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Cuando se viste la eternidad

EXPOSICIÓN MANTOS PARA LA ETERNIDAD.
TEXTILES PARACAS DEL ANTIGUO PERÚ.

MUSEO DE AMÉRICA
Del 24 de septiembre de 2009 al 14 de febrero de 2010

La cultura de Paracas se desarrolló en la costa sur del país de Perú, entre los años 100 a.C. y 200 d. C., y en ella, como en todas las civilizaciones andinas, los textiles desempeñaron un papel muy significativo. Generaciones sucesivas los adoptaron como símbolos de estatus e identidad, además de resultar atributos y elementos esenciales de los ritos religiosos. En estos tejidos se pueden admirar la riqueza técnica, estilística y cromática en mantos, camisas, esclavinas, turbantes o faldas. Se acompañaban a estos fardos funerarios con cerámicas, adornos de oro y otras ofrendas como en la necrópolis de Wari Kayan.

A finales del siglo XIX y principios del XX aún quedaban por descubrir algunos de los lugares que cambiarían nuestro conocimiento actual de la historia. Al igual que Schliemann, Evans o Carter fueron fieles a su idea y lograron descubrir la legendaria Troya, el Palacio de Cnosos o la Tumba de Tutankamón, Perú cuenta con su gran arqueólogo, Julio César Tello, que descubrió la cultura Paracas, y asentó las bases científicas que aún hoy en día siguen siendo válidas en el estudio de esta misteriosa cultura andina.

La propia vida de Julio C. Tello es una clara muestra de que en su hallazgo no fue el azar sino el trabajo esforzado lo que le llevó a este exitoso descubrimiento. Su tesis de graduación como médico fue sobre la historia de la sífilis en Perú, demostrando ya un interés sobre el pasado de su país. Recibió una beca para estudiar en Estados Unidos en la Universidad de Harvard, en el departamento de arqueología, lo que le convierte académicamente en el primer arqueólogo peruano.

  

Desde 1871 circulaban piezas en el mercado negro que eran denominadas nazcas, y en 1911 aparecen los primeros mantos. Los huaqueros, que es como se denominan en Perú a los saqueadores de tumbas, comercializaron sus hallazgos, que acabaron en museos europeos, en manos de particulares y algunos en museos peruanos. Faltaban unos años para que se produjese el descubrimiento científico de la cultura Paracas, de la mano de Julio Tello. El arqueólogo Julio César Tello, acompañado de su incondicional ayudante, Toribio Mejía Xesspe, recurrieron a un huaqueador llamado Juan Quintana que les guió hasta la Península de Paracas, delimitada por los ríos Ica y Pisco, buscando el lugar de procedencia de las numerosas piezas que inundaban el mercado negro.

El descubrimiento de la cultura Paracas ocurrió entre 1925 y 1927. En el desierto de la península de Paracas excavaron tres cementerios: Cavernas, Arena blanca o Cabeza Larga y la Necrópolis de Wari Kayan. El descubrimiento de una nueva cultura, hasta entonces desconocida, con un nuevo estilo artístico llevó a su descubridor a darle el nombre del lugar geográfico.

Paracas es la primera cultura compleja que se desarrolló en los desiertos de la costa sur, en los valles de Cañete, Topará, Ica, Pisco, Palpa… La población paracas desarrolló una tecnología agrícola, cerámica, lítica y textil, basada en la división social del trabajo que se aprecia tanto en los asentamientos, con edificaciones de ladrillos de adobe, como en los restos materiales. Aunque se desconoce si las aldeas tenían un carácter político independiente o existían alianzas entre ellas, sí se aprecia un incremento del comercio mediante el que obtenían de otras regiones gran variedad de materias primas, como obsidiana, plumas o fibra de camélido.

El descubrimiento, en 1927, de la necrópolis de Wari Kayan, proveyó a los investigadores de una ingente cantidad de materiales que debían ser estudiados y clasificados. Hasta 1930, el descubridor de la cultura Paraca, Julio Tello, y su equipo, trabajan intensamente hasta que éste es depuesto de su cargo de director del Museo Nacional de Arqueología. El nuevo director, Luis Valcárcel, reúne los museos en uno sólo llamado Museo Nacional, y la exploración del área de Paracas pierde intensidad. A partir de los años 50 renace el interés arqueológico sobre la zona, principalmente de la mano de investigadores extranjeros.

En cualquier caso, la publicación en dos volúmenes de los estudios de Julio Tello, editados después de su muerte por su discípulo Toribio Mejía, en 1959 y 1979, despertaron el interés de la comunidad científica internacional sobre los Paracas.

J. C. Tello estableció dos periodos en relación con el tipo de enterramiento y el tratamiento dado a los muertos:

. Paracas Cavernas (400 a. C. – 100 d. C.) tiene una marcada influencia religiosa y estilística de la anterior cultura Chavín. Sus tumbas, excavadas en el suelo, tienen forma de botellón y los muertos aparecen momificados y con deformación craneal cuneiforme. Su cerámica, presenta decoración incisa con pintura post-cocción y asa puente don dos golletes.

. Paracas Necrópolis (100 – 200 d. C.), con enterramientos en forma de cementerios, destaca por los grandes mantos polícromos que acompañan a los fardos funerarios, cuyas momias tienen deformación craneal tabular cilíndrica, y por estar asociada a cerámica Topará, de color blanquecino y con forma de mate o calabaza.

En la necrópolis de Wari Kayan se encontraron más de 450 fardos funerarios que contenían momias enterradas en recintos subterráneos de forma rectangular. La mayoría tenían ofrendas y varas que señalaban su ubicación. Estos fardos que pertenecen a la fase Paracas Necrópolis, cuyo desarrollo cultural está unido a la cultura Topará y Nazca, fueron trasladados al Museo de Lima para ser estudiados y sometidos a procesos de desenfardado, lo que ha permitido conocer como se construían y que ofrendas contenían así como que todos los muertos no recibieron el mismo tratamiento ya que sólo algunos miembros de elevado rango social tuvieron un trato preferencial después de la muerte.

En estos fardos funerarios se aprecia el desarrollo técnico y artístico alcanzado por los ceramistas y tejedores del antiguo Perú. Los textiles de la milenaria cultura Paracas, en especial los mantos, han sido milagrosamente conservados gracias al clima seco de la región, y constituyen uno de los grandes tesoros del patrimonio precolombino peruano.

El proceso de desenfardo de los paquetes funerarios de la necrópolis de Wari Kayan se realizaron en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia de Lima en 1933. La minuciosidad y laboriosidad del tratamiento post mortem de los Paracas, revela un profundo respeto por los difuntos y unas firmes creencias en el Más Allá.

Los fardos funerarios complejos eran construidos sobre el cadáver que se disponía sentado en un cesto en posición flexionada con brazos y piernas atadas y una calabaza bajo el mentón. Adornos de oro tapaban los orificios de la cara y se le ponían ofrendas como armas, agujas, cerámicas, un abanico y tejidos que eran añadidos por capas. La silueta del cuerpo se remarcaba de tres a seis veces mediante grandes sudarios que al envolverlo se amarraban en la parte superior formando una «falsa cabeza» provista de un tocado o turbante. Entre estos sudarios se iban colocando numerosas prendas hasta alcanzar la forma de un bulto cónico, con una altura de hasta 1,5 metros. A su costado se le ponían ofrendas de comida. Algunos fardos pueden contener hasta noventa prendas textiles de diferentes tamaños, desde miniaturas a mantos de grandes dimensiones.

Los cuerpos eran momificados o embalsamados, extrayéndose primeramente los órganos internos, músculos y fluidos, a través de cortes aplicados en las extremidades. El clima desértico favoreció, al igual que en los primeros tiempos de la cultura egipcia, la momificación. La ausencia de humedad y bacterias evitaba la putrefacción de los cuerpos. Una vez embalsamados, eran colocados desnudos sobre una canasta, bien en posición fetal o de cuclillas con las manos sobre la cabeza, o bien en ovillo, es decir, con la cabeza sobre el abdomen.

Se encontró que muchos de los cráneos presentaban trepanaciones, con placas metálicas que reemplazaban partes dañadas del cerebro. No se sabe si la intención fue exclusivamente médica o fue un ritual iniciático, el hecho es que muchas de las personas con trepanaciones presentaban regeneración ósea, lo que significa que sobrevivieron a la operación. También se han encontrado cabezas deformadas adrede en la infancia, mediante tablillas o almohadas firmemente sujetas, para dar a los rostros un aspecto alargado.

El grado de elaboración de los enterramientos determina el rango social o respeto de la comunidad al difunto. La mayoría de los fardos de cuidada preparación son de ancianos, que en aquella época eran los que superaban los cincuenta años, y de varones. Esto revela a los paracas como una sociedad patriarcal que respetaba a sus mayores. Sin embargo, también se han encontrado enterramientos de mujeres de elevada categoría social.

Las piezas cerámicas que integraban el ajuar funerario eran cuencos, vasijas o botellas. Éstas eran depositadas en cestas que se disponían junto al fardo cubiertas con telas o, las piezas más pequeñas, entre los mismos envoltorios del difunto. Dentro de la cultura Paracas – Cavernas fue habitual el modelo de botella globular con dos picos y asa de puente. Este modelo se imitará en las culturas posteriores como la Nazca.

Varios estudios evidencian que en la técnica empleada en los textiles no era exclusivamente con fines estéticos, sino que había razones también simbólicas. Las tejedoras dieron un sentido profundo al modo en que los hilos se cruzaban y anudaban, independientemente de los motivos y símbolos representados.

Gran parte del conocimiento que tenemos sobre los textiles paracas se debe a la investigadora Anne Paul, que a su vez aprovechó los estudios previos de Frame. Las tejedoras paracas emplearon la técnica del bordado y el ligamento, y dentro de estos últimos, algunos se basan en técnicas manuales y otros precisaban del empleo de utensilios como telares.

La tela llana es una de las técnicas andinas más recurrentes basada en el entrecruzamiento de tramas y urdimbres. La trama es el conjunto de hilos que cruzados y enlazados con la urdimbre forman la tela. Y la urdimbre es el conjunto de hilos que se colocan en el telar paralelamente unos a otros.

Estas telas fueron decoradas con bordados y en menor medida, en la época temprana de los paracas, fueron pintadas. En alguno de los fardos funerarios se han encontrado, dentro de las cestas, utensilios textiles como husos, piruros y ovillos de hilo de algodón.

Las figuras bordadas fueron realizadas principalmente con dos tipos de puntos, el satín stitch, con puntadas largas y alineadas paralelamente que vuelven al mismo punto de partida, lográndose el mismo efecto en el verso y reverso de la prenda; y el stem stitch, en el que la aguja vuelve hacia atrás situándose a la derecha del punto de partida, creándose dos caras de tejido diferentes. Otra técnica de bordado de enorme complejidad es el “bordado a la aguja tridimensional”, que permitió aumentar la gama de colores y dio libertad para representar actitudes y movimientos de las figuras representadas.

La investigadora Anne Paul clasificó los bordados según tres tipos en base a cómo se representan las imágenes. Dentro de éstos el linear (linear style) y el de bloques de color (block color style) fueron los más empleados y en menor medida, el de línea ancha (broad line style). En el ajuar de una misma momia pueden aparecer varios estilos de bordados.

El estilo linear es fácilmente reconocible por su apariencia geométrica, las figuras de aspecto animal o personajes míticos alineados y, en definitiva, un aspecto abstracto. Este estilo se dio en los periodos tempranos denominados Paracas – Cavernas. Los motivos zoomorfos se inscriben unos dentro de otros o se entrelazan mediante el uso de hasta cinco colores.

En el estilo bloques de color las figuras forman bloques no tan claramente alineados y con relleno entre ellos. La composición gana en dinamismo y se habla de danzas y actitud flotante de los personajes, quizá aludiendo a los contextos rituales en los que se consumían sustancias psicotrópicas. Los motivos con rasgos humanos y animales son delineados y rellenos con hilos de color que se alternan en la composición general del manto, usándose hasta diez bloques de color.

El tejido es la manifestación artística más antigua del Perú y su desarrollo implica la obtención de la materia prima, el hilado, el teñido y el invento del telar. Se trata de una actividad altamente desarrollada y especializada que se llevaba a cabo en talleres en los que el bordado de una prenda era realizado por varias tejedoras. El resultado final se convierte en una expresión de poder y riqueza con una importante significación social y ritual.

En Paracas Necrópolis se utilizan técnicas de las anteriores culturas Chavín y Paracas Cavernas: la tela doble, el tapiz en sus diferentes variantes, el trenzado o el anillado. Sin embargo, los tejidos alcanzan una mayor maestría y delicadeza al utilizar como elemento decorativo de las telas llanas, diferentes tipos de bordado a la aguja y la nueva técnica de bordado a la aguja tridimensional.

La iconografía de los mantos, con origen en mitos y creencias, tiene un carácter simbólico y nos habla de la cosmovisión Paracas. El número y el tamaño de las prendas, de miniatruas a gigantescas, en las capas que componen el fardo han sido interpretados como las etapas de crecimiento que transforman el muerto en ancestro. En estas etapas de transformación, las figuras van perdiendo sus atributos humanos y aumentan los de animales totémicos, primeros ancestros según la mitología. Sin embargo, ningún fardo tiene una secuencia de transformación completa de un tipo de figura. Dentro de un mismo fardo aparecen tejidos con estilos de bordados distintos, lo que se interpreta como que el fardo era abierto cada cierto tiempo y enriquecido con nuevas ofrendas y prendas.

La iconografía de los mantos nos habla de la relación del hombre con su entorno natural y nos presenta a sus deidades, en las que elementos humanos se mezclan con atributos zoomorfos, presentando personajes que llevan cuchillos y cabezas cortadas, báculos, abanicos y serpientes bicéfalas. Destacan también las representaciones naturalistas de animales y las figuras geométricas.

– Manto. Momia nº 28. Cultura Paracas-Necrópolis (100 a. C. – 200 d. C.). Necrópolis Wari Kayan.

El manto perteneciente a la momia 38 de la necrópolis de Wari Kayan sigue el estilo de bloques de color. Un personaje antropomorfo se repite 73 veces volando en diferentes direcciones. Ataviado con orejeras, diadema y rostro tatuado presenta 3 modelos, cada uno de ellos portando diferentes utensilios. La investigadora Anne Paul lo ha identificado como un chamán, mientras que para Frame representa un acto de autosacrificio de sacar el corazón, cuya metáfora es el abanico que lleva en la mano y la transformación de un muerto en un antepasado, razón por la cual en lugar de una cara parece una calavera, las costillas marcadas y graves heridas en el pecho.

– Fardo funerario de la momia 290. Cultura Paracas-Necrópolis (100 a. C. – 200 d. C.). Necrópolis Wari Kayan.

En el fardo de la momia nº 290 se encontaron diferentes mantos realizados en un mismo tiempo. Bordados con fibra de camélido sobre tela llana, su estilo, dentro de la clasificación creada por Anne Paul, es de bloques de color. Las figuras están encerradas en cuadrados, en una alineación imperfecta, lo que imprime dinamismo al conjunto. Se trata de figuras antropomorfas con alas desplegadas, de cuya boca de aspecto de ave, sobresalen unos apéndices que se curvan hacia arriba. En la cabeza de las figuras hay representada una diadema. Es un personaje semihumano / semipájaro con una cabeza cortada y un cuchillo de sacrificio. El tema de las cabezas cortadas/trofeo tiene una larga tradición en el mundo andino. Su representación tiene diferentes interpretaciones: como trofeos de combates reales o míticos, en relación con ritos de fertilidad o como cabezas de ancestros que simbolizan las fuerzas sobrenaturales y aseguran la continuidad del mundo de los vivos. Su forma es de una manta o raya marina, y los dos orificios permitían sujetarla a las telas. Del mismo fardo es una pluma y unas pinzas de depilar, usadas en determinadas ceremonias.

Aunque han sido identificados un total de doscientos cuarenta colores en los tejidos paracas, no se dispone de mucha información sobre los colorantes naturales utilizados y sobre si las tejedoras realizaban sus propios tintes. El esquema de alternancia de los bloques de color es:

A   B   C   D   A   B
D   A   B   C   D   A
B     C    D  A   B   C
A     B    C   D   A   B

– Esclavina Momia nº 310. Cultura Paracas-Necrópolis (100 a. C. – 200 d. C.). Necrópolis Wari Kayan

La esclavina es un pequeño poncho, prenda tan asociada a la cultura andina. Un apéndice caía sobre la espalda y el resto de la tela cubría tan sólo los hombros. Presenta en estilo de bloques de color. Se repiten cuatro modelos de bloques sobre un fondo azul oscuro, haciendo un total de 144 motivos. Las figuras representadas, con marcado carácter abstracto, representan motivos zoomorfos con una cabeza de felino a cada lado del cuerpo, con bandas longitudinales que recorren el cuerpo. Dada la falta de realismo, algunos lo han identificado como un insecto o como un reptil o incluso, como una piel de zorro.

– Manto de la momia 349. Cultura Paracas-Necrópolis (100 a. C. – 200 d. C.). Necrópolis Wari Kayan

El manto de la momia 349, está realizado con la “técnica de la tela doble”, en el que los colores de las figuras, con marcada geometría, se ven invertidos en ambas caras de la tela. Este manto bicromo es un buen ejemplo de la técnica de doble tela, realizada con dos urdimbres y dos tramas tejidas de forma simultánea, de manera que en cada una de sus caras se establece una alternancia entre los colores de las figuras y el del fondo, marrón-amarillo/amarillo-marrón. Se representan once personajes antropomorfos con atributos felinos, distribuidos en dos hileras, sin que exista una clara relación entre las figuras de acuerdo a su orientación. Es el mismo ser representado con ligeras diferencias o alternancia en los detalles, unas veces portando cabezas cortadas y otras, cuchillos o trofeos. Se trata del Ser de los grandes ojos, que presenta una larga cola dentada que encierra el cuerpo.

 

– Manto. Momia nº 319. Cultura Paracas-Necrópolis (100 a. C. – 200 d. C.). Necrópolis Wari Kayan

Manto con bordes rematados en ángulo recto. El estilo de bloques de color se ha empleado aquí para disponer 28 cuadrados sobre un fondo negro con un personaje de aspecto antropomorfo, un ser alado, de cuya cabeza sale una figura ornitomorfa. El personaje sostiene con las manos flechas, cuchillo y un pez (orca). La presencia de judías o pallares lo identifica como un ser mítico relacionado con la fertilidad en actitud de vuelo. Por las pérdidas que presenta, debió formar parte de los primeros tejidos que conformaban el fardo funerario, estando en contacto con la descomposición del cadáver.

~ by lostonsite on 12 febrero, 2010.

Arte, Exposiciones

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