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Cuando se muestran restos de historia

CÓRDOBA:

MUSEO ARQUEOLÓGICO

El Museo Arqueológico de Córdoba ha discurrido por una larga trayectoria histórica hasta desembocar en su sede actual, enclavada en el Casco Histórico cordobés, declarado Patrimonio de la Humanidad.

En 1844, las piezas arqueológicas procedentes de las desamortizaciones de los conventos cordobeses se reúnen y custodian en el Museo Provincial de Bellas Artes. Este Museo sufrirá diversos traslados y con él la colección de piezas arqueológicas. El Museo Arqueológico Provincial de Córdoba se creó finalmente en1868, compartiendo su sede con el Museo de Bellas Artes hasta el año 1920.

Bajo la dirección de Ana María Vicent Zaragoza, de 1959 a 1987, el museo se instaló en su actual sede, el Palacio de los Páez de Castillejo, produciéndose un incremento considerable de los fondos conservados, la creación del servicio de investigación de arqueología urbana, el nacimiento de la excelente biblioteca especializada en arqueología, y la edición de una revista científica, Corduba Archaeologica.

El Museo Arqueológico de Córdoba se convierte en uno de los más completos de España, siendo declarados su edificio y colecciones Monumento Histórico Artístico en 1962.

COLECCIONES:

1. PREHISTORIA:

. Paleolítico:

El Paleolítico (Edad de Piedra antigua) es el periodo más amplio de la historia de la Humanidad. Su característica esencial es que la subsistencia se basa en una economía predadora (caza, pesca y recolección de frutos) y no productora. Se subdivide en tres etapas, llamadas Paleolítico Inferior, Medio y Superior, tras el que se desarrolla una etapa de transición denominada Epipaleolítico, ya cercana a las sociedades productoras del Neolítico.

– Paleolítico Inferior (500.000 – 50.000 a. C.): En la provincia de Córdoba no se han encontrado con restos óseos de nuestros más remotos antepasados (homo habilis, homo erectus…), pero sí se han enconstrado útiles de piedra fabricados por ellos. Los primeros corresponden al complejo industrial de los Cantos Trabajados (500.000 – 100.000 a. C. aprox.). Se trata de toscos instrumentos labrados en los cantos de cuarcita, material abundante en los márgenes de los ríos. Según lleven talladas mediante golpes una o las dos caras reciben el nombre de unifaciales o bifaces. Los mismos útiles cumplen diferentes funciones, desde atacar o defenderse hasta descuartizar animales, cortar ramaje en el bosque, etc. El comienzo de la «especialización» de los útiles comienza hace unos 100.000 años, cuando situamos el inicio de un nuevo complejo industrial, que recibe el nombre de Achelense (100.000 – 50.000 a. C. aprox.). Continúan realizándose bifaces, aunque aparece ya una cierta diversidad de útiles (raederas, hendedores, triedros) adaptados a diferentes funciones.

Hoja retocada (50.000 a. C.): Hoja de cuarcita de color blanco amarillento trabajada mediante talla por percusión por una de sus caras. La talla es de carácter arcaico, apreciándose potentes e irregulares aristas, dejando ver escasas pero claras facetas, por tanto carece de bulbo.

– Paleolítico Medio (50.000 – 30.000 a. C.): Coincidiendo con la aparición de un nuevo tipo humano, el Homo Sapiens Neanderthalensis u hombre de Neandertal, se desarrolla un nuevo complejo industrial, denominado Musteriense. El sílex se convierte definitivamente en la materia prima preferida, y comienza a tallarse de forma más perfecta. El hábitat se mantiene al aire libre, con ocupación ocasional de algunas cuevas, como la del Ángel (Lucena). Hallazagos de materiales de esta época se han realizado en el Arroyo del Lagar (Palma del Río), Trance de Pajares (Montilla) y otros lugares del sur de la provincia.

Punta musteriense: trabajada según el método de talla llevalloiense. La pieza practicamente solo ha sido trabajada por la zona ventral en la que se pueden apreciar una mayor atención.

– Paleolítico Superior (30.000 – 9.000 a. C.): En esta última fase del Paleolítico, que coincide con el fin de las Glaciaciones, surge un nuevo tipo humano, el Homo Sapiens Sapiens, último eslabón de la cadena evolutiva del género Homo al que nosotros mismos pertenecemos. Los útiles fabricados en piedra son cada vez más complejos y variados. Además, aparecen ya objetos de hueso y elementos de adorno personal. Los yacimientos más importantes del Paleolítico Superior en la provincia de Córdoba son la cueva de la Mina (Cabra), la Cueva de los Mármoles y el yacimiento del Pirulejo (Priego de Córdoba). Este último enclave ha resultado de especial interés, al presentar útiles de piedra muy variados, objetos de adorno, huesto trabajado y muestras de arte geométrico y figurativo.

Hoja retocada: Hoja de sílex de color blanco amarillento trabajada mediante talla por percusión

– Epipaleolítico (9.000 – 6.000 a. C.): Finalizadas las glaciaciones, el clima se suaviza produciéndose un nuevo desarrollo de al vegetación y de los bosques, lo que conlleva la desaparición de determinadas especies animales (los grandes herbívoros adaptados al frío) y la aparición de nuevas. Los útiles se adaptan a las nuevas necesidades: surgen los microlitos, destinados a la caza de presas más pequeñas, como roedores, aves, reptiles, etc. En algunos yacimientos puede observarse una cierta evolución hacia la economía productora, no sólo predadora, que caracterizará el Neolítico. En la provincia de Córdoba, los yacimientos más importantes son Fuente del Carmen (Zuheros), Patudas (Peñarroya-Pueblonuevo), Fuente de Pez/Fuente Migas (Montilla), Fuente de las Palomas (Carcabuey) y Jarcas (Cabra).

. La Revolución Neolítica:

Hacia el año 7000 a. C., en el Próximo Oriente, antiguos grupos nómadas con economía predadora basada en recolección, caza y pesca, comienzan a asentarse, domesticando animales y culivando la tierra. Así nacen la agricultura y la ganadería, que provocan cambios trascendentales hasta el punto de que para definirlos se acepta el término Revolución Neolítica. Desde el Próximo Oriente, el Neolítico (Edad de Piedra Nueva) se expande con rapidez por la Cuenca Mediterránea. En la actual provincia de Córdoba, este período está bien documentado entre comienzos del VI milenio a. C. y el IV milenio a. C.

Nuevas costumbres, nuevas necesidades, que provocan la aparición de nuevos útiles, tanto de piedra como de hueso. Entre los primeros, continúa utilizándose el sílex (denticulados) y aparecen las primeras piezas de piedra pulimentada. Pero la gran innovación, sin duda, es la transformación del barro en cerámica, elaborando recipientes aptos para conservar y cocinar alimentos.
En principio, el hombre neolítico continúa viviendo en las cuevas. En Córdoba, la mayor concentración de yacimientos de este tipo se sitúa en las Sierras Subbéticas. Durante el Neolítico Medio, algunas comunidades comienzan ya a instalarse al aire libre, para explotar mejor los fértiles valles. De todos los yacimientos estudiados, el más interesante es la Cueva de los Murciélagos de Zuheros.

– Cueva de los Murciélagos de Zuheros: Esta cueva es un yacimiento fundamental para el conocimiento del Neolítico en Andalucía. Aunque conocida desde 1868, no fue explorada hasta 1938, recibiendo los primeros trabajos arqueológicos en 1962. Excavaciones más recientes han permitido un gran avance en la investigación del yacimiento, documentándose la ocupación de este espacio entre el Paleolítico Medio y el Calcolítico. Mediante la técnica del Carbono-14, se han datado los restos hallados en el Neolítico Medio-Final, entre los años 4300 y 3980 a. C. A esta época corresponden cerámicas con incisiones y las decoradas con un colorante rojo obtenido con óxido de hierro (decoración a la almagra).

Recipiente Cueva de los Murciélagos (4300 – 3980 a. C.): Fragmentos de vasija de tendencia ovoide o globular

. El Calcolítico (3000 – 1800 a. C.):

La agricultura y la ganadería experimenta un gran desarrollo hace unos 5000 años, cunado tiene lugar un nuevo descubrimiento técnico de gran trascendencia: la metalurgia. El primer metal trabajado fue el Cobre, y de aquí le viene el nombre a esta etapa histórica (calco: cobre; lítico: piedra). La búsqueda del mineral de cobre contribuirá sin duda al desarrollo del comercio, que terminará por poner en contacto diferentes zonas del Mediterráneo. La aparición, ya al final del período calcolítico, de la cerámica campaniforme, con características comunes en toda Europa, nos informa sobre la gran importancia de estos contactos comerciales.

Estas transformaciones económicas producirán importantes cambios en la organización política y social de los grupos humanos. Comienzan a aparecer poblados de cabañas edificadas al aire libre, donde viven grupos en cuyo seno es cada vez más notoria la existencia de diferencias sociales. Desde estos núcleos se planifica la ordenación, ocupación y explotación más racional del territorio. Durante esta etapa también surge un interesante fenómeno religioso, el Megalitismo (enterramientos colectivos bajo estructuras construidas en grandes piedras).

A pesar de dar nombre a este periodo, durante el Calcolítico son aún muy escasos los instrumentos metálicos fabricados (puntas de flecha, punzones, agujas, etc.), mientras que tanto la industria lítica (objetos de piedra) como la fabricación cerámica (nuevas formas y decoraciones) experimentan un desarrollo enorme.

Vaso tallado en alabastro de color blanco, de fuerte influencia orientalizante (2000 – 700 a. C.)

– El horizonte campaniforme (III milenio – 1500 a. C.): Las relaciones desarrolladas durante el Calcolítico dan lugar a la aparición de un tipo de cerámica muy característico: el Vaso Campaniforme. Su nombre procede de la típica forma de campana invertida que tienen las piezas. Ligado a una cultura ya plenamente metalúrgica, estos objetos se difundieron, con muy excasas variantes, por gran parte de Europa, convirtiéndose así en la primera moda de gran extensión geográfica que podemos documentar a la lo largo de la Historia. Junto a ello, este tipo de cerámica destaca pos su profusa decoración exterior a base de motivos geométricos incisos o punteados. A veces, la decoración se destaca rellenando de pasta blanca las incisiones. Excepcionalmente pueden aparecer motivos figurados esquemáticos.

Vaso campaniforme del Yacimiento de La Minilla (La Rambla). (2000 – 1500 a. C.)

. El Megalitismo en Córdoba:

Una de las manifestaciones más interesantes de las primeras culturas metalúrgicas, junto a la cerámica campaniforme, es la aparcición, hacia el III milenio a. C., de un tipo de arquitectura funeraria destinada a enterramientos colectivos que, por estar formada mediante grandes bloques de piedra es conocida como Megalitismo (mega: grande; litos: piedra). Conocidos también como dólmenes, pueden presentar diversas variantes, aunque todos ellos comparten unas características comunes: construidos mediante grandes losas dispuestas verticalmente (ortostatos), van cubiertos por otras horizontales, que a su vez se cubren con gran cantidad de tierra, adquiriendo al exterior un aspecto de túmulo que, en ocasiones, va marcado por anillos de piedras. El interior está formado por una cámara funeraria que puede ir precedida de un corredor que la conecta con el exterior.

Este tipo de construcciones aparecen frecuentemente por toda Europa. En la provincia de Córdoba los encontramos principalmente en zonas mineras, especialmente en el Valle del Guadiato y la comarca de Los Pedroches.

– Dolmen I de la Sierrezuela (Fuente Ovejuna): Fue excavado en la década de los 1960. La cámara del sepulcro es de planta casi circular, de 4,40 m. de diámetro máximo, conectando con el corredor al noreste en posición asimétrica. Las paredes están formadas a base de grandes ortostatos y la cubierta, casi desaparecida, con lajas y mampuestos formando una falsa cúpula por aproximación de hiladas.

– Dolmen de las Aguilillas (Villanueva de Córdoba): Corresponde, como el dolmen I de la Sierrezuela, a un Sepulcro de Corredor, formado por una cámara o espacio central, precedida de un corredor o pasillo cubierto que la conecta con el exterior. No ha sido excavado científicamente, conociéndose a través de las prospecciones realizadas en la década de 1930.

– Dolmen de las casas de Don Pedro (Belmez): Fue excavado en 1986 por el procedimiento de urgencia. Su ajuar lítico estaba formado por hojas de sílex y puntas de flecha. Además apareceieron en él cuentas de collar, fragmentos de cerámica y restos óseos. La cámara funeraria tiene planta trapezoidal, con unas dimensiones de 2,15 por 1,35 m., dividida en sentido N-S por una pilastra.

. La Edad del Bronce:

A comienzos del II milenio a. C., una nueva oleada de colonizadores se establece en los centros metalúrgicos y mineros que las gentes del Bronce I hispánico o Bronce Antiguo habían creado en el área de Almería, dando orígen a la llamada «cultura argárica». Su implantación se extiende por todo el área Sudeste de la Península Ibérica, aunque sus influencias llegan a zonas más alejadas, como la actual provincia de Córdoba. Esta cultura está caracterizada por su cerámica, sus útiles metalúrgicos (que sustituyen completamente a los antiguos útiles de silex) y sus ritos sepulcrales (inhumaciones individuales, en cista o en grandes tinajas, llamadas pithoí). Los poblados también evolucionan: son lugares fortificados, en emplazamientos elevados, con casas de planta rectangular o cuadrada edificadas sobre zócalos de piedra.

A pesar de adscribirse a este periodo algunos hallazagos casuales en la provincia de Córdoba, sólo se han excavado de forma científica dos yacimientos del Bronce Pleno: la Necrópolis de Valdearenas (Iznájar, 1987-1988) y el enclave de El Pirulejo (Priego de Córdoba, 1988-1991). Se conoce así mejor esta cultura en el sur de la provincia, mientras la zona norte continúa siendo la gran desconocida.

– La necrópolis de Valdearenas: Se ha fechado en el Bronce Pleno evolucionado, en torno a los siglos XIV-XIII a. C. Su excavación puso al descubierto varios enterramientos aislados, con ajuares funerarios que muestran aún cercanía con la cultura del Calcolítico. Entre los elementos de ajuar destaca una pulsera en espiral de plata, además de varios recipientes cerámicos (cuencos y vasos globulares de cuello alto, con elementos de suspensión formados por mamelones perforados y asitas de sección anular). Algunas vasijas presentan una sencilla decoración impresa en los bordes, formada por la presión ejercida por los dedos sobre la arcilla antes de la cocción.

. El Bronce Final (siglos XII-VI a.C.):

Durante la útlima etapa de la Edad del Bronce, conocida como el Bronce Final, se intensifican los contactos con otras zonas geográficas, esencialmente del mundo mediterráneo y centroeuropeo. Se produce una importante diversificación cultural en toda la Península Ibérica, traducida en Andalucía en diferencias entre su parte occidental y la oriental. De todos los yacimientos del Bronce Final conocidos en la provincia de Córdoba destacan especialmente dos, tanto por las actividades arqueológicas practicadas como por la bibliografía que han generado: el «Llanete de los Moros» (Montoro), y la «Colina de los Quemados» (Córdoba).

– El Llanete de los Moros: es un yacimiento enclavado estratégicamente, sobre un cerro que domina el curso del río Guadalquivir. Gran parte de su importancia viene dada por estar situado en el punto de confluencia de importantes vías de comunicación terrestres, que unían zonas tan dispares como la Comarca de Los Pedroches, La Mancha y la Campiña de Córdoba. Las excavaciones sistemáticas emprendidas en 1980 por J. C. Martín de la Cruz han documentado una secuencia de hábitat que puede remontarse hasta el Calcolítico tardío, con perduraciones que llegarían hasta el Bajo Imperio Romano e incluso hasta la época Visigoda. Este yacimiento ha ofrecido información de gran interés sobre los intercambios culturales con diferentes zonas geográficas. Así, se ha documentado la presencia de cerámicas con decoración incisa, con motivos que recuerdan a los del «vaso campaniforme», que conectan este lugar con zonas de la Meseta Central. En la excavación también se hallaron testimonios que permiten deducir que esta zona estableció relaciones comerciales con los pueblos del Mediterráneo que actuaron como colonizadores.

– La Colina de los Quemados: con este nombre se conoce el primer asentamiento humano en la ciudad de Córdoba, que abarca la práctia totalidad de la actual barriada del Parque Cruz Conde. Las primeras intervenciones en este lugar fueron realizadas en 1964 por J. Bernier y F. J. Fortea, demostrando la existencia de un asentamiento prerromano que hundía sus raíces en plena época tartésica. En 1966, J. M. Luzón y D. Ruiz excavaron en la zona del Teatro de la Axerquía, obteniendo una secuencia estratigráfica que demostraba una sucesión de la presencia humana desde fines del II milenio a. C. Posteriores excavaciones confirmaron la estratigrafía anterior, considerando este «oppidum» como el más extenso de los conocidos en la Península Ibérica. Durante el Bronce Final este asentamiento se convirtió en una entidad protourbana de cierta importancia, gracias a su privilegiada situación geográfica, entre Sierra Morena y la Campiña, a orillas del Guadalquivir.

– La Cerámica del Bronce Final: En este período encontramos tanto cerámicas modeladas a mano como producciones realizadas a torno. La cerámica a mano suele estar realizada con barro poco depurado, con abundantes desgrasantes. Algunas piezas, sobre todo las de mayor tamaño, presentan un aspecto rugoso en su superficie, mientras que otras se encuentran alisadas, espatuladas o bruñidas. También aparecen ejemplos decorados con gran variedad de tipos: incisas, acanaladas, impresas, esgrafiadas o con aplicaciones metálicas. Pero el tipo más interesante es el denominado «de retícula bruñida», que es la más típica de esta etapa, sirviendo para la datación de los yacimientos. Respecto a las cerámicas realizadas a torno, también podemos establecer una diferenciación en dos grandes grupos. El primero correspondería a las pintadas, que llevan motivos geométricos y, en ocasiones, zoomorfos. El segundo grupo sería el formado por las cerámicas grises, cuya filiación cultural sigue siendo discutida, aunque recientes investigaciones apuestan por un origen local y propio de la civilización tartésica.

– Las estelas decoradas: Las estelas decoradas son una de las manifestaciones más características del Bronce Final. Destacan entre todas las estelas, las encontradas en El Viso, con decoración incisa (pertenecientes por tanto al grupo de las «estelas grabadas» o «del suroeste». Originariamente estarían clavadas en el suelo, señalando el lugar del enterramiento de personajes importantes, aunque también se ha planteado la posibilidad de que algunas sirvieran como mojones que jalonarían las vías de comunicación.

. La cultura Ibérica (Siglo VI – I a. C.):

Las riquezas agrícolas, ganaderas y mineras de la Península Ibérica llamaron la atención de otros pueblos desde tiempos prehistóricos. En el llamado Período Orientalizante se desarrollaron colonias griegas y fenicias en las costas sur de la Península. La convivencia de los indígenas con estos colonizadores de procedencia lejana trajo consigo las transformaciones en las costumbres, creencias y forma de organización económica-social. La llamada «cultura ibérica», que se desarrolla desde el siglo VI a. C, hasta la conquista romana, nació a partir de influencias orientales y, en menor medida, indoeuropeas, sobre una base autóctona continuadora de la civilización tartésica.
Los poblados ibéricos se asientan por los general en lugares elevados, de fácil defensa y dominando un amplio campo visual. Esto favorecería la seguridad de la población frente a la inestabilidad causada por luchas internas entre poblados y tribus próximas, y por los conflictos con romanos y cartagineses. En el interior de estos poblados, las casas se distribuían a lo largo de calles, reduciéndose su planta a una sola habitación, compartimentada a veces en pequeñas divisiones. Destaca una parte central con el hogar y otra al fondo, que cumple las funciones de almacén y despensa.

La sociedad estaba rígidamente estructurada en clases. En lo más alto de la pirámide social estaría el monarca, en un sistema de gobierno heredado de la época tartésica. Bajo él, se situaría la aristocracia o clase elevada de propietarios, guerreros y sacerdotes. Por debajo de ellos existe una clase media formada por comerciantes y artesanos, situándose los esclavos en el nivel inferior. Las necrópolis nos ofrecen datos muy interesnates dobre la sociedad ibérica, mientras que la escultura, la cerámica pintada y algunas fuentes escritas ayudan a conocer otros aspectos de la vida cotidiana como la vestimenta, el peinado, los adornos personales, etc.
La economía estaba basada fundamentalmente en tres pilares: agricultura, ganadería y explotación de los recursos mineros. El comercio jugó también un papel importante, basado en el intercambio de materias primas (metales, alimentos, fibras, textiles, madera, etc.) con productos manufacturados, utilizando como principal vía de comunicación el río Guadalquivir. En cuanto a la metalurgía, resulta de gran interés la introducción del hierro, por influencia fenicia.

– La Cerámica Ibérica: Las principales fuentes arqueológicas de la cerámica Ibérica en la provincia de Córdoba son los yacimientos de las necrópolis de «Las Cabezuelas» (Fuente Tójar) y «Los Collados» (Almedinilla).
La tipología de estas piezas es reducida. Destacan las urnas de forma cilíndrica, bitroncocónicas y globulales, con cuellos cortos o altos, y realizadas a torno. También se muestran tapaderas de urnas, lucernas de borde entrante y algunas cráteras de imitación. La decoración es de clara influencia fenopúnica, pintada en distintas tonalidades con motivos geométricos a base de bandas horizontales, ondas verticales, círculos concéntricos y semicírculos. Posiblemente fue realizada utilizando el «pincel-peine», especie de paletilla con pelo que, al aplicarse mojado en el pigmento sobre la superficie cerámica, producía las sereis de motivos antes mencionados.
La cerámica ibérica que aparecen en estos yacimientos, es diferente a la del levante peninsular, esencialmente por carecer de representaciones pictóricas animalísticas y humanas, aunque sus formas y decoraciones son de gran calidad.

– Las Creencias Religiosas: La religión ibérica presenta importantes influencias de otras culturas del Mediterráneo. Buena parte de sus creencias son adoptadas como consecuencia de los intensos contactos establecidos con fenicios y griegos.
El Panteón Ibérico es poco conocido, aunque sabemos que estaba formado por dioses relacionados con la fertilidad y la vida de ultratumba. Las excavaciones realizadas en necrópolis como las de Fuente Tójar y Almedinilla nos aportan más datos sobre las creencias de ultratumba. El rito funerario más generalizado es la incineración, como ocurre en la mayor parte del Mediterráneo. Las necrópolis están formadas por tumbas en cista, que consisten en un hoyo excavado en la tierra, limitado por losas que forman una especie de caja y cubierto por otra losa de mayor tamaño. En el interior se depositaban una o varias urnas con las cenizas del difunto. Alrededor, se disponen los vasos de ofrendas, armas, objetos de adorno y uso personal, etc. que constituyen el ajuar funerario.
Entre los santuarios o lugares de culto en la provincia de Córdoba, destaca el «oppidum» de Torreparedones (entre Baena y Castro del Río) a comienzos de 1980. Aquí se hallaron diferentes exvotos realizados en su mayoría en piedra caliza local, excepto una cabecita en terracota. Estas figurillas representan tanto partes del cuerpo (especialmente piernas) como figuras humanas completas, generalmente femeninas. Entre todas ellas, destacan una pierna con las inscripciones «Agalean» y «Lu cretiano», que pueden corresponder al nombre del dedicante, y una cabeza que lleva grabado sobre la frente «Dea Caelivs», interpretada como la divinidad a la que estaba dedicado este santuario. Los exvotos eran ofrecidos a los dioses para implorar su ayuda, principalmente en caso de enfermedad o también como acción de gracias por favores recibidos. La cronología de estas piezas oscila entre los siglos II-I a. C.

– El Armamento: La guerra fue una de las más nobles y prestigiosas actividades dentro de la sociedad ibérica. Los enfrentamientos aramdos, unas veces internos y otras contra cartagineses o romanos, fueron constantes. La propia estructura social favorecía el desarrollo de las luchas. En este contexto, las armas, tanto ofensivas como defensivas, adquirieron una gran importancia.
Las armas defensivas estaban constituidas, en primer lugar, por la propia indumentaria del guerrero. Se utilizaban diferentes tipos de cascos, mientras que la coraza se reservaba generalmente a personajes de alta jerarquía. En cuanto al escudo, puede ser rectangular (denominado «scutum») o circular («caetra»).
Como armas ofensivas empleaban esencialmente el arco, honda, lanza, jabalina y diferentes tipos de espadas. La utilización del arco está documentada por la gran abundancia de puntas de flecha que aparecen en los yacimientos. Algo similar ocurre en el caso de la honda, encontrándose numerosos proyectiles como testimonio de su uso. Como armas arrojadizas se emplearon lanzas con astil de madera. Suele tener unos dos metros de longitud, y presenta a veces la punta acabada en forma de arpón, con gran capacidad de penetración.
Por último, dentro del grupo de las espadas, el tipo más destacado es el de la «falcata» o sable curvo. Estaba fabricada de una sola pieza de hierro forjado, con la hoja ancha, afilada por uno de sus lados y con el extremo punzante. La empuñadura, labrada en forma de cabeza de ave o de caballo, iba recubierta por cachas de madera, hueso o marfil, para facilitar su enmangue.
Numerosas falcatas aparecieron en la necrópolis del sureste de la provincia de Córdoba, lo que hizo que en la literatura científica pasaran a ser conocidas como «espadas de Almedinilla». Con frecuencia, estas armas aparecen en el interior de las tumbas, formando parte del ajuar funerario del guerrero. A veces, se presentan dobladas para que cupieran con mayor facilidad dentro de la cista. Algunos autores apuntan también la posibilidad de que las falcatas fueran dobladas como parte del algún tipo de ritual: el arma, considerada como un objeto personal e intransferible, «moría» así a la vez que el guerrero, impidiendo de esta forma cualquier intento de reutilización por saqueo de la tumba.

– La Escultura Ibérica: La escultura zoomórfica ibérica suele tener una funcionalidad apotropaica, de protección contra los peligros exteriores: los animales de piedra, con gesto amenzante, son guardianes del templo, la ciudad o la sepultura, sirviendo de protección contra los malos espíritus. Al haber aparecido sin contexto arqueológico no se conoce bien su forma de colocación concreta. Sin embargo, podrían ir directamente sobre las tumbas, otros sobre plataforma, o también formando los llamados «pilares-estela», construcción realizada específicamente a tal efecto. Entre las principales esculturas conservadas, destacan los leones, que suelen estar asociados a sepulturas de personajes importantes. Para los iberos, este animal resultaría casi fantástico, en un nivel similar a grifos y esfinges, ya que nunca existieron en la Península Ibérica.
También existen ejemplos de toros, animal que normalmente se representa recostado y con las patas genuflexas, de caballos, cérvidos (procedentes del Cerro de San Cristóbal de Baena), y otros animales de difícil identificación que han sido catalogados genéricamente como carnívoros.
La escultura humana está también presente en la cultura ibérica. Destaca la llamada «Dama del Cerro de las Vírgenes» procedente del yacimiento de Torreparedones (Baena-Castro del Río). Representa a una sacerdotisa o matrona, faltándole la cabeza.

2. CULTURA ROMANA:

La presencia romana en la Península Ibérica comienza a finales del siglo III a. C., coincidiendo con el apogeo de la guerra entre romanos y cartaginenses. La importancia de las inversiones realizadas y la riqueza de Hispania, convirtieron una presencia circunstancial en asentamiento permanente. Comienza entonces lo que se ha denominado «Romanización», proceso por el cual los pueblos hispánicos van adoptando formas culturales importadas de Roma (organización económica, lengua, religión, costumbres, derecho, urbanismo, instituciones…). El sur de la Península, convertida en al provincia «Hispania Ulterior» (197 a. C.), que después se conocerá como «Bética» (27 a. C.), se convirtió pronto en una de las áreas de romanización más temprana e intensa. Córdoba es la capital de la Bética oficialmente desde esta última fecha, aunque ya antes ocupaba una lugar destacado en la Hispania Ulterior. Llega a proporcionar al mundo romano, a su vez, personajes de primera magnitud en los campos de la literatura, del pensamiento y de la política.

Además de la propia ciudad de Córdoba, otras poblaciones de su entorno tambíen han dejado piezas de incuestionable valor. El auge urbano que tiene lugar a partir de época de Augusto no sólo se constata en la capital de la provincia, sino también en otras poblaciones cercanas. Pero la importancia de la ciudad de Córdoba como capital de la provincia eclipsa en cierto sentido al resto de poblaciones de su entorno. La importancia de la Córdoba romana viene dada no solo por el esplendor de su cultura material, sino por constituir el esqueleto que fundamenta la ciudad en periodos posteriores, incluso hasta la actualidad, así como por el legado que -conjuntamente con la ciudad islámica- ha dejado en la conciencia histórica de la misma.

. Corduba:

La Córdoba prerromana se hallaba sentada en la colina del actual Parque Cruz Conde, ubicación estratégica que domina el Valle del Guadalquivir, en las cercanías de la Sierra, lo que le confiere gran importancia. A finales del s. II a. C. los romanos instalan un campamento militar al NE del núcleo indígena, que será el germen de la futura ciudad. A comienzos del Imperio se producen importantes cambios en Córdoba, por dos causas principales: en primer lugar, la destrucción de la ciudad a finales de la guerra civil (causada por César tras la batalla de Munda -45 a. C.- tras el apoyo prestado por los cordobeses a su adversario, Pompeyo); por otra parte, debido a la tendencia general, en época de Augusto, de remodelación de las ciudades del sur peninsular. Obras como la construcción del primer acueducto para abastecer la ciudad (Aqua Augusta) o la reconstrucción del Puente sobre el Guadalquivir (edificado originariamente en el año 45 a. C.) dan idea de la importancia de la transforamción de la ciudad. Se generaliza el uso del mármol y de modelos arquitectónicos e iconográficos que imitan los de Roma. En el siglo I se pone en marcha un programa de regulación urbanística para dotar a la ciudad de nuevas infraestructuras. El recinto amurallado crece hacia el río y, a partir de los dos ejes originarios (Cardo Maximo, en dirección N-S, y Decumano Maximo, de E a W.), se continúa formando la retícula urbana, con calles perpendiculares delimitan «insulae» o manzanas. En la confluencia de cardo y decumano se sitúa el Foro Colonial, gran plaza pública que es ampliación del antiguo foro republicano, al que se abren edificios públicos religiosos y administrativos.

En el período flavio (años 68 a 98 d. C) se asiste a una nueva renovación urbana, con un segundo proceso de monumentalización de la ciudad. Aparecen ahora dos nuevas plazas, conviriténdose una en un nuevo foro, el «Provincial». En la Córdoba romana existirían varios templos, de los que únicamente han quedado algunos restos importantes.

A partir de la crisis en las ciudades del siglo III, Córdoba no pierde su importancia política y económica. Así lo demuestra la existencia del «palatium» edificado a fines del siglo III en «Cercadilla», conjunto monumental de más de 400 x 200 m. cuyo palacio habría servido de residencia al Emperador Maximiano Hercúleo durante su estancia en Hispania (296 – 297).

. Escultura Romana:

– Escultura Siglo I d. C.: Escultura que representa a un personaje masculino ataviado con túnica, peto metálico y capa. Destaca la decoración de la coraza con motivos vegetales y dos grifos enfrentados. Se fecha en la primera mitad del siglo I d. C. y pro su procedencia estaría situada en el foro, el corazón administrativo y político de la Córdoba romana. Puede tratarse de una representación de Eneas en su huída de Troya, o de Rómulo, a imágen de las representaciones del Foro de Augusto en Roma, relacionándose con el uso político de la imagen por parte del emperador Augusto, que legitima su poder como descendiente de estos héroes relacionados con la fundación de Roma. Así, vemos como las imágenes reflejan el estado de una sociedad y su sistema de valores, en la actualidad y a comienzos de nuestra era.

– Mithras Tauróctono: El grupo escultórico Mithras Tauróctono, el dios Sol, muestra la presencia de creencias de origen oriental en las provincias occidentales del Imperio en época del emperador Adriano (siglo II d. C.). Representa al dios persa -tocado con el gorro frigio- sacrificando al toro, repetición anual del ciclo de muerte y resurrección. De la sangre purificadora que brota del toro bebe el perro, fiel amigo de Mithras, que guarda el alma. La serpiente produce las plantas, y del alacrán surgen los animales y los hombres, todos ellos símbolos de un dios creador. Este ejemplar es excepcional, tratándose de la única obra de este tipo completa y en bulto redondo conocida en la Península Ibérica. Procede de la llamada «Villa de Mitreo», en las afueras de Cabra, y debió ser usado como elemento de culto.

– Afrodita agachada: De gran importancia es esta escultura, símbolo del amor sensual y de la belleza cuyo equivalente en Roma es Venus. Se trata de una copia romana, fechada en época antoniana (años 138-192 d. C.), de un modelo helenístico muy conocido, la «Venere Lavantem sese», atribuido a Doidalsas de Bitinia. La escultura original griega, posiblemente realizada en bronce, se fecha hacia el año 250 a. C.
La estatua muestra a Afrodita desnuda y agachada, apoyada sobre un ave, en posición probable de recibir agua en la espalda durante el baño o mirando su reflejo en el agua de un estanque. Este tema de Afrodita en el baño era muy popular en la etapa romana imperial.
Debido a su gran tamaño y al tema tratado, se piensa que pudo formar parte de la decoración de una construcción relacionada con el agua, bien una fuente o ninfeo, bien unas termas.

– El Retrato Romano: En la escultura romana, el retrato fue evolucionando, siendo uno de los campos más destacados de la aportación de la cultura romana a la estatuaria:

Retratos republicanos (S. II – 31 a. C.): En los orígenes del retrato romano se sitúan dos tendencias que estarán presentes en toda la evolución del arte romano: la influencia griega, por una parte, y las «imagines maiorum» por la otra. Estas últimas son representaciones de los antepasados, realizadas en cera, barro u otros materiales a partir de máscaras funerarias, que solían colocarse en las casas. De ellas toma el retrato de época republicana su sentido de representación realista.

El retrato en tiempos de Augusto (31 a.C. – 14 d.C.): Con Augusto, el verismo del retrato republicano es sustituido por la influencia griega. El cambio de la moda, impuesta por el poder, cumple una finalidad concreta: la consolidación del nuevo sistema político, el Imperio. Los retratos del emperador Augusto son representaciones idealizadas, que expresan nobleza y serenidad para asentar la imagen oficial del Emperador. Este mismo estilo será utilizado para representaciones de otros personajes destacados. En cuanto a los retratos femeninos, resultan de gran interés los de Livia, esposa de Augusto, representándola con una imágen de serenidad y dulzura. Mientras tanto, entre las clases populares aún perdura el retrato realista, junto con algunas manifestaciones herederas del arte local hispano.

La época Julio-Claudia (14-68): Las diferencias estilísticas entre los retratos de este momento y los de la época de Augusto son mínimas, y en algunos casos no se puede determinar con precisión si el retratado es Tiberio o Augusto. La influencia griega es patente. El giro de cabeza, la expresión serena, la buena factura técnica, son algunos de los elementos utilizados para conseguir un retrato idealizado.

Época de los Flavios (años 68-98): La idealización, que dota a los retratos julio-claudios de un aspecto de corrección y frialdad, deja paso en este momento a un resurgimiento dle verismo, que había sido caracterizado del período de la República. Vence definitivamente la tendencia, de origen julio-claudio, de representar al retratado con la cabeza ligeramente ladeada, para evitar la excesiva frontalidad. Los retratos son más naturales, con gestos que parecen casi cotidianos. Pero este realismo flavio no es naturalista, sino muy elaborado estéticamente, lejos ya de las máscaras funerarias que tanta influencia habían tenido en el retrato republicano, buscando monumentalidad y efectismo. Comienza en esta época la tendencia hacia la ampliación de la zona representada, que empieza a integrar en el retrato parte del busto.

El retrato durante el siglo II: Durante la primera mitad del siglo II continúa la tendencia realista en el retrato, que aumenta de tamaño hasta abarcar la zona de los pectorales. Como rasgos característicos, comienza a resaltarse la mirada con incisiones en pupilas e iris, y se generaliza la barba en los retratos masculinos. La época de los Antoninos (138-192) está marcada por el barroquismo estilístico: la barba y el cabello se labran con profundidad, para hacerla contrastar vivamente con la tersura de la piel.

Retratos bajoimperiales (siglos III-IV): Aunque el clasicismo impuesto en época de Augusto continúa vigente hasta fines de la época de los Severos (192-235), durante el siglo III vuelven a aparecer representaciones naturalistas (arrugas en la piel, expresiones a veces atormentada….), de estética similar a la republicana. El cincelado es casi impresionista, sobre todo en el cabello, tratado con toques rápidos y tenues. La debilidad del poder central durante los años de Anarquía militar (235-285) se manifiesta también en el arte, con constantes vacilaciones entre clasicismo y realismo en el retrato.
Durante el siglo IV, el retrato romano sufre una última evolución. Ya en el gobierno de Constantino (312-337) aparece una nueva corriente escultórica, basada en una marcada exageración de la estructura facial, de corte casi expresionista, que ofrece piezas de características similares a lo que se convertirá en un nuevo estilo, el Bizantino.

. Vino y aceite – Las Ánforas:

En época romana Hispania, y especialmente la Bética, surtía a Roma de materias primas, importando productos manufacturados y de lujo. Esta zona se caracterizaba esencialmente además de por su riqueza minera, por la rica producción agrícola, destacando la llamada «triada mediterránea»: cereal, aceite y vino. El comercio se realizaba por medio de una tupida red de comunicaciones, que contaba con rutas terrestres, fluviales y marítimas. El transporte de mercancías se realizaba preferentemente en barcos, acondicionados para recibir en sus bodegas las ánforas repletas de vino, aceite o salazones de pescado.

Las ánforas son los recipientes cerámicos usados para contener este tipo de productos. Se trata de unos recipientes cerámicos de gran capacidad, con dos asas y la base terminada habitualmente en punta o botón. Ese pivote permite efectuar giros o sostenerla por un sólo asa, y es muy útil para el estibaje, al poder apilarse las ánforas en varias capas, colocando la base puntiaguda en el hueco que dejan las bocas de los recipientes en la hilera inferior. Para mantener de pie las ánforas se utilizaban piezas metálicas denominadas «icitegae».

. Vidrio romano:

El vidrio es un material resultante de la fusión conjunta de sílice, calíza y alalís (sosa y potasa). Su color natural es el azul verdoso, pudiendo estar fuertemente coloreados por la presencia de minerales o impurezas, o lograr otro color añadiendo óxidos metálicos. A comienzos del siglo I d. C. se introduce en Roma un nuevo procedimiento de fabricación del vidrio: el soplado, según el método aún utilizado. Anteriormente se fabricaba con núcleo de arcilla y pasta vítrea. Otra innovación técnica fue la utilización de materias decolorantes para la obtención de vidrios incoloros y más transparentes.

Las formas más comunes suelen ser recipientes de tamaño no muy grande: ungüentarios, ampollas, botellas, jarritos, tacitas, etc. Por lo general, las piezas que se hallan más completas proceden de ajuares funerarios; al estar las tumabas selladas, este frágil material se conserva en mejor estado.

. El Relieve:

El lenguaje político de las imágenes y monumentos de Roma iba dirigido fundamentalmente a la población de la capital, pero al orientarse todo el Imperio hacia ésta, rápidamente se generaliza la asimilación de los nuevos símbolos. Se utiliza un lenguaje artístico uniforme que hace referencia al vencedor que propicia la prosperidad y la paz en todos los territorios romanizados. A este fin reponde la decoración arquitectónica, en al que el Relieve juega un papel de gran importancia.

– Guirnalda del friso: magnífica talla de mármol, obra que testimonia la utilización en la capital de la Bética de excelentes materiales y artistas, con el uso de la temática y el lenguaje oficial, emulando a Roma. Pertenecería a un edificio o monumento significativo de la ciudad, aunque no es posible su identificación concreta, ya que se halló reutilizada en una tumba tardorromana de la necrópolis Norte.

. Las cerámicas Béticas de imitación:

Llamadas también de barniz rojo Julio-Claudio, tienen un caracter marcadamente regional. Por el tono de barniz y aspectos formales se han encuadrado anteriormente dentro del grupo de «terra sigillata», por presentar algunas características comunes, como el barniz o engobe de tonos rojizos (de adherencia imperfecta) con superficie externa mate e interior brillante, y formas que imitan algunos prototipos de la «sigillata», de las cerámicas de barniz rojo pompeyano y de las paredes finas. Los hallazagos de estas cerámicas tienen una distribución muy concreta en el Valle del Guadalquivir y litoral gaditano (provincias de Cádiz, Sevilla, Córdoba y Jaén y algunos en Málaga y Ciudad Real). Peñaflor (Sevilla) es el yacimiento que presenta mayor variedad y cantidad de producciones, junto a elementos que indican la existencia de alfares, por lo que unido a su localización central en el área de expansión de este tipo cerámico, lo señalarían como centro productor del mismo. Por otra parte, los alfares de Andújar tendrían también una producción esporádica de estas cerámicas.

Las cerámicas de paredes finas se denominan así por la delgadez de las paredes de los recipientes. Estos son generalmente pequeños vasos o tacitas para beber. Otra de sus características es la gama de tratamientos, con decoraciones diversas, que puede mostrar la superficie exterior: burilado, puntillado, incisa, pulimentada, rugosa, aplicaciones arenosas, aplicaciones varias de barbotina y engobe… Su fabricación se produce entre el siglo III a. C. y el siglo I de la Era, con algunas prolongaciones hasta el siglo IV, siendo el siglo I d. C. el período de mayor auge. A comienzos del siglo II se detecta la desaparición de esta cerámica en el área que circunda el Mediterráneo. Los primeros talleres se encuentran en Italia creciendo el número de alfares en los centros provinciales desde comienzos del siglo I d. C. como Hispania.

. Terra Sigillata:

Se conoce como «terra sigillata» toda una serie de cerámicas de los siglos I a. C. al VIII d. C. caracterizadas por presentar arcillas finas y unas superficies brillantes rojas semejantes a barnices, encuadrando todas las producciones cerámicas romanas de «barniz» rojo consideradas de lujo. La denominación de «sigillata» procede del «sigillum» o sello impreso en la pasta, que corresponde a la marca del fabricante y se aplica mediante una matriz o punzón antes de la cocción. El término de «sigillum» hace referencia también a la decoración en relieve característica que puede presentar este tipo cerámico. Para su realización se emplea un molde cuyo interior, y con la arcilla tierna, se estampan variadas decoraciones por medio de punzones, impresas en negativo. Después, aplicando la arcilla en su interior se reproducen en positivo las decoraciones.

La «terra sigillata» es un producto realizado con vistas a la comercialización más que al autoabastecimiento de las zonas de producción. Esto implica la creación de determinados mercados y fenómenos de imitación. Todo ello permite conocer toda una serie de criterios económicos relacionados con la producción y comercio de estas cerámicas. Las primeras cerámicas sigillatas empiezan a producirse en la Península Itálica en las últimas décadas del siglo I a. C. Parece que fue Arezzo, antigua «Arretium», donde se comienza a fabricar este tipo de cerámica, por lo que también se ha denominado como «terra sigillata aretina». Pronto surgen otros talleres itálicos, así como sucursales de los talleres aretinos en provincias para abastecer mercados más distantes. Los productores aretinos tienen su apogeo en época de Augusto (31 a. C – 14 d. C.), invadiendo totalmente los mercados de Occidente y con una importante pentración en los orientales.

La Terra sigillata sudgálica es la fabricada en una serie de talleres del Sur de la Galia, con una producción homogénea en cuanto a formas, motivos decorativos similares y su característica pasta y «barniz» muy rojos y de gran brillo. Su origen se halla en la instalación de alfareros aretinos en la zona, que crean sucursales para abastecer los mercados más distantes de los centros itálicos. Las cerámicas sudgálicas presentan innovaciones en formas y decoración, buena calidad en «barnices» y pastas, y fabricación masiva que abarata los precios. Esto hace que invadan los mercados a partir del segundo decenio de la Era con enorme competitividad. Entre los años 50 y 60 d. C. se da un desplazamiento de los centros de fabricación de «terra sigillata», entrando en decadencia los itálicos y tomando gran auge los del Sur de la Galia. En la Peninsula Ibérica se crean diversos centros de producción de «terra sigillata hispánica» como consecuencia de la generalizada expansión y éxito de esta cerámica a partir del siglo I d. C. Parece ser que las primeras sucursales surgen por la participación directa de artesanos del Sur de la Galia. Las características técnicas de las producciones hispánicas las diferencian claramente de las importadas (itálica y gálica), presentando, en general, un «barniz» que oscila del tono rojizo al ocre. La producción de talleres hispánicos comienza en la primera mitad del siglo I d. C., siendo el principal centro en el Sur, los Villares de Andujar (Jaén), junto a otros alfares como los de La Cartuja y Albaicín (Granada), Alameda (Málaga) y Singilia Barba (Antequera, Málaga).

. Bustos Báquicos:

Son pequeñas esculturas que representan al dios Baco, y a divinidades relacionadas con su culto (cortejo báquico). Se trata de esculturas conocidas como «hermas», pequeños bustos sin brazos colocados sobre un estípite o pilastra con forma de pirámide truncada y base que se estrecha hacia abajo. En ellas se puede comprobar cómo los recursos escultóricos del llamado «realismo romano» se han utilizado para representar seres carentes de realidad, pero tratados como si el autor los hubiera copiado del natural. Los rasgos son casi caricaturescos, dotando al personaje de expresiones de bestialidad y embriaguez. En el mundo romano era muy común disponer bustos de divinidades por los distintos rincones de la casa, y también en huertos o jardines si se trataba de divinidades campestres, como Baco, Sileno, Silvano y otros. Protegen cosechas y ganados y, a cambio, en determinados días festivos son honrados con fiestas religiosas.

Baco (o Dioniso) es originariamente el dios de la vegetación, espíritu de la savia de las plantas y del jugo de los frutos, de la fecundidad animal y del vino. Se le festejaba en procesiones donde abundaban las máscaras. Entre las divinidades que acompañan la mitología báquica destacan Fauno, protector del ganado y la fertilidad de la tierra y Sileno, preceptor de Baco que suele representarse anciano, ventrudo y tambaleante por el exceso de vino, aunque no exento de una cierta sabiduría. Además, dentro del «cortejo báquico» se encuentran bacantes (compañeras del dios), sátiros, etc.

. Lucernas:

Candiles o lámparas de aceite romanos empleados para la iluminación, pero también para ritos religiosos y ofrendas funerarias. Estos utensilios derivan de prototipos griegos y pueden ser de bronce o de cerámica. Las de cerámica se fabricaban mediante dos moldes, uno para la parte superior y otro para la inferior, añadiendosele después las asas. Las lucernas comienzan a elaborarse en la Peninsula Itálica, surgiendo rápidamente talleres en las provincias. El uso de los moldes, introducido en el siglo III a. C., propicia una producción en serie y una extensión del consumo. Las hay muy diferentes formas y tipos, con decoración diversa, pudiendo presentar o no estampillas o marcas de fábrica. Los tipos principales de lucernas en el siglo I son las de volutas de disco, con decoraciones variadas: temas geométricos, vegetales, zoomorfos, eróticos y grotescos, divinidades, personajes y escenas cotidianas.

. La labra:

La maestría del escultor romano se comprueba sobre todo en la labra de materiales de gran dureza como el mármol y el alabastro, en el que se potencian también el color, la transparencia y la textura.

– Retrato femenino época Julio-Claudia: tamaño inferior al natural, que posiblemente representa a Antonia Minor demuestra la destreza de la labra del mármol en el peinado. En él se detallan magistralmente los mechones y el recogido. El no haber tallado las pupilas de los ojos nos da idea de que, en origen, pudo estar policromada.

. El templo romano:

El único templo conocido arqueológicamente en Corduba y del que se conservan restos es el situado en la calle Claudio Marcelo, debiendo existir muchos otros, algunos conocidos por referencias. Desde época republicana, existirían uno o más templos en Corduba. Otro de similares características que este de la calle Claudio Marcelo se levantaría en el Foro Provincial. El templo de Tutela es conocido a través de una inscripción. De los restantes edificios públicos no se cuentan con datos, aparte de la existencia de un complejo portuario y comercial junto al Betis. El templo romano, como el griego -de igual esquema- es un edificio destinado principalmente a la custodia de la imagen de la divinidad/es a que estaba dedicado, desarrollándose el culto sobre todo en el exterior, donde se situaba el ara o altar para sacrificios. A diferencia del griego, se alza sobre un basamento o podium, accediéndose por una escalinata central, ante la que se encuentra el ara.

El edificio conservado en Córdoba, de grandes proporciones, es un templo próstilo (con pórtico delantero columnado), hexástilo (con seis columnas en el frontispicio), y pseudoperíptero (de las 10 columnas de los lados mayores, 7 estaban adosadas a la cella), ricamente ornamentado por columnas, capiteles, frisos… de mármol, en orden corintio. Todo el conjunto se hallaba en una plaza situada en una gran plataforma elevada que salvaba el desnivel existente y daba  magnificencia al edificio. La cimentación de esa plaza exigió una gran labor de terraplenado, y está constituida por potentes muros de sillería y estructuras de hormigón, junto a un ejemplar de contrafuertes dispuestos en abanico con formas de dientes de sierra.

. Domus y Villa:

Los dos tipos principales de casa documentados en época romana, y conocidos en Córdoba, además de los edificios de varios pisos, son los denominados domus (casa urbana) y villa (vivienda rural).

– Domus: es el nombre con el que se conoce a la vivienda urbana en el mundo romano. Su esquema constructivo presenta una importante influencia griega, diferenciándose claramente una parte pública de otra privada, destinada a la vida cotidiana del propietario. En el interior, la casa se ordena en torno a un patio, normalmente a cielo abierto, donde se sitúa el estanque para recoger el agua de lluvia («impluvium») y el altar de los dioses Lares. La zona privada se articula también alrededor de un patio columnado o «peristilo». Esta idea será posteriormente reproducida en la casa tradicional andaluza. En Córdoba se encuentran restos de estas domus principalmente fuera del recinto amurallado.

– Villas: Las casas situadas en el entorno rural y ligadas a una explotación agropecuaria reciben el nombre de «villae». Las necesidades de aprovechamientos agrarios con los que están relacionadas condicionan la edificación. En muchas de ellas encontramos una zona de vivienda junto a los espacios de servicios y de dedicación agraria, en lo que puede considerarse traslación al campo de la idea de la domus urbana. La calidad de vida y los gustos refinados de los dueños se apreciarán en la construcción arquitectónica, pero también en jardines, fuentes, mobiliario, y decoración (escultura, pintura, mosaicos…). La crisis de las ciudades documentada a partir del siglo III tendrá como consecuencia la aparición de nuevas villae y, sobre todo, el desarrollo de muchas de las preexistentes, que vivirán una importante etapa de esplendor durante el siglo IV.

La villa romana de El Ruedo: La villa de El Ruedo (Almedinilla, Córdoba) es el edificio principal de un complejo agropecuario en el que se unen las características de la típica villa romana con el lujo y la representación propia de la domus o casa urbana, construida, en diferentes fases, entre los siglos I y IV.
La construcción se ordena en torno a un patio principal columnado o peristilo, zona ajardinada que cuenta en su centro con un estanque con planta de doble ábside. Agua y zonas ajardinadas sirven para resaltar el lujo de la villa, fortaleciendo la labor de representación asignada a la parte residencial del conjunto. Este patio porticado da paso al triclinium, estancia principal de la vivienda, en el que se coloca un «stibadium», de forma ultrasemicircular y con una fuente en su centro, que debía de servir para disponer los lechos sobre los que se colocaba la comida. Tras el «triclinium» se sucede el «ninfeo», fuente abierta hacia el interior del edificio, desde la que, mediante una tubería de plomo se lleva el agua hasta el «stibadium» y, desde él, al estanque situado en el patio. A ambos lados del «triclinium» hay varios espacios que han sido identificados como «cubicula» o dormitorios, despachos, biblioteca, etc. En la zona oeste se encuentra el «hipocaustum», sistema de calefacción por vapor. En cuanto a las dependencias de servicios y de uso agrícola, la villa cuenta con un gran «algibe», almacenes agrícolas, y zonas de bodega y almacén. Al norte del conjunto se situaría la zona de necrópolis.

. El abastecimiento de agua:

En un principio, el núcleo urbano se servía de pozos cuyo nivel freático se surte de las abundantes corrientes subterráneas existentes en este terreno, y del agua de lluvia recogida en cisternas. El primer acueducto, construido a comienzos del siglo I d. C., se llamó el «Aqua Augusta» en honor al emperador, y se ha identificado con el llamado Acueducto de Valdepuentes, considerado hasta hace poco obra islámica al ser reutilizado el sistema romano en el siglo X para abastecer Madinat al-Zahra.

La captación de aguas se realiza en el primer venero del arrollo Bejarano, en las cercanías de Trassierra, con un ramal de incremento de aguas procedentes del venero de Vallehermoso. El recorrido total es de más de 24 km., con gran parte del trazado subterráneo.

. La epigrafía romana:

A comienzos de la época imperial se produce el gran auge de la epigrafía. Las inscripciones, en piedra o bronce, sirven para comunicar públicamente acontecimientos relevantes de la vida pública y privada. Estos epígrafes se refieren a temas variados (imperiales, de personajes públicos, monumentales, sobre obras públicas, religiosos, funerarios, comerciales…), y aportan una preciada información sobre aspectos políticos, administrativos, económicos, sociales, religiosos o de costumbres, aunque los más destacados y numerosos, son, quizá, los textos en sentido funerario.

La epigrafía funeraria muestra una variada serie de epitafios encaminados no sólo a recordar al difunto, sino también a llamar la atención y ser leídos por el viandante que pasaba por los caminos junto a las que se encuentran las necrópolis. Estas inscripciones se colocaban tanto en los enterramientos -de cualquier tipo- como en otros monumentos dedicados a la memoria del difunto y ubicados fuera del ámbito de la sepultura. Se encuentran por lo general incisas en piedra y, por su forma, reciben distintos nombres (estelas, lápidas, cipos, aras…).

Los epitafios contienen generalmente un formulario común, que evoluciona desde los más antiguos, que son muy breves (con el nombre del difunto), a fórmulas más complejas y variadas. Entre los elementos que lo forman destacan encabezamiento con dedicación a divinidades, nombre del difunto, acompañado o no de los cargos y honores que disfrutó en vida, edad, indicación de la profesión, etc. Junto a estos elementos aparecen otros accesorios y complementarios, como el nombre y parentesco del dedicante, o alusiones a la vida del difunto, a las condiciones de la tumba…

. El mundo funerario:

La necrópolis, según la costumbre romana, se situaban en las proximidades de la ciudad, fuera del recinto amurallado y a lo largo de las vías que lo ponen en contacto con su entorno. En Corduba, las principales calles urbanas se prolongaban, a través de las puertas de la muralla, en las calzadas de acceso a la ciudad. En su entorno se localizan al menos tres grandes áreas de necrópolis, que por su extensión, dan muestra de la importancia demográfica que tendría esta ciudad.

El ritual funerario más importante y antiguo fue la incineración, generalizándose los enterramientos por inhumación desde comienzos del siglo II d. C. En el cambio de costumbres posiblemente influyera el desarrollo del Cristianismo. En el caso de las incineraciones, los restos óseos y cenizas se depositaban en una urna que se colocaba en la correspondiente tumba. El material de las urnas varía: piedra, cerámica, vidrio…, pudiendo ser éstas últimas introducidas en cajas cilíndricas de plomo; en ocasiones, también se utilizaban ánforas o cofres de madera. En cuanto a la inhumación, las tumbas son de tipología muy variada, dependiendo de la época y de la riqueza del difunto. Su cuerpo se coloca en una fosa excavada en la tierra (que puede ir cubierta con teja, ladrillo o piedra), o bien en un mausoleo, a veces dentro de una caja o sarcófago.

3. CULTURA HISPANOMUSULMANA

Durante la Alta Edad Media, al-Andalus era el Estado más desarrollado económicamente de todo el Occidente, y su capital Córdoba, la ciudad más importante de Europa también cultural y demográficamente. Este hecho permitió la aparición de unas capas sociales acomodadas, que no sólo se preocupan por el abastecimiento de productos de primera necesidad. Se desarrolla el consumo de artículos de lujo, utilizados como forma de aumentar el prestigio personal de sus propietarios. Esta tendencia experimenta un gran auge durante el mandato del emir Abd al-Rahman II, en gran parte debido al refinamiento orientalizante de las modas impuesto por personajes como el músico «Ziryab».

El gusto por el lujo en al-Andalus fue destacado por muchos escritores de la época, y por numerosos objetos como capiteles finamente trabajados, decoración arquitectónica, cerámica verde y manganeso, bronces, vidrio, etc. Las nuevas costumbres de la sociedad propician un gran desarrollo de la artesanía y los oficios artísticos, dedicados a satisfacer estas nuevas necesidades.

. Las Almunias:

La riqueza que los califas del siglo X manifiestan en la ciudad palatina de «Madinat al-Zahra» no es un hecho aislado y, a su imagen, los notables cordobeses dedicarán grandes esfuerzos a decorar sus residencias y emular el estilo de vida de los califas. El lugar preferido por estos personajes para mostrar este gusto por el lujo son las almunias, casas de campo situadas en los alrededores de la ciudad.

. El trabajo artesanal:

El gusto por el lujo tiene como consecuencia un desarrollo extraordinario de diversos oficios artesanales y artísticos dedicdos a satisfacer las nuevas demandas de la sociedad. La producción de bronces no sólo estaba destinada al mercado interior, sino también a la exportación hacia la Europa cristiana. Algunos de estos objetos eran braserillos, pebeteros y candiles, además de pequeños objetos (cierres de arquetas, instrumental quirúrgico, despabiladeros de candil, etc.).

Como testimonios del trabajo artesanal, se ha conservado moldes utilizados en la fabricación de candiles de bronces, y otros para imprimir decoración en piezas de cerámica.

. Ocio y costumbres:

El juego estuvo, pese a algunas prohibiciones coránicas, muy extendido en el mundo islámico. De estos juegos se han conservado algunas fichas  y otros objetos de hueso, algunos de los cuales pueden ser figuras de ajedrez o juguetes infantiles.

El aseo y adorno personal tenían una gran importancia en al-Andalus. Los afeites y perfumes se utilizaban profusamente, tanto por hombres como por mujeres. Estaban fabricados con esencias importadas de alto valor, por lo que se guardaban en frascos decorados, de plata, cerámica o bronce. Para dar olor a las estancias, a veces los perfumes eran calentados con brasas, utilizándose pebeteros y, en ocasiones, también braserillos, fabricados en piedra caliza o en bronce, aunque la función inicial de estos últimos fuera la de caldear las salas o mantener la comida caliente hasta servirla.

. La Riqueza:

Con la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica se produjo una importante transformación económica. Se introdujo el cultivo de nuevas plantas, desarrollándose innovadoras técnicas agrícolas, que aumentan tanto la producción como la rentabilidad. Este desarrollo económico se ve complementado con el auge de la artesanía, fundamentalmente en al capital de al-Andalus durante la etapa califal. Los productos artesanales, junto con lo sque llegan a Córdoba desde todo el mundo islámico, convirtieron a la ciudad en un centro comercial de primera magnitud, abastecedor de artículos de lujo de todo occidente europeo. Estas son las bases económicas del Estado más rico de Europa durante la Alta Edad Media.

Ejemplo de esta riqueza es el conjunto de orfebrería andalusí que se halló en la Plaza de Chirinos (Córdoba). Está formado por doce piezas, de bronce y azófar (aleación de cobre).

– Las monedas: Tras la conquista musulmana, se introducen tipos de monedas completamente diferentes a las visigodas. La moneda andalusí, que en principio sigue modelos bizantinos, no sólo es testimonio de la vida económica, sino que se convierte en una fuente histórica de primera magnitud, por la información que ofrecen las inscripciones con que cuenta.

El Estado utilizaba el monopolio de fabricación de moneda como instrumento de propaganda y de control fiscal. Las acuñaciones se realizaban en la ceca («dar al-sikka»), donde se recibía el metal, se preparaban los «cospeles» (recortes de metal con la forma y el peso adecuado de la moneda), se realizaba la acuñación (impresión de los motivos en el metal) y se comprobaba la calidad del resultado final. Todo el proceso estaba rigurosamente vigilado, con el fin de conseguir monedas perfectas, dificultando así la labor de los falsificadores. Desde la época emiral, la ceca estatal estaba en Córdoba, hasta que en el año 947 fue trasladada por Abd al-Rahman III a la nueva ciudad palatina de Madinat al-Zahra. Tras la caída del Califato comenzaron las acuñaciones en diferentes ciudades, generalmente las que fueron cabezas de alguno de los Reinos de Taifas.

En al-Andalus se fabricaron monedas de diferentes valor, tanto en oro como en plata y bronce. El dinar de oro era la base del sistema monetario, además de la moneda de prestigio dle Estado andalusí, hasta convertirse en el patrón monetario comúnmente aceptado en Europa. El dinar almorávide, de gran calidad, llamado por los cristianos  «morabetino», dio origen al «maravedí», la moneda de cuenta más extendida en la España Cristiana durante toda la Edad Media. Por su parte, el dinar almohade, que había multiplicado su peso por dos, dio origen a la «dobla» castellana.

El «dirham» de plata es la moneda más abundante en hallazgos y excavaciones, muestra de la generalización de su uso en al-Andalus. Durante el Emirato y el Califato no existía moneda fraccionaria, lo que provocó que la población recurriera a los recortes, utilizándose el medio dirham, cuarto de dirham y quinto de dirham. Este problema se soluciona en época almorávide con la acuñación de una moneda de plata de menor valor, el «qírate», y múltiples monedas fraccionarias basadas en el mismo. con carácter complementario, durante todo este periodo se acuñan esporádicamente monedas de cobre, los «feluses».

. Cultura mozárabe:

El término mozárabe deriva del árabe «Musta’rab» cuyo significado es «arabizado». Sirve para designar a los cristianos que vivieron en la España islámica. Estos cristianos siguieron durante mucho tiempo practicando su religión según el rito visigodo, que terminó adoptando el nombre de liturgia mozárabe. Durante los primeros tiempos del dominio islámico hubo en Córdoba más mozárabes que musulmanes. Poco a poco, la población fue islamizándose al generalizarse las conversiones a la religión musulmana, lo que hace que se invierta esta relación.
Los mozárabes, como practicantes de una de las religiones consideradas superiores por estar basada en el Libro Sagrado, estaban sometidos a las instituciones políticas como «dimmíes» (protegidos) del Islam, pero manteniendo su independencia en cuestiones religiosas, además de conservar su organización eclesiástica y judicial. Las mayores limitaciones afectaban a las manifestaciones externas del culto. El nivel de tolerancia con los cristianos fue más bajo en algunas ocasiones especiales, sobre todo cuando tienen lugar rebeliones o perturbaciones del orden. Así sucedió, por ejemplo, a fines del siglo IX con los «martirios voluntarios», fruto de la exaltación religiosa de algunos mozárabes seguidores de San Eulogio. La invasión de los pueblos norteafricanos a partir de fines del siglo XI supone un claro revés para esta tolerancia religiosa. Especialmente en época almohade, el radicalismo religioso (en esta ocasión por parte musulmana) lleva a la clausura de iglesias cristianas y sinagogas judías: muchos mozárabes huyen a reinos cristianos del Norte de la Península o se convierten de forma más o menos ficticia al Islam.

Son pocas las muestras de cultura material mozárabe que se conservan en la provincia de Córdoba. En Córdoba capital, sólo las excavaciones en Cercadilla, para la construcción de la nueva estación de ferrocarril, ha permitido documentar arqueológicamente un centro de culto y un cementerio utilizado por los cristianos de al-Andalus.

. Los brocales de pozo:

Objetos de sentido práctico aunque en ocasiones pueden presentar una rica decoración. Sirven para cubrir la boca de los pozos, a modo de barandilla. Elimina el peligro de caída, a la vez que facilitan la extracción de agua. En algunos de ellos se puede comprobar el desgaste ocasionado en el interio de la boca por el arrastre de las cuerdas con las qeu se sacaban las cubetas de agua. La captación de agua mediante pozos es muy común en espacios de vivienda situados dentro de la ciudad. En ellos, los brocales, con o sin decoración son un elemento de uso muy difundido.

. Cerámica vidriada:

El vidrio es el sistema tradicional de impermeabilización de la cerámica. Al vidriar las piezas, por lo tanto, no sólo se busca una función decorativa, sino también funcional.

Esta técnica era conocida ya en Mesopotamia en el III milenio a. C., utilizándola posteriormente egipcios, fenicios y romanos (de la parte Oriental del Imperio). En la Peninsula Ibérica se difunde con la llegada de los musulmanes, extendiéndose rápidamente por todo el territorio de al-Andalus, donde su uso estaba generalizado ya en el siglo X.

El tipo vidriado utilizado en al-Andalus era el denominado vidrio plumbífero: se mezcla sulfuro de plomo con sílice (arena) y sal, disolviéndolo todo con agua; los objetos se bañan en la mezcla por inmersión antes de pasar al horno donde, al recibir calor, se evapora el agua, quedando el objeto con una cubierta vítrea, ligada estrechamente a la superficie porosa de la arcilla. De esta forma se consigue la impermeabilización completa de la pieza, además del brillo típico de la cerámica vidriada. En algunas ocasiones el vedrío puede colorearse, añadiendo a la mezcla antes descrita un óxido metálico: de hierro, para conseguier el «vedrío melado», de cobre, para las piezas con «vedrío verde». Sobre esta base también pueden trazarse motivos decorativos simples (normalmente líneas o triángulos) dibujados con manganeso. Esta forma decorativa estaba ya muy difundida en al-Andalus en época califal, aunque su mayor desarrollo tiene lugar a partir del siglo XI.

Una forma decorativa más elaborada es la consistente en recubrir la pieza con engalba (barro muy diluido) de color blanco, sobre la que se dibujan los motivos decorativos, recubriendo todo ello con vedrío plumbífero transparente.

. La cerámica musulmana:

El sistema de elaboración de la cerámica islámica es similar al utilizado en otras culturas, realizándose el modelado normalmente a torno. Una vez torneada, la pieza se corta y se deja secar parcialmente antes de ser introducida en el horno. El horno de tipo árabe consta de un hogar, un piso con agujeros para el paso de la llama, una cámara superior donde va la obra y una o varias chimeneas. Para el calentamiento del horno se utiliza leña, que se introduce en principio en poca cantidad, para ir aumentando hasta alcanzar una temperatura de unos 1000 grados centígrados. Para que los objetos no se peguen unos a otros durante la cocción se separan utilizando pequeños objetos de barro, con abundante arena para convertirlos en refractarios, más resistentes al fuego y de mayor duracción. Entre ellos destacan los atifles y los rollos.

Los candiles fueron los instrumentos más utilizados para la iluminación doméstica. Llevan una cazoleta en la que se vierte el aceite para impregnar una mecha que, al arder, proporciona luz. Por su forma, se distinguen varios tipos de piquera, de cazoleta y de pie alto.

Las cantimploras son contenedores de líquidos, de pequeña capacidad y aptas para el transporte. Las jarras y jarros también son contenedores de líquidos, aunque también sirven para escanciar y, en ocasiones, para beber. Presentan una tipología muy variada, dependiendo de su cronología y lugar de fabricación. Para almacenar alimentos o liquidos en el ámbito doméstico, y también para el transporte, eran utilizadas las orzas, tamaño medio y boca ancha. Las redomas son piezas de similares funciones, diferenciándose principalmente de las orzas por su cuello largo y estrecho. Según su forma, la redoma recibe también el nombre de botella o limeta (sin asas).
También se fabricaban en cerámica tazas y vasos, utilizados para beber. El arcaduz es un utensilio que sirve para sacar el agua de los ríos y pozos, sujetándose a la noria por su parte más estrecha. Los ataifores son grandes platos que se usaban para el servicio de la mesa.

– La cerámica pintada: La cerámica pintada es uno de los tipos decorativos menos conocidos de la cerámica andalusí. Se trata de una técnica de decoración simple en comparación con las más conocidas de al-Andalus, Verde y Manganeso o Cuerda Seca. Sin embargo, estos objetos no carecen de interés, ya que componen una muestra representativa de los tipos decorativos más característicos de la cerámica andalusí: geométrica, vegetal, epigráfica y figurativa (zoomorfa).

La técnica utilizada para decorar estas piezas se basa en pintar dibujos monocromos sobre el barro. En su elaboración, se busca resaltar los motivos utilizando el contraste cromático: se pintan en color claro sobre el fondo oscuro de la pieza, o en color oscuro sobre el fondo claro.

Las cerámicas pintadas más corrientes son las decoradas en trazos gruesos que forman gurpos de líneas verticales, que parecen estar trazadas por el alfarero con sus propios dedos. Sin embargo, el tipo de cerámica pintada más característico de la Córdoba califal es el realizado con trazos finos y claros de engalba (arcilla diluida en agua y mezclada con caolín, de color blanco amarillento) sobre el fondo rojizo de la cerámica. Por este medio se representan, de forma esquemática, tanto motivos geométricos o vegetales como epigráficos y figurativos (zoomorfos, representándose esencialemente aves).

– Cerámica Verde y Manganeso: Este tipo de cerámica es el más característico de la ciudad palatina de Madinat al-Zahra, pero también aparece abundantemente en otros yacimientos de la provincia y, especialmente, de Córdoba capital. Durante el califato, la cerámica en verde y manganeso adquiere una gran aceptación, convirtiéndose en un símbolo de prestigio político también en los reinos de Taifas del siglo XI. Su decadencia sólo llegará tras las invasiones norteafricanas del siglo XII, aunque con pervivencias posteriores. Es un tipo de cerámica de lujo, cuya decoración se realiza con óxidos de cobre y manganeso sobre un fondo blanco, lo que le da un colorido característico (blanco – verde – negro) no exento de significado dentro de la simbología califal, ya que identifican a la propia dinastía gobernante: el verde es el color del profeta Mahoma, el blanco es el color de los Omeyas y el negro la representación de la dignidad califal. Así, esta producción es utilizada por los califas omeyas cordobeses como instrumento de propaganda de su legitimidad a ostentar el califato, que perdieron cuando fueron expulsados del poder y de su capital (Damasco) por los abbasíes en el año 750.

Madinat al-Zahra, la ciudad creada por los califas omeyas como capital de al-Andalus, es el yacimiento clave, pues ha proporcionado miles de piezas. Centro productor por excelencia de este tipo de cerámica, Madinat al-Zahra la exportó a todo el al-Andalus, donde surgieron muchos centros de fabricación.

Las excavaciones realizadas en los últimos años en los arrabales de la Córdoba califal han proporcionado numerosos ejemplares de cerámica «verde y manganeso». Su presencia, vinculada a ambientes muy humildes, plantea una cuestión clave: ¿Cuál era su función? ¿Para qué se usaba? Aunque no podemos contestar a estas preguntas con absoluta seguridad, es indudable que formaban parte de las vajillas domésticas destinadas al servicio de la mesa, tal vez empleadas solo en ocasiones especiales. Un rasgo las diferencia de las cerámicas de Madinat al-Zahra, aunque en sus formas y ornamentación son perfectamente coincidentes. En Córdoba predominan los recipientes cerrados como jarritos, botes, redomas y tazas, frente a la predominancia absoluta de los ataifores en Madinat al-Zahra.

En época almoade (2ª mitad s. XII – principios s. XIII) se recupera la producción de cerámica «verde y manganeso», al menos en zonas concretas de al-Andalus. Entre ellas, Córdoba, donde alcanzan un gran desarrollo los alfares del arrabal oriental. Estas producciones difieren radicalmente de las califales, tanto en las formas como en la ornamentación. Pero el uso de la técnica y de la tricromía característica de esta cerámica tiene su razón de ser, pues están directamente relacionadas con la propaganda estatal almohade, que utilizó los símbolos del califato omeya como elementos en los que sustentar su propia legitimidad califal.

Botella de los músicos: Cerámica decorada mediante la técnica «verde y manganeso». Época califal, siglo X.
Recipiente que responde a la forma clásica de botella o limeta, decorado con dibujos trazados mediante líneas de manganeso sobre fondo blanco. La deoración de su franja central resulta mu interesante por presentar uan escena con siete figuras humanas, de carácter posiblemente cortesano. Una figura hace sonar un cuerno, lo que ha hecho qeu la pieza sea tradicionalmente conocida con su nombre actual, mientras que el resto de personajes aparecen representados en diferentes actitudes: un hombre sentado, un personaje barbado que sostiene en sus manos un elemento curvo, posiblemente un pandero, una figura que porta una larga vara con un elemento diagonal de difícil definición, otra figura imberbe interpretada como un posible malabarista…
Durante el transcurso de la restauración llevada a cabo a finales del año 2004, fue descubierta en la panza de la botella una octava figura humana que apoya sus manos en el suelo y levanta las piernas hacia arriba, en una postura acrobática.

– Cuerda Seca: En realidad, este tipo de decoración cerámica debería denominarse «línea seca», ya que su característica esencial es la existencia de unas líneas que quedan «en seco», separando las áreas vidriadas que tiene alrededor. El vedrío se ha conseguido mediante la aplicación de un líquido espeso (óxidos de plomo y pigmentos), con cuidado de dejar seca la línea negra (óxido de manganeso), para conseguir que los colores de las diferentes áreas no se mezclen. Al cocer la pieza, los óxidos se vitrifican, y la raya o cuerda de manganeso se calcina, dando como resultado una decoración en la que el vedrío se dibuja en zonas de relieve separadas por cintas de color negro mate.

A veces, la totalidad de la pieza va recubierta de vedrío, separados los colores por líneas negras; en otras ocasiones, el vedrío sólo cubre parte de la pieza: se habla así de cuerda seca total o parcial. En cuanto a los tipos decorativos en Cuerda Seca, aparecen una gran variedad, con motivos geométricos, vegetales, epigráficos y figurativos.

Este tipo de decoración, que es la más complicada técnicamente de cuantas se utilizaron en al-Andalus, aparece a fines del periodo califal, desarrollándose enormemente durante los siglos XI y XII, cuando se extiende por el norte de África.

~ by lostonsite on 3 octubre, 2009.

Andalucía, España, Viajes

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