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Cuando se desvelan secretos antiguos

EL ENIGMA DE LA MOMIA. EL RITO FUNERARIO EN EL ANTIGUO EGIPTO.

MUSEO ARQUEOLÓGICO DE ALICANTE
De Marzo a Octubre del 2010

I) OSIRIS: DIOS DE LA RESURRECIÓN.

Osiris fue un héroe cultural, rey mítico, fundador de la nación egipcia, que enseñó a los hombres la civilización, las leyes, la agricultura y cómo adorar a los dioses. Muere como hombre pero resucita como inmortal gracias a Thot. Es el responsable de juzgar a los muertos en la Duat, donde está acompañado por 42 dioses-jueces (uno por cada nomo) que dictaminarán lo que acaecerá al difunto.

En los días epagómenos, nacieron en orden de días:

1. Osiris, fue considerado un día desafortunado.
2. Horus «»El Viejo»», fue considerado un día afortunado o desafortunado.
3. Seth, fue considerado un día desafortunado. Nació rasgando el costado de su madre.
4. Isis, fue considerado un día afortunado.
5. Neftis, fue considerado un día desafortunado.

Mediante una trampa artera, su hermano Seth lo asesinó, cortando su cuerpo en catorce pedazos que esparció por todo Egipto. Su esposa y hermana Isis recuperó amorosamente todos los miembros, excepto el viril, que se había comido el pez oxirrinco. Con la ayuda de su hijo adoptivo, Anubis lo embalsamó y, posteriormente, Isis con su poderosa magia logró insuflar nueva vida al cadáver momificado de Osiris, quedando embarazada de él. Engendraron así a su único hijo, Horus, quien vengó la muerte de su padre, desterrando a Seth al desierto y recuperando el trono de Egipto, mientras que Osiris permanecería como rey de los muertos, en los fértiles campos de Aaru.

– EL LIBRO DE LOS MUERTOS Y OSIRIS: El Libro de los Muertos, o Peri Em Heru “Libro para salir al día”, es un texto funerario compuesto por un conjunto de fórmulas mágicas o sortilegios, rau, que ayudaban al difunto, en su estancia en la Duat (inframundo en la mitología egipcia), a superar el juicio de Osiris, y viajar al Aaru. El Libro de los Muertos esta representado en papiros que pueden llegar a alcanzar los 30 metros de largo.

I.I Los porches de la morada de Osiris (capítulo 146 ó 1B)

Esta fórmula que se recita ante la tumba durante los funerales, da el nombre de los 21 porches que jalonan la morada de Osiris en el más allá. El difunto debe conocer el nombre de cada uno de ellos así como el de su guardián para poder circular libremente por el reino de Osiris. El libro de los muertos de Neferubenef comienza con ocho columnas de texto que contienen una versión muy original y pocas veces documentada de este texto, que comienza así: «Palabras que tiene que decir el chambelán Neferubenef: Ciertamente, os veo. He venido. Os conozco como a estos porches de Osiris, señor de la vida.»

I.II El Osiris Neferubenef (capítulo 69)

Una vez momificado y habiendo salido inocente del juicio ante el tribunal de Osiris, el difunto se convierte a su vez en un Osiris. A todo lo largo del Libro de los Muertos aparece junto al soberano de los muertos y se asimila a él para renacer a la vida eterna, tal como lo cuenta muy explícitamente este pasaje del capítulo «¡Soy Osiris!». Como el dios asesinado por su hermano Seth y devuelto a la vida gracias a los cuidados de su hermana y esposa Isis, ahora el nuevo Osiris puede afrontar las pruebas del más allá con armas semejantes a las de su modelo.

I.III Las transformaciones del muerto (capítulo 76)

El papiro de Neferubenef conserva 11 de los 12 capítulos habitualmente consagrados a las transformaciones del muerto (sólo le falta la transformación en loto). Los poderes propios de cada criatura a la que encarna le permiten luchar contra ciertos peligros específicos que se encuentra en el más allá. Transformado en halcón divino (capítulo 76), se convierte en Horus, el hijo de Osiris, invencible heredero del soberano de los muertos. Este Libro de los Muertos comporta una versión de esta fórmula raramente documentada y particularmente desarrollada.

I.IV Osiris (capítulo 42)

Osiris está representado conforme a su iconografía más tradicional, la que encontramos, sobre todo, en los exvotos de bronce de épocas tardías: está momificado, sostiene el cetro-uas, insignia de poder, y lleva la corona-atef que le corresponde. Frente a él, el muerto está representado como un niño, desnudo, peinado con la trenza característica de los muy jóvenes, y llevándose un dedo a la boca; encarna así al dios de Heracleópolis cuya particular teología se detalla en el capítulo 42.

I.V El pilar-djed (capítulo 155)

Este pilar, que quizá al principio fuese un árbol con las ramas cortadas, se convirtió en símbolo de estabilidad adoptado por Osiris, de quien acabó por representar la columna vertebral. Según el capítulo 155, el pilar-djed de oro debe colocarse, el día de los funerales, al cuello del difunto asimilado a Osiris.

I.VI El juicio del muerto (o psicostasia) (capítulo 125)

El muerto es conducido a la sala del tribunal divino a presencia de Osiris, ante quien Anubis, el dios con cabeza de chacal, pesa su corazón. Si éste no es más pesado que la diosa Maat, cuya efigie descansa en el otro platillo de la balanza, será declarado inocente, «justo de voz», y podrá comenzar su vida en el más allá. Vigilan la operación las dos diosas de la justicia y el dios Thot bajo su forma de babuino.

 

. Cabeza de Sesostris III. Reino Medio, XII dinastía, reinado de Sesostris III (h. 1900 – 1850 a. C.)
Piedra caliza con restos de color

A pesar de las mutilaciones que ha sufrido, esta escultura muestra rasgos que permiten identificar a Sesostris III, en especial las arrugas de preocupación presentes en las estatuas del final de su reinado: arruga vertical en el centro de la frente, pliegues que bajan desde la nariz hacia la comisura de los labios, gesto descendente de los ángulos de la boca. El rey lleva el nemes, tocado real por excelencia.

. Bajorrelieves del Per-Khef de Oxirinco.

Representa una escena fragmentaria de ofrenda, en nombre de Alejandro Aegos (323-310 a.C.), se dirige a la diosa Neith, de la que subsiste la punta de la corona del Bajo Egipto. El texto de este bloque menciona dos divinidades de Oxirinco (capital del 19.º nomo del Alto Egipto): una es la diosa Tueris-Iuhut, que concede la crecida o se asocia a Isis plañidera, y cuyo carácter se ajustaría bien con la pertenencia de estos bloques al Per-Khef, el santuario dedicado a las fiestas de Osiris; y otra el dios Dedun, hijo de Tueris, asociado al sur y a sus productos (el incienso), que acompaña por ello también a la crecida, pero que los Textos de las Pirámides vinculan con la resurrección de Osiris-rey.

. Cartonaje Isis. Tela estucada y pintada.

Los cartonajes están constituidos por varias capas de tela —casi siempre lino— pegadas con goma de resina, estucadas y después pintadas. Aparecieron en el Imperio Medio y sustituyen a las tapas de sarcófago de madera estucada, mucho más costosas, y se generalizan bajo la XXII dinastía (h. 945-715 a.C.).

A partir de la XXVI dinastía (h. 664-525 a.C.) y sobre todo en la época ptolemaica (332-30 a.C.) el cartonaje de una sola pieza es abandonado a favor de varios elementos repartidos sobre la momia y sujetos con cintas. La técnica del cartonaje va siendo reemplazada por las máscaras de yeso en época romana.

II) LA MOMIFICACIÓN.

Dentro de las costumbres funerarias del Antiguo Egipto, los antiguos egipcios seguían una elaborada serie de «rituales de enterramiento» que consideraban necesarios para asegurarse la inmortalidad tras la muerte. Estos ritos y protocolos incluían la momificación, la pronunciación de hechizos mágicos y la inclusión de objetos muy específicos en las tumbas, que se pensaba que serían necesarios en la otra vida.

Las costumbres mortuorias utilizadas por los antiguos egipcios evolucionaron a lo largo de los años, descartándose las más antiguas y adquiriendo algunas nuevas, pero la mayoría de los elementos importantes del proceso persistieron. Aunque los detalles específicos cambiaron con el tiempo, la preparación del cuerpo, los rituales mágicos empleados y los objetos depositados en las tumbas eran las partes esenciales de un funeral egipcio apropiado.

La momificación se realizaba para mantener el cuerpo del individuo intacto tras el fallecimiento era necesario para que el ka o la «fuerza vital» de los egipcios tuviera un sitio donde habitar tras la muerte. Los enterramientos pocos profundos en la arena caliente del desierto muchas veces servían como momificación; pero cuando los cuerpos se enterraban en tumbas, empezaban a descomponerse rápidamente. Los antiguos egipcios usaban la momificación para impedirlo.

La momificación comenzó a usarse durante el Antiguo Imperio, pero no se desarrolló por completo hasta el Nuevo Imperio. Continuó practicándose hasta la desaparición de la religión egipcia. Los servicios funerarios eran accesibles para cualquiera que pudiera pagarlos, aunque sólo los miembros de la sociedad más adinerados podían permitirse servicios más elaborados. La momificación sólo estuvo disponible para los ricos cuando los métodos se simplificaron y se hicieron más rápidos y menos costosos. El tiempo medio empleado para momificar a un rey o reina era de unos 70 días.

Aunque no hay registros que documenten el proceso exacto que los egipcios usaban para momificar humanos, hay documentos que describen la momificación del sagrado toro de Apis, que junto a las descripciones de Heródoto y la examinación de las momias encontradas permite a los estudiosos deducir el proceso de momificación más probable. Los egipcios pensaban que el corazón era el centro de la inteligencia, y la parte mágica del cuerpo.

El proceso básico comenzaba colocando el cuerpo sobre una tabla plana, y practicando un corte en el abdomen. En las momificaciones más elaboradas, el corte lo hacía un sacerdote llevando una máscara de Anubis, la deidad asociada con la momificación y guardián de la Necrópolis. Después, el cuerpo se lavaba por dentro y por fuera con vino de palma. Los pulmones, el hígado, los intestinos y el estómago se extraían, se momificaban aparte y se introducían en vasos canopos. El corazón se dejaba intacto, ya que los egipcios creían que en él residía la esencia de la persona. Dado que los antiguos egipcios no conocían la función cognitiva del cerebro, lo extraían rompiendo la delgada capa de hueso que separa la cavidad nasal y la craneal. Para conseguirlo, introducían una vara en forma de garfio por la nariz, agitando el cerebro hasta que se volvía líquido y se vertía a través de la nariz. Después limpiaban la cavidad craneal con lino y la cubrían con resina caliente para sellarla.

La cavidad corporal y las partes separadas se lavaban nuevamente con vino de palma. El cuerpo se sumergía en natrón durante unos cuarenta días, con paquetes de natrón dentro del pecho. El natrón deshidrataba el cuerpo, lo cual, junto a la alta concentración de sales, prevenía la aparición de bacterias y la descomposición del cadáver.

Después, la momia se envolvía en una serie de tiras de lino, pegadas al cuerpo con brea o resina. Entre los pliegues se introducían amuletos mágicos para proteger el cuerpo de espíritus malignos y ayudar al alma en su viaje a la otra vida. Todo este proceso se completaba en 70 días, tras lo cual la momia se entregaba a la familia del difunto para su entierro.

– EL LIBRO DE LOS MUERTOS Y LA MOMIFICACIÓN:

II.I Anubis embalsamador (capítulo 151)

El texto de este capítulo está dispuesto como un plano de la tumba. En el centro, Anubis vela por la protección de la momia. Según la leyenda, fue él quien embalsamó a Osiris; en la realidad, un sacerdote tocado con una máscara con su efigie representa su papel. La escena central está rodeada en los ángulos por los cuatro hijos de Horus protectores de las vísceras: Amset, Hapi, Duamoutef y Quebehsenuf, quien, excepcionalmente, está provisto de una cabeza de león y no de halcón. A los lados figuran los guardianes habituales del difunto: a la izquierda, Isis y a la derecha, Neftis; el pilar-djed, símbolo de Osiris, arriba; y Anubis tumbado sobre un cofre, abajo.

II.II Disociación del cuerpo y del alma (capítulo 92)

Después de los funerales el cadáver momificado se coloca en la tumba. Mientras que la momia reposa allí durante toda la eternidad, el alma (el ba), en forma de pájaro con cabeza humana, así como la sombra, pueden salir de la sepultura para volver a la tierra y pasearse a su gusto a la luz del día y a pleno sol. Un pasaje de este capítulo se dirige al alma en los siguientes términos: «Tú eres alguien en el uso de sus piernas. Mantente lejos de tu cuerpo [que está] en la tierra.»

II.III Protección del cadáver (capítulo 75)

Una vez el cadáver está momificado, también hay que preservarlo de la putrefacción, de la destrucción definitiva, mediante fórmulas mágicas y amuletos que tienen que reforzar el efecto de los preparativos materiales. Con el escarabajo del corazón, el nudo de Isis se tiene que colgar al cuello de la momia. Este amuleto de piedra roja (jaspe o cornalina) asociada a la sangre le garantiza al difunto la protección de Isis, hermana y esposa de Osiris.

II.IV Papel del corazón (capítulo 30B)

Durante la momificación, el corazón, sede de la razón, tenía que permanecer en el cuerpo, a diferencia de otros órganos como los pulmones, el hígado o los intestinos. Su papel es tan esencial durante la vida como después de la muerte. En el juicio del difunto, no tiene que dar testimonio contra su propietario. Es lo que indica el capítulo 30 B, a menudo grabado en la base de los grandes «escarabajos del corazón» que se colocan sobre el pecho del difunto, parecidos al que representa el papiro de Neferubenef. «Oh corazón mío de mi madre, no te opongas a mí ante el tribunal…»

. ANKHPAKHERED.

Ankhpakhered fue sacerdote al igual que sus antecesores que habían servido en el templo de Amón, de la época de la dinastía XXVI. Las radiografías efectuadas en 1989-90 y los escáneres realizados recientemente han revelado detalles de una precisión asombrosa sobre la persona física de Ankhpakhered. Este hombre, fallecido entre los 30 y los 40 años, medía en torno a 1,75 m. en el momento de su muerte, en una fecha difícil de establecer, al comienzo de la XXVI dinastía. Se ignoran las causas de su fallecimiento. Los escasos monumentos que conocemos de Ankhpakhered, apenas algunas piezas de su ajuar funerario, nos permiten conocer mejor al personaje y situarlo dentro de la sociedad egipcia de su época.

Su padre, Horudja, era sacerdote-uab (es decir, literalmente, sacerdote «puro», una de las categorías más modestas del escalafón sacerdotal) al servicio de la diosa Neith de Sais, por lo que se trata de un hombre del norte.

Los textos de su ataúd nos informan también del nombre de su madre, Mehitemusekhet; era éste un nombre de moda en aquella época, ya que es también el de la esposa de Psamético I, el fundador de la dinastía «saíta».

Como señalan repetidamente los textos de su ataúd, Ankhpakhered era dibujante de los dominios de Amón. Y aunque su poder había disminuido mucho desde la época de Seramón, en la XXVI dinastía el templo de Amón aún seguía siendo una «empresa» de talla considerable que empleaba abundante personal –miembros del clero, administradores y técnicos (orfebres, tejedores, escultores, etc.)– cada uno de cuyos gremios estaba fuertemente jerarquizado.

La función desempeñada por Ankhpakhered era relativamente modesta, lo cual explica en parte la sencillez de su equipo funerario, al menos tal como ha llegado hasta nosotros. En esa época las tumbas individuales estaban siendo reemplazadas por sepulturas colectivas y los difuntos procuraban acumular consigo los elementos que pudieran serles indispensables en el otro mundo. Por eso Ankhpakhered se hizo momificar según las costumbres inmemoriales del Egipto faraónico. Su momia, de vendajes perfectamente dispuestos, se recubre de una malla de cuentas de barro cocido alargadas y esmaltadas de color turquesa. Por otro lado, igual que otras mallas de la misma época, acoge diversos amuletos (asimismo de barro cocido esmaltado) que recuerdan muy someramente la decoración de los ataúdes. A la altura del pecho lleva un escarabeo dotado de dos alas que representa a la diosa Nut.

. Féretro de Ankhpakhered. Baja Época, XXVI dinastía (672 a 525 a. C.). Tebas
Madera estucada y pintada

Conforme al estilo de la época, el ataúd momiforme de Ankhpakhered está compuesto por dos piezas, un receptáculo o caja y una tapa, relativamente bajos y cuyo aspecto alargado se ve reforzado por la presencia de una gruesa base bajo los pies. La decoración es muy sobria. Más abajo de la representación de unos anchos collares, hay dos bandas horizontales dedicadas a unas series de divinidades de difícil identificación. El resto de la superficie de la caja y también de la tapa está consagrado al texto. En unas largas columnas se dan, entre diversas fórmulas comunes de ofrenda, el nombre y título del difunto, Ankhpakhered, artista de los dominios de Amón, así como nombre de su padre, Horudja, y de su madre, Mehytemusekhet. El conjunto de textos está escrito en jeroglíficos cursivos, poco cuidados, trazados con tinta negra sobre bandas de color alternativamente blanco, rojo y amarillo. Los interiores de la caja y de la tapa están cubiertos de jeroglíficos cursivos escritos en negro sobre un fondo de bandas alternas blancas y ocres: se trata, en el caso de la tapa, de pasajes de las fórmulas 1, 9, 89 y 128 del Libro de los Muertos.

. Momia de cocodrilo.

Las momias de cocodrilos abundan en los lugares de culto del dios Sobek, el dios cocodrilo, en El Fayún o en Kom Ombo. Se trata de momificaciones muy sencillas: los cuerpos de los animales, de apenas unos días de vida, simplemente se embadurnan de betún y después se vendan.

– Vasos canope de un Apis. Alabastro. Serapeum de Menfis.

Una inscripción grabada señala que las entrañas contenidas en el vaso eran las de un toro Apis y que Duamutef era su custodio. El Serapeum de Menfis ha proporcionado una gran cantidad de canopes que acompañaban a las momias de los toros sagrados. Los vasos canopes son jarrones destinados a recibir, una vez tratadas, las vísceras extraídas de los cuerpos al momificarlos. Se colocaban en la cámara funeraria, cerca del ataúd, por lo general en las cuatro esquinas. Hechos a menudo de alabastro o de calcita, también podían confeccionarse en gres, piedra caliza, fayenza o barro cocido. En el Imperio Medio las tapas se adornaron con una cabeza humana. A partir de la época ramésida, tomaron la forma de los cuatro hijos de Horus, cada uno de los cuales cuidaba de un órgano concreto:
Amset (cabeza humana): hígado
Hapi (cabeza de mono): pulmones
Duamutef (cabeza de halcón): estómago
Quebehsenuf (cabeza de chacal): intestinos

– SUSTANCIAS OLOROSAS USADAS EN LA MOMIFICACIÓN:

Durante la época faraónica se utilizaron en el proceso de la momificación numerosas sustancias naturales olorosas. Algunas de ellas fueron encontradas en las tumbas.

– Azafrán: Planta legendaria que procede de Anatolia. Su olor y facultad de colorear provienen del estigma de la flor. Se la conoce como ingrediente de la fórmula del kyphi dada por Galeno.

– Canela: Corteza de un árbole siempre verde, originario del sudeste asiático. Se han encontrado momias en las que el olor a canela todavía se podía percibir.

– Cardamomo: Especia de un arbusto que crece silvestre en Oriente. Sus semillas tienen un fuerte olor y un sabor balsámico y refrescante. Se utilizaba para hacer perfumes. Plutarco lo incluye entre los ingredientes del kyphi.

– Cedro: Esencia de la madera de un árbol procedente del Líbano. Heródoto cita que en algunos embalsamientos empleaban clisteres para rellenar el vientre del muerto con aceite de cedro sin hacer incisiones ni sacar las vísceras.

– Enebro: Arbusto muy extendido en la cuenca mediterránea. Se han encontrado bayas de la planta en la tumba de Tutankhamón. En la momificación se inyectaba en el cuerpo del muerto cuando no se extraían los intestinos.

– Gálbano: Es una goma resinosa procedente de unos depósitos secretores de la planta, nativa de Persia y Asia Menor. Los egpcios lo llamaban metopium y era usado en un preparado que llevaba el mismo nombre.

– Incienso: Gomorresina de un árbol procedente del sur de Arabia. Considerado como una ofrenda importante destinada a la momia y a los dioses. Se empleaba para fumigar el cadáver y era parte intrínseca de la ceremonia de «Abertura de la Boca».

– Lentisco: Es un arbusto siempre verde que puebla las islas mediterráneas. De él se extrae una resina que se masticaba para impartir un aliento agradable. Se usaba en la momificación y aparece mencionado en textos antiguos.

– Miel: Fluido dulce y viscoso producido por las abejas a partir del néctar de las flores, de secreciones de partes vivas de las plantas o de excreciones de insectos chupadores de plantas. Era uno de los componentes del kyphi.

– Mirra: Resina de la madera de un árbol procedente de Somalia y el sur de Arabia. Se utilizaba en el relleno, masaje y tratamiento general de las momias por el agradable olor que transmitía al cuerpo.

– Nardo: Planta herbácea de uso ornamental, muy conocida en la época. Posee flores blancas de olor dulce, fuerte y penetrante. Se importó desde India y Nepal. Fue usada como ingrediente de varios perfumes.

– Pino: La esencia se obtiene de las hojas del árbol, muy característico de la cuenca mediterránea. Aparece en la fórmula de kyphi de Edfú. Tenía usos medicinales y fue usado en la momificación.

. III) EL MÁS ALLÁ

La creencia inicial en la inmortalidad de dioses y faraones, posteriormente extendida al resto de los egipcios, significó que se practicara el embalsamamiento y la momificación, para poder preservar la integridad del individuo en la vida futura, según los textos de la mitología egipcia.

Los antiguos egipcios consideraban que el espíritu humano estaba conformado por el Ba, el Ka y el Aj. Los egipcios creían que el espíritu de los difuntos era conducido por Anubis hacia el lugar del juicio, en la «sala de las dos verdades», y el corazón del muerto, que era el símbolo de la moralidad del difunto, se pesaba, en una balanza, contra una pluma que representaba el Maat, el concepto de verdad, armonía y orden universal. Si el resultado era favorable, el difunto es llevado ante Osiris en Aaru, sin embargo, Ammit, «el devorador de corazones», que se representaba como un ser mezcla de cocodrilo, león e hipopótamo, destruía aquellos corazones cuya sentencia resultaba negativa, impidiendo su inmortalidad.

– EL LIBRO DE LOS MUERTOS Y EL MÁS ALLÁ:

III.I Descanso bajo el árbol de Hathor (capítulo 68)

El principal objetivo del muerto, expresado a lo largo de todo su viaje de ultratumba, es «salir al día»; ése es el título del conjunto del libro y el de ciertas fórmulas, como el capítulo 68. Aquí el título iba escrito en rojo sobre la viñeta. Ésta ilustra uno de los deseos formulados en ese texto, «sentarse bajo el follaje del sicomoro de la diosa Hathor». En efecto, si bien el muerto se desplaza mucho por el más allá, aspira al reposo en un lugar que refleja idealmente los momentos felices que pasó en la tierra.

III.II Beber agua (capítulo 62)

Igual que sobre la tierra, en ultratumba el difunto teme pasar sed. En un país en gran parte desértico y sometido a calores sofocantes, el agua es sinónimo de vida. Varias fórmulas del Libro de los Muertos se destinan a que el muerto pueda saciar la sed, sea gracias al agua que dispensa la diosa-árbol, sea, como aquí, bebiendo directamente el agua de una alberca.

III.III Los campos del más allá (capítulo 110)

En este capítulo quedan cartografiados los mapas del más allá –campos de los Juncos y campos de las Ofrendas– que el Libro de los Muertos menciona repetidamente. El espacio está dividido por canales por los cuales el difunto se desplaza en barca. En algunos lugares, va a rendir homenaje a ciertas divinidades y visita centros de peregrinaje conocidos, y en otros se aplica a trabajos agrícolas. Estas tareas no son pesadas obligaciones, sino que le garantizan alimentación y prosperidad perpetuas.

III.IV Navegación por el más allá (capítulo 99)

El difunto llega al campo de los juncos en una embarcación conducida por un barquero. El capítulo 99 se titula precisamente: «Fórmula para reclamar la barca». Igual que en la tierra en el valle del Nilo, los desplazamientos por el más allá se efectúan siempre en barco. Uno de los deseos del muerto es ser admitido en la barca de Ra para recorrer el más allá en su séquito, admitido como uno de los suyos y un igual entre los otros dioses.

III.V La geografía del más allá (capítulo 150)

Ciertas regiones del reino de Osiris se parecen al Valle del Nilo, pero otras son tan misteriosas que los egipcios sólo pueden representarlas de forma simbólica. Se trata, especialmente, de las «colinas» catalogadas en los capítulos 149 y 150. El primero da una descripción detallada (nombre, color, medidas, dioses que la habitan) de 14 colinas. El segundo es un cuadro que sólo indica el nombre de la colina y de su dios; menciona 15 colinas, que no corresponden exactamente a las 14 del capítulo 149. La geografía del más allá egipcio no ha revelado todavía todos sus secretos…

– LA MOMIA SERAMON

Como sucede a menudo con el antiguo Egipto, fue gracias al ajuar funerario como conocimos al personaje llamado Sermón. La tipología de los objetos que pertenecieron a Seramón permite fijar la época en la que vivió. Se trata del principio de la XXI dinastía. Los títulos que distinguían al difunto, de los que nos informan ese mismo ajuar, nos dicen que formaba parte del poderoso clero del dios Amón-Ra de Tebas.

El equipamiento que subsiste de la tumba está constituido por dos ataúdes encajables y una cubierta de momia en madera estucada y pintada. Presenta una ornamentación sofisticada constituida por escenas que representan ciertas creencias funerarias vigentes durante la XXI dinastía. Algunos de eso motivos volvemos a a encontrarlos en los papiros de los que disponía Seramón. Esto últimos se conservan en París, uno en la Bibliothèque Nationale de France, y el otro en el Museo del Louvre.

Hay otro objeto que perteneció a Seramón e ilustra estos ricos conceptos funerales: la estatuilla de Osiris del Louvre. La figurilla es el medio de sintetizar la reunión de Osiris y Ra. Las dos divinidades que activan los mecanismos indispensables (crónico y solar) para la vida tras la muerte. Por último, el museo Arqueológico de Bolonia posee un ushebti con el nombre de Seramón.

Además, la aplicación del escáner a la momia ha permitido aumentar el número de los objetos conocidos de Seramón. Ha revelado su equipamiento funerario. Consiste en una placa de evisceración, un escarabeo de corazón, un pectoral, amuletos y figurillas de los cuatro hijos de Horus.

Y si el estudio médico de la momia ha hecho emerger del pasado las características biológicas de Seramón, los títulos y las funciones que ejercía nuestro personaje nos permiten conocer su trayectoria y su posición social. Ante todo hay que subrayar que el nombre de Seramón es poco frecuente. Podría traducirse por “Mi príncipe es Amón”. Nos aclara un hecho sociológico de la época en que vivió Seramón: la devoción al dios Amón.

Además del apego “afectivo” a Amón, los textos nos indican que Seramón estuvo profesionalmente ligado al gran templo de Karnak (Ipet-sut) así como a los santuarios de los otros dos miembros de la tríada tebana: la diosa madre Mut y el dios hijo Khonsu. Los sarcófagos de Besançon nos indican que se hizo “escriba real”, un título aparentemente ligado a la función de “jefe de las tropas” y que indica un claro progreso en su carrera. Entre esos cargos relativos a la administración de los dominios de Amón, Mut y Konhsu, hay que destacar el título de “director del ganado consagrado a la grande y noble insignia de Amón”. Finalmente Seramón cumplía tres funciones propiamente religiosas como integrante de la categoría de los sacerdotes uab.

Nuestro sacerdote subió un escalón más cuando fue distinguido con el grado de sacerdote hem-netjer (“servidor del dios”, también llamado profeta). Así Seramón se posiciona en la esfera superior de los sacerdotes de Karnak. Esta autoridad omnipotente del dios de Karnak encuentra un eco en el último título ostentado por Seramón, el de “gran favorecido conocido de Amón” (o “gran favorecido por los señores de Tebas, Amón, Mut y Khonsu” según el papiro de la Biblioteca Nacional de Francia).

En definitiva, los objetos de Sermón que han llegada hasta nosotros atestiguan una carrera ejemplar e ilustran perfectamente las informaciones que documentos a priori bastante corrientes (féretros, estatuillas, …) pueden proporcionar al historiador de las sociedades. Pero al margen del estricto “curriculum vitae”, la documentación relativa a Sermón revela numerosos detalles sobre las maneras de pensar de los antiguos egipcios, así como sobre su manera de concebir una vida aquí abajo tributaria de la del más allá.

– Sarcófago de Seramón. XXI dinastía (± 1069-945 a.C.). Madera estucada y pintada

Estos ataúdes ensamblables, típicos de las inhumaciones tebanas de la XXI dinastía, llevan la efigie del difunto tocado de una peluca y con los brazos cruzados. Las tapas presentan una serie de collares con motivos solares u osiríacos. Las viñetas se organizan siguiendo un eje central y muestran a Seramón adorando a diversos dioses funerarios, uno de ellos Osiris. La rica decoración de los féretros desarrolla los temas de Nut extendida por encima de Geb; la barca solar venciendo a la serpiente Apofis; la vaca Hathor que emerge de la montaña de occidente; los 42 jueces del tribunal de Osiris, o el pesaje del corazón del difunto. Todos estos temas reconstituyen una auténtica «cámara funeraria» para el propietario de los ataúdes, que se halla así en contacto directo con las funciones protectoras y regeneradoras de los dioses.

 

– Escarabeo. Terracota vidriada.

Los escarabeos figuran entre los amuletos egipcios más potentes y utilizados con mayor frecuencia. Estilizados o de tipo naturalista, a menudo llevan en su cara ventral una inscripción donde se lee el nombre del propietario. El escarabajo pelotero es el atributo de Khepri, dios del sol naciente. El astro solar se equipara a la bola de detritus que empuja el escarabajo y que contiene sus huevos. Entraña la doble idea de nacimiento y cambio. El amuleto, portador de esperanza, transmite a los vivos su aliento vital mágico. En los muertos está dotado de alas de halcón y se lo coloca en el lugar del corazón, al que reemplaza tras ser extraído durante la momificación.

. OBJETOS EGIPCIOS EN ALICANTE.

En el Levante español han aprecido algunos objetos egipcios y “egiptizantes”, no fabricados necesariamente en Egipto. Son en total algo más de una treintena, y se vinculan a las rutas comerciales frecuentadas por negociantes fenicios, púnicos y griegos, comenzando a llegar a nuestras tierras durante el período Orientalizante, a partir del siglo VII a. C. Por lo general, son objetos de reducidas dimensiones que serían portados como colgantes o formando parte de collares. En Egipto eran considerados como amuletos protectores y estaban relacionados con la resurrección en el más allá. En tierras alicantinas han aparecido mayoritariamente en contextos funerarios, manteniendo su carácter apotropaico, de preservación contra el mal y atracción del bien. El grupo más numeroso lo conforman los escarabeos, pequeños objetos que representan al escarabajo sagrado, y los amuletos, que representan divinidades como Horus, Ra, Nefertem, Anubis, Bes, y seres fantásticos como las esfinges. Destaca la cantimplora del Nilo tipo Año Nuevo de fayenza del Nilo.

– Cantimplora de fayenza verde del Nilo. Fayenza 700-600 a. C. Necrópolis de les Casetes, la Vila Joiosa

Cantimplora de fayenza del Nilo del tipo Año Nuevo realizada a molde bivalvo. Sobre el cuello se desarrolla una decoración de flor de loto a modo de capitel nilótico que puede relacionarse con la columnita-uadye, amuleto que simboliza la eterna juventud y que se colgaba en el cuello del difunto para asegurar su resurrección. Como asas tiene dos simios sedentes, con los codos apoyados en las rodillas y las manos en la cara. El simio, animal sagrado del dios Tot, representa el paso del tiempo que es regido por este dios. En las bandas laterales tiene dos cartelas con escritura jeroglífica alusivas a los dioses Ptah y Neit, relacionados con la creación, el Año Nuevo y la Inundación, que tenía lugar precisamente en el comienzo del Año Nuevo en Egipto, en torno al día 20 de julio. Este tipo de cantimploras contenían agua del comienzo de la crecida del Nilo, que tenía atribuidas toda clase de virtudes, entre ellas la regeneración de la vida y el renacimiento de la misma incluso en el Más Allá .

– Entalle basculante con representación de Seth Ba’al. Cornalina y plata 550-535 a. C. La Fonteta, Guardamar del Segura.

Entalle de cornalina con montura de plata longitudinalmente por un orificio de sección circular, que aparece rematado por dos pequeños cilindros perforados adosados a la montura de plata. Estaba destinado a ser engarzado en un anillo, hoy desaparecido. La pieza presenta dos caras, una redondeada y otra plana, en la que se encuentra la inscripción, formada por tres signos jeroglíficos que representan el cielo, el animal de Seth sentado y un tercero que puede ser o bien el signo de la tierra o tener el significado de señor. En criptografía egipcia el animal de Seth se identifica con el dios cananeo Ba’al, que se caracteriza por sostener en su mano izquierda una vara de cedro, lo cual hace que el animal representado en el entalle haya de ser interpretado como Ba’al y no como Seth.

~ by lostonsite on 4 agosto, 2010.

Arte, Exposiciones

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