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Cuando se pinta el silencio

MUSEO NACIONAL DEL PRADO

CHARDIN (1699 – 1779)
Del 1 de marzo al 29 de mayo 2011

Jean Siméon Chardin (París, 2 de noviembre de 1699 – 6 de diciembre de 1779), está considerado como uno de los más importantes pintores franceses del siglo XVIII. Se le conoce principalmente por sus naturalezas muertas y sus retratos. Nació en París, ciudad en la que vivió toda su vida y que apenas abandonó. De origen humilde, en sus inicios tuvo una formación como artesano que el marcó en su pintura y que se manifiesta en esa mezcla de laboriosidad y libertad a la hora de ejecutar sus obras.

No se sabe mucho de su educación antes de 1724. Fue alumno del pintor de historia Pierre-Jacques Cazes, así como de Nöel-Nicolas Coypel. El 6 de febrero de 1724 fue admitido en la Academia de Saint-Luc con el título de Maestro, al que renunció en 1729. Según los hermanos Goncourt, Coypel le pidió que le pintara un fusil en un cuadro de caza, apasionándolo por las naturalezas muertas. Chardin decidió dedicarse a la naturaleza muerta de manera constante en toda su carrera, abordando a partir de los años treinta las escenas del género influido por la pintura holandesa del siglo anterior, y también en sus últimos años, el retrato en pastel.

Es probable que en 1728 dos miembros de la Real Academia de Pintura y Escultura, Louis Boullongne y Nicolas de Largillière, se fijaran en dos de los cuadros que fueron presentados en la Exposición de la juventud (presentaciones libres al aire libre alrededor de la plaza Dauphine y que se realizaban el día de Corpus Christi): Bodegón con gato y raya (La raya) y Bodegón con gato y pescado (El buffet) son esas dos obras maestras que le dieron el título de académico el 25 de septiembre de 1728, «en el talento de los animales y las frutas», es decir el nivel más bajo de la jerarquía de géneros (históricos, retratos, paisajes, marinas, flores y frutos) que regía la Academia Real Francesa.

– Chardin – La Raya (1725-1726)

La raya será objeto de admiración y fascinación unánimes desde el siglo XVIII. En el cuadro, la raya destripada y colgada de un gancho en el centro del cuadro domina la composición. Chardin coloca a la derecha objetos de la vida cotidiana; el mundo inanimado; jarra, cazuela, cuchillo…. En el centro, preparados para proceder a cocinarlos hay dos pescados y la raya que da título al cuadro. Como si se tratase de la imagen de un fantasma, la raya aparece con un rostro casi humano, triste y un cuerpo descuartizado, esperando su destino final. A la izquierda, sobre la piedra desnuda, sin cubrir por el mantel, se dispone el mundo vegetal y animal, en el que destaca un gato joven, uno de los escasos animales vivos que pintó el artista. El momento instantáneo que ha captado el pincel, muestra el gato que ha saltado sobre la mesa, al olor del pescado. La mezcla del animal vivo con los peces muertos entraña cierta inquietud y rompe el silencio de la composición. La mirada ansiosa del gato que va a darse un festín con las ostras preparadas para otra mesa revelan al gourmet que va directamente al manjar. No es el único gato ávido de ostras que ha pintado Chardin. El propio Matisse, un siglo más tarde, copió este cuadro para descubrir los secretos del maestro. El crítico Denis Diderot fue el primero en intentar descubrir la aparente contradicción del cuadro, su secreto, al preguntarse cómo el talento podía salvar el rechazo de ciertas cosas repugnantes, cómo hacer bello lo que se considera feo. Henri Matisse realizó copias de esta obra en 1896, junto con su otra obra El buffet. En ambos cuadrosChardin representó un animal vivo, lo que constituye un modelo muy raro para Chardin pues pintaba muy despacio, corrigiendo continuamente lo realizado, lo que no es conveniente para la pintura de animales vivos. Es probable también que temiera la comparación con los dos maestros «en el talento de los animales» de la época: Alexandre-François Desportes (1661-1743) y Jean-Baptiste Oudry (1661-1755). Oudry le había precedido en la Academia Saint-Luc (1708) y en la Academia Real (1717)

– Chardin – Bodegón con gato y pescado (1728) y Bodegón con gato y raya (1728)

La corriente naturalista dentro de la que se inscribe Chardin convivió en Francia, durante el siglo XVIII, con el rococó. El protagonista de los lienzos de Chardin es el objeto; objeto que varía y cambia su papel según la composición y su relación con el resto de los elementos figurados. Se ha dicho que Chardin es el pintor de la burguesía, representada en escenas con figuras de la década de 1730 y en las que los personajes aparecen rodeados de objetos cotidianos que forman parte de su entorno. Sus bodegones están compuestos con utensilios queridos por el pintor que formaban parte de su intimidad y de su vida privada y de los que se serviría constantemente para elaborar sus pinturas. Son muy pocos los dibujos preparatorios que se conocen, un hecho que encaja con los peculiares métodos del maestro. Mariette, en su texto Abécédario, comentaba que el artista tenía que tener continuamente bajo sus ojos el modelo, desde el primer esbozo hasta el último toque. También procede de Mariette la noticia de que Chardin vendía sus cuadros mejor que otros artistas dedicados a géneros más prestigiosos, como la pintura de figuras. Este óleo participa de la estética holandesa que impregnó las primeras composiciones de Chardin, en las que el artista adaptó a su gusto temas y formatos nórdicos. El Bodegón con gato y pescado está firmado y fechado en 1728. Tanto Bodegón con gato y pescado y Bodegón con gato y raya están compuestos con un esquema sencillo —una encimera de piedra sobre la que se van alineando los animales, el almirez, las ostras, el salmón, las hortalizas y la loza— que se quiebra en su horizontalidad con los pescados colgados de los ganchos. El rico colorido, aplicado con generosidad de pasta y delicados toques repartidos por toda la superficie, da una imagen fidedigna y llena de honestidad visual. La gama de blancos, que Chardin utiliza aquí para las escamas del pescado y las pieles de los animales, sería admirada por pintores de la generación siguiente como Descamps.

 

– Chardin – Cuenco de ciruelas con melocotón y jarro de agua (1728-1730)

El cuenco de ciruelas ha sido a menudo fuente de inspiración para Chardin. En cambio, el jarro de agua con su montura de plata es único en su obra. La decoración de mariposas está directamente inspirada en los aguamaniles de porcelana de China de la dinastía Qing, periodo Kangxi (h. 1700-1710).

– Chardin – Liebre muerta con petaca de pólvora y zurrón y (1728-1730)

Este cuadro refleja los difíciles inicios del pintor cuando, según narran sus biógrafos, decidió pintar este tema como si fuera la primera vez que veía este animal.

– Chardin – Liebre muerta con fusil, zurrón y petaca de pólvora (1728-1730)

Chardin expuso este cuadro en el Salón de 1753, a pesar de que lo había realizado casi un cuarto de siglo antes. Pasó a pertenecer a su amigo, el pintor Joseph Aved (1702-1766). Se distingue por el trozo de paisaje, una rareza dentro de la obra de Chardin.

– Chardin – Un pato de cuello verde atado al muro y una naranja amarga (1730)

Parece evidente que Chardin pintó esta obra siguiendo su método habitual, es decir, a partir del modelo, del natural. La variedad de grises del vientre y de las alas del ave, la delicada sutileza con la que Chardin ha sabido reproducir el plumaje y las cuatro manchas de color rojo anaranjado de las patas del ave, del pico y del fruta, dan ritmo a la composición y consiguen un equilibrio perfecto. En el cuadro se disponen todos los ingredientes necesarios para cocinar uno de los exquisitos platos de la cocina francesa: pato a la naranja. Tal vez este cuadro debía acompañar como pareja pictórica el cuadro Liebre muerta con zurrón y petaca de pólvora. Chardin se distinguió de los pintores de su generación en el empeño que mantuvo a lo largo de su vida en retratar únicamente lo que tenía delante de los ojos, en pintar según el modelo.

– Chardin – Naturaleza muerta con costillar de cerdo (1730)

Se trata de uno de los primeros intentos del artista y uno de los más logrados en un género que resulta nuevo para él, los interiores de cocina con sus utensilios y víveres. Salta a la vista la influencia de los bodegones holandeses del siglo XVII, de los que había muchos ejemplos en las colecciones parisinas.

En 1731 Jean Siméon se casó con Margarita Saintard, siete años después de haber firmado un contrato de matrimonio con ella. Su padre murió poco después y su hijo Jean Pierre nació en noviembre. Ese mismo año bajo la dirección de Jean-Baptiste van Loo (1684-1745) participó en la restauración de los frescos de la galería Francisco I de Francia del Palacio de Fontainebleau. Cuatro años más tarde fallecería su mujer Margarita.

– Chardin – Dieta de carne (1731)

Los títulos de los cuadros Menu de gras y Menu de maigre, quizás puestos por el propio pintor, hacen referencia al mardi gras (martes de carnaval) que precedía a los cuarenta días de la Cuaresma, observancia religiosa universalmente representada en el siglo XVIII. Chardin coloca con sumo cuidado, y en mesas de piedra, los utensilios habituales de cocina, y la comida de los días de carne (un trozo de carne de buey, riñones crudos, contenedores de vino), y de los días de vigilia (caballas, huevos, ajetes).

Chardin – Naturaleza muerta con una jarra de loza y dos arenques (1733)

En este cuadro aparecen numerosos elementos que Chardin dispuso sobre la alacena con un gran cuidado. Chardin suele utilizar una y otra vez los mismos objetos en distintas pinturas. El caldero de cobre aparece también en el cuadro de La raya aunque en diferente ángulo, y en muchas de sus composiciones. Asimismo, la repisa de piedra con la  hornacina también es pintada en otros cuadros. En muchas ocasiones, Chardin se permite la licencia de que algún elemento sobresalga de la mesa. En este caso, una cereza cuelga del borde para dar movimiento a la composición y crear mayor profundidad. Respecto a las naturalezas muertas de la década de 1720, el pintor utiliza una ejecución más jugosa y unos empastes más densos. Es una composición triangular un tanto diferente al resto de las creadas por Chardin, más luminosa y menos austera, a la que se pueden aplicar las palabras del crítico francés Diderot “Chardin, lo que mezclas en tu paleta no es el blanco, el rojo, el negro, sino la sustancia misma de los objetos. Es el aire y la luz lo que coges en la punta de tu pincel y los fijas en la tela”.

A partir de 1733, Chardin toma una decisión fundamental al introducir la figura humana en sus obras. Las razones de tal transformación fueron tanto artísticas como económicas, ya que los cuadros con figuras producían ingresos superiores a las naturalezas muertas. Chardin se dio cuenta de que no podría vender eternamente bodegones. Necesitaba ejercer en otro arte. Mariette, un contemporáneo de Chardin, cuenta en su Abecedario que Chardin habría comentado a uno de sus amigos, Joseph Aved (1702–1766), que un salario incluso pequeño era siempre de agradecer por un retrato aunque el artista no fuera muy conocido, Aved le habría contestado : « Sí, si un retrato fuera tan fácil de hacer como una salchicha. »

Chardin temía además, que pintando sólo objetos inanimados y poco interesantes, se cansasen de sus producciones y que pintando animales vivos, quedara muy por debajo de Desportes y Oudry, dos competidores temibles cuya reputación ya estaba establecida.

Chardin se inició en las “scènes de genre” (pintura representando escenas domésticas), lo que no fue fácil para él. Los clientes de la pintura del siglo XVIII querían sobre todo imaginación, que era la facultad que más faltaba a Chardin. Tenía dificultades para componer sus cuadros lo que se explica, en parte, porque cuando, tras largas y pacientes investigaciones, una estructura le convenía la reutilizaba en varias obras.

Con frecuencia en los cuadros de género de Chardin, los motivos son niños o mujeres que el artista capta mientras realizan tareas domésticas, o en el caso de los niños, mientras aprenden o juegan. Los cuadros de niños, en lo s que paarecen concentrados y ensimismados, hacen de Chardin un intérprete extraordinariamente sutil y sensible del mundo infantil.

– Chardin – La tejedora (1733-1734)

Esta pequeña composición y su pareja, Un joven alumno dibujando, fueron expuestas en el Salón de 1738, y en 1745 fueron adquiridas para el príncipe Adolfo Federico de Suecia.

– Chardin – Pompas de jabón (1734)

Chardin hizo varias versiones sobre este tema, muy popular en su época, un joven haciendo pompas de jabón. Las variaciones entre estas versiones son escasas, limitándose a pequeños cambios de algunos elementos menores. El joven protagonista del cuadro Pompas de jabón,  que es el único que presenta una composición vertical, está absolutamente concentrado en la tarea de elaborar esa pompa de jabón que quiere hacer cada vez más grande hasta que explote y desaparezca, pero el pintor decidió eternizar el instante de la existencia del elemento efímero, así como mostrar el esfuerzo del joven en esa dedicación inútil y la atenta mirada del pequeño que asoma a la derecha. Mariette cuenta que la primera escena de género que pintó Chardin era una cabeza de joven haciendo pompas de jabón que lo había pintado del natural y que se había propuesto darle un aire espontáneo. Chardin libera a las escenas de género de cualquier carácter anecdótico, simplemente muestra un momento de la vida de una persona normal. La prueba de que no pretende analizar las costumbres de su época es que apenas varía de temas y multiplica las réplicas de sus cuadros como en este caso. En 1867, Manet pintó un cuadro titulado Pompas de jabón, actualmente conservado en la Fundación Gulbenkian de Lisboa, que se inspira directamente en las composiciones de Chardin.

– Chardin – Un joven alumno dibujando (1733-1734)

Sentado en el suelo con las piernas ligeramente abiertas, un joven dibujante visto de espaldas, apoyado en su carpeta, copia a sanguina un desnudo académico clavado en la pared, también a sanguina. Según afirma su biógrafo, Cochin, Chardin copiaba así los desnudos académicos en el taller de su maestro, Pierre-Jacques Cazes (1676-1754).

– Chardin – Caldero de cobre rojo estañado, pimentero, ajete y tres huevos (1734-1735)

Los cuadros pintados sobre tabla por Chardin son escasos. En este, todos los objetos hacen alusión a la cocina. El pintor los acerca al primer plano para que cobren monumentalidad, en contraste con el reducido tamaño de la tabla. Tanto en este cuadro como en otra versión que existe sobre el mismo, las radiografías muestran que Chardin ha pintado sobre fragmentos de composiciones preexistentes.

– Chardin – Dama tomando té (1735)

Este cuadro tiene en el reverso la siguiente inscripción: C’est tableau a été fait en février 1735 (“Este cuadro se hizo en febrero de 1735”). Su esposa, Margarita Saintard, con la que se había casado cuatro años antes, muere el 13 de abril de ese mismo año, 1735. Todo indica que esta dama es ella misma. Era diez años más joven que el pintor por lo que solo tenía 25 ó 26 años. Es una pintura intimista que muestra un momento de reposo del ama de casa, que aparece pensativa. ¿Presentirá ya la cercanía de la muerte?. La joven aparece ausente, fuera del tiempo, inmóvil, absorta en la contemplación del vapor que sale de su taza de café, sumida en sus ensoñaciones. Ningún otro artista de su siglo logró pintar con tanta dulzura y ternura, sencillez y pudor, la complicidad amorosa entre un pintor y su modelo. Los espacios en las obras de Chardin son ambiguos, no se distingue qué tipo de habitación se encuentra la mujer, sólo retrata una mesita lacada en rojo con el cajón entreabierto y un poco del respaldo de la silla de madera. La mesa, la silla, la tetera y la taza aparecen en otros cuadros de Chardin. Son objetos que tiene en su casa, pues él no inventa, pinta del natural. El inventario de los bienes de Marguerite menciona una tetera de terracota de Flandes, y una mesa de servicio de laca, seguramente la que se encuentra representada en este cuadro.

– Chardin – El Mono pintor (1735) y El Mono anticuario (1735)

Este cuadro y su pareja (El mono anticuario) muestran un Chardin divertido e irónico. El mono pintor se aplica en la tela colocada sobre el caballete y mira hacia el espectador, somo si fuera a pintar un retrato, mientras que el mono anticuario se detiene en estudiar una medalla o una miniatura con una lupa. Estas obras son una especie de respuesta francesa, en la tradición de Watteau, a las monerías (singeries) flamencas al estilo de Teniers, que estuvieron muy de moda en París a lo largo del siglo XVIII.

 

– Chardin – La joven maestra de escuela (1736)

Se conservan tres versiones de este tema. Una de estas escenas formaba pareja con Joven haciendo pompas de jabón y otra con  El niño de la peonza. Estas parejas se explican por la intención del pintor de oponer el mundo infantil de los juegos y la ociosidad al del aprendizaje y el trabajo, pero no hay moraleja, sino la constatación de la necesidad de ambas actividades. Chardin vivió en el siglo de la Ilustración o de las Luces, el siglo en el que se proclama la Razón frente a la intransigencia y se empieza a vislumbrar la necesidad de la educación en todos los ámbitos. Es el siglo en el que la infancia y la mujer empiezan a ser valoradas por sí mismas. La composición de este cuadro está formada por dos figuras que se encuentran en un espacio ambiguo. Solo aparece parte de las dos niñas y parte de una mesilla con dos puertas que se abren con llave. Es una escena extraña en la que la joven maestra señala con un puntero los papeles en los que se supone está escrito lo que quiere enseñar a  la pequeña. Ambas están de pie, la mayor de perfil y la pequeña de frente. Como todos los personajes de Chardin, están concentradas en lo que hacen, nada las distrae… ninguna anécdota rompe la magia. Los tocados de las dos niñas están realizados con una gran maestría, donde las manchas de color contrastan con la delicada armonía de los blancos, azules y amarillos de los vestidos.

– Chardin – La Tabaquera (1737)

En esta naturaleza muerta los objetos ya no son tan cotidianos; no son utensilios de cocina ni manjares, ni mucho menos animales muertos. Este cuadro es de unos años en los que Chardin estaba ocupado en pintar ‘escenas de género’, pero en ningún momento abandonó la realización de bodegones o naturalezas muertas que fue el género que le dio fama y que le permitió alcanzar su exquisita técnica. En el inventario de las posesiones del pintor de 1737, realizado tras la muerte de su primera esposa, se puede leer: una tabaquera de madera de palisandro con cerradura y asa de acero forrada de satén azul, equipada con dos pequeños cubiletes, un embudo pequeño, un portavelas y un apagavelas, un mechero, cuatro pequeños tubos de pipa, dos paletas pequeñas, todo de plata, dos frascos de cristal cada uno con su tapa y cadena de plata, dos botes de porcelana de colores. Todo el conjunto valorado como joya, 25 libras.
Se desconoce si Chardin fumaba o no, pero gracias al inventario, se puede asegurar que poseía estos objetos. Por la forma de aplicar la materia, es un cuadro muy próximo a La niña jugando al volante, por lo que se puede fechar en el mismo año: 1737. Las sombras alargadas de los objetos siguen la misma dirección que la larga pipa, una diagonal perfecta que hace dirigir la mirada de izquierda a derecha y observar cada uno de los objetos de la composición.

– Chardin – El joven dibujante (1737)

Chardin había abordado el tema del joven dibujante unos años antes de pintar esta obra en su cuadro Un joven alumno dibujando (1733). En ese cuadro, el joven aparece sentado, de espaldas al observador, en actitud muy diferente a la que representó en este cuadro. Aquí muestra un personaje ausente, silencioso, quieto… es un adolescente tranquilo y elegante con el tricornio puesto y un gran lazo negro sujetando su pelo largo. A Chardin le interesa el equilibrio de la composición, un equilibrio perfecto y riguroso, pero también la armonía de los colores, los blancos lechosos, la mancha negra del tricornio, los azules del mobiliario y de la hoja de papel donde el joven artista ha dibujado una cabeza de anciano, algo caricaturesca, así como la cinta roja de la carpeta de dibujo. También le interesa el análisis psicológico de su modelo, reclinado con elegancia sobre la mesa. La expresión de satisfacción y también de cierta inquietud del joven dibujante que contempla su dibujo mientras afila su portatizas, otorga a la escena esa sensación de quietud serena que caracteriza al artista. Al igual que muchos de los modelos retratados por Chardin, el joven no muestra sus ojos, sino que mira hacia abajo, concentrado, absorto en su acción… nada le distrae. Esa es la grandeza de Chardin, que ha sabido captar el momento eterno de esa acción efímera.

– Chardin – El niño de la peonza (1737-1738)

Este cuadro fue encargado por Charles Godefroy, joyero y banquero, padre del modelo, Auguste-Gabriel (1728-1813). El muchacho, peinado con gran elegancia, perfectamente vestido al estilo francés, con las mangas con vuelta, contempla una peonza  -único elemento móvil de la obra-, mientras que ha dejado a un lado una pluma de oca y un rollo de papel, así como sus libros. Del cajón entreabierto del mueble sobresale un portatizas, le mismo que el del Joven dibujante.

– Chardin – La niña del volante (1737)

Es una escena de género, esto es, una pintura que representa una escena doméstica, que denota influencia de los flamencos. Se ha representado a una criatura abstraída en su mundo de juegos. En este sentido, refleja el interés que despertó en el siglo XVIII el mundo infantil, como se refleja en las obras de Jean-Jacques Rousseau. La muchachita sostiene el volante de su juego de raqueta y ha quedado ensimismada, ajena a todo lo que le rodea. El artista no intentó en ningún momento dar sensación de movimiento. La niña completamente inmóvil, la mirada fija, posa reflejando con su actitud la vigilancia permanente de la que es objeto, pero no pierde la naturalidad. Caracterizan a esta obra su delicadeza. Al igual que ocurre en El niño de la peonza, Chardin refleja aquí a «una criatura, próxima a la naturaleza, inocente y auténtica», que permanece allí donde nadie la inquieta: en el paraíso perdido de la infancia.

– Chardin – La gobernanta (1739)

La gobernanta se presenta en el Salón de 1739 y recibe una muy calurosa acogida. A la izquierda aparecen abandonados los juegos del niño que se prepara para ir al colegio. La crítica del periódico Le Mercure de France, en diciembre de 1739, señala: la afabilidad, la dulzura, la moderación de la gobernanta en su forma de reñir al muchacho por su aspecto sucio, por el desorden y por su negligencia; la atención que le presta este último, su vergüenza y su sentimiento de culpa se expresan con muchísima ingenuidad.

Chardin fue presentado en 1740 a Luis XV de Francia en Versalles por Philibert Orry, superintendente de los edificios del rey (Surintendant des Bâtiments du Roi, equivalente a un ministro de cultura actual) e interventor general de finanzas. Chardin, para la ocasión, ofreció dos cuadros al rey, La bendición y La madre laboriosa. Fue la única vez que Simeón Chardin coincidió con Luis XV. Ambos cuadros fueron olvidados diez años después de la muerte de Luis XV y redescubiertos en 1845, revalorizados por los gustos de la burguesía del siglo XIX, que apreciará la representación de las virtudes burguesas (honor, orden, ahorro) en contraposición al presunto libertinaje general de la nobleza. En estos cuadros aparece un cambio en la evolución del pintor.

– Chardin – La bendición (1740)

Se decía que este cuadro decoraba todas las casas de Francia en el siglo XIX, así como los calendarios de correos. Sin embargo, en el Salón, no llamó la atención.
En La bendición, Chardin representa un austero comedor, cuya única decoración es una balda de madera con objetos de menaje. Los blancos de las telas, el mantel, los delantales, las cofias, los cuellos, en el centro de la composición, destacan con fuerza y atraen la mirada. Las sillas tapizadas en seda de rayas, dan una nota elegante, y el tambor que cuelga de la silla de la niña pequeña contrasta en este mundo silencioso que reflejó Chardin. La escena representa a una madre y dos niñas que se sientan a la mesa preparada para comer. El título indica el momento preciso, la bendición de los alimentos antes de proceder a dar cuenta de ellos. La palabra latina benedicite, bendecid, es la primera de la oración que se dice antes de comer. Los personajes de Chardin nunca muestran alegría ni tristeza, siempre presentan recogimiento, discreción, laboriosidad. El cruce de miradas que existe en esta composición, revela una complicidad entre los tres personajes. La hija mayor reza y mirade reojo a su hermanita esperando que acabe la oración para comenzar a comer, mientras que la pequeña, sentada en la silla baja y con las manos juntas, observa a su madre, que a su vez, le devuelve la mirada con ternura. Chardin mezcla lo profano con lo sagrado y, gracias al triángulo de las miradas, retrata esta escena cotidiana, entrañable y delicada, haciendo partícipe al observador.

– Chardin – La madre laboriosa (1740)

Por primera vez, Chardin retrata un espacio concreto, con una puerta entreabierta, un biombo, parte de un mueble y un curioso devanador de madejas. Aparecen dos personajes de cuerpo entero, una madre y una niña, además de un pequeño perro tumbado abajo a la izquierda. Una joven madre burguesa, con unas tijeras colgadas a la cintura, señala a su hija un detalle de su labor de bordado.
Chardin sabe que el estatus de la pintura de género en el que se representa la figura humana es más elevado que el de la naturaleza muerta. Además estas escenas se grababan en estampas, lo que le reportaría beneficios económicos. Así ocurrió con sus cuadros La bendición y La madre laboriosa. Generalmente a las estampas con escenas de Chardin, se les añadía títulos, frases o versos para explicar lo que se representaba. Quizás Chardin, el pintor del silencio, no estaría de acuerdo con estas aclaraciones. El grabado que de este cuadro publica Lépicié, padre en 1740 contiene unos versos que dicen que la madre está reprendiendo a su hija por estar distraída.

En 1744, con 45 años, Chardin se casó con Françoise Marguerie Pouget (1707–1791), que tenía 37 años. Poco después será protegido por un personaje importante, el marqués de Vandières, futuro marqués de Marigny y director de los Edificios del rey entre 1751 y 1773. Con el rango preciso de Director de los Edificios, Artes, Academias, Jardines y Manufacturas del Rey era hermano de Madame de Pompadour. Como su hermana, apreciaba mucho el talento de Chardin, del cual poseía algunas obras. Será él quien ayude a Chardin para la obtención de una pensión de 500 libras.

A partir de 1748, Chardin volvería a su primer oficio y pintó cada vez más naturalezas muertas. Expuso aún algunas escenas de género pero ya había dejado de componerlas, eran sólo copias de obras anteriores o variantes de éstas.

– Chardin – Naranja amarga, copa de plata, manzanas Api, pera y dos botellas (1750)

Al retomar las naturalezas muertas, el artista no modificó su repertorio: una naranja amarga, una botella, una manzana Api (una variedad de manzana pequeña, dulce, de las más antiguas que existen) y una pera. Elige cada objeto en función de su forma, su color, su consistencia o el modo en que reflejan la luz.

Chardin fue nombrado tesorero de la Academia en 1755. Muy ocupado por sus funciones de tesorero y por la responsabilidad de organizar la instalación de los cuadros para el Salón de la Academia, oficio llamado «tapissier» (tapicero) que le causará varios altercados con Oudry, Chardin cambió poco a poco de estilo. Entre 1755 y 1757, realizó obras en las que multiplicaba y miniaturizaba los objetos, intentando organizar composiciones más ambiciosas en las que dará más importancia a las transparencias; cada vez más le preocupará el aspecto del conjunto, haciendo surgir de una penumbra misteriosa objetos y frutos.

Dos años más tarde, Luís XV le concedió una vivienda oficial en las galerías del Louvre, a instancias del marqués de Marigny, como él mismo se encargó de anotar: « Le comunico con placer, Señor, que el Rey le concede la vivienda desocupada de las Galerías del Louvre tras el fallecimiento de S. Marteau, sus talentos le alcanzaron la esperanza de esta gracia del Rey, estoy muy contento de haber podido contribuir a que le fuera cedida. Soy, Señor, su humilde y obediente servidor. »

– Chardin – Dos conejos muertos con un zurrón y una petaca de pólvora (1755)

La sobriedad domina la composición. La gama sorda de grises y pardos sólo se quiebra por la nota azul de la cinta, el morral amarillo pajizo y el pelaje blanco sucio del vientre del conejo. El artista consigue evocar con pudor y ternura la muerte cruel de estas criaturas inocentes. Como los cuadros de monos, esta obra perteneció al escultor Jean-Baptiste Lemoyne (1704-1778), amigo de Chardin.

– Chardin – Ramo de claveles, tuberosas y guisantes de olor en un jarrón (1755)

Este cuadro es una obra de la época de madurez del pintor. Su sencillez y su verticalidad hacen de él una obra de arte rotunda que se puede fechar hacia 1755, es decir, cuando el pintor mediaba los cincuenta años de edad. Esta pintura sólo representa un jarrón con flores, nada más. El jarrón es de porcelana de Delft, típica de esta ciudad holandesa, se caracteriza por ser blanca y decorada a mano en azul. Se comenzó a fabricar en el siglo XVII a imitación de la que se importaba de China, cuyo precio era muy elevado. Hoy día, la cerámica de Delft sigue teniendo mucha fama. Es un ramo de flores heterogéneo con distintas especies. La libertad con que están pintadas hace difícil su identificación. Hay claveles blancos y rojos, azucenas blancas, quizá también rosas y algunas de otra clase. El clavel reventón rojo que está sobre la mesa, es un prodigio de la pintura. Al otro lado han caído unos pequeños capullos de rosas. Es una composición que se puede reconocer, tanto por el tema como por la forma que está ejecutada, como un claro precedente de las pinturas de flores de algunos impresionistas franceses, especialmente Renoir y Fantin-Latour. Chardin no se había mostrado nunca tan audaz como en esta obra única y magistral: la espontaneidad y libertad de la ejecución, la armonía del blanco y el azul, la luz lechosa y, por encima de todo, la ausencia de cualquier pretensión ilusionista.

– Chardin – Vaso de agua y cafetera (1760)

En el periodo en el que se ejecutó este cuadro, Chardin se encontraba en la plenitud de sus facultades. Esta composición, que asombra por su sencillez, es una verdadera obra maestra debido a la transparencia del vaso de agua, los toques brillantes de la chocolatera, la blancura de las tres cabezas de ajo, la sutileza de esa flor que sobresale de la mesa y sobre todo, la disposición de cada uno de los objetos sobre la mesa. Chardin decía que los artistas se sirven del color pero pintan con el alma y Proust comentó que Chardin le había enseñado a ver la belleza de los objetos domésticos más banales. En este momento de su carrera a Chardin le interesan las transparencias, la luz, las sombras, los reflejos, los brillos, pero sobre todo se preocupa de la visión del conjunto, de la armonía. El aire envuelve a los objetos que salen de la penumbra y en los que incide la luz. La radiografía del cuadro muestra que debajo de la cafetera Chardin había pintado en un primer momento una pirámide de fresas. En el siglo XIX la obra perteneció a Philippe Burty, uno de los descubridores de Chardin, ya que organizó en 1860 la exposición de la galería Martinet que dio a conocer al artista al público parisino.

Su hijo Jean-Pierre, tras la obtención en 1754 del primer premio de la Academia, viajó a Roma para continuar sus estudios. Secuestrado por unos corsarios en 1762 frente a las costas de Génova morirá tras su liberación en 1767.

– Chardin – Mesa de cocina con vinagreras y dos caballas colgadas de la pared (1769)

Este cuadro es uno de los últimos bodegones del artista. Las caballas recuerdan a sus primeros bodegones de 1728 como Gato con trozo de salmón, dos caballas, mano y mortero. Es como si Chardin, a punto de dejar para siempre los pinceles, hubiera querido evocar sus comienzos, cuarenta años antes, y aquel año 1728, el de su entrada en la Real Academia.

La técnica de pintura al pastel, que ya fue practicada por Leonardo da Vinci y Hans Holbein, despegó en el Siglo XVIII gracias, entre otros autores, a los retratos de la familia real realizados por Maurice Quentin de La Tour amigo de Chardin.

En 1760 Quentin de la Tour realizó un retrato de Chardin con esta técnica y lo ofreció en 1774 a la Academia para que ésta festejara a Chardin tras dimitir de sus funciones como tesorero de la Academia. El retrato fue colgado en la sala de sesiones el 17 de enero de 1775 en presencia de Jean Simeon Chardin. A partir de 1770, Chardin se dedicó realmente a esta técnica.

El año 1774 marca otro punto de inflexión en la vida de Chardin, tras la sustitución del marqués de Marigny como Director de los Edificios del Rey por del conde de Angevilliers a la muerte de Luis XV. Las relaciones entre Chardin y el conde de Angevilliers eran muy distintas de las que tenía con el hermano de la Pompadour. Es probable que Chardin tuviera que enfrentarse a un desdén hóstil, sufriendo distintos menosprecios por parte del conde.

En paralelo, tras la muerte de François Boucher (1703-1770), Primer Pintor del rey, el conde hizo dimitir a Charles Nicolas Cochin hijo (1715-1790) (otro protegido de Marigny y amigo de Chardin) de su cargo de Secretario de la Academia y nombró en su lugar a Jean-Baptiste Marie Pierre (1714-1789) al mismo tiempo Primer pintor del Rey y Secretario de la Academia. En este contexto y muy a pesar de sus enemigos, Chardin se impuso como retratista con sus pasteles. Entre 1771 y 1779 expondrá en los Salones distintos autorretratos, retratos de su esposa, distintos cuadros “de expresión” y una copia de Rembrandt.

– Chardin – Retrato de muchacha (1777)

A los 70 años los médicos prohibieron a Chardin pintar al óleo, pues los pigmentos le quemaban los ojos y le provocaban parálisis en los párpados, lo mismo que le ocurriría a Degas un siglo más tarde. Por esa razón comenzó a dibujar al pastel, técnica que al igual que el óleo, dominó y siguió empleando hasta su muerte.  De esta etapa se conservan unos magníficos autorretratos. Retrato de muchacha fue presentado en el Salón de 1777, cosechando críticas muy elogiosas que admiraban el toque libre, hábil y lleno de efecto y la calidez y libertad de ejecución. El hecho de que Chardin al final de su vida se dedicara al retrato, significa que quería subir un escalón más en la escala profesional. Pintó autorretratos y varios retratos de su segunda esposa: Françoise Marguerie Pouget, de Rembrandt y de otros personajes no identificados. En este cuadro se desconoce quién es la modelo, que aparece representada con una cinta azul en el pelo y en su gran escote se esconde tras un chal cruzado sobre el pecho.

El 25 de agosto de 1779, Chardin expuso sus últimos pasteles. Una de las hijas de Luis XV que apreciaban sus obras compró un Jacquet (nombre genérico para el retrato de un joven lacayo). El 6 de diciembre de 1779, a las nueve de la mañana, Chardin murió en su vivienda del Louvre. El conde de Angevilliers negará la concesión de una renta a su viuda, Mme de Chardin que murió el 15 de mayo de 1791 en casa de un familiar.

Chardin en la actualidad nos sigue atrayendo porque en cierto modo es lo opuesto a lo que el arte contemporáneo trata de ser. El arte contemporáneo es muy expresionista, muy violento, incluso agresivo, comprometido políticamente… y todo esto no pertenece al mundo de Chardin. De alguna manera, Chardin gusta al público porque el público también necesita ver el otro lado de cómo se conciben las obras. Por un lado, es un pintor muy sencillo porque lo que pinta no necesita muchas explicaciones, los temas son muy similares, y por otro, esta simplicidad es su grandeza. Es sencillo porque la simplicidad de sus obras consiste en tratar de captar lo grande de cada objeto, de cada figura, lo emotivo de cada objeto, de cada figura y obliga a mirar este objeto con un poco más de atención y contemplar lo que esta obra le transmite al público, al observador, una sensación de paz y de evasión… uno se olvida del día a día al observar los cuadros porque es como un sueño, una forma de soñar. Chardin no fue muy prolífico, aunque su obra se encuentra en diversas colecciones privadas y museos, destacando el Museo del Louvre.

~ by lostonsite on 28 febrero, 2011.

Arte, Exposiciones

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