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Cuando la historia pasa por un castillo

CASTILLO SFORZESCO

El Castillo Sforzesco es uno de los principales símbolos de Milán y de su historia. Construido en el siglo XV por Francisco I Sforza, Duque de Milán, sobre los restos de una antigua fortificación del siglo XIV llamada Castrum Portae Jovis. El Castillo fue una de los principales ciudadelas militares de Europa entre el siglo XVI y XVII, sufriendo muchas transformaciones con el paso del tiempo. En la actualidad es la sede de importantes instituciones culturales.

. Los Visconti y los Sfora: Giovanni Visconti dejó en herencia el ducado a sus tres sobrinos: Mateo II Visconti, Galeazzo II Visconti y Bernabé Visconti. Tras la muerte de Matteo, sus dos hermanos se repartieron la ciudad y entre 1360 y 1370, Galeazzo Visconti hizo construir una fortificación que se llamó Castillo de la Puerta Giovia.

El edificio fue ampliado por sus sucesores: Gian Galeazzo, Giovanni Maria y Filippo Maria. El resultado fue un castillo de planta cuadrada, con 200 metros de longitud en los lados más extensos, y cuatro torres en las esquinas, de las cuales las dos que se giran hacia la ciudad son particularmente imponentes, con muros perimetrales de 7 metros de grosor. La construcción se convirtió en residencia permanente de la familia Visconti.

En 1447 el castillo fue destruido por la República Ambrosiana, gobierno republicano creado en el Ducado de Milán por un grupo de nobles y de juristas de la universidad de Pavía, tras el vacío de poder dejado a la muerte sin descendencia de Filippo Maria Visconti. Fue Franciso I Sforza quién lo reconstruyó en 1450 para establecer su residencia tras la caida de la República. En 1452 Filarete fue requerido por el príncipe para la construcción y la decoración de la torre central, denominándose desde entonces Torre del Filarete.

Tras la muerte de Francisco I Sforza, le sucedió su hijo Galeazzo Maria que hizo continuar las labores del arquitecto Benedetto Ferrini. La decoración fue sin embargo encargada a los pintores del ducado. En 1476, bajo la regencia de Bona de Savoya, fue construida la torre homónima.

En 1494 subió al poder Ludovico el Moro y el castillo sufrió una enorme transformación, para la cual fueron convocados los más importantes artistas como Leonardo da Vinci (que realizó los frescos de diversas estancias del apartamento ducal, junto con Bernardino Zenale y Benardino Butinone), Bramante (probablemente para la construcción de un puente que uniese el castillo con la llamada calle cubierta), mientras que muchos pintores realizaron frescos en la sala de baile ilustrando la gesta de Francisco I Sforza.

Durante los próximos años, el castillo fue dañado por los contínuos ataques y luchas entre franceses, milaneses y tropas germánicas. En 1521, la Torre del Filarete explotó, por culpa de un rayo (posiblemente la torre había sido usada como almacén de municiones), provocando numerosos daños y algunos muertos.

Francisco II Sforza restructuró y amplió la fortaleza, destinando una parte como residencia de su mujer Cristina de Dinamarca.

. Bajo el protectorado de los españoles y los Habsburgo.

Bajo el dominio español, el castillo en 1535 (gobernador Antonio de Leyva) perdió el papel de residencia, que se pasó al Palacio Ducal, y se convirtió en la sede de las tropas militares ibéricas: la guarnición era una de las más grandes de Europa. En 1550 comenzaron las obras para reforzar las fortificaciones, con la ayuda de Vincenzo Seregni: se construyó un nuevo sistema defensivo de planta pentagonal y después hexagonal. La defensa exterior alcanzó así la longitud de 3 kilómetros, cubriendo un área de casi 25,9 hectáreas. Las antiguas salas con frescos fueron destinadas a carpintería y a despensas, mientras que en los patios se construyeron gallineros en mampostería. Al inicio del siglo XVII la obra fue finalizada con fosos que separaban completamente el castillo de la ciudad, y la “calle cubierta”.

Cuando Lombardía pasó del poder español a los Habsburgo de Austria, por obra del general Eugenio de Saboya, el castillo conservó su finalidad militar. La única nota artística del dominio austriaco es la estatua de San Juan Nepomuceno, protector del ejército austríaco, situada en el patio de la Plaza de las armas.

. Las modificaciones napoleónicas.

Con la llegada de Napoleón a Italia, el Archiduque Fernando de Austria abandonó la ciudad (mayo 1796), dejando en el castillo un regimiento de 2000 soldados, bajo el mando del teniente coronel Lamy. El castillo sufrió el asedio francés desde el 15 de mayo hasta finales de junio. Se sucedieron una serie de enfrentamientos en los años posteriores entre las tropas austro-rusas y las tropas francesas.

Ya en 1796 se presentó una primera petición popular que pedía la demolición del castillo porque se interpretaba como símbolo de la “antigua tiranía”. Napoleón ordenó en 1800 su completa demolición, que comenzó a realizarse a partir de 1801. El arquitecto Antolini presentó un proyecto de remodelación del castillo en estilo neoclásico, con un atrio de doce columnas y rodeado por el primer proyecto del Foro Buonaparte: una plaza circular de casi 570 metros de diámetro, circundado por una serie de edificios públicos de formas monumentales (Termas, Panteón, Museo Nacional, Bolsa, Teatro…), unidos por pórticos sobre los que se habrían abierto negocios y edificios privados. Esto fue rechazado por Napoleón por ser muy costoso y desproporcionado para una ciudad de 150.000 habitantes.

Fue entonces cuando se tomó en consideración un segundo proyecto, presentado por Luigi Canonica, que limitaba su intervención a la parte que se situaba en la calle Dante.

. Tras el dominio de Napoleón.

Pocos años después, en 1815, Milán fue reconquistada por los austriacos y el castillo se enriqueció con pasajes, prisiones y fosos, convirtiéndose tristemente famoso porque durante la revuelta de los milaneses en 1848 (llamada Cinco Días de Milán), el mariscal Radetzky dio orden de bombardear la ciudad con sus cañones.

Durante los trágicos acontecimientos de las guerras de independencias italianas, los austriacos se retiraron y los milaneses aprovecharon para desmantelar las defensas que se dirigían hacia la ciudad. Cuando en 1859 Milán definitivamente forma parte del Reino de Italia, la población invadió el castillo, destruyendo y saqueando parte de las estancias como revancha.

Casi 20 años después, el castillo es objeto de debate, donde muchos milaneses proponen demolerlo para olvidar los siglos de dominación militar y sobre todo para construir un barrio residencial extremadamente lujoso. Sin embargo, prevaleció la cultura histórica y el arquitecto Luca Beltrami realizó una restauración exhaustiva (casi una reconstrucción), que tenía como finalidad hacer devolver al castillo a las formas de la época de los Sforza. La restauración que terminó en 1905, cuando se inauguró la Torre del Filarete, reconstruida según los diseños del siglo XVI y dedicada al rey Umberto I de Saboya, asesinado pocos años antes. La torre constituye el fondo perspectivo de la nueva via Dante.

En la vieja plaza de armas se configuró centenares de plantas para crear el nuevo pulmón verde de la ciudad, el Parque del Sempione, jardín paisajístico de estilo inglés.

. El siglo XX y la actualidad.

Durante el transcurso del siglo XX, el castillo fue dañado y restaurado tras la Segunda Guerra Mundial. En la década de los años 90 se construyó en la plaza del castillo una gran fuente, inspirada en una anterior que fue desmantelada en la década de los años 60 durante las obras para la construcción de la primera línea del metro. En el año 2005 se concluyó la última restauración de los cortiles y las salas.

El actual cuadrilátero del castillo encierra la amplia plaza de las armas, el cuerpo del edificio que se enfrenta a la entrada principal y la torre central está interrumpido por la torre de Bona de Saboya. Frente a éstos se encuentra el foso, parte del antiguo foso medieval donde se encuentran las cimentaciones del castillo de Porta Giovia. El complejo del castillo se encuentra en el centro de un foso, encerrado por unas murallas renacentistas y alargado posteriormente.

En la actualidad el complejo alberga numerosos museos: Pinacoteca del Castillo Sforzesco (con una riquísima colección de pinturas de Filippo Lippi, Antonello da Messina, Andrea Mantegna, Canaletto, Correggio, Tiepolo…), Museo de la Prehistoria, Museo Egipcio, Museo de arte antigua, Museo del Mueble, Colección de Artes aplicadas, Museo de los instrumentos musicales, Archivo histórico y Biblioteca Trivulziana, Librería del Castillo…

. Museo de Arte Antiguo

La entrada al Museo de Arte Antiguo se realiza a través del portal denominado Pusterla Urbica, llamada de los Herreros (siglo XIV). Se trata de uno de los más antiguos accesos que atravesaban las murallas medievales de la ciudad de Milán.

El Museo de Arte Antiguo alberga obras que abarcan desde la edad paleocristiana hasta el siglo XVI. Estas obras se localizan en varias estancias del Castillo como la Sala del Gonfalone, la decorada Capilla Ducal y la Sala delle Asse con el fresco de Leonardo da Vinci.

En el recorrido museístico se suceden notables ejemplos de la escultura lombarda del siglo XVI, con obras excepcionales como el grandioso Monumento fúnebre de Gaston de Foix, obra maestra de Agostino Busti, o la celebérrima Pietà Rondanini de Miguel Ángel, escultura incompleta del maestro toscano.

. Salle delle Asse: En 1466 Galeazzo María sucedía a Francisco Sforza en el Ducado de Milán. A diferencia de su padre que eligió como residencia el Palazzo dell’Arengo situado junto a la Catedral, Galezzo María fijó su residencia en el Castillo de Porta Giovia. Para convertir la antigua fortaleza viscontea en una residencia ducal, Galeazzo ordenó una serie de obras, incluyendo una ampliación y una nueva decoración de las salas. La decoración de las nuevas estancias ducales fue elegida por el propio duque, determinando los temas, las representaciones, los gestos y las figuraciones de la decoración pictórica.

El programa decorativo afectaba a las salas de la corte ducal en el piso inferior, destinadas al uso público (recibimientos, audiencias, reuniones): La Sala Verde, la Sala de las Palomas, la Salita Ducal… junto con la Capilla Ducal, la Sala de las Torres y la Sala delle Asse, en la que sobre el fondo rojo de las paredes y de la bóveda estaban representados heráldica de los Sforza. Las otras decoraciones de las Salas estaban destinadas a representar grandes escenas de caza con duques y personajes de la corte, bosques con ciervos y gamos y otros animales.

Gracias a los documentos conservados sobre la decoración de los apartamentos ducales, Luca Beltrami, arquitecto que restauró el Castillo en el siglo XIX, tomó la denominación de “Salle delle Asse”, interpretando algunos pasajes de documentos de los Sforza en los que se mencionaba la presencia de elementos de madera en el interior, como las tablas que aún hoy dan nombre a la estancia (“Asse” en italiano son tablas de madera).

La decoración pictórica de la sala, sin embargo, no se debió a Galeazzo Maria, sino por encargo de Ludovico el Moro, que abrió su corte a muchos artistas como arquitectos, pintores y literatos. Entre todos ellos destacaba la figura de Leonardo da Vinci. Gracias a este genial artista del Renacimiento italiano se realizó la decoración de la bóveda y, originalmente, de las paredes de la Salle delle Asse.

Los vegetales entrelazados que decoran la bóveda de la sala fueron descubiertos a finales del siglo XIX, entre 1893 y 1894. Tal decoración se encontraba bajo un enlucido con el que estaba encalada toda la sala. La Sala delle Asse fue reabierta al público en 1902 tras una recuperación de la decoración pictórica dirigida por Luca Beltrami. Esta restauración fue un tanto desprejuiciada en la interpretación del proyecto original de Leonardo, realizándose excesivas integraciones pictóricas por el restaurador. Además fueron ignoradas y ocultadas por un revestimiento de madera las decoraciones monocromas de una pared de la sala, actualmente consideradas parte del proyecto decorativo de Leonardo.

En 1954 se realizaron nuevas obras de restauración, quitando las tablas de Beltrami para recuperar los trazos de la decoración monocroma,  y aligerando las pesadas intervenciones pictóricas de 1900. Gracias a estas intervenciones volvieron a brillar la apagada decoración de la bóveda con representaciones de troncos, raíces y rocas en las paredes.

 

A través de fuentes documentales se sabe que en abril de 1498 el maestro estaba trabajando en la decoración de la Sala, y que prometía terminarla para el mes de septiembre. En estos años Leonardo estaba completando la Última Cena en el Refectorio de Santa Maria delle Grazie. Sin embargo, la Sala delle Asse no ha ejercido la misma fascinación que la célebre obra milanesa, y seguramente el descubrimiento de la decoración, relativamente reciente, y la difícil interpretación del tema no han contribuido a su fama.

Leonardo tuvo que basarse en un programa iconográfico bien preciso, quizás sugerigo por el propio Ludovico. Las rocas estratificadas entre los que se injertan raices nudosas son el punto de partida para una composición orgánica y unitaria, que, elevándose desde la tierra brota con fuerza y vibra a lo largo de los troncos de los árboles, que sostienen las frondosas ramas entrelazadas de la bóveda, describiendo “un grandioso poema naturalístico”.

Si se tiene en cuenta el ambicioso programa político y cultural de Ludovico el Moro y la personalidad artística de Leonardo, atento observador y genial intérprete del mundo vegetal, no se puede conformar la interpretación de la Sala como una simple celebración naturalística. Así, para algunos, la decoración es en realidad “la representación simbólica del Valle del Tempe, un topos de la literatura clásica que es tomado como ejemplo de lugar ameno en el que aparece el contraste entre naturaleza salvaje y la gracia”. Para otros se trata de una representación simbólica, basada en la antigua obra de Vitruvio.

En cualquier caso, los árboles representados han sido identificados como moreras, cuyas características -raíces desmesuradas, tronco colosal, hojas acorazanadas y frutos rojos violáceos- aparecen en todos los frescos de Leonardo. Las moreras (“morus” en latín), cuyas hojas sirven de alimento a los gusanos de seda, hacen alusión a Ludovico, llamado “el Moro”. Además, en la antigüedad, la morero era símbolo de la sabiduría y de la prudencia, posible alusión a la política de Ludovico. Los amenos vegetales entrelazados que originalemente deberían estar sostenidos por robustos y masivos troncos, una especie de árboles-columna, podrían ser una alusión al Duque de Milán, columna y sostén del Estado Sforzesco. Las inscripciones y los escudos que se encuentran en la bóveda, parecen aludir la grandeza de Ludovico. Las inscripciones se refieren a la política imperial del Duque, que pese a todo no pudo asegurarse la posesión del ducado tras la llegada de los franceses, celebrándose en la propia Salle delle Asse con una inscripción que se refiere a la rendición de Milán a Luis XII, rey de Francia. Esta inscripción fue añadida obviamente después de 1499, año de la caída del poder de Ludovico el Moro.

. Pietà Ronadanini: La Pietà Rondanini representa una excepción en la obra de Miguel Ángel, tanto por el particular tratamiento del tema de la Piedad como por el hecho de que la elaboración de esta obra maestra acompañó durante largos años al maestro, en vez de terminarla rápidamente como era habitual en él. Según la literatura, Miguel Ángel intentó finalizar la escultura unos días antes de su muerte, acontecida el 18 de febrero de 1564.

En realidad, esta historia es, quizás, una de tantas leyendas que se han creado en torno a la figura de uno de los más grandes genios de todos los tiempos. En una carta enviada a su sobrino en diciembre de 1563, Miguel Ángel escribió: “Mi mano ya no me sirve; a partir de ahora, me haré con otras para que escriban por mí y firmaré con mi nombre”. Esta declaración parece excluir la posibilidad de que Miguel Ángel trabajase en la Pietà días antes de su muerte. Sin embargo, dejando a un lado estas pequeñas discrepancias, el hecho de que Miguel Ángel mantuvo esta obra inacabada en su hogar y que deseaba dársela a su fiel sirviente, Antonio del Francese, es totalmente cierto, como queda demostrado en un inventario de sus efectos realizados el día después de su muerte.

La Pietà Rondanini, tal y como la vemos hoy, es una versión posterior de una original, comenzada en 1552, conocida hoy tan sólo a través de ciertos bocetos que se conservan en Christ Church College en Oxford. La primera idea de Miguel Ángel fue la de realizar un Descendimiento, pero entonces decidió esculpir sólo la figura de la Virgen sosteniendo el cuerpo inerte de Cristo. Las partes pertenecientes a esta primera versión de la obra son claramente identificables: las pulidas piernas de Cristo, el brazo derecho distante del cuerpo y una orientación distinta del rostro de la Virgen, apenas visible por un primer esbozo de ojo y nariz en el lado izquierdo de la cabeza. En la primera versión de la Piedad, Miguel Ángel había finalizado el cuerpo de Cristo, mientras que el de la Virgen era aún un esbozo.

En los años 1970 fue casualmente encontrada en Roma una cabeza de Cristo, que ha sido considerada como la primera versión de la Pietà Rondanini: el fragmento se adaptaba perfectamente con el molde de la Piedad, aunque algunos expertos consideran que esto es insuficiente para probar que perteneciese a esta escultura.

Hacia 1555, Miguel Ángel revisó su composición, proponiendo una segunda versión de la Piedad, en la que las figuras se hacen más estilizadas y parecen estar agarradas en un doloroso abrazo. Miguel Ángel eliminó sucesivamente parte de la base del grupo escultórico, como se puede observar en el mutilado pie derecho de Cristo, y talló la inscripción que aún puede verse en la parte baja de la Piedad.

En esta segunda versión, Miguel Ángel utilizó las piernas de Cristo que ya habían sido esculpidas, adpatándolas a las proporciones y a la nueva posición de la figura. También esculpió la nueva cabeza de Cristo utilizando el hombro derecho de la Virgen, y eliminó el brazo derecho de la primera versión. El brazo fragmentado de la primera versión ha sido considerado como un ejemplo de obra “inacabada” de Miguel Ángel, atrayendo hacia la Piedad  la atención de la opinión actual, inclinada a exaltar la poética de las obras “inacabadas” del maestro. Sin embargo, quizás es más realista considerar este fragmento como un mero punto de referencia que Miguel Ángel mantuvo para la segunda versión de la Piedad.

La Pietà Rondanini puede ser considerada como un palimpsesto en el que la superposición del nuevo “texto” ha cancelado parcialmente los trazos del anterior, y aquello que queda de la primera versión puede ser considerado un “inacabado” únicamente por la inevitable coincidencia de la suspensión del trabajo con la muerte de Miguel Ángel.

. Museo de Muebles

La colección de muebles, que cuenta en la actualidad con casi dos mil unidades, se constituyó a principios del siglo XX por un conjunto procedente de una familia de ebanistas de Bérgamo, los Mora, que en aquella época se habían establecido en la capital con una tienda en la calle Solferino. Desde entonces, la colección se ha enriquecido gracias a las donaciones de diversas familias nobles como los Durini o los Andreani, y familias burguesas como los Boschi.

La colección documenta bastante bien la historia del mueble lombardo, con algunos ejemplos de la ebanistería barroca romana y genovesa y veneciana del siglo XVIII. Junto a la actividad de investigación se ha realizado en los últimos años una política de ampliación de las colecciones, gracias al empeño de la administración local que ha permitidos nuevas adquisiciones, y a la generosidad de particulares y empresas que han puesto a disposición obras de su patrimonio o de su producción.

 

En una ciudad como Milán, capital del diseño, ha conformado la  necesidad ineludible de contemplar la colección con muebles contemporáneos. Por ello, en el museo es posible ver una pequeña sección dedicada al mueble Liberty y a muebles de diseño desde Gio Ponti hasta Ettore Sottsass.

. Pinacoteca

La Pinacoteca está dedicada a la historia de la pintura lombarda, influenciada por las aportaciones de otros ámbitos culturales, especialmente de la escuela veneciana, afianzada por la presencia de los grandes Maestros del arte italiano.

La exposición se desarrolla siguiendo un recorrido cronológico que abarca desde la mitad del siglo XV hasta alcanzar grandes obras maestras del siglo XVIII. El carácter innovador de la Pinacoteca quiere afianzar en el ámbito tradicional de la pintura otros testimonios, como obras esculpidas -medallas, bajorrelieves, esculturas de mármol- con la intención de hacer apreciar la unidad del lenguaje del arte y subrayar la complementariedad de los diversos objetos procedentes de las antiguas colecciones ciudadanas.

– El arte en la corte de los Sforza: Los Sforza encargaron grandes obras a numerosos artistas. De impronta tardogótica, las influencias de la escuela de Ferrara y de Padua se reflejaron en sus producciones. Algunas de estas imoprtantes obras son el Políptico de Torchiara de Benedetto Bembo, encargado por Pier Maria de Rossi, fiel servidor de los Sforza, o la Adoración de los pastores del Maestro de Trognano.

– De Vincenzo Foppa a Bernardino Luini: Vincenzo Foppa es el protagonista de la pintura lombarda del siglo XV. Su larga actividad está documentada por numerosas obras como la Virgen del libro, o el monumental Martirio de San Sebastián. Junto con él, otros artistas realizaron importantes obras donde se evidencia las distintas influencias y la importancia y la rápida difusión de la obra de Leonardo da Vinci. De Bernardino Luini se conserva en la Pinacoteca del Castello Sforzesco la Virgen con el niño  y el monumental fresco de carácter profano dedicado al tema mitológico de Heracles y Atlante.

 

– Pintura sobre tela y sobre tabla: En el Renacimiento Italiano existió una gran variedad de técnicas artísticas y de materiales pictóricos como queda evidenciado en el Cristo bendiciendo (testimonio de la brillante calidad alcanzada por la pintura al óleo sobre tabla), mientras que el cuadro Virgen con el niño y en la Trinidad documentan el uso de la témpera sobre la tela.

 

– Colección Trivulzio – Filippo Lippi, Antonello da Messina, Giovanni Bellini, Andrea Mantegna: En 1935, Milán fue el centro de una de las más importantes transacciones comerciales de obras de arte, que aseguró a la ciudad una parte de los bienes de la familia Trivulzio, adquiridas a través de varias generaciones y engrandecida con el tiempo mediante herencias y alianzas matrimoniales. La colección Trivulzio está compuesta sobre todo por pintores no lombardos. Pertenecen a esta colección la obra Virgen con niño, de Giovanni Bellini, San Benedicto de Antonello da Messinao o la llamada Pala Trivulzo de Andrea Mantegna

  

– Correggio y el manierismo lombardo: La “gracia” y los modos de Corretio, unidos a las afortunadas invenciones compositivas, serán una de las fuentes principales del manierismo. Junto al manierismo. Junto a esto, el retrato evoluciona como queda testimoniado en los cuadros de Retrato de Lorenzo Lenzi, del Bronzino, lleno de dobles significados intelectuales, o en la interpretación severa propuesta por los retratos femeninos atribuidos a Lucía y Aurora, hermanas de la célebre Sofonisba Anguissola.

 

  

– Venecia, Bérgamo y Brescia: el Renacimiento padano: El siglo XVI, la unión política que unió Venecia con Bérgamo y Brescia se reflejó en el ámbito artístico y cultural, con una amplia circulación de modelos figurativos. Estas relaciones quedan evidenciadas particularmente en el género del retrato, siendo interesante el contraste entre los retratos del bergamesco Giovan Battista Moroni, la incisividad de la obra de Tiziano, paradigma del retrato enaltecedor.

 

– La pintura lombarda en la edad de Borromeo: El recorrido museístico de la Pinacoteca finaliza con cuadros pertenecientes al siglo XVII y XVIII. En la gran diócesis lombarda, regida por los arzobispos Carlo y Federico Borromeo, iglesias, centros conventuales, sufren una profunda reforma litúrgica ligada al Concilio de Trento. En la pintura se demanda la finalidad de estimular la religiosidad de los fieles y de excitar su piedad. Al servicio del dogma católico, prestan su actividad un grupo de artistas, entre los que destacan Giovan Battista Crespi, llamado Cerano, Pier Francesco Mazzucchelli, la familia de los Procaccini, Daniele Crespi, etc.

. Museo de Artes Decorativas

La colección de Artes Decorativas constituyen una parte importante de los Museos del Castillo Sforzesco: comprenden muchas colecciones extremadamente variadas por su tipología, abarcando desde la Edad Media hasta el siglo XX, como muebles, tejidos, cerámicas, vidrios, orfebrería, esculturas de madera y márfil, bronces, armas, instrumentos científicos… creando un conjunto de los más importantes del mundo por su cantidad y calidad.

Entre las obras maestras se encuentran los Tapices Trivulzio, una serie completa de doce tapices dedicados a los meses del año, tejidos por Vigevano entre 1503 y 1509 sobre un diseño del célebre pintor Bramantino. Estos tapices se encuentran decorando la amplia y sugestiva Sala de Baile.

Uno de los conjuntos más raros y prestigiosos del museo es el de la escultura en marfil, conservándose diversas obras de la fase final del imperio romano y diversas piezas de la Alta y Baja Edad Media. Junto a los márfiles, también es notable el grupo de orfebrerías medievales y la colección de cerámicas, que comprende piezas medievales y renacentistas, mayólicas y porcelanas, representantes de cada época y de todas las manufacturas italianas y europeas.

 

~ by lostonsite on 11 julio, 2010.

Italia, Viajes

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