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Cuando el gusto privado se hizo público

MUSEO POLDI PEZZOLI

El Museo Poldi Pezzoli es un museo de origen privado que expone obras de Sandro Botticelli, Antonio Pollaiolo, Giovanni Bellini, Michelangelo Buonarroti, Filippo Lippi, Andrea Mantegna y Giovanni Battista Tiepolo, entre otros.

Nació como colección privada de Gian Giacomo Poldi Pezzoli y de sus predecesores, en particular de la madre: Rosa Trivulzio. Rosa, hija del príncipe Gian Giacomo Trivulzio, provenía de hecho de una noble familia de literatos en estrecho contacto con las mejores mentes del Neoclasicismo milanés y con poetas como Vincenzo Monti y Giuseppe Parini. A la muerte del marido se ocupó ella de la educación del hijo, nacido en 1822, el cual creció en medio de los literatos y artes de su época, que la madre cultivaba engrandeciendo la ya amplia colección familiar.

Heredado el palacio y el patrimonio al alcanzar la mayoría de edad en 1846, Gian Giacomo sostiene la revolución de 1848 apasionadamente. La represión austríaca lo induce a viajar por toda Europa permitiéndole entrar en contacto con otros coleccionistas y numerosas muestras, entre las que estuvieron las primeras exposiciones universales.

Ya en 1846 Gian Giacomo había iniciado los trabajos necesarios para contar con una vivienda propia, distinta de la de su madre, que conforme al eclecticismo de la época decoró con obras de diversos estilos, desde siglo XIV hasta el barroco. Fue un lugar apreciado y visitado por el público y los artistas de la época.

Las salas contenían una serie de obras de arte antiguas, exponiéndose cuadros un poco como en una moderna galería de arte, más que una verdadera casa reservada a la dimensión privada y personal. Además de cuadros, coleccionó objetos de arte provenientes de toda Europa, como armería, cerámica, orfebrería y otras artes aplicadas.

Gian Giacomo Poldi Pezzoli murió en 1879, a la edad de 57 años, habiendo legado en el testamento la casa y las obras de arte en ella contenidas a la Academia de Brera. La administración y la dirección se confiaron a Giuseppe Bertini, pintor, coleccionista y viejo amigo, y Director de la Academia de Brera. Éste inauguró el nuevo museo oficialmente en el año 1881.

Ya en el momento de proyectarse el apartamente privado de Gian Giacomo las salas se pensaron para inspirarse cada una en un estilo diferente y para alojar obras de arte del mismo periodo. Esta disposición era tan inusual para la época que se convirtió en punto de referencia para las mayores colecciones privadas que se formaban o ampliaban en aquella época. Se inspiraron en el Museo Poldi Pezzoli las casas-museo de la estadounidense Isabella Stewart Gardner en Boston o de los franceses Nelly Jacquemart e Edouard André.

El museo sufrió daños irreparables durante la segunda guerra mundial. Las obras se preservaron porque fueron puestas a salvo antes de los bombardeos, pero vidrieras, estucos y tallas se perdieron para siempre. La posterior restauración buscó reponer en la mayor medida posible aquel antiguo esplendor. Se reabrió en 1951.

En la segunda mitad del siglo XX, el museo, que se compone de dos pisos, ha recibido numerosas donaciones, representativas de artes diversas: del bordado a la relojería y la pintura.

SALA DE LOS ENCAJES: La colección de encajes del Museo está compuesto de donaciones, comprendiendo obras italianas realizadas entre el siglo XVI y el siglo XX, muchos de ellos lombardos, y un pequeño núcleo flamenco de los siglos XVIII y XIX.

SALA DE LOS TEJIDOS: En el antiguo estudio del pintor y primer director del Museo Giuseppe Bertini, se disponde desde 1995 la colección de tejidos del Museo. En esta sala se van rotando constantemente las obras expuestas, con una colección que está compuesta por tejidos europeos y no europeos desde el siglo XV al siglo XIX, incluyendo un núcleo de 79 tejidos coptos.

SALA DEL FRESCO: El Salón toma el nombre por el gran fresco de Carlo Innocenzo Carloni, “El Apoteósis de Bartolomeo Colleoni), situado en el techo. El fresco que procede de la villa Colleoni de Calusco (Bérgamo), fue transferido al Museo Poldi Pezzoli en 1951. En las grandes vitrinas se dispone el magnífico Tapiz persa de caza de 1542-1543, junto con otros tapices que se van rotando entre los once que conforman la colección de tapices del museo.

ARMERÍA: Gian Giacomo Pezzoli fue un gran coleccionista de armas antiguas y la Sala de las Armas fue la primera estancia de la casa – museo que se habilitó. En un principio se encontraba en el primer piso, con una suntuosa decoración neogótica realizada entre 1846 y 1851 por el pintor Filippo Peroni (que trabajó en el Teatro alla Scala), con estucos de Paolo Gazzoli. El efecto teatral dominaba la estancia, lleno de estandartes, armas, armaduras, trofeos, vitrinas y maniquíes. La estancia fue completamente destruida en la Segunda Guerra Mundial, y la colección se trasladó al piso inferior. La estancia fue acondicionada en el año 2000 por el más grande escultor contemporáneo italiano, Arnaldo Pomodoro, basándose en una interpretación de la temática de la armería.

SALÓN DORADO: Esta estancia, de estilo renacentista, fue proyectado como Salón de honor, destinado a contener algunas de las obras más importantes de la colección. Gian Giacomo Poldi Pezzoli no logró verla terminada, continuando con la decoración Bertini tras la muerte del fundador del museo. El Salón, llamado así por el techo de casetones dorados que poseía en un principio, estaba decorado con frescos de Giuseppe Bertini y con tapices. Sin embargo, todo quedó destruido en 1943 por la Segunda Guerra Mundial.

. Andrea Mantegna – Retrato de un hombre (1448-1450)

La atribución y la datación son inciertas. Entre los nombres barajados como posibles artífices de la obra son Cosmè tura y Francesco Bonsignori, entre otros. La hipótesis que defiende la autoría de Mantegna, sostiene dos dataciones posibles: una vinculada a su estancia en Ferrara (1448-1450), revelando cierta afinidad con las obras de Rogier van der Weyden con quien Mantegna quizás tuvo un encuentro en Ferrara, y otra posible datación vinculada a la llegada del pintor a Mantua (1460), cuando le fueron encargados varios retratos en calidad de pintor de la corte. El hábito dle personaje hacen pensar en un magistrado veneciano o en un personaje de alto linaje.

El hombre anciano retratado aparece con un rico hábito rojo, de perfil y sobre un fondo oscuro. La posición lateral era habitual en el arte de la corte italiana en ese tiempo, continuando la tradición de las efigies humanísticas de los vir illustris, a su vez inspirados en la numismática romana imperial.

Es notable el uso de la luz, procedente de la izquierda, que hace destacar con fuerza la línea del perfil, resaltando las caracterísitcas fisionómicas del hombre. Con suaves toques de pincel se representan detalles de gran realismo, como la incipiente barba en la barbilla o las venas de la sien. El oscuro fondo, extremadamente sobrio, era en un principio azul, realizado con el característico azul de lapislázuli.

. Piero della Francesca – San Nicola da Tolentino (1454-1469)

La tabla formaba parte de un retablo realizado por Piero della Francesca, entre 1454 y 1469, para el altar mayor de la iglesia de San Agustín a Borgo San Sepolcro. En la cuidadosa definición del rostro y en la corpulenta figura de San Nicolás es reconocible una meticulosa intención retratística por parte del pintor, que quizás representase al prior del convento de Borgo San Sepolcro, citado en el contrato de encargo de la obra. Nicola da Tolentino, santo que vivió en la segunda mitad del siglo XIII, fue canonizado en 1446. Nicolás lleva el hábito negro perteneciente a la orden de San Agustín, acompañado con su propio atributo, la estrella que se apareció en el cielo en el momento de su nacimiento. A sus espaldas, el espacio está definido por una balaustrada de mármol, mientras que en la parte superior, el cuerpo del santo se perfila sobre un cielo azul. Este retablo, entre las obras de mayor importancia del artista, fue sin embargo dividido y disperso probablemente ya en el siglo XVI. Las otras partes aún conservadas se encuentran en diversos museos europeos y americanos: “San Agustín” en el Museu Nacional de Arte Antiga, de Lisboa; “San Miguel arcángelo” en la National Gallery, de Londres; “San Juan Evangelista” en la Frick Collection de Nueva York.

. Giovanni Bellini – Piedad (1455)

La “Piedad” de Bellini es una pintura al temple sobre tabla de 48×38 cm, realizada alrededor de 1455-1460. La tabla es considerada entre las obras más antiguas de Giovanni Bellini. La imagen se inspira en los iconos bizantinos, muy difundidos en Venecia, y en los “Retratos de Pasión”, donde Cristo se representaba muerto con las llagas de la Pasión y con un fiel que lo contempla, proporcionando a través de la observación del dolor divino, además de la compasión, emoción hacia el mismo. Además, la disposición de los brazos cruzados aludía un célebre icono realizado en mosaico considerado milagroso, que según la leyenda mandó construir el papa Gregorio I, tras una visión de Cristo durante una misa, y conservado en la Basílica de Santa Cruz de Jerusalén, en Roma.

La obra muestra, con cierta aspereza de medios, a Cristo que se levanta del sepulcro descubierto sobre un fondo de paisaje encuadrado entre dos altos promontorios. Los influjos de Andrea Mantegna son reconocibles (el pintor de Padua era cuñado de Bellini desde 1453), con una obra llena de un gran lirismo intenso, convirtiéndose en una característica primordial del arte de Giovanni, transfigurando el drama divino en un sentimiento triste y melancólico.

. Piero del Pollaiolo – Retrato de una joven mujer (1470)

La figura femenina aparece sobre un fondo de un claro azul del cielo salpicado con algunas nubes. El rostro, mostrado de perfil según la tradición de la retratística antigua, está perfilado por una sutil línea negra de contorno, que lo hace resaltar. La mujer viste un corpiño escotado y abroachado por una serie de botones. Los cabellos, sostenidos por un velo, están rodeados por un hilo de pequeñas perlas. Sobre la frente desciende un hilo de perlas unidas en oro. El cuello está adornado con un collar de perlas blancas alternadas con una perla negra sobre la que pende un gran rubí. Gran importancia se ha dado al detalle floreal de la manga. En este periodo los trajes llevaban mangas desmontables que se aseguraban por lazos en la espalda para poder ser fácilmente cambiados.

La extraordinaria riqueza del vestido, junto con el tocado y las numerosas joyas, hacen pensar que se trate de un personaje de gran importancia dentro de la aristocracia florentina del siglo XV. Una inscripción en la parte trasera del cuadro, eliminada en el transcurso de una antigua restauración, designaba a la mujer como la esposa del banquero florentino Giovanni de’ Bardi.

La obra, fechada hacia el año 1470, pertenece a una importante serei de retratos femeninos, actualmente divididos en diversos museos europeos y americanos, realizados en la segunda mitad del siglo XV por el taller florentino de los hermanos Antonio y Piero del Pollaiolo. El extraordinario cuidado de la luz, que se refleja con efectos de transpariencia sobre los cabellos dorados de la mujer, sobre las perlas y sobre las piedras preciosas, testimonia la influencia de las novedades introducidas por los pintores flamencos contemporáneos.

. Sandro Botticelli – Virgen del libro (1480)

Esta Virgen con el Niño, conocida con el nombre de Virgen del libro (en italiano, Madonna del libro) es una obra del pintor renacentista italiano Sandro Botticelli. Está ejecutada al temple sobre madera. Mide 58 centímetros de alto y 39,5 cm. de ancho. Está datada en 1480-1482.

La Virgen del Libro es una obra extremadamente suave y bella, en la que María y el Niño están sentados en la esquina de una habitación, enfrente de una ventana. Se ven algunas palabras, mostrando que se trata de un Libro de horas, las Horae Beatae Mariae Virginis. Las manos de la madre y del hijo tienen la misma actitud: la derecha abierta en un gesto parecido al de la bendición, y la izquierda cerrada. El Niño mira a su madre mientras esta, seria, no se sabe si mira al hijo o está absorta en la lectura del libro abierto sobre el que descansa su mano.

Como símbolo de su futura Pasión, el Niño Jesús sostiene los tres clavos de la cruz así como la corona de espinas. Se trata de una representación frecuente en la iconografía cristiana.

Botticelli creó añadidos a la escena con gran amor hacia el detalle, y el conjunto de cajas y un bol con frutas exuberantes se parecen mucho a un bodegón; las cerezas son una alusión al Paraíso. Las páginas del libro, los materiales y los velos transparentes tienen una increíble calidad táctil. Es un cuadro de gran equilibrio y sentido del color. Otro refinamiento de la pintura de Botticelli es la filigrana de oro con las que decora las ropas y los objetos. El uso de la cara pintura de oro fue el resultado de un acuerdo contractual que hizo con los clientes, que establecieron por escrito el precio de la pintura.

Esta obra recuerda a otras imágenes marianas que realizó con anterioridad al año 1470, influidas por Filippo Lippi, como la Virgen con el Niño y ángel del Spedale degli Innocenti (Florencia) o la Virgen de la Eucaristía, recordando por el tema a la Virgen del Magnificat Tiene forma rectangular, lo cual es raro en la producción botticelliana posterior a los años 1470.

Este es uno de los cuadros de la Virgen realizados por Botticelli que más se ha difundido, por su sencilla aproximación devocional.

En esta Madona, como en las demás de la larga serie que pintó Botticelli, puede verse un modelo de Virgen seria, meditabunda, abstraída en su propia belleza y actuando siempre con gran seriedad. Las Madonas de Botticelli reflejan una relación más intelectual que afectuosa entre Madre e Hijo, a diferencia de lo que ocurre con las Vírgenes pintadas por Rafael Sanzio, que suelen mirar a su hijo y colaborar en sus juegos con una cierta sonrisa.

. Sandro Botticelli – La Piedad (1495)

La Piedad (conocida en italiano como Compianto su Cristo morto), es un cuadro realizado por el pintor renacentista italiano Sandro Botticelli. Está ejecutado al temple sobre tabla. Mide 107 cm. de alto y 71 cm. de ancho. Fue pintado en 1495. Se cree que esta obra fue un encargo de Donato de Antonio Cioli, miniaturista de códices, para Santa María Maggiore de Florencia.

La estructura de este cuadro es piramidal, gracias a la acumulación de los personajes, representados muy juntos. Las figuras están conectadas muy estrechamente. Esta composición evoca la forma de una cruz, culminando en José de Arimatea, que muestra la corona de espinas y los clavos.

Las diversas expresiones de dolor acentúan el patetismo de esta obra. El punto de vista cercano aproxima al espectador a la escena.

En este Entierro se evidencia la influencia del cambio producido en Florencia como consecuencia de la caída de los Médicis y las predicaciones apocalípticas de Savonarola. Se recupera un tema propio de la pintura gótica, aunque actualizado conforme al estilo renacentista, evidente en las indumentarias y sus pliegues.

 

SALITA DE LOS LOMBARDOS: En el siglo XIX estas estancias constituían la biblioteca de Gian Giacomo Poldi Pezzoli, hoy en el piso inferior. La estancia fue destruída en el 1943. Desde 1960 la estancia se ha dividido en tres salitas que albergaba la colección de los cuadros renacentistas lombardos.

. Ambrogio da Fossano, detto Bergognone – Virgen de la leche (1485)

La iconografía de la Virgen que amamanta al niño, conocida desde finales del siglo IV, conoce una notable fortuna durante el Gótico y el Renacimiento, coincidiendo con el nuevo auge por el culto a la Virgen que se difunde desde el norte de Europa. La atmósfera del cuadro es de gran intimidad. Jesús sostiene entre sus manos un seno de la madre, mientras se gira para mirar al observador. El artista se detiene en describir el manto azul que se desliza por la cabeza de la Virgen, los cabellos que dejan al descubierto una oreja y la sábana que envuelve a Jesús, que un pliegue cae sobre la muñeca de la Virgen. La composición es extremadamente precisa, un sutil contorno encierra manos y cuerpos, con un claro oscuro de gran delicadeza, donde las sombras parecen acariciar las distintas superficies. Preciosos reflejos dorados aclaran los cabellos de la Virgen, o el manto rojo.

Debido a la altísima calidad de ejecución y la refinada técnica (casi de miniatura, y en el extremo cuidado de los detalles) han desorientado a los estudiosos, que en alguna ocasión la han atribuido a Vincenzo Foppa.

SALA DEL PERUGINO: Es una de las tres salas, que, en el siglo XIX, albergaba casi toda la colección de Gian Giacomo Poldi Pezzoli, sinedo restructurada en 1976 con el proyecto del arquitecto Luigi Caccia Dominioni. La sala toma el nombre por un cuadro que en el pasado se consideraba de Perugino pero que actualmente se atribuye al taller del artista.

. Cima da Conegliano – Boda de Baco y Ariana (1504)

“Boda de Baco y Ariana” es un cuadro en óleo sobre tabla de 28×69 cm., perteneciente a Cima da Conegliano en 1504. El actual formato rectangular del cuadro se debe a diversas intervenciones realizados a lo largo del tiempo, pues seguramente presentaba perfiles curvilíneos e irregulares en el márgen superior y en los laterales. La obra en realidad es un fragmento recortado de una superficie más grande, completada con otros dos tablas que actualmente se conservan en el Museo John G. Johnson Collection, en Philadelphia. Los tres cuadros formaban en un principio un único elemento de 138,8 cm. de largo por 32,5 de altura, probablemente para situarse en la cabecera de una cama.

El carácter inequívocamente dionisiaco del cortejo, compuesto por Sileno, Sátiros y Ménades que sostienen sarmientos de vides. El motivo central está compuesto por una figura de un joven guerrero coronado con parra, sobre una carroza llevada por dos tigres, que está coronando a una mujer arrodillada a sus pies. La escena ilustra la boda de Baco y Ariana en la isla de Naxos donde, según la mitología antigua, el dios griego, tras una victoriosa campaña militar en la India, encontró a la mujer abandonada por Teseo. Es probable que otras tablas completaran en un principio el ciclo narrativo, perteneciendo a éste un fragmento con la imagen de Teseo en el momento de matar al Minotauro (también en el Museo Poldi Pezzoli).

 

SALA DE PALMA: En un principio, esta sala, junto con la Sala Trivulzio, albergaba la Armería de Gian Giacomo Pezzoli, destruida en 1943. Actualmente, la sala alberga la colección de relojes solares del arquitecto Piero Portaluppi, donada al museo por su hija Luisa en 1978, junto con otros cuadros, como el autorretrato de Sofonisba Anguissola.

. Sofonisba Anguissola – Autorretrato (1558):

Este cuadro, tradicionalmente ha sido considerado como el autorretrato de la pintora de Cremona, pero en los últimos años se han tenido en cuenta otras teorías, no sólo sobre el tema, sino también sobre su autoría: probablemente la obra pertenezca a su hermana Lucía, y la joven retratada sería Minerva, una de las cinco hijas de Amilcare Anguissola. Sofonisba fue la única que se hizo famosa por trabajar en la corte española como retratista, sin embargo, no fue la única de la familia que se interesó por la pintura. También sus hermanas eran pintoras, como narró Vasari que, en un viaje a Cremona, estuvo en casa de los Anguissola y admiró las obras de las “virtuosas” muchachas.

La joven está representada de medio busto en una tela ovalada (un formato difundido en esa época sobre todo en las miniaturas), en un vestido negro que contrasta con el blanco de la camisa que asoma en el cuello. El rostro se encuentra ligeramente girado hacia la derecha, pero con la mirada dirigida directamente hacia el espectador. La atmósfera del cuadro es a primera vista muy sencillo, pero observando cuidadosamente se puede apreciar el cuidado con el que se ha realizado. Se nota la precisión de los detalles, con efectos que aluden al arte flamenco, como por ejemplo en los ojos, cabellos, en el encaje de la camisa, como en el fondo claro que evidencia la figura y sugiere el espacio que la rodea.

~ by lostonsite on 12 julio, 2010.

Italia, Viajes

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