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Cuando bastó una década para conquistar Oriente

ALEJANDRO MAGNO
ENCUENTRO CON ORIENTE

CENTRO DE EXPOSICIONES ARTE CANAL
Del 3 de diciembre de 2010 al 3 de mayo de 2011

Alejandro  Magno -su figura, su legado- ha estado presente en la historia y la cultura de Occidente y Oriente a lo largo de más de dos milenios, y ha inspirado a los grandes conquistadores de todos los tiempos, desde Julio César hasta Napoleón Bonaparte. En su reinado de 13 años situó bajo su dominio el Imperio Persa y todas las regiones extremas del mundo entonces conocido, cambiando por completo su faz y dando inicio a una época de extraordinario progreso e intercambio cultural.

. ALEJANDRÍA, EL SUEÑO DE ALEJANDRO MAGNO

En el año 332 a. C., Egipto estaba bajo el dominio persa. Ese mismo año, Alejandro Magno entró triunfante en Egipto como vencedor del rey persa Darío III y los egipcios lo aceptaron y lo aclamaron como a un libertador. Al año siguiente, en el 331 a. C., fundó la ciudad que llevaría su nombre en un lugar del delta del Nilo, sobre un poblado llamado Rakotis habitado por un puñado de pescadores. La elección del emplazamiento fue muy afortunada pues estaba al abrigo de las variaciones que pudiera tener el río Nilo, y por otro lado, lo suficientemente cerca de su curso como para que pudiesen llegar a través de sus aguas las mercancías destinadas al puerto, a través de un canal que unía el río con el lago Mareotis y el puerto.

El lugar estaba frente a una isla llamada Faro, que con el tiempo y las múltiples mejoras que se harían quedaría unida por un largo dique a la ciudad de Alejandro, realizado por el arquitecto Dinócrates de Rodas. El dique tenía una longitud de siete estadios (185 m cada estadio), por lo que se le llamó Heptastadio (Επτασταδίων). La construcción del dique conformó dos puertos, a ambos lados: el Gran puerto hacia el este, el más importante; y el Puerto del buen regreso (Εύνοστος), al oeste, que es el que continúa utilizándose en la actualidad.

En los amplios muelles del gran puerto atracaban barcos que habían surcado el Mediterráneo y el Atlántico. Traían mercancías que se apilaban en los muelles: lingotes de bronce de España, barras de estaño de Bretaña, algodón de las Indias, sedas de China. El famoso faro construido en la isla de Faros por Sóstrato de Cnido, en 280 a. C., dispuso en su cúspide un fuego permanentemente alimentado que guiaba a los navegantes, hasta 1340, cuando fue destruida la edificación.

El arquitecto Dinócrates se ocupó también del trazado de la ciudad y lo hizo según un plan hipodámico, sistema que se venía utilizando desde el siglo V a. C.: una gran plaza, una calle mayor de treinta metros de anchura y seis kilómetros de largo que atravesaba la ciudad, con calles paralelas y perpendiculares, cruzándose siempre en ángulo recto. Se construyeron barrios, semejantes a los que levantaron los españoles en las ciudades hispanoamericanas, las llamadas cuadras. Las calles tenían conducciones de agua por cañerías. Administrativamente se dividió en cinco distritos, cada uno de los cuales llevó como primer apelativo una de las cinco primeras letras del alfabeto griego. Cuando Alejandro se marchó de Egipto para continuar sus luchas contra los persas dejó como administrador de Alejandría a Cleomenes de Naucratis.

Fue una ciudad opulenta. Los Ptolomeos construyeron un palacio de mármol con un gran jardín en el que había fuentes y estatuas. Al otro lado de ese jardín se levantaba otro edificio construido en mármol al que llamaban Museo (Μουσείον). Fue una innovación del rey Ptolomeo I Sóter y en él se reunía todo el saber de la época. El museo tenía una gran biblioteca. Cerca de este edificio se levantaba el templo de Serapis, el nuevo dios greco-egipcio. En el centro de la ciudad se hallaban la Asamblea, las plazas, los mercados, las basílicas, los baños, los gimnasios, los estadios y demás edificios públicos y necesarios para las costumbres de aquellos siglos.

Los habitantes de esta magnífica ciudad eran en su mayoría griegos de todas las procedencias. También había una colonia judía y un barrio egipcio, de pescadores, el más pobre y abandonado de la gran urbe.

Alejandría se convirtió pronto en el centro de la cultura griega en la época helenística y contribuyó a helenizar al resto del país de tal manera que cuando llegaron los romanos todo Egipto era bilingüe. El arte y la arquitectura era lo único que se mantenía propiamente egipcio. Tan importante llegó a ser y tan grandiosa que la llamaron Alexandria ad Aegyptum, es decir, “Alejandría que está cerca de Egipto”, perdiendo importancia el resto del país.

El escritor griego Plutarco (c. 46-125) que escribió la biografía de Alejandro Magno, cuenta cómo éste se inspiró para tomar la determinación de fundar la ciudad en este sitio. Según parece, tuvo un sueño en el que se le apareció un anciano de cabellos muy blancos y que le recitaba insistentemente cierto pasaje de la Odisea: “Hay a continuación una isla en el mar turbulento, delante de Egipto, que llaman Faros (Φάρος)”. Cuando se levantó quiso ir a la isla y se dio cuenta de su situación privilegiada y más aún si, por medio de un dique, se la unía a la costa. Entonces mandó traer harina para marcar él mismo el enclave de la futura Alejandría (pues no se disponía del yeso con que solía hacerse) y él mismo dibujó el círculo en forma de manto macedonio. No bien hubo terminado cuando empezaron a llegar desde el río y desde el mar pájaros grandes y diversos que se dedicaron a comer toda la harina esparcida. Cuando vio lo que estaba ocurriendo, Alejandro se turbó muy preocupado pensando que se trataba de un mal augurio. Pero Aristandro, el vidente que lo acompañaba supo interpretar el buen augurio y que el proceder de los pájaros pronosticaba que la ciudad sería tan rica y próspera que podría nutrir a todos los hombres de todas las razas.

. ALEJANDRO: HÉROE Y MITO.

Hijo de Filipo II, rey de Macedonia (dinastía de los Argéadas), y de Olimpia, hija de Neoptólemo I de Epiro, según Plutarco, el día de su nacimiento se tuvo noticia en la capital de tres triunfos, el del general Parmenión frente a los Ilirios, la victoria del sitio a una ciudad portuaria por su padre y la victoria del carro del rey en competición, que fueron considerados increíbles augurios en aquel tiempo, aunque quizá fueran meras invenciones posteriores creadas bajo la aureola de grandeza de este personaje.

Alejandro tenía el hábito de inclinar ligeramente la cabeza sobre el hombro derecho, era físicamente de hermosa presencia, de baja estatura con cutis blanco, cabello ondulado de color castaño claro y ojos heterócromos (uno marrón —el izquierdo— y otro gris), que no se sabe si eran así de nacimiento o como consecuencia de un traumatismo craneal.

Su educación fue inicialmente dirigida por Leónidas, un austero y estricto maestro macedonio que daba clases a los hijos de la más alta nobleza que lo inició en la ejercitación corporal pero también se encargó de su educación. Lisímaco, un profesor de letras bastante más amable y que se ganó el cariño del Magno llamándole Aquiles y a su padre, Peleo. Sin embargo, a los 13 años fue puesto bajo la tutela de Aristóteles, que sería su maestro en un retiro de la ciudad macedonia de Mieza y le daría lecciones sobre política, elocuencia y la historia natural. Sabía de memoria los poemas homéricos y todas las noches colocaba la Ilíada debajo de su cama. También leyó con avidez a Heródoto y a Píndaro.

– Medallón de oro. Siglo II a. C.: Bandeja de oro con busto en relieve de Atenea,  que lleva un yelmo con tres penachos y una égida inclinada con cabeza de gorgona. Los ojos de la diosa son incrustados de esmalte azul. La trama de malla de cadenas que rodea la joya indica que servía para sujetar el pelo a la altura del cuello. Del «Tesoro de Tesalia». Este medallón de oro, con otras 9 joyas que se conservan en el Museo Benaki y otras 35 de la Colección Stathatos expuestas ahora en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, fue descubierto, según se cree, en 1929, en el interior de un vaso de bronce hallado en Halmyros, Tesalia. El medallón contiene un busto en relieve de la diosa Atenea, tocada con un casco de tres crestas y con una égida con gorgóneion por encima del hombro y del pecho izquierdos. La cabeza está representada en bulto redondo, y los ojos son incrustaciones de esmalte azul. Rodea el medallón una malla formada por cadenas unidas entre sí. La cadena exterior lleva unas anillas, tal vez para pasar por ellas una cinta para tensar la malla. Entre las joyas supuestamente halladas en Tesalia en 1929 se descubrieron cuatro medallones similares, incluido éste, todos con imágenes de diosas griegas como Atenea, Afrodita y Artemisa. Los medallones pudieron servir de tapas de frascos cilíndricos hoy perdidos, o constituirían una especie de redecilla para recoger el pelo a la altura de la nuca, pues las cadenas contribuirían a sostener la redecilla y a sujetar el moño con la ayuda de una cinta que pasaría por las anillas exteriores para tensar y anudarlo. Redecillas para el cabello de este tipo se emplearon frecuentemente durante los periodos helenístico y romano inicial.

Muy pronto (340 a. C.) su padre lo asoció a tareas del gobierno nombrándolo regente, a pesar de su juventud. En el 338 a. C. dirigió la caballería macedónica en la batalla de Queronea, siendo nombrado gobernador de Tracia ese mismo año. Desde pequeño, Alejandro demostró las características más destacadas de su personalidad: activo, enérgico, sensible y ambicioso. Es por eso que, a pesar de tener apenas 16 años, se vio obligado a repeler una insurrección armada. Se afirma que Aristóteles le aconsejó esperar para participar en batallas, pero Alejandro le respondió: «Si espero, perderé la audacia de la juventud.»

Se cuentan numerosas anécdotas de su niñez, siendo la más referida aquella que narra Plutarco: Filipo II había comprado un gran caballo al que nadie conseguía montar ni domar. Alejandro, aun siendo un niño, se dio cuenta de que el caballo se asustaba de su propia sombra y lo montó dirigiendo su vista hacia el Sol. Tras domar al caballo, que llamó Bucéfalo, su padre le dijo: «Búscate otro reino, hijo, pues Macedonia no es lo suficientemente grande para ti». Así fue, pues a los 20 años Alejandro comenzó la expedición de conquista del Imperio Persa.

Un nuevo matrimonio de su padre, que podría llegar a poner en peligro su derecho al trono, hizo que Alejandro se enemistara con Filipo. Es famosa la anécdota de cómo, en la celebración de la boda, el nuevo suegro de Filipo (un poderoso noble macedonio llamado Átalo) rogó porque el matrimonio diera un heredero legítimo al rey, en alusión a que la madre de Alejandro era una princesa de Epiro y que la nueva esposa de Filipo, siendo macedonia, daría a luz a un heredero totalmente macedonio y no mitad macedonio y mitad epirota como Alejandro, con lo cual sería posible que se relegara a este último de la sucesión. Alejandro se enfureció y le lanzó una copa, espetándole: «Y yo ¿qué soy? ¿un bastardo?» Cuando Filipo, borracho, se acercó a poner orden, Alejandro se burló diciendo «Quiere cruzar Asia, pero ni siquiera es capaz de pasar de un lecho a otro sin caerse.» La historia le valió la ira de su padre, por lo que Alejandro tuvo que irse a Epiro junto con su madre. Sin embargo, Filipo terminaría por perdonarle.

– Busto de Alejandro Magno (llamado Alejandro de Erbach). Siglo II d. C., copia romana de un original griego del 330-340 a. C.: Encontrado en 1791 en la Villa Adriana, fue adquirido “in situ” por el conde Francisco I de Erbach-Erbach. Esta escultura, realizada durante el reinado del emperador Adriano (117-138 d.C.), constituye la mejor copia romana del estilo temprano de Alejandro Magno, cuyo modelo probablemente fuera una efigie esculpida en su patria griega. El joven príncipe heredero presenta su remolino de cabellos característico (anastolé), en el centro de la frente, que cae sin domar, como los de un león. Al margen de ese detalle, muestra facciones serenas, que retoman las formas armoniosas y equilibradas de los clásicos griegos. En este caso, Alejandro aparece caracterizado no como un caudillo impetuoso, sino más bien como representación ideal de un joven noble y culto.

Después del asesinato de Filipo en el año 336 a. C. por Pausanias, un capitán de su guardia, Alejandro tomaría las riendas de Macedonia a la edad de 20 años.

Tras suceder a su padre, Alejandro se encontró con que debía gobernar un país radicalmente distinto de aquel que heredó Filipo II veintitrés años antes, ya que Macedonia había pasado de ser un reino fronterizo pobre y desdeñado por los griegos a un territorio que tras el reinado de Filipo se consideraba como parte de la Hélade y un poderoso estado militar de fronteras consolidadas con un ejército experimentado, que dominaba indirectamente a Grecia a través de la Liga de Corinto.

La muerte del gran Filipo supuso que algunas polis griegas sometidas por él se alzasen en armas contra Alejandro ante la aparente debilidad de la monarquía macedonia. No obstante, Alejandro demostró rápidamente su destreza militar atravesando Tesalia para someterla nuevamente (ya había sido conquistada por Filipo), y acto seguido venció a los griegos tomando y destruyendo Tebas, y obligando a Atenas a reconocer su supremacía haciéndose nombrar Hegemon, título que ya había ostentado su padre y que lo situaba como gobernante de toda Grecia consolidando así la hegemonía macedónica, tras lo cual Alejandro se dispuso a cumplir su siguiente proyecto: conquistar el Imperio Persa.

. IMPERIO PERSA

Alejandro cruzó el Helesponto hacia Asia Menor, pretendiendo seguir los planes de su padre de liberar a los 10.000 griegos que se encontraban bajo dominio persa. Hizo una breve parada en Troya, donde honró la tumba de su héroe Aquiles. En la primera contienda que se libró en territorio asiático, la batalla del Gránico, a orillas del riachuelo Gránico, los sátrapas le hicieron frente con un ejército de 40.000 hombres comandado por el astuto Memnón de Rodas y compuesto en su mayor parte por griegos mercenarios, pero el ejército persa ofreció una débil resistencia y fue vencido. En este combate Alejandro estuvo cerca de la muerte, pues un persa trató de asesinarlo por la espalda. Finalmente salvó la vida gracias a Clito, uno de los hombres de confianza de Filipo, que de un sablazo le amputó la mano al agresor. Las ciudades griegas de las costas se entregaron ya sea por miedo o por querer ser liberadas.

– Estatua ecuestre de Alejandro Magno (Siglo I a. C. – I d. C.). Pieza de bronce y plata hallada en Herculano en 1761. Esta estatua ecuestre ya fue identificada como una representación de Alejandro Magno poco después de su descubrimiento. Desde entonces constituyó el punto de partida para estudiar la estatua ecuestre creada por Lisipo para conmemorar la victoria de Alejandro sobre los persas en la batalla del Gránico (334 a.C.). El joven rey, reconocible como tal gracias a la diadema que porta sobre la cabellera, viste una armadura macedonia que incluye también la capa que lleva fijada al hombro derecho mediante un broche circular. Alejandro gira el cuerpo hacia un lado y tiene la diestra levantada, con una espada que no se ha conservado, con la que atacaba a un oponente supuestamente situado frente a él. Su caballo, Bucéfalo, avanza al galope, pero parece haberse detenido en ese instante. La obra, sobresaliente desde el punto de vista artístico, destaca por el especial refinamiento de la representación. La superficie de esta estatua ecuestre, elaborada magistralmente, parece incluso más viva debido a los ornamentos de plata con los que están decorados los arreos.

A finales de 334 a. C. decidió pasar el invierno en Gordión, antigua capital de Frigia. Allí se encontraba un famoso carro real, sujeto a un nudo muy complicado de deshacer. Según el oráculo de Gordión, quien supiera deshacerlo conquistaría Asia. No se sabe si Alejandro desató el nudo pacientemente o si lo partió con su espada. En cualquier caso, la tormenta que siguió al hecho se interpretó como un claro signo de que Zeus daba su aprobación.

– Relieve con un sirviente medo (Siglo VI -V a. C.)

Una contraofensiva marítima de los persas en el Egeo, al mando de Memnón de Rodas y su flota, puso en peligro a la Grecia continental, pero esta amenaza se detuvo después de la victoria de Alejandro sobre Darío III en la batalla de Issos (pequeña llanura situada entre las montañas y el mar cerca de Siria) en el 333 a. C., en la cual, el rey Darío huyó amparado en la oscuridad de la noche dejando en el campo de batalla sus armas y su manto púrpura. El rey tomó conciencia de la amenaza y envió propuestas de negociación, que fueron desestimadas. Sin embargo, la familia de Darío III fue capturada en el interior de una lujosa tienda. Alejandro trató a todos con gran cortesía y les manifestó que no tenía ninguna cuestión personal contra Darío, sino que luchaba contra él para conquistar Asia.

– Adornos en forma de cabeza de león: El arte persa representaba a menudo leones, en ocasiones en tamaño reducido o, como en este caso, reducidos a la cabeza. Cada una de estas delicadas obras de orfebrería muestra una cabeza de león de perfil con las fauces muy abiertas. Las caras aparecen llenas de expresividad y realismo, con finas líneas repujadas figurando el belfo y las mejillas. En cambio, las melenas están estilizadas en forma de semicírculo radiado con once nervios ornamentales, y cada mechón termina entre dos círculos pequeños. Los pequeños ojales de la parte posterior —cinco y tres, respectivamente— servían como elemento de sujeción. Según las fuentes escritas y las representaciones que han llegado hasta nosotros, estos adornos se cosían a la ropa.

Alejandro conquistó fácilmente Fenicia, con excepción de la isla de Tiro, debiendo mantener un largo asedio para capturarla (de enero a agosto de 332 a. C.), conocido como el Sitio de Tiro, al igual que la ciudad de Gaza, que se conquistó tras un arduo sitio.

– Pulsera de oro con cabezas de león

A lo largo de las campañas contra los persas, se produjo un cambio en la mentalidad de Alejandro Magno sobre el enemigo ancestral de Grecia, pues la grandeza y la gran organización del gobierno del Imperio Aqueménida le impresionaron y fascinaron, lo mismo que la sensación de poder y magnificencia de la arquitectura de los palacios reales y la inteligente organización económica y administrativa, con grandes vías para facilitar la administración y el comercio.

– Ritón o vaso ático de figuras rojas en forma de cabeza de león (480-470 a. C.): Este vaso para beber o ritón con un asa termina en una cabeza de león con la boca abierta. El cuerpo del vaso se ha decorado con una escena pintada con figuras rojas. Un hombre vestido con un manto (himation), quizás un rey ático, se apoya en un bastón, mientras una mujer (¿Eos, diosa de la aurora?) persigue a un joven (¿el héroe ático Céfalo?). Las columnas y el altar sugieren un santuario. La versión metálica de esta forma de vaso está ampliamente documentada en el Nuevo Imperio Asirio y en el Imperio Aqueménida. Vasos con forma de cabeza de león aparecen sobre todo en el entorno real, al igual que los ejemplos del Imperio Nuevo Asirio. Este ejemplar ático presenta una “base doble”, por lo que constituye un ejemplo característico de la incorporación de recipientes originarios del Oriente Próximo a la alfarería griega a partir de fines del siglo VI a.C., sobre todo, al finalizar las Guerras Médicas.

Alejandro decidió adoptar muchos aspectos de ese Imperio, y él mismo se consideró sucesor de los reyes aqueménidas. Asumió los poderes reales y en ocasiones actuaba como el Gran Rey, llegándose a adoptar las pomposas ceremonias de la corte.

. BABILONIA

En esa época controló la situación de rebeldía en Anatolia y el Egeo, de tal modo que en la primavera del 331 a. C., desde Tiro, organizó los territorios conquistados. Darío, con un ejército más numeroso, decidió hacerle frente en Gaugamela a orillas del Tigris, pero apenas logró salvar su vida, ya que pese a la superioridad numérica se vio derrotado por el genio militar del joven rey macedonio. Así Alejandro con su ejército logró entrar en Babilonia quedando a las puertas del propio territorio persa.

Babilonia la recibió como triunfador, y desde allí organizó la gran expedición que llevó a cabo por Asia Central hasta las regiones más orientales del Imperio más allá del río Indo. Babilonia era una urbe con muchos siglos de historia, convertida en una de las residencias reales por los aqueménidas. Allí Alejandro conoció las antiguas tradiciones religiosas, literarias y científicas, en especial los saberes astronómicos, sus interpretaciones astrológicas y la ideología oriental, basada en la tradición de que el rey tenía un carácter divino y sacro. Y el compartió el título de “Rey de las cuatro partes del mundo” con su deseo de alcanzar el extremo del mundo entonces conocido.

Para ello organizó la gran expedición que, desde Babilonia, llevó a cabo por Asia Central hasta las regiones más orientales del Imperio, más allá del río Indo. En el año 331 a. C., el ejército macedonio invadió Persia entrando fácilmente a Susa, capital elegida por el Gran Rey Darío I, mientras que el vencido monarca persa Darío III huía hacia el interior del territorio persa en busca de fuerzas leales para enfrentar nuevamente a Alejandro.

Alejandro procedió cuidadosamente, ocupando las ciudades, apoderándose de los caudales persas y asegurando las líneas de abastecimiento. Desde Susa pasó a Persépolis, capital ceremonial del Imperio Aqueménida, donde incendiaron el palacio de la ciudad durante una fiesta. Después se dirigieron hacia Ecbatana para perseguir a Darío. Lo encontraron asesinado por sus nobles, que ahora obedecían a Bessos. Alejandro honró a su otrora rival y enemigo y prometió perseguir a sus asesinos.

– Relieve en terracota con una pareja de músicos (siglo II a. C.-siglo II d. C.): La parte anterior de este relieve de terracota se realizó con un molde de dos piezas, mientras que la posterior se elaboró a mano. Representa a dos niños tocando música, ambos de pie en contrapposto sobre un plinto rectangular. La niña, ataviada con una túnica de manga corta y cuello redondo ribeteado, tañe un arpa que apoya sobre el hombro derecho. Su acompañante toca los címbalos y lleva únicamente un paño en la cintura. Por lo demás, ambos están tocados con exuberantes coronas. Originalmente el relieve estaba pintado: se han encontrado huellas de blanqueo con cal, restos de pintura roja en la piel del niño y pigmento negro en el fondo. La pieza ha sido restaurada en época moderna tras sufrir una rotura.

Los extranjeros que vivían en Persia se sintieron identificados con Alejandro y se comprometieron con él para venerarle como nuevo gobernante. En su idea de conquista también estaba la de querer globalizar su imperio mezclando distintas razas y culturas. Los sátrapas en su mayoría fueron dejados en su puesto, aunque supervisados por un oficial macedonio que controlaba el ejército.

En el 330 a. C. Filotas, hijo de Parmenión, fue acusado de conspirar contra Alejandro y asesinado junto con su padre (por temor a que éste se rebelara al enterarse de la noticia). Asimismo, el primo de Alejandro, Amintas, fue ejecutado por intentar pactar con los persas para ser el nuevo rey (de hecho, era el legítimo sucesor). Tiempo después hubo una nueva conjura contra Alejandro, ideada por sus pajes, la cual tampoco logró su objetivo. Tras esto, Calístenes (quien hasta ese momento había sido el encargado de redactar la historia de las travesías de Alejandro) fue considerado como impulsor de este complot, por lo que fue condenado a muerte. Sin embargo, él se quitó antes la vida.

– Bajo relieve con un león (Babilonia). Avenida de las Procesiones, época Nabucodonosor II (604-562 a. C.). Las representaciones de leones desempeñaron un papel muy importante en el arte babilonio. El león simbolizaba la fuerza, la valentía y el poder, y los reyes tenían la costumbre de dar caza al león. En Babilonia, este animal estaba muy presente en la vida real, pero asustaba incluso a los dioses y, dado su carácter mágico, vigilaba las puertas de los edificios y el trono de las divinidades, además de utilizarse para amuletos; y de los mitos literarios babilonios, el león pasó a convertirse en una constelación del Zodiaco. El león estaba relacionado la diosa Ishtar, a la que simbolizaba, motivo por el que decoraba la Avenida de las Procesiones que desembocaba en la Puerta de Ishtar, uno de los monumentos más espectaculares de la metrópoli babilonia, en la que podían verse, a lo largo de sus 180 metros de longitud, unos 60 relieves con leones de ladrillos vidriados de colores. En las excavaciones de la Deutsche Orient-Gesellschaft (Sociedad Alemana del Oriente) en Babilonia, desde 1899 hasta 1917, se descubrió la Puerta de Ishtar y la Avenida de las Procesiones con miles de fragmentos de estos ladrillos vidriados que fueron restaurados y reconstruidos en el Vorderasiatisches Museum (Museo del Oriente Próximo) de Berlín.

Uno de sus generales más queridos del último ejército legado por su padre fue Clito, apodado «El Negro», al que Alejandro nombraría antes de este incidente sátrapa de Bactriana. Alejandro, adoptando la costumbre persa de la proskynesis, pretendió ser adorado como un dios. En un banquete, su amigo Clito, cansado de tantas lisonjas y de oír cómo Alejandro se proclamaba mejor que su padre Filipo, le dijo indignado: «Toda la gloria que posees es gracias a tu padre»; incorporándose volvió a gritarle: «Sin mí, hubieras perecido en el Gránico.»

Alejandro, que estaba ebrio, buscó su espada, pero uno de los guardias la ocultó. Clito fue sacado del lugar por varios amigos, pero regresó por otra puerta, y mirando fijamente al conquistador, repitió un verso de Eurípides: «Qué perversa costumbre han introducido los griegos.» Alejandro arrebató una lanza a uno de los guardias y mató a Clito, que se desplomó en medio del estupor de los presentes. Arrepentido del crimen, pasó tres días encerrado en su tienda y algunos afirman que hasta trató de suicidarse a consecuencia de la muerte de su amigo.

Tras su campaña triunfal, regresó a Babilonia, donde murió pocos días después de caer enfermo, a los 33 años de edad. Babilonia, ciudad milenaria, se había convertido en el gran centro intelectual de Mesopotamia y de todo el Oriente al heredar el saber acumulado desde el desarrollo de la escritura cuneiforme, en el III milenio a. C.

Junto a documentos administrativos y textos literarios, entre los que se encontraba el famoso Poema de Gilgamesh, se conservaban antiguos tratados de matemáticas y geometría, todos ellos en escritura cuneiforme y lengua acadia, que precedió a la babilónica. Tras la conquista de Alejandro, se fue imponiendo la griega como nueva lengua culta y para las relaciones internacionales.

– Calendario zodiacal con signos (Uruk, Irak) (siglo II a. C.): Este fragmento de una tablilla que en su día fue mucho mayor incluye en su borde superior un informe sobre un eclipse lunar y debajo el dibujo de la luna, las Pléyades y Tauro (con nota marginal). La parte inferior de la tablilla ―que se puede restituir gracias a piezas similares― enumera en columnas los signos del zodíaco, a los que les corresponden un templo, una ciudad u otros elementos. Se trata de la relación de los astros con las constelaciones y sus poderosas influencias respectivas, que se podían inferir de las tablillas. A pesar de que esta tablilla es relativamente reciente, sus registros en escritura cuneiforme y la utilización de nombres de estrellas antiguos dan fe de la larga tradición astronómica de Babilonia.

. ORGANIZACIÓN MILITAR

El ejército de Alejandro Magno estaba integrado por 35.000 hombres.La mayoría eran infantes, armados con lanza y espada. Alejandro organizó la mitad de su infantería en las llamadas “falanges”, constituidas por filas de soldados en formación cerrada, codo a codo, que quedaban protegidas por sus lanzas o sarissas, de 5 ó 6 metros, dispuestas hacia adelante, formando una barrera infranqueable.

– Conjunto de cascos

Además, un elemento esencial de ese ejército era la caballería, integrada por 5.000 jinetes que habían heredado la habilidad táctica y estratégica del padre de Alejandro, el rey Filipo II. Su hijo contaba siempre con esta caballería excepcionalmente ágil, eficaz y bien entrenada, utilizada para sorprender al enemigo y ponerlo en fuga.

Gran táctico y brillante estratega, Alejandro sabía sacar lo mejor de sus tropas, mejor armadas, entrenadas, mentalizadas y dirigidas que las persas, aunque éstas eran mucho más numerosas, por lo que siempre se impusieron en los campos de batalla, como Issos o Gaugamela.

 

– Casco Calcídico. Taller del sur de Italia (Segunda mitad del siglo IV a. C.): El empleo de cascos calcídicos con esta forma era común sobre todo en el sur de Italia, especialmente en la Lucania occidental. Este ejemplar acaba en punta en la parte superior y posee un protector elevado para la frente. Sobre el casquete había originariamente un soporte para un penacho y diversos motivos ornamentales a los lados. Especial atención merecen las carrilleras en forma de grifo: los cuellos de los animales están fijados al casco por medio de charnelas, y sus largos picos puntiagudos terminan en la barbilla del portador del casco. Las charnelas actuales son añadidos posteriores, por lo que no es totalmente seguro que las carrilleras perteneciesen desde el principio al casco; sin embargo, puesto que las medidas encajan perfectamente, no cabe excluir esa posibilidad.

– Peto de coraza de taller etrusco (350 a. C.): Este peto de diseño anatómico pertenece al tipo de los llamados “petos largos”: por delante protege hasta la mitad del abdomen y, en los costados, hasta el comienzo de las caderas. Era una coraza poco apropiada para los jinetes y utilizada preferentemente por la infantería. La parte posterior (llamada espaldar) se conserva también en Karlsruhe y por ello ha sido posible saber que el peto y el espaldar iban unidos originariamente con tiras metálicas a modo de charnelas: la del costado izquierdo permitía abrir la armadura para que el guerrero pudiera ponérsela o quitársela. Para hacerla más cómoda, la coraza iba acolchada con un forro de tela que se fijaba a unos pequeños agujeros practicados en los bordes.

El fortín de Kurgansol se estableció a fines del siglo IV a. C. según ha evidenciado el estudio científico de las cerámicas y materiales descubiertos en las excavaciones. Entre los distintos hallazgos, destaca el de una bañera de cerámica de tipo helenístico, que supone una innovación exótica en esas tierras de Asia Central. Este hecho permite suponer que Kurgansol debe ser uno de los seis fuertes que Alejandro Magno construyó al norte del río Oxus, en el año 328 a. C., para proteger sus comunicaciones.

 

– Bañera de Kurgansol (Réplica): Uno de los objetos más sorprendentes que cabía encontrar en las inmensas extensiones del Asia Central era una bañera helenística, como la aparecida en el fuerte de Kurgansol, construido por Alejandro Magno para vigilar las comunicaciones entre Bactria y Sogdia. Se trata de una bañera ovalada de cerámica, cuya forma y dimensiones —1,30 m de longitud por 50 cm de anchura y 50 cm de profundidad— son semejantes a las usadas hasta nuestros días. Este elemento de origen helenístico supone una innovación exótica en aquellas tierras, por lo que debió pertenecer al destacamento militar griego que ocupaba el fortín. A pesar de su simplicidad, la bañera muestra cómo elementos de la vida mediterránea penetraron hasta el corazón del Asia Central con Alejandro Magno y el Helenismo, lo que contribuyó a cambiar no sólo el arte y las creencias, sino también las costumbres cotidianas de esos lejanos territorios.

. HELENISMO EN ORIENTE

Tras muchas peripecias y conquistas, Alejandro había invadido la Sogdiana y la Bactriana, se había casado con la princesa Roxana, y llevaría a su ejército a atravesar el Hindu Kush y a dominar el valle del Indo, con la única resistencia del rey indio Poros en el río Hidaspes.

A sus 32 años, su imperio se extendía hasta el valle del Indo por el Este y hasta Egipto por el Oeste, donde fundó la famosa ciudad de Alejandría (hoy Al-Iskandría, الاسكندرية). Fundador prolífico de ciudades, esta ciudad egipcia habría de ser con mucho la más famosa de todas las Alejandrías fundadas por el también faraón Alejandro. De las 70 ciudades que fundó, 50 de ellas llevaban su nombre. Estas ciudades estaban destinadas a estabilizar su poder, asentando a cientos de veteranos de su ejército. La convivencia de estos militares con la población local pronto dio lugar a una interesante cultura mixta greco-oriental, que se desarrolló en esas zonas del Asia Central, tal como evidencian las ricas dedicaciones ofrecidas al templo de Oxus en Takht-i Sangin.

– Ritón. Antigua Nisa (Partia) (Tukmenistán) Siglo II a. C.: Un rhytón o ritón es un recipiente para vino en forma de cuerno con el extremo inferior trabajado escultóricamente (protome). En este caso se representa la figura de una mujer que sostiene en las manos un ánfora boca abajo. Es probable que la mujer llevara una túnica transparente, sujeta a la altura del pecho con una faja. La parte inferior de su torso brota desde un friso hojas de acanto, que decoran la zona de transición entre el prótomo y el cuerpo del ritón.

Con sus acciones extendió ampliamente la influencia de la civilización griega y preparó el camino para los reinos del período helenístico y la posterior expansión de Roma. Fue además gran amante de las artes. Alejandro era consciente del poder de propaganda que puede tener el arte y supo muy bien controlar la reproducción de su efigie, cuya realización sólo autorizó a tres artistas: un escultor, Lisipo, un orfebre y un pintor, Apeles. Los biógrafos de Alejandro cuentan que éste tenía en gran aprecio al pintor y que visitaba con frecuencia su taller y que incluso se sometía a sus exigencias.

. DEL HELENISMO AL BUDISMO

Tras la muerte de Espitámenes y su boda con Roxana (Roshanak en bactriano) para consolidar sus relaciones con las nuevas satrapías de Asia Central, en el 326 a. C. Alejandro puso toda su atención en el subcontinente indio e invitó a todos los jefes tribales de la anterior satrapía de Gandhara, al norte de lo que ahora es Pakistán para que vinieran a él y se sometieran a su autoridad. Taxiles, gobernador de Taxila, cuyo reino se extendía desde el Indo hasta el Hidaspes, aceptó someterse pero los rajás de algunos clanes de las montañas, incluyendo los aspasioi y los assakenoi de la tribu de los kambojas, conocidos en los textos indios como ashvayanas y ashvakayanas (nombres que se refieren a la naturaleza ecuestre de su sociedad, de la raíz sánscrita ashva, que significa ‘caballo’), se negaron a ello.

Alejandro tomó personalmente el mando de los portadores de escudo, los compañeros de a pie, los arqueros, los agrianos y los lanzadores de jabalina a caballo y los condujo a luchar contra la tribu de los kamboja de la que un historiador moderno escribe que «eran gentes valientes y le fue difícil a Alejandro aguantar sus acometidas, especialmente en Masaga y Aornos».

– Fragmento de una escultura – Cabeza de Buda. Kara-Tepe, Bactria (Uzbekistán). Siglo III d. C.: El rostro es ovalado, los labios están curvados en una sonrisa y los párpados superiores caídos. Sobre la frente, se observa un hueco entre las cejas, donde una vez hubo una incrustación, que representa un urna (lunar), uno de los treinta y dos “lakshana” (atributos) del Buda. El rostro está completamente cubierto por una capa de oro. El peinado se representa mediante marcas en forma de media luna, que han sido impresas en todo el cabello y que representan los rizos. En la coronilla figura un ushnisha (moño), otro de los lakshana del Buda. Por detrás de la cabeza sobresale una aureola (mandorla) con rayos, atributo que indica la naturaleza divina del Buda. Los rayos de la mandorla sugieren que debió existir un modelo metálico, cuyos rayos tenían ese aspecto

Alejandro se enzarzó en una feroz contienda contra los aspasioi en la que le hirieron en el hombro con un dardo, pero en la que los aspasioi perdieron la batalla y 40.000 de sus hombres cayeron prisioneros. Los assakenoi fueron al encuentro de Alejandro con un ejército de 30.000 soldados de caballería, 38.000 de infantería y 30 elefantes, lucharon valientemente y opusieron una tenaz resistencia al invasor en las batallas de las ciudades de Ora, Bazira y Masaga, ciudad esta última cuyo fuerte fue reducido sólo tras varios días de una sangrienta lucha en la que hirieron a Alejandro de gravedad en el tobillo.

Cuando el rajá de Masaga murió durante la batalla, el comandante supremo del ejército acudió a la vieja madre de éste, Cleofis, la cual también parecía dispuesta a defender su tierra hasta el final y asumió el control total del ejército, lo que empujó también a otras mujeres del lugar a luchar por lo que Alejandro sólo pudo controlar Masaga recurriendo a estratagemas políticas y actos de traición. Según Quinto Curcio Rufo, «Alejandro no sólo mató a toda la población de Masaga, sino que redujo sus edificios a escombros». Una matanza similar ocurrió en Ora, otro bastión de los assakenoi.

 

 Separador de escenas con amorcillos bajo un árbol (siglo I-III d. C.): Los escultores de Gandhara hicieron confluir concepciones artísticas indias y occidentales a partes iguales en las figuras que se incluyen en este separador de escenas, que en su momento debió servir de adorno para la esquina de un monumento budista: dos figuras semejantes a angelotes, evidentemente derivadas de los amorcillos occidentales pero adornadas con brazaletes y ajorcas indias, posan con sensualidad, adoptando la postura tradicional del motivo de mujeres hermosas que asen con la mano el follaje de árboles que las cubren. Además, están de pie sobre “jarrones de la abundancia”, que se remontan igualmente a la tradición india. Estas figuras semejantes a amorcillos se encuentran en la decoración de edificios de Gandhara —con múltiples variaciones—, dentro de muchos otros contextos.

– Representación oriental del dios griego Atlas

Mientras todas estas matanzas ocurrían en Masaga y Ora, varios assakenoi huyeron a una alta fortaleza llamada Aornos donde Alejandro los siguió de cerca y capturó la roca tras cuatro días de sangrienta lucha. La historia de Masaga se repitió en Aornos, y la tribu de los assakenoi fue masacrada.

En sus escritos acerca de la campaña de Alejandro contra los assakenoi, Victor Hanson comenta: «Después de prometer a los assakenoi, quienes estaban rodeados, que salvarían sus vidas si capitulaban, ejecutó a todos los soldados que aceptaron rendirse. Las contiendas de Ora y Aornos se saldaron de forma similar. Probablemente todas sus guarniciones fueron aniquiladas.»

Sisikottos, que había ayudado a Alejandro en esta campaña, fue nombrado gobernador de Aornos. Tras reducir Aornos, Alejandro cruzó el Indo y luchó y ganó una batalla épica contra el gobernador local Poros, que controlaba la región del Punyab, en la batalla del Hidaspes del 326 a. C.

Tras la batalla, Alejandro quedó tan impresionado por la valentía de Poros que hizo una alianza con él y le nombró sátrapa de su propio reino al que añadió incluso algunas tierras que éste no poseía antes. Alejandro llamó Bucéfala a una de las dos ciudades que había fundado, en honor al caballo que le había traído a la India, y que habría muerto durante la contienda del Hidaspes. Alejandro siguió conquistando todos los afluyentes del río Indo.

Al este del reino de Poros, cerca del río Ganges, estaba el poderoso imperio de Magadha gobernado por la dinastía Nanda. Temiendo la perspectiva de tener que enfrentarse con otro gran ejército indio y cansados por una larga campaña, el ejército macedonio se amotinó en el río Hífasis (actualmente, río Beas), negándose a seguir hacia el este por lo que, este río marca el límite más oriental de las conquistas de Alejandro.

El combate de Poro desmoralizó mucho a los Macedonios, apartándolos de querer internarse más en la India: Pues no bien habían rechazado a éste, que les había hecho frente con veinte mil infantes y dos mil caballos, cuando ya se hacía de nuevo resistencia a Alejandro, que se disponía a forzar el paso del río Ganges, cuya anchura sabían era de treinta y dos estadios, y su profundidad de cien brazas, y, que la orilla opuesta estaba cubierta con gran número de hombres armados, de caballos y elefantes; porque se decía que le estaban esperando los reyes de los gandaritas y los preslos, con ochenta mil caballos, doscientos mil infantes, ocho mil carros y seis mil elefantes de guerra.

– Bodisatva Maitreya (Siglos II-III): El bodisatva Maitreya de pie, con un gran nimbo en forma de disco. Esta figura, procedente de un nicho en una pared, está toscamente tallada en su parte trasera. Conforme a la estricta doctrina del Buda, todos los seres vivos, al igual que él, deben esforzarse por alcanzar su propia liberación del círculo de muerte y renacimiento a lo largo de sus muchas reencarnaciones, incluida la última como personas. Sin embargo, varios siglos después de la muerte del Buda, comenzó a creerse en seres perfectos, que ayudaban a las personas en su camino. Para ello, estos bodisatvas prescinden temporalmente de entrar ellos mismos en el nirvana como un Buda. El futuro Buda Maitreya es hoy uno de estos bodisatvas. Sus adornos nos indican que está presente en nuestro mundo. En este caso, se le ha representado de pie, con las dos piernas firmemente apoyadas sobre el suelo. Su artístico tocado ha sido esculpido minuciosamente con una corona de pequeños rizos y unos mechones recogidos en lo alto formando un moño; idéntica minuciosidad muestran los pliegues de la túnica, las sandalias “occidentales” y la riqueza de sus adornos, que incluyen pequeños estuches portaamuletos colgantes. La mano derecha, que se ha perdido, estaba colocada probablemente en el gesto (mudra) del “¡No temáis!” (abhayamudra), y la izquierda sostiene una botellita decorada, que contiene el agua de la vida. En el pedestal se ha esculpido un relieve en el que se muestra la veneración de los cuencos de limosnas, símbolo del monacato.

Alejandro, tras reunirse con su oficial Coeno, se convenció de que era mejor regresar. Alejandro no tuvo más remedio que dirigirse al sur. Por el camino su ejército se topó con los malios. Los malios eran las tribus más aguerridas del sur de Asia por aquellos tiempos. El ejército de Alejandro desafió a los malios, y la batalla los condujo hasta la ciudadela malia. Durante el asalto, el propio Alejandro fue herido gravemente por una flecha malia en el pulmón. Sus soldados, creyendo que el rey estaba muerto, tomaron la ciudadela y descargaron su furia contra los malios que se habían refugiado en ella, llevando a cabo una masacre, y no perdonaron la vida a ningún hombre, mujer o niño. A pesar de ello y gracias al esfuerzo de su cirujano, Critodemo de Cos, Alejandro sobrevivió a esa herida. Después de esto, los malios que quedaron vivos se rindieron ante el ejército alejandrino, y éste pudo continuar su marcha. Alejandro envió a la mayor parte de sus efectivos a Carmania (al sur del actual Irán) con su general Crátero, y ordenó montar una flota para explorar el Golfo Pérsico bajo el mando de su almirante Nearco, mientras que él conduciría al resto del ejército de vuelta a Persia por la ruta del sur a través del desierto de Gedrosia (ahora parte del sur de Irán y de Makrán, en Pakistán).

Alejandro dejó, no obstante, refuerzos en la India. Nombró a su oficial Peitón sátrapa del territorio del Indo, cargo que éste ocuparía durante los próximos diez años hasta el 316 a. C., y en el Panyab dejó a cargo del ejército a Eudemos, junto con Poros y Taxiles. Eudemos se convirtió en gobernador de una parte del Punyab después de que éstos murieran. Él y Peitón volvieron a occidente en el 316 a. C. con sus ejércitos. En el 321 a. C., Chandragupta Maurya fundó el Imperio Maurya en la India y derrotó a los sátrapas griegos.

. ALEJANDRO EN ESPAÑA

Ya durante la vida de Alejandro surgieron leyendas sobre su persona, pues sus heroicas empresas admiraron a griegos y extraños y las anécdotas que corrían sobre sus hazañas eran innumerables. Tras su temprana muerte, numerosos mitos intentaron narrar sus hechos, considerados sobrehumanos.

En el mundo árabe e islámico Alejandro Magno, llamado Iskander, fue reconocido no sólo como vencedor de los persas, sino como un gran rey benefactor, al quien se le llegó a atribuir la fundación de Cádiz.

Si bien nunca llegó a Hispania, algunos historiadores cuentan que Alejandro pensó en conquistarla. La fama de Alejandro llegó hasta estas tierras, pues en la antigua ciudad de Cádiz se levantó una escultura en su honor.

– Medallón de oro con busto de Alejandro (siglo III d. C.): Anverso: Busto de Alejandro hacia la izquierda con coraza y túnica y con un suntuoso casco adornado con una esfinge y Europa raptada por Zeus en forma de toro. Reverso: Alejandro sobre un caballo encabritado hacia la derecha, ataca con su lanza a un guerrero bárbaro caído en el suelo. En la parte derecha, la leyenda interior, ΒΑΣΙΛΕΥΣ ΑΛΕΞΑΝΔΡΟΣ (BASILEYS ALEXANDROS, “Alejandro, Rey”). El Museo Gulbenkian de Lisboa posee 11 medallones de oro del tesoro aparecido en Aboukir hacia 1902, que incluía 20 medallones, unos 600 áureos y 18 ó 19 lingotes de oro. Otros tres medallones semejantes aparecieron en Tarso, Cilicia, hacia 1860, y fueron adquiridos por Napoleón III para el Gabinete de Medallas de la Biblioteca Nacional de París. El sorprendente hallazgo de Abukir hizo que durante muchos años se discutiera su autenticidad, hoy día generalmente aceptada. En 1906 el estudioso alemán H. Dressel consideró estos medallones como premios (Niketeria) acuñados el 242 d.C. por Gordiano III (238-344) cuando acudió a los Juegos Olímpicos de Beroea (Veroia, Macedonia), en camino hacia su campaña militar en Siria; y C. Vermeule en 1982 los ha atribuido a una acuñación macedonia, quizá de Perinto (actual Eregli, en Turquía), realizada en tiempo de Caracalla (211-217 d.C.) y Alejandro Severo (222-235 d.C.), que conmemoraría las campañas en Siria de Alejandro y la dinastía seléucida. Actualmente más bien se interpretan como manifestación de la profunda admiración de los emperadores romanos hacia Alejandro y también se ha insistido recientemente en el carácter mágico como talismanes que debían tener estas imágenes de rey macedonio.

En la Edad Media su fama corrió por toda Europa y los libros con sus hazañas eran los más leídos después de la Biblia. Uno de los más antiguos poemas de la lengua castellana, el Libro de Aleixandre, que conserva la Biblioteca Nacional, relata en clave heroica su vida. También Alfonso X el Sabio recogió su historia e incluso Don Quijote compara su caballo Rocinante con Bucéfalo, el de Alejandro, considerado el mejor caballo que había existido nunca.

Alejandro Magno es, sobre todo, un modelo para los jóvenes. Su atractivo personal, su mentalidad abierta, su capacidad de esforzarse para lograr las altas metas que se proponía y saberse rodear de los mejores explica sus triunfos y que sirviera el modelo a reyes, príncipes y a cuantos desean triunfar en la vida de modo honroso. Por ello, sus hazañas decoraban palacios reales, como puede apreciarse en tapices, relojes y tantos objetos sobre Alejandro que conserva el rico patrimonio artístico de España.

– Tapiz – Historia de Alejandro: La batalla de Granico (1590). El ciclo de la Historia de Alejandro de Macedonia (356 a C-323 a C), llamado el Grande y considerado uno de los líderes militares más importantes de la Historia por su conquista del imperio aqueménida, fue tejido numerosas veces en las manufacturas flamencas y francesas a lo largo de los siglos XVI y XVII. Su figura fue celebrada tanto por su carácter reflexivo y clemente, como por encarnar al héroe guerrero, joven y enérgico, de incomparable bravura y capacidad militar. Esta magnífica serie bruselense de la colección real española, consta de once tapices, donde se relatan aquellos hechos de la vida de Alejandro que aluden a su liberalidad, valentía, arrojo y conmiseración, virtudes que emularon los monarcas europeos y con las que se identificaron reiteradamente. Los once paños fueron tejidos a finales del siglo XVI en las manufacturas de los principales maestros de Bruselas asociados, Jakob Geubels I, Jan Raes I y Adrian Blommaert, cuyos monogramas aparecen tejidos en los orillos. Asentados por primera vez en el inventario de Felipe IV, también llamado el Grande o el Rey Planeta, decoraron el palacio del Buen Retiro. La riqueza y abundancia de sus hilos metálicos es tal, que realzan y confieren relieve a los numerosos detalles decorativos del armamento y la indumentaria. La influencia estilística de Michel Coxcie (Malinas, 1499-1592) y de la escultura italiana del renacimiento son notorias, por lo que la autoría de los cartones se atribuye a un pintor de la escuela romanista brabanzona. El cartonista de nuestra serie, que consideramos princeps, se inspiró las Vidas paralelas del historiador, biógrafo y ensayista griego Plutarco (50-120 d C). Su Vida de Alejandro es una de las principales fuentes sobre el conquistador macedonio, e incluye anécdotas y descripciones de incidentes que no aparecen en otros autores. Alejandro, en este segundo paño de la serie, se lanza al combate, liderando la caballería a través del caudaloso río Granico, dispuesto a golpear el flanco persa. El caudillo cruzar la corriente y se vuelve para alentar a sus tropas, representadas en segundo y tercer término del tapiz. Esta hazaña, que tuvo lugar al noroeste de la actual Turquía, cerca del emplazamiento de Troya, le abrió las puertas de Asia, tal y como se narra en el capítulo quinto del libro II de la vida y acciones de Alejandro Magno. En primer plano, a la derecha de la composición, las personificaciones del río Granico –dios-río de Misia, hijo de Océano y Tetis—, reclinado sobre una crátera de la que fluye la corriente, y de Adrastea –hija de Meliso, rey de Creta, y hermana de Ida—, cuyo nombre se aplicó a la pequeña provincia de la antigua Misia, limitada por el Helesponto y la Propóntida. Los animales que habitan en la orilla -el lagarto y el armadillo, encabezados por el leopardo y el ciervo, extraídos del bestiario de Joachim Camerarius (1534-1598)— aluden a las conquistas macedónicas y al carácter escarpado y silvestre de la región montañosa de Ida. El ave rapaz, que alcanza en vuelo a su presa, simboliza la primera gran victoria de Alejandro sobre los persas. Las cenefas de flores y frutos con figuras mitológicas –Hércules y Apolo, Diana y Ceres, Anfítrite, Rómulo y Remo, Europa y Marte— son interrumpidas por medallones, que simulan relieves en bronce, con las figuras del arcángel san Miguel luchando contra el dragón, a la izquierda, en contraposición al Hércules luchando con la hidra de Lerma, del medallón derecho. En el centro de la cenefa inferior, figura una cartela paisajística entre cariátides, con emblemas zoológicos extraídos de las Pugnae ferarum,! estampas de Jan van der Straet (1523-1605) editadas en 1580, y el mote latino OMNIBVS INFESTVS [con toda clase de enemigos], correspondiente al emblema XVI de Camerarius, extraído de los Symbolorum et Emblematum editados en Nuremberg en 1590.

~ by lostonsite on 28 abril, 2011.

Arte, Exposiciones

2 Responses to “Cuando bastó una década para conquistar Oriente”

  1. que maravilla todos tus artículos. Completísimos.

    Un gusto, siempre.

  2. Que buen artículo, muy documentado, muy buenas imágenes. Mi enhorabuena.Martariadna

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