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Cuando se legan reflejos de la mitología picassiana

PALACIO EPISCOPAL. MÁLAGA

EL LEGADO SABARTÉS
Del 01 diciembre 2010 al 01 junio 2011

En octubre de 1957, unos hombres emprendieron una marcha de 1600 kilómetros para alcanzar el sur de Francia. A bordo de una furgoneta, tardaron veinte días en llegar a la villa La Californie donde residía Pablo Ruiz Picasso. Estos cuatro hombres eran Gabriel Alberca, Virgilio Galán, José Guevara, Alfonso de Ramón, el empresario Francisco Ramos y su hijo y Vicente Serra. Todos le llevaban al maestro -al que terminaron llamando «el abuelo»- un mensaje de admiración y respeto desde su tierra natal. Y el artista agradeció aquella visita con el regalo de varias obras suyas. El encargo lo cumplió su secretario, Jaime Sabartés.

Su apellido da nombre a un extenso legado que incluye cuatro series de litografías y más de 300 libros sobre el autor malagueño. Unos fondos donados a la ciudad gracias a la intermediación de Juan Temboury, el notable malagueño del siglo XX que emerge en la puesta en marcha de iniciativas como la recuperación de la Alcazaba, la modernización del Museo de Bellas Artes o el primer impulso para la creación de un museo dedicado a Picasso en Málaga.

Las escenas taurinas, las mujeres o los personajes mitológicos -en especial, los faunos- desfilan por una colección que ilustra algunos de los asuntos centrales del imaginario picassiano. El «Legado Sabartés» es un reflejo de la mitología picassiana.

– Pablo Picasso – Faunos (1946)

Se trata de variaciones sobre el mismo tema, rostros de faunos, realizados mediante líneas geométricas que se desarrollan en torno a espirales, elementos que vienen a repetirse en distintos grabados de la serie, bien por sí solos o como parte integrante de un paisaje o unas figuras. Junto a las caras, el esquema en espiral aparece colmando la lámina a modo de ojo o de pájaro, según su interpretación. Utiliza el trazo en negro y rojo en la parte central inferior, donde crea una amalgama de líneas en desorden, que resaltan el resto de las formas.

Pertenece al denominado periodo clásico de Picasso en el que recurre de forma constante a la mitología, como en esta serie en la que la triada Fauno, Ninfa y Centauro como representación clásica de la mitología mediterránea.

Se trata del ejemplar 49 de la serie ´Mes Dessins D´Antibes´ y se editó en 1958.

– Pablo Picasso – Antipolis (1946)

Se representa a los tres personajes que se convierten en constantes de esta serie y de este periodo de la posguerra: el fauno, la ninfa y el centauro. El fauno en pie toca el aulós, a la vez que la ninfa, sentada en una roca, sujeta un cesto de frutas con la mano derecha y acompaña al fauno con unas sonajas que sostiene en su otra mano. La pareja de músicos, actuando para el espectador está acompañada por un tercer personaje: el centauro. Este mantiene un tridente como símbolo de su cercanía al mar.

Formalmente ´Antípolis´ presenta una gran sencillez de representación, a base de una línea contínua, fluida, que sube y baja por toda la superficie del papel, reflejando sinuosidades y plenitudes de formas. El fondo, resumido en una simple línea de horizonte, da una sencilla referencia desde la que se exponen los personajes. Quedan algunos recuerdos de la descomposición cubista, que se utiliza, no como análisis de la figura, sino como resumen de la postura, permitiendo austeridad de trazos en la compleja construcción de las figuras.

Del periodo clásico, se trata del ejemplar 49 de la serie Mes Dessins D´Antibes y se editó en 1958.

– Pablo Picasso – Búhos (1946)

Las raigambres cubo-primitivas y su transformación en dibujo de línea continua, simple y limpia, se pueden ver en este caso, en el que se recrean 20 representaciones de buhos en diferentes posturas y planteamientos. El búho es un animal que está presente en la obra de Picasso desde que apareció en su primer grabado ´el zurdo. Este animal se va transformando desde un simple rectángulo con 4 trazos, que marcan garras, cabeza y ojos, hasta una recargada imagen donde se manifiestan numerosos detalles, tales como las plumas de las alas, garras e incluso se esboza el volumen. O quizás el proceso sea al contrario. Lo cierto es que estas variaciones sobre el tema del búho tiene muchos de los sistemas de creación utilizados por Picasso en esta etapa

– Pablo Picasso – La danza (1946)

Escena protagonizada por las tres figuras claves de la serie: el fauno tocando el aulós y bailando, figura femenina también danzando con una pandereta en sus manos y el centauro sosteniendo el tridente por una parte, y por otra un animal marino o pez, respectivamente. El esquema de la composición es de gran simplicidad. El trazo firme y austero delimita las siluetas marcando curvas y espirales, líneas orgánicas. Las figuras se desarrollan en el mismo plano, dando pie al propio dinamismo del conjunto. La línea de horizonte aparece en la mitad inferior, y al igual que en ´Antibes´, sirve de referencia para las figuras. Sobre esta surge una espiral que reproduce las líneas curvas de los cuerpos, entre el centauro y la bailarina, evoca quizás las olas de un posible fondo marino, cuya evocación está presente indirectamente en casi toda la serie.

– Pablo Picasso – El concierto

Escena basada en el trio fauno, ninfa y centauro. En este caso, mientras el fauno toca la doble flauta, de perfil, semiarrodillado (perdiéndose parte de una de las piernas en una línea ondulante, típico recurso de la fotografía o el cine, adaptado a la pintura), la figura femenina sosteniendo el pandero, y el centauro, que apoya el tridente en uno de sus hombros, escuchan al primero y miran al espectador. Aparece también la imagen de un cabrito junto a la mujer, al igual que en otras representaciones de la misma composición. El rostro del centauro y el perfil del fauno nos remiten a la época clásica de Picasso por la figuración clásica y simple a la vez. Las líneas se superponen en negro y rojo, se observa la silueta desdibujada y rehecha de la figura central o femenina, quizás un ensayo en diferentes actitudes, que reflejado igualmente en la litografía le da a ésta cierto carácter de provisionalidad, de continua prueba.

– Pablo Picasso – Fauno (1946)

Fauno en solitario. Se le presenta de busto, a la manera de retrato, pero en composición apaisada, siguiendo fórmulas poco usuales en pintura, pero corrientes en el retrato fotográfico. Composición plana, en la que las líneas que marcan el cuello y centralizan el busto forman el eje del rostro. Sencillez de esquema, trazos limpios.

– Pablo Picasso – Fauno contempla ninfa dormida (1946)

El fauno contempla desde la mitad superior de la obra, dividida por la línea del horizonte, la figura femenina que se extiende paralelamente a ésta. Son trazos monócromos, en negro, casi orgánicos que enlazan el dibujo de la ninfa con el del fauno. Sencillez en la composición, basada en la bidimensionalidad de ésta. Los trazos de la figura femenina se pierden en su parte inferior, es un recurso muy utilizado por Picasso en esta serie, recuerda los planos televisivos en los que las imágenes aparecen cortadas en la pantalla.

– Pablo Picasso – Ninfa contempla una figura masculina durmiendo (1946)

Frente a la tónica general iconográfica, en este caso no aparece ningún elemento que de a la escena connotaciones mitológicas. Una figura femenina de pie, aunque con los trazos de las piernas cortados como una toma cinematográfica, centraliza la imagen. Ésta levanta los brazos de forma simétrica, mientras en la mitad inferior de la composición aparece un hombre dormido, paralelo a la línea del horizonte. Formas planas, líneas firmes y orgánicas.

– Pablo Picasso – Ninfa y Fauno (1946)

La composición se articula en torno a dos figuras enfrentadas, por una parte la femenina de pie, estilizada. Frente a ella el fauno semiarrodillado. Ambos se observan frontalmente, recuerda la figuración egipcia o arcaica que tanto impresionó a Picasso en 1906. Los perfiles, parecen remanentes de la pintura y escultura arcaizante (ley de frontalidad) de la cultura mediterránea. Simplicidad de líneas. El trazo del horizonte nos da una sencilla referencia desde donde se exponen los personajes.

– Pablo Picasso – Ninfa, fauno y cabra (1946)

A la izquierda de la composición monócroma (trazos negros), aparece el fauno sentado tocando el aulós, recuerda los rasgos de las imágenes arcaicas de la cultura mediterránea. Se observan anteriores dibujos de la cabeza del fauno, a manera de boceto. El eje central lo ocupa la figura de la ninfa, que también sentada escucha la música y sostiene la pandereta con una de sus manos. Finalmente cierra la escena una cabra, típico animal mediterráneo. Líneas continuas, simples y limpias que evocan su época cubista en el desarrollo de las posturas.

– Pablo Picasso – Ninfa, fauno y cabritilla (1946)

Composición centrada en torno a la figura de la ninfa. De forma simétrica aparece a un lado la representación del cabritillo, típico animal mediterráneo que suele acompañar a la triada fauno-ninfa-centauro en esta serie. Y al otro, el fauno (cuya cabeza se construye con trazos desdibujados a modo de boceto). Línea continua, monócroma en negro. Sencillez de composición y relación entre los personajes.

– Pablo Picasso – Fauno con aulós (1946)

Se trata de un busto, recreado a base de tres colores (azul, amarillo y marrón) y líneas que marcan sobre el fondo neutro del papel la composición. Las formas se reducen llegando a adquirir las propias manos y flauta un esquematismo desarrollado a lo largo de esta serie.

– Pablo Picasso – Citando al toro con la capa (1957)

El ruedo se articula en tres planos, una figura en primera linea, el torero citando al toro con el capote y otra figura más lejana, en la misma perspectiva que la primera. Se crea una composición triangular que centra las tensiones en el coso, atrayendo la atención del espectador hacia las siluetas claramente delimitadas, a través de un sutil juego de blanco y negro, creando corporeidad. Por último, se esbozan puntos y líneas que articulan el tendido del fondo, visto desde la arena.

Pablo Picasso – El arrastre (1957)

Las figuras están dibujadas libremente, manchas en silueta sin modelado. Estos grabados recuerdan la imagen en negativo empleada en la obra pictórica picassiana desde la segunda década del siglo. En el grabado es un concepto formal, mientras que en las obras con el tema ´Sol y sombra en el ruedo´ (Bloch: 1970), es una convención formal e iconográfica. En este caso, al igual que que en la escena de la muerte del toro, la composición se presenta en primer plano, en ángulo respecto al lejano y difuso graderío, que se pierde como algo imaginario frente a la elocuencia del cortejo que arrastra al animal hacia una oscura puerta.

– Pablo Picasso – Después de la estocada el torero señala la muerte del toro (1957)

El toro herido se resiste en su derrota. Dos toreros a cada extremo de su cuerpo son testigos de su muerte

han delimitado su espacio vital. El matador, ya sólo, necesita un ademán para defenderse, incluso para certificar el rápido final. Otra figura de torero desproporcionadamente grande para el contexto iconográfico, se aleja de la escena, o quizas habría que decir que se presenta ante el espectador, en primer plano.

~ by lostonsite on 7 enero, 2011.

Arte, Exposiciones

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