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Cuando se construye sobre estratos de historia

MUSEO ARQUEOLÓGICO DE MILÁN.

El Museo se encuentra situado en un contexto arquitectónico extraordinario: el antiguo convento del Monasterio Mayor de San Mauricio, donde la historia de la antigua Milán muestra sus huellas aún visibles. El monasterio fue construido sobre las ruinas del circo romano (siglo IV d. C.) y de las murallas de la ciudad, siendo aún visible dos de sus torres. Bajo los restos del circo existen restos de edificios romanos del primer siglo d. C.

. La Torre del Circo: La Torre del Circo ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de los siglos, pero conserva aún la base y el núcleo de la época romana. La torre formaba parte del Circo Romano del siglo IV, siendo el punto de partida de las carreras de caballos que tenían que realizar siete vueltas al circo para llegar a la meta. En el siglo VIII se construyó un monasterio sobre las ruinas del circo. La torre, conservada con una altura de 14 metros, fue integrada en el monasterio convirtiéndose en una torre campanario.

 

 

. Torre Poligonal y las Murallas: En los jardines del museo se conserva una torre y parte de las murallas que en el pasado rodeaban la ciudad. Fue el emperador Maximiano quien, a finales del siglo III d. C., decidió ampliar las murallas construyendo una extraordinaria torre poligonal de 24 lados. En el interior de la torre se han conservado restos de frescos del siglo XIII, cuando la torre se transformó en una capilla para orar, en el interior del Monasterio.

 

El Museo Arqueológico de Milán está dividido en varias secciones con objetos que explican la evolución de la antigua ciudad de Mediolanum (sección Milán Antigua), testimonios de la antigua Etruria (sección etrusca), los hallazgos arqueológicos procedentes de las excavaciones realizadas en loas años 1960 en Israel (sección Cesarea Marittima), distintos aspectos de la civilización griega (sección de Grecia y la Magna Grecia), y por último una pequeña colección con esculturas ilustradoras de la vida de Buddha (sección Arte de Gandhara).

. Mediolanum:

Milán fue fundada por la población céltica de los insubrios alrededor del siglo VI a. C. Tal y como demostraron pruebas arqueológicas del siglo XIX probablemente nació como una pequeña aldea que poco a poco fue creciendo. Según la tradición citada por Tito Livio, la fundación de la ciudad se realizó hacia el 600 a. C. a cargo del rey galo Beloveso, que se asentó en el medio de la llanura derrotando la precedente población etrusca.

Tras convertirse en la ciudad más importante de los Galos insubrios, Milán fue conquistada por los romanos en el año 222 a. C. a instancias de Marco Claudio Marcelo y Cneo Cornelio Escipión. Los Romanos dieron el nombre de Mediolanum, que probablemente reproduce un topónimo celta que significase “en mitad de la llanura” (medio-planum), o que se basase en el primer símbolo de la ciudad, un jabalí medio cubierto de lana (medio – lanum). Este símbolo puede verse en un arco del Palazzo della Ragione, en la Plaza dei Mercanti.

Después de que Julio César conquistase Britania con soldados procedentes de Mediolanum, la ciudad sufrió un importante crecimiento acompañado del reconocimiento político. Con la subdivisión del Imperio Romano realizada por Diocleciano en el año 286 d. C. (La Tetrarquía), la ciudad junto con Treviri se convirtió en capital de la parte occidental del Imperio Romano.

En el año 313 d. C., Constantino promulgó en Milán un edicto que consentía la tolerancia del culto cristiano en el llamada Edicto de Milán (Edictum Mediolanense), por lo que pronto se comenzó a construir numerosas basílicas paleocristianas. En la época del obispo Ambrosio y del emperador Teodosio I, que declaró el Cristianismo como la única religión del imperio (Edicto de Teodosio), Milán fue el centro más influyente de la Iglesia en Occidente.

– Pátera de Parabiago: Uno de los objetos más preciados del museo arqueológico de Milán es la Patera de Parabiago, un gran plato dedicado al culto de la diosa Cibeles, de origen oriental. El plato representa a la diosa junto a Atis, su amado mortal en el centro de un mapa cosmogénico en el que aparecen también símbolos de vida, muerte y renacimiento. Este objeto ritual es muy importante puesto que pertenece a una época en el que los cultos paganos, como los de Cibeles y Mitra, coexistían con la religión cristiana.

La Pátera de Parabiago es un plato ornamental de plata maciza donde se representan temas religiosos. Expléndidamente trabajado, pesa casi 3,5 kg, siendo algunas partes de la decoración en relieve mediante un proceso de dorado de mercurio. Probablemente fue utilizado en ritos dedicados a la diosa Cibeles. Fue descubierta en Parabiago (cerca de Milán), durante unas excavaciones de obras públicas. Se cree que fue encargado y realizado durante el Imperio de Flavio Claudio Giuliano (hacia el 360 d. C.), en un periodo caracterizado por el renacimiento del paganismo en Milán.

Según algunas interpretaciones, la pátera representa un mapa cosmológico de inspiración pagana. En la parte superior están representados el sol y la luna: a la izquierda el carro de Helio (el Dios Sol) con una antorcha en alto precedido por Eósforo, (estrella de la mañana) y a la derecha el carro de Selene (Diosa de la Luna), con la antorcha hacia abajo y siguiendo a Héspero (estrella del atardecer). En la parte central se encuentra Cibeles y Atis, su amado, a quien Zeus le concedió la inmortalidad, sobre un carro tirado por leones. Cerca aparece el Tiempo, representado tanto en su anual transcurso a través del círculo zodiacal con los doce signos del zodiaco, como “Aion”, la personificación del tiempo eterno e inmutable en el mundo griego. A la derecha de Aion aparece una serpiente enroscada en un obelisco; la serpiente es el símbolo de la vida después de la muerte, puesto que tras cambiar de piel sigue con vida, nunca muere. Bajo el carro de Atis y Cibeles, aparecen las cuatro estaciones del año representados por cuatro niños que llevan los frutos de los distintos periodos del año. En la parte inferior, cierran la escena las personificaciones del Océano y Teti, con las ninfas de los ríos (izquierda) y las ninfas de la tierra (derecha, llevando la cornucopia, símbolo de la abundancia).

En la mitología griega, Cibeles, madre de los dioses, se enamoró de Atis, un pastor. Cuando Atis la traicionó con una pastora, Cibeles enloqueció de celos. Mientras estaba dormido, Cibeles le extirpó sus órganos sexuales, o, según otras versiones, le enloqueció hasta que se emasculó él mismo y murió desangrado. Cuando Cibeles se dio cuenta de sus propios actos, se arrepintió, pidiendo a Zeus que le devolviese a la vida. El culto de la diosa Cibeles estaba ligada a la idea del renacer y de la vida después de la muerte. Estaba muy difundido en el mundo pagano del siglo IV, junto al culto de Mitra, y la religión cristiana.

En Milán, durante el siglo IV, existió una ferviente convivencia de cultos cristianos y paganos, como los de Cibeles y Mitra. Objetos rituales como la pátera de Parabiago, para la devoción pagana, o la “Capsella de San Nazaro”, para la devoción cristiana, son evidencias de cómo los distintos cultos coexistieron y celebraron en la misma época. No mucho más tarde, en la segunda mitad del siglo IV, Milán comenzó la época del obispo Ambrosio, caracterizada por una gran aversión al paganismo que fue casi del todo abolido.

– Copa Trivulzio: El Museo alberga uno de los objetos más extraños de la época del tardo imperio romano: una espléndida copa diatreta. Lo que convierte esta copa en un objeto único, además de su valor estético, es la técnica de elaboración que es aún un secreto para los vidrieros de hoy. Esta técnica de cincelado del vidrio fue realizada por poquísimos artesanos en la antigüedad.

La Copa Diatreta fue realizada en una única pieza de vidrio soplado y policromado sobre la cual ha sido tallada después con una refinada elaboración en retícula, de modo que la superficie de decoración reticulada es independiente del cuerpo del vaso que se apoya solamente en pequeños “puntales”. La parte superior de la copa aparece una inscripción con caracteres resaltados que dice: BIBE VIVAS MULTIS ANNIS (Bebe y vivirás muchos años). Un deseo que desvela que posiblemente la copa pudo ser un regalo.

Fue encontrada en el siglo XVII en un sarcófago cerca de Novara, siendo comprada por el abad Trivulzio en el siglo XVIII. Por ello, también se conoce como la Copa de Trivulzio. Esta copa suscitó mucho interés entre los ciudadanos de Milán, siendo adquirida en 1935 mediante una suscripción pública de la familia Trivulzio.

El término “diatreta” deriva del griego “diatrepho” y se refiere a su particular técnica de elaboración, que, antiguamente consistía en el soplado de vidrio de un vaso de notable grosor, seguido por el cuidadoso tallado del exterior. Este es el motivo por el que la copa parece estar envuelta de una red tallada. Esta particular técnica fue practicada en algunos talleres de la zona del Reno, siendo aún un misterio para los especialistas del vidrio sobre el proceso de elaboración tan refinada de esta copa.

Debido a la increíble técnica de elaboración, existen muy pocas copas diatretas que se hayan realizado en la antigüedad. Además, muy pocas se han conservado intactas debido a su fragilidad. Además de la copa diatreta conservada en Milán, existe otra copa en buen estado de conservación. Perteneció a una familia americana, los Maxwell, hasta que fue recientemente vendida a un emir árabe por una gran cantidad de dinero. La copa Trivulzio es la única copa diatreta que se conserva en Europa en estos momentos.

– Los epígrafes: Los epígrafes son una de las más importantes fuentes de entendimiento de un periodo histórico. Aunque proporcionen informaciones limitadas o sucintas, los epígrafes no sólo reflejan la vida de una persona, sino que son un testimonio de la vida de una ciudad y de su evolución en el tiempo. Gracias a los nombres, cargos políticos, fechas, acciones que realizaron es posible para los estudiosos de la antigüedad tener un marco, aunque sea parcial, de la evolución de la vida política y social de una ciudad.

El Museo Arqueológico de Milán posee una larga colección de epígrafes (más de 500), aunque sólo están expuestos una parte de ellos. Algunos epígrafes proceden de monumentos funerarios, mientras que otros, llamados epígrafes honorarios, que estaban dedicados o encargados por importantes ciudadanos. Los epígrafes son importantes fuentes de información que permiten reconstruir la vida cotidiana y política.

Dentro de la colección del museo existe un sarcófago de un joven abogado. Procede del siglo III a. C. y fue encontrado intacto dentro de la iglesia de Saint Dionigi, fundado a la vez que la de San Ambrosio en la segunda mitad del siglo IV d. C. La decoración del sarcófago estaba dedicado al joven por su padre, que expresaba su dolor por la muerte de su hijo a una edad tan temprana. El abogado está representado inmerso en su actividad, junto a una cesta llena de rollos de papiros y hablando en público. En un lado del sarcófago el abogado está representado estudiando un libro y en el otro lado en la corte realizando un alegato. Esto es un ejemplo de cómo un epígrafe nos cuenta la historia de una vida y de cómo vivió en la antigua ciudad de Milán.

 

– Esculturas: Las esculturas del Museo Arqueológico de Milán muestra siglos del arte romano y de historia. Un aspecto interesante de estos objetos es el lugar donde fueron encontrados. La mayoría de las estatuas fueron reutilizadas para la construcción de edificios; excavaciones arqueológicas las ha encontrado integradas en muros o en las cimentaciones de casas. Esta es la razón por la que muchos objetos del museo aparecen incompletos. Las partes más frágiles como la nariz, brazos, piernas, fueron ya rotas desde la antigüedad. Cuando el paganismo fue prohibido, muchas esculturas de tema religioso fueron destruidas.

Las esculturas de Milán se caracterizan por una mezcla del estilo local y de los estilos clásicos griegos. El retrato local era naturalista, representando visibles arrugas, caras con marcadas líneas. Este estilo nació de la tradición Itálica. El estilo clásico, caracterizado por la armonía y las figuras elegantes, era apreciado por las clases más ricas, puesto que se acercaban más al estilo de la capital (Roma), y por tanto al centro del poder.

 

Uno de las más importantes esculturas de culto en la colección del museo es la cabeza de Zeus, procedente probablemente de la zona del Castillo Sforzesco. Seguramente formaba parte de una grandiosa escultura de culto, copia romana del siglo I d. C., inspirada en las obras del escultor ateniense Briaxis (segunda mitad del siglo IV a. C.).

 

La estatua de Hércules es una de las pocas piezas del museo que fueron encontradas en su localización original. Es una copa romana del siglo II d. C. de una estatua realizada por Lisippo, escultor griego de la segunda mitad del siglo IV a. C. La escultura no se encuentra entera, habiéndose conservado sólo parte de las piernas y del torso. Se encontró en la zona de los baños termales de Milán, llamados Baños de Hércules, en honor de su fundador el emperador Maximiano Herculius.

  

– Mosaicos: Los mosaicos de las casas de la Antigua Roma eran apreciados no sólo por razones estéticas, sino también como un indicador del estatus social de sus propietarios. El mosaico era común en las casas de personas ricas, la domus. Variaba según el material usado (desde piedras hasta varios tipos de vidrios), la precisión de las piezas cortadas, la elección de los colores y el refinamiento del diseño.

Las técnicas romanas de construcción de edificios poseían ciertas características generales. Los límites catastrales permanecían fijos en el interior de la ciudad, por lo que las nuevas construcciones se realizaban encima de las antiguas edificaciones, sin que los escombros se eliminasen. En este contexto, los mosaicos de los nuevos edificios se realizaban sobre los más antiguos. Durante siglos el proceso se repitió, de modo que una sección vertical de las antiguas casas romanas puede revelar diversos estratos de mosaicos que datan desde el siglo I a. C. al III ó IV d. C.

Los mosaicos eran típicos de las domus romanas, con paredes pintadas y grandes estancias. Las domus milanesas se construyeron después del modelo de la típica casa de la Italia central, con un peristilo y un patio interior rodeado de pórticos. En Milán, las domus se concentraron en la zona alrededor del forum, donde se situaban los templos y las oficinas públicas. Pertenecían a las clases más ricas, como por ejemplo los banqueros, los mercaderes o los altos oficiales.

Uno de los mosaicos más bellos de la colección es el llamado “Mosaico de la pantera”. Forma parte de una domus del siglo III d. C., que se construyó en la zona de la plaza Missori, bajo la iglesia de San Juan “in conca” (pequeño valle). Es un refinado ejemplo de mosaico, que debió ser encargado por una rica familia romana.

 

. El arte de Gandhara

La pequeña pero significante colección de objetos procedentes de la región de Gandhara fue adquirida en 1980 por el entonces director del museo Ermanno A. Arslan. El arte de la región de Gandhara ilustra la influencia del Budismo, pero también del arte de la India y Helenístico, en el periodo entre el siglo I a. C. y el siglo VII d. C., en una zona que corresponde con el actual norte de Pakistán y noreste de Afganistán, antiguo límite con la provincia del Imperio Persa y en los límites del imperio de Alejandro Magno.

Gandhara es una región que fue un cruce de caminos que conectaba Asia central con la India, China y diversos imperios: Persas, Indios, e Iraníes. La gran importancia que su estrategia posición le dió a la región, hizo que fuese un lugar de encuentro e intercambio de diversas culturas durante siglos. La base cultural cosmopolita es una de las características del arte de Gandhara, cuya producción artística posee elementos estilísticos e iconográficos pertenecientes a India, al mundo helenístico y tradiciones Iraníes, de un modo muy original para expresar la fe budista.

 

El budismo se expandió por la región de Gandhara desde el siglo III a. C., mietnras que la expansión de los monasterios budistas y el arte de Gandhara datan del siglo III d. C., cuando el área fue dominada por las dinastías de origen Iraní. En ese momento, extranjeros y las castas más bajas de mercaderes y negociantes adquirieron una gran importancia y fomentaron una religión universal, que no reconociese las castas sino el camino individual de cada ser. Se convirtieron en defensores y protectores del Budismo, dando ricas donaciones para la construcción y mantenimiento de los centros monásticos.

El arte de Gandhara ha sido considerado por mucho tiempo sólo como una manifestación de la influencia de los modelos clásicos en remotas regiones. El hecho es que elementos clásicos son sólo uno de los componentes del arte de Gandhara y fueron utilizados en otro contexto, siendo reinterpretados para expresar y narrar la vida y pensamiento de Buda. Ahora se tiene mayor conciencia de la base multicultural de la sociedad, siendo éste un elemento primordial en el arte de esta región.

Las primeras investigaciones arqueológicas en Gandhara tuvieron lugar durante el siglo XIX, cuando la región se convirtió en el escenario del conflicto entre los dos grandes imperios de Rusia y Gran Bretaña. Las expediciones arqueológicas se realizaron en la primera mitad del siglo XX, y desde 1950 una expedición italiana está trabajando en el valle de Swat (frontera noroeste de Pakistán). Muchos objetos del arte de Gandhara se encuentran en el museo Británico de Londres.

El arte de la región de Gandhara está principalmente documentada por relieves y esculturas en piedras y materiales de modelado (arcilla y estuco). Se trata de arte religioso, siendo los relieves hechos para decorar las capillas y el monumento típico budista, la estupa. Como este arte sirve al lenguaje religioso, cada imagen responde a un código formal preciso, que hace que cada signo y gesto de las figuras sea significante para el creyente.

El arte religioso de Gandhara en realidad sigue un código formal muy preciso, dominado por las características físicas y los atributos de Buda. Las posiciones y gestos de Buda y Bodhisattvas comunicaba una condición interna o una predisposición hacia el creyente. Cada carácter tiene sus propios elementos que son típicos de él y le hacen reconocible. Buda, por ejemplo, siempre lleva la ropa monástica y muestra algunas características físicas como la protuberancia en la cabeza en forma de un moño, el círculo en medio de la frente, o los gestos particulares como el brazo derecho levantado hasta la altura del hombre y la palma vuelta hacia el creyente.

La presencia de elementos clásicos en la región de Gandhara puede ser explicada a través de la persistencia de la cultura helenística en las contiguas regiones tras la expedición de Alejandro Magno, y a través de repetidos contactos de la región con el mundo mediterráneo desde el siglo I d. C., en adelante.

El arte de Gandhara presenta en cualquier caso, algunas características originales, que no pueden ser relacionadas con influencias externas, sino que son resultado de una elaboración local. El ejemplo más notable es la estructura narrativa utilizada para contar la vida de Buda.

Bohisattvas son figuras salvadoras, seres compasivos que quieren ayudar a otras personas a alcanzar la liberación del ciclo de reencarnación. En la iconografía, Bohisattva comparte algunos rasgos físicos, como la “urna”, el círculo en el medio de las dos cejas, como Buda, pero distinguiéndose al no llevar ropa monástica sino de un príncipe, el estilo del peinado y las joyas (las cuales Buda jamás lleva).

~ by lostonsite on 11 julio, 2010.

Italia, Viajes

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