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Cuando el terror se hace arquitectura

TOPOGRAFÍA DEL TERROR

En el terreno «Topografía del Terror», junto al Edificio Martin Gropius y muy cerca de la plaza de Potsdam, se encontraban entre 1933 y 1945 las oficinas principales del aparato de persecución y terror del régimen nacionalsocialista. En el edificio nº 8 de la calle Prinz-Albercht-Strasse se instaló la oficina central de la Policía Secreta del Estado (Gestapo) y a partir de 1939 fue además la residencia de la recién fundada Oficina Central de Seguridad del Reich («Reichssicherheitshauptamt»). El edificio colindante, es decir, el Hotel Prinz Albrecht, sirvió como sede de la Jefatura de la SS («Reichsführung SS»); el Servicio de Seguridad («SD») de la SS se instaló en el palacio Prinz Albrecht en la calle Wilhelmstrasse nº 102.

En este espacio muy estrecho se hallaba en realidad la verdadera sede del estado policial y SS de los nazis, siendo el lugar donde se planificaron el genocidio de los judíos europeos, la persecución sitemática y el asesinato de otros grupos de la población. Fue aquí donde se organizó la persecución de los opositores al sistema nazi, en Alemania y en los paises europeos ocupados y fue aquí donde llegaban los informes de los grupos de intervención móviles («Einsatzgruppen») de la Policía de Seguridad y del SD, sobre sus misiones homicidas en Polonia y la Unión Soviética. Además, se encontraba también la prisión de la Gestapo («Hausgefängnis»), a la que llegaban los prisioneros primeramente interrogados y en algunos casos torturados brutalmente en la oficina central de la Gestapo.

 

Los edificios fueron seriamente dañados en ataques aéreos durante la última etapa de la Segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, estos edificios fueron sucesivamente demolidos hasta el año 1956. La división de la ciudad hizo que este terreno acabara en la periferia de Berlín Occidental y a partir de 1961 al borde del Muro de Berlín, quedando su historia olvidada.

No fue hasta finales de la década de los 70 cuando este sitio histórico fue redescubierto paulatinamente. En 1987, como parte de las celebraciones del 750 aniversario de Berlín, se abrió el acceso del público a esta zona con los restos de los edificios descubiertos y se inauguró la documentación: «Topografía del Terror: Gestapo, SS y Reichssicherheitshauptamt» en el «Terreno Prinz Albrecht», en un pabellón de exposiciones. Desde diciembre de 1997 se puede visitar la documentación expuesta al aire libre a lo largo de las excavaciones techadas, localizadas en la calle Niederkirchnerstrasse.

 

En 1992 fue creada la Fundación Topografía del Terror, que en 1994 empezó a ser financiada por los gobiernos del estado y de la ciudad conjuntamente, por lo que se decidió construir un centro de documentación y de visitantes. En 1993, el concurso de arquitectura fue ganado por Peter Zumthor. Sin embargo, hasta julio de 1999, sólo se habían construido los cimientos y tres cajas de escaleras. Problemas financieros y constructivos causaron repetidos retrasos, llevando a una paralización de las obras.

 

En el año 2004 se abandonó la construcción de un centro de documentación, llamandóse nuevamente a un concurso el cual ganaron la arquitecta Ursula Wilms (Heinle, Wischer & Co., Berlín) y el paisajista Heinz W. Hallmann.

  

MUSEO JUDÍO

Proyecto: Museo Judío, Berlín, Alemania
Dirección: Lindenstrasse 9-14
Tipología: Museo
Autor: Daniel Libeskind
Año del proyecto / Construcción: 1989/1999
Bibliografía:

El Museo Judío (en alemán: Jüdisches Museum Berlin), muestra, a través de obras artísticas y objetos de la vida cotidiana, la historia de los judíos que viven y vivieron en Alemania durante los últimos dos mil años. El edificio que alberga el museo está diseñado por el arquitecto polaco Daniel Libeskind y fue inaugurado en 1999. El inmueble tiene las fachadas metálicas, ventanas con caprichosas formas y orientaciones, y la planta con forma de rayo. La idea principal que transmite el edificio es el vacío que han dejado los judíos berlineses desaparecidos durante el Holocausto nazi. La Torre del Holocausto y el Jardín del Exilio son otras dos construcciones pertenecientes al museo.

Daniel Libeskind (1946 -) es un arquitecto que nació en Polonia y más tarde emigró a los Estados Unidos. Fue también un buen músico, y durante su vida no se vio afectado por el Holocausto nazi. Él es un claro ejemplo del arquitecto que casi no construye y que prefiere escribir libros, teorizar y dar clases, al igual que Bernard Tschumi y Hejduk. Hizo muchos diseños y dibujos, siendo un diseñador de primer orden. Perteneció a la Asociación de Arquitectos (AA), donde estuvo Zaha Hadid y los de Coop Himmelb(l)au, entre otros. En la Exposición de la Deconstrucción de 1982, celebrada en Berlín, sirvió a Libeskind para mostrar su trabajo y saltar a la fama.

El concurso para el Museo Judío en Berlín se celebró en el año 1989. Al poco tiempo después de celebrarse, cayó el Muro de Berlín, comenzando así la reunificación alemana. La construcción del museo comenzó en 1993, y estaba prevista que finalizase en 1995, pero se retrasó y se inauguró en 1999. Libeskind plasma en el edificio la importancia en la historia de Berlín la historia de los judíos. La segunda idea que transmite es la necesidad de integrar física e intelectualmente el significado del Holocausto en la conciencia de Berlín. El arquitecto plasma la idea de que solo a través del reconocimiento de la vida judía puede tener un futuro en la historia de Berlín.

La propuesta que Libeskind pone en el proyecto se resume en la expresión “El vacío y la ausencia”, la cual es la consecuencia de la desaparición de muchos ciudadanos. La sensación de vacío es de la que parte el proyecto, y “Entre líneas” es el lema del mismo. Después de que finalizara la construcción del edificio, éste estuvo cerrado durante mucho tiempo porque los miembros de la fundación que lo gestiona no se ponían de acuerdo en qué cosas tenía que mostrar el museo. Sin embargo, gracias a la iniciativa popular se abrió al público cuando todavía estaba vacío. La afluencia de visitantes fue enorme y se convirtió en uno de los primeros museos de la historia que se abrió para mostrar solo la arquitectura.

La planta del edificio parte de una línea quebrada con forma de rayo, que podía haber sido continuada en cualquier dirección porque parece no terminar. Existe otra línea recta oculta en la planta del museo que atraviesa todo el edificio y desde la cual se articula el resto. La forma que tiene la planta hace que esta línea recta se vea interrumpida en algunas partes. Estas dos son las bases fundamentales del diseño.

La maqueta del proyecto original tiene tres diferencias con el edificio construido:
1. Las fachadas de la maqueta están inclinadas, mientras que las del edificio son perpendiculares.
2. En el proyecto original había tres pequeñas torres exteriores al edificio principal, las cuales se agruparon en una.
3. En el edificio se suavizó el hueco exterior.

La entrada principal al Museo Judío estaba originariamente en una pequeña torre situada junto al edificio antiguo del Museo de Berlín. Finalmente, esa construcción se integró en el interior del inmueble antiguo, que es del siglo XVIII. En un plano de situación, Libeskind relacionó el Museo Judío con el edificio del Sindicato del Metal, diseñado por Erich Mendelsohn, colocándolos dentro de una estrella judía («Estrella de David») alargada que se extiende desde el Muro de Berlín hasta el canal de la ciudad.

  

En algunos planos del edificio pone de fondo palabras y pentagramas. Dichas palabras son, en ocasiones, un poema donde está repetida la palabra “espíritu”, y otras veces coloca una lista de personas desaparecidas en el Holocausto cuyos apellidos empiezan en “Berlín”. En cuanto a los pentagramas, corresponden a la partitura de la ópera “Moisés y Aarón”, escrita por el compositor Arnold Schönberg. Esta obra musical no está finalizada y su última parte está en silencio. La ausencia del sonido refleja una base del proyecto.

   

El edificio tiene una planta subterránea y cuatro sobre el nivel del suelo. Estas últimas son iguales entre sí salvo la superior, que alberga oficinas y tiene una distribución diferente. La entrada al Museo Judío está en una construcción con planta romboidal situada dentro del edificio antiguo del Museo de Berlín. Consiste en una bajada que se realiza por unas escaleras poco iluminadas y con los escalones oblicuos, de manera que transitar por ellos transmite cierta inestabilidad. Esta bajada conduce al sótano del edificio, cuyo suelo está inclinado y en el techo de color negro, contrastan fuertemente ráfagas de luz artificial. Aparecen tres caminos que se cruzan formando ángulos no perpendiculares, creando espacios muy dramáticos. Esta encrucijada, llamados «ejes» representa la suerte del pueblo judío durante los años del gobierno nazi. El eje del Exilio conduce a un jardín de columnas de cementos inclinadas («Jardín del Exilio»). El eje del Holocausto acaba en un espacio vacío que simboliza la pérdida de la humanidad, la cultura y la vida. Y el eje de la Continuidad conduce a la exposición, a través de varios tramos de empinadas escaleras que lo convierten en un engorroso trayecto.

. Torre del Holocausto: Tiene una planta con forma de rombo, con ángulo muy agudo,  y con fachadas de hormigón visto. La torre que se presenta completamente ciega al exterior, sólo recibe luz a través de un hueco vertical situado en la parte superior del vértice. Se crea un espacio angustioso que representa el horror del Holocausto.

  

. Jardín del Exilio: Su nombre oficial es «Josef Hoffmann». Se trata de un gran cuadrado situado en el exterior del edificio donde hay 49 pilares de planta cuadrada dispuestos en cuadrícula. El número 49 simboliza el año de fundación de Israel. Todos los pilares son de hormigón y huecos, rellenados con tierra de Berlin (salvo el central, rellenado con tierra de Jerusalén) y coronados con vegetación. El suelo del Jardín está inclinado con la pendiente siguiendo la diagonal, los pilares son perpendiculares a este suelo, y aparecen cortados paralelamente a su base. De esta manera, andar por dentro de este “bosque” de pilares coronados con plantas resulta incómodo  e inestable, objetivo perseguido por el arquitecto.

 

. El eje de la Continuidad: El eje conduce a una escalera que comunica con todos los niveles expositivos del museo. Las vigas que se muestran sobre este lugar tienen direcciones caprichosas y una apariencia deconstrutivista, pero son funcionales al servir de arriostramiento. En el interior del edificio hay espacios vacíos, es decir, partes que están cerradas y no se puede acceder a ellas, surgidas de la intersección de la línea recta de la escalera con la línea fragmentada de la planta del museo. La línea recta solo es atravesada por unas pasarelas que conectan las diferentes salas del museo, las cuales están definidas por las fachadas del edificio.

   

Los diversos ángulos que forma el edificio hacen que los pasos sean oblicuos respecto a las salas que comunican, de manera que la percepción se hace complicada. Las ventanas del Museo Judío tienen todas direcciones y formas muy caprichosas y no siguen ningún orden visible, aunque éstas tienden a ser alargadas. La luz natural penetra en el interior solo cuando los diseños exteriores e interiores de las ventanas coinciden, lo cual no siempre sucede. Realmente, de los 1005 huecos de fachada, solo cinco coinciden completamente. A los huecos, Libeskind los llama “el alfabeto del museo”. Las ventanas crean efectos luminosos en el interior del inmueble cuando la luz se refleja en paredes y pavimentos reflectantes. Muchos huecos llegan al suelo y al techo, a la vez que se cruzan.

Las fachadas son de hormigón con un recubrimiento exterior de chapa metálica. Esta capa está constituida por paneles de cinc y titanio colocados diagonalmente, no coincidiendo con los forjados y dando la sensación de que las fachadas están inclinadas. Diseñó con sumo cuidado la forma de los huecos de las fachadas, de manera que realizó varios dibujos en los que detallaba sus formas y tamaños. Existen ventanas de un tamaño considerablemente mayor que el resto en la fachada que mira al lado donde está el edificio antiguo, y en la altura de la última planta de la fachada opuesta a la primera. El edificio tiene varias puertas que dan al exterior pero que no son de uso habitual, por lo que se camuflan en la fachada con el mismo tipo de chapa.

El pavimento del patio generado por el edificio está hecho con piedras de tres colores y forma figuras que se asemejan a las ráfagas de las ventanas. La gran efectividad que tiene el mensaje publicitario del edificio se refleja en el gran éxito comercial que tiene su tienda de recuerdos, un establecimiento que vende todo tipo de recuerdos del Museo Judío en el Museo de Berlín.

~ by lostonsite on 7 octubre, 2009.

Alemania, Berlín, Viajes

One Response to “Cuando el terror se hace arquitectura”

  1. La Torre del Holocausto y el Jardín del Exilo ¡IMPRESIONANTES!

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