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Cuando las fachadas recrean ilusiones

FAÇADE. HAN SUNGPIL

GALERÍA BLANCA BERLÍN
Del 1 de junio al 10 de septiembre del 2011

PHOTOESPAÑA 2011

Han Sungpil es uno de los fotógrafos contemporáneos más conocidos de Corea. Nació en 1972 y comenzó su carrera en fotografía mientras estudiaba en la Universidad Chung-Ang en Seúl. Tras graduarse se unió a Korea Fuji Film Co., Ltd., donde realizó diversas exposiciones y tuvo la oportunidad de trabajar para fotógrafos profesionales en el departamento profesional de fotografía.

Esta experiencia de trabajo y sus exposiciones le dieron la oportunidad de estudiar en el extranjero. En el 2005 finalizó su máster en “Comisariado de Diseño Contemporáneo” en la Universidad de Kensington en Londres, en colaboración con el Museo del Diseño de Londres. También finalizó dos programas de residencia sobre arte: Beca de la UNESCO-Aschberg para Artistas en Residencia en Selasar Sunaryo Espacio de Arte, Indonesia; y la Beca de la Fundación de la Cultura y Artes Coreanas para Artistas en Residencia en CAMAC, en Francia en 2005.

Sungpil ha realizado varias exposiciones individuales en Corea, Japón, Alemania, España, Reino Unido y Estados Unidos, incluyendo recientes exposiciones en el Instituto Goethe de Frankfurt-am-Main, Alemania y la Galería De Santos en Houston.

. Façade

El Renacimiento aportó a la historia del arte una de sus invenciones más valiosas: la perspectiva, la habilidad de transportar la realidad tridimensional a un plano de dos dimensiones. La fotografía, siglos después, se adueñó de este avance logrando que la representación de una escena pareciera tan real como si estuviera ocurriendo ante los ojos del observador.

A través de la serie Façade, Han Sungpil se ha imbuido en el placer epistemológico y en el efecto ilusorio de la confusión entre realidad y representación. Profundiza en las ambivalentes fisuras que se crean al llevar una escena a un plano de dos dimensiones mediante la representación fotográfica. La imagen resultante ¿nos está mostrando una realidad tridimensional aparente o es un espejo de esa realidad? ¿Estamos ante una interpretación auténtica del suceso o lo que vemos es una falsificación idealista del mismo?

Si, además, la escena fotografiada es un ejercicio realizado deliberadamente para producir un engaño perceptivo como ocurre con el trampantojo, el espectador se encuentra ante un atractivo y sutil juego de equívocos que le obliga a escudriñar las fronteras entre lo genuino y lo ficticio, entre lo verdadero y lo falso. Le sitúa, al mismo tiempo, a un lado y otro del espejo. El objeto real es sometido a una doble suplantación de la realidad, primero, mediante la imagen conseguida con la técnica del trampantojo y después, con la propia fotografía. Es el duplicado de un duplicado, con el que el artista consigue difuminar la diferencia entre lo auténtico y lo ilusorio creando una realidad virtual.

Han Sungpil nos sitúa en este trabajo, realizado a lo largo de dos años en distintas ciudades europeas y coreanas, ante una serie de fotografías aparentemente simples pero cargadas de inquietud reflexiva. A medida que forzamos la mirada sobre ellas vamos descubriendo que lo que vemos no se percibe a primera vista tal y como es en realidad. Algo incierto ocurre en las proporciones, las luces, las escalas…

La propuesta expositiva de Façade está estructurada a partir de un doble registro. En primer lugar, una fachada temporal que se sitúa sobre la fachada real en mal estado durante las obras de restauración. En segundo lugar, una fachada permanente que se convierte en parte del edificio desde el comienzo. La temporal es fugaz y finita, puesto que desaparecerá cuando las obras se terminen. Al mismo tiempo, actúa como una máscara que esconde la apariencia real. Tal fachada es una imitación que parece más real que la original puesto que no sólo se parece al objeto real, sino que además parece más deteriorada por el tiempo. Réplicas efímeras destinadas a desaparecer una vez concluidas las obras y a las que sólo la fotografía de Han confiere la cualidad de permanencia. Sin embargo, las fachadas permanentes implican un trabajo “mural” sobre los paramentos de los monótonos y tediosos edificios, lo que les proporciona autonomía a pesar de su forma o estructura. También puede funcionar como un arte público, en definitiva, graffitis con vocación de pervivencia que se convierten en parte del edificio desde el instante mismo de su creación.

En línea con la teoría de la apropiación, articulada a principios de 1980 por Crimp y Salomón-Godeau, en la que se cuestionan nociones como originalidad, singularidad y autoría, el fotógrafo coreano se apropia de los telones y graffitis urbanos para descontextualizarlos e incorporarlos a una nueva narración.

Siempre eligiendo un plano general de la fachada del edificio, por un lado se centra en aquellas estructuras que, en épocas de reconstrucción, han sido tapadas por lonas donde se reproduce la arquitectura anticipando al viandante cómo quedará después de la restauración.

En este sentido, el ejercicio fotográfico de Han Sungpil no sólo ofrece una adivinanza sobre lo que se está contemplando, sino que teoriza planteando una reflexión sobre lo efímero. En cierto modo lo que está llevando a cabo es un tipo de fotografía como se hiciera con el land art, porque lo que queda después de esa lona es sólo el recuerdo plasmado en sus fotografías.

En Façade, Han Sungpil muestra mediante el montaje digital y la superposición de imágenes las fisuras que se producen entre lo que se ve y lo que se cree estar viendo al llevar una escena a un plano de dos dimensiones diferentes. No exento de delicadeza y poesía en lo que muestra, el resultado es inquietante, lleno de preguntas que el espectador se hace hacia lo que está viendo con la extraña sensación de encontrarse dentro de un sueño, una representación teatral e incluso un acertijo. Un espejo, una realidad tridimensional, un decorado, una ficción… ¿Lo que vemos es real o sólo una recreación llena de simbolismo? No hay mejor artista que el que genera preguntas de difícil respuesta.

No menos interesante son sus imágenes donde juega con la ilusión del trampantojo (trompe-l’oeil). El efecto podría ser similar al conseguido por las lonas, no obstante va más allá. El fotógrafo se apropia de los edificios cuyas fachadas han sido pintadas con la técnica del trampantojo y nos ofrece una imágen dentro de la imágen. Nada es inventado. Son fotografías reales sobre sitios reales. La ilusión la provoca el propio trampantojo y la perfecta situación de la cámara del fotógrafo, creando de este modo una visión que se nos antoja irreal.

Un ejemplo de “trompe-l’oeil” (una técnica artística que consiste en crear ilusiones ópticas) donde forma parte de la construcción se puede ver en su fotografía “Back to the Future”.

Aquí se ilustra una excéntrica imagen que va más allá del sentido común. Lo más destacado es el carruaje de caballos que se apresura por una calle entre dos edificios. Una pareja de caballos blancos están galopando cuesta abajo mientras que un chorro de vapor sale de un motor en la parte trasera.

La farola que emite luz en la parte izquierda del edificio parece ser de larga exposición. Además, es fácil de reconocer que el vagón es una pintura en el muro, no un objeto real capturado en un instante. Sin embargo, los límites entre los mundos reales y virtuales se difuminan en esta delicada combinación de presente y pasado y de momento y perpetuidad.

La escalera situada verticalmente entre los edificios debe ser una pintura, pero, ¿qué es la estructura curva que aparece donde se apoya la escalera?, o ¿es real la extensión del muro externo del edificio de la izquierda (que es el telón de fondo del carruaje)?. Uno puede experimentar placer visual de la realidad incompleta donde una imitación aparentemente genuina (hasta el punto de que es difícil determinar los límites entre lo real y lo irreal) no puede ser pasada por alto.

Por otro lado, toda la pintura resulta ser una genuina “trompe-l’oeil”, maximizando su falsedad. En ese caso, la ilusión desaparece de algún modo, porque el hueco entre la realidad es tan amplio que su presencia (realidad de la pintura) no es ya convincente.

Han Sungpil ha perseguido contínuamente la relación de conceptos que están estrechamente relacionados con las artes visuales -apariencia frente imitación, representación frente a realidad, y fantasía frente a ficción. Tales elementos que carecen de rigor científico, como la ilusión óptica, la magia de la representación y la ilusión de las imágenes, sostiene estos conceptos. En este sentido, arte no es conocimiento, sino ciencia. Sus fotografías una vez más ponen de manifiesto preguntas sobre los valores en estos dominios “misteriosos”, más allá del conocimiento. Nuestros ojos son susceptibles a la ilusión óptica. En su serie Façade, la “trampa” es más sofisticada, perteneciendo claramente al dominio de la magia.

Han Sungpil es, en algunos casos, el artífice de la propia ilusión, como en The Ivy Space. La foto muestra el edificio que alberga la redacción de la revista coreana de arquitectura “Space”, famoso por sus paredes de ladrillo recubiertas de hiedra. El fotógrafo, en un experimento para hacer visible la vida del interior del inmueble, realizó una serie de capturas digitales de los despachos y zonas interiores del mismo, obteniendo el permiso de Space para colgarlas en el exterior, haciendo con ello partícipe al espectador que estaría observando la vida interior en un nuevo juego de realidad-ficción. La instalación no pudo mantenerse mucho tiempo debido a problemas técnicos, pero subsistió en la obra que vemos en Façade y en las bolsas ecológicas que el artista fabricó con los trozos de la lona una vez descolgada.

Muy sugerente es Plastic Surgery, reproducción del paño de tamaño natural que envolvió la puerta medieval de Namdaemun en Seúl durante su reconstrucción tras un incendio. El coreano, con una cierta dosis de amargura y mucha ironía, bautizó esta obra como Plastic Surgery (Cirugía Plástica) porque “la ilusión”, en sus propias palabras, “vino a sustituir a la verdadera puerta, ya desaparecida”.

The Light of Magritte nos sitúa ante un interesante artificio visual planteado en primera instancia por el muralista al que se le encargó enfundar el Museo de Magritte de Bruselas durante su construcción. El mural reproduce el famoso cuadro El imperio de la luz del pintor belga enmarcado por unos enormes cortinajes que representan el edificio del museo abriéndose al universo imaginario del artista europeo. Una pintura dentro de la pintura, a la que Han añade un tercer estrato de ilusión al introducir en su fotografía las farolas de la calle, muy similares a la que aparece en el cuadro.

Es interesante advertir como, a partir de una estrategia renovada, en la obra del fotógrafo encontramos la misma intencionalidad que se desprende del cuadro del pintor: desconcertar al espectador, enfrentarle a una realidad incierta. En El imperio de la luz, la imagen de una calle nocturna y oscura coexiste con el azul pastel de un cielo rebosante de luz. Mediante la paradójica combinación del día y la noche, René Magritte subvierte una premisa fundamental del orden de la vida obteniendo una escena perturbadora. En The Light of Magritte Han Sungpil multiplica los recursos manteniendo la poesía. A través de la creación de diversas capas de realidad, invita al espectador a penetrar en cada una de ellas para descubrir su propia verdad. Quizá, esa pequeña luz que persiste en medio de una oscuridad fingida que, sin embargo, es abrazada por la noche certera en que el artista tomó la fotografía.

~ by lostonsite on 29 junio, 2011.

Arte, Exposiciones

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