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Cuando la Pasión se hizo teatro

MUSEO NACIONAL COLEGIO SAN GREGORIO. 
VALLADOLID 

PASOS PROCESIONALES: EL TEATRO DE LA PASIÓN.

La presencia del teatro no pudo ser mayor en la religiosidad barroca: autos de fe, fiestas de canonización, traslados de reliquias. Entre todo ello, las procesiones de Semana Santa reúnen lo más característico: el engaño de los sentidos, la imagen como adoctrinamiento, la confusión entre lo real y lo imaginado, la afición a máquinas y tramoyas, el pensamiento mágico  o la devoción externa y ritualizada postridentina.

Su principal elemento es el “paso”, un grupo de figuras colocadas sobre una plataforma que escenifican episodios de la Pasión, como si fuese un melodrama en su momento crucial. Realizado primero en materiales efímeros, pronto se generalizaron las tallas en madera policromada, con postizos de cristal o marfil, encargadas por las cofradías a artistas de renombre: Francisco de Rincón, Gregorio Fernández, Andrés Solanes.

El espectáculo ejercía un fuerte impacto emocional, por el tamaño natural de las figuras y su disposición escenográfica, el esmero en el atavío, el maniqueísmo moral de sus figuras y el cruel tremendismo del ambiente. El encantamiento se adueñaba de la vida real y del espacio urbano. Destinado a una nueva y creciente masa ciudadana, el rito fomentaba el sentimiento de pertenencia colectiva y revelaba un gusto naciente por lo anónimo y lo multitudinario “por el lento arrastrar de los pies en las filas de un cortejo”.

La costumbre se extinguió en el siglo XVIII, ante el avance de la secularización y la mentalidad ilustrada y se olvidó. En 1920 fue relanzada por la Iglesia.

– Francisco de Rincón – Paso de la Elevación de la Cruz (1604). Madera policromada

Los Pasos Procesionales constituyen una de las manifestaciones más singulares de la plástica barroca española. Estos grandes conjuntos escultóricos que representan a través de un número variable de figuras exentas episodios de la Pasión de Cristo, fueron creados para recorrer, en grandes plataformas móviles, las calles de la ciudad, convirtiendo a ésta en escenario de un drama anualmente revivido e implicando emocionalmente a los fieles en él.

Francisco de Rincón y Gregorio Fernández lograron desarrollar esta tipología escultórica hasta sus últimas consecuencias, diseñando y tallando, en las tres primeras décadas del siglo XVII, los más impresionantes Pasos que se conservan en Valladolid. La claridad narrativa y el realismo en la representación dueron los recursos estilísticos que permitieron a ambos artistas conseguir, siguiendo los postulados de la iglesia, obras sencillas y comprensibles capaces de instruir, emocionar y excitar la piedad y el fervor de los fieles.

La Elevación de la Cruz de Francisco de Rincón es el primer paso castellano realizado en madera policromada. De gran audacia compositiva, constaba de ocho figuras: Un Cristo vivo al que se eleva en la cruz (custodiado actualmente en la iglesia de San Quirce), dos ladrones a la espera de ser crucificados, y cinco sayones (nombre que se daba a los verdugos encargados de ejecutar los castigos a los reos condenados).

Una elaborada distribución y el original diseño de cada uno de los personajes que componen la escena son sus rasgos más destacables. Las figuras que izan la cruz, conocidas en la documentación antigua con el nombre de “reventados” por las arriesgadas posturas que presentan, son fruto de un complicado estudio matemático de los volúmenes, calculando de manera perfecta los centros de gravedad para lograr estabilidad. Los rostros burlescos, las actitudes grotescas y los ropajes llamativos, que van a caracterizar a los sayones de los Pasos, están ya presentes en este grupo. La clara diferenciación entre el buen y el mal ladrón se consigue contrastando el giro de sus cabezas y la orientación de sus miradas (hacia o contra la cruz) y en la propia disposición de la figura, más serena en Dimas y más forzada y retorcida en Gestas. El tratamiento anatómico de ambos está realizado con una gran corrección.

– Gregorio Fernández – Paso Sed Tengo (1612-1616). Madera policromada.

El grupo procesional más temprano de Gregorio Fernández deslumbró a los fieles de su tiempo por el gran tamaño de sus esculturas y su atrevida e inesperable distribución piramidal.

La escena refleja el instante posterior a la elevación, con un Cristo de blanda anatomía aún vivo, como reflejan sus manos abiertas y crispadas. Le acompañan cinco sayones que ejecutan distintas acciones recogidas en los Evangelios. En primer término, dos torvos personajes escenifican el sorteo de las vestiduras de Cristo jugando a los dados. Detrás de ellos, dos sayones le dan de beber hiel y vinagre. Los brazos levantados de estas figuras y los instrumentos que sujetan (caña con la esponja y lanza) enmarcan y conducen visualmente al espectador hacia el crucificado. Remata la composición la figura de otro sayón que, encaramado a una escalera, clava el rótulo de INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum).

A pesar de la caicaturización de los sayones, de rostros groseros e indumentarias descuidadas, la calidad artística del conjunto es apreciable en las dinámicas pero al tiempo equilibradas actitudes y en el dominio de las anatomías y expresiones.

– Gregorio Fernández – Paso del Camino del Calvario (1614-1615). Madera policromada.

El episodio que se narra en esta representación escenifica el encuentro de Cristo, ayudado por Cirineo a llevar la cruz en su camino hacia el Calvario, con una piadosa mujer, la Verónica, que le seca el rostro bañado en sangre y sudor con un paño, en el que quedan impresos milagrosamente sus rasgos.

El conjunto es una muestra elocuente de la gran calidad artística que alcanzó el maestro en el desarrollo de esta tipología, apreciable tanto en la composición teatral del grupo como en el tratamiento individual de cada personaje. Todos caminan lentamente hacia el Gólgota, pero cada uno parece transmitir a través de sus movimientos, gestos y expresiones, diferentes reacciones ante un mismo hecho: ternura e impotencia en la Verónica, resignación y nobleza en el Cirineo, soberbia y crueldad en el soldado, violencia y brutalidad en el verdugo.

El paso ha sufrido algunos cambios respecto a su composición original. El Cristo arrodillado, cuya cabeza y manos pueden ser obra de Pedro de la Cuadra, sustituye al creado por Gregorio Fernández, hoy desaparecido. De la misma forma, se desconoce el paradero de un tercer sayón que, según descripciones antiguas, le hería con la lanza.

~ by lostonsite on 14 agosto, 2010.

Arte, Exposiciones

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