la Edad Media, parte de la zona de los Foros se convirtió en una zona de pasto para los animales. El papa Julio II (1503-1513) decidió explotar toda la zona como cantera de materiales para reutilizar. La destrucción de los monumentos fue rapidísima, demoliéndose restos de los monumentos en apenas un mes.

El Foro fue redescubierto a partir del siglo XVI, llevándose diversas campañas de excavación. Sin embargo, no sería hasta principios del siglo XX cuando la zona fue completamente excavada.

Templo de Vesta: Se trata de uno de los templos más antiguos de Roma. En este templo se custodiaba siempre encendido, so pena de grandes desdichas, el fuego sagrado en honor de Vesta, diosa del Fuego y del Hogar. Las encargadas de este cometido eran las seis sacerdotisas Vestales. Las vestales debían ser vírgenes, de padre y madre reconocidos, y de gran hermosura. Eran seleccionadas a la edad de seis a diez años, siendo separada de su familia y conducida al templo donde le eran cortados los cabellos, y donde era suspendida de un árbol, a fin de dejar claro que ya no dependía de su familia.

El servicio como vestal duraba treinta años, diez de los cuales estaban dedicados al aprendizaje, diez al servicio propiamente dicho y diez a la instrucción. Transcurridos estos años podían casarse si querían, aunque casi siempre lo que ocurría es que las vestales retiradas decidían permanecer célibes en el templo.

Su ocupación fundamental era guardar el fuego sagrado. Si éste llegaba a extinguirse, entonces se reunía el Senado, se buscaban las causas, se remediaban, se expiaba el templo y se volvía a encender el fuego. El fuego era encendido usando la luz solar como fuente de ignición. La vestal que hubiera estado de guardia cuando el fuego se apagaba, era azotada. El perder la virginidad era considerado una falta peor incluso que el permitir que se apagase el fuego sagrado. Inicialmente, el castigo era la lapidación; luego esta pena fue sustituida por el decapitamiento y el enterramiento en vida. Sin embargo, sólo se conocen veinte casos en los que esta falta fue detectada y castigada.

El Templo de Vesta fue objeto de varias reconstrucciones, que conservaron la entrada orientada hacia el este y la forma circular de la planta. El templo, circular se eleva sobre un podio de unos 15 metros de diámetro, la cella está rodeada por veinte columnas corintias embebidas. El techo era cónico y tenía una abertura para permitir la salida del humo. Dentro de la cella no se encontraba la estatua de culto, sino solo el fuego sagrado.

Teodosio I en el año 391 abolió los cultos paganos, y por tanto el culto de Vesta, con una serie de decretos. El fuego sagrado fue apagado y la orden de las Vestales fue disuelta.

Templo de Saturno: Dedicado a la deidad agrícola Saturno, el monumento se erigió en el extremo occidental del Foro Romano. Algunas fuentes lo atribuyen al rey Lucio Tarquinio el Soberbio y otras a Lucio Furio, si bien esta última dedicación podría corresponder a una reconstrucción hecha tras el incendio por parte de los galos (principios del siglo IV a. C.).

También era llamado Aerarium (‘erario’) porque en él se guardaba el tesoro nacional romano. El templo marca el comienzo del Clivus Capitolinus, el antiguo camino que llevaba a la cima del monte Capitolino.

Las actuales ruinas corresponden a la tercera edificación del Templo de Saturno, que reemplaza a la segunda, destruida en el incendio del año 283.

Según las fuentes, la estatua del dios en su interior, cubierta y provista de una guadaña, era de madera y se rellenaba de aceite. Las piernas se cubrían con tallos de lino que sólo se retiraban el 17 de diciembre, día de la Saturnalia.

Aunque dedicado al dios Saturno, el principal uso del templo era servir de sede al tesoro del Imperio Romano (aerarium), almacenando las reservas de oro y plata. También albergaba los archivos estatales, las insignias y la escala oficial para el peso de metales. Más tarde el aerarium fue trasladado a un edificio frente a él, mientras los archivos se mudaron al cercano Tabularium. El podio del templo, recubierto de travertino, se usó como soporte para carteles.

El derrumbe gradual no ha dejado más que los restos del pórtico frontal en pie, pero las ocho columnas supervivientes y el frontón parcialmente intacto (con la inscripción Senatus Populusque Romanus incendio consumptum restituit, ‘El Senado y el Pueblo de Roma restauró lo que el fuego había consumido’) representan una de las imágenes icónicas de la herencia arquitectónica de la antigua Roma.

Templo de Cástor y Pólux: Durante la batalla del Lago Regilo entre romanos y latinos en el 496 a. C. el dictador, Aulo Postumio Albino hizo voto de consagrar un templo a Cástor y Pólux. En la batalla se había visto a dos jóvenes luchando de parte de los romanos. Aquella misma tarde de la victoria también se les vio abrevando sus caballos en la fuente Yuturna y anunciaron a los romanos la victoria alcanzada, desapareciendo luego; se les identificó con los Dioscuros. En el lugar de esa aparición se construyó el templo ofrecido por Postumio y dedicado por su hijo en el 484 a. C.

Fue reconstruido y embellecido en varias ocasiones, en el 117 a. C. por el cónsul Lucio Cecilio Metello Diademato, elevándose el podio en el 73 a. C. por Gayo Verres, gobernador de Sicilia y también en época de Augusto, tras un incendio en el 14 a. C., finalizándose en el 6 d. C.

El templo era períptero (pórticos columnados en el perímetro exterior de la cella), octástilo (ocho columnas en el frente) y con once columnas en los lados mayores de orden corintio. El podio mide unos 50 metros de largo por 30 de ancho y tenía unos 7 metros de altura, construido en mampostería y originalmente revestido con toba, que después fue retirada y reutilizada en otras construcciones. Tres de las columnas han sobrevivido hasta el presente. Se discute si le precedía una escalinata, así figura en la Forma Urbis de época de Septimio Severo, pero no se han hallado restos en las excavaciones. Según una hipótesis, se debieron eliminar para emplazar una de las tres tribunas de oradores que había en el Foro Tria rostra.

Aunque dedicado a los Dioscuros, era más popularmente conocido como Templo de Cástor. Fue en varias ocasiones lugar de reunión del Senado romano.

Templo de la Concordia: Fue el principal templo de la ciudad dedicado a la diosa de la Concordia. Puede que en origen se remontara al siglo VI a. C., pero no hay acuerdo sobre su datación exacta. Fue destruido y restaurado varias veces a lo largo de su historia, y su última restauración, entre los años 7 y 10 a. C. bajo el emperador romano Tiberio, está descrito por Plinio el Viejo en su Historia Natural.

La historia del templo se remonta a las luchas civiles del principio de la República. Para celebrar la pacificación entre patricios y plebeyos tras la aprobación de las leyes Licinias en 367 a. C., el Senado ordena la construcción del templo en honor de la Concordia que Marco Furio Camilo había prometido si la paz se restablecía.

Una primera reedificación se debe en 121 a. C. al cónsul Lucio Opimio (quien también habría mandado edificar la Basílica Opimia en su vecindad), tras el asesinato de Cayo Graco.

Tiberio reconstruyó el templo entre los años 7 a. C. y 10 d. C., lo curioso de esta reconstrucción es que ha conservado, junto con el vecino templo de Vespasiano y Tito, la característica de tener una cella más ancha que larga (45×25 metros), sobre un podio con escalinata de acceso central, precedida por un pronaos de seis columnas corintias.

En este edificio se celebraron algunas reuniones del Senado. Tiberio albergó en él pinturas y esculturas griegas.

Este templo principal en el Foro de Roma parece que ha sido el modelo para templos de la diosa Concordia en otros lugares del imperio. Una reproducción de este templo se encontró en Mérida (España).

Tabulario: El tabulario fue un edificio de finales de la época repubicana romana, destinado al almacenamiento de documentos. Este edificio custodiaba las leyes y actas oficiales del estado romano, escritas en tablas de bronce. La construcción fue terminada por Quinto Lutacio Cátulo en el 78 a.c.

Está situado frente al Foro Romano, y sus ruinas forman un telón de fondo en este espacio, cubriendo el desnivel entre el foro y la colina Capitolina. El edificio conforma una fachada sólida y monumental, con una decoración de columnas dóricas empotradas en el muro.

Su construcción fue encargada por el cónsul Quinto Lutacio Catulo en el año 86 a. C., tras un incendio sufrido en la Colina Capitolina. Su arquitecto, llamado Cornelius, lo diseñó con grandes muros de piedra, que en su arranque tenían un grosor de 3 metros y medio, adornados con columnas y otros elementos arquitectónicos, aún parcialmente visibles en la actualidad. La distribución interior era como una doble muralla, con corredores estrechos para guardar los documentos oficiales. Se cree que el edificio original disponía de dos alturas, estando la superior —actualmente desaparecida— destinada a archivo público.

Sobre las ruinas del Tabularium se edificó en la edad media una fortaleza, que más tarde pasaría a integrarse en los palacios capitolinos diseñados por Miguel Ángel, que permanecen hasta la actualidad nombrado por el mismo palacio senatorial.

La estructura del piso que se ha conservado, de 73,60 metros de longitud, está dividida en tres sectores, apareciendo tres arcadas encuadradas con semicolumnas dóricas. Del friso dórico de metopas y triglifos sólo quedan algunos fragmentos.

En el piso superior, debía encontrarse otro pórtico, compuesto por columnas en travertino en estilo corintio, de las cuales sólo se han encontrado fragmentos a los pies de la fachada. Se trata de una estructura típica de las grandes obras de la época republicana, particularmente de Sila (mediados del siglo II y mediados del siglo I a. C.), que cerraba de manera monumental el fondo del Foro, entre los templos de Saturno y el de la Concordia.

Hasta mediados del siglo XX, algunas dependencias del Tabularium siguieron en uso como calabozos.

El nombre del edificio se debe al hallazgo de una inscripción conmemorativa de su construcción, encontrada en el siglo XV y actualmente perdida.

Basílica Emilia: Fue edificada por los censores M. Fulvio Nobilior y Marco Emilio Lépido en el 179 a. C. y por ello fue llamada Basílica Æmilia et Fvlvia. Se situó detrás de las Tabernae novae (posteriormente desaparecidas), rodeándola de tiendas que se alquilaron a particulares. Fue reconstruida en varias ocasiones, sobre todo por miembros de la gens Emilia: la primera en el 78 a. C. por el cónsul Marco Emilio Lépido, por lo que recibió el nombre de Basilica Aemilia. Otra reconstrucción de mayor alcance fue emprendida en el 55 a. C. por el edil curul Lucio Emilio Lépido Paulo, hermano del triunviro Lépido; las obras no acabaron hasta el 34 a. C., con el hijo de éste, L. Emilio Lépido Paulo y gracias a la ayuda de Julio César.

El edificio se emplaza en la actualidad sobre las antiguas Tabernae novae que fueron destruidas tras un incendio y que obligó su reconstrucción en el año 14 a. C. por el mismo Lucio Emilio Lepido Paulo y Augusto ya en su forma final, decorándose el pórtico y la cella. La última restauración documentada se efectuó tras el incendio del 410, durante el saqueo de Alarico.

La Basílica Emilia está formada por un gran aula de 70 x 29 metros, dividida en naves por hileras de columnas. La nave central, con una longitud de casi 12 metros está flanqueada por una más pequeña al sur y otras dos al norte. El edificio estaba precedido por el lado del foro por un pórtico de dos pisos con dieciséis arcos sobre pilastras. Por detrás del pórtico hay una serie de tabernae, y entre ellas se abren las tres entradas que dan acceso al aula.

Basílica Julia: Fue empezada a construir por Julio César en el 54 a. C., de quien tomó el nombre sobre el espacio antes ocupado por la Basílica Sempronia, erigida en 169 a. C. por Tiberio Sempronio Graco, quien a su vez, para edificarla, habría demolido la casa de Escipión el Africano y algunas tiendas de las Tabernae veteres. Para despejar el solar, César tuvo además que desplazar la tribuna de oradores a la extremidad oeste del Foro Romano. La Basílica Julia fue acabada por Augusto, pero se incendió en el 14 a. C. y fue reconstruida por el mismo emperador que la dedicó a sus hijos adoptivos Cayo y Lucio en el 12. Sufrió un nuevo incendio en época de Carino en 283 y volvió a ser restaurada con Diocleciano. Una última destrucción parcial sucedió con el saqueo de Alarico siendo reconstruida por el prefecto urbano Gabinio Vetio Probiano.

La Basílica Julia actuaba como sede del tribunal de los Centunviros, ciento ochenta jueces que eran el total de los cuatro tribunales juntos.

Se situaba sobre una zona con ligera pendiente, en las últimas estribaciones del Campidoglio. Esto se puede apreciar en el distinto números de escalones que se encuentran en los dos lados más pequeños.

Era de grandes dimensiones (109 x 48 metros) con una nave central de 82 x 18 metros en torno a la cual había cuatro naves menores abovedadas en dos pisos y con arcos enmarcados por semicolumnas. La nave central se dividía en cuatro partes por cortinajes o estructuras de madera que cuando se requería se retiraban para dejar el espacio vacío.

El edificio se abría en el lado septentrional, hacia la plaza, donde se disponía una última ala de pórticos y pilastras, embellecidos con semicolumnas de mármol de orden dórico y con dos pisos de arcadas. En el centro de este pórtico se situaba el acceso principal, sobre el lado largo del edificio, característico de las basílicas romanas.

En la actualidad se conserva muy poco del antiguo edificio. Prácticamente se reduce al podio, que se eleva sobre algunos escalones (siete en el lado este, y uno en el lado oeste), donde se conservan restos de pavimento y algunas semicolumnas. Los límites del monumento están señalados por la existencia de dos calles principales, que conectaba el Foro Romano con el Tíber, son el vicus Tuscus en la parte este y el vicus lugarius al oeste.

En la escalinata del pórtico se encuentran juegos grabados en el mármol blanco como una especie de damas chinas o un círculo dividido en segmentos.

Arco de Tito: Se trata de un arco de triunfo, situado en la Vía Sacra, justo al sudeste del Foro en Roma. Fue construido poco después de la muerte del emperador Tito (nacido en el año 39 d.C. y emperador entre los años 79 y 81 d.C.).

El arco de Tito rememora las victorias de Tito contra los judíos en Galilea. Durante el año 69, Vespasiano entró en Roma para reclamar el trono, dejando a Tito en Judea para que pusiera fin a las revueltas. Esto sucedió al año siguiente, cuando Jerusalén fue saqueada y el Templo destruido. Dentro del rico botín se encontraba el candelabro de siete brazos y las trompetas de plata.

El arco es una estructura sencilla de un único vano flanqueado por dos grandes pilares, con bóveda de cañón artesonado en su interior. Las columnas adosadas sobre la que se asienta la bóveda poseen un capitel compuesto, siendo seguramente el primer ejemplo de dicho capitel en la ciudad de Roma.

El valor del arco de Tito reside en su decoración escultórica, sobria en el exterior (friso y enjutas del arco) y desbordante bajo la bóveda.

En la enjuta del arco (espacio triangular comprendido entre las claves del arco y el entablamento) aparecen representadas Victorias que se dirigen hacia la clave, que destaca sobre el resto del arco (clave labrada en forma de ménsula con perfil en S denominada protíride). En el friso aparece representado el desfile triunfal de las legiones romanas en Jerusalén. Las figuras que lo adornan se mueven entre lo real y lo divino, fundiéndose en una misma composición.

 

Bajo la bóveda, en las jambas del arco, aparecen dos altorrelieves de gran formato que representan dos episodios del triunfo en Judea y que imponen un nuevo concepto escultórico diferente a lo hecho hasta entonces.

El panel del lado norte representa el episodio central de la celebración del triunfo, es decir, el emperdor Tito que, acompañado de una diosa de la Victoria que le corona, avanza sobre una cuádriga precedida por lictores y dirigida por la diosa Roma, seguido de las figuras alegóricas del pueblo y del senado romano, representados, respectivamente, por un hombre joven con el torso desnudo y un hombre viejo vestido con toga.

Por otra parte, el panel del lado sur muestra el inicio de la ceremonia, es decir, la procesión cruzando la puerta de la victoria (la Porta Triumphalis, reconocible por las dos cuadrigas que la coronan), que está representada en el lado derecho, mientras que los sirvientes traen el botín desde el templo de Jerusalén (las trompetas de plata, los candelabros de siete brazos), y los paneles provistos de asas en los que probablemente se fijaron las inscripciones que explicaban lo que eran los objetos y los nombres de las cudades.

El ilusionismo espacial creado en ambos panales, y sobre todo en el del lado sur es sorprendente. No solamente se hace usa de una perfeca gradación del relieve de modo que la profundidad se sugiere mediante tres y cuatro planos de relieve sobre la superficie, sino que además la superficie se hace lígeramente cóncava; las figuras del primer plano, en el centro son altorrelieves, mientras las de los lados se funden con el fondo. La puerta, vista de escorzo, se sumerge en el fondo del relieve como si éste no existiese. La apretada turba camina ligera en varios planos, y sus componentes tienen no sólo el mayor o menor bulto que les corresponde, sino distintas alturas. El movimiento parece ondulante, y su trayectoria, curva: el cortejo viene de frente por la izquierda y gira hacia el fondo por la derecha, penetrando en el vano de la puerta. A ello se suman contrastes lumínicos, de luz y sombras que subrayan esta ilusión. La policromía que debieron tener estos relieves debió contribuir al mismo propósito. Todo ello, a pesar de que el tratamiento de las figuras carece de la elegancia y estilización de influencia griega (el neoaticismo de Augusto) y se acerca a la corriente plebeya que acabará dominando parte de la escultura romana.

Cuando el arco fue levantado, Tito había muerto. En lo más alto del intradós del arco un relieve lo muestra en su transporte al cielo a lomos del águila de la consecratio. Esta circunstancia aconsejó sin duda no representarlo en compañía de los vivos, sino de figuras alegóricas, aunque el hecho que se conmemoraba fuese histórico. Nacía así como nuevo género el relieve histórico-alegórico.

Templo de Venus y Roma: Era uno de los templos más grandes de Roma y estaba dedicado a las deidades Venus y Roma. Fue construido por el emperador romano Adriano, que empezó su construcción en 121. Fue inaugurado catorce años más tarde, en 135, pero no fue terminado totalmente hasta el año 141 por Antonino Pío.

Adriano lo construyó sobre los restos del Domus Aurea de Nerón y fue necesario mover la estatua gigante de Nerón, el Coloso de Nerón, que fue situada al lado del Anfiteatro Flavio, también llamado Coliseo, que recibe su nombre de esa estatua. El arquitecto favorito de Adriano, Apolodoro de Damasco, se burló del tamaño de las estatuas de este templo, lo que provocó la ira del emperador, que lo mandó a exiliar y luego ejecutar.

Sufrió un incendio en 307 y fue restaurado por el emperador Majencio. Esta restauración cambió el diseño original introduciendo exedrae, nichos semicirculares, en la parte trasera de cada cela y pavimentando el suelo con mármoles policromados.También sufrió otra restauración, en tiempos de Eugenio, entre 392 y 394.

Fue destruido por un incendio a principios en el siglo IX y convertido en una iglesia,Santa María Nova, por el papa León IV en 850. En 1615 sufrió otra restauración y pasó a llamarse Santa Francesca Romana.

Era de grandes proporciones, 145 metros de longitud y 100 metros de ancho. El templo consistía en dos celas principales que contenían, respectivamente, a cada una de las dos diosas a las que este templo está dedicado. Las celas estaban dispuestas simétricamente, la que contenía la estatua de Roma, dirigida al oeste y la de Venus al este. A la entrada de cada cela se situaban cuatro columnas.

El lado oeste y el lado este poseían diez columnas (decástilo) y el lado norte y el sur poseían dieciocho columnas, todas ellas de 1,8 metros de ancho y corintias.

Adriano introdujo unas inscripciones nombrando a las respectivas deidades, en la que destaca la palabra amor, ya que Venus era la diosa del amor y amor es Roma escrito al revés produciendo un efecto simétrico.

Templo de Antonino y Faustina: Se trata del edificio mejor conservado del Foro Romano. Su construcción fue ordenada por Antonino Pío a la muerte de su esposa Faustina la Mayor en 141 d. C. El emperador a menudo decía que habría preferido vivir con ella en el desierto que sin ella en el palacio. Pocos años después, en el 161, muere el emperador y el Senado, al divinizarlo, consagra el templo a la pareja imperial. En el siglo XI se transformó en la iglesia de San Lorenzo in Miranda.

Se abre a la Vía Sacra, al este de la Basílica Emilia, frente a la Regia. Se compone de una cella construida en bloques de toba volcánica, en origen revestida de mármol veteado, un pronaos de seis columnas de orden corintio en el frente y otras dos en cada lateral, de una altura de unos 17 metros. El friso presenta una decoración de grifos enfrentados y motivos vegetales.

Este templo, aunque de pequeñas dimensiones es de un gran interés por su conservación, su simplicidad, la severidad y la pureza de su estilo. Su construcción es de una perfección que se encuentra rara vez en los monumentos de esta época. El estilo es corintio próstilo y hexástilo. Sus columnas de una bella proporción, los capiteles tallados en mármol blanco, asi como las basas que reúnen la sencillez y la belleza. El cornisamento es uno de los mas sencillos del orden corintio y no lleva ni dentículos ni modillones.

El friso, ejecutado de un modo admirable, está compuesto de grifos, de adornos y candelabros de muy buen efecto y que ofrecen mucha variedad. Este templo es uno de los tipos más bellos de arquitectura corintia. Descansa sobre un estilóbato, disposición que se encuentra en los templos primitivos y que fue generalmente adoptada desde el tiempo de Domiciano.

– Arco de Septimio Severo: Fue erigido en 203 para glorificar las victorias militares del emperador Septimio Severo y sus hijos Geta y Caracalla bajo los Partos. Es una construcción en mármol, consta de un arco principal encuadrado por dos pequeños arcos. Las fachadas están ricamente decoradas por columnas y bajorrelieves. Bajo el ático de cada fachada, está grabada una larga dedicatoria. Originalmente, las letras grabadas en huecos contenían letras en bronce hoy desaparecidas.

Una cuadriga de bronce conducida por el emperador y sus dos hijos, coronaba el arco antiguamente. Una escalera permite el acceso a la plataforma superior.

El arco, de 23 metros de alto, y de unas dimensiones de 25 x 11,85, está construido con orden compuestos, sobre altos plintos con decoración de Victorias y figuras de bárbaros. Estas Victorias vuelan sobre los genios que simbolizan las cuatro estaciones (dos en cada cara).

Los dos lados principales del arco estaban decorados con relieves. Sobre los entablamentos menores se encuentran las personificaciones de los ríos, y en las claves del arco están esculpidas distintas divinidades: Marte, Hércules, Liber, Virtus  y Fortuna. Además, sobre los entablamentos menores se encuentra un pequeño friso con la procesión triunfal. Sobre los plintos de las columnas están representados soldados romanos con prisioneros partos (cuatro en la parte frontal y dos sobre los lados menores).

La parte más interesante de la decoración son los cuatro grandes paneles que ocupan el espacio sobre los entablamentos menores, donde aparece esculpida la narración de las campañas de Septimio Severo en Mesopotamia, organizadas en bandas horizontales que se leen de abajo a arriba, como era habitual en la pintura triunfal y en las narraciones de este tipo (columna Trajana, columna de Marco Aurelio, etcétera…).

– Primer panel (Sureste): Acontecimientos antes de la primera guerra del año 195: Partida de las tropas romanas del campamento, combate entre Romanos y Partos, liberación de Nisibis y fuga del rey de los Partos Vologases V, y el Adlocutio al ejército de Severo con los hijos y otros oficiales.

– Segundo panel (Noreste): Acontecimientos de la segunda guerra de los años 197 al 198: Partida de las tropas con las máquinas de asedio en la ciudad de Edesa. Sumisión del rey de Osroena Abgar VIII, cuyo ejército se mezcla con el romano, siendo arengado por el emperador. Concilium imperial en un castrum. Ceremonia religiosa Profectio para entrar en suelo enemigo.

– Tercer Panel (Noroeste): Acontecimientos de los Romanos en Seleucia, de donde los Partos huyen a caballo. Los Partos se rinden ante Severo. Severo hace entrada en la ciudad conquistada.

– Cuarto panel (Suroeste): Asedio con las máquinas de guerra en la capital de los Partos, Ctesifonte, de la cual huyen a pie el rey Volosgases. Caballeros a pie de una representación de Ctesifonte (posiblemente trate de la elevación de Caracalla al título de Augusto). Adlocutio de Severo. Un caballero de pie que alude al regreso de la expedición.

Toda la decoración sigue el estilo clásico del arte oficial, con la finalidad de exaltar con símbolos y alegorías la eternidad y la universalidad del imperio (las estaciones, los ríos de la Tierra), además de la gloria de los emperadores (Victorias, prisioneros).

Las escenas esculpidas fueron probablemente creadas utilizando como modelo las pinturas que narraban los hechos de la guerra, enviadas desde Mesopotamia al Senado, en preparación del arco triunfal. Los modelos más directos de los relieves fueron seguramente las columnas de Trajano y Aureliano, particularmente esta segunda por la técnica narrativa más esencial y esquemática. Sin embargo, se diferencia de la Columna de Marco Aurelio, realizada unos pocos años antes, por la tendencia a aislar las figuras del fondo.

La ambientación de las escenas es única, con un paisaje genérico rocoso (obtenido a través de agujerear la superficie del mármol), con alusiones a ríos (como el Tigris) y a representaciones esquemáticas de la ciudad. La narración en algunos puntos es continua, mientras que en otras se muestran escenas aisladas, instantáneas. La comprensión de los hechos narrados a menudo está confiado a los gestos elocuentes y a situaciones fácilmente inteligibles.

Desde un punto de vista estilístico, algunos historiadores han teorizado sobre la existencia de dos maestros, a pesar de que todos los paneles y el friso son una obra unitaria. Una de las innovaciones más importantes de estos relieves es el tratamiento de la figura humana, representada en escenas de masas, lejana de la visión «griega» de la representación del individuo aislado y de forma plástica. Se trata de un testimonio evidente del nacimiento de nuevos cambios de estilo, ligados al arte «provincial y plebeyo» que dominaron el arte tardoromano, que desembocaría en el arte medieval.

Basílica de Majencio: Era uno de los edificios romanos más importantes destinado a la administración de justicia, y a los tratos comerciales. Su forma y su planta fue copiada en la era cristiana para construir las primeras iglesias.

La Basílica de Majencio se inició en el año 306 d.C. bajo el mandato del Emperador Majencio, pero no fue terminada hasta el 312 d.C., ya en el mandato del Emperador Constantino. Tanto por las excavaciones como por la planta de la Forma Urbis severiana, se ha demostrado que la Basílica de Majencio se erigió sobre un antiguo edificio de la época de Domiciano y sobre las Horrea piperiana, almacenes de pimientas y especias.

La basílica de Majencio se dividía en tres naves, una central y dos laterales. La nave central era más ancha y más alta que las naves laterales, con una altura de 35 metros (frente a los 32 metros de las naves laterales) y una longitud de 80 metros. La nave central estaba cubierta por bóvedas de arista, que repartían el peso puntualmente a sendos contrafuertes. El espacio entre estos contrafuertes se aprovechó cubriéndose con bóvedas de cañón y acotándose con un muro sin función portante. Estos espacios constituían las naves laterales. Así pues, la estructura de la basílica de Majencio es muraria, y las grandes columnas de mármol tienen una función estrictamente decorativa (la prueba es que han caído, y aún se conservan las ménsulas, o parte de ellas).

Como los muros contrafuertes estaban sobredimensionados, se practicaron en ellos huecos, puertas, que permitían el paso por las naves laterales mientras en la nave central se estaban celebrando juicios o reuniones, evitando así el colapso funcional del edificio. La iluminación se producía a través de las ventanas de las naves laterales, y a través de ventanas termales (semicirculares), abiertas estas últimas en la nave central debido al aprovechamiento de la diferencia de alturas entre ésta y las naves laterales.

La decoración principal se concentraba en las columnas de mármol y sobre todo en el artesonado de las bóvedas de cañón. Este artesonado, además de ser decorativo, reducía el peso propio de las bóvedas y hacía la construcción más económica. En su interior se alojaba una estatua colosal de Constantino construida en mármol y bronce dorado. Algunas partes de esta estatua se encuentran en el patio del Palacio de los Conservadores en el Campidoglio de Roma.

En la actualidad sólo se conserva la pared norte de la basílica.

Columna de Focas: Erigida delante de los Rostra en el Foro Romano y dedicada o rededicada al emperador bizantino Focas el 1 de agosto de 608, fue la última adición hecha al Foro Romano. La columna corintia se levanta 13,6 metros desde su pedestal cúbico de mármol blanco, y su construcción parece remontarse al siglo II.

Los cimientos están hechos con ladrillos, aunque éstos no eran visibles en el momento en el que la columna fue erigida. Fue en el siglo XIX cuando se excavó el nivel del Foro hasta el pavimento de la época de Augusto; descubriéndose con ello los cimientos.

La causa exacta que motivó la construcción de la columna se desconoce, aunque Focas había donado formalmente el Panteón al Papa Bonifacio IV. Encima del capitel, coronando la columna, Smaragdus, el Exarca de Rávena, erigió una estatua de Focas que probablemente sólo permaneció allí por un breve tiempo. En octubre del año 610, Focas fue capturado a traición, torturado, asesinado y desmembrado. Todas sus estatuas fueron derribadas.

Más que una demostración de gratitud hacia el Papa, como en ocasiones ha sido considerada, la estatua era probablemente un símbolo de la soberanía del imperio sobre Roma, que estaba desapareciendo bajo la presión a la que la sometían los lombardos. También era una muestra de gratitud por parte de Smaragdus, que había sido rescatado por Focas de un largo exilio, y estaba en deuda con él por haber recuperado su posición de poder en Rávena.

El monumento fue posteriormente reciclado para sostener una estatua dedicada a Diocleciano. La inscripción original, por su parte, fue borrada para dar lugar a la nueva.

La columna permanece en su sitio. Su posición, aislada y solitaria entre las ruinas, la ha convertido siempre en un punto de referencia en el Foro.

. ARCO DE CONSTANTINO

El Arco de Constantino es un arco del triunfo que se encuentra entre el Coliseo y la colina del Palatino, fuera del Foro Romano. Se irguió para conmemorar la victoria de Constantino I el Grande en la batalla del Puente Milvio, el 28 de octubre de 312, y a otros emperadores anteriores. Dedicado en 315, es el más moderno de los arcos triunfales alzados en la Roma Antigua, de los que difiere por haberse construido gracias al expolio de edificios anteriores.

El arco mide 21 metros de alto, 25,7 m de ancho y 7,4 m de profundidad. Tiene tres arcos, siendo el central de 11,5 metros de alto y 6,5 de ancho, y los laterales de 7,4 de alto y 3,4 m de ancho cada uno. La parte inferior del monumento está construida con bloques de mármol, mientras que la parte superior (llamada ático) es de ladrillo con remates de mármol. A cierta altura desde el suelo, en el lado que mira al Palatino, hay una puerta a través de la cual se accede a una escalera formada en el grosor del arco.

El diseño general con una parte principal estructurada por columnas adosadas y un ático con la principal inscripción encima está realizado según el ejemplo del Arco de Septimio Severo en el Foro Romano. Se ha sugerido que la parte inferior del arco proviene directamente de un monumento anterior, probablemente de los tiempos del emperador Adriano.

El arco cruza la Via Triumphalis, la ruta que tomaban los emperadores cuando entraban en la ciudad en triunfo. Este itinerario comenzaba en el Campo de Marte, pasaba por el Circo Máximo y alrededores de la colina Palatina; inmediatamente después el Arco de Constantino, la procesión giraría a la izquierda en la Meta Sudans y marcharía a lo largo de la Vía Sacra hacia el Foro romano y la colina Capitolina, pasando tanto por el Arco de Tito como por el de Septimio Severo.

Durante la Edad Media, el Arco de Constantino fue incorporado a una de las fortalezas familiares de la antigua Roma. Se restauró por vez primera en el siglo XVIII; las últimas excavaciones se han realizado a finales de los años 1990, justo antes del Gran Jubileo de 2000.

. Los relieves.

El esquema decorativo de los relieves se basó en parte en la reutilización de relieves de otros monumentos. Esto se debió, además de una elección práctica, a unos valores simbólicos: se tomaron «citas» de otros emperadores, de gran estima por el pueblo, para dar legitimidad y continuidad al poder de Constantino, que se proponía como un sucesor directo de ellos.

– Friso de Trajano y esculturas del ático: En la parte superior se encuentra un friso de casi 3 metros de altura con escenas de batalla que representa la gesta del emperador Trajano durante las campañas de conquista de la Dacia (año 102-107), probablemente procedentes del Foro de Trajano.

El friso debía estar completado por otras placas que en parte se han perdido y en parte se han dividido en fragmentos que se conservan en el Louvre, en el Antiquarium del Foro Romano y del Museo Borghese. La reconstrucción en toda su longitud y la división de la pieza original son todavía objeto de discusión. Las cabezas del emperador en las placas reutilizadas sobre el arco fueron modificadas para representar el retrato de Constantino.

El friso representa la conquista de una villa dacia por parte de la caballería e infantería romana que apresan a los prisioneros; en segundo plano, los soldados, sobre el fondo de las cabañas de la villa, muestran las cabezas cortadas de los bárbaros. Finalmente se ve a Trajano entrando triunfal en Roma, coronado por una Victoria.

Este friso histórico, donde los Dacios son reconocibles por su vestimenta, ha sido comparado con los relieves de la Columna Trajana, llegando a suponer la presencia del mismo maestro en las dos obras. Si se tratase de la misma mano, al menos en los diseños y en la concepción, poseen contenidos distintos (narrativo-crónico y conmemorativo-simbólico), expresados con lenguajes distintos, pero con algunos tratamientos inconfundiblemente comunes, como el surco de contorno para las figuras, algunos esquemas compositivos y el retrato de los bárbaros vencidos como honrosos adversarios.

El estilo del friso es «barroquizante», con una composición abigarrada y compleja, con el uso de un rico claro-oscuro, con un notable sentido de la espacialidad dado por los elementos no dispuestos sobre un fondo plano, sino «fluctuante» (cabezas, árboles, lanzas).

Las ocho estatuas que se disponen en el ático del arco de Constantino también proceden del Foro de Trajano. Se trata de ocho estatuas de prisioneros Dacios, en mármol Pavonazzetto colocados sobre basamentos de mármol cipollino.

– Tondos de Adriano: Ocho relieves circulares de la época del emperador Adriano de más de 2 metros de altura se disponen en los entablamentos laterales, sobre las dos fachadas, insertos de dos en dos en un marco rectangular que en un principio estaba recubierto de placas de pórfido. La razón para la atribución de estas piezas a la época de Adriano está esencialmente ligado, además de por factores estílisticos y en la elección de los motivos de las escenas, en la presencia de la bien conocida figura de Antinoo (compañero de Adriano), en al menos tres ocasiones.

Representan alternativamente escenas de caza (partida hacia la caza, caza del oso, del jabalí, del león) y escenas de sacrificio a las divinidades paganas, ligadas cada una de una de las cazas. También en estos tondos, en particular los que están situados en la fachada sur, las cabezas del emperador fueron remplazados por retratos de Constantino, en las escenas de sacrificio, y de Licinio o de Constanzo Cloro en las escenas de caza ( y de forma contraria en la fachada norte).  Junto con las efigies de Constantino se añadió el nimbus (aureola).

La cronología de esta obra está fijada entre los años 130 y 138. Probablemente procederían de algún monumento dedicado a Antinoo situado sobre el Palatino. También existe la hipótesis de que originalmente el Arco de Constantino fuese una estructura de época de Adriano, y que por tanto los tondos se encontrasen en su lugar original, sin embargo la reelaboración de los encuadres en la nueva colocación, parecen desmentir esta hipótesis. Además parece que el orden de los tondos sobre el arco difiere con el orden original de las escenas.

Sobre la fachada meridional: Partida hacia la caza, Sacrificio a Silvano, Caza del oso, Sacrificio a Diana. Sobre la fachada septentrional: caza del jabalí, Sacrificio a Apolo, Caza del león, Sacrificio a Hércules.

Junto al emperador se disponen dos o tres personajes, a caballo en dos de los relieves de caza, y a pie en los otros. Las composiciones giran alrededor de la figura imperial, y los fondos siguen las convenciones del arte helenístico (ramas de árboles, un arco que simboliza la partida, etc.) La ejecución es de gran finura, como testimonian los paneles, las cabezas y el cuidado de detalles. El tema de la caza, que el propio Adriano puso de moda, está unido a la exaltación heroica del soberano según un esquema que data de la época de Alejandro Magno, y que es típico de las antiguas civilizaciones orientales. Más incierto es el motivo de la presencia de los cuatro sacrificios campestres.

– Paneles de Marco Aurelio: Sobre el ático, a los lados de la inscripción, aparecen ocho relieves rectangulares (de más de 3 metros de alto), que representan figuras de distintos episodios de las empresas del emperador Marco Aurelio contra los Cuados y los Marcómanos (definitivamente derrotados en el año 175). Las cabezas del emperador fueron remplazadas por retratos de Constantino y de Licinio. Probablemente los relieves tuvieron un origen común, puesto que tienen numerosas analogías. Una de ellas es la presencia de un personaje fijo a las espaldas del emperador, identificado como su sucesor por un breve periodo de tiempo, Tiberio Claudio Pompeyano.

La representación de los relieves reconstruyen las guerras contra los Marómanos.

. Fachada meridional:

Rex datus (presentación ante el emperador un jefe bárbaro sometido). Marco Aurelio, acompañado por Pompeyano presenta al grupo de los bárbaros el nuevo rey tributario; Pompeyano está tras él y en el fondo se aprecia un campamento.

Cautivos (prisioneros conducidos al emperador). Marco Aurelio y Pomepeyano, ante la presencia de soldados con estandartes, condenan a un príncipe bárbaro, que se encuentra con las manos atadas en la espalda. Al fondo se representa un árbol.

Adlocutio (discurso a los soldados). El emperador habla a los soldados. Tras él está Pompeyano.

Lustratio (sacrificio en el campo). Marco Aurelio, vistiendo la toga de sacrificio celebra un sacrificio de animales para ofrecérselos a Marte (suovetaurilia). A sus espaldas se puede ver a Pompeyano.

. Fachada septentrional:

Adventus (llegada del emperador a Roma): Marco Aurelio, sobre cuya cabeza se encuentra una Victoria con una guirnalda, está rodeado por Marte y por Vitrus, que le invitan a la Porta Triumphalis. En segundo plano se ven las divinidades de los templos junto a la puerte

Profectio (partida desde Roma). El emperador está vestido con ropas para viaje, encontrándose entre el Genius Senatus y el Genius Populi Romani, y un grupo de soldados con estandartes. Entre éstos se distingue el rostro de Pompeyano.

Liberalitas (distribución del dinero al pueblo). El emperador en toga y sentado en un altísimo podio, dispensa el material del congiarium. A sus espaldas se encuentran dos figuras sobre un escalón (a la derecha Pompeyano, y el otro tal vez fuese Claudio Severo) y una columnata de fondo (quizás la basílica Ulpia). En la parte baja se encuentran las figuras del pueblo, entre las que destacan pos su originalidad compositiva la figura de espaldas que mira hacia arriba y el hombre que sostiene a su hijo sentado sobre sus espaldas.

Submissio o Clementia (sumisión de un jefe bárbaro). El emperador, acompañado con Pompeyano, está sobre un alto podio delante de los soldados, y con un gesto de clemencia absuelve a un príncipe bárbaro que protege su hijo joven abrazándole.

Los doce relieves originales probablemente perteneciesen a un arco, actualmente desaparecido, dedicado a Marco Aurelio en el Campidoglio. El orden de los paneles en el monumento original era distinto al que existe en la actualidad en el arco, donde los relieves fueron colocados siguiendo no tanto un orden narrativo, sino en la división de las dos fachadas del arco en distinta temática: la guerra en la fachada meridional y la paz en la fachada norte. También se buscó un contraste de los episodios narrados, mostrando por ejemplo la partida (Profectio) junto con la llegada (Adventus). que presentaban de un modo continuo un fondo con edificios.

Los paneles, atribuidos al llamado Maestro de las Empresas de Marco Aurelio, están entre las obras más significativas del crucial momento en el arte de la época de Cómodo. En estas obras el espacio está concebido para ser compatible con el punto de vista del observador y los elementos de relieve están dispuestos como si entre ellos circulase verdaderamente la atmósfera (como en los estandartes que penden delante de la arquitectura del fondo). Siguen por tanto una espacialidad inexistente en el mundo griego, y experimentada en Roma en los relieves del Arco de Tito, aunque de manera menos coherente. El artista anónimo dominaba la técnica helenística, de cuyas líneas no se alejó, pero incorporó nuevos valores formales típicamente romanos.

– Tondos de Constantino: En los lados cortos del arco, el ciclo se completa con dos tondos expresamente esculpidos en la época de Constantino. En el lado este se representa al Sol – Apolo sobre una cuádriga que surge del mar, mientras que al oeste se encuentra la Luna – Diana, conduce un carruaje que se sumerge en el Océano. Los dos relieves encuadran la victoria del emperador en una dimensión cósmica.

 

– Friso Constantiniano: Bajo los tondos de Adriano, un friso continuo (de poco menos de un metro) se dispone recorriendo todo el arco, continuando en los lados cortos del monumento . Este relieve fue esculpido en la época de Constantino directamente sobre los bloques que componen los muros, ligeramente sobresalientes. La obra es una de las más significativas del arte de la época de Constantino porque muestra con extrema claridad una serie de elementos que supusieron una ruptura con la tradición clásica anterior.

El friso cuenta los episodios de la guerra contra Majencio y la celebración de la victoria de Constantino en Roma. La narración comienza en el lado corto occidental y sigue girando alrededor del arco en sentido antihorario, para finalizar en el ángulo nor-occidental.

Partida desde Milán («Profectio»). Bajo el tondo con la Luna-Diana, Constantino aparece sentado sobre un carro con cátedra, precedido de las tropas a pie y a caballo (en las que se reconocen el equipamiento de los legionarios regulares y los ausiliares). Algunos soldados llevan en la mano estatuas de Sol Invictus y de la Victoria.

Asedio de Verona («Obsidio»). Constantino aparece a la izquierda entre dos protectores divini lateris, mientras que una Victoria le coronoa. Al centro figura un grupo de soldados que están asediando la ciudad, mientras que a la izquierda se dispone las murallas de la ciudad, sobre las cuales se asoman los asediados, compuestos por tropas pretorianas.

Batalla del Puente Milvio («Proelium»). En la extrema izquierda aparece representado el puente Milvio con una personificación del Tíber que se asoma mientras pasan Constantino entre la Virtus y la Vittoria. Continúa el friso con la masacre y el ahogo de las tropas de Majencio.

Llegada a Roma («Ingressus»). La escena, que contraste con la partida en el lado opuesto del arco, muestra la entrada del emperador en la Urbe, hecho que sucedió el 29 de octubre del año 312. El emperador, sobre el carro, se encuentra en la parte izquierda, avanzando sobre la ciudad.

Discurso en el Foro Romano («Oratio»). La escena tiene lugar en el Foro Romano, apareciendo en el fondo representados la Basílica Julia, el Arco de Tiberio y el Arco de Septimio Severo. El emperador, en el centro, en posición frontal y de mayor tamaño para establecer una jerarquía, se encuentra rodeado de una muchedumbre.

Distribución del dinero al pueblo («Congiarium o Liberalitas»). El hecho ocurrió el 1 de enero del año 313. El emperador se representa sentado en el centro sobre el trono, en rígida posición frontal. En la parte inferior, una masa anónima de beneficiados aparece con las manos alzadas para recibir los donativos de mano del emperador.

El friso de Constantino, continúa con la tradición romana del relieve histórico. Se aprecia un abandono del naturalismo (de origen helenístico) a favor de un marcado carácter simbólico. Las figuras son más toscas, con las cabezas ligeramente desproporcionadas respecto de sus cuerpos. Las escenas están repletas de personajes, denotando una pérdida de interés hacia la figura individual aislada, típica de la visión artística griega.

Las proporciones entre las figuras se organizan según la jerarquía (una característica típica del próximo arte paleocristiano y medieval). La grandeza de las figuras no depende de su posición en el espacio, sino de su importancia. Otro elemento interesante es la pérdida de las relaciones espaciales: el fondo del relieve muestra los monumentos del foro romanos de la época, pero su colocación no es realista respecto del lugar que se desarrolla la escena, sino que son colocados alineados y paralelos a la superficie del relieve.

El alejamiento de la búsqueda naturalista del arte griego conllevaba por otro lado una lectura más inmediata una más fácil interpretación de las imágenes.

~ by lostonsite on 16 julio, 2011.

Italia, Viajes

One Response to “Cuando visitas los orígenes de la ciudad eterna”

  1. Muy buen blog !!
    Gracias por esta publicacion, realmente es lo que precisaba antes de volver a Roma.
    Jaime

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