header image
 

Cuando la calle mayor de Europa atraviesa la ciudad de los condes

CARRIÓN DE LOS CONDES

Es de sobra conocida la importancia histórica de Carrión de los Condes: punto de encuentro político, religioso, cultural y socio-económico de la España medieval y, además, etapa obligada del Camino de Santiago. Con título de ciudad, su vieja puebla alto medieval, allá por el siglo XI, se la llamó Santa María, y se la ha venido identificando con la antigua Lacóbriga, vieja ciudad mentada en los itinerarios romanos e implicada en las guerras pretorianas del siglo I a.C. Se han hallado varios restos de esa época y mansiones y villas romanas bajo-imperiales (Siglos III-IV).

Cercanos a la localidad se hallan varios lugares despoblados como San Martín del Río, Villaomet y el monasterio de Santa María de Benevívere, fundado a mediados del siglo XII, hoy tan sólo unas lamentables ruinas, que tras ser desamortizado; fueron utilizadas sus piedras en edificios del siglo XIX.

Carrión fue repoblado en el siglo X, siendo por varios siglos propio del reino leonés, de ahí lo de “ciudad de los Condes” no por la afrenta de Corpes de las hijas del Cid, contada por el legendario poema del Mío Cid.

Perteneció Carrión, como Saldaña, a la saga de los Beni Gómez, entre ellos García Gómez que se opuso a Almanzor. Gómez Díaz y su esposa Teresa hicieron que en el siglo XI se realizasen varias obras, entre ellas las del magnífico monasterio de San Zoilo, de la Orden de Cluny, para adelante en el tiempo ser un gran influyente en toda la Tierra de Campos, conservando su poder hasta el siglo XV y llegar hasta la exclaustración en el XIX.

Sobresale en el casco urbano de Carrión la torre de la iglesia de San Andrés, obra del siglo XVI, en la que destaca el retablo de la Adoración de los Reyes Magos. En el barrio de Castillería se levanta la iglesia de Nuestra Señora de Belén ocupando el solar del antiguo castillo, controlando el airoso Puente Mayor sobre el río Carrión, iglesia que guarda la escultura gótica de la patrona y un retablo mayor del siglo XVI. Destacan además en Carrión, la iglesia de San Julián, el monasterio de Santa Clara con buen retablo Mayor, el sepulcro de la Candela de Castañeda (siglo XVI), un Cristo Crucificado y una Piedad, atribuidos ambos a Gregorio Fernández.

Dispuso Carrión del más importante barrio judío de Palencia (aljama) en el que sobresalió en el siglo XIV el famoso rabino Don Sem Tob, autor de los “Proverbios Morales”. Entre otros destacados personajes históricos de Carrión lo han sido: el Marqués de Santillana; el Virrey de Nueva España, Luís de Velasco; la monja mística Francisca Javiera del Valle, el gran historiador Ramón Carande, el economista Enrique Fuentes Quintana y otros muchos.

1. REAL MONASTERIO SAN ZOILO

La fundación de este monasterio, dedicado originalmente a San Juan Bautista, posiblemente sea anterior al año 948. Fue dotado nuevamente en 1047 por los condes Beni Gómez de Carrión, Gómez Díaz y su mujer, Teresa (nieta de Bermudo II), momento en el que cambió la advocación por la de San Zoilo al ser traídas a este cenobio, desde Córdoba, las reliquias de este santo. Pronto acogió una importante comunidad que Alfonso VI colocó bajo la regla cluniacense. Convertido en priorato alcanzó su mayor relevancia y prosperidad, por lo que los condes de Carrión eligieron este monasterio como panteón familiar.

Levantado en el Camino de Santiago, se caracterizó por permitir a los peregrinos el consumo de pan y vino a discreción, motivo benéfico por el que se hizo famoso.

De los primeros edificios monásticos poco queda, a no ser algunos muros y los sepulcros del panteón condal, pues en 1276 el estado del edificio era tan lamentable que fue restaurado. En 1347, iglesia y claustro amenazaban ruina por las avenidas del río, y antes de 1392 el conjunto fue reconstruido.

Sujeto a Cluny hasta el siglo XV, a partir de 1531 se incorporó a la congregación de Valladolid, época en la que comenzó otro momento de esplendor que determinó la construcción de un nuevo claustro y otras dependencias conventuales. En el siglo XV el papa Eugenio IV concedió al monasterio tener abad de mitra y báculo, siendo el último abad Plácido Trevijano, al llegar la exclaustración en 1835.

Tras la exclaustración, se hace cargo del edificio la Compañía de Jesús, convirtiéndolo en 1854 en colegio de educación secundaria. En 1890 estos estudios se trasladan al nuevo Colegio de la Inmaculada (Gijón), y el edificio pasa a ser noviciado. En 1959 los Jesuitas lo ceden a la Diócesis de Palencia, que lo destina, en 1960, a seminario menor de la diócesis, hasta que finalmente en 1992 se convierte en el hotel actual.

De lo que supuso la fábrica del siglo XI se conserva una ventana y una imposta ajedrezada, así como el enterramiento de la condesa Teresa en el presbiterio de la iglesia y parte de la fachada primitiva. También los sarcófagos de los condes, descubiertos en 1947, con interesantes trabajos de escultura.

Lo más sobresaliente del conjunto es el claustro, proyectado por Juan de Badajoz en 1537 y concluido en 1604 con la participación de importantes artífices que levantaron sus muros y labraron su profusa ornamentación de padres de la Iglesia, profetas, patriarcas, jueces, sacerdotes, heroínas, etc., así como personajes del Nuevo Testamento -apóstoles y evangelistas- y civiles -reyes, reinas, emperadores y emperatrices-, además de pontífices, cardenales, doctores, monjes, y santos. Algunos de los decoradores más destacados fueron Miguel de Espinosa, Antonio Morante, etc. De dos alturas, el claustro inferior se articula con cinco arcos apuntados entre gruesos contrafuertes prismáticos, mientras que el superior se abre con arcos de medio punto.

El claustro se comunica con la Iglesia de La Magdalena a través de un portada en arco rebajado entre columnas abalaustradas. El templo fue incorporado al convento en 1479 a instancias de don Pedro González de Mendoza, en aquel momento abad de San Zoilo y posteriormente cardenal y arzobispo de Sevilla. El edificio actual se levantó sobre los restos de una iglesia románica, destruida por un incendio. Se respetó el anterior perímetro de la construcción así como la base de la primitiva torre y alguna ventana. El templo es de una sola nave, cubierta por bóvedas de cañón y cúpula sobre el crucero.

La fachada original se realizó en estilo dórico, pero sufrió importantes modificaciones en el siglo XVIII, siguiendo el estilo de Churriguera, atribuyéndose a Felipe Berrojo. Presenta un primer cuerpo de hornacinas con las estatuas de San Zoilo, en el centro y San Félix y San Juan a los lados. En el segundo cuerpo se representa el escudo con las armas reales y otros dos con las de los condes de Carrión y los patronos del cercano Monasterio. Una estatua de San Benito sobre el escudo real y otra del arcángel San Miguel rematan el conjunto.

El coro alto, a los pies del templo al lado del órgano, destaca por su sillería de dos pisos en nogal con columnas Salomónicas, desde la que los monjes rezaban los oficios de la liturgia de las horas. Al mismo nivel y enfrente del órgano barroco, hay un coro más pequeño denominado coro de los enfermos, desde el cual los monjes que se encontraban en la enfermería podían asistir a los oficios litúrgicos.

Colgado desde el arco de la actual puerta principal de la entrada a la iglesia de estilo barroco (visible desde el exterior del edificio junto a la carretera Nacional 120), en la fachada norte, se encuentra un órgano castellano, también de estilo barroco, cuya fecha de construcción se sitúa en el año 1716. Este de San Zoilo es uno de los pocos órganos castellanos que aún conservan la cadeneta: los tubos de sonido situados a la espalda del organista.

Dentro del monasterio se conservan restos de celdas de una antigua cárcel en el monasterio del siglo XVI. Las reducidas dimensiones (1,63 m de altura, 1,85 m de longitud y 1,05 m de anchura), permite imaginar las precarias condiciones de su interior. Cerradas originalmente con puertas de bronce y sin ventilación exterior para mantener una total incomunicación, la vida en las mismas no se supone demasiado confortable. Originalmente existían cuatro celdas, de las cuales fueron destruidas dos en el año 1960, destinadas a prisión de clérigos y monjes. En la parte opuesta de la actual galería existía otra zona de prisión, con una gran celda que contaba con una columna en el centro de la misma, destinada a la prisión de laicos y seglares, que estaban sujetos a la justicia del Monasterio y del Abad.

2. IGLESIA DE SANTA MARÍA DE LAS VICTORIAS

La iglesia de Santa María, también monumento histórico artístico desde 1991, se comenzó a construir a primeros del siglo XII, aunque las obrras se prolongaron en torno al reinado de Alfonso VII (1126-1157), monarca que residió en varias ocasiones en Carrión.

Es la iglesia más antigua de Carrión, llegando a dar nombre a la localidad en el siglo X. La iglesia dedicada a la Virgen de las Victorias y del Camino, en alusión al Tributo de las Cien Doncellas y al Camino de Santiago.

Todo el templo fue restaurado y consolidado en el siglo XVII, momento en el que se hace nueva la capilla mayor (1682), proyectada por Felipe Berrojo.

La planta de tres naves está dividida en cuatro tramos y cabecera triple y unidas pos un transepto de igual anchura de las naves.

Al exterior es verdaderamente importante su portada meridional bajo el porche formado al aprovechar para ello los arbotantes. Fue realizada hacia 1130 por escultores de la escuela hispanolanguedociana y constituye sin duda lo más conocido y valorado de esta iglesia.

Consta de dos partes bien diferenciadas: la entrada en sí y un friso esculpido por encima de ésta y bajo los canecillos. La entrada está formada por cuatro arquivoltas de medio punto y algo abocinadas que cobijan un arco muy marcado sobre mochetas. Éstas representan pares de cabezas de toros (lo que ha hecho pensar en la alusión al tributo de las cien doncellas que cada año debían pagar los cristianos a los moros hasta que una manada de bravos toros espantó a los agarenos) y son también muy sobresalientes. Las arquivoltas apean sobre parejas de columnas y codillos, y el arco sobre jambas. La ornamentación de tres de las arquivoltas es ligera (tallos y ajedrezados), disponiéndose en la cuarta en sentido radial treinta y siete pequeñas figuras, una por dovela. Las figuras representan lo que podía ser la vida en una ciudad castellana del siglo XII. Músicos, guerreros, plañideras y demás conviven con demonios y animales. Los capiteles sobre los que reposan las arquivoltas son figurados y, a pesar de su desgaste, puede adivinarse en ellos a grupos de hombres y de mujeres, grifos y jinetes sobre leones. En ambas enjutas aparecen dos figuras en altorrelieve muy mutiladas por los arbotantes. En una de ellas se representa a un hombre que cabalga un león y en la otra un caballero con una pequeña figura junto a su caballo. Son contados los casos en los que se preesnta de esta manera a un personaje a caballo, no habiéndose encontrado para ninguno de ellos una explicación exacta.

El friso superior está formado en realidad por las distintas escenas que corrían por la portada. Sin embargo, al reforzarla con los arbotantes, las situadas más a los extremos se encastraron en éstos formando así un angulo. El tema principal es el de la Epifanía. Se describe a los Reyes Magos ante la Virgen y el Niño, aquéllos a caballo, Herodes y los Magos y la matanza de los Inocentes. Inmediatamente sobre el friso se disponen canecillos (con personajes y animales) y metopas (parece adivinarse distintos signos del zodiaco). Es curiosa la presencia de girasoles junto al trono de María, orientados ambos en direcciones opuestas, lo cual es imposible que se dé en la naturaleza. Ello alude claramente a la bipolaridad simbólica. Friso de gran fuerza y aparente ingenuidad conmovedoras.

A poniente se abre una segunda entrada mucho más sencilla. Consta de dos arquivoltas que apean sobre capiteles de leones y arpías.

En el interior destacan los pilares, sin semicolumnas adosadas, sobre los que descansan las bóvedas de medio cañón (la central fue sustituida posteriormente) y de crucería en el crucero y los arcos formeros apuntados. El resto son de medio punto. Las distintas bandas que recorren los muros son la única ornamentación interior.

La Iglesia alberga un magnífico Crucifijo del siglo XV del retablo rococó de la nave Evangelio y el retablo mayor, obra de Santiago Carnicero (1684). Entre las obras artísticas del templo también se encuentra un cuadro de la Virgen del pintor vallisoletano Valentín Díaz, una Virgen con el Niño del XIII y una pintura del milagro de Carrión con los toros que libraron de los moros a las doncellas.

3. IGLESIA DE SANTIAGO EL MAYOR

La iglesia de Santiago, monumento histórico artístico desde 1931, fue reedificada en 1849, tras varios desastres como un incendio, salvándose la fachada oeste y su maravilloso friso con el Apostolado, Pantocrator y Tetramorfos. Es un conjunto fechado en el último tercio del siglo XII y una obra capital del arte románico.

La portada occidental de Santiago de Carrión es una de las joyas más importantes del románico español. Está dividida horizontalmente en dos: una parte inferior que enmarca la entrada y un ancho friso superior. El cuerpo inferior se compone de tres arquivoltas, protegidas por tornalluvias, de las que sólo la intermedia va tallada, siendo las otras dos planas. La arquivolta intermedia está formada por veinticuatro dovelas con distintas figuras esculpidas radialmente. Flanqueados por dos leones, se representan los distintos oficios que en la Edad Media constituían la vida cotidiana: fundidor, espadero, sastre, alfarero, cocinero, herrero, escribano, cerrajero, zapatero, músicos, danzarina, plañidera, guerreros, etc. Ejecutadas muy finamente, las tallas emanan una dignidad y serenidad asombrosas. Esta arquivolta apea sobre un par de columnas entorchadas con diversos motivos y con un airoso ángel esculpido en su parte superior. Los respectivos capiteles parece aludir el rico Epulón y al pobre Lázaro y al judío condenado por su avaricia, aferrado a su arca.

 

El cuerpo superior queda separado de lo descrito por una imposta abilletada que corre tangente el tornalluvias. Es un ancho friso centrado en el más soberbio Pantocrátor del románico español, rodeado de la almendra mística y de un magnífico tetramorfos. A cada uno de sus lados se dispone un apostolario bajo arcos polilobulados que sostienen construcciones. Muchos de los Apóstoles han perdido la cabeza. La talla del friso es un altorrelieve, de densos volúmenes y ejecución sin igual. Nunca un Pantocrátor ha sido representado de modo más ajustado que en Carrión a la idea arquetípica que se tiene de lo que debería ser. Majestuosidad, fuerza, serenidad, bondad, acogimiento. Inteligencia suprema. Nunca lo divino y lo humano de Jesucristo se expresaron conjuntamente de una forma más bella. La realeza gloriosa y divina de Cristo con la humanidad envolvente de Jesús. Los cinceles románicos jamás alcanzaron, en suelo español, a expresar con tal perfección lo íntimo y lo desbordante, la justicia y la misericordia, el poder y la mesura, la gloria y la humanidad de la divinidad. Del Maestro de Carrión nada se sabe, habiéndose buscado antecedentes clásicos, borgoñones, etc. Sólo una portada lo ha hecho inmortal.

Ante el Pantocrátor de Carrión se comprende que para el hombre románico “Dios es el águila que cubre al mundo con sus alas y mira a los hombres bondadosamente”. Dios, Cristo, Jesús, es el Maestro por antonomasia que con su atrayente serenidad conduce las almas. Si soberbio es el Pantocrátor de Carrión no lo es menos su tetramorfos. El románico los une prácticamente siempre al describir la visión apocalíptica de San Juan. El Pantocrátor como Señor de la Creación, como ordenador del tiempo y del espacio. El mundo es su último grado de manifestación, pero Él no pertenece al mundo. De ahí que esté separado por la almendra que lo rodea y sobre la que posa sus pies. A su alrededor se disponen los cuatro vivientes, asimilados desde los primeros siglos del cristianismo a los cuatro evangelistas. Son los cuatro elementos de la naturaleza, las cuatro direcciones cardinales, el Mundo dominado por Cristo. Son el Mundo, la naturaleza, el cosmos los que hablan de Cristo, los que anuncuan la buena nueva, pues no son más que emanación de Dios. El Pantocrátor y el tetramorfos unido simbolizan toda la aventura humana pendiente de la Divinidad.

 

Bajo ellos se representa a los hombres que viven esa aventura. Y la viven en su trabajo. Porque las figuritas de la arquivolta intermedia son un extraordinario canto al trabajo bien hecho. Estas pequeñas esculturas son retratos primorosos del hombre medieval que con su trabajo, con su oficio ejercido ritualmente, transformaba la naturaleza y adquiría una nueva dimensión. La expresión de atenta y feliz dedicación a un trabajo que ennoblece y casi transfigura, confiere a los artesanos representados una vida fascinante. Su nobleza interior se transpira en sus facies, dotadas de gran belleza. En Carrión el trabajo aparece como medio de conocimiento, de progresión espiritual, porque en una sociedad organizada tradicionalmente, cualquier actividad tiene un componente de orden espiritual. Diminutos en el tamaño, como conviene a hombres, en comparación con el solemne Pantocrátor, pero inmensos en el recuerdo imborrable que dejan estos personajes son la más alta expresión estética de la profunda significación de la vida medieval en toda su misteriosa grandeza.

4. MONASTERIO DE SANTA CLARA

Fundado en 1255, fue la sobrina del rey Fernando III quien favoreció el traslado de esta comunidad al lugar que hoy ocupan.  La tradición conventual ha mantenido oralmente hasta nuestros días que la comunidad surgió en 1231 en el ya existente beaterío de Santa María del Páramo. En 1255, las damianitas que había en Santa María del Páramo, se trasladaron hasta su nuevo emplazamiento extramuros de la villa de Carrión. Este traslado se materializó por la intervención de su santidad el Papa Alejandro IV quién exhortó a doña Mencía López de Haro, viuda del rey Sancho II de Portugal, a invertir los dineros que tenía destinados para la fundación de un monasterio, en el traslado desde el Páramo a Carrión. Durante la Edad Media, el convento estuvo vinculado al linaje de los castañeda. En el siglo XVII, gracias a la venerable Madre Luisa de la Ascensión, el edificio monacal se renueva totalmente.

Se construye entre 1614 y 1619 la actual iglesia, en cuyo interior se encuentra un bello retablo mayor con pinturas manieristas italianas del siglo XVII, importantes relicarios, un Cristo Crucificado de Gregorio Fernández y una Piedad del mismo autor. Destaca por su originalidad el frontis de azulejos del coro bajo.

En este monasterio existe un interesante Museo de arte sacro, en el que se exponen piezas de arte de los siglos XV al XIX. De entre ellas, es famosísima la imágen del “Niño con dolor de muelas”, obra de escuela castellana del siglo XVII.

~ by lostonsite on 31 marzo, 2010.

Castilla y León, España, Viajes

Leave a Reply




 
A %d blogueros les gusta esto: