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Cuando se descubre la bella desconocida

PALENCIA

. CONVENTO DE SAN PABLO

Antiguo convento fundado por Santo Domingo de Guzmán en el siglo XIII. De la construcción original no se conserva nada, construyéndose la iglesia que vemos hoy entre los siglos XIV y XVI. En su interior, destacan los sepulcros renacentistas de los Marqueses de Poza, situados a ambos lados de la Capilla Mayor, con estatuas orantes, rejas, sillerías y pinturas que lo convierten en Monumento Nacional.

El Convento palentino de San Pablo fue fundado por el santo burgalés con apoyo episcopal en 1219 o 1220, poco antes de su fallecimiento en 1221; figura, por tanto, entre los más antiguos de la Orden de Predicadores. Entre 1184 y 1198 Domingo había sido estudiante y profesor en la Universidad de Palencia, y su casa, derribada en 1892, se levantaba en la misma plaza de San Pablo. En este siglo XIII tomaron el hábito y desarrollaron su vida religiosa en San Pablo los dominicos Gil de Santarén y Pedro González Telmo.

El Convento brindó la sede de las Cortes Generales de Castilla en tres ocasiones, como en 1296, cuando la reina regente María de Molina convocó la institución para garantizar el trono a favor de su hijo, Fernando IV, y en 1313. El Capítulo General de la Orden de Predicadores también se celebró aquí. San Pablo gozó de la protección de monarcas como Sancho III, Sancho IV y Alfonso XI, que convirtieron el Convento en residencia y oratorio regio, y recibió incluso favores papales, de los pontífices Gregorio IX y Alejandro III.

Las labores de construcción de la nueva iglesia fueron iniciadas en el siglo XIV y no concluyeron hasta el siglo XVI. En 1514, bajo el patronazgo de los Rojas, Marqueses de Poza y Señores de Monzón, que deseaban ser enterrados aquí, se demolió la primitiva Capilla Mayor para construirse la actual, obra que quedó concluida en 1534. La iglesia fue consagrada el 7 de abril de ese año.

El templo fue ocupado por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia Española, que lo destinaron a hospital militar y presidio. Posteriormente, en 1835, la Desamortización lo puso en manos del Estado, perdiendo parte de su anterior esplendor. La comunidad dominicana regresó en 1844. En 1957 los dominicos ocuparon un edificio anejo a la iglesia diseñado por Jacobo Romero en 1920 y que hasta aquel año acogía los Juzgados y la Audiencia Provincial de Palencia, pasando a destinarlo a residencia y noviciado de la orden.

La iglesia fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional por decreto de 3 de junio de 1931. Es asimismo Bien de Interés Cultural (BIC).

Se trata de un templo de tres naves, más elevada la central, separadas por pilares compuestos, con capillas laterales en la nave meridional o de la Epístola. El eje longitudinal en la nave central mide 72,15 m. Las dos naves laterales se rematan en su cabecera con capillas absidiales de planta cuadrada, que son precisamente los únicos restos que quedan de la primitiva iglesia del siglo XIII, mientras que la nave central la cierra una espaciosa Capilla Mayor. Las bóvedas son de crucería con combados en la nave central, de crucería simple en las naves laterales, y de crucería estrellada en la Capilla Mayor.

El exterior es austero, con ornamentación escasa y sencilla. Sus elementos más representativos son el robusto ábside y la fachada principal con su característica espadaña, una de las siluetas familiares de Palencia.

El ábside de la Capilla Mayor presenta aspecto de fortaleza y por su altura contrasta enormemente con el resto del templo. Está reforzado con seis contrafuertes, que rematan pináculos circulares, y está coronado por una balaustrada. En su parte superior cuelgan varias gárgolas, muchas de ellas muy deterioradas. En sus lados se abren tres ventanales renacentistas y presenta numerosos escudos nobiliarios. Frente al ábside, en la calle ajardinada, se yergue una escultura del santo fundador, obra del artista Mariano Timón, en la que se recuerda a Santo Domingo como alumno y maestro de la Universidad de Palencia.

Obra posterior es la fachada principal, a poniente, levantada en el siglo XVIII en estilo neoclásico por el arquitecto Manuel Turillo. Su altura máxima es de 30 m. Una disposición tetrástila de pilastras de orden toscano divide en tres calles el cuerpo principal, en cada una de las cuales se abre una puerta de arco adintelado. El cuerpo superior lo ocupa por entero la gran espadaña, formada por tres campaniles y un hueco con la imagen de la Virgen de Fátima. El conjunto lo completan sendos aletones de escaso desarrollo y un frontón triangular, todo él rematado por cuatro bolas y, coronándolo, un pináculo.

En la nave de la Epístola (sur) se abre una portada tardogótica de finales del XV o principios del XVI con arcos conopiales en intradós y trasdós, que flanquean pilastras aciculares. Sus arquivoltas están decoradas con motivos vegetales, cabezas humanas y diversos animales imaginarios y monstruosos. El trasdós presenta cenefa de cardinas y remate en cogollo. En el tímpaño se observan tres pequeñas hornacinas vacías de los bultos que debieron contener.

. Capilla Mayor: De mayor altura que la nave central, a la que da remate, y de planta hexagonal, fue, como se explicó arriba, patrocinada por la familia Rojas y acoge los elementos de mayor interés artístico y arquitectónico: el Retablo Mayor, los sepulcros de los marqueses, la bóveda de crucería estrellada apoyada en dos de los lienzos sobre trompas radiales y parte de la sillería del coro del siglo XVI. El espacio se cierra con una reja que rematan un Calvario, sendas imágenes de Santo Domingo y Santo Tomás, y los escudos nobiliarios de los Rojas. Forjada en el siglo XVI por Juan Bautista Celma, es obra de escaso valor material, pero muy notable desde el punto de vista artístico.

En la capilla mayor de la iglesia recibieron sepultura Nuño González de Lara “el Bueno”, señor de la Casa de Lara, y su esposa Teresa Alfonso, descendiente del rey Alfonso IX de León.

. Retablo Mayor: El espléndido Retablo Mayor, que recuerda por su magnificencia al de la Catedral, es una obra plateresca del siglo XVI y suele atribuírsela a Felipe Vigarny y su escuela. La mazonería se divide en tres cuerpos, más banco o predela y ático, y siete calles. Esta disposición genera numerosos compartimentos que ocupan diez grupos escultóricos, ocho de ellos en relieve y marco cuadrado, y dieciseis esculturas exentas colocadas en hornacinas aveneradas. Los espacios son separados por columnillas, pilastras y estípites, y por frisos decorados con cabezas de querubines.

En el banco se muestran cuatro escenas de la vida de Cristo (la Natividad, la Huida a Egipto, la Epifanía y la Circuncisión), con dos escudos heráldicos en los extremos, uno de los Rojas y el otro de la Orden de los Dominicos. El primer cuerpo se compone de las imágenes de San Juan Evangelista y San Cristóbal, y de los relieves de la Anunciación, la Visitación, la Presentación y Jesús entre los doctores; la calle central la ocupa un talla de la Asunción de María, rodeada de cuatro ángeles y apoyada en un basamento que invade la predela. El segundo cuerpo alberga siete imágenes exentas: San Antolín, Santa Catalina de Siena, San Pío V, Santo Domingo de Guzmán, Santo Tomás de Aquino, San Sebastián y, en la calle central, San Juan Bautista. En el tercer cuerpo se representan entre otros a San Gregorio, San Pablo, Santa Lucía, Santiago y Santa Ana con la Virgen niña. En el ático, un Calvario, a modo de prolongación de la calle central, con imagenes del Crucificado, la Virgen y San Juan.

. Sepulcros de los Marqueses de Poza: En la pared lateral izquierda de la Capilla Mayor se ubica el suntuoso mausoleo de D. Juan de Rojas y D. María Sarmiento, primeros Marqueses de Poza. Es obra probable de Francisco Giralte, quien la terminó en 1557, y en el pasado fue atribuida erróneamente al escultor Alonso de Berruguete, maestro del anterior. El monumento funerario se articula en dos cuerpos con columnas de orden jónico, más el atico con columnas de orden corintio. El primer cuerpo se adorna con relieves alegóricos de la Castidad y la Justicia, sobre los que se muestran, en el intercolumnio, las imágenes de los cuatro Evangelistas. En la calle central, bajo arcosolio de medio punto casetonado, aparecen las estatuas orantes de los marqueses. En el cuerpo superior encontramos las esculturas del Arcángel San Gabriel, Santa Catalina, Cristo atado a la columna, San Antonio de Padua y la Virgen. En el ático, Santo Domingo de Guzmán y el Padre Eterno, con los escudos nobiliarios de los sepultados.

En el lateral de la derecha, frente al anterior, se halla el sepulcro clasicista de D. Francisco de Rojas y D. Francisca Enríquez de Cabrera, terceros Marqueses de Poza, realizado en torno a 1612 por artistas de la escuela del escultor italiano Pompeyo Leoni, a quien durante mucho tiempo se atribuyó erróneamente la obra. Se sabe documentalmente que Alonso de Vallejo contrató esta obra, pero murió en mitad de su realización. Continuaron el trabajo Antonio de Riera, Cristóbal y Francisco Velázquez, Antonio de Arta y Juan de Muniategui. Las marqueses aparecen retratados en pose orante.

. Capilla de la Piedad: Fuera ya de la Capilla Mayor, ocupando la primitiva cabecera de la nave de la Epístola, se encuentra la Capilla de la Piedad, también de gran interés artístico. Contiene el sepulcro del deán Gonzalo Zapata, con bulto yacente bajo arco ojival, en cuyo frontal se aprecia su escudo de armas sostenido por ángeles. Pero el elemento más destacado de este espacio es el retablo de estilo gótico hispano-flamenco realizado hacia 1516 y atribuido a Felipe Vigarny. Preside esta obra el grupo de la Piedad, con figuras de gran relieve, doradas y policromadas, coronado por un rico doselete. En la escena participan, además de Jesús y María, San Juan, Santa María Magdalena, José de Arimatea, Nicodemo, María Salomé y la madre del apóstol Santiago el Mayor. Posee esta capilla dos rejas góticas de finales del XV o principios del XVI.

. IGLESIA DE SANTA MARINA

Adosada al Convento de la Piedad, fue construida en el siglo XV y reconstruida en el XVIII. Se halla en una zona de marcado carácter conventual, frente a la casa Madre de las Hermanas Nazarenas y junto al Convento de San Pablo, en el área donde se encuentra el Palacio Episcopal, la Catedral, el Hospital de San Bernabé, etc.

. PALACIO EPISCOPAL – MUSEO DIOCESANO

El Palacio es de estilo noeclásico, finales del siglo XVIII. En la actualidad alberga al Museo Diocesano que cuenta con piezas de indudable riqueza: pinturas de Pedro Berruguete, Juan de Flandes, Andrea del Sarto y Zurbarán entre otros. Muestra escultura románica de los siglos XII, XIII y tallas de Alejo de Vahía. Destacando entre todos ellos el retablo de la Virgen atribuido a Diego de Siloé.

En total, el museo Diocesano de Palencia alberga siete tablas pertenecientes a Pedro Berruguete, entre las que destaca “Los Pretendientes de la Virgen”, “Cristo Salvador del Mundo” y “Nacimiento de la Virgen”.

 

. CATEDRAL DE SAN ANTOLÍN

La catedral de San Antolín, es principalmente gótica con añadidos posteriores renacentistas, barrocos y neoclásicos. Popularmente apodada “la Bella Desconocida” por no ser tan conocida como otras catedrales, aun cuando atesora en su interior una importante cantidad de obras de arte de gran calidad y valor.

Sus más de 130 metros de largo la convierten en una de las mayores catedrales de España, su ábside roza los 30 metros de altura y la anchura es de 50 metros en el crucero, más otros tantos del claustro y sala capitular. El exterior carece de una fachada principal propiamente dicha y se presenta sobrio y macizo, cosa que no refleja la grandeza de su interior, donde pueden verse más de veinte capillas de gran interés artístico e histórico.

Aunque la construcción de la catedral gótica duró desde el siglo XIV hasta el XVI, en realidad lo que hoy día se observa ha tardado casi catorce siglos en ser levantado, pues la parte más antigua de la Cripta de San Antolín data del siglo VII y la última piedra colocada se dispuso en el siglo XX, aun así, el templo aún no ha sido concluido.

El elemento más reconocible al exterior es la torre, esbelta pero algo tosca teniendo en cuenta su pertenencia al estilo gótico. Estudios recientes y excavaciones demuestran que fue torre de carácter militar en el pasado y tras cumplir esa función se le añadieron sus pináculos y espadaña como única decoración.

La planta es de cruz latina y tiene la peculiaridad de contar con un crucero y un falso crucero por lo que también dispone de cinco puertas, formando así una planta en cruz patriarcal. Esto es debido a que el primitivo crucero quedó pequeño y se hizo un segundo, más monumental. De todos modos ambos cruceros solo se marcan en alzado y no sobresalen en planta.

En este templo se guarda en su antesala y sala capitular la colección del museo catedralicio con su gran obra El martirio de San Sebastián de El Greco, y otras obras como una gran colección de tapices flamencos renacentistas. Es el primer monumento del municipio de Palencia en ser declarado como Monumento Nacional, distinción que obtuvo el 3 de noviembre de 1929.

. Orígenes del edificio: Cripta de San Antolín

En el solar donde ahora se halla la catedral hubo en la Antigüedad un templo de culto pagano. Ese templo se debió sustituir más tarde por otro paleocristiano. De ninguno de los dos queda memoria en el emplazamiento del edificio actual.

El vestigio más antiguo es el fondo de la cripta de San Antolín, que es el resto de un edificio visigodo de mitad del siglo VII, construido con y sobre restos romanos.

En tiempos de Sancho III el Mayor se restauró la diócesis palentina en su antigua sede de la ciudad de Palencia. El rey encargó su organización al obispo Ponce (o Poncio) que gobernó desde 1035 a 1037. La diócesis necesitó por tanto una sede, eligiéndose su ubicación en el mismo lugar que ocupaban las ruinas visigóticas, que fueron ampliadas y restauradas a tal efecto. En 1035 y ante la presencia de Sancho el Mayor, de la corte y de varios obispos se consagró el nuevo edificio con lo que quedó configurada la cripta de San Antolín tal y como puede verse en la actualidad.

Años después de esta restauración y probablemente en tiempos del obispo Raimundo (1148-1184) se edificó un nuevo templo en estilo románico que fue consagrado en 1219 en tiempos del obispo Tello Téllez de Meneses (1208-1247). En documentos oficiales se denomina a este templo honestissima lapidum domus. Constaba de tres naves, varias capillas, una portada al oeste y una torre. Su cubierta era de madera. Tenía también un claustro y sala capitular. Los restos arquitectónicos que se conservan sirven para determinar su situación y sus dimensiones aproximadas. En la actual capilla mayor se mantienen columnas y capiteles que hacen pensar que aquella zona correspondería al ábside. También se guardan procedentes de aquella catedral románica muchos objetos litúrgicos y algunas esculturas en piedra policromada, la talla de la Virgen románica con el Niño, el valioso sepulcro de doña Urraca (hija de Alfonso VII) y la mesa de altar de piedra que se apoya sobre columnas con capiteles. La reja que sirve de puerta a la capilla del Sagrario es también románica y de la misma época.

. La catedral gótica (1321-1516)

La catedral románica tuvo un siglo de existencia. Al cabo de esos cien años el obispo Don Gómez, de acuerdo con el Cabildo propuso levantar en el mismo lugar una nueva, al estilo del momento, es decir, el gótico. Se supone que se tomó esta decisión por el mal estado en que se encontraría el edificio románico y por las necesidades de que Palencia tuviera una sede digna del prestigio que había tomado la diócesis palentina.

El 1 de junio de 1321 se colocó la primera piedra ante la presencia del legado pontificio, cardenal Guillaume Pierre Godin, (obispo de Santa Sabina, Italia) y de varios obispos españoles. Ese año regentaba la catedral Juan II (1321-1325). Se desconoce el nombre del autor de las trazas, aunque por su obra se supone que era un maestro-arquitecto español que se inspiró en las catedrales de Burgos y León. Está documentado el primer canónigo obrero o fabriquero, Juan Pérez de Acebes, que era prior de la abadía de Husillos y Comendador.

Desde 1321 a 1516 se distinguen tres etapas constructivas:

– La primera se extiende desde 1321 a 1426 en que se comienza la cabecera que se fue completando con siete capillas absidales y la girola. Las obras continuaron lentas a lo largo del siglo XIV.

– La segunda comprende desde 1426 a 1486 en que se construyen tres tramos de las naves más la nueva capilla mayor y parte de la torre. Quedaron cerradas las bóvedas de la girola y se construyeron los dobles arbotantes y el triforio. A finales de este siglo se cambiaron los planes que se tenían desde el principio con respecto a la longitud del templo, haciendo el proyecto de ampliar en un tramo más. Estos cambios se efectuarán en el siglo siguiente. Existe una bula de Inocencio VIII a fecha de 1486 que expresa que en esta fecha se hallaba todavía a la mitad de su construcción y descubierta casi toda, lo que puede llevar a pensar que la catedral románica no desapareció de una vez, sino que se fue derribando según avanzaban las obras.

– La tercera etapa va desde 1486 a 1516, bajo el mandato de los obispos fray Alonso de Burgos, fray Diego de Deza y Juan Rodríguez de Fonseca, con los arquitectos Bartolomé y Martín Solórzano, Juan de Ruesga, Juan Gil de Hontañón y Pascual de Jaén que puso la última piedra cerrando las bóvedas de los pies. Se realizaron los cinco restantes tramos de las naves más el crucero más el claustro y la sala capitular.

. Exterior de la catedral

El exterior de la catedral se caracteriza por su sobriedad y desnudez, sólo rota por la riqueza de algunas de las portadas y el dinámico juego volumétrico del ábside. Las cinco puertas se distribuyen en las tres fachadas, y en el lado sur se alza la torre, tosca y de aspecto militar, entre dos de estas puertas. Desde la puerta del crucero hasta los pies del edificio, lo que podría ser fachada de la iglesia queda totalmente anulado por la presencia del claustro que ofrece al exterior una pared lisa con un solo vano como puerta al exterior.

– Fachada occidental: Orientada hacia la orilla del río Carrión, en la plaza de San Antolín. Está inconclusa. Tiene anexionada la capilla del Monumento (siglo XVIII) que sobresale notablemente.

La parte alta de esta fachada se cierra con un frontón en cuyo centro se abre un pequeño rosetón. Este frontón equilátero está decorado con pináculos góticos y en su vértice se encuentra una cruz que lleva en el medio la inscripción JHS. Más abajo aparecen dos gruesos contrafuertes que recorren los laterales de la pared; entre ellos se abre una vidriera de colores azulados que representa al Arcángel Gabriel anunciando a María su concepción. A pesar de su modernidad (realizada en el año 2005) no rompe el estilo gótico de la catedral; este ventanal fue colocado para sustituir a una vieja vidriera en mal estado.

En la parte más baja, una puerta sencilla y neoclásica (firmada por el arquitecto Fernando Chueca Goitia) permite el acceso al templo. Se llama puerta de San Antolín o de los Descalzos. Por último en el lado derecho se encuentran los muros de la antesala y sala capitular (que guardan el tesoro del museo catedralicio); están sucados de ventanales y contrafuertes que terminan en pináculos; otro espacio colindante corresponde al recinto de la biblioteca de la catedral.

A la izquierda, coronada por una cúpula de pizarra, se encuentra la Antigua Capilla del Monumento que se encuentra en proceso de restauración al igual que, previsiblemente, el resto de la fachada en la que se colocarán nuevos pináculos en lugar de los desaparecidos o degradados y se rematará con un grupo escultórico dedicado a la Virgen María en la parte alta.

. Fachada septentrional: Está orientada hacia la plaza de Cervantes, parque cuadrangular y romántico cruzado por dos calles diagonales que se unen formando una plazuela que contiene el Monumento a la Paz. La fachada es casi lisa, interrumpida tan solo por dos puertas, correspondientes al crucero y falso crucero. A lo largo de este muro se encuentran trasdosadas las sacristías que corresponden a las sucesivas capillas de la nave del Evangelio, lo que le proporciona a la catedral tres alturas y tres naves en el este lado. A la izquierda, junto a la cabecera, se encuentra la puerta de los canónigos. Hubo un tiempo en que se la llamó puerta Nueva por ser la última en construirse, sin contar con la del siglo XX de San Antolín. En las actas capitulares se dice que fue construida en 1762. Es una puerta de arco rebajado y sin ornamentación que da entrada al falso crucero. Frente a esta puerta se halla el Hospital de San Antolín y San Bernabé cuya administración depende del Cabildo desde el siglo XII.

Hacia la derecha se encuentra el crucero original, y en su parte baja la puerta de los Reyes o de San Juan, muy decorada en gótico flamígero, que ha ganado mucho después de una restauración; encima de esta gran portada se divisan tres imágenes de santos (en el centro el patrón de Palencia, San Antolín). En el mainel y sobre una pilastra está la estatua de San Juan, que da el segundo nombre a la puerta. Es la única puerta de Palencia que posee parteluz. Hoy en día esta puerta ha quedado inutilizada al colocarse un altar en el interior de la catedral que se utiliza en las grandes ceremonias como las misas del Domingo de Ramos o del Corpus Christi porque la capilla Mayor no da cabida suficiente a estas celebraciones.

– Cabecera: La parte más antigua y armoniosa del templo catedralicio es su cabecera, del más puro estilo gótico francés. Su esquema poligonal con absidiolos rasgados por grandes ventanales recuerda al de la catedral de León, aunque con una concepción aún más monumental si cabe. El juego de volúmenes y luces se enriquece con una minuciosa decoración de moduras, frisos de escamas, pináculos, etc. Entre estos pináculos surgen extrañas gárgolas; se basan, como fuera constumbre en el gótico, en temas relacionados con la muerte, el infierno y seres fantasmagóricos. Llama la atención en especial la del fotógrafo, que es un añadido moderno del arquitecto Jerónimo Arroyo (véase el apartado de curiosidades).

– Fachada meridional: Se aprecia aquí una evolución de estilos desde el más puro gótico de la girola pasando por el flamígero de las puertas y el tardío del centro de la nave hasta el “moderno” neoclásico del oeste, aunque guardando gran unidad todo el conjunto. Este lado se abre a la extensa plaza de la Inmaculada aparece configurada por dos portadas, la torre y el muro correspondiente al claustro.

Desde el extremo derecho, siguiendo hacia la izquierda se ven tres salientes de la fachada; el primero de ellos es la puerta llamada de El Salvador, o más usualmente de los Novios, con decoración sencilla, gótica, realizada en tiempos de los obispos Hurtado de Mendoza y Burgos, cuyos escudos pueden verse en el friso que está bajo la cornisa. El escudo del medio es el del Cabildo. La puerta se compone de tres arquivoltas apuntadas, adornadas con elementos vegetales. Llama la atención el tímpano que, desprovisto de toda ornamentación, flanquea el portón.

Si se continúa en la misma dirección se puede observar el segundo saliente: la torre, una construcción militar prismática, muy sobria cuya única decoración es el reloj del centro, el gran ventanal en el que se divisan las campanas y en la parte alta dos arcos que se conforman como espadaña, uno grande y de medio punto sobre el que se asienta el otro con arquitrabe. Todo coronado con grandes pináculos. El primer cuerpo se cierra con bóveda de cañón apuntada remodelada en el siglo XV.

Más a la izquierda se encuentra la puerta más importante, más grande y más decorada: la del Obispo o de Santa María (siglo XV-XVI), en la actualidad bastante deteriorada por la erosión. Se comenzó en tiempos del obispo Hurtado de Mendoza; su decoración data de años más tarde, en tiempos del obispo fray Antonio de Burgos y se terminó con Rodríguez de Fonseca. Consiste en una puerta de madera maciza sobre la que se disponen cinco arquivoltas y un guardapolvo muy decorado; las cinco arquivoltas están adornadas con motivos vegetales e historiados, y se apoyan en columnas coronadas por apóstoles esculpidos en el siglo XVII; justo encima, en el arco conopial del centro encontramos una imagen de la Virgen María, gótica, rodeada por dos vidrieras en forma de flor, y un poco más arriba, en el tímpano, un conjunto de baldosas muy decoradas. A pesar de ser la más importante es también la más degradada y la erosión ha borrado gran parte del esplendor que poseía.

Por último y más a la izquierda se encuentra la pared exterior del claustro con una decoración simple aunque armoniosa de contrafuertes y pináculos. El claustro posee una única puerta al exterior, cerrada con una verja de hierro. Sobre el claustro se divisa el cuerpo de la cruz que forma la catedral, con sus típicos arbotantes y vidrieras.

. Interior de la catedral

Si el exterior de la catedral provoca cierto desconcierto por la sobriedad de sus formas, la principal característica del interior es la contraria. El estilo gótico florido se repite en todo el templo con variantes flamígeras, renacentistas, platerescas y barrocas, estas últimas patentes en la gran cantidad de retablos, cuadros y tallas que encierran los muros de la seo.

La planta está dividida en tres naves de nueve tramos, sin contar el que corresponde al falso crucero, que es más estrecho y une el resto de los tramos con la girola. Las naves están separadas por pilares compuestos sobre los que descansan los arcos apuntados y las bóvedas de crucería, características del gótico. La estructura de estas bóvedas se va complicando desde la cabecera a los pies, empezando por ser bóvedas “sencillas”, bóvedas de crucería sexpartita y combadas a partir del crucero. El crucero está situado en el sexto tramo, entre el coro y la capilla mayor, que se encuentra en la nave central ocupando lo siguientes dos tramos. Esta catedral dispone de un auténtico triforio practicable aunque ciego al exterior. Recorre la nave central, el crucero y la cabecera, y se cierra con magníficas tracerías caladas.

La cripta de San Antolín es un espacio muy importante dentro de este edificio, tanto por el valor histórico como por su arquitectura que representa la época visigoda y protorrománica. Se encuentra en la nave central y se accede por una escalinata situada a los pies de las gradas del trascoro.

Las bóvedas que cierran el templo están muy decoradas y se elevan hasta más de 30 metros de altura. De entre las dos bóvedas laterales, (de una altura menor que la principal) y ésta última, cuelgan grandes y valiosos tapices. Las vidrieras de esta parte no son muy llamativas, pero debido a sus claros colores, aportan gran luminosidad al interior.

– Nave del Evangelio: En las paredes exteriores del presbiterio, en el primer paño, se encuentra el sepulcro de Don Rodrigo Enríquez, Deán de esta Catedral e hijo de los Almirantes de Castilla, muerto en 1465. El otro arco cobija un pequeño retablo dorado y policromado, lleno de figuras en grisalla sobre oro, enmarcando una pintura sobre tabla representando La Aparición de Jesús Resucitado a su Madre, atribuida por unos a Alonso Berruguete y por otros a Juan de Villoldo. A su lado, una escultura en piedra policromada del siglo XVI representa a San Juan Evangelista.

En el segundo paño destaca el Sepulcro de Don Francisco Núñez, Abad de Husillos, obra del escultor Alejo de Vahía y realizado en 1501. El arco contiguo enmarca el retablo de Santa Apolonia, obra de Manuel Álvarez, de 1556. La escultura de la santa titular es una talla de piedra policromada del siglo XV. A su lado hay una escultura de San Juan Bautista, en piedra policromada del siglo XVI.

Las paredes exteriores del Coro se corresponden con sus tramos cuarto y quinto y fueron construidas a costa del obispo Don Juan Rodríguez de Fonseca.

Dos pequeñas puertas de entrada al Coro y al corredor alto, talladas en madera de nogal, se sitúan a ambos lados del altar del Cristo. Fueron hechas por Pedro de Guadalupe entre los años 1513 y 1519 y muestran los escudos del Cabildo y de Fonseca y las cabezas de los Apóstoles Pedro y Pablo en bajorrelieve. En el retablo pétreo de este tramo se encuentra el Cristo de las Batallas, imagen muy venerada en la ciudad ante la que se encomendaban los soldados al partir a la guerra. Es una talla gótica de gran calidad e impactante patetismo, acentuado por la policromía.

El segundo tramo, de líneas y decoración plateresca, lleva en el centro un pequeño altar dedicado al Salvador, en arco de medio punto, cobijando en él la excelente figura del titular. Esta escultura, tallada en madera de nogal, dorada y policromada, fue realizada por Felipe Bigarny para ser colocada en al altar mayor. La posterior decisión del Cabildo, situando en el centro del retablo mayor la imagen de San Antolín, hizo que se ubicara definitivamente aquí.

La traza o diseño de este paño se atribuye a Diego de Siloé y se decora además con ocho esculturas en piedra policromada, representando a santos, reyes y fundadores, realizadas en torno al año 1500.

– Nave de la Epístola: Frente a la sacristía, en la pared de la capilla mayor, se encuentra el sepulcro de Diego de Guevara, Arcediano de Campos, realizado en 1509 por Alejo de Vahía.

El espacio contiguo al trascoro está formado por un gran altar plateresco fechado en 1534, con trazas atribuidas a Diego de Siloé y nueve imágenes de piedra realizadas por Juan de Ruesga. Lleva columnas altas, con pilastras e impostas que delimitan las divisiones, y en el centro un arco rebajado y trilobulado. Preside la parte superior la imagen de san José sedente con el Niño. La parte baja se encuentra ocupada por un pequeño retablo en madera dorada y policromada, llevando en su centro las esculturas, en piedra policromada, de san Pedro y san Pablo. En el remate del mismo, dos grupos escultóricos, la Anunciación y el Nacimiento, obra de Juan Manuel Becerril fechada en 1769.

El espacio contiguo al crucero está formado por un arco gótico, análogo al situado en la nave del Evangelio, con los escudos de Fonseca y decorado con doseletes, cresterías y pinturas murales. Dentro del arco, en el centro, se sitúa el Altar de la Visitación, retablo de finales del siglo XV, con tablas pintadas al óleo, donado por el prior Juan Ayllón. Es una de las mejores piezas pictóricas de la catedral, destacando el magnífico estudio de la perspectiva, y el realismo de raigambre hispanoflamenca de las figuras. Es obra de autor anónimo.

– Capilla Mayor: La capilla mayor ocupa los tramos siete y ocho de la nave central, donde en origen, estaba situado el coro conventual. La edificación de este tramo se llevó a cabo durante la segunda etapa (1426-1486) de las tres constructivas señaladas en una sección más arriba. El espacio en un principio se había utilizado para coro conventual. En 1519 se trasladó la primitiva capilla mayor (que estaba en lo que ahora es capilla del Sagrario) a este lugar. Los dos tramos fueron rematados y cubiertos a finales del siglo XV. Unos años después, en 1526 y 1527, los hermanos Corral, artistas yeseros muy apreciados, decoraron los nervios de la bóveda, llevando la dirección de la obra el maestro yesero Jerónimo del Corral. Quedaron las claves ricamente decoradas; en las dos centrales se muestran los escudos de los obispos Pedro Gómez Sarmiento (1525-1534) y Pedro de Castilla Eril (1440-1461). El triforio está realizado por Martín de Solórzano a finales del siglo XV.

Se accede a la capilla a través de dos rejas de hierro forjado realizadas por Cristóbal de Andino, considerado en su época como el más ilustre de los rejeros españoles que tenía su taller de trabajo en Burgos. La más grande de las dos da al crucero; fue hecha en 1520 bajo el patronazgo del obispo Antonio de Rojas y del deán Zapata. Consta de dos cuerpos más crestería y un crucifijo en lo alto. Tiene como ornamentación flores y escudos de los mecenas. La segunda reja es más pequeña y da a la nave sur, frente a la puerta de la sacristía. Está colocada en una puerta en esviaje (o sesgada). Fue dorada por los hermanos Andrés y Alonso de Espinosa y colocada en 1531. Consta de dos cuerpos más crestería y está ricamente adornada con los bustos de San Antolín, San Pedro y San Pablo.

En la capilla se encuentran dos púlpitos que anteriormente estaban colocados en el zócalo de la reja del coro y que se trasladaron a este nuevo emplazamiento en 1607. Son de hierro forjado, realizados por Gaspar Rodríguez en 1563. Las esculturas de los tornavoces son de Gregorio Fernández y representan a las Virtudes. En las paredes laterales están colgados unos magníficos tapices, cuatro en cada lado. Son de los talleres de Bruselas, de principios del siglo XVI y fue una donación del obispo Juan Rodríguez de Fonseca. La obra maestra de esta capilla es el retablo cuyas trazas son de Pedro de Guadalupe de 1504.

El tamaño de la Capilla Mayor queda reducido por la construcción anterior de la Capilla del Sagrario. Es por esto por lo que en la parte izquierda del crucero se colocó un altar más grande que dejó inutilizada la puerta de los Reyes pero que permitía que hubiera espacio suficiente para las grandes celebraciones como las misas del Domingo de Ramos, del Corpus Christi u ocasiones especiales. Sus bancos móviles se disponen hacia este altar o hacia la Capilla Mayor según convenga.

– Retablo Mayor: Es el ejemplar más temprano entre los retablos renacentistas de España, hecho a imitación del desaparecido que hubo en el Colegio de Santa Cruz de Valladolid; circunstancia que, unida a la nómina de excelentes artistas que trabajaron en él, lo convierten en una pieza excepcional. Fue encargado por el obispo Diego de Deza para colocarlo en la primitiva capilla mayor. Encargó la obra al ensamblador Pedro de Guadalupe, entre 1504 y 1506. Trabajaron en él Felipe Vigarny en la parte escultórica y Juan de Flandes pintando las escenas de la vida de Jesús. Nunca llegó a montarse en aquella capilla, sino que se llevó a la capilla mayor nueva, la actual, cuando en 1519 el nuevo obispo Juan Rodríguez de Fonseca decidió el traslado. Allí se hicieron diferentes obras y modificaciones para que su colocación estuviera acorde con las dimensiones de este espacio. Algunas de las pinturas se vendieron al no encajar en el nuevo diseño, y una de ellas puede verse hoy en el Museo del Prado. Destacan sobremanera en el conjunto las impresionantes tablas de Juan de Flandes, que fueron sus últimas obras, y el patético Calvario de Juan de Valmaseda del remate; además de una Magdalena debida a Alejo de Vahía y el San Antolín tallado por Gregorio Fernández.

~ by lostonsite on 1 abril, 2010.

Castilla y León, España, Viajes

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