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Cuando el agua hace sus juegos

VILLA BORROMEO VISCONTI LITTA

El complejo entero de la Villa fue ideado por Pirro I Visconti Borromeo que, insipirándose en las villas de la familia Médici en la Toscana, hacia 1585 dio una función preferentemente lúdica a sus posesiones en Lainate, hasta ahora dedicadas a la agricultura.

Además de las obras de distribución arquitectónica del palacio, Pirro I planteó el jardín y mandó construir el Ninfeo. Este edificio puede ser considerado como uno de los ejemplos más importantes de Italia septentrional por su riqueza de decoraciones y en la variedad de los juegos de agua. Pirro I, conocedor de las más importantes familias nobiliares de su época como los Médici o los Gonzaga, quiso construir un edificio destinado al placer y a la distracción.

El Catasto Teresiano (1721) muestra como el emplazamiento del complejo permaneció sustancialmente sin variaciones desde entonces.

El marqués Pompeo Litta erigió la Villa en 1750 y realizó grandes obras de  instalaciones escenográficas en los jardines, multiplicando los efectos de perspectiva, creando profundidad y construyendo ex novo la fachada del Ninfeo. Comenzó entonces el periodo de máximo esplendor de la villa. A principios del siglo XIX, transformada la parte norte/oeste en un jardín inglés, se desarrollaron grandes experimentos botánicos en invernadero. El declive de la familia Litta, parte activa en los motines por la Unidad de Italia,  hizo que la Villa fuese cedida a la Propiedad del Estado en 1866.

El complejo monumental, tras suscesivos cambios de propiedad, fue adquirido en 1932 por Alberto Toselli, que desarrolló algunas restauraciones y reactivó los juegos de agua. La Segunda Guerra Mundial provocó la ruina total de la Villa, situación que se prolongó hasta 1971, año en el que fue adquirida por la Administración Municipal de Lainate.

. Jardines: La zona de la villa destinada a jardín, de cerca de tres hectáreas, estuvo subdividida (probablemente desde sus orígenes) en cuatro compartimentos repletos de cítricos en macetas. Su expansión y su ampliación se realiza sobre dos ejes principales (norte-sur, este-oeste) a lo largo de los cuales se desarrollan numerosas obras estructurales, como la construcción de las fuentes de Galatea y Neptuna, se edifican invernaderos y se potencian la maquinaria de irrigación y de los juegos de agua.

En el siglo XVIII, con el gusto importado fuera de Italia por los árboles de hoja caduca y con la introducción en Lombardía del Carpe  (un género de árbol relativamente pequeños), nació la «carpinata». La nueva interpretación del clásico arte topiario encuentra una gran aplicación en la Villa de Lainate. Un largo recorrido en «U», constituido por una doble fila de estos árboles con las ramas entrecruzacas y podados en distintas partes, cierran «El jardín de los cítricos» y «El huerto de las Hespérides». Setos de carpe y de boj formaban un laberinto (actualmente perdido) y un teatro destinado a representaciones musicales, teatrales o fiestas campestres.

El creciente gusto por el jardín paisajísitco o inglés, y su fuerte difusión a principios del siglo XIX, provocó que en 1808, el arquitecto Luigi Canonica configurara un «nuevo bosquecillo» animado por ligeros desniveles del terreno, compartimentos de vegetación con caminos irregulares y con predilección por plantas de alto tallo y maleza.

A los lados de la Exedra con los nichos del grupo escultórico en ladrillo del «Rapto de las Sabinas o de Proserpina» se encontraban dos invernaderos fríos destinados albergar los cítricos durante el inverno y, a continuación, dos invernaderos calientes para las especies exóticas. Por una descripción redactada en 1840 por el botánico Linneo Tagliabue se tiene notica de la gran variedad de plantas en la residencia: ananas, bananas, café, tamarindos, palmeras, orquídeas, hibiscos y gardenias.

El encanto del Ninfeo está constituido por sus juegos de agua. La maquinaria hidráulica, que cogía la genial intuición del ingeniero militar Agostino Ramelli, utilizaba la mecánica de un pozo y no la fuerza hidráulica de un torrente o de una cascada, como comúnmente sucedía en los «edificios de frescura» de la época.

 

Las galerías  y las balaustradas que se suceden elegantes hacia el Pronao, el espectáculo escenográfico del Atrio de los Cuatro Vientos, la Sala del Huevo o las grutas con sus ámbitos mágicos están dispuestos para ser desvelados por los visitantes.

El monumental ninfeo, que se erige un poco alejado del palacio, constituye uno de los lugares más sorprendentes y refinados de la cultura renacentista en Lombardía. En su tiempo fue visitado por ilustres personajes, como Stendhal por citar alguno.

 

El ninfeo, que fue proyectado y construido por el arquitecto Martino Bassi entre 1585 y 1589, refleja el ideal de síntesis entre naturaleza y cultura y los refinados gustos estéticos de Pirro. Era un edificio pensado para suscitar el asombro y la maravilla, adornado con estatuas, mosaicos, grotescos y otras obras que diferían del clasicismo romano. El ninfeo poseía numerosas fuentes e invenciones de ingenería hidráulica capaces de sorprender y divertir a los invitados.

La planta del edificio es rigurosamente simétrica y se desarrolla alrededor del «Atrio de los Cuatro Vientos», una estancia octogonal a cielo abierto, con un bello pavimento de mosaico y cuyas paredes de travertino se disponen nichos con estatuas de divinidades romanas y decoraciones musivas «a la grotesca». La simetría del edificio sin embargo está enmascada por la variedad de las estancias que existen, entre las cuales el visitante parece perderse: grutas llenas de estatas que simulan un mundo fantástico, salas decoradas con misteriosos diseños de figuras geométricas, motivos florales y antropomorfos, salas -como el Patio de la Lluvia- que sorprenden a los visitantes con juegos de agua e ingeniosos mecanismos (automáticos o accionados por alguien escondido)…

Los famosos juegos de agua que sorprendieron tanto a Stendhal consisten sobre todo en una gran abundancia de inesperados chorros de agua que se abren mediante mecanismos accionados por la presión hidráulica obtenida gracias a una caída de casi 2o metros del agua recogida en un gran depósito situado en la parte alta de la llamada «Torre del Agua».

 

Tras un largo periodo de decadencia y tras la dispersión de muchas obras de arte que lo poblaban, a partir de 1990 el ninfeo volvió a acoger y a sorprender a los visitantes gracias a la iniciativa del ayuntamiento de Lainate y a la colaboración voluntaria de la Asociación Amigos de Villa Litta.

Es difícil de imaginar que este lugar se construyese en los años en los que, en el plano religioso, se estaba consolidadndo el rigor ético y el diseño de los conceptos contrarreformistas de San Carlos Borromeo. Pirro I, en calidad de benefactor de la Construcción del Duomo, conocía a los más renombrados artistas que trabajaban en el Ducado de Milán, exponentes del manierismo lombardo que tanto se desarrolló en el arte sacro. Muchos de estos artistas fueron requeridos para la construcción de la Villa Litta donde, comprometidos en un registro artístico bien diferente, contribuyeron a realizar una de las obras profanas más atrevidas del lombardo tardo renacentista.

Entre éstos, destaca particularmente Camillo Procaccino que ideó para los techos de las salas una decoración compuesta por misteriosas figuras antropomórficas, realizados con guijarros blancos y negros encastrados sobre el diseño preparatorio y pintados después al temple, con colores que van desde el turquesa hasta la tonalidad marrón.

~ by lostonsite on 10 julio, 2010.

Italia, Viajes

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