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Cuando el piano suena paneuropeo

ARCADI VOLODOS

PARTE 1:

ALEKSANDR SCRIABIN (1872 – 1915)

– Preludio en si bemol menor, op 37 nº 1 (1903)
– Preludio en si bemol menor, op 11 nº 16 (1888-96)
– Danza lánguida, op 51, nº 4 (1906)
– Danza, op 73 nº 1, “Guirlandes” (1914)
– Sonata nº 7 op. 64 “Misa blanca” (1911-12)

MAURICE RAVEL

– Valses nobles y sentimentales (1911)
Moderado, muy franco
Bastante lento, con una intensa expresión
Moderado
Bastante animado
Casi lento, con un sentimiento íntimo
Vivo
Menos vivo
Epílogo, lento

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PARTE 2:

ISAAC ALBÉNIZ (1860 – 1909)

– La Vega (1897)

FERENC LISZT (1811 – 1886)

– Años de peregrinaje. Segundo año. Italia nº2 y 7:
. Il Penseroso
. Fantasia quasi sonata “Después de una lectura de Dante” (1856)

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. Scriabin. Piezas para piano.

Scriabin, que murió con apenas 43 años, fue un iluminado empeñado en relacionar tonalidades con colores y cromatismos. Apasionado de la teosofía, elaboró un sistema propio –cromático y simbolista, basado en la superposición de cuartas disminuidas y aumentadas- en torno a lo que él llamó “acorde místico”. Incluso ideó todo un sistema de proyecciones luminotécnicas que vinculó a estímulos sonoros y a las modulaciones armónicas.

Huyó siempre de cualquier convencionalismo. También de la forma musical. Además de sus ciclos de sonatas para piano –que, pese a su nombre, apenas se sujetan a ningún canon establecido-, cultivó un pianismo miniaturesco en el que abundan pequeñas grandes obras maestras, en las que se palpa la influencia de sus admirados Liszt y Chopin. Mazurcas, estudios, preludios, páginas sin más nombre propio que su esencia…

Scriabin compone en 1903 los “Cuatro Preludios” op. 37. El primer preludio en si bemol menor (aunque algunos autores consideran su tonalidad la de su relativo mayor: Re bemol Mayor), está construido en un tiempo de 9/8. El compositor anota en la partitura un aire de “Mesto” para propiciar el ambiente sutil y muy “rubateado”, de la partitura, toda ella cargada de anotaciones expresivas (sotto voce, rubato, pianissimo…), y que evoca directamente el firmamento sonoro chopiniano.

Anteriores son los 24 preludios, op. 11, escritos entre 1888 y 1896. Tanto por su orden tonal –en ciclo de quintas- como por el carácter de cada preludio, se presentan como un homenaje de Scriabin a los 24 preludios para piano, op. 28 de su admirado predecesor Fryderyk Chopin. Páginas escurridizas, casi inaprensibles, diversas y perfectamente enzarzadas, de sutil entidad tímbrica y no exentas de instantes fulgurantes. Veinticuatro miniaturas que establecen un conjunto perfecto y redondo. El decimosexto está marcado “misterioso” y surge envuelto en una atmósfera obsesiva e inquietante, a lo que contribuye su oscura tonalidad de si bemol menor y el uso contrapuesto de los tiempor 5/8 y 4/8.

La “Danza lánguida”, es la última página de las “Cuatro piezas” op. 51, escritas en 1906. Su ritmo punteado y los acordes de séptima dominante de la mano derecha la convierten en inconfundiblemente scriabiniana. Es curioso anotar que cuando el compositor mandó la partitura del Opus 51 al editor Julios Heinrich Zimmermann éste la rechazó, al considerarla “demasiado complicada e inaccesible al público”. El cuaderno fue publicado finalmente en San Petersburgo por la casa M. P. Belaiev.

“Guirlandes” forma parte, junto con “Flammes sombres”, de las “Dos Danzas, op. 73 de 1914. “Con una gracia lánguida” anota Scriabin al inicio de “Guirlandes”, mientras que la partitura de “Flammes sombres” aparece encabezada por la indicación “Con una gracia doliente”. Sin embargo, los pentagramas de esta página, compuesta sólo un año antes de la muerte del compositor, evolucionan para mutar su carácter doloroso y concluir con un virulento y espectacular “presto” final.

De las doce sonatas para piano de Scriabin (las diez conocidas, más la Sonata-fantasía en sol sostenido menor de 1886 y la Sonata en mi bemol menor de 1889, ambas inéditas en 1970), la séptima fue compuesta entre el verano de 1911 y enero de 1912. Según sus allegados, era su obra preferida. Subtitulada “Misa Blanca” –luego en 1913 llamaría a su Sonata nº 9 “Misa Negra”-, se trata de la sonata en la que Scriabin lleva más lejos su ideal del paroxismo sonoro y psicológico. También la que contiene las armonías más densas y complejas. Su libertad formal, por otra parte es absoluta. Su extensa introducción consta de siete ideas temáticas diferentes, algo absolutamente inédito en una forma de sonata. La partitura es rica en anotaciones expresivas, como ocurre ya en el cuarto compás, donde el compositor reclama una atmósfera “misteriosamente sonora”. “Sonidos que deben de ser puentes entre la armonía y la geometría, entre la vida visible e invisible”, como dijo el propio Scriabin.

. Maurice Ravel: Valses Nobles y Sentimentales.

La música para piano de Maurice Ravel es deudora de las de Liszt y Scriabin. Del primero hereda su condición virtuosística y la inclinación descriptiva y literaria, mientras que de Scriabin recoge la pasión por el color, por el sonido y su seductora riqueza tímbrica. Estas características del pianismo raveliano están bien patentes en los “Valses nobles y sentimentales”, que siguen la senda virtuosística de “Gaspard de la nuit”, aunque presentan una escritura pianística más clarificada, en la que las armonías acusan los relieves y formas de la música.

La obra se abre con un vals de ritmo decidido, vigoroso y cargado de atrevidas armonías. La tonalidad transparente en Sol Mayor contribuye a su universo franco y expansivo. Como contraste, el segundo vals tiene carácter ensoñador. La lenta e “intensa expresividad” (así lo pide Ravel en la partitura) no cesa de apelar insistentemente a la emoción, algo que –aparentemente, sólo muy aparentemente- parece reñido con el mundo objetivo de su creador.

Leve, grácil, moderado y volátil es el tercer vals, basado en un ritmo de danza popular centroeuropea. Es un fragmento de exquisita y distante elegancia, trazado en la tonalidad de mi menor y cargado de suaves disonancias en absoluto reñidas con las sutiles y delgadas armonías que las envuelven. Vivaz y muy animado es el cuarto vals, con sus originales series de séptimas mayores, equiparables en su rareza a las estudiadas sonoridades del quinto vals, episodio lento y sentimental, considerado por Ravel como “el más schubertiano de todos”. Ágil y flexible es el sexto vals, en la diáfana tonalidad de do mayor, y que superpone, en un modo muy característico de la música española, ritmos binarios y ternarios.

Se ha definido bastantes veces el enardecido séptimo vals como “apoteosis de la danza” y como prefiguración o esbozo de su gran “apoteosis” de la danza: La valse, de 1920. Consta de tres episodios bastante similares de factura pero de diferentes intenciones expresivas. Al fin, emerge y se impone un ritmo de inconfundible sabor vienés. El epílogo final hilvana y repasa los valses escuchados anteriormente. Todo es lento y brumoso en esta conclusión crepuscular, cargada de evocaciones y en la que Ravel, maestro de la sutileza sonora, vierte sus mejores y más delicados registros.

. Albéniz – La Vega.

Intensamente descriptiva, plena de misterio y de sombrío lirismo, La Vega es una de las más magistrales páginas de Albéniz. Se trata de un largo y poético nocturno cuyo manuscrito definitivo, fechado en París, el 14 de febrero de 1897, debía erigirse como primera pieza de una proyectada suite pianística denominada “La Alhambra”.

Los 577 espaciosos compases de la ancha partitura hacen de ella la página más extensa del catálogo albeniciano. Obra plural, rica y de enormes exigencias expresivas y pianísticas, su melancólico tema central ha sido relacionado con el de una estilizada petenera, mientras que el segundo motivo temático –que no irrumpe hasta el compás 137- es de una evocación muy libre de la jota. Con sus nítidos aromas franckianos y tenues reminiscencias nacionalistas, “La Vega” es obra genial por sí misma, equiparable, en muchos aspectos, a las mejores “Iberias”. Deudora de su pasado y forjadora del espléndido futuro; sí, pero cabal y decididamente inserta en esa piramidal unidad evolutiva que siempre marcó la transformación artística de Albéniz.

La partitura, toda ella en compás de 3/8 y establecida sobre la base tonal de la bemol menor, consta de cuatro amplias secciones en las que Albéniz destila una escritura sabia, cargada de indicaciones expresivas, que delata, por supuesto, un profundo conocimiento del arte pianístico, pero, también, de las formas armónicas y modales que estaban imponiéndose en el cambio de siglo. En este sentido, La Vega es una composición sólidamente enclavada en su momento histórico, que Albéniz hizo convivir con su propio y poderoso “yo” estético. El melancólico cromatismo de las armonías o los sutiles contrapuntos de sus diseños rítmicos descubren a un compositor absolutamente inmerso en su entorno cultural y estético, perfectamente conocedor y partícipe de cuanto estaba ocurriendo a su alrededor.

Albéniz comenzó a trabajar en “La Vega” en diciembre de 1896, en París. Unas semanas después, el 26 de enero de 1897, puso punto final a la obra. Sin embargo, a los pocos días destruyó los tres últimos folios de esta primera versión para retocar sustancialmente la partitura, que concluye definitivamente el 14 de febrero de ese mismo año. Fue publicada en 1898 en San Sebastián, en los talleres de Ambrosio Díaz, en una cuidada edición que incluyó el rimbombante poema que Francis Burdett Money Coutts había dedicado a Granada y su Alhambra.

El manuscrito de “La Vega”, que se conserva en la Biblioteca de Catalunya, aparece dedicado al ilustre pianista, director de orquesta y compositor portugués José Vianna da Motta (1868 – 1948). Fue precisamente Vianna da Motta quien estrenó la nueva obra, en un recital ofrecido por la Société Nationale de Musique de París el 21 de enero de 1899. Unos meses después, en julio, “La Vega” se escuchó en Madrid, interpretada por el propio Albéniz.

. Liszt: Il Penseroso. Fantasía Quasi Sonata “Después de una lectura de Dante”.

La descriptiva Sonata Dante es el colofón del lisztiano “Segundo año de Peregrinaje” y está inspirada, como tantas otras obras, en el pozo inagotable del creador de “La divina comedia”. Sus alrededor de diecisiete minutos en un solo movimiento constituyen el pasaje más extenso y escuchado de ambos cuadernos. Fue compuesta en 1849, impresionado tras leer “La divina comedia” junto a su entonces pareja, la condesa Marie d’Agoult. Sin embargo, su publicación se demoró hasta 1856.

Pero el origen de la sonata se remonta muy atrás: a finales de la tercera década del XIX, concretamente a una pequeña pieza titulada “Fragmento sobre Dante”, integrada por dos movimientos y que llegó a ser publicada en noviembre de 1839, en Viena, donde Liszt la tocó en público. Fue años después, en Weimar, cuando Liszt retomó este original. Para denominar la nueva y definitiva versión recurrió a un título original de Victor Hugo.

Apasionado, de intensos contrastes y dinámicas, y de absoluta inclinación narrativa es el universo anímico y estético de esta fantasiosa sonata; fáustica y sobrecogedora; cargada de fantasía y, naturalmente, también de libertad formal. Su opulencia dramática parece reclamar la sonoridad de la orquesta sinfónica, a la que luego, en 1856, Liszt recurriría para volcar su fascinación por la obra del escritor italiano en la “Sinfonía Dante”.

La sonata se sustenta en tres temas motrices que son sometidos a innumerables modificaciones y de los que se derivan otros motivos subsidiarios. El pianismo es de la más alta exigencia técnica, de una complejidad cargada de argumentos estéticos. De alguna manera, como también ocurre en tantas otras cimas de la escritura pianística –el ejemplo más evidente es la “Iberia” de Albéniz -, el componente virtuosístico y la tensión que éste se genera en el intérprete forma parte consustancial del entramado anímico y estético del trasunto musical.

Como en la “Sonata Dante”, Liszt mira también a Tetrarca en “Il Penseroso”, página igualmente integrada en el segundo cuaderno de Años de peregrinaje. La poesía y las bellas artes alientan, efectivamente esta página ensoñadora en al que el compositor húngaro, hombre de cultura renacentista, mira a Tetrarca y a Miguel Ángel. “Il Penseroso” se inspira en al estatua homónima esculpida por el pintor de la Capilla Sextina, que se conserva en la Iglesia de Julián de Médicis, en Florencia. Liszt recoge y trasmite en sonidos la melancolía ausente que tan magistralmente expresó Miguel Ángel en su famosa escultura.

. ARCADI VOLODOS.

Nace en 1972 en San Petersburgo. Estudia canto siguiendo el ejemplo de sus padres, pero posteriormente se orienta hacia la dirección de orquesta en la Capilla Mikhail Glinka en el Conservatorio de San Petersburgo. Comienza a estudiar piano a los 15 años. En 1987 continúa su preparación en el Conservatorio de Moscú con Galina Eguizarova y en París con Jacques Rouvier. A partir de 1993 se traslada a Madrid para estudiar con Dmitri Bashkirov en la Escuela Superior de Música Reina Sofia. Desde que se presenta en Nueva York en 1996, ofrece recitales como solista y colabora con orquestas y directores musicales de todo el mundo, actuando principalmente en el Carnegie may de Nueva York, la Filarmonía de Berlín, el Teatro de los Campos Elíseos de París y el Concertgebouw de Ámsterdam y el Konzerthaus de Viena. Desde 2002 toca en todas las ediciones del Festival de Salzburgo. En 2006 actúa en el Musikverein de Viena. En 1998, a raíz de su presentación en el Carnegie may de Nueva York, graba el disco “Arcadi Volodos Live at Carnegie Hall” para Sony. La siguiente grabación para Sony es “Piano transcriptions”, ambos discos obtienen numerosos premios internacionales. En 2003, recibe el premio Klassic Echo como intérprete del año. El 2000 sale otro disco, grabado con la Filarmónica de Berlín y James Levine, con el “Concierto para piano” nº 3 de Rachmaninov; el siguiente, incluye la “Sonata en Mi Mayor” D 157 y la “Sonata en Sol Mayor” D 894 de Schubert. Su última grabación es el “Concierto para piano” nº 1 de Chaikovski con la Filarmónica de Berlín y Seiji Ozawa, así como piezas y transcripciones de Rachmaninvo. En 2004 vuelve a la sala del Carnegie Hall con obras de Bach y Chopin.

~ by lostonsite on 29 septiembre, 2009.

Conciertos, Música

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