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Cuando Ponzone legó su colección

MUSEO CIVICO ALA PONZONE

En el Palazzo Affaitati, obra del siglo XVI, se alberga la colección del Museo Civico Ala Ponzone, constituida principalmente por las obras pertenecientes a la familia Ponzone y a las obras procedentes de algunas iglesias de Cremona que fueron suprimidas. La colección fue legada a uso público en el año 1842, a través del testamento del marqués Giusppe Sigismondo Ala Ponzone. Actualmente, la colección de pinturas y de esculturas suma más de dos mil piezas, exponiéndose sólo parte de ella en el Museo.

. Sección Medieval y siglo XV

El recorrido museístico comienza con obras medievales y del siglo XV. En esta primera sala se puede observar esculturas, frescos y una amplia selección de la producción legadas a las obras de los Bembo. Además también se exponen algunas tablillas decoradas pertenecientes al techo del Palazzo Comunale en Caravaggio. Pertenecientes en su orígen a dos fases distintas (denominadas techo A y techo B), éstas representan bustos y perfiles de hombres y mujeres famosas de la mitología y de la historia antigua, presentados como «exempla virtutis». La inclusión en el ciclo de dos escudos, muchas veces repetidos, ha permitido reconocer los que encargaron dicha obra: los cónyuges Fermo Aratori y Giustina Baruffi.

Fermo y Giustina: Aratori y Baruffi eran dos nobles familias de Caravaggio que durante generaciones se han dedicado a la profesión de notario. Fermo Aratori (1440 ca. – 1501) ocupó también encargos de cierto prestigio en su ciudad, tanto como miembro del consejo comunal, como miembro de la importante cofradía de Santa Maria del Fonte. De Giustina Baruffi no se tienen muchas noticias, excepto que aún seguía con vida en 1509. Un hermano de Fermo, Giovanni Antonio, fue el tatarabuelo por parte materna del pintor Caravaggio.

. Pintura del siglo XVI

La Galería de la pintura de Cremona en el siglo XVI ofrece una completa antología de pintroes que documentan la transición de la tradición del siglo XV a la manera moderna (Boccaccio Boccaccino, Pedro Fernández, Aleni y Galeazzo Campi) y la afirmación de la nueva sensibilidad renacentista a través de las obras de Camillo Boccaccino o Gian Francesco Bembo, anticipadores de la sensibilidad naturalista que llegará con Caravaggio, tal y como testimonia su célebre cuadro «San Francisco meditando».

– Caravaggio – San Francisco meditando:

El cuadro, que según Roberto Longhi tiene un caracter «trágicamente autobiográfico», representa el Santo meditando, en una posisción de sufrimiento. Con el rostro encajado por los contraídos hombros,  los ojos cerrados, la frente intensamente fruncida y el mentón sostenido por las manos entrelazadas, la figura se perfila sobre un fondo de troncos y arbustos expresados mediante largas pinceladas y un tanto breves. La luz que se refleja sobre la mano y hace brillar su aureola, revela los rasgos del rostro que se inclina hacia los objetos en el primer plano: una calavera, un libro abierto y un crucifijo, bañados por la misma luz.

En la obra de procedencia desconocida, pero de la que sí se puede suponer un orígen en un convento, Caravaggio regresa sobre la figura de San Francisco (ya afrontada anteriormente en el temprano cuadro que actualmente se conserva en el Museo de Hartford), ofreciendo una interpretación fuertemente interiorizada y que asume aquellas características de confesión personal que han permitido teorizar sobre un posible autoretrato.

Donado al Museo por el marqués Filippo Ala Ponzone, el cuadro fue expuesto en Milán en 1951 en la exposición dedicada a Caravaggio, llamando la atención de numerosos estudiosos que reconocieron su autoría, algo que ha ganado consenso sobre todo tras la limpieza que se realizó en 1986. Esta atribución no está respaldada por documentos y testimonios antiguos, sino por el análisis estilístico, por las fuentes de luz y por la ejecución, además de la caracterización relativa a la situación mental y casi moral, visíble en este caso en el tratamiento fuertemente concentrado y subjetivo del tema. La obra pertenece a un momento avanzado en el recorrido del pintor, fechable en el periodo que estuvo en el Lazio, cuando, tras la huída de Roma debido al asesinato de Rannuccio Tomassoni (28 mayo 1606), éste trabajaba bajo la protección de los Colonna. Esto está confirmado por la relación que tiene con su cuadro «Cena en Emmaus» de la Pinacoteca de Brera, pintada también tras el exilio de Roma, como testimonio el mismo tratamiento en el rostro de la sirviente mediante  resueltas pinceladas.

. Sala de San Domenico

En esta Sala se alberga una serie de obras procedentes de la demolida iglesia de San Domenico. En este conjunto se puede ver las aportaciones procedentes de Milán en la cultura local del siglo XVII, con obras de Cerano, Nuvolone o Procaccini.

. Pintura del siglo XVII al XIX

Dentro de las pinturas pertenecientes al siglo XVII, destacan las pinturas dedicadas a las naturalezas muertas de pintores de Cremona (como el célebre cuadro de Giuseppe Arcimboldi «El hortelano») y los retratos realizados a la familia Ponzone por Genovesino.

– Giuseppe Arcimboldo – El hortelano

– Panfilo Nuvolone – Bodegón

– Felice Boselli – Hortalizas con figura de mujer

Felice Boselli (1650–1732) fue un pintor barroco que trabajó principalmente en Piacenza. Aunque algunos estudioso pensaron que fue discípulo del pintor Giuseppe Nuvolone, hijo de Panfilo, en realidad fue alumno del hermano de Giuseppe, Michelangelo Nuvolone. En este estudio conoció al pintor de naturalezas muertas Angelo Maria Crivelli, también llamado Crivellone, que fue determinante en su estilo. Felice Boselli es conocido por sus pinturas de bodegones y naturalezas muertas, incluyendo animales, pájaros y peces.

– Felice Boselli  – Aves, carnes y bebedor

En el Museo Civico Ala Ponzone se conservan algunos cuadros pertenecientes a la familia Anguissola, oriundos de Cremona. Amilcare Anguissola, era miembro de la baja nobleza genovesa. Su madre, Bianca Ponzone, de familia influyente, falleció cuando Sofonisba contaba entre cuatro y cinco años. Durante las cuatro generaciones anteriores, la familia tuvo una estrecha conexión con la historia antigua de Cartago, por lo que nombraron a su progenie en honor del gran general Aníbal.

Amilcare animó a sus hijas (Sofonisba, Elena, Lucía, Europa, Minerva y Ana María) a cultivarse y perfeccionar sus talentos. Cuatro de sus hermanas también fueron pintoras, pero Sofonisba fue de lejos la que mejor lo consiguió y más renombrada. Elena se hizo monja (Sofonisba pintó un retrato de ella) y tuvo que dejar de pintar, así como Ana María y Europa lo dejaron al contraer matrimonio, mientras que Lucía, la mejor pintora de las hermanas, murió joven. La otra hermana, Minerva, se hizo escritora y latinista. Asdrúbal, hermano varón, estudió música y Latín, pero no pintaba. Su aristocrático padre se aseguró de que tanto Sofonisba como sus hermanas recibieran una buena educación en la que estaban incluidas las bellas artes.

A la edad de 14 años su padre envió a Sofonisba, junto con su hermana Elena, a estudiar con Bernardino Campi, pintor también nacido en Cremona, un respetado autor de retratos y escenas religiosas de la escuela de Lombardía. Cuando Campi se mudó a otra ciudad, Sofonisba continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti (conocido como «El Sojaro»). El aprendizaje de Sofonisba con artistas locales sentó un precedente para que las mujeres fueran aceptadas como estudiantes de arte. No se sabe con certeza, pero probablemente continuó sus estudios junto a Gatti por tres años. Su trabajo más importante de aquella época es su obra Bernardino Campi pintando a Sofonisba Anguissola, fechado en 1550 y que se encuentra en la Pinacoteca Nacional de Siena.

– Ana María Anguissola – Sagrada Familia con San Francisco

– Ginevra Cantofoli – Mujer (Beatrice Cenci)

Ginevra Cantofoli (1618–1672) fue una pintora italiana, activa durante el Barroco. Nació en Bolonia, donde recibió clases de arte de mano de Elisabetta Sirani. En Bolonia, realizó algunas obras para iglesias, incluyendo una Última Cena para la Iglesia de San Procolo, un Santo Tomás para San Giacomo Maggiore y una Santa Apolonia para la Iglesia de La Morte.

Beatrice Cenci (12 de febrero de 1577 – 22 de agosto de 1599) fue una noble italiana. Beatrice fue la hija de Francesco Cenci, un aristócrata que, debido a su temperamento violento e inmoral, más de una vez se encontró involucrado en problemas con la justicia papal. Vivían en el Palazzo Cenci, construido sobre las ruinas de un palacio medieval fortificado ubicado en el borde del ghetto judío en Roma.

De acuerdo con la leyenda, Francesco Cenci abusaba frecuentemente de su esposa e hijos, y llegó al punto de cometer incesto con Beatrice. Él había sido encarcelado por otros crímenes, pero gracias a la indulgencia con la que los nobles eran tratados, el hombre era liberado rápidamente. Beatrice intentó alertar a las autoridades sobre los distintos abusos, pero nada sucedió, a pesar de que todos en Roma sabían qué clase de persona era su padre. Hartos del comportamiendo del hombre, los cuatro Cenci decidieron matarlo para poner fin a los abusos, y organizaron un complot. En 1598, durante una de las visitas de Francesco al castillo, dos vasallos (uno de los cuáles se había convertido en el amante de Beatrice) intentaron envenenar al hombre, pero el intento fracasó, por lo cual Beatrice, sus hermanos y su madre adoptiva golpearon a Francesco con un martillo hasta matarlo, y arrojaron el cuerpo desde un balcón para que todo pareciera un accidente. Sin embargo, nadie creyó que la muerte de Cenci fuera un accidente realmente. La policía papal inició una investigación para determinar qué había sucedido. El amante de Beatrice fue torturado, y murió sin revelar la verdad. A pesar de todo, el complot fue descubierto, y los cuatro miembros de la familia Cenci fueron arrestados, encontrados culpables, y sentenciados a muerte. El 11 de septiembre de 1599, al alba, la familia fue llevada al puente del Castillo Sant’Angelo, donde la sentencia se llevaría a cabo.

Giacomo fue descuartizado, y posteriormente sus extremidades fueron colgadas a la vista del público. Lucrezia y Beatrice fueron decapitadas con una espada. Sólo el hermano menor se salvó de la muerte, pero aun así fue llevado hasta el sitio de la ejecución para presenciar la muerte de sus familiares, antes de ser devuelto a prisión y de que sus propiedades fueran confiscadas para pasar a manos de la familia del papa. Beatrice fue enterrada en la iglesia de San Pedro en Montorio. Para la gente de Roma, Beatrice se convirtió en un símbolo de resistencia contra la aristocracia, y una leyenda surgió: cada año en la noche antes del día de su muerte, ella volvió al puente cargando su cabeza.

Con las pinturas que recogen la evolución desde el siglo XVIII al XIX se puede contemplar la afirmación del Neoclasicismo con figuras como Diotti, y la evolución del Romanticismo, con Piccio.

– Piccio – Retrato de Elisa Barozzi Beltrami; Retrato de Giovanni Beltrami

 

. Pintura finales siglo XIX y siglo XX.

La pintura perteneciente a finales del siglo XIX y parte del siglo XX está representada con pintores como Gorra, Colombi Borde, Vittori o Rizzi. A través de estas figuras se ofrece una panorámica de la pintura lombarda y de Cremona en dicho periodo.

. Artes Decorativas

En el Museo Civico Ala Ponzone se conserva también una selección de artes decorativas en las que se conservan porcelas orientales, cerámicas y mayólicas lombardas y europeas, junto con esmaltes y marfiles.

Este conjunto perteneciente al marqués Ala Ponzone, testimonia el gusto enciclopédico típico del siglo XIX, con la colección de uno de los géneros artísticos preferidos en aquella época: las porcelanas orientales. En el clima de la época, caracterizado por un gran cosmpolitismo europeo, las preferencias estéticas de este noble «collectioneur» son completamente orientales, dirigidas hacia un exotismo que hunde sus raíces en el siglo anterior cuando la moda por la «chinoiserie» imperaba en los salones y en los «cabinets» aristocráticos. Este fenómeno, que se identificaba tanto en la apreciación del arte oriental, chino y japonés, como en la difusión de motivos orientalizantes en cada sector artístico -textil (sedas, encajes, bordados), ebanistería (muebles lacados), pictórico (naturalezas muertas en las que se representaban porcelanas orientales) y cerámico- parecía proseguir durante el siglo XIX, evidenciando la fascinación que Oriente ejercía en los occidentales. Chino no era sólo el «paraíso de la libertad filosófica, gobierno astuto y serena existencia», sino que hasta el siglo XVIII había conseguido mantener un gran secreto: la fabricación de la porcelana. Conocida en Europa desde el siglo XIV gracias a las redes comerciales mantenida por los mercaderes genoveses y venecianos con los árabes, la porcelana china alcanzó las puertas orientales del Mediterráneo a través de las antiguas «Vías», como la de la Seda, la Especias, etc. Muy admiradas por la preciosidad de su material -blancura, traslúcidad y dureza eran cualidades desconocidas por los ceramistas occidentales- se intentó en vano reproducirla en los hornos europeos, desviados por la creencia de que ésta estaba realizada mediante polvo de conchas, vidrio y arenas. El término de porcelana derivava de hecho, del nombre de un molusco «porcellana platychelis», cuya concha de maderperla, triturada y mezclada con agua, se creía que era la composición de la fina masa. El misterio de su composición le otorgaba propiedades mágicas como la intolerancia a contener ningún veneno y la consecuente rotura del vaso o la taza si se le hubieste puesto.

Hasta el siglo XVI, cuando los portugueses se afianzan como potencia naval y comenzaron a importarla sistemáticamente, la porcelana china era una rareza que se encontraban entre otras curiosidades en el Wunderkammern (Estancia de las Maravillas), de los coleccionistas europeos. Comenzó entonces una gran difusión de la moda de poseer obras de arte oriental como objetos de decoración y todas las nobles casas europeas podían vanagloriarse de almenos una pieza de procedencia china o japonesa en su patrimonio artístico.

La creciente demanda comercial impulsada, a inicios del siglo XVIII, mercaderes privados, bancos y sociedades de venta europea crearon un consorcio de la «Compañía de las Indias Orientales» para ampliar el tráfico con el Extremo Oriente. En particular, Holanda e Inglaterra dominaron el escenario durante todo el siglo, contribuyendo a defender el gusto por las «chinoiseries» que seguirá de moda durante dos siglos más.

Las Porzellanzimmer, se reservaron para la exposición de grandes jarrones, vajillas de mesa, y estatuillas orientales, colocados en plein air sobre ménsulas, chimeneas, molduras, columnas y nichos entre espejos dorados que reflejaban las armoniosas combinaciones cromátcias. Aunque la fabricación europea de porcelana en pasta dura, iniciada en el siglo XVIII tras el descubrimiento de los dos componentes primarios, una arcilla de gran pureza llamado caolín, y feldespato, no se interrumpió el flujo de las importaciones.

En el siglo XIX, la porcelana oriental pasará de «status symbol» a objeto indispensable en las colecciones y conjuntos etnográficos de aristócratas y burgueses, siendo adquiridas en el mercado de antigüedades o durante largas estancias en el Extremo Oriente, a veces con una experta apreciación artística, a veces sólo por criterios comerciales.

Las piezas expuestas de la colección de Ponzone se encuentran en las vitrinas originarias, siendo una selección de la amplia colección formada por más de 150 ejemplares que bien representan las principales tipologías de exportación.

. Cremona y su representación

Una parte del Museo está dedicada a la iconografía de Cremona, con obras ligadas a la historia de la ciudad y a su representación pictórica.

. Colección de Dibujos y Grabados

La colección Gráfica del museo cuenta con casi dos mil dibujos y cuatro mil grabados, entre los que destaca los casi doscientes ejemplares pertenecientes a los siglos XV y XVI.

   

~ by lostonsite on 13 julio, 2010.

Italia, Viajes

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