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Cuando las estatuas decoraron las villas

EL EFEBO DE ANTEQUERA

PALACIO EPISCOPAL DE MÁLAGA

Las ideas promulgadas por el filósofo Epicuro están plenamente ligadas al objetivo final de los programas decorativos de las residencias romanas: favorecer el ocio y el disfrute de los sentidos y el espíritu. Las referencias directas a estos personajes históricos se clasifican dentro de una «corriente intelectual o culta» entre las tendencias ornamentales.

. Cabeza de Musa. Finales del siglo I d. C. Mármol

La pieza, hallada en las cercanías de Churriana (Málaga) en fecha indeterminada, se incorporó, como otros muchos elementos arqueológicos de la provincia, a la denominada Colección Loringiana, conformada por Jorge Loring Oyarzábal y Amalia Heredia Livermore, marqueses de Casa-Loring. Su interés por la arqueología se disparó a raíz del descubrimiento fortuito de las tablas de bronce que reproducían parte del contenido jurídico de la Lex Flavia Malacitana y la Lex Flavia Salpensana.

Tras la muerte de los marqueses, y tras diversos avatares, la Colección Loringiana acabó siendo núcleo fundacional del entonces Museo Arqueológico Provincial de Málaga, hoy Museo de Málaga, donde parte de la misma se sigue conservando hoy.

Algunas esculturas de dioses olímpicos, despojados de su carácter sacro original, contaban con el agrado popular, y se incorporaban a la decoración de fuentes, jardines y peristilos de domus y villae. Un grupo de especial aceptación decorativa en las residencias de lujo romanas fueron aquellas que hacían alusión directa al ciclo dionisiaco. Concretamente los «hermae báquicos» cumplirían una función añadida apotropaica, es decir, alejando espíritus y maldiciones del hogar. En Málaga se han hallado un buen número de estos últimos.

  

. Mellephebos. Siglo I d. C. Bronce

El punto exacto del hallazgo de la pieza, así como la fecha del mismo, son desconocidos. Sólo se sabe que fue encontrada de manera fortuita en el cortijo conocido como «Las Piletas», propiedad del Sr. Jiménez Blázquez, posiblemente en los años cincuenta del siglo XX. Un tiempo después, su viuda donó la escultura al Ayuntamiento de Antequera. Su conocimiento por parte del público general y especializado no se comenzó a producir hasta la celebración en Málaga del VIII Congreso Nacional de Arqueología, en el cual la estatua fue expuesta. Rápidamente adquirió una notable fama, convirtiéndose en símbolo de la ciudad antequerana.

Pese a que se desconoce el contexto arqueológico exacto del que proviene, el estilo de la obra ha servido para que los especialistas sitúen su origen entre los últimos siglos de la República Romana y los inicios del Imperio. En principio, debe de tratarse de una copia o adaptación de época romana de un modelo original griego del período clásico (siglo V a. C.), de autor desconocido, pero que bien pudiera ser alguno de los grandes maestros de la Grecia clásica, como Fidias o Praxíteles.

Representa a un chico joven, en su pubertad, iniciando un breve paso hacia delante. Merece la pena destacar el trabajo efectuado para simular el cabello, dividido en dos mitades por una raya central, y recogido con una cinta. Actualmente las órbitas oculares aparecen vacías pero en su momento debió de tener unos ojos de aspecto basatante realista manufacturados en pasta vítrea o piedra.

El modelo iconográfico representado, la postura que adopta la posición de sus dedos, hacen suponer que debía de portar algo ligero, en la actualidad perdido. Ello, más la escala natural de su tamaño, significa que, probablemente fuese la recreación de un sirviente, de los muchos que trabajarían para la satisfacción de los comensales en los banquetes. Es significativo que, en pinturas pompeyanas de la época puede verse cómo las salas de banquetes eran en ocasiones ornamentadas con figuras de tamaño real de mancebos, que eran colocadas directamente sobre el suelo o en plataformas muy bajas, y que se confundían con los jóvenes sirvientes. Así, pese a su magnificencia, esculturas como el Efebo de Antequera eran concebidas para pasar desapercibidas entre el movimiento continuo de sus contrapartidas humanas.

Existe un conjunto de esculturas que probablemente eran valoradas sólo por sus cualidades ornamentales. Entre ellas destacan las que acompañarían a los banquetes celebrados en los triclinia o comedores de las residencias más lujosas. Estas piezas, confundidas entre los sirvientes, se convertirían en una demostración de poder y riqueza por sus poseedores.

. Dyonisos. Finales del Siglo I d. C. Bronce

En fechas cercanas a 1946 se hallaron en el Cortijo de los Villares una serie de fragmentos correspondientes a una singular estatua de bronce.

Sólo se ha conservado un fragmente de la cabeza, de una obra que, de haberse conservado completa, rivalizaría en belleza con el propio Efebo de Antequera.

Se trata de una pieza inspirada en un prototipo del siglo IV a. C., atribuido al grupo de Praxíteles o del círculo de Scopas. Los mejores paralelos se encuentran en el Museo Capitolino, Venecia o Corintio.

~ by lostonsite on 20 agosto, 2010.

Arte, Exposiciones

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