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Cuando los pasos recorren las calles

VALLADOLID
JUEVES SANTO

La Semana Santa de Valladolid es uno de los principales acontecimientos culturales, religiosos y de atracción turística de la ciudad. Sus tallas se encuentran entre las de mayor valor artístico del mundo en escultura policromada, gracias sobre todo a imagineros como Juan de Juni y Gregorio Fernández. Importantes pasos son propiedad del Museo Nacional de Escultura, cedidos a las Cofradías como un hecho museístico singular, por parte del Estado.

Las primeras procesiones en las calles vallisoletanas se celebraron en el siglo XV, si bien anteriormente las hubo en el interior de los conventos, donde nacieron las cinco cofradías “históricas”: Vera Cruz, Angustias, Piedad, Sagrada Pasión y Jesús Nazareno, así como la Venerable Orden Tercera. En los siglos XVI y XVII llegó el mayor esplendor escultórico, iniciado con las obras de Juan de Juni y de Gregorio Fernández. Con el XVIII se entró en una etapa de decadencia, atemperada por la celebración de algunos actos de las cofradías penitenciales y, desde 1810, de la Procesión General de la Pasión, antecedente de la actual Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor, aunque de forma irregular.

En 1920, a instancias del Arzobispo de Valladolid, Remigio Gandásegui, quien contó con la colaboración del arquitecto e historiador Juan Agapito y Revilla y del entonces director del Museo Provincial de Bellas Artes (hoy Museo Nacional Colegio de San Gregorio) Francisco de Cossío, se recuperan los desfiles procesionales con la presencia de las cofradías penitenciales y de las imágenes que se habían ido conservando en el Museo. En las procesiones colaboran también asociaciones religiosas seglares, que pronto darán paso a la creación de numerosas nuevas cofradías, todas las cuales se irán incorporando a la renovada Procesión General del Viernes Santo, que adquiere la estructura que se ha mantenido hasta hoy. Ya desde finales del siglo XX las cofradías han impulsado la recuperación o renovación de su patrimonio imaginero y nuevas salidas procesionales.

. PROCESIÓN DE PENITENCIA Y CARIDAD.

Salida: Iglesia Nuestra Señora de la Antigua. 18:30 h.

Pasos: Santísimo Cristo de la Preciosa Sangre (Lázaro Gumiel, 1953), Cristo de la Cruz a María (Escuela de Gregorio Fernández, hacia 1642; el cuerpo de José de Arimatea es obra de José Antonio Saavedra, 1995). La Quinta Angustia (Gregorio Fernández, hacia 1625).

Cofradías: Venerable Cofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad.

– Venerable Cofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo: Su constitución, data del 6 de abril de 1929 aprobando sus estatutos el Arzobispo Remigio Gandásegui y concediéndosela el derecho procesional y el paso Cristo de los Carboneros. Así entroncaron con el grupo de fieles cristianos que por el año 1805 daban culto y escoltaban en las procesiones al Santo Cristo Crucificado, obra de Francisco del Rincón que se venera en la Iglesia de Las Angustias. Y conocido como Cristo de los Carboneros por ser sus integrantes de este gremio quienes desfilaban en las procesiones de semana santa. Entre finales de febrero y primeros de marzo de 1929, los continuadores del grupo anterior dirigidos por Alberto Guiloche, visitaron a Remigio Gandásegui, Arzobispo de Valladolid, y legalizaron la Cofradía para así poder alumbrar al mencionado Cristo en la procesión del Entierro.

La Cofradía acabada la Guerra Civil nombró cofrades a los caballeros mutilados por la Patria que lo desearon, dado que las características de la misma eran propicias para ello. Santo Cristo Muerto, habito rojo y negro, muertos por la patria, sangre derramada por los citados caballeros y luto. Su habito inicial era una túnica roja con puños de encaje negro y capirote, guantes cingulo, muceta, calcetines y zapatos negros. En 1949 se agregó una capa de color rojo que sustituyó a la muceta.

Hasta 1949 sacaron en procesión al Cristo de los Carboneros, que debido a su mal estado y por orden eclesiástica hubo de quedarse definitivamente en la Iglesia de Nuestra Señora de Las Angustias, en la cual se venera y de cuya cofradía es propiedad. Posteriormente volvió a salir en procesión por esta cofradía, tras una restauración importante que ha realzado la talla.

Fue sustituido por el Cristo Crucificado de Juan de Juni propiedad de las monjas de Santa Catalina en cuya Iglesia tiene la morada. Posteriormente por solo tenerle en su poder durante los días Jueves y Viernes Santo, los cofrades decidieron encargar al escultor Genaro Lázaro Gumiel en 1953 una copia del Santo Cristo de Juan de Juni. Una vez terminada y tras su bendición, se llevó en procesión y se instaló en la Capilla de los Tovar o de Santa Ana en la Iglesia de Santa María La Antigua en la cual tiene su sede la Cofradía.

Con la nueva talla, la Cofradía se vio en la necesidad de construir una carroza, con el fin de poder sacar procesionalmente al Santo Cristo, esta se hizo basculante para que pudieran salvarse las dificultades de altura de la puerta principal del templo de La Antigua. En la carroza se pueden ver unos candelabros de bronce, donación por el entonces gobernador civil de Valladolid Alonso Villalobos.

La imágen del Santísimo Cristo de la Preciosa Sangre fue realizada por Lázaro Gumiel en 1953 basándose en la original de Juan de Juni. La copia es algo más grande, fuerte y vigorosa, ejecutándose a partir de fotografías. La imágen original, a cuyos pies está enterrado el escultor Juan de Juni, es propiedad del Convento de Santa Catalina, y sólo era prestada el Jueves y Viernes Santo.

 

– Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad: La Cofradía Penitencial de Nª Sª de la Piedad se remonta a la época de la Corte de Carlos I, al año 1504; en esa primera época era conocida como la Cofradía de los “Xinobeses”, (Genoveses) por ser sus cofrades banqueros y asentistas de la región italiana.

Siguió manteniendo su actividad durante el siglo XVI, y así lo atestigua un pleito con la Cofradía de la Cruz el 7 de septiembre de 1549, originado por la hora de sacar la procesión el Jueves Santo; la solución fue que se trasladase ésta al Sábado Santo. Con la vuelta de la Corte a Madrid y la marcha de los Genoveses, la Cofradía decayó notablemente; por ello, los pocos cofrades vallisoletanos que ya la integraban, la reorganizaron. La hermandad ocupó la misma capilla que los Genoveses, la también llamada de “Santa Ana” o de “los Esclavos”, donde enterraban a sus difuntos; utilizando también la “Sala de Profundis” para hacer sus capítulos y cabildos y dejar sus insignias. Mantuvo durante algunos años (hasta alrededor de 1585) la procesión en la tarde-noche del Sábado Santo, pero posteriormente, se cambió al Viernes.

Esto conduce a rivalidades con la Cofradía de las Angustias, siguiendo la tradición de pleitos que ya tuvo con la Vera Cruz. Tras los litigios procesionaron con las Angustias desde 1592 hasta 1598, pero como los problemas entre ellas no se solucionaron, el Obispo de la Diócesis Don Francisco Sobrino, decidió unirlas el 24 de septiembre de 1617; pasando a llamarse “Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, Piedad y sus Angustias.” En 1622, Diego de Medina, escribano de la Piedad, presento Ejecutoria para deshacer la unión, certificándose el 9 de abril de 1630. A partir de esta fecha la Piedad vivirá su época de máximo esplendor: restaura los Pasos Procesionales que ya tenía, (Cristo de la Humildad, El Longinos, La Cruz, La Virgen de la Soledad y Nª Sª de la Piedad); realiza uno nuevo en 1.642 “El Entierro de Cristo” o “El Sepulcro”; y sustituye en 1691 el antiguo Ecce Homo por uno nuevo.

En 1662 inaugura su propio templo penitencial en la calle Pedro Barrueco, actual Fray Luis de León, donde permanece hasta 1789, en que la iglesia es declarada ruinosa y se derriba. La Piedad en 1789 se trasladó a la iglesia de El Salvador en donde permaneció sólo un año, pasando en 1790 al desaparecido templo de San Antonio Abad, ubicado en la calle Simón Aranda, templo que se vio obligado a abandonar en 1908 debido a un conflicto con los Patrones del referido templo.

Sus obras de carácter benéfico y social fueron muy significativas, destacándose el sostenimiento durante los siglos XVII y XVIII del Hospital de Convalecientes, situado en la calle de la Parra, hoy Duque de Lerma, así como la ayuda y la cura de enfermos de cáncer, de tiña y enfermedades de la piel durante el siglo XIX en el Hospital de San Antón, además de asistir a encarcelados, y liberarles de penas menores, lo que continúa en la actualidad. Existe un documento datado hacia 1800, en el Archivo Municipal, que relata como se celebraban las procesiones de Semana Santa.

El hábito de la Cofradía consta de una túnica negra, bocamangas de encaje negro sobre fondo rojo capa negra, capirote con la cruz roja sobre el pecho, zapatos, calcetines y guantes de color negro con cingulo rojo.

Con la reorganización de la Semana Santa gracias al Arzobispo Remigio Gandásegui, se restableció la Cofradía el 2 de marzo de 1924. Entonces sacaba el paso de La Piedad del Museo, con los dos ladrones, acompañado por la Casa Social Católica. El paso, por su mal estado, fue sustituido por la Quinta Angustia, que procedente del Convento de San Francisco, se conserva en la iglesia de San Martín, en donde la Cofradía fija su sede desde 17 de julio de 1937 ( fecha en que Palacio firma, asigna y autoriza el cambio desde la iglesia de El Rosarillo donde entonces se encontraba), hasta nuestros días.

La Cofradía ha seguido ayudando al necesitado especialmente, a los reos liberados en la tarde de Jueves Santo, durante la Procesión de Penitencia y Caridad. Los presos salían de la cárcel incorporándose a empujar el paso de la Virgen de la Piedad, hasta la sede de la Cofradía, en donde se les proporcionaba ropa, sufragándoles los gastos de regreso a su casa. Este acto se realizó hasta 1985, año en que cambia la procesión de sentido por el traslado de la cárcel a Villanubla.

En febrero de 1955 ocurrió que se condenó a garrote vil a uno de los presos; informada la Cofradía, atendió al condenado, prestándole los auxilios espirituales convenientes la noche anterior a la ejecución, compartiendo con él su última cena. Llevada a cabo la ejecución, y al no personarse la familia, la Cofradía se hizo cargo del cuerpo, procediendo a su enterramiento y corriendo con todos los gastos.

El Cristo de la Cruz a María (Antonio de Ribera y Francisco Fermín, h. 1642; cuerpo de José de Arimatea, de José Antonio Saavedra, 1995), originalmente era el paso de “El Entierro de Cristo”, con cinco figuras encargado por la cofradía a Gregorio Fernández en 1630, que se estrenó en 1642. En 1995 se recuperaron del Museo de Escultura el Cristo, Nicodemo y la cabeza de José de Arimatea, y Saavedra finalizó la reconstrucción de esta última figura, volviendo a desfilar ese año sobre una carroza nueva de madera de raulí, encargada al ebanista Fernández León.

La Quinta Angustia (Gregorio Fernández, hacia 1625), no fue pensada para procesionar, sino como altorrelieve para el altar de un retablo costeado por D. Francisco de Cardenas. Esta imágen estaba destinada a una capilla de su propiedad en el Convento de San Francisco, donde estuvo muchos años. Tras un tiempo perdida, Juan Agapito y Revilla la descubrió en la parroquia de San Martín, a la que había llegado desde dicho convento. Empezó a procesionar en 1927, cuando el Gobierno se negó a ceder “La Piedad” para las procesiones. Durante el año puede venerarse dentro de su retablo original.

 

A su paso por la Plaza de Santa Cruz, se produce un Encuentro con el Santísimo Cristo de la Luz, obra de Gregorio Fernández (1630). Elogiada por escritores e historiadores, es una de las obras cumbre de su autor, que plasmó la actitud de este Cristo en los de los retablos mayores de la Catedral de Plasencia, 1625, y de la Cartuja de Aniago, 1634.

Se trata de una de sus últimas obras y en ella se aprecia esa doble característica de su autor, que combina la perfección técnica con el dramatismo expresivo de un acentuado pathos. La perfección técnica se aprecia sobre todo en las anatomías de este Cristo que deja entrever a las claras su dolor y padecimiento, con su vientre hundido, su cuerpo enflaquecido, sus brazos colgados, y sus piernas macilentas y dolidas

El dramatismo se concentra en su rostro, marcado por el sufrimiento, pero también como es característica de su autor, por una excesiva complacencia en los chorretones de sangre que manan desde distintos puntos del cuerpo y se esparcen por todo él en regueros macabros.

La misma composición igualmente característica de Cristo de tres clavos completa esta sensación de sufrimiento, porque la disposición sobre estos tres apoyos requiebra el cuerpo ya de por sí frágil del Cristo y acentúa la sensación hiriente de dolor. También la de movimiento, porque estos Cristos desequilibrados, al arquearse los brazos colgados de forma torturante y cruzar sus piernas sobre un solo apoyo incitan esa misma sensación de agitación que también genera el tormento. El paño de gloria hace el resto: volado en nudos diagonales y de profundos pliegues hirsutos y afilados, crea violentos contrastes de luz y sombra, e insiste en un mismo gesto que amplifica el dramatismo.

Estuvo mucho tiempo en la Capilla de los Daza, del Convento de San Benito el Real, actual del Santísimo Cristo del Consuelo. En 1843 ya aparece reseñado en el Museo Provincial de Bellas Artes, pasando de 1863 a 1913 a la Capilla del Colegio de San Gregorio, y tras volver al Museo llegó en 1940 a su actual ubicación.

 

. PROCESIÓN DE ORACIÓN Y SACRIFICIO.

Salida: Iglesia Conventual de San Quirce y Santa Julita. 20:30 h.

Pasos: Nuestro Padre Jesús Flagelado (Escuela Castellana, hacia 1650) y Santísimo Cristo del Perdón (Bernardo del Rincón, 1656).

Cofradía: Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo.

Vinculada a los trinitarios, la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo fue fundada en 1531. Fue instituida por tres feligreses de la parroquia de Santiago llamados Mateo Fernández, Cosme de Pesquera y Juan de Rojas, los cuales había consultado al clero de dicha parroquia. La cofradía se funda a imitación de la Venerable Compañía de San Juan Bautista Degollado, cuyo principal ejercicio era consolar a los condenados a muerte y disponerlos para bien morir, acompañándoles al suplicio, y enterrándolos solemnemente. La Venerable Compañía de San Juan Bautista Degollado, llamada de la Misericordia de la Ciudad Roma, (Arciconfraternita di San Giovanni Decollato detta de la Misericordia de la Nazione Fiorentina in Roma) fue fundada en 1488 por algunos devotos florentinos que veían el triste abandono en el que se encontraban en Roma los condenados a muerte y es el Papa Paulo III quien indirectamente y en razón de la agregación con la cofradía italiana concede a la Cofradía de la Pasión de Valladolid las mismas bulas, privilegios e indulgencias que aquella poseía.

Como todas las Cofradías Penitenciales, la de la Pasión se puso como meta la construcción de su propia Iglesia. En sus orígenes se reunía en el Hospital de ánimas de la parroquia de Santiago, hasta que inauguró Iglesia en 1581. La Iglesia de la Pasión fue realizada por los arquitectos Juan de Nantes, Juan de Mazarredonda y Pedro del Río.

Sin embargo, en 1666, no satisfechos los cofrades con este edificio para la iglesia y hospital, quisieron modificarle, siendo uno de los promotores Gregorio Rodríguez Gavilán, nieto de Gregorio Fernández. La reforma consistía en revestir de talla los arcos y las bóvedas.

Una profunda decadencia les llevó con el paso del tiempo a la pérdida de parte de su patrimonio. Así, el Arzobispo de la ciudad, en virtud de un informe del arquitecto municipal, decidió cerrar al culto la Iglesia de la Pasión ante la eminente ruina que presentaba, en el primer cuarto del siglo XX.

Su hábito consta de sotana y capa gris, cíngulo y guantes blancos con capirote negro.

La imagen del Santísimo Cristo del Perdón (Bernardo del Rincón, 1656), fue atribuida a varios escultores hasta la aparición de un contrato entre Bernardo Rincón y la Cofradía de la Pasión por cien ducados de vellón, siendo elección del pintor Digeo Valentín Díaz. Desfiló por primera vez en 1657 y según los escritos de 1661, se le llamaba “Paso de la Humildad de Cristo”. Se conserva en su actual sede desde 1993 tras pasar por San Felipe Neri, el Santuario y la Iglesia de la Magdalena.El Santísimo Cristo del Perdón representa a Cristo arrodillado en el Gólgota orando al Padre Eterno, antes de ser clavado en la Cruz. Es una de las más conocidas imágenes entre las derivadas del modelo creado por el portugués Manuel Pereira en el mismo siglo XVII y además es una de las grandes imágenes devocionales en Valladolid, ya que durante todo el año, pero especialmente en sus cultos cuaresmales, y en su tradicional besapié, congrega a miles de votos.

 

La talla de Nuestro Padre Jesús Flagelado, data de mediados del siglo XVII, con policromía del año 1650. Posiblemente participó Francisco Díez de Tudanca para la elaboración de la imagen.

 

. PROCESIÓN DE LA PEREGRINACIÓN DEL SILENCIO.

Salida: Iglesia Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno. 23:00 h.

Paso: Cristo de la Agonía (Juan Antonio de la Peña, 1584).

Cofradía: Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Esta cofradía nació a partir de la orden de San Agustín el 16 de noviembre de 1596, fecha en la que se aprobó su regla fundacional, aunque existen indicios de su anterior existencia. Inicialmente se denominó “Cofradía de la Cinta de N.P. San Agustín y Santa Mónica, Animas de San Nicolás de Tolentino y N.P. Jesús Nazareno” en noviembre de.1616 se añade la advocación de “Ntra.Sra. de la Consolación de Bolonia”.

El 3 de abril de 1676 al desligarse de la Orden Agustina, paso a llamarse Cofradía de N.P. Jesús Nazareno, aprobándose una nueva regla, que fue modificada en 1896 por otra que se hizo, usada hasta 1927. En 1663 comienzan los trabajos de limpieza del solar para construcción de la ermita los terrenos eran propiedad de Andrés Cabezón, lindantes con la Rinconada. En 1665 comenzaron las obras y el 22 de julio de 1673 el provisor del obispo les ordena hacer no ermita sino iglesia.

Es la más moderna de las 5 penitenciales de Valladolid empezaron a practicar su primera regla en 1599 que se le dio el primer obispo de Valladolid el Ilmo. Sr. D. Bartolemé. Está compuesta por todo tipo de personas de las artes liberales y mecánicas y en lo antiguo. Estaba sita inicialmente en el Convento de San Agustín (actualmente Archivo Municipal) de donde salía el Viernes Santo. Desde que se separó de los Agustinos hicieron nueva la efigie de Jesús Nazareno.

El habito de la Cofradía consta de túnica y capirote de terciopelo morado, con galón y cíngulo dorados, bocamanga blanca y el emblema JHS (Jesús Hombre Salvador) bordado.

La Iglesia de Jesús El Nazareno fue construida por impulso de la Cofrafía de Nuestro Padre Jesús Nazareno durante la segunda mitad del siglo XVII. Constaba inicialmente de planta de cruz latina hasta que a finales del siglo XIX es forzosamente modificada por la remodelación del trazado viario para la construcción del nuevo Ayuntamiento. En la fachada de ladrillo conviven elementos neorrománicos de inspiración romántico-historicista propios de la Alemania decimonónica, con otros más próximos al estilo clasicista tan abundante en la ciudad.

La imagen del Santísimo Cristo de la Agonía  fue realizada por Juan Antonio de la Peña con la exigencia de que fuese un Cristo vivo, a punto de morir. En un principio estaba destinado por la cofradía al llamado “paso grande” de la Crucifixión. Juan Antonio de la Peña es considerado entre los más destacados escultores del último tercio del siglo XVII, siguiendo la estela de lo realizado principalmente por Gregorio Fernández. También era gallego de nacimiento, procedente del obispado de Mondoñedo. Venía trabajando en distintas obras relacionadas con los colegios de jesuitas, en el polémico relicario de Villagarcía o en alguno de los retablos del Colegio de Ingleses. Para éste “de la Agonía” siguió el modelo fernandino que se puede contemplar en el paso “Sed Tengo” –la desamortización y el Museo reunió a las antiguas tallas que componían la escena hasta el pleito con los agustinos-.

Uno de los elementos magistrales fue la realización de la cabeza, cuyo gesto es de resignación ante el padecimiento. Antes de su presencia actual, en solitario, en las procesiones de su cofradía, acompañó una serie de años a la Dolorosa de la Vera Cruz en una escena que se titulaba “María al pie de la Cruz”, siguiendo lo que habían establecidos distintos grabados en los siglos XVIII y XIX. La imagen data del año 1684.

. PROCESIÓN DE REGLA DE LA SANTA CRUZ.

Salida: Iglesia Penitencial de la Santa Vera-Cruz. 23:30 h.

Pasos: Oración del Huerto (Andrés Solanes, hacia 1629), El Señor atado a la columna (Gregorio Fernández, hacia 1619), Santo Cristo Ecce-Homo (Gregorio Fernández, hacia 1620), El Descendimiento (Gregorio Fernández, 1623), Cristo del Humilladero (Anónimo del siglo XVI), Dolorosa de la Vera Cruz (Gregorio Fernández, 1623) y Lignum Crucis (Anónimo primera mitad siglo XVI).

Cofradía: Cofradía Penitencial de la Santa Vera-Cruz.

La Cofradía Penitencial de la Santa Vera-Cruz nace en el seno de la Orden Franciscana. Es la más antigua de las cofradías vallisoletanas. En 1498 solicitan crear un humlladero en la Puerta del Campo. Dicha ermita fue hasta su desaparición a comienzos del siglo XIX destino de frecuentes rogativas y procesiones, en las que el pueblo acompañaba al Señor Crucificado, imagen del siglo XVI, que con el nombre del Santísimo Cristo del Humilladero, se conserva y venera la Cofradía en su templo, dándole culto al inicio de la Cuaresma.

A finales del siglo XVI, acuerdan los hermanos, pedir al Ayuntamiento, unos terrenos existentes al testero de la costanilla al final de las Platerías, edificando la Iglesia, hospital y demás dependencias. El templo comienza a construirse en 1589 con trazas de Pedro Mazuecos el Viejo y es ampliado en la segunda mitad del siglo XVII, según el plan de Juan Tejedor. Esto permitió a los hermanos de La Vera-Cruz, abandonar el Convento de San Francisco, que les cobijó desde sus orígenes, sin perder por ello las fraternales relaciones que les unían con la Orden que amparó su nacimiento. La fachada es obra de Diego de Praves y fue finalizada en 1595. La ampliación la realizan los maestros canteros Francisco de la Torre y Lucas López siguiendo los diseños de Juan Tejedor. La obra fue terminada el 11 de septiembre de 1681 y en ella se remodeló toda la Iglesia, salvo el frontispicio.

La más importante reliquia que guarda la Vera-Cruz, es un pedazo del Santo madero, que ya sacaban en procesión en los albores del siglo XVII, para lo cual hicieron unas andas de plata el 23 de marzo de 1661, que encargaron al artífice Pedro Costes de la Cruz. Estas andas desaparecieron durante la dominación francesa, salvándose la cruz relicario.

El suceso más importante y dramático vivido por la Cofradía fue la pérdida del archivo en el incendio que afectó al templo Penitencial, acaecido el 24 de abril de 1806. Durante las obras de restauración de la Iglesia, las imágenes procesionales, que no sufrieron daño alguno, encontraron asilo en la Iglesia Conventual de San Francisco.

El hábito de sus cofrades, se compone de túnica negra y bocamangas de encaje, capa de paño verde, capirote y zapatos negros, guantes blancos (negros el Viernes y Sábado Santo) y muceta de terciopelo negro en las procesiones en las que se sale descubierto.

. La oración del Huerto. Andrés Solanes (1628): Seguidor de Gregorio Fernández, el artista debió inspirarse en el Evangelio de San Mateo para representar la dolorosa escena del Huerto, cuando el Divino Maestro, de rodillas sobre un peñasco exclama: “Padre mío, si es de tu agrado, aleja de mi este cáliz. No obstante, que no se haga mi voluntad, sino la tuya. En esto se le apareció un ángel del cielo, confortándole“.

A dos figuras queda reducida la escena, la de Jesús -la única que merece mención- destácase el modelado de la cabeza y la expresión justa y emotiva del rostro. El tallado de las ropas no parece proceder de la misma mano, es algo más duro y menos correcto de líneas y produce menos emoción.

. El Señor atado a la columna. Gregorio Fernández (hacia 1619): Aparece Jesús (figura divinamente humana) desnudo, de pie, con las manos atadas con una cuerda a la columna. La cabeza, de expresión profundamente conmovedora, está ligeramente inclinada sobre el hombro derecho, la boca entreabierta, su cuerpo inclinado por la fatiga del suplicio. El paño de pureza, de duros y quebrados pliegues, anudado a la cadera derecha. Va policromado conforme a las reglas del mejor arte: la encarnación mate, las huellas del cruento suplicio están patentes “con sus desollones”. Las llagas que en la divina espalda dejara el flagelo, para mayor apariencia de realidad, “van de corcho y sangre cuaxadas”. No faltan los ojos de cristal que miran con tierna piedad; ni los hilos de sangre (finas pinceladas) que corren por el torso desnudo. Cuenta la leyenda que la imagen de Jesús habló al maestro Gregorio Fernández antes de abandonar el taller.

. Santo Cristo Ecce-Homo. Gregorio Fernández (hacia 1620). Imagen de Cristo coronada de espinas, con el cetro de caña en las manos y el manto escarlata cubriendo parte de su cuerpo llagado. Escultura devota y realista. La parte anatómica está modelada con cariño hasta el menor detalle; todo revela el arte de su genial creador, Gregorio Fernández.

Este paso es parte de un conjunto escultórico formado por varias figuras, algunas de ellas se conservan en el Museo Nacional de Escultura y procesionan como parte de otros pasos.

. El Descendimiento. Gregorio Fernández (1623). La escritura de capitulaciones es firmada por Gregorio Fernández, el 16 de junio de 1623. Hace el boceto en cera y estudia con cariño, hasta el más pequeño detalle. Sólo falta para dar comienzo a la obra, fijar ciertos extremos que al fin quedan puntualizados en el documento protocolario. Es obra plenamente lograda, de composición elegante, armoniosa y resuelta con insuperable maestría; es la única, dentro de las numerosas esculturas procesionales, que puede admirarse tal como salió del taller del insigne maestro. Aquí están en torno de Jesús, en el momento de ser descendido de la cruz, los varones justos, Nicodemo, José de Arimatea, el discípulo amado y la Magdalena, ataviados con amplias vestiduras de duros pliegues, que se mueven con brío y llenas de vida. Cerca presencia la escena la Virgen María que, transida de dolor, abre los brazos en anhelo infinito de amor. Es sustituida por una copia en el 1757, y colocada la original presidiendo el retablo mayor.

El grupo procesional una vez terminado desfiló por vez primera el año 1625, formando parte del cortejo procesional, en la tarde del “Jueves de la Cena”. Montado tal como salió del taller de Gregorio Fernández, sin sufrir ningún cambio en su estructura, todos los años cumplía la alta misión de enfervorizar al pueblo. Pero a partir de 1757, por acuerdo del cabildo de la Vera Cruz, se ordena que la imagen de Nuestra Señora de los Dolores se quite del paso y se coloque sobre unas andas, cerrando la procesión, “con el claro de los alcaldes”; de idéntica forma que va la Dolorosa de Juni, en la Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias. En el paso de “El Descendimiento”, en el mismo lugar que ocupaba la Virgen, mandan sea labrada “otra imagen a su semejanza”. Cambio motivado según declaración de los propios cofrades “por la gran devoción que se tenía y tiene a la imagen de Nuestra Señora de los Dolores”.

. Cristo del Humilladero. Anónimo del siglo XVI: Crucifcado que presidía el retablo de la ermita que levantó la Cofradía en la Puerta del Campo Grande, conocida como el Humilladero (de ahí su nombre) siendo este su emplazamiento y lugar de veneración hasta que en 1681 pasó a presidir el retablo mayor de la Iglesia situada al final de la calle de la Platería, para ser colocado en la hornacina principal del retablo mayor, acompañado a cada lado por las figuras de la Virgen y San Juan conformando un Calvario. En 1757 fue reemplazado por la Dolorosa.

Su posterior ubicación en un altar situado en el lado de la Epístola, fue definitiva hasta el día de hoy, con la salvedad de unos meses que estuvo confinado en el Convento de San Francisco como consecuencia del incendio que sufrió la Iglesia a principios del s. XIX. Este altar es un retablo compuesto por un arco de medio punto sobre el que se asienta un marco (que también procede del retablo mayor) con motivos vegetales en dorado y una serie de veinticuatro espejos ovalados, con un remate en la parte alta que alberga el escudo de la Cofradía.

La imagen muestra el influjo de Alonso Berruguete, como se observa en el alargamiento y el retorcimiento de la figura, con una tendencia al expresionismo que alcanza un dramatismo espiritual. Sin embargo hay un tratamiento más moderado de los medios empleados por Berruguete que nos conduce a la gubia de algún seguidor.

En múltiples ocasiones el Cristo fue trasladado hasta la ermita como rogativa para implorar lluvia, cosechas abundantes o ayuda en las pestes y calamidades que asolaron Valladolid.

 

. Dolorosa de la Vera Cruz (Gregorio Fernández, 1623). Creada originalmente por Gregorio Fernández como una de las siete imágenes que formaban el paso del Descendimiento, fue separada de esta composición y sustituida por una copia en el año 1757 debido a “la gran devoción que se tenia y tiene a la imagen de Nuestra señora de los Dolores”. La Virgen llena de dolor, sentada al pie del leño santo, obra cumbre del genial imaginero, la más acabada y bella de las que produjo.

Toda ella es labor primorosa y de una enorme fuerza emocional. Diseños, paños, artificio de tocas todo es excelente. Obra maestra de Gregorio Fernández y posiblemente una obra maestra de todas las esculturas de madera policromada.

. Lignum Crucis. Anónimo primera mitad siglo XVI.

Reliquia de la Cruz de Cristo que, procedente de Liébana según la tradición, es el primer y principal objeto de veneración de los cofrades, hasta el punto de dar nombre a la Cofradía. La reliquia se aloja en un ostensorio, pieza importante de la orfebrería vallisoletana de la decimoséptima centuria.

Hecho de plata, bronce dorado y piedras preciosas, presenta forma de cruz con un basamento octogonal en cuyo interior se reproduce la escena de Adán y Eva junto al árbol del Paraíso.

. PROCESIÓN DE CRISTO AL HUMILLADERO.

Salida: Real Iglesia Parroquial de San Miguel y San Julián. 23:55 h.

Pasos: Cristo Yacente (Gregorio Fernández, hacia 1630).

Cofradía: Cofradía El Descendimiento y Santo Cristo de la Buena Muerte.

Poco antes de su fallecimiento, el arzobispo Gandásegui encargó a don Herminio Sanz Pedrosa que fundase una cofradía para alumbrar el paso de “El Descendimiento”, que es propiedad de la Santa Vera Cruz en cuya iglesia recibe culto. Aquel deseo se vio materializado el 26 de marzo de 1939 al reunirse los futuros cofrades en la sacristía de la Real Iglesia de San Miguel. Los hermanos cofrades en aquel entonces eran 81 con 6 protectores.

En 1954 se produjo la fusión con la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte de la que quedaban pocos miembros y que ya existía en Valladolid desde hacía cien años, que alumbraba al Cristo Yacente atribuido a Gregorio Fernández y venerado en la Real Iglesia de San Miguel y San Julián donde también se encuentran las figuras integrantes del Monte Calvario que desfilan en la tarde del Jueves Santo en la procesión de Nuestra Señora de La Amargura.

Desde 1994 retorna la Procesión de Cristo al Humilladero que realizaba la Cofradía de la Buena Muerte, portando a hombros la imagen del Cristo Yacente de Gregorio Fernández que se venera en el Convento de San Pablo, por el mal estado del Santísimo Cristo de la Buena Muerte. La Cofradía de la Buena Muerte fue decreciendo notablemente en sus actividades, hasta su casi total extinción. Dichas actividades se centraban fundamentalmente en acompañar y ayudar a bien morir a todas las personas que así lo desearan, incluso los reos condenados a la última pena a la vez que recorrían el vecindario pidiendo limosna para abonar el entierro de los que no disponían de bienes económicos. Celebra dos fiestas religiosas: un triduo al Santo Cristo de la Buena Muerte, unos días antes de la Semana de Pasión en la Iglesia de San Miguel y San Julian, y un quinario dedicado a la Pasión de Nuestro Señor que tiene lugar en la Vera Cruz.

En 1940 desfilaron vistiendo un peculiar atuendo compuesto por túnica verde y capa encarnada terciada a semejanza de San Juan Bautista, cubriéndose con un turbante trenzado en verde y rojo del que surgía un velo negro que ocultaba el rostro de los penitentes. Desde 1941 el hábito se compone de túnica y capirote morado, cíngulo y capa blanca, y calzado negro.

El Cristo Yacente de Gregorio Fernández está tallado íntegro (de bulto redondo), llevando por lo tanto un paño de pureza. Se trata de una de las últimas obras de Gregorio Fernández. En 1995, dado el estado de la talla, se prefirió desfilar con el Cristo Yacente de San Pablo, cedido por los Dominicos, también de Gregorio Fernández, si bien sustancialmente anterior (hacia 1610). En 2007 se recuperó la primigenia talla, única en la imaginería.

. PROCESIÓN DEL SANTO ENTIERRO.

Salida: Iglesia Conventual de San Joaquín y Santa Ana. 00:00 h.

Paso: Cristo Yacente (Gregorio Fernández, obra de taller, 1631-1636).

Cofradía: Cofradía del Santo Entierro.

En 1930 el arzobispo Remigio Gandásegui canaliza las inquietudes de un centenar de promotores, que pertenecían en su mayoría al Círculo de Recreo. Un conjunto de personas significadas de la ciudad deseosas de venerar y procesionar el conjunto de Juan de Juni de El entierro de Cristo que se conserva en el Museo Nacional de Escultura. En 1931 Gandasegui les concedió el paso “El Entierro” que Juni realizó entre 1541 y 1544 para el Sepulcro de Fray Antonio de Guevara obispo de Mondoñedo en el Convento de San Francisco. A causa de la situación política de España la Segunda República, esta Cofradía no desfiló en los tres años siguientes. En 1935 volvió a desfilar aunque no se les permitió procesionar la obra de Juni por su deficiente estado de conservación. Como esto hacia imposible su salida procesional, la Cofradía convirtió en titular el Santo Cristo Yacente obra de Gregorio Fernández que se venera en el Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid, sede de la Cofradía.

Esta Cofradía que se mantuvo durante 30 años con los mismos cofrades, estuvo a punto de desaparecer por falta de hermanos, al fallecer algunos de sus fundadores dándose el caso de que un año solamente desfilaron 17 en la Procesión del Viernes Santo. A partir de 1961 comenzó a recuperar el número de cofrades de tiempos pasados. En la actualidad cuenta con 350 cofrades.

Visten desde su primer desfile procesional hábito compuesto por túnica de terciopelo negro con cola, adornada con galón en bajo y bocamangas cingulo y cruz bordada sobre el pecho, todo ello dorado.

La imagen del Santísimo Cristo Yacente, del taller de Gregorio Fernández, es propiedad del monasterio de San Joaquín y Santa Ana, que lo exhibe en su museo. Probablemente formara parte del retablo de la Cartuja de Aniago, que realizó Gregorio Fernández en 1634, junto al ensamblador Melchor de Beya y los pintores Tomás de Meñasco y José Angulo. Se dice que fue una donación de Felipe III a las Madres Bernardas del Monasterio, de las cuales era protector.

. PROCESIÓN DE REGLA DE LA ILUSTRE COFRADÍA PENITENCIAL DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS – SACRIFICIO Y PENITENCIA.

Salida: Iglesia Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias. 01:00 h.

Pasos: Cristo en la Cruz, conocido como de los carboneros (Francisco del Rincón, inicio siglo XVII), San Juan y Santa María Magdalena al pie de la Cruz, (Gregorio Fernández, hacia 1621), Cristo Yacente (Taller Vallisoletano, siglo XVII) y Nuestra Señora de las Angustias (Juan de Juni, posterior a 1561).

Cofradía: Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias.

Se ignora la fecha exacta de la fundación de esta Cofradía Penitencial, aunque en sus archivos aparecen documentos relativos a la misma de 1536 y 1543. Tratándose estos de dos Bulas concedidas por Paulo III otorgando privilegios a los cofrades que lleven a la práctica obras de caridad y penitencia.

Sus primeras Reglas aprobadas por Auto de fecha 16 de noviembre de 1569 dictado por el Abad de Valladolid, como delegado de la autoridad diocesana del Obispo de Palencia, pues en aquellas fechas no había sido erigida la Diócesis. La función de la Cofradía se desenvuelve principalmente en el campo asistencial en primer lugar para con los hermanos en vida y, luego, en procurar los sufragios precisos para que puedan alcanzar su salvación personal, después de su muerte, etc.

En 1604 gracias a la aportación del mercader D. Martín Sánchez de Aranzamendí y su esposa Dª Luisa de Rivera, pudo construirse el templo frente a las casas del Almirante de Castilla, D. Alonso Enríquez. La ingente obra se completa con el establecimiento de un Patronazgo que garantiza el funcionamiento del Templo y el esplendor de los cultos y medios económicos de la Cofradía en los doscientos años siguientes. A donación tan magnánima se le impuso la condición de que dicha Iglesia no podría servir de lugar de enterramiento a otras personas que no fueran del linaje de los donantes. El templo consta de una sola nave de 2 tramos, fue construido bajo la dirección de Juan de Nates.

Desde esta fecha la pujanza de la Cofradía en los años posteriores se manifestó en las vinculaciones personales con la Real Chancillería, cuyos funcionarios formaban parte de sus listas de Cofrades, así como el hecho de que el potente gremio de entalladores estuviera radicada en el Templo que le sirvió de sede material. Así fueron cofrades el propio Juan de Juni, Francisco del Rincón o Gregorio Fernández que portaba en la procesión el pendón del gremio correspondiente.

Con fecha 20 de abril de 1703, acuerdan reconstruir la planta de la capilla, lugar destinado a rendir culto a la imagen de la Virgen de las Angustias. Son encargados de su construcción el maestro cantero Francisco Pérez y el escultor Gregorio Diez de Mata, sin olvidar las pinturas encargadas al italiano Manuel Petti y la obra realizada por el maestro dorador Santiago Montes. A finales del siglo XVIII se cambia el tabernáculo barroco por el actual neoclásico existente siguiendo el diseño del arquitecto Pedro Albaro.

A lo largo del siglo XIX la Cofradía experimenta una prolongada crisis como consecuencia de los procesos de cambio social y político producidos desde la invasión francesa hasta la pérdida de las colonias y el comienzo de un nuevo siglo. Es precisamente en 1900 cuando la Cofradía se da los primeros Estatutos entendidos en sentido moderno como norma racional que sustituye a las viejas Reglas. Estos Estatutos seguirán vigentes con ligeras modificaciones en 1931 y algunas más profundas en 1942, hasta 1988 en que es aprobada la vigente Regla.

Su hábito consiste en túnica de terciopelo azul turquí adornado con encaje blanco en las bocamangas y galón de plata, capirote del mismo color con el emblema en rojo sobre el pecho y cíngulo de este color.

. Cristo en la Cruz, conocido como de los carboneros (Francisco del Rincón, inicio siglo XVII). Propiedad de la Cofradía de las Angustias en cuya iglesia se venera. Es un Cristo crucificado atribuido a Francisco del Rincón, quien lo realizaría a comienzos del siglo XVII. La Cofradía lo sacaba ya en procesión en 1618. En principio se denomino Cristo Crucificado hasta el año 1805, en el que comenzó a ser conocido con el nombre de Cristo de los Carboneros, por darle culto especial los mozos del carbón, a cuyo culto estuvo desde aquella fecha. Lo más seguro es que sea obra de Francisco del Rincón, por la gran semejanza que guarda con el Cristo de un calvario del Hospital de Simón Ruiz, en Medina del Campo, y que es obra del citado autor. Tiene la originalidad de tener el paño de pureza sin anudar, solo sujeto con una cuerda a la cintura a diferencia de los demás Cristos. Fue alumbrado procesionalmente por la Cofradía de la Preciosísima Sangre desde su fundación hasta 1949, que lo tuvo que dejar de sacar al tener carcoma la imagen.

 

. San Juan y Santa María Magdalena al pie de la Cruz, (Gregorio Fernández, hacia 1621). Este magistral grupo escultórico debido a Gregorio Fernández, se ejecutó por encargo de la Cofradía al “genial” maestro imaginero entre 1615 y 1617 con el objeto de sustituir un viejo “paso” de “papelón” conocido como “longinos”.  Recibió el nombre de “Descendimiento”, como así resulta de los libros de nuestra Hermandad con referencia a las plantas procesionales de las celebradas durante el siglo XVII. Consta de seis imágenes: Las centrales son María y su Hijo muerto sobre el regazo y acompañan las figuras del buen y del mal ladrón, María Magdalena y San Juan, Discípulo predilecto a quien Cristo había encomendado pocos minutos antes, desde la Cruz a su Madre. Hoy en día, las figuras de María y Cristo están depositadas en el Museo Nacional, bajo el lema “Paso de la Sexta Angustia”. Por ello, en la actualidad la Cofradía alumbra el Paso Nuevo formado por San Juan y Magdalena al pie de la Cruz, junto a las copias de las figuras del buen y del mal ladrón.

 

. Cristo Yacente (Taller Vallisoletano, siglo XVII).  Obra del taller vallisoletano. Es portado a hombros en la procesión de Sacrificio y Penitencia, en la madrugada de Viernes Santo por la Cofradía de las Angustias . Anteriormente formó parte del paso del Santo Sepulcro. De este Cristo es copia el actual Cristo que forma parte del paso El Santo Sepulcro.

. Nuestra Señora de las Angustias (Juan de Juni, posterior a 1561). Coronada Canónicamente el 3 de octubre de 2009 en la Catedral de Valladolid, es una de las imágenes más antiguas de las procesiones de Valladolid. Pudo inspirarse en la Virgen de los Medicis de Miguel Ángel, aunque según la leyenda el autor modeló el rostro de una hija agonizante. En un grabado de Roelas se dice: “Juan de Juni hinventor”. Según tradición no verificable se encargó para alguno de los pueblos en los que trabajaba Juan de Juni; probablemente Medina de Rioseco, donde tras no terminar el retablo de Santa María de Mediavilla por trasladarse a Valladolid y entrar en litigios, su imagen sería rechazada por despecho. También pudo ser rechazada por lo grande de su pie, lo que le valió el apodo de “la zapatuda” o “la zapatona”. O quizás al fundarse el Hospital de la Quinta Angustia en 1560, Juni labró esta imagen para la nueva Cofradía de la que era hermano.

Para expresar el máximo dolor se le puso entre los dedos de la mano derecha de la Señora, sobre el pecho, unos pequeños cuchillos de hierro, convertidos posteriormente en siete espadas de plata y que perduraron hasta 1971 en que la imagen fue cuidadosamente restaurada, suprimiéndose todo adorno metálico.

~ by lostonsite on 1 abril, 2010.

Castilla y León, España, Viajes

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