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Cuando se visita la ciudad de las tres “T”

CREMONA

Cremona es una ciudad lombarda de menos de 100.000 habitantes, capital de la provincia homónima. Se encuentra en el corazón de la Llanura Padana. Es conocida como la ciudad de las tres “T”, en referencia al “turòon, Turàs, tetàs” (turrón, Torrazo, tetonas). En los últimos tiempos, con la intención de honorar a un ilustre cremonés cada vez más conocido, la tercera “t” se ha sustituido por el nombre del actor Tognazzi. “Torrone, Torrazzo, Tognazzi”.

Los primeros asentamientos se sucedieron en el 218 a. C., cuando unos 6.000 colonos Romanos formaron un castrum en la ribera del río Po. La leyenda más conocida determina que la ciudad fue fundada por Hércules. En verdad, Cremona fue siempre un importante centro de la zona durante el periodo republicano, con un anfiteatro, un foro y monumentales baños termales. En el 60 d. C. fue asediada y destruída por las tropas de Vespasiano y posteriormente reedificada con ayuda del propio emperador. Durante un largo periodo, la ciudad desaparece de las crónicas de la historia, citada sólo en algunos documentos, o nombrada por la procedencia de algún personaje histórico. El municipio era sede de puerto fluvial y era atravesado por la via Postumia que unía Aquileia con Génova, atravesando el Po en las cercanías del antiguo asentamiento. La vía en el periodo tardo romano perdió progresivamente importancia, pero la ciudad mantuvo su importante puerto fluvial.

En el año 603 Cremona, baluarte bizantino, fue conquistada por los lombardos que desarticularon el territorio. La ciudad es dirigida por el obispo, aunque no se convierte en sede de ducado. Tras la conquista carolingia, el obispo conde mantendrá y ampliará su control sobre la ciudad y el condado.

Durante el siglo X y XI, la ciudad incrementa su poder gracias a importantes concesiones a los obispos rectores de la ciudad. Entre ellos destaca Liutprando, que fue llamado a la corte imperial de Sajonia, y Olderico, que consiguió obtener importantes privilegios para la ciudad por parte del emperador Otón III.

Fueron los obispos Lamberto y Ubaldo quienes crearon disidencias con la población de Cremona por la gestión de la propiedad del Monasterio de San Lorenzo, con la mediación del emperador Corrado II, que en el año 1037, estableciéndose en la ciudad, dio refugio al papa Benedicto IX.

Con el emperador Enrique IV la ciudad se negó a pagar los opresivos impuestos que el Imperio reclamaba y que el obispo conde imponía a los ciudadanos. Nació así la leyenda sobre el combate entre Enrique IV y Giovanni Baldesio (Giuaniìn de la Bàla), alférez mayor de la ciudad. Según la tradición Giuaniìn derribó al príncipe, librando a la ciudad el pago de los impuestos que todos los años tenían que pagar al emperador. Ese año, como símbolo de agradecimiento donaron los impuestos a Berta, la prometida del caballero, como dote para su matrimonio. A esta leyenda se une una noticia histórica poco años después. El emblema ciudadano recuerda este episodio, con el brazo de Baldesio que sostiene el tributo, con el lema “mi fuerza está en el brazo”, expresado en latín (“fortitudo mea in brachio”).

En el año 1093 se formó una alianza militar anti imperial, dirigida por Matilde de Canossa, que tenía numerosas posesiones, y con la alianza de Lodi, Milán, Cremona y Piacenza. El conflicto se resolvió con el juramento de obediencia del emperador Enrique IV al papa Urbano II y con la donación en 1098 de la Isla Fulcheria (en la zona de Crema) a la ciudad de Cremona, que en ese momento se proclamó un municipio libre, convirtiéndose en la ciudad más rica, poderosa y poblada de la Italia Septentrional.

A partir de esta fecha, el muncipio luchó con las ciudades vecinas para ampliar y defender su propio territorio. Las guerras fueron numerosas, con grandes victorias como la de 1107 por la posesión de Tortona, o la de 1117 que marcó la derrota en las cercanías de Bressanoro. En este periodo, la ciudad tuvo fuertes divisiones internas entre la parte de la ciudad vinculada a los gibelinos (ciudad vieja), y la de los güelfos (ciudad nueva). El conflicto llegó al punto de crearse dos Ayuntamientos con la edifiación del Palazzo Cittanova, todavía existente.

Con el conflicto de Federico I Barbaroja la ciudad se alió con el emperador, quien apoyó a Cremona contra la revuelta de Crema apoyada por los milaneses en sus reivindicaciones de independencia. La victoria y la fidelidad al emperador permitió al municipio de crear su propia moneda y de crear una ceca con la realización de una bula imperial.

En 1160 Cremona reconquistó Crema y apoyaó al emperador en su asalto a Milán, que fue destruída en 1162. Por este apoyo, a Cremona le fue confiada la zona de Porta Romana en Milán. Sin embargo, en el año 1167, la ciudad se agrupa con otros muncipios italianos contra el imperio, entrando a formar parte de la Liga Lombarda, que el 29 de mayo de 1176 derrotó a las tropas imperiales en Legnano. La unión duró poco y la ciudad volvió a enfrentarse en 1213 en Castelleone, donde los cremonenses vencieron a una liga milanesa compuesta por los municipios de Lodi, Piacenza, Crema, Novara, Como y el apoyo de Brescia. En 1232 se comienza la unión entre Cremona y el emperador Federico II, después de ciertas disputas de poderes internos en la ciudad. La nueva alianza con el Imperio les llevó a la victoria en la batalla de Cortenuova contra la Liga Lombarda. Federico II se trasladó con su corte en numerosas ocasiones a la ciudad.

En 1266, con la captura de Umberto Pallavicino, se dio fin al poder del gobierno gibelino. Se sucedieron una serie de cambios de poder hasta que en 1276 Cremona pasó a la señoría del marqués Cavalcabò. En este nuevo periodo se construyeron numerosas obras arquitectónicas: la iglesia románica de San Francisco, los transeptos de la catedral y la construcción de la Loggia dei Militi. Siempre en el mismo periodo se sucedieron numerosas organizaciones agrarias, con la realización de importantes canales de regadío en el territorio.

A partir de 1311 la señoría de los Cavalcabò se alternó con señores externos a la familia cremonensa del partido güelfo. Entre estos destacaron Arrigo VII de Luxemburgo (1311), Giberto III da Correggio (1312) y Roberto de Puglia (1313). Con el fin de la señoría de Giacomo Cavalcabò el 29 noviembre de 1322 entró en escena otra influyente familia lombarda: los Viconti. Con Galezzo I, se instauró una influencia sobre la historia de la ciudad para los siguientes ciento cincuenta años. La ciudad fue regida por los Visconti en alternancia con importantes figuras políticas en el panorama europeo de aquel tiempo, como Ludovico el Bávaro emperador en 1327 o Giovanni de Luxemburgo rey de Bohemia en 1331, hasta el año 1403. En ese año la ciudad fue reconquistada por la señoría de la parte de la familia Cavalcabò, aunque no duró mucho. En 1406, Cabrino Fondulo, capitán de las tropas de Ugolino Cavalcabò, mató a través de un enganño a todos los hombres de la familia Cavalcabò, asumiendo la señoría de la ciudad. Imposibilitado de ejercer el poder se retiró a Catelleone a cambio de 40000 florines de oro pagados por la familia Visconti. La señoría pasó definitivamente a Filippo Maria Visconti, formando parte definitivamente del Ducado de Milán hasta la unidad de Italia.

Bajo los Vicotni primero y con los Sforza después, Cremona tuvo un intenso desarrollo cultural y religioso. En 1411 Palazzo Cittanova se convirtió en la sede de la Universidad de los Mercaderes de tejidos. En 1441 la ciudad fue elegida para celebrar la boda entre Francisco I Sforza y Bianca Maria Visconti el 25 octubre en el templeto erigido por los Benedictinos, hoy sustituido por la Iglesia de San Segismundo construida poco tiempo después.

Ludovico el Moro financió importantes obras ciudadanas para la catedral, como la realización de la Bertazzola, el revestimiento del baptisterio en mármol, la remodelación de la fachada de la iglesia de Santa Ágata y del Palazzo Comunale.

En 1446, Cremona fue cercada por la tropas de Francesco Piccinino y por Luigi dal Verme. Los venecianos enviaron en su ayuda Scaramuccia da Forlì, que consiguió superar el asedio, provocando la derrota de la empresa de los dos comandantes y llevando la liberación de la ciudad.

Con la guerra entre Ludovico el Moro y Francia con Luis XII, Cremona pasó durante un breve periodo a formar parte de la República de Venecia, entre 1499 y 1509. La victoria de la Liga en Agnadello devolvió Cremona al Ducado de Milán, gobernado por los franceses.

Los distintos acontecimientos que se sucedieron entre España, Francia, la República de Venecia y el Ducado de Milán, finalizaron con el Tratado de Noyon en 1516, que decretó el exilio del duque de Milán. La conquista definitiva de la ciudad a cargo de los españoles sucedió en 1524 con la toma del Castillo de Santa Croce. La derrota francesa y la expulsión de las tropas del Ducado de Milán fue legitimada en 1526 en el Tratado de Madrid. La ciudad, inmersa en contínuas luchas y cambios de poder, no interrumpió sin embargo su interés por el embellecimiento de la ciudad. Así, por ejemplo se realizaron diversas construcciones, como la logia en estilo de Bramante sobre la fachada del Duomo (Bertazzola) de Lorenzo Trotti.

En 1546 el ducado pasó a Felipe II, rey de España, iniciando para Cremona y la Lombardía un largo periodo de dominación que tenderá a sustraer recursos, sin reinvertir en obras infraestructurales y productivas del territorio. Las obras artísticas continuarían realizándose, tanto edificios religiosos como palacios para la nueva aristocracia española y para la vieja aristocracia de Cremona.

A finales del siglo XVII la incapacidad española de gestional el territorio, tras la hambruna de 1628 y la peste de 1630, unido al interés de la casa de Austria por la Italia Septentrional, llevó a que fuese conquistada en 1701 por los franceses y posteriormente por los austrias en 1707. La conquista fue ratificada en la Paz de Utrecht en 1714.

DUOMO

La Catedral de Cremona fue erigida en el siglo XII, periodo de gran esplendor de la ciudad, unido a una serie de éxitos en el campo militar y de bienestar económico. El lugar elegido para la construcción era el punto más alto de la ciudad medieval, no lejos del centro del original castrum romano. Con ello, se aseguraba la protección frente a las inundaciones del Po, que en esa época discurría mucho más cercano al centro histórico que actualmente. En este lugar, se encontraban dos iglesias, dedicadas a Santo Stefano y Santa María, que fueron demolidas para comenzar las obras de construcción del templo principal. La fecha de la colocación de la primera piedra está anotada: el 26 de agosto de 1107.

El devastador terremoto del 3 de enero de 1117 dañó gravemente la nueva catedral, que tuvo que ser parte reconstruida, en las décadas siguientes. Un documento redactado por el obispo Sicardo testimonia la continuación de las obras en 1129, cuando se encontraron bajo los desmontes, las reliquias de San Himerio Obispo, siendo finalmente consagrada en el 1190.

La catedral levantada en el siglo XII se presentaba muy distinta de la actual; la planta era basilical, sin transepto. El proyecto original preveía sin embargo que la fachada estuviese flanqueada por dos torres laterales, siguiendo el modelo de las grandes catedrales de las ciudades imperiales más allá de los Alpes. Sin embargo, esa idea no fue llevada a cabo, quizás debido a la construcción del Torrazzo.

Durante los siglos XIII y XIV fueron añadidos los dos brazos del trasepto, confiriendo a la iglesia una planta en cruz (no propiamente de cruz latina, ya que la longitud del transepto supera a la del cuerpo principal). Posteriores intervenciones se sucedieron en los siglos siguientes, concetrados sobre todo en el interior de la iglesia. Entre las modificaciones realizadas al exterior, se encuentra la remodelación de la parte superior de la fachada, realizado en 1491 por Alberto Maffiolo da Carrara, que le confirió el aspecto actual con los nichos de los santos, el timpano, las volutas y la aguja central. En el mismo periodo, el arquitecto Lorenzo de Trotti realizó el nartex (de formas bramantescas) que une el Duomo al Torrazzo, completándolo al inicio del siglo siguiente con la construcción de la logia renacentista denominada Bertazzola.

En el siglo XX, la intervención más significativa se centró en la organización, en términos urbanísticos, de la zona alrededor de la catedral, el Torrazzo y el Baptisterio. En 1931 fueron demolidas las casa que se adosaban en el lado septentrional del duomo, creando lo que hoy se denomina Largo Boccaccino.

El complejo constituido por el Duomo, el Baptisterio y el Torrazzo destaca completamente del resto del tejido urbano, estando circunscrito por calles y plazas (tras una serie de demoliciones efectuadas en la primera mitad del siglo XX).

La fachada principal, flanqueada por el Torrazzo, se orienta hacia la Piazza del Comune (antigua Platea Maior de la ciudad medieval), exactamente frente al Palazzo Comunale. Revestida de mármol blanco por los maestros Campionesi, está aligerado por una logia de dos pisos, interrumpida en la mitad por un elegante pórtico avanzado. Los dos leones que sustentan las columnas del pórtico son obra de Giovanni Bono da Bissone.

Las intervenciones renacentistas se concentraron sobre todo en la parte superior de la fachada; Alberto Maffiolo da Carrara en el año 1491 alzó un ático con cuatro nichos.

Los dos brazos (septentrional y meridional) del transepto terminan también con una fachada. La del brazo septentrional fue completada en 1288 pero fue remodelada en 1319 para reparar los daños del terremoto, mientras que la del brazo meridional fue terminada en el 1374. Ambas fachadas presenta una cúspide aligerada por una galería de arcos, un gran rosetón central y dos rosetones laterales ligeramente más pequeños.

Todo el edificio está coronado por numerosas agujas, de inspiración nórdica. Tres dominan la fachada septentrional, tres la fachada meridional, dos el complejo absidial y dos la fachada principal, formando un total de diez. La fachada principal no poseía en su orígen tres: las modificaciones aportadas en época renacentista han comportado la demolición de la aguja central, y la construcción de la actual torre en estilo bramantesco.

El interior de la catedral es de tres naves separadas por dos series de masivos pilares cruciformes, los cuales sostienen bóvedas de cañón románicas. Sobre la naves laterales, se abren galerías que miran hacia la nave principal a través de grandes huevos. La nave principal está cubierta de bóvedas de crucería, realizadas en el siglo XIV sustituyendo la bóveda original románica. La nave mayor termina en un gran ábside semicircular, en cuya cúpula se realizó un notable fresco representando al Redentor. También las dos naves laterales terminan en ábsides semicirculares, de dimensiones más reducidas, donde se sitúan la Capilla del Santísimo Sacramento y la Capilla de la Virgen del Pueblo.

Bajo el presbiterio se abre la amplia cripta, excavada en época románica pero renovada en el 1606 por Francesco Laurenzi, y que posteriormente fue intervenida por Giuseppe Dattaro y Giovanni Battista Maiolo tras el ruinoso derrumbe de la bóveda. La cripta tiene tres naves y conserva el Arca de los Santos Marcellino y Pietro, de 1506.

La decoración pictórica de la Catedral, realizada por varios artistas en las primeras dos décadas del siglo XVI, representa uno de los más importantes episodios de la cultura figurativa lombarda de ese periodo. Iniciadas las obras por Boccaccio Boccaccino, artista para el cual se cree que tuvo una formación milanesa enriquecida sucesivamente por el contacto con el proto-clasicismo emiliano durante su estancia cercana a la corte estense de Ercole I (1497-1500). Regresó a Cremona entre 1506 y 1507, cuando pintó los frescos de los ábsides con el Redentor y los Santos Marcelino, Himerio, Omobono y Pedro, protectores de la ciudad, la Anunciación en el arco triunfal, aunque ésta no se ha conservado. El fresco del Redentor parece evidenciar la asimilación de las novedades venecianas no solo de Giorgione sino también de Durero, que han hecho creer que el artista realizase un viaje a Venecia. El programa pictórico en la nave central preveía el ciclo de la Historia de la Virgen en la parte izquierda, y de la Historia de la Pasión de Cristo en la derecha. A Boccaccino tuvo que emprender la decoración de los primeros frescos con episodios de la vida de la Virgen, completados entre 1512 y 1516. El artista trabajó con otros pintores a partir de 1515, cuando Giovanni Francesco Bembo empezó a pintar la Adoración de los Magos y la Presentación del Templo, mientras que Altobello Melone, al año siguiente, realizaba el fresco de la Matanza de los Inocentes y la Fuga a Egipto.

Las novedades estilísticas introducidas por dos artistas imprimieron una evolución a Boccaccino, que muestra un paisaje  con un calmado estilo narrativo y una visión menos simétrica y centrada de la composición. La decoración del Duomo es de gran interés por las aportaciones de algunos de los mayores artistas “excéntricos” de Italia Septentrional, que experimentaron soluciones formales alternativas respecto del lenguaje del clasicismo.

En 1519, parte de la decoración de las paredes fue encargado a Girolamo di Romano, llamado “Il Romanino”, que representó a Cristo delante de Caifás, la Flagelación y la Coronación de espinas. Sin embargo, en 1520 retiraron el encargo, prefiriendo a Giovanni Antonio de Sacchis, llamado “el Pordenone”, quien regresaba de su estancia en Roma, pudiendo concluir la decoración con un lenguaje considerado más avanzado porque estaba al corriente de las novedades de Rafaello y, sobre todo, Miguel Ángel. La máxima intensidad estilística alcanzada por el artista aparece en la contrafachada, con la representación de un espacio arquitectónico ficticio, con el cuerpo de Cristo puesto en persepectiva respecto del observador.

BATTISTERIO

El Baptisterio empezó a ser construido en 1167, en el ámbito del grandioso programa de reedificación de la Catedral y de la organización de la plaza mayor que se inició unos sesenta años antes, en 1107.

El baptisterio precedente se elevaba, seguramente, en correspondencia de la actual zona presbiterial del Duomo, en una zona situada en el centro de dos edificios paralelos (posibles concatedrales), así como recientes excavaciones en la cripta, respaldados por otros indicios arqueológicos, parecen sugerir.

Dedicado a San Juan Bautista y construido en planta octogonal, en ladrillos, el Baptisterio ha mantenido, al interior, el aspecto primitivo (excepto la desaparición de dos de los tres accesos originales y por el añadido de los altares), con las paredes divididas en sectores superpuestos asímismo por cornisas y arcos ciegos; una sucesión de tres arcos sobre columna y capiteles en pietra caracteriza la parte inferior, coronada con dos bandas con galerías, abiertas con huecos, sobre la cual se sitúa el ancho tambor de la cúpula.

Al exterior, son más evidentes las modificaciones debidas a las intervenciones posteriores, sobre todo en el revestimiento de mármol de los lados norte y nor-este, realizadas entre 1553 y 1558 (con intervenciones del siglo XIX en el zócalo, también en los otros lados), y en el coronamiento de la logia (con seis arcadas por cada lado), se presenta una banda con dos grandes óculos, todo ello llevado a cabo en el transcurso del siglo XVI.

En el mismo periodo, y precisamente en el año 1588, en la única puerta de acceso que actualmente queda, en el lado norte, presentaba un pórtico avanzado de mármol, con columnas apoyadas sobre dos leones, que en un principio estaba coronado con un balcón donde, hasta 1692, se situaban cada sábado algunos músicos para concluir así la celebración del “Vespro” y de los “Laudi” en honor de la Virgen del Pueblo, celebradas cada semana en la Catedral.

De una taracea (en uno de los asientos del coro) se sabe que, en el siglo XV, un pórtico, probablemente de madera, unía el Baptisterio con la Catedral y el Torrazzo; todo ello fue desmantelado en 1492, cuando se comenzaron los trabajos para la construcción de una logia de mármol (llamada “Bertazzola”). El Baptisterio, quedándose sin esa vinculación, fue enseguida rodeado de construcciones, como tiendas (en especial de quesos y de almacenes de sal), creando un mosaico variopinto que atañó durante siglos la plaza y los espacios adyacentes, hasta que se volvió a dejar la estructura sola a finales del siglo XIX y principios del XX.

. Baptisterio: valencias simbólicas y espirituales.

Ya desde el siglo IV está atestiguada la práctica de construir, junto con la iglesia episcopal, un edificio que albergase la pila bautismal. Este edificio fue evolucionando, llegando a identificarse tanto con su función que se le denominó “baptisterio”.

La forma octogonal, a menudo usada (como en el de Cremona) alude en primer lugar a la idea del octavo día, es decir, el día de la Resurrección. El octógono, sin embargo, es utilizado también en la simbología antigua como referencia a la cruz que en éste se inscribe perfectamente: esta forma de utilización de octógono también es usado, hasta el siglo IV-V para las capillas de mártires además de los baptisterios. Cuando se usa para un baptisterio, esta forma alude, al mismo tiempo, tanto a la cruz (Pasión y muerte del Señor) como a la Resurreción: se podría decir que es un símbolo de la Pascua por excelencia que vincula la Pascua del Señor con la vida del cristiano a través del sacramento del Bautismo (la pila bautismal se encuentra siempre en el centro de la cruz). En el Baptisterio de Cremona, la referencia a la Pascua está muy presente, pese a haber sido desmantelada la antigua pila bautismal: en su lugar se colocó a principios del siglo XVI una “cisterna”, con la intención de ocnservar en ésta agua que era bendecida el Sábado Santo (y posteriormente en la vigilia Pascual): con ésta se debían realizar todos los bautizos de ese año.

La idea de que el Baptisterio es, en cierto sentido, el signo de la “fuente” de la que brota nuestra fe, puede ser constatada observando los elementos decorativos más antiguos que aún se conservan, como es la estatua de bronce del arcángel Gabriel, puesta en la cúspide de la linterna (ahora quitada y sustituida por una copia): el arcángel Gabriel, que llevó el anuncio a María, está indicando el inicio de la redención en la historia de la salvación, redención que se realiza en la historia personal de cada uno, a través del Bautismo. De este modo, el misterio de Cristo (su encarnación, además de la Pasión y Resurreción), la adhesión y la colaboración fiel de María (que consintió con su “sí”) y la redención del creyente vienen a fundirse juntos en una única referencia.

Pero existe otras valencias que el edificio se ha ido cargando con el paso de los siglos: elevándose, en un principio, junto a las iglesias catedrales (antes de la organización rural), el único baptisterio simbolizaba la maternidad de la Iglesia y su unidad. En este sentido, aunque se consituyeron en la ciudad, parroquias autónomas, dotadas de su propia fuente, se mantuvo la costumbre de llevar al Baptisterio junto a la Catedral a todos los niños nacidos en cada año, durante las dos semanas después del domingo de Pascua y después de Pentecostés, para así confirmar que la unión y la dependencia quedaban inalteradas.

. Baptisterio: de edificio bautismal a lugar de devoción popular

No se sabe si, en sus inicios, en el centro del edificio bautismal existiese una pila “para la inmersión” o (lo que es más probable) una “fuente” en la que se administraba el sacramento. Esta segundad modalidad pronto se impuso pronto, llegándose a situar la fuente misma en una capilla de la catedral (al fondo de la nave lateral izquierda), que era dedicada a San Juan Bautista, de modo que el Baptisterio terminaba siendo abandonado, como prueban algunos documentos de princpios del siglo XVI. En 1520, sin embargo, se emprenderon importantes obras que, modificando en parte la función del edificio, contribuían también a rescatarlo del abandono precedente. Se situó al centro una gran “cisterna” que servía para recoger el agua bendecida el sábado santo, y con la cual swe bautizaba durante todo el año.

En 1575, sin embargo, Carlo Borromeo, visitó la ciudad y ordenó que fuese retomada la práctica de los bautizos, realizándose en la propia cisterna central, volviéndose a colocar la fuente que se encontraba en la Catedral. La nueva situación de la fuente se dispuso en el ángulo izquierdo respecto a la entrada, así como se utilizaba en cada iglesia parroquial.

A partir de finales del siglo XVI, en el edificio se fue disponiendo otros altares (además del único existente anteriormente, en el lado este).  Se inicia por tanto un periodo de desarrollo de una intensa actividad corporativa, erigiéndose el altar de San Biagio, el altar del Crucifijo y de la Dolorosa.

TORRAZZO

El Torrazzo de Cremona, situado junto a la catedral de Cremona, es uno de los símbolos de la ciudad lombrada. Se trata del campanario en ladrillo más alto de Italia, y una de las torres campanarias más altas del mundo, superado sólo por el Campanario de la catedrla de Landshut (de 1432) en Baviera.

En una placa en la base del Torrazzo está escrita la altura (250 brazas y dos onzas, que corresponden a casi 110 metros). Con medidas más precisas, se sabe en la actualidad que la altura real es de 112,27 metros con un total de 502 escalones.

Excavaciones arqueológicas dirigidas a principios de los años ochenta del siglo XX se ha demostrado la presencia de estructuras bajo la torre, relacionadas con una área de sepultura que se situaba junto a la antigua catedral o con edificios romanos anteriores. La tradición popular sitúa la primera edificación del Torrazzo en el 754. Existen cuatro fases en el desarrollo de la construcción de la torre: una primera perteneciente a la tercera década del siglo XIII, en la que se construyó hasta la tercera cornisa, una segunda fase (1250-1267), hasta la cornisa inferior de la ventana con cuatro huecos; una tercera (hacia el 1284), como enlace para la cuarta fase, representada por la aguja de mármol terminada en el 1309.

En el Torrazo, en el cuarto piso, se situó posteriormente uno de los relojes astronómicos más grandes del mundo. Construido por Francesco y Giovan Battista Divizioli (padre e hijo) entre los años 1583-1588. El reloj representa la cúpula celeste con las constelaciones zodiacales atravesadas por el movimiento del Sol y de la Luna.

PALAZZO COMUNALE

Edificado a partir de 1206 y ampliado en el 1245, el Palazzo Comunale retoma la típica estructura del “broletto” lombardo con un cuerpo de fábrica cerrado alrededor de un patio. En el piso superior se encuentra las salas del Consejo y de la Junta. En la antigua capilla se sitúa la colección de violines del Palazzo Comunale, donde se expone las obras de los maestros más representativos de los violines de Cremona: el violín de Andrea Amati, Carlos IX de Francia (1566), la viola Stauffer de Antonio y Gerolamo Amati (1615), el Hammerle de Nicolò Amati (1658), el Quarestani (1689) de Giuseppe Guarneri… etc.

LOGGIA DEI MILITI

Erigida en 1292, es un intersante ejemplo de arquitectura. Junto al Palazzo Comunale se dispone la Loggia dei Militi, cuya historia está estrechamente unida a la “Sociedad de los Soldados”, a la que pertenecían los más importantes habitantes de la ciudad y del condado. Además de las reuniones sociales, el edificio servía para la custodia de banderas, estatuas y otros objetos sociales. Según un esquema arquitectónico presente también en otros edificios civiles lombardos del tiempo, la Loggia dei Militi está formada por dos espacios rectangulares superpuestos.

Debajo del pórtico se conserva el escudo de Cremona, una composición escultórica constituida por dos Hércules que sostiene el blasón ciudadano. Este emblema de Cremona no se encontraba en un principio, sino que fue situado aquí en el año 1910, cuando la Porta Margherita, su posición original, fue demolida.

IGLESIA SAN PIETRO AL PO

Erigida en el año 1064 sobre la antigua ribera del río Po, la Iglesia de San Pietro fue muchas veces remodelada hasta asumir en 1573, con la intervención del arquitecto Francesco Dattaro tras un ruinoso derrumbamiento sucedido el día de la Epifanía, el aspecto actual. El interior respeta en la estructura arquitectónica los cánones de Borromeo de simplicidad y funcionalidad; las decoraciones  de frescos y estucos son de gran exhuberancia. Junto a la iglesia se encuentra un austero claustro que se mandó erigiri por los Canónigos Lateranes en 1509 con un proyecto de Cristoforo Solari. En el antiguo refectorio se puede observar el grandioso fresco de la Multiplicación de los Panes y de los Paces de Bernardino Gatti.

CASA NUPCIAL STRADIVARI

Antonio Stradivari nació en 1644 en la ciudad de Cremon, hijo de Alessandro Stradivari y Anna Moroni. Entre los años 1667 y 1679 fue probablemente aprendiz en el taller de Niccolò Amati. Pronto adquirió fama como hacedor de instrumentos musicales. Comenzó a mostrar originalidad, y a hacer alteraciones a los modelos de violín de Amati. El arco fue mejorado, los espesores de la madera calculados más exactamente, el barniz más coloreado, y la construcción del mástil mejorada. Se considera en general que sus mejores violines fueron construidos entre 1683 y 1715, superando en calidad a los construidos entre 1725 y 1730. Después de 1730, muchos violines fueron firmados “Sotto la Desciplina d’Antonio Stradivari F. in Cremona [año]”, y fueron probablemente hechos por sus hijos, Omobono y Francesco. Además de violines, Stradivarius construyó arpas, guitarras, violas y violoncellos, más de 1.100 instrumentos en total, según estimaciones recientes. Cerca de 650 de ellos se conservan actualmente.

Stradivari se trasladó a la llamada “Casa Nuziale” en 1680, y compró una casa conocida antiguamente como la Nº1 Piazza Roma (antiguamente era la casa nº2 Piazza San Domenico). La casa se encontraba a poca distancia de muchas otras familias fabricantes de violines como los Amatis y los Guarneris. Stradivari probablemente trabajó en el ático de la casa, residiendo en ella para el resto de su vida.

~ by lostonsite on 13 julio, 2010.

Italia, Viajes

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