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Cuando se juega con en el arte

MUSEO PICASSO MÁLAGA

LOS JUGUETES DE LAS VANGUARDIAS
Del 4 de octubre 2010 al 30 de enero 2011

Numerosos artistas, escritores y arquitectos de gran parte de los movimientos artísticos del siglo XX incluyeron entre sus proyectos iniciativas dirigidas especialmente a la infancia que, como en el caso de los libros, juguetes o mobiliario, llegaron a ser editados, fabricados y distribuidos por firmas comerciales. También fueron muchos los proyectos arquitectónicos que llegaron a materializarse, fundamentalmente escuelas, colonias de vacaciones y establecimientos de acogida.

El estudio de los idearios de las vanguardias revela que los artistas adscristos a las mismas intentaron, en ocasiones obsesivamente, implantar sus principios estéticos en la sociedad; es decir, pretendieron lograr que sus ideas impregnaran cualquier actividad cotidiana y, de esa manera, contribuir al origen de un nuevo estilo de vida. De ahí ese interés por el mundo de los niños, que, en contacto con las formas y los conceptos del arte moderno -y también con las ideas sociales que los sustentaban-, los asumirían y aceptarían con normalidad. De esta manera, los niños se convertirían en los artífices de la buscada transformación que, según László Moholy-Nagy, «conduciría al hombre a un disfrute enriquecido de su mundo moderno». 

Sin embargo, estos planteamientos no se dieron de modo aislado. En el primer cuarto del siglo XX se gestaron ideas políticas y sociales que pretendían una ruptura con las fórmulas anteriores y la instauración de nuevas formas de gobierno. Comunismo, fascismo o las democracias surgidas tras la caída de los antiguos imperios centroeuropeos atrajeron a colectivos de artistas que con entusiasmo esperaban que sus propuestas estéticas se trasladaran a la sociedad para impregnar la vida cotidiana y, de esta manera, contribuir al origen del nuevo estilo de vida.

– Juego de teselas y palos de colores (Siglo XIX)

Las nuevas ideas pedagógicas incidían de un modo muy especial en los aspectos culturales de la educación, a la vez que reclamaban nuevos materiales didácticos que permitieran transmitir estos valores a los niños de entonces. La renovación educativa subrayó los valores de la pedagogía científica, de los materiales didácticos y de la dimensión cooperativa del trabajo. Se puede decir que el pedagogo dejó de ser un adulto que modelaba al alumno a su imagen y semejanza para, con esa nueva actitud, posibilitar que el niño existiese como tal. A estas teorías se unían otras de reciente publicación, como los estudios sobre la psicología, muy influyentes también en el arte, que resaltaban la importancia de la niñez en el desarrollo de las personas. Sigmund Freud y sus seguidores ofrecieron ayuda a la pedagogía criticando los sistemas educativos tradicionales, ampliando en el educador el grado de conocimiento del alumno e interviniendo, positivamente, para solucionar los problemas causados al niño durante el proceso educativo.

Por estos motivos, durante estos años arte y pedagogía transcurrieron por caminos paralelos, padeciendo a menudo contradicciones semejantes y compartiendo frecuentemente el mismo destino. Como ejemplos, el Futurismo italiano, que pasó de la colaboración con el régimen de Mussolini al desencuentro, o los artistas de vanguardia rusos, asociados a la revolución bolchevique y luego en muchos casos acosados; o la Bauhaus, primero aplaudida y más tarde perseguida. Entre unos y otros, surgieron múltiples iniciativas destinadas al niño que habría de convertirse en el hombre del siglo XX.

La producción llevada a cabo por los artistas transcurrió por líneas diversas. Así, hubo propuestas que partieron, como las de Josef Lada, del arte popular, considerado por los educadores como elemento pedagógico de primer orden que, por ser transmitido de generación en generación, supone un punto de unión entre el adulto y el niño, al igual que el núcleo de apoyo para la conservación de la propia cultura. Otras, como las de Alexander Rodchenko, Barbara Stepanova o Emmnuel Sougez, se centraron en la aplicación de nuevos tratamientos de la imagen aplicando en sus libros sistemáticamente, la fotografía, el fotomontaje y el montaje tipográfico. Hubo asimismo artistas, como el ruso Vladimir Vasilievich Lebedev y sus colaboradores, que lograron presentar un lenguaje plástico no minoritario que, conjugando el constructivismo y la tradición, posibilitara un mejor acercamiento del arte moderno al mundo infantil. A ellos hay que sumar a autores, entre ellos Pablo Picasso, Paul Klee o Joan Miró, de los que podría afirmarse que crearon obras para los niños como una expresión más de una manera de mirar el mundo.

Con el paso del tiempo, muchas de aquellas aportaciones, tan específicamente ligadas al universo infantil, se consideran hoy ejemplos destacados del mejor futurismo, constructivismo, del surrealismo o de cualquiera de las distintas corrientes plásticas y literarias dominantes en aquellas décadas.

Marionetas, escenarios en miniatura, muñecos, juegos, muebles, libros… Los resultados del esfuerzo por integrar arte y educación fueron muy numerosos. Los juguetes de las vanguardias reunió un excepcional conjunto de objetos que mostró algunos de sus más destacados ejemplos, así como las obras de otros artistas que, sin más pretensión que la diversión, las crearon para el disfrute de sus familiares y amigos. Entre estas últimas se encontraba un coche, “Juguete de madera pintado por Pablo Picasso”, que hizo para su hijo Paulo.

Además de Picasso, Giacomo Balla, Alexander Calder, Fortunato Depero, Marcel Duchamp, Alexandra Exter, Paul Klee, El Lissitzky, Joan Miró, Alexander Rodchenko, Edward Steichen, Oskar Schlemmer, Ladislav Sutnar, Sophie Taeuber-Arp y Joaquín Torres-García son algunos de los artistas más influyentes del siglo XX que se dedicaron a la creación de juguetes de vanguardia. Con el juego como hilo conductor, intervinieron disciplinas tan diversas como las artes visuales, el teatro, la fotografía, el diseño, el cine o la literatura. Respecto a esta última categoría, escritores como Marcel Aymé, Ramón Gómez de la Serna, Rudyard Kipling, Edgar Neville, Vladimir Maiakovski y Jacques Prévert firmaron los textos de algunos de los cuentos e historias para niños del siglo XX.

Los juguetes de las vanguardias mostró diferentes grupos de obras. Por una parte, un conjunto de juguetes y construcciones de finales del siglo XIX y principios del XX planteados con clara intención didáctica. Del mismo modo, presentó una selección de juguetes y libros obra de artistas adscritos a diferentes movimientos como el Constructivismo y el Futurismo, así como a escuelas como la Bauhaus. Estos creadores los idearon para ser producidos en serie y posteriormente comercializados, como los fotolibros de Steichen o los juguetes educativos de Alma Siedhoff-Buscher. Otros, los concibieron como objetos únicos, en ocasiones como regalos para su entorno más próximo. Es el caso de la mesa de televisión que Picasso convierte en un caballito para su nieto Bernard, las marionetas que Klee y Schlemmer hacen para sus hijos o el circo ambulante orquestado por Calder.

– Hermann Finsterlin – Ocho objetos ensamblados (1914), Arquitecturas básicas (1922)

 
Hermann Ludwig Wilhelm Finsterlin (Múnich, 18 de agosto de 1887 – Stuttgart, 16 de septiembre de 1973) fue un arquitecto, pintor, poeta, ensayista, fabricante de juguetes y compositor alemán, adscrito al expresionismo. Inicialmente estudió medicina, física y química y, más tarde, filosofía y pintura en Munich. Arquitecto visionario, jugó un papel influyente en el movimiento arquitectónico expresionista a principios del siglo 20, pero debido a la crisis económica de la época no realizó ninguno de sus proyectos. En 1922 se orientó hacia la Nueva Objetividad, trasladándose a Stuttgart para concentrarse en la pintura y la escritura.

– Hannah Höch – Muñecas DaDa (1916)

Hannah Höch (1 de noviembre de 1889- 31 de mayo de 1978) fue una artista plástica y fotógrafa alemana integrada en el movimiento dadá que utilizó como modo de expresión el fotomontaje, estando considerada como pionera en esta técnica fotográfica. Era la mayor de 5 hermanos y abandonó los estudios a los 15 años para encargarse del cuidado de su hermana. En 1912 comenzó sus estudios de artes gráficas en la escuela de Berlín. Al comenzar la Primera Guerra Mundial ofreció sus servicios en la Cruz roja, aunque pronto comenzó a estudiar con Emil Orlik y en 1915 conoció a Raoul Hausmann con la que tuvo una aventura extramatrimonial con resultados «artísticamente productivos pero con una relación turbulenta». También conoció a Kurt Schwitters que sugirió que se cambiase el nombre de Johanne por Hannah y a Johannes Baader que la llamó «la dadásofa», a partir de este momento se implicó activamente en el movimiento dadá. Una de sus preocupaciones era la presentación de una «mujer nueva» en la república de Weimar y la denuncia de una sociedad machista y misógina. Fue la única mujer que participó en el movimiento dadá participando en la primera exposición dadá en Berlín en 1919 y en la presentación de sus muñecas Dadá en la Feria internacional Dadá de 1920. Tras su paso por el dadaísmo se integró en el Novembergruppe participando en todas las exposiciones del grupo hasta 1931 y se aproximó al grupo De Stijl, en 1937 sufrió la prohibición del gobierno nazi por lo que tuvo que exponer en el extranjero. A partir de los años cuarenta su trabajo se centró en los fotomontajes en color. Entre los temas que abordó se encuentran la androginia y el amor lésbico que lo abordó desde la experiencia personal al mantener una relación con la escritora holandesa Til Brugman durante nueve años entre 1926 y 1935.2 Entre 1938 y 1944 estuvo casada con el pianista Kurt Matthies.

– Otto Morach – La boite a joujoux (1918)

Otto Morach (1997 – 1973) fue un pintor suizo que se formó en la escuela de arte de Berna. Ya a la edad de 20 años se aproximó hacia el color gracias al artista Cuno Amiet. En invierno de 1912 trabajó en la casa estudio «La Ruche» de París, trabajando posteriormente como  pintor y profesor en Berna, desde 1914 hasta 1918. De ahí, se trasladó a Zúrich, donde sería profesor en la Escuela de Artes Aplicadas desde 1919 hasta 1953. En Suiza, el teatro de marionetas tuvo un gran auge en el siglo XX. Se fundó el Teatro de Títeres de San Gallen en el año 1903 y estimulado por la exposición sobre el teatro de Zúrich en 1914, Alfred Altherr crea el Teatro Suizo de Marionetas en la Escuela de Artes Aplicadas de Zúrich. Para este Teatro, Altherr realizaría algunas puestas en escenas de gran interés, como «La boite de joujoux» (La caja de juguetes) de Claude Debussy con  marionetas de Otto Morach, o «El Rey Ciervo» de Carlos Gozzi, con marionetas de Sophie Taeuber-Arp.

  

– Sophie Taeuber-Arp – Rey Ciervo (1918)

  

– Bruno Taut – Dandanah (El palacio de hadas) (1919)

Bruno Taut (1880 – 1938) fue un prolífico arquitecto y publicista alemán, líder del movimiento expresionista, activo durante el período de la República de Weimar. Taut se ha distinguido por su trabajo teórico, escritos especulativos, y numerosos edificios de exposiciones.

En 1919 realizó una maqueta de un palacio de cristal con el nombre de Dandanah, palabra turca también usada por los romanos para expresar algún grado de problema, o alboroto. En este juguete, Bruno introduce por primera vez piezas de vidrio de color para construir la arquitectura. Los juguetes, puzzles y maquetas de piezas de vidrio fueron, debido a su fragilidad, realizados en muy pocas ocasiones, y por la misma razón, muy pocos ejemplos se han conservado, sobre todo en conjuntos completos. Dandanah es el ejemplo más conocido porque revivió las ideas visionarias modernistas de la «Glasarchitectur» defendida por Taut y Paul Scheerbart antes de la guerra. Al parecer, las piezas de vidrio del conjunto estaban destinados a ser utilizados sobre una superficie plana, en lugar de construir en tres dimensiones. El juego venía sin acompañamiento de ningún texto explicativo, o con los créditos del diseñador, fabricante o comerciante.

– Pablo Picasso – Juguete de madera pintado por él (1920), Figura (1935), Caballo (1960)

Picasso realizó varios juguetes para sus hijos, incluyendo dibujos de niños y animales sobre la superficie de cajas de cerillas o recortes de diversos animales de papel. Una vez en que Picasso, que desde edad muy precoz manifestó su extraordinario talento, visitó una exposición de dibujos infantiles dijo: «Cuando yo tenía la edad de estos niños, podía dibujar como Rafael. Pasaron muchos años hasta que pude dibujar como estos niños». 

Picasso gustaba, de cuando en cuando, crear objetos y cuadros para los niños de la familia. En 1920, Picasso pintó de azul un coche de madera para su hijo Paul, mientras que en 1960 crearía para su nieto Bernard, un caballito reciclado hecho con tubos y ruedas. Bernard tenía cuatro años cuando su abuelo Pablo le regaló un caballo de latón pintado de blanco aupado sobre cuatro ruedas y con un enorme ojo pintado en el lateral de la cabeza. Pero no era este el juguete favorito del pequeño Bernard. Como tampoco lo fue para su padre Paul el precioso coche de madera pintado en azul que el artista construyó para su hijo. «Mi abuelo, como buen español, adoraba a los niños y se inspiraba en nuestros juegos. El problema era que cualquier cosa que hacía, cualquier objeto que nos regalaba era ya algo precioso que nos daba reparo tocar, por eso jugábamos poco con ello«.

  

– Paul Klee – Sin Título (Fantasma eléctrico) (1923) y Sin Título (Payaso de grandes orejas) (1925)

Paul Klee realizó numerosos juguetes para su hijo Félix, títeres en su mayoría. Éstos era un obsequio para su hijo y durante varios años estuvo fabricándolos para regalárselos, relacionándose con parte de los intereses de Klee por el mundo infantil y por el mundo del teatro. El teatro de títeres que el artista alemán realizó para su hijo, sin llegar a ser una de las partes más conocidas de su obra, tiene relación con varios de los intereses y de los temas de Klee. Permite un acercamiento mucho más lúdico y accesible a algunos de los rasgos de la obra de Klee como pueden ser la mezcla del humor, lo grotesco, la sátira y la fantasía, la relación de su obra con la creatividad infantil, la influencia de la ópera y el teatro. Todo esto se encuentra en estos personajes que creó a lo largo de una década en la que se asentaba y se producía una evolución importante en su obra.

 

Entre 1916 y 1925, Paul Klee creó los personajes y el decorado de un teatro de guiñol para satisfacer el deseo de su hijo Félix por uno de estos teatrillos. El telón de fondo era una construcción hecha con parte de una tela vieja, en parte pintada, que representaba una iglesia con un gran reloj. Los distintos personajes son una mezcla de títeres entre divertidos y aterradores. Los títeres se fueron haciendo cada vez más fantásticos y a Klee le producía un gran placer desarrollar nuevos personajes que reflejan su gusto por los aspectos nocturnos de la naturaleza.

Los distintos materiales que utilizó en la fabricación de las marionetas, al igual que los que empleó en algunas de sus esculturas, son materiales de desecho de poco valor, aunque hay que considerar que estos muñecos de guiñol, son para un niño, tampoco hay que olvidar que su investigación de distintos materiales fue constante y cercana a la de los dadaístas, con los que tenía cierta afinidad. Entre ellos se encuentran botones, brochas, cajas de cerillas, enchufes, trozos de tela, alambre, metal, cuero, seda, etc. En líneas generales, las cabezas están hechas con yeso y otros objetos que ocasionalmente inspiran el nombre de la marioneta, en el caso de Espíritu eléctrico proviene de los restos de una instalación eléctrica que proporciona los rasgos a su cabeza. Los nombres de los personajes en muchos casos se los ponía Félix dependiendo del papel que solía asignarles en las representaciones, aunque ocasionalmente el nombre es evidente como en las caricaturas.

– Alma Siedhoff-Buscher – Dos muñecas de madera (1924) y Juegos de pelota (1924)

Alma Buscher comenzó en la Bauhaus en 1922. Como todas las estudiantes femeninas comenzó sus estudios de tejer, sin embargo, Alma consiguió convencer a Gropius para que le permitiese entrar en el taller de carpintería, donde podría desarrollar juguetes y otros objetos utilitarios. En 1923, la Bauhaus decidió realizar una «casa modelo» (Haus am Horn), en cuyo equipamiento participaran todos los talleres de la escuela. El mobiliario, por ejemplo, fue diseñado por los alumnos del taller del mueble: Marcel Breuer se ocupó de la sala de estar y un dormitorio, Erich Dickmann los muebles del salón y Alma Buscher realizó la habitación de los niños.

Para su diseño, Alma tuvo en cuenta los principios propagados por la pedagogía reformista, que había transformado por completo el papel del niño dentro de la sociedad. En lugar de un adoctrinamiento basado en la ciega obediencia y la disciplina se demandaba una educación que fomentase su potencial creativo y su individualidad. El juego se consideraba así una actividad indispensable para su libre desarrollo. Este espacio estaba pensado como un pequeño apartamento que podía dividirse con una cortina en dos espacios cuadrados: uno destinado a dormitorio (con puerta hacia la alcoba de la madre) y el otro concebido como sala de juegos. Ambos cuartos, según el plano de Buscher, estaban claramente diferenciados, tanto por medio del color de sus paredes (amarillo claro para el dormitorio y azul celeste para la sala de juegos) como por su pavimento de linóleo (el del dormitorio era de un relajante azul, para la sal de juegos se combinaban diferentes colores, acorde con su función).

Los muebles debían «crecer» con los niños y se diseñaron de tal manera que pudiesen adaptarse fácilmente a su evolución, capaces de convertirse en juguetes a merced de la fantasía de sus usuarios. Así, por ejemplo, la silla se podía girar para transformarla, gracias a las ruedas montadas en sus patas traseras y respaldo, en un cochecito; las paredes tenían un alto zócalo -amarillo, azul y rojo- a modo de pizarra con su correspondiente armarito para las tizas. Alma Buscher escribió:

«Los niños deben tener un cuarto donde puedan hacer lo que quieran, en el que reinen. Todo lo que hay allí les debe pertenecer, su fantasía lo crea sin ningún impedimento exterior, sin la advertencia «¡Déjalo!». Todo debe ajustarse a ellos, debe estar a su medida, su utilidad práctica no debe impedir sus posibilidades para el juego. Colores claros y alegres para crear un ambiente divertido y placentero. Partiendo de estas premisas diseñé un espacio.»

 

Las piezas de juguetes de Alma Buscher se caracterizan por ser atractivas y querer despertar la imaginación. Estas piezas son de gran rigor geométrico pero con gran colorido.

– Kurt Schwitters – Merz 14-15 El espantapájaros (1925)

Kurt Schwitters (1887 – 1948), fue un pintor alemán que fundó el movimiento Dadá Hannover, tras ser excluído del movimiento Dadá. Este movimiento se fundó sobre el apoliticismo (en las antípodas de las concepciones del grupo Dadá en Berlín, que se caracterizaba por estar comprometido políticamente), lo fantástico y el constructivismo. Sus principales pilares eran la revista Merz y el arte del mismo nombre. La actividad artística estaba fundada sobre el collage: sobre sus telas se encontraban boletos de ómnibus, pedazos de afiches o de periódicos, lanas, botones, telas, etc. El nombre Merz alude a un fragmento de  papel donde estaba escrito la palabra alemana Kommerz, de Kommerz Bank.

En 1925, en el número 14/15 de la revista Mertz, Kurt Schwitters  y Theo van Doesburg publicó el cuento del Espantapájaros, un cuento infantil interactivo en el que hay que descubrir las letras que forman las ilustraciones.  En el cuento se buscaba la relación gráfica de las palabras con el texto, convencido de la finalidad utilitaria del grafismo como camino práctico para introducir la estética del arte moderno en la vida cotidiana. La obra se encuadra dentro de las propuestas renovadores de la escuela activa de los años veinte y treinta.

– Lyonel Feininger – Ciudad de juguete (1925) y Sin Título (cuatro figuras y un gato) (1944)

Lyonel Feininger (1871 – 1956) fue un pintor e historietista germano-americano. Desde el año 1909 fue miembro de la Berliner Sezession (Secesión de Berlín).

En su juventud viajó a Alemania para recibir instrucción musical, actividad que nunca abandonó. Residió así mismo en Bélgica y París. Sus inicios en la ilustración fueron difíciles, hasta que en 1906 el periódico Chicago Sunday Tribune le contrató para realizar dos tiras cómicas semanales: Kinder Kids y Wee Willis Winkies World (1906), en las que inauguraría el uso no-naturalista del color e incorporaría al cómic la antropomorfización de los personajes no humanos.

Tras conocer el cubismo, su posición estética se adhirió dentro de la pintura expresionista alemana. Participó en la exposición del grupo Der Blaue Reiter, en el primer salón de otoño celebrado en Berlín. Posteriormente se vinculó al movimiento artístico creado alrededor de la Bauhaus, tras conocer a Walter Gropius. Su reconocimiento se vio interrumpido con la llegada al poder del partido nazi, integrándose parte de su obra en la conocida exposición sobre Arte degenerado, por lo que se trasladó a Estados Unidos.

 

Los diversos juguetes que diseñó y construyó Lyonel Feininger están relacionados con la temática de su obra: trenes, casas, barcos, etc. Utiliza las mismas imágenes que le atraían como pintor. Esto permite considerarlos como una prolongación de su obra, como esculturas en miniatura. En sus juguetes se produce una mezcla entre la fantasía y la originalidad similar a la de su pintura, ambos aspectos de su obra se complementan mutuamente.

La clase de juguetes que Feininger hizo a lo largo de su vida se pueden agrupar principalmente en tres: los barcos, la ciudad y los trenes. Los trenes de juguete estaban concebidos para su producción en serie por una empresa juguetera. Poco después de los trenes, construyó para sus hijos una serie de barcos, que le ayudaron al desarrollo de su lenguaje pictórico. A principios de los veinte comenzó a tallar y pintar una ciudad de madera con sus habitantes, ciudad que fue creciendo con el paso de los años.

Cuando en 1919, Walter Gropius le solicitó la incorporación a la Bauhaus, Feininger experimentó un cambio en su producción artística. Comenzó a construir una gran ciudad de juguete, con sus habitantes e incluso algunos barquitos. Estas piezas estaban hechas totalmente de madera tallada y pintada. Comienza un estilo más reconocible, con un carácter expresionista y una gran vitalidad. A través de estos juguetes, Feininger expresa las sensaciones que tenía en aquella época: «excitantes o desesperadas, nuevas o viejas, alegres o locas, ridículas o patéticas». La ciudad que iba creando carecía de leyes, de naturaleza irracional.

La construcción de la ciudad la realizó en dos períodos que duraron muchos años. El primer período duró hasta 1931, mientras que el segundo periodo lo realizó después de la Segunda Guerra Mundial, ya en Estados Unidos, donde retomó la construcción de la ciudad. El sentido del humor que es característico de este juguete se mantiene en los dos períodos. En las piezas que realizó en Estados Unidos, sus personajes adquieren un aire fantasmagórico, su figura es menos angulosa, sin tantas aristas, con detalles decorativos como botones, cuernos, colas. Durante esta segunda época realizó también animales: búhos, gatos, un elefante. El tamaño de estos personajes nunca excede los ocho centímetros.

Las casas que realizó tienen un aire gótico, muy colorista, con los planos superiores salientes y enormes chimeneas, también construyó un par de iglesias (inspiradas en la de Gelmoreda) y otros elementos de la ciudad como puentes; el edificio más grande medía cerca de 30 centímetros.

La ciudad de juguete tienen la misma raíz que sus dibujos a pluma y acuarela. Empleaba un lenguaje un tanto extravagante, casi expresionista, relacionado con las caricaturas y tebeos. El empleo de vivos colores resulta muy cercano al de las páginas dominicales, lo que aporta un mayor carácter lúdico y humorístico a sus juguetes.

– Vladimir Vasilievich Lebedev – El circo (1928)

Vladimir Lebedev (1891 – 1967) fue un pintor y artista gráfico soviético. De joven, Lebedev empezó a pintar postales que se vendían en una tienda de San Petersburgo. En 1912-1916 trabajó en el estudio de Bernstein. En 1920 alcanzó el éxito como artista. Desde entonces comenzó a relacionarse con las personas más distinguidas de su tiempo, como Tatlin, Ivan Puni, Kazimir Malevich, Vladimir Mayakovsky.

Entre 1930 y 1940 realizó numerosos retratos de sus amigos, modelos profesionales y deportistas. A finales de los años 30 empezó a utilizar colores vivos y gruesas capas de pintura, creando efectos que recordaban a las obras de Renoir.

Las obras más importantes de Lebedev son sus excepcionales ilustraciones de poemas del prominente poeta y traductor Samuil Marshak, como «El circo», «Helado», «Cuento del ratoncito tonto», etc.

 

Joaquin Torres-García – Figura (1930)

El interés de Joaquín Torres-García por el mundo infantil tuvo como consecuencia más importante el diseño, fabricación y comercialización de juguetes. Joaquín Torres-García comenzó a elaborar sus juguetes a partir de 1914. Los primeros que hizo fueron una serie de animales que estuvieron, al principio, influidos por el noucentisme; pero no fue hasta 1917 ó 1918 cuando se planteó la posibilidad de hacer del diseño y fabricación de juguetes su medio de vida . Para ello se asoció con Francisco Rambla, un carpintero que fabricó los diseños y se encargó de comercializarlos. El diseño de los mismos evolucionó desde los primero que realizó, bajo la influencia del vibracionismo.

Tuvo Joaquín Torres-García una gran relación y conocimiento con los movimientos pedagógicos renovadores. Varios de los ejercicios que desarrolló Torres-García, sobre todo aquellos que parten del color y la línea y los ejercicios basados en las formas más simples de la geometría, se inspiran en las teorías de Fröbel, que partían de la idea de que el juego es la actividad principal del niño. El pedagogo alemán fue quien introdujo los objetos pedagógicos como ayuda en la enseñanza infantil. Tenía una concepción mística del universo y a partir de la misma desarrolló nuevos métodos educativos empleando las formas geométricas universales: la esfera, el cubo y el cilindro; a estos materiales los denominó «dones» (tenían un significado simbólico-metafísico) y servían para articular el juego y favorecer el desarrollo espontáneo del niño. Fröbel concibió los «dones» para que los niños pudieran construir formas de saber (o didácticas), formas de vida (o arquitectónicas) y formas de belleza (o estéticas) que en el mundo intuitivo de la infancia, a diferencia de lo que sucede en el de los adultos, coexisten en una sola y simple imagen.

Lo que Torres pretendía con sus juguetes era crear unos medios prácticos que educasen al niño en el manejo de las formas geométricas y sus proporciones, que agudizasen su sentido del color y despertasen su capacidad de apreciación visual; para ello hubo de desarrollar una metodología de diseño de formas especiales utilizando las posibilidades plásticas de la madera, lo que permitía la resistencia de las piezas y un gran número de posibilidades combinatorias y la construcción de formas diversas. La madera le permitía asimismo que la fabricación de sus juguetes estuviese cercana a lo artesanal, algo por lo que siempre se había sentido atraído porque que su padre y su abuelo habían sido carpinteros.

– Minka Podhájská – Conjunto de pequeñas huchas (1930), Serie de personificaciones de fechorías infantiles (1930)

Minka Podhájská (1881-1963) destacó diseñando juguetes y en el campo de la pintura y la ilustración. Nació en Viena y fue estudiante de la Kunstgewerbeschule, cuya obra apareció en «Ver Sacrum» (1902-1903), «Die Fläche» (1903-1904), y en «Hohe Warte». Diseñó juguetes para la Wiener Werkstätte, junto con numerosos libros y posters durante la Primera Guerra Mundial. Se trasladó a Praga en 1919, el año en el que su álbum fue publicado. Allí fue uno de los miembros fundadores de Artel, un consorcio de artistas checos comparable al Wiener Werkstätte.

 

– Luigi Veronesi – Demonios (marionetas para El cuento del Soldado de Stravinsky) (1942)

Luigi Veronesi (1908 – 1998) fue un fotógrafo, pintor, escenógrafo y director de cine italiano. Empezó su actividad artística durante la década de 1920 cursando estudios de diseñador de textiles, y practicando la fotografía. Fue introducido por Raffaelle Giolli en un grupo de intelectuales italianos asociados con la revista Poligono. Se interesó por la pintura y tomó cursos con el pintor napolitano Carmelo Violante, entonces profesor en la Accademia Carrara de Bergamo (Italia). En 1932 viajó por París, donde conoció a Fernand Léger. Sus primeras obras, de tipo figurativo aún, fueron presentadas en la galería del Milione en Milán. Poco después comenzaría sus investigaciones en el ámbito del arte abstracto. Se adhirió al grupo Abstracción-Creación (Abstraction-Création) en París, experimentó el constructivismo y se adhirió al método del Bauhaus alemán.

Veronesi fue también muy activo en el teatro y luego en el cine con seis filmes experimentales y abstractos realizados entre 1938 y 1980. Participó en la muestra nacional de escenografía de Roma en 1938. En 1942 realizó la escenografía de la ópera en tres actos Minnie la candida de Riccardo Malipiero y marionetas para El Cuento del Soldado de Stravinsky. Trabajó como escenógrafo con Giorgio Strehler, el fundador del Piccolo Teatro de Milán, desde la década de 1940, en particular para obras de Luigi Pirandello, y luego realizó varias escenografías para la Scala de Milán, hasta el final de la década de 1980.

Despues de la Segunda Guerra Mundial fue cofundador del Grupo fotográfico «La Bussola». Trabajó durante varios años como diseñador gráfico y publicitario y trabajó con revistas italianas como Campografico y Ferrania. Desde 1963 hasta 1979 enseñó el arte gráfico en el Curso superior de diseño industrial de Venecia y luego fue profesor en la Academia de Bellas Artes de Brera (Milán).

 

– Ladislav Sutnar – Construir la ciudad (1943)

Ladislav Sutnar (1897 – 1976) fue un diseñador gráfico checo. Su obra se ha denominado «Diseño de información», y «Arquitectura de la información». Fue uno de los principales artistas visuales en el campo de la comunicación visual. Se caracteriza por su trabajo conceptual con fotos, collages y fotomontajes, utilizando en muchos casos la composición diagonal para crear movimiento en el espacio. Su obra gráfica incluye carteles comerciales, tipografías, juguetes… Comenzó a diseñar juguetes cuando era estudiante de la Escuela de Artes Aplicadas de Praga a principios de 1920. Su uso de las formas geométricas simples y los colores vivos impactó tanto a niños como a adultos. A principios de los años veinte empezó a trabajar en un conjunto de bloques de edificios en su Ciudad Modular (Skládací město), para la Asociación Artěl. El diseño le haría ganar el premio de la exposición Juguetes, llevada a cabo por el Museo de Praga.

Tras viajar a los Estados Unidos para ayudar en el diseño del pabellón de Checoslovaquia para la Exposición Internacional de Nueva York de 1939, se quedó atrapado por el estallido de la guerra. Sería a partir de entonces cuando Sutnar regresó a sus diseños de bloques de edificios. En esta ocasión les llamó Construir la ciudad. Para conseguir que su diseño fuese producido, creó distintos modelos con instrucciones y promociones, llegando a realizar hasta cincuenta conjuntos diferentes.

~ by lostonsite on 7 enero, 2011.

Arte, Exposiciones

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