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Cuando se presenta una realidad sin disfraz

CÁMARA ARDIENTE: PROSTITUAS DE FERNELL FRANCO

CÍRCULO DE BELLAS ARTES
Del 1 junio al 24 julio 2011

PHOTOESPAÑA 2011

Fernell Franco (Valle del Cauca, Colombia, 1942 – Cali, Colombia, 2006) fue reportero, publicista y artista. A lo largo de su carrera, los caminos profesionales que transitó se entrecruzaron brillantemente y de manera constante.

Fernell Franco constituye una de esas gratas constataciones de las que requiere el mundo contemporáneo, para atreverse a afirmar que no todo está explorado, ni investigado, y que aún en lo que parecen temas concluidos hay mucho por descubrir y por conocer.En la medida en que se comprenda su obra, Fernell Franco será también un valioso ejemplo histórico de libertad y de conciencia, pues aunque la mayor parte de su vida estuvo expuesto a la brutalidad de la violencia y muchas veces castigado por ella, se dedicó a estructurar, en medio de la dificultad, una propuesta pacífica, poética, silenciosa y sabia, para entender, desde sus raíces, lo que edifica un conflicto.

Fernell Franco fue uno de los tantos desplazados del campo a la ciudad que produjo la violencia rural de los años cincuenta en Colombia. Junto con su familia y siendo aún niño, llegó a la periferia pobre de la ciudad de Cali a buscar recursos de subsistencia. En las urgencias de cada día perdió la oportunidad de educarse, cuando comenzó a recorrer la ciudad como mensajero de diferentes empresas y fue el encargado de limpieza de un laboratorio defotografía social.

Al alcanzar la mayoría de edad, Fernell Franco fue contratado, sin poseer conocimiento alguno de la cámara fotográfica, como reportero gráfico de uno de los diarios de la ciudad, oficio en el cual retrató los rincones menos conocidos y los más difíciles de la violencia y de la injusticia social que él conocía de propia piel.

Solo y de manera urgente, apasionado por lo que le permitía expresar la fotografía, Fernell Franco aprendió a operar la cámara y el laboratorio, así como a precisar los encuadres que presentaran el drama y que alertaran acerca de él, sin ofender al lector y sin distraerlo en lo obvio. Su única formación visual había sido el cine que pudo ver en los teatros más populares de su ciudad, a los que logró ingresar, sin pagar, y diariamente, desde temprana juventud.

En el diario recorrido por los cines de Cali, Franco llegó a conocer como un especialista, las principales propuestas del cine negro norteamericano, el cine popular y el cine culto de México, el gran momento cinematográfico de Cuba y de Brasil y el neorrealismo italiano.

De todas esas herramientas Fernell Franco extrajo enseñanzas que otorgaron a su mirada un enfoque refinadísimo que pronto fue reconocido por los artistas y por las agencias de publicidad. Tuvieron la suerte Fernell Franco y la agencia que lo contrató, de que aquel fue el lugar en el que convergieron los artistas, los escritores, los poetas, los cineastas y los rebeldes que querían expresar los cambios abruptos que ocurrían en su entorno. La ciudad se erigió en aquellos años como tema ineludible y fue ese el momento en el que el arte colombiano entró al tema urbano con toda el ansia de expresar el delirio y el desconcierto que venían de la mano del mundo de la artifiacilidad.

Fernell Franco fue la principal referencia que buscaron esos creadores, entre los cuales estuvo su más cercano amigo: Óscar Muñoz. Era el hombre que conocía por experiencia y no por discurso lo que significaba el laberinto en el que había entrado la historia. No sólo había perdido el contacto con la naturaleza y con el paisaje por la fuerza de los hechos, si no, que recorriendo de un extremo a otro cada calle, habitando en los barrios de delincuencia y de prostitución a que lo había llevado una precaria economía, conocía en muy amplia dimensión lo que significa la palabra “ciudad” en un país del tercer mundo. La mirada de Fernell Franco por estas mismas razones se encuentra en la base de las obras que germinaron en la década del setenta en Cali, que fue el centro artístico y renovador de Colombia.

Por esa misma razón, es importante el número de protagonistas de la literatura, del arte y del cine en Colombia que pudo madurar una expresión a partir de un recorrido por los senderos a que conducían los ojos de Fernell Franco. En su propia obra, aunque pocos lo sabían, también floreció una reflexión trascendente y particular, en la que maravilla la comprensión del espíritu de América Latina y la profundidad con que el artista entendió la dramática relación que tiene nuestro continente con la memoria.

. Prostitutas (1970)

La serie Prostitutas se expuso por primera vez en marzo de 1972 en Ciudad Solar, un espacio interdisciplinario y experimental en torno a las artes visuales, donde confluían los intelectuales de la época de la ciudad de Cali. Compuesta por una quincena de imágenes, la serie fue el resultado del quehacer etnográfico de Franco. A pesar de que trató de despojarse de su bagaje como publicista de moda, fue inevitable que afloraran en este trabajo residuos del mismo.

Los claroscuros de las fotografías trasportan al espectador a un paisaje gótico tropical. Los retratos de mujeres, portadoras de una belleza vampírica, muestran cuerpos desnudos en su campo de batalla: catres de burdel con una ambientación vacía y decadente. El fotógrafo colombiano presenta una realidad sórdida sin disfraz, pero al mismo tiempo bella.

En esta serie se evidencian los procesos experimentales y temporales del fotógrafo. Para sus instantáneas artísticas, realizaba múltiples bocetos con recortes, solarizaciones, químicos y tintas. Una selección de estas obras en proceso muestra cómo la imagen se vuelve más y más oscura por medio de tratamientos químicos y pictóricos para evidenciar la desaparición y el olvido.

“Desde que era un muchacho vi mucho cine negro y era un gran entusiasta de las películas de James Cagney y de las de John Huston. Creo que muchas de esas producciones fueron determinantes en la mirada que me fui haciendo. El halcón maltés por ejemplo, es una obra que ha permanecido en mi memoria como un gran clásico de la genialidad del cine. Desde antes me impresionaba el encuentro de la sombra con la luz. Ver altos contrastes de penumbra y luminosidad es algo que ha llamado mi atención desde que soy un niño, quizá por lo mismo me impactaron la elegancia, la sofisticación y la intensidad de los blancos y negros del cine negro. En ese contraste se movía también una cosa intensamente violenta y malvada pero elegantísima.

Igual, el tema de las prostitutas sólo habría podido trabajarlo en blanco y negro. En ellas buscaba la verdad de la vida que no tiene maquillaje, así fuera ruda y violenta. Mi búsqueda era la de las cosas comunes, las que se vivían en la ciudad a diario, las que sucedían en la vida de las personas normales.

Conocía a las prostitutas desde siempre porque de una u otra manera no había dejado de verlas en mi entorno, por lo mismo, mi proyecto también era el de recuperación de la memoria. En mi pueblo natal las prostitutas estaban cerca de la plaza central, a donde iba a acompañar a mi padre a sus cuestiones de trabajo; en Cali para ir al colegio de muchacho, todos los días atravesaba de ida y vuelta el barrio en el que trabajaban, y entre ellas asistí a las primeras fiestas por la noche en el mismo barrio. También cuando salía de paseo con mis amigos, siendo un adolescente de 12 ó 13 años, conocí el momento álgido de rumba y prostitución en el puerto de Buenaventura, al que viajábamos para visitar a la familia de uno de mis compañeros de barrio que trabajaba en el negocio de la madera, y de paso, para ver el mar.

El sitio de prostitución de Buenaventura, conocido como La Pilota, era muy bonito, no sólo por las construcciones alzadas por encima del piso y de los colores, sino porque los caminos no eran rectos, por el contrario se abrían sin mucho orden. Era algo como enredado. El interior de cada una de esas casas estaba forrado de banderas de muchos países, que los marineros se habían traído de los distintos barcos durante meses, y eso le daba un aspecto especial a la fiesta. En un rincón detrás de una cortina hecha de cualquier tela, estaba el cuarto pequeño de la prostituta, al que entraba un hombre detrás de otro durante la noche. Generalmente eran marineros, todos impecablemente vestidos de blanco. La que atendía adentro, por lo general, era un adolescente entre los 12 y 18 años.

Aunque el ambiente de rumba y el colorido era algo muy impresionante para un joven, con los años entendí que aquello era una miseria y así se quedó en mi memoria. Lo fui a buscar casi diez años después cuando quise fotografiarlo. Lo que encontré fue muy triste. Ya no bajaban los marineros al pueblo y la prostitución había dejado de ser un negocio. El barrio de La Pilota estaba totalmente venido a menos. No quedaba más que una casa viva y eso fue lo que fotografié. 

Durante varios meses en los que viajé todos los fines de semana a Buenaventura, busqué a las mujeres que habitaban totalmente hacinadas en lo que quedó de La Pilota, para que me dejaran registrar su vida cotidiana. No fue fácil, porque extrañamente ellas tienen mucho pudor frente a una cámara, de manera que me fui haciendo su amigo y las fui conociendo poco a poco. Les llevaba regalos y leche para sus hijos. Al principio se dejaban registrar pero fuera de su espacio, asomadas a las ventanas o cosas así. Entré después de que me tomaran confianza y esto fue bueno porque puede hacer más cómodamente mi trabajo como fotógrafo.

Quizás si me comporté como un camarógrafo de cine en esta serie porque en realidad yo en aquel momento, lo que quería era hacer cine, convertirme en director. El cine era mi pasión de siempre y yo creía que me iba a quedar más fácil entrar en él. La fotografía fue la opción que me quedó a causa de que no tenía con qué cubrir los costos de una producción cinematográfica, ni mediana manera de pagar los equipos con que debía trabajar. Eran muy pocos los que tenían acceso a equipos y los que podían pagar la postproducción que se hacía fuera del país. Pensé que la publicidad me iba a permitir un ahorro para comprarlos pero eso nunca sucedió. Me quedé con la fotografía que era el único trabajo que podía hacer de manera individual. Lo único que tenía entre manos era la cámara.

En todo caso, en el comienzo pensaba mucho en el cine cuando hacía fotos y en como podía darle una idea más cinematográfica a las tomas, en como podía narrar historias con los poquísimos elementos con que trabajaba en fotografía. Por lo mismo, paralelo a la serie de las prostitutas hice una grabación sonora de todo lo que ellas decían y de lo que sucedía en el espacio que habitaban.” Fernell Franco.

~ by lostonsite on 10 julio, 2011.

Arte, Exposiciones

One Response to “Cuando se presenta una realidad sin disfraz”

  1. Acerca de Fernell Franco y su Serie “INTERIORES” y “PROSTITUTAS”
    Así como el fotógrafo ha denominado una de sus series “Interiores”, así también las “prostitutas y los adictos al billar, siguen perteneciendo a esa serie de personajes que habitan en la noche los espacios humanos y sórdidos que, como urnas existenciales diseminadas en los callejones y los antros urbanos, guardan en la superficie de las pieles y las paredes bruñidas de las habitaciones, los secretos seductores del crimen, la licencia, el vicio y la pasión.
    Pero a diferencia de la intimidad y la discreción de los “interiores” habitados por los objetos típicos que guardan a su vez la memoria de los cuerpos que los habitaron, en esta serie de fotografías silenciosas y escuetas, las prostitutas y los billaristas de Fernell Franco dibujan el contorno de un espacio desolado, un espacio grisáceo y desvanecido lleno de claro-oscuros, con matices y escorzos de blanco y negro que el artista ha logrado plasmar para la eternidad.
    En aquellos lugares, de habitaciones y corredores sombríos, de recintos y covachas que la luz mortecina del ojo ilumina, surge de pronto la instantánea de una escena suspendida en el tiempo, un drama que flota en el espacio frío y simple donde solo se siente palpitar la promesa de un placer efímero que se repite viciosamente sin dejar a su paso la huella heráldica de una vida apenas perdurable.
    En medio de esta atmósfera envuelta en humaredas de tabaco y de sexo, mientras la cámara indiscreta penetra el velo de la intimidad, la vida del hombre y la mujer se desperdicia mientras gastan sus cuerpos a besos y los sueños se esfuman al ritmo de las carambolas, los espejos desvencijados que cuelgan de las paredes reflejan la vacuidad si encanto de los burdeles sin decorados ni arabescos en los que la figura obscena e inerte de las vendedoras de placer surge frívola…sin sensualidad ni seducción..
    Desde el punto de vista temático, en estas fotografías de Fernell Franco, se capta de cierta manera la estética paradójica de los espacios vacíos y deshabitados pero llenos de objetos y decoraciones barrocas que hablan el lenguaje de todas las almas que los dotaron de rostro y significación.
    En la serie “Billares”, su foco ha sabido plasmar la fenomenología existencial del tedio, la indiscreción y la vulgaridad de una vida que no cesa de repetirse y perderse tras los cristales empañados de los escaparates y vitrinas……
    JMARIO GONZALEZ GARCIA

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