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Cuando los mitos sagrados y profanos son de ayer y hoy

ORQUESTA Y CORO NACIONALES DE ESPAÑA
TEMPORADA 2010 – 2011: SÉPTIMO ARTE

CICLO III – CONCIERTO 17
11, 12 y 13 marzo 2011

I.

. JOSEP SOLER (1935)
– Dos poemas para orquesta 2009 (Encargo OCNE)

. FRANZ LISZT (1811-1886)
– Concierto para piano y orquesta nº1, en Mi bemol Mayor
Allegro maestoso
Quasi adagio

Allegretto vivace – Allegro animato
Allegro marziale animato

. FRÉDÉRIC CHOPIN (1810-1849)
– Andante spianato y Gran polonesa brillante, opus 22

II.

. RICHARD WAGNER (1813-1883)
Der Ring des Nibelungen (El anillo del nibelungo). Selección:
Die Walküre (La Valquiria):
– Cabalgata de las vlaquirias del Preludio al Acto III.
Siegfried
(Sigfrido):
– Murmullos del bosque del Acto II
Götterdammerung
(El ocaso de los dioses):
– El amanecer, Interludio del Prólogo
El viaje de Siegfried por el Rin, Interludio del Prólogo
Marcha fúnebre, Interludio del Acto III
Final

 MITOS SAGRADOS Y PROFANOS DE AYER Y HOY

. DOS BOCETOS PARA ORQUESTA

Nacido en la localidad barcelonesa de Vilafranca del Penedès el 25 de marzo de 1935, Josep Soler i Sardà, compositor, escritor, pensador y teórico de la música, está considerado como uno de los autores más importantes de la música contemporánea de España. Junto a su ingente obra musical, destaca una profunda y continua labor ensayística sobre problemas de musicología, estética y pensamiento. Comenzó sus estudios musicales en Barcelona, de la mano de Rosa Lara, para trasladarse en 1960 a París, donde recibió los consejos de René Leibowitz, el famoso compositor y director de orquesta que había sido alumnos de Arnold Schönberg, Anton Webern y Maurice Ravel. Sin embargo, su principal maestro sería Cristófor Taltabull, discípulo a su vez del compositor alemán Max Reger.

Su extensa producción incluye dieciséis óperas, entre las que destacan Oedipus et Iocasta (1972), con texto de Séneca, estrenada en el Gran Teatre del Liceu en 1986, aunque anteriormente había sido interpretada como oratorio en el Palau de la Música Catalana; Murillo (1989), ópera de cámara con texto de Rainer Maria Rilke, o El jardín de las delicias (2004), con texto de Jacint Verdaguer; siete sinfonías, tres conciertos para piano, uno para viola, otro para violonchelo y otro para violín, así como numerosas canciones y música de cámara. Igualmente ha realizado la instrumentación y edición de Pepita Jiménez de Isaac Albéniz o el Llibre vermell de Montserrat.

Josep Soler posee un estilo vigoroso, enormemente personal, destacando en su producción las obras en las que tiene una importante presencia la voz humana. Desde 1982 pertenece a la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi, y en 2009 recibió el Premio Nacional de Música del Ministerio de Cultura “por el equilibrio en su lenguaje entre la gran tradición europea y modernidad”, así como por “su coherencia y honestidad al margen de modas y corrientes, manifestada en su creación continua, que en los últimos años ha producido varios títulos relevantes, así como ediciones y grabaciones discográficas de su obra”.

Acerca de la obra-encargo de la OCNE, Dos poemas para orquesta, escribe su amigo Joan Pere Gil Bonfill: “Junto a un mar joven y respetuoso, ese verano hablábamos con Soler sobre la Décima sinfonía de Gustav Mahler. Otro monumental poema, que alberga todo un recuerdo y que creemos que aún sigue guardándolo si alguien no lo ha usurpado. Allí se gestó el principio de este punto final, aparente, de un complejo grupo de meditaciones, dividido en dos partes, de proporciones casi imposibles de llevar a la escena, aunque fuese repartiéndolo en dos jornadas (…). Estos dos poemas son, en realidad, dos escenas que forman parte de su ópera Jesús de Nazaret, un trabajo de unas peculiares características y de una magnitud descomunal, al igual que la figura de Josep Soler, transmisor y quien lo recrea cerca de la partitura (…).

La obra se abrió ella misma sobre el papel y ella misma ha ido adquiriendo la forma que tiene, hasta nuestros días, tiempo que ya no nos pertenece (…). Interesado por los textos con que Wagner intentó escribir y componer un drama musical titulado Jesus von Nazareth, Soler dejó que las escenas surgiesen según una determinada necesidad, el sentimiento interior que está por encima de las necesidades del mercado. En esta ocasión, estamos hablando concretamente del Preludio a la escena en el palacio de Herodes y la meditación sinfónica, Coronación de espinas, que forman parte del Segundo acto de la ópera. Estas dos escenas, mudas, sin canto alguno, tan solo el rugir de un río de instrumentos que dejaron de tener nombre propio, agudizan ese mutismo donde radica el estado ciego de la palabra, como si un rayo quisiera desgarrar la partitura. Esta extraña coronación, la de la muerte del Enviado, se cierra con una música muy suave en donde renace el llamado Amén de Dresde, conocido por su uso en Parsifal. El sentir general de la totalidad de la obra es la contemplación —la meditación— triste y sin límites de la miseria humana. Un llanto que se va perpetuando a lo largo de la obra. Una música insoportablemente triste, por el destino que le espera (…). Un drama que el compositor jamás podrá ver representado en vida y seguramente tampoco sin vida. La puesta en música de una vida y una muerte, de un judío, de ese oscuro profeta llamado Jesús, ese ingenuo galileo que murió en Jerusalén hace más de dos mil años (…)”.

. DOS OBRAS DE GRAN VIRTUOSISMO PIANÍSTICO

El género del concierto para piano y orquesta no ocupa un lugar muy extenso dentro de la producción de Franz Liszt. Lamentablemente, dos trabajos juveniles no fueron nunca publicados. El padre del compositor dijo de ellos: “Las dificultades para el intérprete son ingentes”.

Los dos conciertos para piano, en mi bemol mayor y en la mayor, respectivamente, figuran sin embargo desde hace muchos años en una posición absolutamente destacada en la literatura de concierto. Ambas obras son plenamente representativas del arte del gran compositor y pianista húngaro, especialmente por su inequívoca mezcla de brillante virtuosismo e irresistible vigor formal, por su cautivador sensualismo sonoro y por la plenitud de sus invenciones, auténticamente románticas.

Ambos conciertos, nacidos en 1848, forman una pareja de obras unidas entre sí como dos hermanas que se complementan mutuamente. Puede decirse que el Concierto núm. 1, en mi bemol mayor, representa el lado más varonil y formalmente más trascendental: cuatro movimientos entrelazados entre sí, pero no únicamente en su aspecto externo, sino que logran su íntima unidad mediante sus relaciones temáticas. El propio Liszt se expresó así acerca de la obra: “La cuarta parte del Concierto, a partir del Allegro marziale, se corresponde con la parte segunda, el Adagio, y es únicamente una insinuante recapitulación del material anterior, ofrecido en un ritmo más acelerado y vivaz, sin contener ningún motivo nuevo… Esta manera de unificar una pieza en su final está justificada desde el punto de vista de la forma sonora. Los timbales y los bajos reanudan la segunda parte del motivo del Adagio, en si mayor. La siguiente figura pianística sólo es la reproducción del motivo entonado en el Adagio por la flauta con el clarinete, del mismo modo que el pasaje final no es nada más que una variante que aparece elaborada, transportando a modo mayor el motivo del scherzo, hasta que, finalmente, el primer motivo, con su nota pedal predominante sobre si bemol, aparece con un acompañamiento de trinos y lleva a la conclusión”.

A pesar de su comentario, Liszt no basó su Concierto en un solo tema principal, si bien dedica al motivo inicial del primer movimiento, que irrumpe con tono marcado y decisivo, el peso de una idea sonora fundamental (Allegro maestoso), que, mediante su retorno al comienzo del finale (Allegro animato) y en la sección final de dicho movimiento, logra combinar y sintetizar la serie de ideas, definiendo así el carácter de toda la obra. Los demás temas también vuelven a ser citados, dentro de la forma de rondó, y siempre a la manera de series. Hay que mencionar, en especial, el tema secundario, de índole lírica y sentimental, en contraste con el enérgico tema principal; la melodía del Quasi adagio que le sigue es presentada primeramente por las cuerdas y desplegada luego en su plenitud por el teclado. Del caprichoso juego de figuras del Allegretto vivace dijo Liszt: “El scherzo en mi bemol menor lo utilicé desde el momento en que entra el triángulo justamente para crear el efecto contrario. En lo que atañe al triángulo, no niego que puede causar extrañeza, sobre todo cuando es tocado con demasiada fuerza y no correctamente”. Esto debió haber sucedido con motivo de la primera ejecución de la obra en Viena, pues el temido crítico musical Eduard Hanslick acuñó la expresión de “Concierto con triángulo”, que, por cierto, no hace ninguna justicia a la calidad musical de esta partitura, la cual culmina con una grandiosa “stretta”.

El Concierto núm. 1 fue estrenado varios años después de su terminación, el 17 de febrero de 1855 en Weimar, con el propio Liszt como solista, y bajo la batuta de Hector Berlioz. Durante mucho tiempo, el pianista y director Hans von Bülow fue el único solista que se atrevió a abordar la obra, por aquel entonces considerada como inejecutable pero que, con el tiempo, ha conquistado una posición duradera dentro del repertorio de los pianistas más consagrados. Está dedicada a Henry Litolff, virtuoso del piano y también destacado compositor, así como, posteriormente, editor de música.

El modelo para su forma arquitectónica es, posiblemente, la Fantasía del caminante, una de las obras para piano más virtuosísticas de Franz Schubert, un autor especialmente venerado por su tocayo magiar, quien realizó diversas transcripciones de sus Lieder y, en 1851, efectuó incluso una versión de esta obra para piano y orquesta, de gran brillantez. Hay que decir que en la citada Fantasía, Schubert se comporta muchas veces en un estilo que parece más propiamente lisztiano que puramente schubertiano.

. ANDANTE SPIANATO Y GRAN POLONESA

Las obras para piano con acompañamiento orquestal ocupan un lugar relativamente pequeño dentro de la producción global de Frédéric Chopin, al igual que sus canciones o su música de cámara. En cualquier caso, sobresale entre ellas, junto a los dos conciertos para piano, el Andante spianato y Gran polonesa, opus 22. En principio, el compositor polaco escribió y estrenó la Gran polonesa, como obra sola, para piano y orquesta. Dicha pieza fue compuesta durante el período de 1830-1831 y, posteriormente, en 1834, su autor decidió precederla por el Andante spianato, para piano solo, a modo de extensa introducción. El músico realizó también otra versión diferente de la Gran polonesa para piano solo, arreglando para teclado el discurso musical en los fragmentos en los que intervenía la orquesta.

El Andante spianato es una página de gran belleza, intimista y recogida, mientras que la Polonesa es brillante, solemne y algo pomposa. Pero también existe una sección central más interiorizada y con ese sentido confesional tan propio de la inconfundible personalidad de Chopin. La parte orquestal es un mero apoyo del solista, sobre el que recae la total responsabilidad de la obra. El Andante spianato y Gran polonesa fue publicado en Leipzig en 1836.

. EL ANILLO DEL NIBELUNGO

Estrenada a modo de ciclo en el primer Festival de Bayreuth entre el 13 y el 17 de agosto de 1876 —aunque el prólogo y la primera jornada, ya se habían representado por separado en el Hoftheater de Múnich, el 22 de septiembre de 1869 y el 26 de junio de 1870, respectivamente, por decisión de Luis II de Baviera, contra la voluntad del compositor, quien quería que las cuatro obras fuesen representadas en su conjunto—, Der Ring des Nibelungen (El anillo del nibelungo) constituye una de las cumbres de la cultura universal de todos los tiempos, y sin duda alguna la obra más ambiciosa de la historia de la música.

Su estreno, con motivo de la inauguración del Festspielhaus, reunió a toda la élite artística y política de la Europa de su tiempo, y fue un verdadero acontecimiento, como lo es cada una de las nuevas producciones de esta monumental serie, en la que Wagner trabajó entre 1852 y 1857 y desde 1869 hasta 1874 (aunque los primeros esbozos datan ya de 1848, con lo cual le dedicó en total veintiséis años de su vida, si bien con interrupciones). Estas cuatro óperas épicas, con las que Wagner pretendía crear una equivalencia alemana a los antiguos mitos griegos, están libremente basadas en figuras y elementos de la mitología germánica, como Das Nibelungenlied (Cantar de los nibelungos) y sagas islandesas como la Edda.

Wagner nos ofrece aquí su máxima obra poética, impregnada de un profundo sentido filosófico: el oro se convierte en una maldición en cuanto es codiciado, y la ambición y la lucha por el poder y el dominio del mundo son incompatibles con el amor abnegado y redentor. Das Rheingold (El oro del Rin) constituye el prólogo de esta tetralogía, a lo largo de la cual hallan expresión y desarrollo estos dos pensamientos de altísimo alcance moral. Su música es, quizá, la que menos ha penetrado en el público y la menos popular, y sin embargo es la clave de todo el ciclo. La mayor parte de los motivos conductores que van desfilando en el transcurso del drama aparecen ya en este Oro del Rin, que cuenta con escenas de tanto efecto como el Preludio, que va surgiendo de la nada a partir de una nota pedal hasta expresar las ondulaciones de la corriente, la bajada al Nibelheim con sus sonoridades de yunque que indican la infatigable laboriosidad de los enanos o la entrada de los dioses en el Walhalla, que se abre con el violento golpe de yunque del dios Donner para disipar las nieblas que permitirán vislumbrar la nueva fortaleza de las divinidades, construida para Wotan por los gigantes mediante unos pactos que finalmente resultarán fatales. Los dioses van ascendiendo hacia allí mediante un puente de arco iris, mientras desde el fondo del agua se oyen los lamentos de las ondinas por haber perdido el codiciado metal que custodiaban al principio de la obra y que les ha sido arrebatado por el enano Alberich —el nibelungo al que hace referencia el título del ciclo—, quien, al renunciar al amor, podrá forjar el anillo mágico que le permita dominar el mundo entero.

El drama y la intriga continúan a través de tres generaciones de protagonistas, hasta alcanzar el cataclismo final en Götterdämmerung (El ocaso de los dioses). La primera jornada, Die Walküre (La valquiria) tiene como protagonista a la hija favorita de Wotan, Brünnhilde, nacida, al igual que sus ocho hermanas, de la relación extramatrimonial con la protodiosa de la tierra, Erda. Nos presenta los amores incestuosos de los dos hermanos welsungos, Siegmund y Sieglinde, hijos asimismo del dios pero en este caso con una mujer mortal, y de los que nacerá al héroe Siegfried, al que encontraremos en la tercera jornada. La célebre Cabalgata es la introducción al Acto III, y acompaña la escena en que las doncellas guerreras llevan a los soldados caídos en la batalla al Walhalla, el paraíso de la mitología nórdica.

Al final de La valquiria, Wotan habrá sumido a Brünnhilde (por haberle desobedecido y ayudado a Siegmund en contra de los deseos de su esposa Fricka, baluarte del matrimonio, quien está cansada ya de las andanzas de su marido, por muy padre de los dioses que sea) en un profundo sueño, del que sólo podrá despertarla el héroe capaz de desafiar el fuego mágico, lo que ocurrirá en el Acto III de Siegfried. En el acto anterior, para revestirse precisamente de ese valor, el muchacho habrá vencido al dragón Fafner, que custodia ahora el tesoro de los nibelungos, y se habrá bañado en su sangre, convirtiéndose así en inmortal –salvo un minúsculo lunar dejado en su espalda por una pequeña hoja de árbol, cuya caída ha sido provocada por el movimiento de la cola del dragón al morir—, permitiéndole además comprender el lenguaje de los pájaros, como podemos apreciar en los llamados Murmullos de la selva, uno de los escasos remansos líricos de todo el ciclo, en el que Wagner se muestra especialmente inspirado a la hora de plasmar toda la exuberancia y el misterio del bosque alemán.

En Götterdämmerung (El ocaso de los dioses), se produce el fatal desenlace, con el enfrentamiento entre el mundo de los dioses y los héroes y la sociedad civil, representada por la corte de los guibichungos. El momento del amanecer sigue al prólogo, en el que las tres Nornas —las Parcas de la mitología germánica— predicen el fatídico destino, y nos presenta a Siegfried y a Brünnhilde en su único momento de felicidad conyugal, que precede al exultante viaje del héroe por el Rin en busca de nuevas gestas y aventuras. Debido a la traición de Hagen, el vengativo hijo de Alberich, Siegfried será atravesado por una lanza durante una cacería, siendo trasladado su cuerpo a los sones de una impresionante marcha fúnebre. Al contemplar el cadáver de su amado, Brünnhilde mandará levantar una elevada pira en su honor en la que se precipitará, cabalgando sobre su caballo Grane, en la escena de la inmolación, en la que vuelven a escucharse todos los motivos principales del ciclo, con una grandiosidad sin precedentes. Las llamas llegarán hasta el Walhalla, provocando así la destrucción de la fortaleza de los dioses, y las hijas del Rin recuperarán finalmente su añorado oro.

. LANG LANG

Lang Lang llena las salas más importantes del mundo y ha sido el primer pianista chino invitado por las filarmónicas de Viena y Berlín y por las principales orquestas americanas. El New York Times lo ha definido como “el artista más de moda en el planeta de la música clásica”.

Comenzó a tocar el piano a los tres años y a los cinco ganó el Concurso Shenyang y ofreció su primer recital. A los nueve, ingresó en el Conservatorio de Música de Pekín, ganó el primer premio en el Concurso Internacional Tchaikovsky de Jóvenes Músicos y tocó los 24 Estudios de Chopin en el Beijing Concert Hall a los 13. Cuatro años más tarde se produjo su lanzamiento internacional interpretando un concierto de Tchaikovsky con la Sinfónica de Chicago.

En 2007 Lang Lang actuó como solista invitado en el concierto de los premios Nobel en Estocolmo. En 2008 billones de personas vieron su actuación en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín, convirtiéndose en un símbolo de la juventud y el futuro de China. Su éxito ha inspirado a millones de niños chinos a estudiar piano, un fenómeno llamado por The Today Show “el efecto Lang Lang”. En reconocimiento a su influencia cultural, The Recording Academy le nombró ese año su embajador cultural en China.

Lang Lang participó en el concierto de apertura del Estadio Olímpico de Múnich con Mariss Jansons, marcando el comienzo de la Copa del Mundo. En los conciertos de clausura de las finales de la Copa de Europa de 2008, Lang Lang tocó con la Filarmónica de Viena bajo la batuta de Zubin Mehta frente al Palacio de Schönbrunn.

Ejerció como embajador mundial de la Expo de Shanghai en 2010 actuando en la ceremonia de apertura y es también representante de la Orquesta Sinfónica YouTube.

Lang Lang ha tocado bajo la batuta de Sir Simon Rattle y con la Filarmónica de Berlín en el Waldbühne, Daniel Barenboim y la Staatskapelle de Berlín en la Philharmonie, y Seiji Ozawa en la gala de apertura del Concierto de Año Nuevo del Centro Nacional de las Artes Escénicas en Pekín.

~ by lostonsite on 13 marzo, 2011.

Conciertos, Música

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