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Cuando se enfrentan religiones

LOS HUGONOTES
GIACOMO MEYERBEER (1791-1864)

TEATRO REAL
Versión concierto

Ficha artística:
Marguerite de Valoir ……………….. Annick Massis
Valentine ………………………………… Julianna Di Giacomo
Urbain ……………………………………… Karine Deshayes
Dos dmas de honor ………………….. Anna Tobella, Gleisy Lovillo
Raoul de Nagis …………………………. Eric Cutler
De Tavannes …………………………… Pablo Martín Reyes
De Cossé …………………………………. Francisco Vas
De Thoré ………………………………… César San Martín
Bois-Rosé ……………………………….. Mikeldi Atxalandabaso
El conde de Nevers …………………… Dimitris Tiliakos
El conde de Saint-Bris ……………….. Marco Spotti
De Retz ……………………………………. François Lis
De Méru …………………………………. David Rubiera
Maurevert ……………………………… Károly Szemerédy
Marcel …………………………………… Dmitry Ulyanov
Un sirviente de Nevers ……………… Anna Tobella
Un centinela …………………………… César San Martín
Tres monjes …………………………… Mikeldi Atxalandabaso, David Rubiera, Károly Szemerédy

Dirección musical …………………….. Renato Palumbo
Orquesta y  Coro Titulares del Teatro Real

. Los Hugonotes.

Fue estrenada en París el 29 de febrero de 1836, protagonizada por Adolphe Nourrit (Raoul de Nangis), Nicolas-Prosper Dérivis (Nevers), Nicolas Levasseur (Marcel), Jacques-Émil Serda (Saint-Bris), Cornélie Falcon (Valentine), Julie Dorus-Gras (Margarita de Valois) y Marie Flécheux (Urbain).

Durante el siglo XIX y principios del XX, Los hugonotes fue muy popular. Desde su estreno hasta 1903, había sido representada más de mil veces en la Opéra de París. Sin embargo, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, la ópera fue perdiendo su popularidad, siendo en la actualidad muy pocas veces representada, optándose por la versión concierto.

La falta de producciones se debe en parte al gran despliegue que requiere; por ejemplo, siete cantantes principales: dos sopranos, una contralto, dos barítonos, un tenor y un bajo. Y el papel de tenor, Raoul, es uno de los más difíciles de cualquier ópera. El cantante debe mantenerse en escena por largos períodos en los cinco actos y su papel está plagado de pasajes de gran dificultad.

Existen varias grabaciones completas, incluyendo grabaciones piratas con la legendaria pareja de Franco Corelli y Joan Sutherland en La Scala de Milán.

La historia de la ópera culmina con la histórica Masacre del Día de San Bartolomé en 1572, cuando miles de protestantes franceses (Huguenots) fueron asesinados por los católicos en un intento por librar a Francia de la influencia protestante. Estos eventos son descritos con rigor histórico. El resto del libreto narra principalmente el amor de dos personajes ficticios, Valentine (católica) y Raoul (protestante).

. Argumento.

– Acto I.
El castillo del Conde de Nevers.

Un corto preludio orquestal, que incluye la cita del coral luterano Ein feste Burg, reemplaza la amplia obertura que Meyerbeer había planeado inicialmente. El Conde de Nevers, católico, está acompañado de otros nobles. Esperan la llegada de Raoul, y se sorprenden al saber que este emisario de la corte es un hugonote. A su llegada, tras un brindis, Raoul cuenta la historia de una bella desconocida a la que ha salvado, y de la que se ha enamorado. Meyerbeer hace acompañar este aria con un solo de viola d’amore. Marcel, sirviente de Raoul, se escandaliza ante el relato, y canta una plegaria protestante (sobre el motivo de Ein feste Burg) y, a continuación, un himno de batalla sobre el asedio de La Rochelle.

La llegada de una misteriosa dama extranjera que viene a hablar con Nevers, interrumpe la reunión. Raoul reconoce a su misteriosa dama. De hecho, se trata de Valentine, prometida de Nevers, e hija del Conde St. Bris, instruida por la Reina para romper su compromiso. El paje Urbain trae a Raoul un mensaje secreto en el que se le solicita que acuda a una cita con los ojos vendados.

– Acto II.
El castillo y los jardines de Chenonceaux.

La reina Margarita canta, mientras se mira en un espejo, la pastoral O beau pays de la Touraine. Valentine entra y relata que Nevers ha accedido a romper el compromiso. Entra el séquito de Margarita, vestidas para el baño, lo que da lugar a un ballet. Entra Raoul, a la que la reina le ordena desposar a Valentine, con el fin de reforzar las relaciones entre las facciones católica y protestante. En la compleja pieza concertante final, el coro de nobles jura amistad, pero Raoul rehúsa el compromiso, creyendo que Valentine es la amante de Nevers. En este punto, los nobles cambian de actitud, y juran venganza, mientras que Marcel reprocha a Raoul que se mezcle con los católicos.

– Acto III.
París, el ‘Pré aux clercs’, en la orilla izquierda del Sena, al atardecer.

Valentine acaba de casarse con Nevers, y permanece en la capilla, rezando. Marcel entrega a St. Bris un desafío a duelo de parte de Raoul. St. Bris decide preparar una emboscada a Raoul, aprovechando el duelo, pero Valentine advierte los planes de su padre. Un vigilante anuncia el toque de queda (anticipación de una escena similar en Los Maestros Cantores de Wagner). Valentine, disfrazada, advierte a Marcel. El duelo es interrumpido por facciones rivales de estudiantes protestantes y católicos, y solo la llegada de la reina calma el caos. Raoul advierte que Valentine le ha salvado, y que sus sospechas contra ella eran infundadas. Sin embargo, ahora ella está casada con su enemigo. Nevers y Valentine se marchan en medio de una espléndida procesión.

– Acto IV.
Una estancia en el palacio parisino de Nevers

Valentine, sola, es sorprendida por Raoul, que pretende tener un último encuentro con ella. Raoul se tiene que esconder tras una cortina, tras escuchar cómo se aproxima gente. Puede escuchar cómo los nobles católicos, acompañados por tres monjes que bendicen sus puñales, juran asesinar a los hugonotes. Solo Nevers no se une al juramento. Se considera esta escena como la más emocionante de la obra, y que contiene la música más dramática. Cuando los nobles dejan la escena, Raoul se debate entre su deber de avisar a sus compañeros, y su deseo de permanecer junto a Valentine, triunfando finalmente el deber sobre el amor. Valentine pierde el conocimiento mientras Raoul se escapa.

– Acto V.

Escena 1: un salón de baile.

Los protestantes celebran los esponsales de la Reina con Enrique de Navarra. El sonido de una campana interrumpe la fiesta, junto con la entrada de Raoul, que advierte que el segundo toque es la señal para que los católicos inicien la masacre contra los hugonotes.

Escena 2: un cementerio junto a una iglesia protestante en ruinas.

Los protestantes se refugian de la matanza. Nevers muere protegiendo a Marcel, que resulta herido. Valentine accede a convertirse al protestantismo para casarse con Raoul, y Marcel oficia la ceremonia. Se escucha el coro de asesinos en la distancia. Marcel tiene una visión del cielo que acogerá a los mártires hugonotes. Los tres entonan el coral Ein feste Burg.

Escena 3: una calle.

Raoul, Valentine y Marcel son sorprendidos, y asesinados por St. Bris y sus hombres, que advierten demasiado tarde que ha matado a su propia hija. La entrada de la reina, acompañada del coro de soldados que canta Dios pide su sangre, pone fin a la ópera.

. Giacomo Meyerber.

Hijo de un acaudalado comerciante de azúcar de Berlín, fue niño prodigio y a los 9 años era ya pianista. Discípulo de Muzio Clementi, que sería uno de sus profesores de piano, desde muy pronto manifestó su atracción hacia el teatro. Sin embargo, halló su propio estilo sólo gradualmente, tras unos inicios convencionales bajo la influencia de su amigo Carl Maria von Weber.

Se le considera el creador del melodrama musical romántico, por lo general basado en un tema histórico y montado de forma grandilocuente, con efectismos teatrales que deslumbraron a sus contemporáneos; se sobrecargaba el escenario de personajes, había escenas de fuerte contraste, desde inundaciones hasta incendios. Es la última variante de la ópera seria: la ópera histórica de vasto aliento conocida como grand opera. Combina con gran habilidad los estilos francés e italiano con meticulosidad alemana.

Ayudó a Richard Wagner durante su estancia en París, si bien el fracaso de éste fue evidente ante un estilo hoy considerado encorsetado que nada tenía que ver con la complejidad dramática del drama wagneriano.

Entre 1836 y el fin de siglo, Meyerbeer fue una potencia mundial en música, estando considerado como el compositor más importante de la vida musical europea, con cifras astronómicas de representaciones. Sus grandes éxitos fueron Robert le diable, Les Huguenots y Le Prophète. Se convirtió en Director General de Música en Berlín en 1842.

Meyerbeer murió en París el 2 de mayo de 1864 mientras trabajaba en su última gran ópera, La Africana, que se convertiría en uno de los mayores éxitos de la historia de la ópera.

– La Grand Opéra: Giacomo Meyerbeer llegó a París, la capital de la música durante el siglo, en el momento preciso, con un puñado de ideas bien dispuestas y grandes ansias de innovación en su intento de redefinir el espectáculo completo, la ópera, desde una nueva perspectiva. El público parisino, de gustos tan impredecibles, acababa de vivir su última gran conmoción con el Guillermo Tell de Rossini, que resultaría la despedida de la ópera de éste, con tan solo treinta y siete años. Salvo Auber, que no cesaba de producir ópera tras ópera dentro de una regularidad de lo más burguesa, y Halévy, que pronto asestaría su golpe maestro con La Judía, el panorama musical francés era desolador, un verdadero desierto de talentos. Proliferaban empero unos musiquillos de tercera fila que fabricaban óperas cómicas a destajo, sin otros propósitos que los meramente lucrativos.

Meyerbeer configuró su estilo definitivo gracias al bagaje que cargaba consigo, y para ello aunó los estilos alemán, italiano y francés en uno solo. Esta mezcla explosiva encontró en él al transcriptor perfecto. Más que una hibridación informe, Meyerbeer practicó una síntesis estilística sin precedentes a la búsqueda de un cosmopolitismo muy de la época, y cuya prueba más clara es Roberto el Diablo (1831), su primera incursión en la grand opéra y, sin lugar a dudas, su primera obra maestra, en la que ya aparecen asentadas las convenciones de la misma: cinco actos muy desarrollados con inclusión de ballet y recitativo; amplios efectivos humanos, en el reparto y en el coro; fastuosos decorados preparados para acoger tanto incendios como inundaciones, así como fuegos de artificio… El éxito de Roberto el Diablo fue tal que contribuyó a hacer de Meyerbeer el compositor más importante del momento (privilegio que mantendría hasta su muerte). Al margen de las sorprendentes audacias de su música, buena parte del impacto de esta truculenta y a la par delicada historia gótica se deben al singular Eugène Scribe, dramaturgo de resonancia europea, el más característico libretista de la gran ópera (suyos son los libretos de algunos de los puntales de la misma: La muda de Portici, de Auber; La Judía, de Halévy; La Favorita, de Donizetti; Las Vísperas sicilianas, de Verdi), que elaboró un libreto con momentos tan irresistibles como la bacanal del tercer acto, con el ballet de monjas malditas que han salido de sus tumbas gracias a la invocación de Bertram, el Rey de los Infiernos. Pero los mejores momentos se encuentran en la parte vocal, de la que destacan dos arias: Nonnes qui reposez (Acto III) y, especialmente, la declaración de amor de Isabelle a Robert, Robert, toi que j’aime (Acto IV).

Su segunda entrega obtendría un éxito todavía más resonante si cabe. Los Hugonotes (estrenada el 29 de febrero de 1836), la ópera más veces representada de la historia (en 1900 ya había alcanzado las mil representaciones en la Ópera de París), es un extraordinario espectáculo de más de cuatro horas duración que encandiló hasta el paroxismo más extremo al público de su tiempo. Algo completamente comprensible tras escuchar tamaño prodigio de extravagancia musical, cuyas mayores inventivas, sin embargo, estaban en la compleja puesta en escena. En el plano argumental, Los Hugonotes pone en escena a lo largo de sus cinco actos el día de la masacre de San Bartolomé, acaecido el 24 de agosto de 1572. El libreto de Scribe (escrito a cuatro manos junto a Émile Deschamps) peca en este aspecto de simplista, lo que malbarata hasta cierto punto la sustancia histórica de la obra. Pero como espectáculo es abrumador. Los personajes principales que por ella desfilan son Marguerita de Valois, Raúl de Nangis, Valentina como la católica enamorada de Nangis, su prometido el Conde de Nevers y el Conde de Saint-Bris, padre de Valentina, entre otros. Si musicalmente la obra abusa en exceso de las soluciones de compromiso propias de la gran ópera, sobre todo en las transiciones, la parte vocal se muestra de lo más seductora, con joyas como Une dame noble et sage (Acto I), O beau pays (Acto II), Je suis seule chez moi (Acto IV) o Ainsi je te verrai périr? (Acto V). La influencia de Los Hugonotes ha sido enorme, y la resolución de algunas de sus escenas, entre la elipsis y el subrayado, ha tenido continuidad en otras óperas, algunas de ellas tan notables como los Diálogos de carmelitas de Francis Poulenc.

~ by lostonsite on 1 marzo, 2011.

Conciertos, Música

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