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Cuando se guarda la ropa para nadar

LA VIUDA VALENCIANA O EL ARTE DE NADAR Y GUARDAR LA ROPA.
Lope de Vega (1562 – 1635)

COMPAÑÍA TEATRES DE LA GENERALITAT
Teatro Pavón: Del 12 al 27 de Diciembre 2009.

Reparto:
Leonarda …………………………. Alicia Ramírez
Julia ……………………………….. Cesca Salazar
Lucencio …………………………. Paco Alegre
Lisandro…………………………… Pepe Miravete
Valerio ……………………………. Jaime Linares
Otón ……………………………….. José Montesinos
Urban ……………………………… Paco Gisbert
Camilo …………………………….. Juanjo Prats
Floro ………………………………. Panchi Vivó
Alguacil …………………………… Fran Guinot
Rosano …………………………….. Juansa Lloret
Celia ………………………………… Reyes Ruiz

Adaptación ……………………… Antoni Tordera
Dirección escénica ……………. Vicente Genovés
Escenografía …………………….. Manuel Zuriaga y Josep Simón

Lope de Vega publicó “La viuda valenciana” en 1620, en la Parte XIV de sus comedias. Sin embargo, la obra había sido compuesta con bastante anterioridad, pues Lope ya la cita entre las comedias cuya lista incluye en la primera edición de El Peregrino en su patria (1604). Por su parte Morley y Bruerton, apoyándose en el análisis métrico de la producción del fénix, sitúan la fecha de redacción en el período comprendido entre 1595 y 1599, mientras que Th.Wilder apunta como probable fecha de composición el año 1600. La crítica ha señalado su relación con una de las novelas de Mateo Bandello o con la leyenda mitológica de Psiques y Cupido, a la que se alude en el acto II. En ambos casos, no obstante, la relación tiene que ver tan sólo con el mecanismo central que genera el enredo, el de amar a ciegas. Por otro lado, en la Dedicatoria Lope establece una vaga conexión entre la comedia y alguna situación real que pudo conocer: “No fue todo mentira; que si no pasó a la letra, a lo más sustancial no hice más de darle lo verosímil, a imitación de las mujeres que se afeitan”. En el entorno de Lope los casos de amoríos llevados más o menos en secreto parecen haber sido bastante frecuentes y él mismo protagonizó algunos bien conocidos.

Sea como fuere La viuda valenciana es una comedia íntimamente relacionada con las circunstancias vitales del Lope que decide rescatarla para su publicación en 1620, y en la Dedicatoria de la obra a la “Señora Marcia Leonarda” el autor subraya, entre irreverente, desafiante y burlón, esos vínculos entre su obra literaria y su experiencia vital. Marcia Leonarda era uno de los pseudónimos literarios que Lope utilizaba para referirse a su amante Marta de Nevares y Santoyo, mujer casada, con quien había iniciado, en 1616, dos años después de ordenarse sacerdote, una apasionada relación sentimental. Marta había sido obligada a casarse a los trece años, por decisión paterna con Roque Hernández. Cuando Marta y Lope de Vega se conocieron, Lope contaba con 54 años y Marta con 26. A partir de ese momento, la figura del marido se convierte en el blanco de las burlas hirientes y del desprecio de Lope. El 12 de agosto de 1617 Marta tiene una hija del poeta, Antonia Clara, que es inscrita en la partida de bautismo como hija de Roque Hernández. La situación se va deteriorando progresivamente. A fines de 1617 o comienzos de 1618, Lope se lamenta de haber sido víctima de un intento de asesinato perpetrado por Roque Hernández.

En la segunda mitad de 1618 Marta da a luz un niño muerto, probablemente hijo también del poeta. Marta interpone un pleito contra su marido por malos tratos. En verano de 1619 se falla una sentencia en favor de Marta y antes de que pudiese existir la posibilidad de apelación del marido, éste fallece. La muerte de Roque Hernández es celebrada por Lope en la Dedicatoria de “La viuda valenciana”, resultando una explosión sincera y poco piadosa de agradecimiento al cielo por la muerte de quien fue la cuasa de tantos disgustos y temores para Lope.  Con su amante, ya viuda y libre de su marido,  se culmina la primera y más tormentosa etapa de estos amores.

La Dedicatoria de La viuda valenciana, no obstante el pseudónimo utilizado por Lope para encubrir el nombre de su amante, es toda una desafiante declaración pública de júbilo por el final feliz de un caso sobre el que los contemporáneos debían conocer bastante bien los detalles. Lope compara el matrimonio de Marta de Nevares con un encarcelamiento y su viudez con una liberación. Lope ofrece a Marta la regla de oro para jugar ese juego, poniendo como ejemplo ante la joven viuda, el de otra joven viuda, la protagonista de la comedia, Leonarda, cuyo nombre coincide significativamente con el del pseudónimo utilizado para la Dedicatoria: “Discreta fue Leonarda (así lo es V. M. y así se llama) en hallar remedio para su soledad, sin empeñar su honor; que como la gala del nadar es saber guardar la ropa, así también lo parece acudir a la voluntad sin faltar a la opinión”.

No fueron unos amores cómodos para Lope. Tuvo que sufrir las sátiras de sus coetáneos acerca de esta pasión, que se hizo pública en los mentideros de la corte. La vida amorosa de Lope no había estado exenta de escándalos, pero es posible que Lope atribuyera a este último, protagonizado por Marta de Nevares, el fracaso de sus pretensiones palaciegas. Los últimos años de Lope fueron infelices a pesar de los honores que recibió del rey y del papa. Sufrió que Marta se volviera ciega en 1626, y muriera loca, en 1628. Su partida de defunción nos informa que Marta falleció en la calle de Francos, en Madrid, probablemente en la misma casa de Lope.

La viuda valenciana es un ejemplo de comedia pura que pertenece al subgénero de comedia urbana o “de capa y espada”, según definición que a fines del XVII le diera Bances Cándamo. La acción se sitúa en Valencia, ciudad de costumbres más libres, según los tópicos de la época, y que Lope de Vega conocía bien por haber cumplido en ella parte del destierro que en 1588 le obligó a alejarse de la corte acusado de ser el autor de los libelos difundidos contra su antigua amante, la actriz Elena Osorio.

La comedia nos presenta a una joven, viuda y extremadamente bella, cuyo propósito es guardar la memoria del marido y no volver a casarse. Sus tres mil o cuatro mil ducados de renta respaldan su decisión. La primera escena nos ofrece la imagen de una mujer determinada a ajustarse a los modelos morales que los textos de educación femenina de la época preconizaban. No es una casualidad que Lope nos la muestre en este arranque de la comedia con un libro de devoción en las manos, en alusión a uno de los manuales de instrucción para la oración más difundidos en la época, El libro de la oración y meditación, de fray Luis de Granada. Las enseñanzas de este libro exhortaba al silencio, la obediencia y a la reclusión de la mujer en el ámbito doméstico. Esa misma doctrina fue expuso por fray Luis de León en su obra “La perfecta casada”, que aun no siendo mencionada en el texto, funciona como referente implícito de ese modelo de mujer al que, en principio, Leonarda trata de ajustarse:

“Así como la naturaleza […] hizo a las mujeres para que encerradas guardasen la casa, así las obliga a que cerrasen la boca; y como las desobligó de los negocios y contrataciones de fuera, así las libertó de lo que se consigue a la contratación, que son las muchas pláticas y palabras. Porque el hablar nace del entender, y las palabras no son sino como imágenes o señales de lo que el ánimo concibe en sí mismo; por donde, así como a la mujer buena y honesta la naturaleza no la hizo para el estudio de las ciencias ni para los negocios de dificultades, sino para un solo oficio simple y doméstico; así les limitó el entender, y por consiguiente les tasó las palabras y las razones”. La perfecta casada. Fray Luis de León.

A pesar de su inteligencia, Leonarda, en estricto acuerdo con las exigencias de Fraly Luis de León, manifiesta a su criada que su afición a la lectura de devoción no nace de un deseo de preciarse de culta, haciéndose partícipe de un prejuicio común en contra de las “bachilleras”, término despectivo aplicado en la época a las mujeres cultas. Asume el encierro en la casa, el silencio y el recuerdo del marido muerto como un horizonte de vida. Su criada, Julia, opone al discurso moral de su ama una visión gozosa de la vida, que se basa en la aceptación abierta del deseo.

El tío de Leonarda, Lucencio insiste en que se vuelva a casar. Ante la presión, Leonarda acabará revelando la verdadera razón que se oculta tras su decisión, y que no es otra que su deseo de independencia, y su temor de caer en las redes un galán a la moda que “con sus manos lavadas/ los tres mil de renta pesque”. Su vívida descripción de una vida matrimonial fundada en celos, riñas, traiciones y golpes parece aludir a una experiencia que Leonarda conoce. Sin embargo, una sola mirada de un hombre en una iglesia hace que el propósito de Leonarda de ajustarse a un patrón moral modélico se derrumbe. Como el Lope maduro, amante de la joven Marta de Nevares, Leonarda se reconocerá vencida por la carne.

Si la mayor parte de las comedias de Siglo de Oro nos presentan mujeres cuyo objetivo es el matrimonio por amor, mujeres que hacen gala de su inteligencia y su astucia como medio para sortear las posibles dificultades que puedan ofrecerse al cumplimiento de ese objetivo, atropellando acatamientos de orden social y familiar, lo excepcional en el planteamiento de La viuda valenciana es que la nueva situación que provoca el súbito enamoramiento de Leonarda no hace cambiar su decisión de mantenerse libre e independiente. Reajustando su decisión a la nueva situación Leonarda se propondrá dar satisfacción a su deseo guardando las apariencias.

La mujer, como es habitual en la comedia del Siglo de Oro, toma las riendas de la acción. Leonarda es rica, está libre, vive sola y cree que puede decidir enteramente sobre su destino. Rechaza a sus pretendientes y elige por sí misma su objetivo amoroso, Camilo, cuyo nombre casualmente coincide con el de su difunto marido. Con el apoyo de su criada Julia y con el auxilio de su criado, el gracioso Urbán, Leonarda urdirá una estratagema para conseguir el nombre y señas de Camilo. Son fiestas en Valencia y las máscaras que se pasean por la ciudad contribuyen a encubrir la invención de Leonarda. Urbán, enmascarado para no ser reconocido, propone a Camilo acudir a una cita nocturna con una bella dama, siempre que acepte la condición de asistir al encuentro cubierto con un capirote, y no trate de averiguar la identidad de la bella desconocida.

Camilo duda. Teme ser víctima de una encerrona ideada por algún enemigo, o hallarse a ciegas en los brazos de un hombre, de una vieja o de “alguna cuitada herida del mal francés”. Pero la curiosidad y la vanidad vencen sus prevenciones. Conducido por Urbán, asiste a la cita con su capirote. Ya en casa de Leonarda, al quitarse el capirote, acuciado por la curiosidad, se encontrará con una sala a oscuras y, cuando traigan luz, aparecerán ante sus admirados ojos una lujosa estancia y una mujer extremadamente bien vestida y enmascarada, como sus criados. Camilo, fascinado, acaba aceptando el juego de Leonarda, solicitando dócilmente que le vuelvan a colocar su capirote.

En el mundo al revés que representa ante los ojos del espectador la comedia del Siglo de Oro, la mujer juega un papel activo, contrario al que la realidad cotidiana y las prescripciones de los moralistas le asignaban. La ubicación del encuentro en el marco de unas fiestas como las de Carnaval, tan ligadas al juego de la ocultación de identidades y de la usurpación de papeles diferentes al que uno representa en la vida cotidiana, subraya la vinculación entre este aspecto de la fiesta carnavalesca y la comedia. La protagonista de La viuda valenciana asume, en contra de todas las conveniencias sociales, la iniciativa en la tarea de la seducción, usurpando un papel que la sociedad asignaba al hombre. Leonarda, en su asunción de un comportamiento social estereotipado, atribuido al varón, llega al extremo de ofrecer joyas a su amante en compensación por sus servicios, regalo que Camilo, tras un primer momento de asombrada incredulidad, rechaza con galantería.

La viuda valenciana es una comedia que respira sensualidad, que hace gala de un erotismo oblicuo, verbalizado, que se hace presente no tanto en la escena del encuentro nocturno de los amantes, condicionada por su materialización sobre el escenario, sino en las sucesivas evocaciones que los personajes hacen de las misteriosas citas. La ignorancia del tío respecto a la vida amorosa de su sobrina o el desconocimiento por parte de Camilo de la verdadera identidad de su amante, conducen a muchos equívocos y situaciones cómicas, que juegan casi siempre con la complicidad del público, que sabe más sobre la trama urdida por Leonarda que el resto de los personajes. El trío de pretendientes de Leonarda protagoniza, por su parte, un buen número de situaciones cómicas. Condenados a rondar en grupo y sin éxito la casa de Leonarda, sufren toda suerte de desgracias y se ven expuestos a permanente ridiculización, a la que contribuyen ellos mismos narrándose uno a otro ante el espectador sus grotescas experiencias.

 

En buena medida la comicidad se construye en la comedia a costa de la ignorancia de los hombres, bien se trate del trío de pretendientes de Leonarda, del galán o del tío, que permanecen al margen de la realidad que se esconde tras la apariencia de las situaciones desencadenadas por los enredos urdidos por la viuda.

Lope de Vega reconoce a la mujer el derecho a satisfacer su deseo, en contra de los discursos morales al uso. No sólo la comedia plantea el reconocimiento de ese derecho, sino que el propio autor lo reivindica en la Dedicatoria al definir elogiosamente a su amante como una mujer “libre de conciencia en materia de sujeción”. Pero al mismo tiempo ese derecho choca con la tupida red de conveniencias sociales tejida en torno a las mujeres, que se pone de relieve en cuanto éstas traspasan la línea que separa el espacio de la casa y el del mundo exterior. En el ámbito doméstico, Leonarda puede jugar su propio jueto, sin embargo, en el espacio de lo público es el lugar del juego de los otros: de Camilo, de los pretendientes… Cuando los pretendientes de Leonarda se sienten despechados por el rechazo de la viuda, se proponen vengarse atacando el flanco social más débil de la mujer, su reputación, inventando libelos contra la viuda. Leonarda es consciente de las reglas de ese código social que aprisiona a la mujer y que hace incompatible su ansiedad de independencia y la satisfacción de su pasión amorosa.

El final, como ocurre a veces en la comedia, es forzado. Ante el descubrimiento de su identidad por parte de Camilo y de la situación por parte de su tío, Leonarda propone un matrimonio que todos están dispuestos a aplaudir. La comedia se cierra de acuerdo con la convención teatral, y Leonarda, y no su tío, es finalmente quien elige marido. Un marido al que, al menos en ese instante, ama. Leonarda tiene que claudicar ante las convenciones de la comedia y las de la sociedad, canalizando su deseo a través de la institución matrimonial y renunciando a su independencia.

~ by lostonsite on 18 diciembre, 2009.

Arte, Teatro

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