header image
 

Cuando uno sólo ve su opinión

EL NARCISO EN SU OPINIÓN
GUILLÉN DE CASTRO

Teatro Pavón:
Del 10 al 24 de Enero 2010

TEATRES DE LA GENERALITAT

Reparto:

Don Gutierre ……………………………. Manolo Ochoa
Tadeo ……………………………………… Xavo Giménez
Don Gonzalo …………………………….. Enrique Juezas
Doña Brianda ……………………………. Mª José Peris
Lucía ………………………………………. Esther Vallés
El marqués ………………………………. Juli Disla
Don Pedro ……………………………….. Juansa Lloret
Doña Mencía ……………………………. Laura Useleti
Doña Inés ………………………………… Victoria Salvador
Paje, criado, escudero ……………….. Carlos Amador

Adaptación ……………………………… Juli Leal
Dirección escénica ……………………. Rafael Calatayud
Escenografía ……………………………. Paco Azorín

Guillén de Castro y Bellvís (Valencia, 4 de noviembre de 1569 – Madrid, 28 de julio de 1631), fue un dramaturgo español, considerado como el más importante de la escuela valenciana de fines del siglo XVI y uno de los más señeros de la comedia nueva lopesca, desarrollada a partir de la irrupción en el teatro de Lope de Vega.

Contando sus comedias publicadas —un total de 26— y las que se le pueden atribuir, se conservan de este autor alrededor de 35 obras dramáticas. Su fama se debe principalmente a su obra Las mocedades del Cid (escrita entre 1605 y 1615), basada en el ciclo de romances cidianos, que fue imitada por Pierre Corneille en Le Cid (1636).

Hijo de Castellana Bellvís, noble valenciana cuyos ancestros decían remontarse al rey Juan I de Aragón y de Francisco de Castro y Palafox, «illustre cavaller», a los veintiún años intervino en una conocida justa poética celebrada durante las bodas de Francisco Palafox, señor de Ariza y Lucrecia de Moncada; los esponsales y la participación del joven poeta fue reflejada por Francisco Agustín Tárrega en su comedia El prado de Valencia.

No tardó mucho en ingresar en la famosa Academia de los Nocturnos de Valencia con el seudónimo de «Secreto». En este ambiente se inició en el cultivo las letras y la composición de comedias con el mencionado dramaturgo, el canónigo Tárrega, Gaspar Aguilar y Miguel Beneyto, con quienes publica sus dos primeras obras teatrales, El amor constante y El caballero bobo, en una edición conjunta de 1608.

Entre 1593 y 1600 desempeñó desde El Grao el cargo de «capitán de caballería de la costa del reino», al frente de una compañía de caballería cuya misión era la defensa de las costas valencianas de los ataques corsarios.

Tras un desafortunado matrimonio en 1593 con Helena Fenollar que acabaría en separación, a fines de 1595 contrajo nupcias con la Marquesa Girón de Rebolledo, hija del señor de Andilla, con la que tuvo una hija. Pero la desgracia vino a quebrar la familia, pues en 1597 moría su madre y poco después su esposa y su única hija, Juana. Hasta este año su teatro había seguido la dramaturgia del grupo de autores valencianos formado por Andrés Rey de Artieda y Cristóbal de Virués, entre otros, pero fue entonces cuando debió de conocer a Lope de Vega, que entonces recalaba en Valencia, y la concepción nueva del teatro del «Fénix de los ingenios» le influyó de modo notable.

Buscando amparo, hacia 1601 entró al servicio de Carlos de Borja, duque de Gandía, como «procurador general». En 1606 se encuentra en Italia sirviendo al virrey de Nápoles, Juan Alonso Pimentel de Herrera, conde de Benavente, y poco después fue nombrado por el virrey gobernador de Scigliano. Regresó hacia 1609 a Valencia, donde contrajo una grave enfermedad que le mantuvo convaleciente durante tres años. En su ciudad natal intentó revitalizar las academias poéticas creando en 1616 la «Academia de los Montañeses del Parnaso». En 1618 se imprime en Valencia la Primera Parte de sus comedias, doce obras que abarcaban dramas desde su primera etapa valenciana de 1593.

A finales de ese año o comienzos del 1619 marchó a probar fortuna en la escena madrileña sirviendo a Juan Téllez Girón, marqués de Peñafiel, primogénito de don Pedro Girón, duque de Osuna; allí participa en numerosos certámenes poéticos, como los convocados en 1619 por la beatificación y canonización de san Isidro. En este periodo se intensificó notablemente su actividad literaria. Sus obras son representadas por la compañía de Antonio de Prado y obtiene el pleno reconocimiento como poeta dramático, pues recibe los elogios de Lope de Vega, Miguel de Cervantes, Baltasar Gracián y de otros dramaturgos contemporáneos. Su obra Las mocedades del Cid fue valorada ya en estos años como un hito del drama histórico nacional. También triunfó en la comedia, merced al éxito de la mitológica Dido y Eneas, que supuso el encumbramiento de la actriz Ángela Dido, a cuyo papel debió su nombre artístico.

Fue nombrado caballero de Santiago en 1623 aunque, debido a que fue involucrado en 1624 como supuesto instigador de la muerte de un caballerizo del nuncio (asunto del que fue absuelto), no pudo vestir los codiciados hábitos. En 1625 contrajo nuevo matrimonio con Ángela María Salgado, una dama de compañía de la esposa de su protector el ya duque de Osuna, una joven más de treinta años menor que él. Extraña un matrimonio tan desigual cuando en sus comedias había satirizado frecuentemente el casamiento entre hombres de edad madura y jovencitas. Sin embargo Guillén había pasado toda su vida buscando la protección de la nobleza debido a sus frecuentes problemas económicos. La dote de esta jovencita le permitió pasar con desahogo los años que le restaban de vida. En el terreno literario, manda imprimir la Parte Segunda de sus comedias, que fue el último volumen de obras dramáticas que publicó. El resto de su obra atribuida o en colaboración, ha sido recopilada a partir de manuscritos sueltos y ediciones de los representantes de la época. Murió el 28 de julio de 1631 tras testar a favor de su esposa.

. Obra:

Compuso gran variedad de obras teatrales. Su drama más célebre es Las mocedades del Cid, que más tarde adaptaría Corneille en El Cid. Escribió una segunda parte de esta obra, Las mocedades del Cid, comedia segunda o Segunda de las hazañas del Cid (como reza el índice de la edición de sus comedias), habitualmente conocida y editada como Las hazañas del Cid. También fue estimado por su creación de caracteres, muestra de ello sería el atildado protagonista de El Narciso en su opinión.

Tres de sus piezas se inspiran en obras de Miguel de Cervantes: El curioso impertinente, convertida en una tragedia de tono cómico, La fuerza de la sangre y Don Quijote de la Mancha, en la que los dos universales figuras son solo un contrapunto cómico de humor directo de entremés a los amores cruzados de Cardenio, Luscinda, Fernando y Dorotea.

En el resto de su producción destacan obras caballerescas, como El nacimiento de Montesinos, dramas históricos entre los que se encuentra El más impropio verdugo, obras de capa y espada, como Los malcasados de Valencia, y las piezas mitológicas Progne y Filomena y Dido y Eneas. Creó tragicomedias en obras como El perfecto caballero y dramas: La justicia en la piedad. Otras obras destacadas son el temprano pero sólido drama épico El conde Alarcos y la impactante tragedia El amor constante, una de sus dos primeras obras

Característico de Guillén de Castro como autor dramático es su predilección por temas propios de la tragedia, habitualmente representada en intrigas que presentan el conflicto de la rebelión contra un rey o estadista tirano, tema insólito dada la jerarquía social del barroco que hacía que la autoridad real emanara de Dios.

De todos modos, el tiranicidio llevado a sus últimas consecuencias solo fue mostrado en tono de comedia en Los malcasados de Valencia y en una tragedia pura: El amor constante, una de sus dos primeras obras dramáticas, compuesta entre 1596 y 1599. En esta época el pensamiento humanista del siglo XVI abordaba frecuentemente estos asuntos, como se puede observar en las tragedias de Cristóbal de Virués. Posteriormente, en consonancia con el espíritu de los pensadores políticos del XVII, Guillén de Castro se abstendrá de proponer el regicidio como solución a los problemas de un cuerpo social oprimido. Sin embargo, el tema siguió presente de algún modo en Las mocedades del Cid. Comedia segunda en el tratamiento del personaje de Sancho II de Castilla quien, abusando de sus prerrogativas reales, desobedece el testamento de su padre Fernando I el Magno y es muerto a traición por Vellido Dolfos, a quien la providencia divina infunde valor. Ya no es una decisión humana, sino un castigo del Dios cristiano contra un mal rey.

  

En el terreno de la comedia Guillén parte sobre todo del desarrollo minucioso de una intriga compleja, de un enredo inteligente, basado en equívocos, malentendidos, y virajes en la peripecia que, no obstante, son solucionados como premio a la virtud de los amantes. Insiste en el planteamiento de los problemas privados en el matrimonio, lo que es poco habitual en el teatro barroco español. Juan Luis Alborg aduce el ejemplo de la doble insatisfacción conyugal de las parejas de Los mal casados de Valencia.

Uno de sus grandes temas es el análisis de la verdadera amistad y la integridad del valor y la virtud, todo ello reflejado en una de sus obras maestras, El curioso impertinente. También destaca (y lo ejemplifica esta obra) el tratamiento de la mujer como personaje fuerte que es capaz de manejar las voluntades de los personajes circundantes y los hilos del propio destino.

La mayoría de sus personajes pertenecen a la alta nobleza, y escasean burgueses o labradores, lo cual refleja una intención moralizante en consonancia con los presupuestos didácticos de la tragedia, más ejemplares cuanto más elevada sea la clase social a la que pertenecen los tipos dramáticos que la representan.

Es importante también su contribución a la creación de tipos de la comedia, con la temprana aparición de personajes singulares como la «dama donaire» (en Los malcasados de Valencia) o el «lindo» (en El Narciso en su opinión), que es el antecedente del galán «de figurón». No es muy habitual, sin embargo, la presencia del gracioso en sus comedias, relegado a un papel secundario y con pocas facetas.

Recurrente en su teatro es la tipología del rey tirano, bien en obras donde se arrepiente y por tanto se salva (Cuánto se estima el honor, La justicia en la piedad y Progne y Filomena) o en otras en que se produce el regicidio: El amor constante y El caballero perfecto. También es reseñable la presencia de la figura del caballero que no sabe que lo es, pero actúa como tal y corteja y es cortejado por damas de la nobleza. La revelación final de su verdadera condición social pone en orden lo que hubiera sido subvertir la jerarquía social del periodo barroco.

La creación dramática de Guillén de Castro se caracteriza por la meticulosa precisión del encadenamiento de causas y efectos de sus tramas, dotando a sus dramas, por lo demás, de una gran solidez en cuanto al contraste de los caracteres. Consigue también demorar el tempo narrativo en las escenas de mayor intensidad emotiva: monólogos reflexivos, romances evocadores o diálogos de amor apasionado suponen remansos en la rápida peripecia de la acción. Se aprecia asimismo una evolución en la construcción externa de sus obras. De los cuadros iniciales de la comedia humanista del siglo XVI, producto de su representación en salones de la corte, al dinamismo y proliferación de escenas de su etapa de madurez, en la que se amolda a lo establecido por la comedia nueva en los corrales madrileños.

La libertad en cuanto al respeto de las unidades de espacio, tiempo y acción y su adaptación al gusto del público lo va acercando progresivamente, en igual medida, al quehacer de otros dramaturgos contemporáneos más claramente vinculados al magisterio de Lope de Vega, como son Antonio Mira de Amescua o Luis Vélez de Guevara, con los que escribió comedias de autoría compartida. Pese a todo ello, Guillén de Castro mantuvo siempre caracteres originales heredados de su formación en la escuela de trágicos valencianos, como la permanente insatisfacción de sus héroes y heroínas y la tendencia a plantear desenlaces que no satisfacen la norma del final feliz. Relevante en este sentido es la creación de una muy especial tragicomedia, donde el tono amargo convive con el cómico.

. El Narciso en su opinión:

Escrita entre 1612 y 1615, esta obra ha sido considerada el precedente de la «comedia de figurón», desarrollada plenamente en la segunda generación de dramaturgos barrocos, en obras como El lindo don Diego (1662), de Agustín Moreto.

Pedro, padre de Brianda, quiere casarla con uno de sus dos primos, Don Gutierre y Don Gonzalo, pero ella no siente amor por ninguno de ellos, pues está enamorada del marqués. Don Gutierre es un narciso afeminado que cree que todo el mundo debiera rendirse a sus pies; Don Gonzalo está enamorado de Doña Mencía la hermana de Don Gutierre. Brianda, para hacer frente al problema disfraza a su criada de dama, Lucía, para que enamore a Don Gutierre, y así escapar de él. Así comienza una comedia de enredo, de mecanismo argumental complejo pero riguroso, en una de las mejores comedias puras que ha dado la producción dramática del valenciano, calificada como vanguardista por Domingo Carvajal.

 

Gutierre encarna el “Narciso” que da nombre a la comedia, un Narciso ridículo y ridiculizado, protagonista atildado y pretencioso en torno al que gira toda la trama del melodrama y la tragicomedia. Con un desarrollo complejo y un lenguaje retórico lleno de descripciones de la amada, quejas de amor, sufrimientos, donde el amor vuelve loco a los enamorados sobre todo lo demás.

~ by lostonsite on 15 enero, 2010.

Arte, Teatro

Leave a Reply




 
A %d blogueros les gusta esto: