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Cuando se muere por amor

ANDREA CHÉNIER
UMBERTO GIORDANO (1867 – 1948)

TEATRO REAL
Febrero 2010: 13, 16, 18, 19, 21, 22, 25, 27, 28

Ficha artística:
Director musical ………………………Víctor Pablo Pérez
Director de escena …………………… Giancarlo del Monaco
Escenógrafo …………………………… Carlo Centolavigna
Director del coro ……………………. Peter Burian

Reparto del día 21 de Febrero:

Andrea Chénier ………………………….. Jorge de León
Carlo Gérard ………………………………. Marco di Felice
Maddalena de Coigny ………………….. Anna Shafajinskaia
La mulata Bersi …………………………… Marina Rodríguez-Cusí
La condesa de Coigny ………………….. Stefania Toczyska
Madelon ……………………………………. Larissa Diadkova
Roucher …………………………………….. Felipe Bou
Pietro Fléville, Fouquier-Tinville …… Marco Moncloa
Mathieu …………………………………….. Luis Cansino
El Increíble ……………………………….. Carlo Bosi
El abate ……………………………………. Ángel Rodríguez
Schmidt ……………………………………. Károly Szemerédy
El mayordomo …………………………… Pablo García
Dumas ……………………………………… Tomeu Bibiloni

Coro Titular del Teatro Real (Coro Intermezzo)
Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid)

Producción de la Opéra National de Paris

Al igual que otras óperas italianas fin-de-siècle, a Andrea Chénier (1896) le impulsa la melodía; breves e intensos pasajes líricos precedidos por una declamación narrativa donde la orquesta asume parte del protagonismo y cuya función trasciende la mera caracterización de un personaje o la plasmación sonora de un texto. Giordano alcanzó aquí su visión personal del género al aplicar no sólo nociones verdianas sino también la orquesta y el monólogo wagnerianos que ya habían influido en Puccini; el verismo se reduce en esta obra a la autenticidad de la atmósfera cortesana con la gavota del primer cuadro o la revolucionaria de los otros tres con citas de la Carmañola o la Marsellesa. El libreto fue escrito por Illica con gran instinto cinemático y se inspira en la vida del poeta André Chénier (1762-1794), guillotinado durante el periodo del Terror de la Revolución francesa. La trama se centra en el triángulo amoroso formado por Andrea Chénier, un personaje comprometido y apasionado al margen de convencionalismos sociales, la joven aristócrata Maddalena de Coigny, capaz de sacrificar su vida por amor al poeta, y el criado transformado en dirigente revolucionario Carlo Gérard, cuya venganza como amante despechado se torna en piedad y arrepentimiento.

Cuadro I

Tarde primaveral de 1789 poco antes del inicio de la Revolución francesa en la residencia de los condes de Coigny; la orquesta introduce la acción con un chispeante movimiento perpetuo en los violines que representa el regocijo y agitación del Mayordomo al supervisar los preparativos de una fiesta. Uno de los ayudantes de cámara, Carlo Gérard, participa con desprecio en la escena; a solas se burla de la aristocracia en su monólogo “Compiacente a’ colloqui” acompañado por sones cortesanos, que se vuelven melancólicos cuando contempla a su padre tantos años esclavizado, para terminar invocando la revolución en medio de la agitación orquestal. Con la entrada de la joven y bella Maddalena de Coigny, hija de los condes, la música recupera el sosiego y la inocencia; Gérard contempla admirado su dulzura. Vuelve la música de la introducción y la Condesa revisa los preparativos; reprende a su hija al no estar todavía vestida para la fiesta y ésta comenta con Bersi, su criada mulata, la tortura de embellecerse.

Un brillante ritmo ternario en la orquesta anuncia la llegada de los invitados y Maddalena sale para prepararse; el novelista Fléville presenta dos amigos a la Condesa: el músico italiano Flando Florinelli y el poeta Andrea Chénier. Al ver al Abad, la Condesa se muestra impaciente por conocer las últimas noticias de París; éste informa con aires de marcha fúnebre de la debilidad rey, del dominio del tercer estado y de la destrucción de la estatua de Enrique IV. Fléville trata de animar la velada aprovechando la inspiración del viento céfiro que la orquesta representa con trinos de violines y propone cantar el bucólico madrigal “O Pastorelle, addio” para coro femenino. La Condesa invita a Chénier a recitar un poema, pero éste rehúsa. Vuelve la música de la introducción y Maddalena trata de que acepte la invitación pero termina burlándose de él. Chénier canta ofendido el famoso improvviso “Un dì all’azzurro spazio”; un bello y extenso monólogo acompañado por el trémolo de la cuerda donde el poeta denuncia la impiedad de las clases acomodadas. Maddalena se disculpa fascinada y Chénier sale conmovido. Se inicia una amanerada gavota y la Condesa invita a todos a bailar; apenas empiezan se escucha de lejos un canto fúnebre. Al momento, entra Gérard encabezando una muchedumbre desarrapada y desfallecida. La Condesa ordena que los echen de allí junto con el ayuda de cámara. Superado el desconcierto todo vuelve a la normalidad; la Condesa se disculpa y el cuadro culmina con la reanudación de la gavota.

  

Cuadro II

El siguiente cuadro da comienzo con otra brillante introducción orquestal. Han pasado cinco años y estamos en París en plena época del Terror. La acción se sitúa en una plaza con un altar dedicado a Marat junto al café Hottot. Aparece el sans-culotte Mathieu y entre los revolucionarios vemos a Bersi, la antigua criada de Maddalena, vestida de maravillosa. El Increíble la espía y le pregunta si tiene algo que ocultar, pero Bersi exalta la vida revolucionaria en el arioso “Temer? Perchè?”; la orquesta parodia a Wagner, incluye efectos onomatopéyicos y culmina con la exaltación de la canción revolucionaria Ça ira. El Increíble desconfía de Bersi y opta por seguir vigilándola.

Aparece Roucher, un amigo de Chénier, y le ofrece un pasaporte para que pueda salir de Francia. Chénier canta su segundo monólogo “Credo a una possanza arcana” con un lírico acompañamiento orquestal; ansía entregarse al amor de una desconocida que le escribe cartas firmadas como “Speranza”, pero acepta el pasaporte. Suena un solemne motivo en el metal y la multitud aclama a los Representantes del pueblo. Gerárd está entre ellos pero se aparta para que el Increíble le informe sobre Maddalena; el espía le promete que hoy la verá. Bersi consigue acceder a Chénier y le da un recado de Maddalena: deberá encontrarse con “Speranza” en el altar de Marat, pero el Increíble los ha escuchado.

 

Pasa Mathieu tarareando la Carmañola, el Increíble se esconde y llega Maddalena vestida de criada. Inicia el dúo “Ecco l’altare” donde cita el improvviso del primer cuadro para que Chénier la reconozca; el Increíble la descubre y sale para avisar a Gérard. Maddalena y Chénier culminan su dúo de amor con intensas progresiones wagnerianas cuando entra Gérard seguido del Increíble. La música se torna funcional y cinematográfica: Roucher salva a Maddalena, el Increíble los persigue y Chénier hiere a Gérard en la refriega; sorprendentemente, éste le pide que huya y proteja a Maddalena. Cuando vuelve el Increíble con los sans-culottes, Gérard dice desconocer a su agresor; la multitud culpa con coral vehemencia a los girondinos.

Cuadro III

Unos acordes orquestales graves y densos marcan el inicio del tercer cuadro, en la sala del Tribunal Revolucionario algunas semanas después. Mathieu proclama que Francia está en peligro ante las traiciones internas y las amenazas externas. Entra Gérard y los ciudadanos celebran su recuperación. Éste, preocupado por la situación, pide a las mujeres francesas su oro y sus hijos. Se abre paso la vieja Madelon, que alista a su nieto después de haber perdido a su hijo; su arioso se inicia en tono fúnebre con el timbal y culmina de forma conmovedora con los violonchelos.

La música cambia bruscamente al escucharse voces de la calle que cantan con alegría la Carmañola. Entra el Increíble y anuncia a Gérard que Chénier está preso; la noticia se difunde, mientras el espía canta la maliciosa arietta “Donnina innamorata” donde confía en que Maddalena vendrá a suplicar por él. Gérard inicia su monólogo “Nemico della Patria?!” acompañado con ecos verdianos, lamentándose de su condición de esclavo, aunque ahora de sus pasiones amorosas; firma la condena de Chénier y el Increíble sale. Llega Maddalena y Gérard le confiesa su amor por ella desde que era una niña. La joven está dispuesta a entregar su cuerpo pero no su corazón; un solo de violonchelo enuncia el tema del improvviso y Maddalena canta la bellísima aria “La mamma morta” donde, después de narrar quasi parlando sus desgracias tras el asesinato de su madre, expone con creciente lirismo su liberación por la voz del amor. Conmovido, Gérard se propone ayudarla.

Una breve transición en ostinato de la cuerda marca el inicio de la reunión del tribunal y la comparecencia de los acusados, Chénier entre ellos. Fouquier-Tinville enumera los cargos que se le imputan; el poeta defiende con firmeza y orgullo su patriotismo en el monólogo “Sì, fui soldato” entre la declamación y el canto. Comparece Gérard e insiste que todos los cargos contra Chénier son falsos. Fouquier-Tinville se sorprende del testimonio pero dicta el veredicto de muerte.

   

Cuadro IV

El último cuadro de la ópera se inicia con un pesante y tenebroso ritmo de acordes repetidos; estamos en el patio de la prisión de Saint-Lazare la noche antes de la ejecución. Chénier escribe y el carcelero Schmidt permite a Roucher quedarse un poco más; el poeta recita sus últimos versos (inspirados en un poema del verdadero André Chénier) entonando la sentimental romanza “Come un bel dì di maggio” acompañada con nostalgia por arpa, madera y cuerda como adiós a la vida. Se oye en la lejanía a Mathieu tarareando la Marsellesa y aparece Gérard junto a Maddalena. La joven soborna al carcelero para ocupar el lugar de otra condenada a muerte y se despide de Gérard mientras se escucha en la orquesta el lírico tema de su aria del tercer cuadro. Al verla, Chénier inicia el dúo “Vicino a te s’acqueta”; los amantes comparten sus últimos instantes de vida y proclaman unidos “Viva la morte insiem!” antes de ser llevados a la guillotina.

~ by lostonsite on 21 febrero, 2010.

Música, Ópera

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