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Cuando se invoca la salud

INVOCAR LA SALUD: EL PODER DE LAS RELIQUIAS

MUSEO DEL PATRIMONIO MUNICIPAL DE MÁLAGA
Del 1 de Diciembre 2009 al 14 de Febrero 2010.

El tradicional medio de comunicación entre Dios y los fieles ha sido la plegaria. La Iglesia creó, desde sus orígienes, una serie de oraciones, salmos y otras formas de comunicación oral para que los fieles las usaran como recetas efectivas entre Dios y los hombres. La mayoría, y durante centurias, estaban redactadas en latín y eran patrimonio de un clero culto pero no del pueblo, que se mantenía, hasta buena parte de la Edad Contemporánea, en un alto índice de analfabetismo.

Apenas el Padre Nuestro y la primera parte del Ave María eran los recursos orales que el fiel manejaba para acercarse a Dios. Consciente de las limitaciones de su feligersía, la Iglesia, al igual que otras religiones anteriores, configuró una escenografía alrededor de la plegaria en al que el objeto y el gesto tuvieron un papel preponderante. Una de estas vías fue el culto a los santos y a aquellos objetos que habían estado en contacto con ellos, con la figura de Jesucristo y la Virgen María.

La consecuencia fue el desarrollo del culto a las reliquias que movió a la sociedad medieval y la «echó» a los caminos construyendo itinerarios y peregrinaciones a los lugares de culto. Las Cruzadas y el rescate de los Santos Lugares en Tierra Santa fueron uno de los principales detonantes de esta revolución hacia el resto con connotaciones milagrosas, especialmente sanadoras.

«Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; porque decía dentro de sí: ‘Si tocare solamente su manto, seré salva’. Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: ‘Hija, has sido sanada porque creíste’. «. Lucas 8, 43-48.

Con ello, el prestigio religioso sustituyó al científico, fortificándose durante siglos el proceso cognitivo del milagro frente a las posturas científicas sobre los conceptos de enfermedad y salud. La religión cristiana no admitía otro método de curación, si bien al considerarse sagrado el cuerpo humano, como templo de Dios, estaban absolutamente prohibidas sus disecciones y los estudios anatómicos que sí se habían detallado en los textos clásicos de Galeno.

«Aquel que haya tocado los huesos de un mártir, participa de la santidad y de la gracia que reside en su cuerpo: por consiguiente, preciosa es ante Nuestro Señor la muerte de sus santos». San Basilio, Siglo IV.

 

Así, las medicinas y los tratamientos fueron emplazados por la creencia en las curaciones milagrosas y muchas iglesias se convirtieron en lugares de peregrinación para enfermos, pues estaban consagradas a determinadas advocaciones de santos que hacían las veces de médicos especialistas, siendo, por ejemplo, Santa Lucía, la especialista en enfermedades oculares, San Rámón Nonato en los partos o San Roque en la epidemia de la peste, y así un largo etcétera.

«El creyente se acerca al sepulcro en la firme convicción que tocarlo ya es una santificación y una bendición. Si se le permite llevarse algo del polvo acumulado en el lugar del descanso del mártir, lo considera como un gran regalo. Y cuando se permite tocar las reliquias mismas, si esto fuera alguna vez posible para nuestra felicidad, sólo los que han experimentado saben cuanto hay que anhelarlo y cuán preciosa recompensa es para aquel que ora». San Gregorio de Nisa, Siglo IV.

 

Un determinante refrendo a este proceso lo produjo el Concilio de Trento que había potenciado el culto a los santos impulsando, como recursos de persuasión, las imágenes y las reliquias porque, como decía San Juan de la Cruz, «más mueve la voluntad a devoción». Pero también se ocupó de reconducir su difusión en un empeño de no sobrepasar los límites de lo correcto dictando normas que regularizaran sus cultos y sus usos, especialmente su legitimidad en lo que respecta a las reliquias, que a impulsos de estas doctrinas experimentaron un consumo extraordinario y un productivo mercado, así como la pasión coleccionista.

«Como quiera que frecuentemente se ha censurado la religión cristiana por el hecho de que algunos exponen a la venta las reliquias de los Santos y las muestran a cada paso para que en adelante no se la censure, estatuimos por el presente decreto que las antiguas reliquias en modo alguno se muestren fuera de su cápsula ni se expongan a la venta. En cuanto a las nuevamente encontradas, nadie ose venderlas públicamente, si no hubieren sido antes aprobadas por autoridad del Romano Pontífice. «. IV Concilio de Letrán. 1215.

 

Y una cosa llevó a la otra al arroparlas en contenedores que constituían auténticas joyas. Obras de arte que formaban parte de complicadas maquinas expositivas, como altares, retablos relicarios, bustos, piezas de orfebrería y de joyería, hasta sencillas bolsas de telas bordadas en las que el oropel barroco se desplegaba con profusión.

La dinámica obligó a que en las Sinodales se tratara el tema y en la de 1601 (5º título) se reguló la existencia de milagros y reliquias, no permitiéndose la aceptación de ninguna si no era aprobada su legitimidad por el Vaticano, penando con excomunión el sacar las reliquias de sus relicarios (Sinodal de 1682) y recomendando su exposición en relicarios debidamente costeados, dando lugar a la elaboración de un amplio repertorio de contenedores que iban desde iglesias-relicarios (de la que puede ser ejemplo la Sant Chapell), altares-capillas (para el caso de Málaga la Capilla de las Reliquias de la Catedral), altares, piezas de orfebrería con forma antropomórfica (de las que la imagen de Santiago puede ser un paradigma) o partes del cuerpo, bustos relicarios y urnas entre otros sitemas.

  

Entre todas las tipologías inventadas, la custodia se señalaba como el principal relicario por contener el cuerpo de Cristo. También se confeccionaron piezas de joyería, como medallones o cajas de pequeño tamaño, que contuvieran restos de santos u objetos que habían estado en contacto con Jesús o la Virgen, como los instrumentos de la Pasión, el velo, el manto, lágrimas o la leche materna de María, o con los santos.

Pero la devoción popular fue más allá e inventaron otro tipo de relicarios; éstos, hechos de tela, a veces bordadas o pintadas, adoptaban diferentes formas como escapularios o las del órgano al que se dirigía la plegaria de sanación o la reliquia sanadora, que a modo de exvoto, diseccionaron la anatomía humana.

El poder de las reliquias traspasó el ámbito de lo religioso y se filtró en los relatos literarios y en las manifestaciones antropológicas.

~ by lostonsite on 5 enero, 2010.

Arte, Exposiciones

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