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Cuando llora el amor (I)

LÁGRIMA DE EROS

MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA
Del 20 de Octubre de 2009 al 31 de Enero de 2010

En 1961 Georges Bataille publicó su último libro en vida, “Les Larmes de’Éros“. Aquella fue la aportación final del autor sobre un problema que había indagado a fondo en su obra El erotismo (1957): la íntima relación entre Eros y Tánatos, entre la pulsión sexual y el instinto de muerte. El punto de partida de Bataille es la certeza de que en la petite mort del orgasmo experimentamos un avant-goût, una anticipación de la muerte definitiva. El recurso a imágenes de la agonía para expresar el clímax amoroso y al lenguaje del éxtasis para representar la muerte no es desde luego una invención de Bataille. Lo encontramos en Wagner, en la poesía romántica, en Bernini y en Miguel Ángel, en los místicos españoles y en la lírica griega arcaica. Lo que Bataille cree haber hallado es un fundamento para la identificación entre Eros y Tánatos: tanto en la muerte como en la consumación erótica regresamos, desde la discontinuidad de la vida individual, a la continuidad originaria del Ser.

La identidad entre Eros y Tánatos sólo cobra sentido para Bataille en el contexto de la experiencia de lo sagrado. El erotismo es objeto de un tabú, de una prohibición (interdit) que ilumina lo prohibido “con una luz a la vez siniestra y divina: lo ilumina, en una palabra, con una luz religiosa”. En el erotismo, como en lo sagrado, la prohibición no existe sin la transgresión. La prohibición excluye lo natural, los impulsos animales, para instaurar el dominio de lo cultural. Pero desde el mismo momento en que es formulada, la prohibición desencadena el retorno de lo excluido, de lo que se había rechazado con horror. Los impulsos bestiales regresan en el sacrificio religioso, donde su violencia es moldeada como un material precioso y peligroso. El sacrificio es para Bataille el escenario último del erotismo.

1. NACIMIENTO DE VENUS

Según Hesíodo, el dios Cronos cortó con una gran hoz el miembro viril de su padre, Urano, y lo arrojó al mar. Del semen de Urano, confundido con la espuma de las olas, nació la diosa Afrodita (Venus, según el nombre latino). En su Teogonía, Hesíodo cuenta que los genitales «fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella» ya adulta. Este mito de Venus nacida adulta, Venus Anadiómena (‘Venus saliendo del mar’), fue una de las representaciones icónicas de Afrodita, famosa por la admiradísima pintura de Apeles, hoy perdida, pero descrita por Plinio el Viejo en su Naturalis Historia. Desde esta representación, muchos artistas, desde Boticelli hasta nuestros días, han tratado de recrear el nacimiento de Venus saliendo del mar.

– Bañista (1870). William-Adolphe Bouguereau.

William-Adolphe Bouguereau (La Rochelle 30 de noviembre de 1825 – 19 de agosto de 1905) fue un pintor académico francés. Entre las personalidades de la época que confesaron admiración por su obra cabe destacar el pianista y compositor romántico Chopin.

Estudiante en la Académie Julian en París, sus pinturas realistas y de temas mitológicos fueron exhibidas en las exposiciones anuales del Salón de París durante toda su carrera. Aunque sufriese la indiferencia de los críticos, quizá debido a su fuerte oposición al entonces triunfante impresionismo, actualmente hay una nueva revalorización de su trabajo. Bouguerau estuvo casado con otra artista, Elizabeth Jane Gardner. Gracias a su influencia, muchas instituciones de arte francesas se abrieron por primera vez a las mujeres, incluyendo la Academia francesa de Bellas Artes.

Durante el Segundo Imperio francés la temática de desnudo se pondrá de moda, amparada en la mayoría de las ocasiones en los asuntos mitológicos o de género. La presencia de esta temática en el Salón de París será masiva, alcanzando en buena parte de las ocasiones los primeros premios. William Adolphe Bouguereau será un especialista en desnudos, empleando siempre un estilo academicista que sigue a los maestros del Renacimiento, releídos a través de Ingres y David. El empleo de una técnica preciosista, casi fotográfica, el etéreo ambiente que envuelve las figuras y el remilgado purismo serán las características identificativas de este maestro francés de la segunda mitad del siglo XIX, que alcanzó gran popularidad en el extranjero.

– Honeymoon Nude (1998). John Currin

John Currin estudió pintura junto al artista de formación tradicional Lev Meshberg y se graduó en Bellas Artes en la Universidad Carnegie de Pittsburgh. Sus pinturas, figurativas y de carácter a menudo satírico, plasman figuras femeninas de erotismo exagerado o distorsionado, aludiendo con ironía a la provocación sexual y a la visión social del cuerpo de la mujer. Toma como influencias fuentes tan diversas como el Renacimiento, ciertas revistas populares o la fotografía de moda. Pese a generar críticas por sexismo a principios de los noventa, las obras de John Currin alcanzaron gran éxito de ventas y crítica a finales de esta década, cuando en ellas se mezclaba temática kitsch y técnica muy cuidada. Actualmente Currin vive y trabaja en Nueva York, su producción forma parte de las colecciones del Hirshhorn Museum y la Tate Gallery y ha sido objeto de exhibiciones retrospectivas en el Whitney Museum y en el MCA de Chicago.

 

2. EVA Y LA SERPIENTE

En su versión tradicional, la Caída es una escena simétrica, con Adán a un lado y Eva al otro, separados por el árbol en torno al cual se enrosca la serpiente. Pero en la época moderna, los artistas se olvidarán de Adán para concentrarse en la complicidad entre la mujer y la serpiente, identificadas en la Tentación.

– La encantadora de serpientes (1907). Henri Rousseau

Rousseau, pintor autodidacta y tardío, viajó muy poco. La mayoría de sus selvas fueron realizadas en el museo de Historia natural y en el gran invernadero del Jardín de las Plantas. Al igual que Roussel en sus Impresiones de África, Rousseau alimenta sus sueños de exotismo en París.

Entre sus más fervientes admiradores, encontramos a Alfred Jarry, André Breton, Guillaume Apollinaire, Robert Delaunay, cuya madre encargó este lienzo, o también Pablo Picasso. A este último, Rousseau dijo un día: “En el fondo, usted hace en el estilo egipcio lo que yo en el moderno“. Esta observación es indudablemente sorprendente e, incluso, divertida. Sin embargo, todo en la Encantadora de serpientes es nuevo. En primer lugar, el tema: una Eva negra, en un inquietante Edén, encantadora de una serpiente tan espantosa como era seductora la del Génesis. Luego el estilo: colores tajantes y densos, a contraluz, anticipando aquellos de un Magritte, una pincelada a su vez naíf y precisa, una composición vertical, de innovadora asimetría. La figura humana, los animales, el decorado vegetal con despliegues fantásticos están ejecutados con la misma minuciosidad en un tratamiento uniforme. Esta mujer encanta a la Naturaleza salvaje, o, más bien, la paraliza en un extraño silencio. El universo fantástico de este lienzo anuncia el surrealismo.

– Sin Título (2004). James White

Tras sus estudios en el “Art Institute of Chicago”, James White se trasladó a Italia para comenzar su carrera. Durante esta estancia aprendió la parte técnica de la fotografía, antes de instalarse en Nueva York para retratar el mundo de la moda. Fue aquí donde su carrera despegó y se convirtió en uno de los más importantes fotógrafos de retratos a personas famosas. Su trabajo retratando estrellas de Hollywood han llenado portadas de revistas por todo el mundo como Vanity Fair, Esquire, Rolling Stone… En su retrato de Rachel Weisz, James White retoma el tema de la relación entre la mujer y la serpiente.

3. ESFINGES Y SIRENAS

La esfinge y la sirena son dos monstruos mitológicos (terrestre y acuático) que han llegado a encarnar la figura de la mujer fatal. Ambas son criaturas ambiguas: la terrible esfinge encierra un secreto poder de seducción, mientras que las adorables ninfas y sirenas albergan la amenaza de la muerte en el agua.

– El Baño de Diana – La fuente (1869-1870). Jean-Baptiste-Camille Corot

Según Alfred Robaut, Corot pintó este cuadro en compañía de Achille Oudinot (1820-1891) entre 1869 y 1870. Es poco lo que se sabe del pintor Oudinot, discípulo y amigo de Corot, capaz, en sus mejores momentos, de igualar al maestro, pero escasamente conocido y cuyas obras se conservan en su mayoría en Estados Unidos. El comentario de que fue pintado «en compañía de Oudinot» se presta a distintas interpretaciones pero, teniendo en cuenta los hábitos de ambos artistas, es probable que se trata del fruto de una sesión con modelo en la que ambos participaron, aunque cada uno ejecutó su propio cuadro.

Por supuesto, a Corot se le conoce más como paisajista que como pintor de desnudos puesto que sólo pintó una treintena de cuadros de este género, exclusivamente desnudos femeninos, que se conservan casi todos en colecciones públicas. Gracias a Robaut sabemos que Emma Dobigny, una de las modelos predilectas de Corot, posó para este Baño de Diana. Corot la representó en varias de sus obras, la más famosa de las cuales es la Mujer de azul (París, Musée du Louvre), y la apreciaba muy especialmente por su vitalidad, mientras que otros artistas reprochaban a esta joven que no fuera capaz de estarse quieta.

El estilo escasamente anatómico de los desnudos que pintó Corot desconcertó a muchos de sus colegas, entre ellos a Ingres. En cambio, Hippolyte Flandrin considera que Corot expresa en ellos algo que no encuentra en otros pintores contemporáneos suyos. Existen tres obras muy similares. Una de ellas se conserva en Moscú, en el Museo Pushkin. Presenta una composición más amplia y luminosa. La modelo aparece en una postura muy parecida, ante un paisaje de bosque: la mano derecha, doblada contra la mejilla derecha, dibuja un delicado ademán. Al fondo a la derecha se avistan dos muchachas. Una de ellas está sentada y le vuelve la espalda desnuda al espectador; la otra, que aparece de frente, está casi en cuclillas. Las otras dos versiones se conservan en colecciones particulares.

– Mujer en las olas (1868). Gustave Courbet

Entre 1864 y 1868, Courbet produjo una serie de pinturas sobre el desnudo femenino, incluyendo el cuadro “Mujer en las olas”. Tras el triunfo del “Nacimiento de Venus” de Cabanel en el Salon de 1863, creció la popularidad de representaciones de Venus y del cuerpo femenino. En el cuadro “Mujer en las olas”, Courbet subvierte la pose de la figura, que deriva de una convención académica, con la representación de vello en la axila, un elemento de realismo subrayado por la calidad casi palpable de la piel.

4. TENTACIONES DE SAN ANTONIO

Retirado en el desierto, el eremita Antonio es asaltado por visiones diabólicas, a veces de alto contenido erótico. En estas tentaciones entra en escena el voyeur, el mirón, con su ambigua actitud, entre la resistencia y la complacencia, entre la distancia visual y el acercamiento táctil.

– Las Tentaciones de San Antonio (1520). Jan Wellens de Cock.

San Antonio abad fue un santo popular durante la Edad Media, cuya historia difundió, entre otros autores, Santiago de la Vorágine en La leyenda dorada. Pero además de las fuentes literarias, el santo fue venerado popularmente por sus poderes sanadores, que estaban vinculados a enfermedades contagiosas, como la lepra, la peste, la sífilis o el llamado mal de los ardientes. San Antonio nació en Egipto y, como cuenta La leyenda dorada, vendió sus bienes, repartió el dinero de las ganancias entre los pobres y se retiró al desierto para llevar una vida eremítica que el demonio tentó. A san Antonio abad se le suele representar como un anciano, vestido con un sayal con su capucha, con una cruz en forma de tau y, entre otros atributos, puede llevar un rosario, como es el caso de esta tabla, un cerdo o una esquila. La orden hospitalaria de los antoninos, fundada en el siglo xi, fue una de las grandes difusoras de su culto. San Antonio, a lo largo de su vida ascética en el desierto, fue tentado y atormentado por el demonio, siendo este uno de los episodios con más éxito dentro de su iconografía, el que Cock ha elegido para esta pintura. En esta ocasión, Lucifer pone a prueba al santo con uno de los siete pecado capitales: la lujuria. En la tabla, no sólo se vale de una mujer, sino de varias, que se presentan ante san Antonio cubiertas con ligeros velos. El tema, además de las connotaciones religiosas relacionadas con la castidad, contiene claras alusiones eróticas y sensuales, que sin duda también contribuyeron a la difusión del episodio.

Cock, como en otras representaciones que se le atribuyen, concede gran importancia al paisaje donde ha insertado sus personajes. Aquí, a la izquierda, de rodillas y encorvado, con su sayal y el rosario entre las manos, encontramos a un san Antonio que ora con intensidad y devoción ante un crucifijo para vencer el mal que, en forma femenina, aparece ante él. La mujer que encabeza el grupo porta un cetro, mientras en la otra mano presenta un rico objeto. Tanto esta muchacha como las que completan la comitiva se adornan con llamativas joyas que lucen en sus cabezas y cuellos. En el paisaje se da cita un mundo fantástico de animales híbridos que rodean y acechan a san Antonio, como el que se apoya en el tronco central, y que nos remiten al universo del Bosco. Los tonos terrosos y grises que predominan en el conjunto atemperan las cálidas carnaciones del grupo de desnudos, con los que Cock cierra la composición a la derecha, pero cuyo colorido hace sobresalir más sus volúmenes en la pintura.

– La tentación de San Antonio (1877). Paul Cézanne.

En 1874 se publicó la tercera y definitiva versión de “La tentation de saint Antoine” de Gustave Flaubert. Posiblemente ésta sería la razón que llevó a Cézanne en la mitad de la década de 1870 a realizar este lienzo, temática ya recogida en trabajos anteriores por el maestro de Aix.

La visión del santo anacoreta sometido a diversas tentaciones sería un tema habitual entre los pintores flamencos -El Bosco, Teniers, Brueghel- que Cézanne retoma mostrándonos al fraile arrodillado en la zona izquierda de la composición, rechazando la tentación de la lujuria personificada en una voluptuosa mujer desnuda, acompañada de un amplio coro de amorcillos también desnudos. Un diablo se sitúa tras el santo y le acosa para que dirija su mirada hacia la mujer, intentando hacerle caer en la tentación.

La técnica impresionista utilizada se manifiesta en la aplicación del color, a base de cortas pinceladas dispersas en diferentes direcciones para aportar el movimiento a la escena. El colorido también es más vivo que en la etapa romántica, resbalando la luz por la figura desnuda y resaltando las sombras coloreadas habituales en los cuadros de Pissarro, Monet o Renoir. El abocetamiento de la obra no impide la estructuración formal de la composición, utilizando una línea oscura para delimitar los contornos, tal y como hará posteriormente Gauguin. Curiosamente, el artista dirige la atención del espectador hacia la voluptuosa mujer al colocarla en el centro de la escena, dejando el sufrimiento del santo en una zona residual de la composición.

5. EL MARTIRIO DE SAN SEBASTIÁN

San Sebastián fue soldado del ejército romano y del emperador Diocleciano, quien -desconociendo que era cristiano- llegó a nombrarlo jefe de la primera corte de la guardia pretoriana imperial. Fue denunciado al emperador Maximiano, quien lo obligó a escoger entre ser su soldado o seguir a Jesucristo. El santo escogió la milicia de Cristo; desairado el emperador, le amenazó de muerte, pero Sebastián, convertido en soldado de Cristo por la confirmación, se mantuvo firme en su fe. Enfurecido Maximiano, le condenó a morir asaeteado: los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de saetas, dándolo por muerto. Sin embargo, sus amigos, se acercaron y al verlo todavía con vida, lo llevaron a casa de una noble cristiana romana llamada Irene, que lo mantuvo escondido y le curó las heridas hasta que quedó restablecido. Sus amigos le aconsejaron que se ausentara de Roma, pero Sebastián se negó rotundamente. Se presentó con valentía ante el emperador, desconcertado porque lo daba por muerto, y Sebastián le reprochó con energía su conducta por perseguir a los cristianos. Maximiano mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez sin errores la misión y tiraron su cuerpo en un lodazal. Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre de San Sebastián. Murió en el año 288.

La imagen del joven atado al árbol, desnudo y atravesado por las flechas, con una expresión entre la agonía y el éxtasis, terminaría convirtiéndose en el icono gay por excelencia.

– San Sebastián (1651). José de Ribera

Cincuenta ducados recibió Ribera por cada una de las figuras que pintó para las habitaciones particulares del prior de la Cartuja de San Martino, Giovan Battista Pisante. La serie consta de tres obras: San Jerónimo, San Bruno y este San Sebastián.

El estilo de la obra corresponde a la etapa madura del maestro, resolviendo las composiciones con una iluminación en la que elimina los contrastes de claroscuro, disolviendo las figuras y los paisajes en la luz de la misma manera que hacían los venecianos. Sin embargo, Ribera es más naturalista como observamos en el meditativo rostro del santo, cuya mirada se eleva al cielo como pidiendo una respuesta a su martirio. La figura es más serena que en composiciones juveniles pero todavía manifiesta una significativa dependencia del clasicismo, con el que mantuvo un estrecho contacto a través de Reni y Lanfranco.

– San Sebastián (1876). Gustave Moreau.

Moreau pintó en varias ocasiones el tema del martirio de San Sebastián. Este es el único santo cristiano que permite el tratamiento del desnudo masculino; por esa razón terminó por convertirse en símbolo de la belleza del hombre. Moreau obviamente trató el tema de San Sebastián por esta razón, pues el simbolismo buscaba el trasfondo moral a través de la estética y la belleza.

6. ANDRÓMEDA ENCADENADA.

En la mitología griega Andrómeda (en griego antiguo Ἀνδρομέδα, ‘gobernante de los hombres’) era hija de Cefeo y de Casiopea, reyes de Etiopía.

Casiopea, habiendo presumido ser tan bella como las Nereidas, provocó la furia de Poseidón, quien envió una inundación sobre la tierra y un monstruo marino, Ceto, para que acabase con hombres y ganado. Sabiendo por el oráculo de Amón que no podrían encontrar una solución hasta casar a su hija Andrómeda con el monstruo, el rey Cefeo la dejó encadenada a una roca, desnuda y con joyas.

Perseo, volando gracias a sus sandalias aladas obsequio de las Náyades, de vuelta tras matar a Medusa, vio a Andrómeda y se enamoró de ella. Bajó a la playa a hablar con Cefeo y Casiopea para pedir su mano si la libraba del monstruo marino. Los padres aceptaron de mala gana. Perseo luchó con el monstruo marino, lo mató y usó la cabeza de Medusa (que convertía en piedra a quien la miraba) para petrificar al animal y convertirlo en coral. Después desató a Andrómeda y fue feliz a contraer el prometido matrimonio. Pero Casiopea se negó porque ya le había prometido su mano al príncipe Agenor. Perseo luchó contra él y su séquito y después de matar a muchos se vio obligado a usar la cabeza de Medusa y petrificó a los que quedaban.

Tras su muerte, Andrómeda fue situada por Atenea entre las constelaciones del cielo del norte, cerca de Perseo y Casiopea. Sófocles y Eurípides (y en época más reciente Pierre Corneille) escribieron varias tragedias a partir de la historia, y sus incidentes fueron representados en numerosas obras de arte antiguas.

En el arte, Andrómeda es el equivalente femenino de san Sebastián en un erotismo de la dominación y la sumisión.

– Andrómeda (1869). Gustave Doré.

Pintor e ilustrador francés. Fue uno de los más fecundos e influyentes dibujantes de la segunda mitad del siglo XIX. A los quince años, presentó sus dibujos, de gran calidad, a Philipon, quien hizo que colaborara en el Journal pour Rire, y publicó su primer álbum de litografías sobre Los Trabajos de Hércules. Sus exuberantes fantasías constituyeron una importante fuente de inspiración para los pintores románticos, quienes compartían la atracción por el mundo onírico que él representaba. Debe su fama, sobre todo, a sus xilografías destinadas a la ilustración de más de noventa libros, aunque también realizó grandes cuadros como “Andrómeda”.

– Las Rosas Sangrantes (1930). Salvador Dalí.

El símbolo de las rosas aparece en diversas obras de Dalí. En la década de 1930 realizó ciertas pinturas de mujeres cuyas cabezas estaban formadas por rosas. Dalí utiliza la rosa como símbolo sexual femenino. En el cuadro “Las Rosas Sangrantes” muestra a una mujer en lo alto de un rascacielos. De fondo es posible dislumbrar el mar. Se encuentra desnuda y atada a un pilar, como un San Sebastián. Sus visceras afloran a través de una gran herida, en forma de ramo de flores sangrantes. Su cabeza se reclina hacia atrás en el éxtasis de su martirio. Para Dalí, la rosa representa aquí la menstruación y los órganos internos reproductores de la mujer.

7. EL BESO

La culminación amorosa en la pareja es un bondage o esclavitud mutua. Los amantes luchan por superar sus límites individuales para fundirse en un solo ser; pero esa fusión no se producirá sin violencia, sin la pasión caníbal por devorar al otro o por vampirizarlo.

– El vampiro (1893). Edvard Munch

Munch plasma en este cuadro su propia melancolia y tristeza, que representa con colores oscuros y apagados, otorgando a su cuadro un ambiente fúnebre. Las lineas del contorno de la mujer vampiro se confunden con las de su victima, y las de éste con el propio fondo del cuadro, otorgando a todo el conjunto de la obra un carácter onírico, casi de pesadilla. De entre toda la oscuridad del oleo destaca la roja cabellera de la vampiresa, símbolo de pasión y de la sangre, en un intento de resaltar aún más la naturaleza vampira de la joven, un ejemplo más de la relación entre belleza, sensualidad, mujer y muerte.

El propio Edvard Munch en sus diarios, escribio sobre su cuadro: “Sus cabellos rojo sangre se enredaban sobre mí, se enroscaban en torno a mi como serpientes rojo sangre; sus lazos más sutiles se entrelazaban alrededor de mi corazón”, para concluir sus comentarios apostiyó: “Incluso cuando había desaparecido seguía sintiendo sangrar mi corazón, ya que no era posible desatar los lazos“. Algunos han visto en esta obra una alusión a las prostitutas que frecentaba el artista mientras, considerando el cuadro más misógino de Munch, mientras que otros la interpretan como una macabra fantasía entorno a la muerte de su hermana favorita.

Según el testimonio del escritor y músico Adolf Paul (1863-1943), la inspiración original le vino a Munch una tarde mientras pintaba a una modelo que “tenía largos cabellos rojos como llamas que le caían sobre los hombros como sangre congelada“. Paul estaba casualmente de visita en el estudio y de pronto el pintor le ordenó a gritos que se arrodillase delante de la modelo y colocase su cabeza contra su pecho. “Yo obedecí. Ella entonces se inclinó sobre mí y apretó sus labios contra mi cuello mientras me cubría su pelo rojizo. Munch empezó a pintar y poco después había completado su Vampiro“.

– Transformarse en luz (2005). Bill Viola.
Video Instalaciones. 8:29 minutos. Realizado por John Hay y Sarah Steben.

Bill Viola nace en 1951 en Nueva York. La vocación artística le surge ya en su infancia. Realiza sus estudios de arte en la Universidad de Siracusa, centro pionero en la utilización de nuevos medios de expresión. En aquel momento, el arte de épocas pasadas no despertaba en él interés alguno. A principios de los años 1970, el videoarte buscaba su lugar como forma artística autónoma y Viola fue testigo y partícipe de este proceso, influenciado por Bruce Nauman, Peter Campus, Vito Acconci, Nam June Paik, Frank Gillette, Ira Zinder, Juan Downey.

A finales de los años 1970 y principios de los años 1980, sus ideas y su capacidad técnica experimentan un impulso, debido en parte al desarrollo de los medios audiovisuales y a su propia evolución en el plano personal.

Este cambio fue motivado por su descubrimiento de la religiosidad oriental (budismo, pensamiento zen, sufismo,…) y de los místicos cristianos (San Juan de la Cruz), en lo que parece una búsqueda de una espiritualidad transversal. Su inquietud espiritual le llevó a viajar por todo el mundo, realizando numerosas grabaciones, desde Túnez hasta Japón.

Las video instalaciones son la parte más conocida de la obra de Viola. En ellas, aparecen de manera recurrente representaciones oníricas y temas como los ciclos vitales, el nacimiento o la muerte. En su proceso de maduración, surge en él un interés creciente por el arte de periodos anteriores, y, específicamente, por el arte tardomedieval y renacentista. La muerte de su madre, que fue para el artista una experiencia extremadamente dolorosa, acentuó aún más su inclinación por lo espiritual, particularmente por su expresión en la pintura de dichas épocas.

Las obras de Bill Viola pueden ser definidas como videopinturas porque sus trabajos están a mitad de camino entre el video, caracterizado por las imágenes en movimiento, y la pintura, caracterizada por sus imágenes paralizadas. Esto lo consigue a través del uso del recurso estilístico de la cámara lenta con la que modifica la percepción del tiempo. Esta percepción temporal ha interesado a Viola desde pequeño cuando sufrió una experiencia traumática: a los 6 años casi se ahogó en un lago y, aunque apenas permaneció 5 segundos debajo del agua, aquel momento se le hizo eterno. En ese instante comprendió “que el tiempo no es como lo marca el reloj de la pared, sino como lo sientes”. De ahí que haya utilizado la cámara lenta de forma obsesiva en todas sus obras. Gracias a ello, los gestos, los movimientos de los músculos y las expresiones de los protagonistas de sus videos se muestran tan lentamente que vemos todos los detalles. Solo así “podemos comprender conscientemente lo que vemos”.

La video instalación “Transformarse en luz” describe un viaje erótico hacia el éxtasis y la unión en forma de una pareja ahogándose. Los cuerpos de los amantes flotan juntos bajo la superficie de una oscura masa de agua. Estos cuerpos se entrelazan en un sensual abrazo que sólo se interrumpe por tomar aire. Finalmente comienzan a descender hacia las profundidades mientras que sus formas iluminadas se unen hasta convertirse en un punto de luz.

 

 

~ by lostonsite on 22 enero, 2010.

Arte, Exposiciones

One Response to “Cuando llora el amor (I)”

  1. Me encanta el blog

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