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Cuando barro y diamante son cosa distante

LA MOZA DE CÁNTARO
LOPE DE VEGA

Teatro Pavón: Del 9 de abril al 13 de junio 2010

Reparto:
Luisa, Inés ……………………………….. María Prado
Doña María ………………………………. Mamen Camacho
Fulgencio, mozo de mulas …………… Roberto Sáiz
Don Diego, Lorenzo ……………………. Mario Retamar
El conde …………………………………… Héctor Carballo
Don Juan ………………………………….. Francesco Carril
Martín ……………………………………… Julián Ortega
Doña Ana …………………………………. Georgina de Yebra
Juana ………………………………………. Badia Albayati
Indiano ……………………………………. Carlos Jiménez-Alfaro
Mesonero, Bernal ……………………… Daniel Teba
Flora ………………………………………. Sara Moraleda
Leonor ……………………………………. Paloma Sánchez de Andrés
Pedro ……………………………………… Julio Hidalgo

Pianista …………………………………… Ángel Galán

Música: Églogue, opus 3. Premier gran caprice, opus 5 (Cesar Frank). Sinipukuinen Tytto (Ödner Göran). Ojos Serenos. En la villa de Madrid. ¿Quién te me enojó, Isabel? (Eduardo Vasco/Ángel Galán)

Vestuario ………………………………… Lorenzo Caprile
Escenografía ……………………………. Carolina González
Versión …………………………………… Rafael Pérez Sierra
Dirección ………………………………… Eduardo Vasco

Clasificada por Menéndez Pelayo entre las comedias novelescas de enredo, su ambientación y minuciosidad en el retrato de una época también podría recordar, como tantas otras de Lope, a una comedia de costumbres, además de estar en línea con una vigorosa tradición: la de la fémina que rompe moldes y hace posible lo imposible para una mujer en un mundo de hombres. Esta dama, concretamente, se ve obligada a vengar una ofensa familiar y en su huida se convierte en una criada, en una moza de cántaro, uno de los tipos sociales característicos de la España del XVII que perduró, dada su utilidad doméstica indudable, hasta bien entrado el siglo XX, formando parte del imaginario popular español e inspirando a artistas como Goya, que lo escoge como motivo en su séptima, última e incompleta, serie de cartones para tapices destinados al despacho del rey Carlos IV en El Escorial.

Obra de un Lope maduro, La moza de cántaro ha tenido un recorrido peculiar por las imprentas y los escenarios llegando, ya en nuestros tiempos, hasta el celuloide o la televisión. Aparece impresa por vez primera en 1646 en Doce comedias nuevas de diferentes autores. Parte XXXXXVII, un tomo colectivo que tiene una compleja historia alrededor, y se edita, suelta, en varias ocasiones desde entonces. La comedia goza, tiempo después, de una irregular presencia escénica, apareciendo y desapareciendo, pero siempre adaptándose de manera eficaz a los tiempos y las modas. Fue refundida por Cándido María Trigueros en 1803 y por Tomás Luceño en 1903, e incluida, como obra inexcusable del canon de la época, por Rafael Calvo en el repertorio de su gira americana en 1883. Incluso cuenta con una adaptación cinematográfica a cargo de Florián Rey en la década de los 50, un año después de haber sido protagonizada en el Teatro Español de Madrid por María Jesús Valdés. En el campo de la música, el compositor y musicólogo Baltasar Saldoni compuso un coro en 1843 a partir de la pieza, la cual también inspiró al maestro Moreno Torroba para una comedia lírica: La ilustre moza.

La mayoría de los críticos se decantan por la fecha de 1625, debido al soneto al fallido ataque inglés a Cádiz que se encuentra en el segundo acto de la comedia. Además en el tercer acto, se hace alusión a “los reyes de España” Felipe IV e Isabel, y se cita en el segundo acto una letrilla gongorina “Aprended, flores, de mí”, a la que el manuscrito Chacón fecha como de 1621. La moza de cántaro es muy típica del género de capa y espada en su ambientación urbana, española y contemporánea, y en la calidad de sus personajes. Hasta podría verse un intento, por parte del dramaturgo, de reforzar las marcas de contemporaneidad con una gran cantidad de referencias al entorno socio-históricocultural de los espectadores: pues éstas no consisten solamente en las alusiones al ataque inglés a Cádiz o a los reyes Felipe IV e Isabel, sino también en apuntes de crítica literaria (condena del cultismo o de tópicos manidos del petrarquismo castellano), citas de autores a la moda (glosa de una letrilla gongorina), comentarios costumbristas (sobre el decoro de las viudas, sobre la variedad de mercancías que ofrecen las tiendas de Madrid).

Sin embargo, en el nivel de la intriga, La moza de cántaro utiliza secuencias y motivos muy típicos de la comedia palatina; aunque no sean exclusivos de este género, su acumulación en una comedia de capa y espada no deja de ser llamativa. El primero es el tema de la mujer desdichada, que, a consecuencia de un revés de fortuna del que ella no es directamente responsable, se ve obligada a dejar su casa y su ciudad, y su posición social acomodada, y a ocultar su identidad bajo un disfraz que implica rebajamiento social. Se trata de un tema frecuente sobre todo en las comedias palatinas «serias» (o tragedias-tragicomedias palatinas), y que en la comedia de capa y espada suele estar presente en otra modalidad: la de la mujer que, habiendo perdido su honor, trata de recuperarlo yendo en busca de su amante para casarse con él. Doña María protagoniza más bien una secuencia del primer tipo, ya que su desgracia empieza con la pérdida del honor familiar, no debiéndose ésta a ligereza suya sino al agravio de un pretendiente que abofetea a su padre. La esquivez y el arrojo de la protagonista, que la llevan primero a rechazar a todos sus pretendientes, luego a matar al ofensor de su padre, no son típicos de un determinado género sino que recorren casi todo el teatro áureo como constituyentes de distintos tipos femeninos. Sin embargo, hay que notar que al menos la esquivez funciona en esta comedia de la misma forma que en El perro del hortelano, caracterizando a la protagonista en apertura de la obra, para resaltar más el contraste con el nacimiento de un amor «imposible», verdadero castigo del rechazo anterior del matrimonio.

El segundo tema importante que La moza de cántaro comparte con la comedia palatina es el de una relación amorosa aparentemente desigual, en la que la desigualdad se ve colmada por la recuperación final de la verdadera identidad de uno de los dos enamorados. Si bien no del todo ausente de la comedia de capa y espada, se da mucho más a menudo en el género palatino, donde se le utiliza, entre otras cosas, para explorar —aunque por cierto de forma limitada— una serie de binomios problemáticos como ser/parecer, valor del individuo/valor de la herencia, razones del sentimiento/ razones del honor… Y así es como funciona también en La moza de cántaro, donde por otro lado falta por completo esa dialéctica entre vergüenza y valor que a menudo anima este segmento de la intriga palatina, cuando en la pareja de enamorados es el hombre el que cree ser socialmente inferior a su amada.

Generalmente, en la comedia palatina este tipo de personaje huye a alguna aldea, o incluso se esconde en la selva. Siendo, como es, La moza de cántaro comedia de capa y espada, la meta de la huida de doña María no es ninguna aldea, sino las calles y casas de la mismísima capital del reino. Sin embargo, al menos desde cierto punto de vista, las calles madrileñas de La moza de cántaro vienen a ser homologas funcionalmente a los campos y selvas de cualquier comedia palatina, porque son el espacio donde la identidad noble se enmascara y se pierde, donde las leyes del honor ya no funcionan de la misma forma que en la Corte.

En el primer acto, antes de la tragedia, a doña María sólo la vemos dentro de su casa, como corresponde a la dama noble que es; así como vemos dentro de su casa madrileña, en el mismo acto, a doña Ana, también dama noble, y que va a ser rival en amor de doña María. La pérdida del honor familiar, causada por el bofetón de don Diego a don Bernardo, empuja a doña María fuera de su casa: primero, tapada, irá a la cárcel para matar al ofensor de su padre; luego, disfrazada, se la verá en un mesón a mitad de camino entre Ronda y Madrid. En el segundo acto, sólo la vemos en la calle, porque es la calle el espacio que le compete en su nueva identidad de criada llamada Isabel; tanto es así que, cuando doña Ana, celosa, quiere enfrentarse con ella imitándola, deja el espacio cerrado de su casa para el espacio abierto de la calle. En el tercer acto, el trayecto es inverso: es doña María la que ingresa, desde la calle, en la casa de doña Ana, donde se desarrollará todo el resto del acto hasta el final, y donde nuestra protagonista recuperará su identidad verdadera —lo cual no puede ser una mera coincidencia.

Ahora bien, esta alternancia entre espacio cerrado (la casa de la dama) y espacio abierto (la calle) es a menudo una proyección espacial de la dialéctica entre amor y honor que rige el género de capa y espada. La evolución del género se caracteriza por una progresiva dilatación de los espacios dramáticos interiores (sobre todo la casa de la dama) a expensas de los espacios exteriores, donde el honor de la protagonista se ve expuesto a riesgos múltiples y difícilmente sorteables.

En La moza de cántaro los espacios exteriores están muy presentes, sobre todo en el segundo acto y en el comienzo del tercero (ocupan 784 versos sobre 2693), pues la protagonista vive casi toda su relación amorosa con don Juan en la calle (exceptuando el climax final. Es más: su misma disponibilidad al amor nace en cuanto se encuentra en el espacio abierto de las calles madrileñas; aunque, aun allí, no deja nunca de recordar que tiene honor a todos los que puedan equivocarse en razón de su apariencia subalterna (al indiano, al bravo Pedro, al mismo don Juan). En cierta medida, pues, el personaje de doña María, además de presentar puntos de contacto con las heroínas palatinas, es heredero de las damas de la temprana comedia de capa y espada, que se atreven a salir de su casa para conquistar el amor, compartiendo con el galán el espacio abierto de la Urbe; pero anticipa también las damas de la comedia calderoniana del mismo género, que saben alcanzar su objetivo amoroso sin ceder un ápice en la defensa y el mantenimiento de su honor. De hecho, en La moza de cántaro, a diferencia de lo que sucede en comedias más tempranas, el amor se presenta depurado de móviles económicos y de cualquier elemento de desenfadada sensualidad.

~ by lostonsite on 4 junio, 2010.

Arte, Teatro

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