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Cuando se pinta la felicidad

MUSEO DEL PRADO: PASIÓN POR RENOIR.
COLECCIÓN DEL STERLING AND FRANCINE CLARK ART INSTITUTE
Del 19 de octubre 2010 al 16 febrero 2011

. COLECCIÓN STERLING & FRANCINE CLARK ART INSTITUTE.

El núcleo de la colección de pinturas del Clark Art Institute corresponde a un gran conjunto de obras impresionistas adquiridas por Sterling y Francine Clark a lo largo de un período de cuatro décadas. Para los Clark, Pierre-Auguste Renoir representaba la quintaesencia del impresionismo y de ahí que adquirieran más de 35 de sus pinturas, incluidas varias de sus creaciones más importantes.

Robert Sterling Clark (1877 - 1956) fue un coleccionista de arte americano, filántropo y heredero de la fortuna de las máquinas de coser “Singer”. Tras su gradación en la Universidad de Yale, Clark visitó París, ciudad que visitó frecuentemente, llegando a residir eventualmente allí. En París conoció a la actriz Francine Clary, con quien se casó en 1919.

Sterling Clark adquirió su primer cuadro impresionista en 1916: el cuadro de Pierre-Auguste Renoir Muchacha haciendo ganchillo. Él y su mujer Francine (1876-1960) siguieron coleccionando arte, exponiéndose al final de sus vidas en un museo cerca del campus “Williams College” en Williamstown Mass. En un principio se planeó la exposición de su colección junto con las de sus hermanos Stephen Carlton Clark y F. Ambrose Clark, en un sólo museo en Cooperstown. Sin embargo, tras ciertas disputas, Sterling canceló tales planes, retirando su participación de la fortuna familiar. Estableció su propia fundación y vendió o donó todas sus propiedades en Cooperstown. Entre ellas, Sterling donó el edificio neoclásico “Ernest Flagg”, encargado por su madre en 1898, al pueblo, albergando en la actualidad oficinas públicas, biblioteca y la Asociación de Arte Cooperstown. Después de esto, no volvió a haber ninguna relación entre Stephen y Sterling.

Durante las siguientes cinco décadas, él y su esposa coleccionaron numerosas pinturas de Renoir, más docenas de pinturas, esculturas y dibujos a pastel de otros artistas impresionistas.

La colección Sterling & Francine Clark Art Institue en Williamstown, Massachusetts abrió sus puertas al público en 1955, exhibiendo más de 30 cuadros de Renoir, pintores holandeses, americanso y españoles como Winslow Homer, Goya, Frans Hals y Degas.

. RETRATOS

- Autorretrato (1875)

Este autorretrato fue uno de los lienzos que Renoir exhibió en la segunda exposición impresionista en 1876. El pintor se representa elegantemente vestido, con cuello almidonado y chalina. Los ojos muy abiertos, la ceja ligeramente fruncida y la vigorosa pincelada confieren al retrato una intensidad psicológica poco habitual en Renoir.

- Autorretrato (1899)

Comparado con el autorretrato que ya poseía Sterling Clark y que se muestra en la misma sala, en esta obra posterior el artista se representa con una expresión más pasiva, quizá pensativa. La profunda sombra del lado derecho le da al rostro un tono elegíaco, incluso melancólico. Las pinceladas de forma curva sugieren la textura de la barba del artista con el cuello blanco y el lazo atado holgadamente, así como las flores u hojas del estampado de la pared del fondo.

- Retrato de una joven (L’Ingénue) (1874)

La joven, de busto y vestida  a la moda de la época, aparece ante un fondo de suaves tonos verdes y azules. Esta falta de definición sugiere que se encuentra en un exterior. Las capas de pintura son finas y hechas a base de amplias pinceladas, al tiempo que aplicaciones de color más espesas conforman el pañuelo y el gorro, y pequeños toques más sutiles definen los principales aspectos de la composición, como el rostro y la mano izquierda. El gesto de esta mano, la mirada franca y el escenario al aire libre, invitan a pensar en una interpretación anecdótica o romántica.

- Retrato de Madame Monet (Madame Monet leyendo) (1874)

Renoir pintó este retrato de Camille, primera esposa de Claude Monet, durante una de sus estancias en Argenteuil, donde en la década de 1870 fue con frecuencia huésped de la familia. El artista la representa en un momento de quietud, sentada en un voluptuoso sofá tapizado con una tela de grullas y flores. El vestido, que recuerda un caftán turco, tiene también un diseño muy elaborado. En esta escena Renoir apenas recurre al modelado convencional. En cambio, las pequeñas manchas de pigmento prácticamente disuelven las formas de la figura, el escabel y el sofá.

- Muchacha haciendo ganchillo (1875)

El lienzo representa a una joven en un interior doméstico, concentrada en su labor. La chimenea, el vaso y el jarrón parecen sugerir una residencia de clase media, aunque la sencillez de la ropa de la muchacha indica que podría tratarse de una sirvienta. El cuadro ocupa un lugar especial en la colección de obras de Renoir que reunió Clark, pues es la primera pintura del artista que adquirió. La compró en 1916, a pesar de tener dudas sobre ella. Al final no sólo la retuvo, sino que ejemplificaría los gustos del coleccionista durante los siguientes cuarenta años.

- Père Fournaise (1875)

Alphonse Fournaise era el propietario de un restaurante y de un negocio de alquiler de barcas en un isla del Sena, en Chatou, que aparece en varios lienzos de Renoir, como el célebre “Almuerzo de los remeros”. Según el marchante de arte Ambroise Vollard, Fournaise encargó a Renoir este y otro retrato como agradecimiento por haberle llevado muchos clientes. Aquí Fournaise aparece fumando en pipa y ante dos vasos de licor. La pintura recoge un momento informal entre el restaurador y otro bebedor, quizá el propio artista.

- Tama, el perro japonés (1876)

Tama, un chin japonés, pertenecía al célebre coleccionista Henri Cernuschi. Los orígenes del chin japonés son oscuros, pero durante siglos fue una de las razas favoritas de la familia imperial japonesa. El nombre del perro aparece escrito en el extremo superior del lienzo. Renoir situó a  Tama ante un fondo de ocres y azules ejecutado con una pincelada muy suelta, lo que podría evocar alguna pieza de mobiliario, más que la decoración de un pavimento. El trazo rosa en el cuello de Tama, probablemente una cinta, vincula al animal con los tonos cálidos del fondo.

- Muchacha con abanico (1879)

Se trata de un retrato de Jeanne Samary, célebre actriz de la Comédie-Française, aunque los rasgos del rostro son tan genéricos que recuerdan a los de muchas otras jóvenes pintadas por Renoir. El abanico que lleva, refleja el interés de la época por el arte japonés, que se puso de moda tras las Exposiciones Universales de París de 1867 y 1878. La asimetría de la composición responde también a esa atracción por lo oriental, a pesar de que Renoir aseguraría posteriormente que no le gustaba el arte japonés.

- Thérèse Berard (1879)

Thérèse Berard, de trece años, hija del banquero y diplomático Paul Berard, se vuelve hacia el espectador vestida con blusa blanca, gran lazo azul y cuello de encaje. La modelo baja recatadamente la mirada y lleva la larga melena cuidadosamente peinada con raya al medio. Según su hijo, a Thérèse nunca le gustó el retrato, pues la blusa, que solían vestir los niños en el campo, le parecía poco elegante. Sin embargo, a Sterling Clark le agradaba mucho y lo describió en su diario como “uno de los mejores retratos que he visto nunca de Renoir”.

- Palco en el teatro (En el concierto) (1880)

Esta es la última y quizá la más ambiciosa de las representaciones de Renoir con figuras elegantemente vestidas, sentadas en un palco. La mujer de la izquierda, con un traje de noche, mira al espectador. Su acompañante, más sencilla, aparta tímidamente la mirada. Según Durand-Ruel, la pintura fue originalmente encargada como un retrato de familia pero los comitentes no quedaron satisfechos y la rechazaron. En vez de destruirla, Renoir reelaboró la composición, hizo más genéricos los rasgos de las modelos y eliminó una figura masculina que aún se percibe tras la cortina.

- Muchacha dormida (1880)

La modelo ha sido identificada como una joven de Montmartre conocida por sus muchos amantes y la expresividad de su argot. A pesar de que Renoir podría haberla representado simplemente cansada tras una larga noche, optó por un género bien conocido, el de la modelo femenina sorprendida en una pose informal. Los toques eróticos invaden la pintura: las piernas abiertas, el hombro desnudo, el gato en el regazo. La hábil pincelada del artista hace de esta obra un ejemplo especialmente exquisito de su arte.

- Estudios de cabezas (Los niños Berard) (1881)

Entre 1879 y 1884, Renoir pintó varios lienzos para el diplomático y banquero Paul Berard. Satisfecho con un retrato que había hecho de su hija mayor, Paul invitó al artista a su residencia dispuesto a encargarle nuevos lienzos, y el pintor pronto se convirtió en un buen amigo de la familia y en huésped habitual de la residencia que tenía en el campo, a las afueras de Dieppe. En este lienzo, Renoir pinta los rostro de los niños desde varios ángulos: leyendo, sentados con la espalda erguida mientras posan, o durmiendo.

- Marie-Thérèse Durand-Ruel cosiendo (1882)

La modelo, representada aquí con catorce años, era la hija del perspicaz marchante francés Paul Durand-Ruel, que impulsó la carrera de los impresionistas a través de sus galerías de París, Londres y Nueva York. Parte del lienzo (el cabello y el vestido de la muchacha, el follaje del fondo y las flores del extremo inferior izquierdo), está tratado con la pincelada suelta propia del estilo impresionista, sumariamente modelada mediante toques de brillante colorido. En 1937, Sterling Clark anotó en su diario que la obra le producía gran impresión.

- Niña con ave (Mademoiselle Fleury vestida de argelina) (1882)

Renoir hizo esta pintura de una niña europea vestida de argelina en su segunda visita a Argelia en 1882. La identidad de la modelo no está clara; el lienzo podría ser un retrato o una fantasía de contenido exótico. Las pinturas orientalistas estaban de moda en la Europa de la época. Con todo, a pesar de la indumentaria de la figura y del marco en el que se desenvuelve la escena, la pintura está firmemente enraizada en una tradición europea, al modo de los muchos lienzos frívolos y coquetos en los que se representan mujeres con aves de compañía.

- Mujer leyendo (1895)

La modelo aparece absorta en la lectura, aparentemente ignorante de que está siendo pintada. Sostiene un fajo de papeles bajo la luz de la ventana, como si estuviése profundamente concentrada en la lectura de una larga e íntima carta. Aunque la pose es relajada, la composición es tan estudiada como la que cualquier retrato convencional. Renoir pintó muchos lienzos de este tipo durante la década de 1890 y es sorprendente que Sterling Clark, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, sintiera tan poco interés por esta etapa de la carrera del artista.

- La carta (1895-1900)

Renoir pintó varios lienzos en los que dos mujeres realizan juntas alguna actividad. “La carta” representa una escena cotidiana. Pocos detalles aluden al destinatario o al contenido de la misiva; todo lo que vemos es a una mujer joven escribiendo una carta mientras otra mira. Hacia 1890, Renoir había abandonado la técnica impresionista, y en este lienzo son los contrastes de luz y sombra los que definen la textura y el volumen de las figuras. Los rojos y verdes contrastan con el blanco de la blusa de la mujer de la derecha, al igual que el negro del cabello, las cintas y el tintero.

- Jacques Fray (1904)

El modelo, hijo de un pintor que Renoir conoció en Fontainebleau, representa apenas un año. Jacques se entretiene con unos pájaros de juguete; sostiene uno en la mano mientras tiene otro sobre la mesa, al lado de un tercero, tumbado: un detalle ingenioso que hace alusión al limitado periodo de tiempo en que un niño de esa edad es capaz de mantener la atención. Jacques Fray fue concertista de piano y presentador de un programa de música clásica de la radio.

. PAISAJES:

- La barca-lavadero de Bas-Meudon (1874)

Se trata de uno de los paisajes más experimentales que hizo Renoir en la década de 1870. Muestra el afluente del Sena que pasa a los pies de la ciudad de Meudon, al suroeste de París. Por su tema y tratamiento es un ejemplo prototípico del paisaje impresionista. El asunto de la vida cotidiana se traduce en delicadas manchas y pinceladas de color que transmiten la experiencia visual inmediata del pintor y desafían las convenciones de la pintura de paisaje, que tradicionalmente había hecho hincapié en el carácter duradero de la belleza de la campiña francesa.

- El puente de Chatou (1875)

El puente que Renoir representa ha sido descrito como la línea divisoria entre los “barrios bajos” de París y la “civilizada campaña”, entre el mundo del trabajo y el del esparcimiento, entre las fábricas de la orilla derecha del río y las villas de Chatou de la orilla izquierda. La pincelada de Renoir es vivaz y multicolor, y sugiere las distintas texturas de la escena. A pesar de que los reflejos en el río no se corresponden exactamente con la posición de los edificios, sirven para poner de relieve el intenso azul del agua.

- Puesta de sol (1879 ó 1881)

A diferencia de muchos paisajes de Renoir, “Puesta de sol” es un bosquejo rápido de un efecto lumínico dramático. Estamos ante un punto de vista elevado, probablemente un acantilado; sólo la pequeña barca da idea de la escala y constituye un indicio de presencia humana. El mar ha sido muy trabajado con capas superpuestas de color que producen un efecto líquido. En cambio, el cielo está pintado mediante amplias y rápidas franjas. A pesar de las diferencias en la pincelada, Renoir logró dotar a la pintura de una armonía de conjunto gracias al uso del color.

- Venecia, Palacio Ducal (1881)

Renoir retrata una vista típica de Venecia con el Palacio Ducal, el campanile de San Marcos y la plaza de San Marcos. Renoir viajó por Italia entre 1881 y 1882, con la intención de perfeccionar el dibujo mediante el estudio pormenorizado de las obras de los maestros antiguos. En “Venecia, Palacio Ducal”, el pintor aúna la precisión topográfica con la pincelada impresionista, empleando manchas de color claro que sugieren los perfiles de los edificios y el reflejo de la luz del sol en el agua.

- Bahía de Nápoles, atardecer (1881)

Para esta vista de la bahía de Nápoles, Renoir optó por una pincelada más sosegada en comparación con la enérgica ejecución de “Venecia, Palacio Ducal”, pintada un mes antes. El artista solía recurrir a distintas técnicas en lienzos realizados en el mismo periodo. Y aunque el bullicioso tráfico de la calzada recuerda a sus escenas de los muelles y bulevares de París, los detalles son inconfundiblemente napolitanos, como la mujer del extremo inferior derecho con un fardo sobre la cabeza o la figura que, corriendo junto al carruaje, acarrea agua a la espalda.

- Marea baja, Yport (1883)

A pesar de que Yport, en la costa de Normandía, adquirió popularidad gracias a su casino, la pintura de Renoir elude su condición de lugar turístico. En cambio incluye a los pescadores locales, con su pequeña barca y las sumarias figuras sobre las rocas. El principal foco de interés son las propias rocas y el paisaje iluminado por el sol de la bahía más allá. Las rocas y el mar en primer plano están sugeridos mediante pinceladas sueltas y paralelas; mientras que el color y la textura dan vida a los reflejos de la luz del sol.

- Vista de Guernsey (1883)

Guernsey es una de las islas del Canal de la Mancha, cercana a Normandía. Todos los lienzos que Renoir realizó allí representan la bahía de Moulin Huet. Esta vista muestra el panorama de la bahía desde un lugar situado a mitad de camino e incluye Cradle Rock, uno de los puntos característicos del paisaje. Detrás, al final de un lejano promontorio, hay un grupo de rocas conocido como las Pea Stacks. Aparte del camino brevemente sugerido, no hay signo de presencia humana y la atención se centra en el juego de luz y color a través del follaje, el mar y el cielo.

. BODEGONES

- Peonías (1880)

Georges Rivière, amigo de Renoir, recogió lo que el artista sentía al pintar flores: “Pintar flores me relaja. No tengo la misma tensión que cuando estoy cara a cara con un modelo. Cuando pinto flores, empleo distintos colores y ensay audazmente sus efectos, sin preocuparme de estropear el lienzo”. “Peonías” es uno de los bodegones más suntuosos de Renoir. Las flores casi llenan el lienzo, y sus brillantes rojos contrastan con los profundos azules del fondo y con las sombras que atraviesan el mantel.

- Cebollas (1881)

Pintada durante la estancia de Renoir en Nápoles, a finales de 1881, Cebollas es una imagen relajada e informal comparada con Peonías. Holgadamente dispuestas sobre una mesa, las cebollas adquieren viveza gracias a su precaria colocación, la sutileza de los colores, los reflejos y las curvas. La soltura de la pincelada y el intimismo de la composición situán esta obra en el contexto del impresionismo. La reiteración formal de las cebollas y los ajos, dispuestos en distintos ángulos, crea una sensación de dinamismo sustentada asimismo en la pincelada y el color.

- Frutero con manzanas (1883)

En este bodegón el tema se representa de manera directa: las manzanas maduras y las aún verdes han sido cuidadosamente apiladas en un gran frutero, cuyas formas se distinguen de las rosas pastel y de los lavanda de la pared. Mientras que la mayor parte de la fruta está fresca y en perfecto estado, la manzana del primer término muestra indudables signos de putrefacción, algo inusual en la obra de Renoir, que más bien suele celebrar la vida y la belleza.

. DESNUDOS:

- Estudio para “Escena de Tannhäuser – Tercer acto” (1879)

Esta pintura forma parte de una pareja de lienzos sobre la ópera de Wagner, “Tannhäuser”, encargados a Renoir por el psiquiatra Emile Blanche. “Tannhäuser” cuenta la historia de un compositor e intérprete que, al tiempo que gana un torneo, conquiesta el amor de una joven. El estudio muestra la figura desnuda de Venus, enamorada de Tannhäuser, al comienzo de la ópera. En el grupo de figuras de la derecha aparece el propio héroe tendiendo los brazos hacia la diosa. El vigoroso estudio de Renoir capta algo de la energía teatral de una representación operística.

- Bañista rubia (1881)

Pintado cerca de Nápoles, en 1881, “Bañista rubia” refleja el interés de Renoir por la obra de los maestros antiguos, en particular de Rafael, cuyos frescos estudió durante su viaje a Italia. Los perfiles de la figura, relativamente suaves, sugieren la tersura de su piel, y su deslumbrante luminosidad contrasta con los colores más sombríos y fríos del fondo. Al igual que una Venus saliendo del mar, la “Bañista rubía” de Renoir es la celebración de la eterna belleza femenina.

- Bañista peinándose (1885)

La figura aparece sentada de espaldas al espectador, como si no fuese consciente de estar siendo observada. A diferencia de otros desnudos en escenarios naturales, Renoir ha optado aquí por dibujar con crudeza el cuerpo de la modelo, de modo que resulta simultáneamente preciso y sólido. La simplicidad del colorido, con el cabello oscuro sobre la piel clara, hace que la figura se separe con claridad del fondo, y que las fluidas curvas de los hombros, el pecho y las caderas aparezcan nítidamente perfiladas frente a las rocas y el agua.

- Bañista de pie (1885)

Bañista de pie es uno de los pocos desnudos femeninos al aire libre que hizo Renoir a mediados de la década de 1880 cuando, tras viajar a Italia a principios de dicha década, se replanteó su técnica pictórica. La pose de la figura puede ser vista como una fusión entre una Venus púdica que oculta su desnudez y una ninfa sorprendida. La pequeña escala del lienzo induce a pensar que fue un estudio preparatorio para un pintura de mayor tamaño y más ambiciosa, aunque no hay prueba de que Renoir llegase a hacerla.

 

 

~ by lostonsite on 18 octubre, 2010.

Arte, Exposiciones

8 Responses to “Cuando se pinta la felicidad”

  1. tres desnudos y medio y un retrato en azul le dije a un conocido,.. Si me permite, la imagen del “retrato en azul” que pone usted no le hace justicia, contrariamente al extraordinario empaque de sus imágenes, y la exhaustiva documentación que les aporta…
    (aprovecho para pedirle permiso y tomarle alguna imagen)

    • Muchas gracias por el comentario. Por supuesto que puede utilizar todas las imágenes o texto que quiera.

  2. Saludos, muy buen artículo, trabajado con delicadeza, con unas reproducciones de gran calidad. Soy editora de presentaciones para clases de historia del arte que se utilizan, entre otros grupos de alumnos, con personas mayores. Dado que no se puede visitar la exposición de Renoir con grupos, absurda manera de motivar a las personas hacía otros campos del arte y del estudio, su profesor les ofrece una visita virtual que me lleva a tener que realizar la edición de la exposición completa. Páginas como la suya que permite tomar las imágenes y que no portan troyanos ni otros elementos maliciosos son de un ayuda inestimable dado el gran volumen de imágenes a trabajar.
    Gracias y felicidades por su diseño de blog de buena armonía visual.

  3. Hola! Descubro su blog buscando la exposición de Renoir en el Museo del Prado. Mis felicitaciones por la magnífica idea y realización. De esta forma, puedo contemplar todos los detalles de las obras en la pantalla después de visitarla.
    Seguiré su trabajo.

  4. ¡Hola! Soy una aprendiza en esto del arte. Una mera espectadora. Vi la exposición pero, lamentablemente, a la hora que fui había demasiada gente que no respeta a la persona que está mirando un cuadro tranquilamente. Por tanto, el mal humor me impidió disfrutar al 1005 de la exposición y, aunque no sea lo mismo, con tu blog puedo re-recrearme en las obras.
    Felicidades por tu trabajo

  5. Muchas gracias por este reportaje. Madrid me pilla muy lejos y Massachussets más. Con este reportaje he podido disfrutar de la obra de Renoir y de las historias detrás de los cuadros.

    ¡Mil gracias!

  6. Es maravillosa la paleta de Renoir, en mi opinión crea una nueva dimensión visual, una nueva manera de ver la realidad aparente, con untoque coherente de pincel, nos ofrece una visión optimista de la vida

  7. No quería salir del museo y me detuve en cada cuadro tratando de gravar todos los detalles por pequeños que fuesen, es de asombrarse como se puede palpar la realidad sobre un lienzo con pinceles y colores, repetiría muchas veces más tan maravillosa experiencia,

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