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Cuando la pintura pretende ser escultura

JAN VAN EYCK: GRISALLAS
Contextos de la Colección permanente nº 23

Museo Thyssen-Bornemisza
Del 3 Noviembre 2009 al 31 Enero 2010

La grisalla es una técnica pictórica basada en una pintura monocroma en camafeo gris que produce la sensación de ser un relieve escultórico. Fue puesta de moda por diversos escultores en el siglo XIV, empleándola en bocetos y dibujos preparatorios, ya que con esta técnica conseguían dar la impresión de relieve mediante un claroscuro muy matizado, haciendo diversas gradaciones de un solo color, generalmente gris o amarillo oscuro, el más cercano posible al color de la piedra.

Aunque el uso de la grisalla arranca en la Alta Edad Media, su generalización comenzó en Francia, en el taller del pintor y escultor André Beauneveu. Se usaba principalmente en manuscritos y sobre todo en marcos, sustituyendo esculturas o elementos de arquitectura. Bajo el reinado de Carlos V, el uso de la grisalla tuvo un notable auge, sobre todo en la miniatura, la vidriera y la pintura. Su utilización será una de las características de la pintura nórdica: en el dorso de los retablos se solía representar una Anunciación en grisalla.

Durante un tiempo, la grisalla recibió una función religiosa siendo asociada al tiempo de cuaresma por la liturgia católica, pero pronto perdió esta función: en tiempos de Bruegel y El Bosco, se convirtió en un procedimiento pictórico que, traduciendo la falsa perspectiva, ponía a prueba la habilidad del pintor. De esta forma fue utilizada por numerosos artistas: Andrea del Sarto, Correggio, Beccafumi, Rubens, Van Dyck, etc.

A mediados del siglo XVI, la grisalla tuvo gran éxito en el esmalte, con Pierre Reymond y los hermanos Pénicaud. En el XVIII, constituyó una de las variedades de boceto rococó con pintores como Boucher o Pittoni; P.J. Sauvage practicó una especialidad de falsos bajorrelieves pintados. Desde entonces ha seguido siendo una técnica utilizada por muchos artistas.

. Jan van Eyck – Díptico de la Anunciación (1433-1435):

Jan van Eyck (Maaseick, c. 1390-Brujas, 1441) ocupa un lugar señalado dentro de la historia del arte. Iluminador de manuscritos y pintor, los inicios de su carrera están llenos de incógnitas, pues se desconocen, entre otros datos, la fecha exacta de su nacimiento y su formación artística. Los primeros documentos en los que se le menciona datan de 1422, cuando entró al servicio del duque Juan de Baviera, conde de Holanda. Tras su fallecimiento pasó a servir al duque de Borgoña, Felipe el Bueno, para el que ejerció de pintor, ayudante de cámara y embajador. Residió en Lille, hasta que en 1430 está documentado en Brujas, donde contrajo matrimonio, organizó un productivo taller y donde murió en 1441. Jan van Eyck dominó el arte de la pintura y sus obras se caracterizaron por un realismo y un ilusionismo óptico sin precedentes.

Jan van Eyck y Robert Campin son los creadores de la Escuela Flamenca. A ambos se debe el paso que dio la pintura neerlandesa hacia una nueva concepción pictórica, que acabaría por sustituir el arte decorativo de influencias francesa e italiana imperante en la pintura europea hacia 1400. Por lo demás, si en Campin encontramos ya definidos y desarrollados los componentes de esta nueva forma de interpretación, Jan van Eyck desempeñaría un papel esencial en la difusión de estas innovaciones, propagando los nuevos conceptos y maneras de interpretar la realidad y la naturaleza. Por otra parte, incorporaría a sus pinturas un valor conceptual, a veces de difícil interpretación, que se ha llamado realismo simbólico.

La pintura, concebida como un díptico, forma parte de un conjunto de obras de pequeñas dimensiones destinadas a la oración privada. El tema, tomado del Evangelio de san Lucas, se hace aún más explícito mediante las inscripciones que aparecen en el borde superior del marco y que recogen la primera y última frase del diálogo que se produce en el episodio sagrado. Así, encima del arcángel san Gabriel se coloca el saludo que dirige a María: «Salve, llena de gracia, el Señor es contigo», y encima de María: «Hé aquí la sierva del Señor; hágase en mí, según tu palabra». En la obra de Van Eyck es frecuente encontrar, en los marcos, inscripciones de su mano relacionadas con los temas. Estos marcos están pintados por el artista, como en este caso, produciendo trampantojos y jugando con las molduras que adornan la tabla. En estos encuadres, Van Eyck imita los más diversos materiales, como comprobamos en esta Anunciación, donde reproduce la piedra y las inscripciones se integran como si estuvieran esculpidas.

Jan van Eyck diseñó esta Anunciación a la manera de un conjunto escultórico. Las figuras, aisladas en nichos moldurados, se trabajan en grisalla. Los personajes, envueltos en generosos mantos cuyas telas caen conformando duros pliegues, reposan en unas peanas hexagonales. El fondo se organiza con una superficie negra, pulida y esmaltada, que no sólo reproduce los contornos de las figuras, sino que, en el caso de la Virgen, nos muestra, como si de un espejo se tratara, la parte posterior de su figura. La utilización de este fondo, donde se reflejan los protagonistas y que en el hueco dedicado a María se acentúa algo más que su silueta, se puede poner en relación con el espejo, objeto sagrado que simboliza la pureza misma: speculum sine macula. Los protagonistas de esta tabla, por la disposición en la que están colocados, tienden a abandonar el marco mismo de la pintura. Lo apreciamos en las peanas que pisan, en el encuadre de mármol rojizo, trabajado por el artista, y en la proyección del ala derecha de san Gabriel, que se dobla hacia fuera, reforzando su volumen con la acentuada sombra que produce. La pintura pone en evidencia la complejidad y la riqueza de recursos ópticos utilizados por Van Eyck en sus obras. Esta Anunciación se ha comparado con el Tríptico de Dresde, donde el artista representó, en sus alas exteriores y en grisalla, el mismo tema concebido con dos figuras aisladas.

Este díptico, según Frédéric Elsig, pudo servir de inspiración al pintor francés Nicolas Froment, ya que existen paralelismos ente él y La Anunciación que este artista representó en la cara posterior del retablo con la zarza que arde de la catedral de Saint-Sauveur de Aix-en- Provence. También hay similitudes con las grisallas exteriores de un tríptico con La Ascensión y Noli me tangere, atribuido al taller de Nicolas Froment. Para Panofsky, este díptico, La Madonna del canónigo Van der Paele y La Madonna de Lucca «marcan el clímax de la insensibilisation des personnages».

. Jan van Eyck –  Santa Bárbara (1437):

Santa Bárbara era una princesa a la que su padre encerró en una torre para castigar su terquedad en profesar la fe cristiana. Cuando Bárbara conoció su destino, pidió que en la torre se abrieran tres ventanas que le permitieran meditar sobre el misterio de la Trinidad. La torre es el atributo por excelencia de Bárbara (la podemos ver con una torrecilla en las manos en la procesión de santas de la Adoración del Cordero Místico en el Políptico de Gante). Era una santa muy popular, protectora contra los desastres naturales y en especial contra las tormentas y los rayos. Van Eyck nos ha dejado esta obra que nos muestra a la santa. Está dibujada con total primor y detalle, pero carecía en origen de color (los toques azules del cielo fueron añadidos posteriormente). Esto ha llevado a preguntarse si se trata de una obra inacabada o si Van Eyck la concibió tal y como la vemos actualmente. Es difícil imaginar que Van Eyck la dejara tal cual, tras lo elaborado del dibujo, sin una sola anotación sobre colores o acabado, por lo que se piensa que el cliente en cuestión pidió un dibujo, y no un óleo. El dibujo debía de ser más barato que el óleo, por lo que el cliente pudo ser un profesional con buen gusto pero no demasiados posibles. La incidencia en la construcción en la torre y el perfecto retrato documental del oficio de albañil y aparejador ha hecho pensar que el dibujo fue un encargo de un maestro de obras, cuya patrona evidentemente sería Santa Bárbara.

. Hans Memling – La Anunciación (1467-1470):

Las grisallas también se utilizaron para ilustrar miniaturas. Este se caracteriza principalmente por el uso exclusivo de la técnica de la grisalla para representar las figuras, destacándolas de este modo de los coloreados fondos y detalles no figurativos de los espacios o interiores en los que aparecen representadas: elementos del paisaje, edificios, altares, tronos, etc. El resultado de esta técnica, además de resaltar el efecto de la grisalla, es acentuar la plasticidad de las figuras y su carácter artificial.

. Jean Le Noir (1331-1375) – Salterio de Bonne de Luxemburgo, duquesa de Normandía (1349). Fol. 321v-322r Los tres vivos y los tres muertos:

Desde mediados del siglo XIV el uso de la grisalla en los talleres parisinos de miniaturistas para iluminar los manuscritos se generaliza, gozando de gran popularidad entre la alta sociedad francesa, destinataria principal de este tipo de libros de crónicas, tratados religiosos o devocionarios.

. Jan Baudolf (activo 1368-1381) – Biblia historiada (1372):

El “Libro de Horas” que el rey de Francia Carlos IV regaló a su esposa Jeanne d’Evreux entre 1324 y 1328, iluminado por el maestro parisino Jean Pucelle, se considera el arranque de esta nueva modalidad, anticipando muchos de los rasgos característicos de las grisallas posteriores no sólo de la iluminación de libros, con numerosos seguidores entre los miniaturistas del siglo XIV, sino también del uso de esta técnica en la pintura sobre tabla y lienzo.

~ by lostonsite on 22 enero, 2010.

Arte, Exposiciones

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