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Cuando el sonido de las aves crea luz

OLIVIER MESSIAEN (1908-1992)

SAINT FRANÇOIS D’ASSISE
SCÈNES FRANCISCAINES

Ópera en tres actos y ocho escenas en lengua francesa.
Libreto del compositor
Estrenada en la Ópera de París el 28 de noviembre de 1983

MADRID ARENA
6, 8, 10, 11, 13 de julio 2011

El ángel ……………………………………….. Camilla Tilling
San Francisco ……………………………… Alejandro Marco-Buhrmester
El leproso ……………………………………. Michael König
Hermano León …………………………….. Wiard Witholt
Hermano Maseo ………………………….. Tom Randle
Hermano Elías …………………………….. Gerhard Siegel
Hermano Bernardo ……………………… Victor von Halem
Hermano Silvestre ……………………….. Vladimir Kapshuk
Hermano Rufino ………………………….. David Rubiera
Sombra del leproso …………………….. Jesús Caramés

Director musical ………………………… Sylvain Cambreling
Instalación …………………………………. Emilia e Ilya Kabakov
Disposición escénica …………………. Giuseppe Frigeni
Figurinista ………………………………….. Robby Duiveman
Iluminador………………………………….. Jean Kalman
Directores de los coros ……………. Andrés Máspero, Francesc Perales
Ondas Martenot ……………………….. Valérie Harmann-Claverie, Nathalie Forget, Bruno Perrault

Acto I.

Cuadro uno. La Cruz.

Los hermanos preguntan por la vida y la muerte. San Francisco les alecciona para vivir con alegría y superar los temores.

La primera cuestión que Messiaen pone en juego en el libreto es el miedo que provoca el conocimiento. Da igual conocer los designios de las estrellas, las virtudes de los pájaros, los peces y los árboles, de las piedras y las aguas… Nada de esto supone alcanzar el estado de alegría perfecto. ¿Qué es la alegría perfecta? Pues la habilidad para vencer a la propia debilidad. Dice San Francisco que si tras un largo esfuerzo no te dejan entrar en el monasterio, no importa, es entonces cuando Dios bendito te indica el camino; sólo puedes alegrarte en la Cruz y para la Cruz.

Toda esta reflexión la ha hecho San Francisco al Hermano León. Naturalmente, miedo, muerte y alegría son distintas representaciones metafísicas de la propia vida, del misterio que encierra y de las respuestas que se pueden encontrar a las incógnitas que se plantean. Hasta este momento, no sabemos quién es San Francisco, cuáles son sus respuestas.

Cuadro dos. Los himnos.

San Francisco pide a Dios poder amar a un leproso.

San Francisco hace una alabanza absolutamente estática. Ahora ya no hay filosofía, pensamiento, sino reconocimiento de la grandeza de la Naturaleza como expresión de Dios: la hermosa Tierra, la Tierra madre; las flores con sus mil olores. Pero surge la gran duda: la Naturaleza es también perfectamente capaz de generar asco, suciedad… ¿Cómo se puede negar esto? Surge de nuevo el miedo. Piensa en los leprosos, en el olor a su enfermedad. Y pide a Dios que le capacite para amar a uno de ellos.

Cuadro tres. El beso del leproso.

San Francisco siente asco por el leproso, pero lo besa y lo cura.

Sale el leproso condenando al mundo y lanzando los mil y un improperios: “Si los hermanos sufrieran lo que yo sufro se alzarían en rebelión” San Francisco le habla, en vano, de virtud, de amor y de la Resurrección. Y entonces aparece el Ángel: “Dios es más grande que tu corazón. Él es el amor; el que reside en el amor, reside en Dios”.

Para el enfermo, sin embargo, estas no son palabras asumibles en su maltrecho y desgraciado estado. A San Francisco, por su parte, le cuesta conseguir su propósito: “No te he amado lo suficiente”. Le besa y le abraza. Se produce el milagro; las yagas desaparecen de sus brazos. Pero la culpabilidad lo atenaza: “No merezco ser curado”. San Francisco, sin embargo, no lo ve así: “A los que han amado tanto, todo les es perdonado”.

Acto II.

Cuadro 4. El ángel viajero.

Un ángel se dirige a los hermanos. Al principio no le escuchan, pero el ángel les instruye sobre el Más Allá.

Montaña de La Verna, en Arezzo, parte oriental de Toscana. Se escucha una música no exenta de inocencia, pero envuelta en un cierto carácter enigmático. El hermano León se debate entre sus habituales temores: “Se ve lo invisible”, dice con la mirada perdida. Hay que construir un templo, y el hermano Massée será el celador.

La música cambia de carácter, se hace más musculosa y violenta (Messaien cita aquí un pasaje casi literal de La consagración de la primavera), y llama a la puerta el Ángel. Entra y pregunta por el hermano Élie. Aparece éste, la música parece citar a Fasolt y Fafner cuando salen a escena por primera vez en El oro del Rin. El hermano Élie es el vicario de la Orden; no quiere que se le moleste, pero el Ángel le espeta: “No estés enfadado, disminuye el poder del juicio” Y prosigue: “¿Qué piensas de la predestinación?”. El hermano Élie no contesta.“No se rechaza al viejo para admitir al nuevo”, dice el Ángel. Pero el arrogante hermano Élie, un intelectual muy seguro de sus conocimientos, sigue sin atender a esas razones. El Ángel se enfada, y la música, que vuelve a cambiar bruscamente, nos lo explica. En este proceso, el hermano Massée se muestra más pacífico y comprensivo.

 

El Ángel llama al hermano Bernard y le hace la misma pregunta acerca de la predestinación. Éste acepta de buena gana la idea de que “para encontrar tu rostro verdadero, la santidad de la verdad, no se debe rechazar al hombre viejo y recibir al nuevo”. El hermano Bernard responde: “Cuando muera, Jesucristo me mirará como mira a las monedas de tributo y me dirá: «¿De quién es la imagen de la inscripción?», y, si Dios quiere en su gracia, me gustaría decirle: «De Ti”. Al Ángel sí le gusta esta respuesta, y se dispone ahora a hablar con el Padre Francisco. La música se torna otra vez delicada, inocente, pura.

Cuadro 5. El ángel cultiva la música.

San Francisco, al escuchar la música del ángel, se siente preparado para morir.

San Francisco alaba al hermano Sol, al Señor, a la hermana Luna y a las estrellas, a los astros, a toda la creación de Dios. La alegría y la felicidad vendrá con la resurrección de los muertos. Dios es un festín, la luz verdadera de toda meditación y de todos los santos, el colmo de la gloria y la alegría perfecta.

Y habla entonces el Ángel: “Que Dios nos deslumbre con abundancia de verdad. La música nos lleva a Dios cuando la verdad abruma. Si hablas con Él a través de la música, Él te responde a través de la música. Escucha la música que suspende la vida de las escalas del cielo. Escucha la música de lo invisible”. El Ángel se dispone a tañer la viola. San Francisco entra en éxtasis.

Cuadro 6. El sermón a los pájaros.

San Francisco predica a los pájaros en Umbría, su región natal.

 

El hermano Massée diserta sobre los pájaros, la tórtola, el petirrojo, la capinera, la curruca… San Francisco adquiere ahora un perfil más humano, absolutamente naturalista y distendido. Tiene lugar el “Pequeño Concierto de pájaros”. San Francisco nos habla de cómo Cristo reunirá a todas las criaturas, y entonces hace todo un listado de hermanos-pájaros, loando su libertad , porque en el vuelo y en su canto se les ha concedido “las nubes, el aire, los cielos, al hermano Sol, al hermano Viento, que los guían y los llevan hasta los árboles y las hierbas, hablando sin palabras, como los ángeles, solo con música”. “Gran Concierto de pájaros”. San Francisco predica, los pájaros se callan. “Y el número de la la Cruz, el cuatro, es el de las cuatro direcciones hacia las que vuelan los pájaros, y la Cruz se extenderá en todas las direcciones. Los pájaros no poseen nada. Dios los alimenta. Con fe todo se os será entregado”.

Acto III.

Cuadro 7. Los estigmas.

Dios premia a San Francisco con las cinco heridas de Cristo en la Cruz.

Otra vez en La Verna, San Francisco pide dos gracias a Dios antes de morir: “Sentir el dolor corporal que Tú soportaste y que mi corazón experimente el amor que a Ti te afirmaba y te permitió aceptar ese sufrimiento”. Y entonces habla Cristo (el coro): “Te ofrezco las cinco heridas de mi cuerpo en la Cruz. Acepto tu sacrificio en solidaridad conmigo. Sigue elevándote como una melodía cada vez mayor”.

 

San Francisco se lamenta de su debilidad, y Cristo le apremia: “Soy el que va delante del que va atrás y el que va atrás del que va delante. Soy quien creó el tiempo y el espacio, quien inventó las estrellas, lo visible y lo invisible, las criaturas. Soy la verdad. Soy la primera palabra.Voy del futuro al pasado”.

 

La música se torna muy violenta. San Francisco levita, todo se tiñe de rojo y violeta. Cristo: “Todos quieren ser como yo, pero nadie quiere llevar mi Cruz. Si estás dispuesto a llevar mi Cruz, ella te llevará y te conducirá al final elegido”.

Cuadro 8. La muerte y la nueva vida.

San Francisco se despide. La música le guía hacia Él.

San Francisco se va despidiendo de los hermanos, de todos, las personas y los que integran la Naturaleza, y de su Asís (aquí la música se torna especialmente trágica; recuerda a los momentos posteriores a la muerte de Wozecck en la ópera de Berg).

Los hermanos manifiestan su debilidad. “Yo cantaré con Él. Nosotros cantaremos”. San Francisco se debate entre el deseo a morir y la anguistia que le produce la idea. Los hermanos le siguen, agobiados. El Coro entona: “Yo llamo, mi voz grita”. San Francisco se espanta, pero siente placer y calma.

Aparece el Ángel: “Él lo sabe todo”. El Ángel trae consigo al leproso, para conducirlo junto a San Francisco a la vida eterna, abriéndoles las puertas del paraíso, las puertas de la luz, de la dicha. “En breve escucharéis la música de lo invisible, y para siempre”. Habla San Francisco:”Señor, libérame embriágame, ciégame para siempre con tu abundancia de verdad .

A través del «Aleluya» del coro se escuchan los motivos conductores del primer acto. Y desde ese momento al final de la obra, la música es una orgía de color. La luz de la resurrrección es para Messiaen lo más sencillo y emocionante que un músico haya podido inventar: un inmenso acorde de Do mayor (coro y orquesta) en crescendo hasta acabar en fortísimo, sobre un interminable calderón.

. EMILIA E ILYA KABAKOV

Ilya Kabakov (1933) es un artista conceptual ruso-americano, de descendencia judía, nacido en Dnipropetrovsk, Ucrania. Trabajó durante treinta años en Moscú, desde la década de 1950 hasta la década de 1980. Actualmente vive y trabaja en Long Island.

A lo largo de sus cuarenta años de carrera, Kabakov ha creado un gran número de pinturas, cuadros, instalaciones y textos teóricos, sin mencionar sus extensas memorias que recorren su vida desde su juventud hasta principios de la década de 1980. En los últimos años, ha creado instalaciones que evocan la cultura visual de la Unión Soviética, aunque este tema nunca ha sido el único centro de su obra. Kabakov formó parte de la Unión de Artistas Soviéticos en 1959, lo que le permitió tener una prestigiosa posición en la USSR, con beneficios materiales sustanciales. Kabakov ilustraba libros de niños durante 3 ó 6 meses del año, pudiendo dedicar el resto del tiempo en sus propios proyectos.

Mediante biografías de ficción, muchas inspiradas por sus propias experiencias, Kabakov intenta explicar el nacimiento y la muerte de la Unión Soviética, que según él, es la primera sociedad moderna que ha desaparecido. En la Unión Soviética, Kabakov descubre elementos comunes a cualquier otra sociedad moderna, examinando la división entre capitalismo y comunismo. Más que describir la Unión Soviética como un proyecto Socialista fallido, vencido por las economías occidentales, Kabakov lo describe como un proyecto utópico entre otros muchos, incluyendo el capitalismo. Reexaminando narrativas y perspectivas históricas, Kabakov lanza un mensaje de que cada proyecto, ya sea público o privado, importante o trivial, tiene el potencial de fracasar debido a la voluntad potencialmente autoritaria del poder.

En 1989 Kabakov también comenzó a trabajar con su sobrina, Emilia, que posteriormente se convertiría en su esposa. Emilia Kabakov nació en 1945 en Ucrania. Estudió en el Instituto de Música en Irkutsk junto con el estudio del lenguaje español y literatura en la Universidad de Moscú. En 1992, Emilia e Ilya Kabakov se trasladaron a la ciudad de Nueva York, y posteriormente a Mattituck, Nueva York.

Para la instalación de la ópera de Saint François d’Assise Ilya y Emilia Kabokov han diseñado una inmensa cúpula que se sitúa frente al espectador como un túnel en el que se puede penetrar visualmente. Es una combinación de música, sonido y luces, con cambios muy complicados coordinados por ordenador que siguen los movimientos musicales a un ritmo muy suave, muy lento, haciendo que las personas se involucren contemplando la música y el sonido según van cambiando las luces. Los cambios de luz de la cúpula, permite seguir todas las fases musicales de Messiaen.

 
 

Debido al diseño, la orquesta y el coro se tienen que situar detrás de la cúpula, l0 que supone un reto para los músicos, coordinadores y para el director en su trabajo con el coro y la orquesta.

La historia de Saint François d’Assise es un historia de búsqueda de la iluminación. La luz es el hilo conductor, y la música lo expresa.

El montaje de la cúpula en el espacio del Madrid Arena necesitó de 21 días debido a las grandes dimensiones de la misma. En total, la cúpula posee 13 metros de diámetro, 14 metros de altura, con un peso total de 22 toneladas y un total de 1400 fluorescentes.

 

~ by lostonsite on 8 julio, 2011.

Música, Ópera

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