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Cuando la belleza está en el interior

RAVENNA.

Los orígenes de Rávena no están muy claros. El primer asentamiento se atribuye de forma diversa a los tirrenos, los tesalios o los umbrios, seguidos por los Etruscos. En el siglo II aC, buena parte de la Llanura Padana fue colonizada por Roma, y como consecuencia, también Rávena se convierte en una ciudad romana. Por aquel entonces, su posición en una laguna pantanosa, formada por varios islotes garantizaba una seguridad para la población, y al mismo tiempo los habitantes estaban relacionados con toda la zona de tierra firme. En el siglo I, César Augusto, restructurando su imperio, eligió Rávena como sede de la flota del Mediterráneo oriental. Hizo construir el gran Puerto de Classe y situó la flota más aguerrida del Imperio.

El periodo más importante en la historia de Rávena se inició en el año 402, cuando se convirtió en la capital del Imperio Romano de Occidente. Flavio Honorio, preocupado ante la invasión de Italia por Alarico I, no se siente seguro en Milán y transfiere su corte a Rávena, por ser la ciudad adriática más protegida, casi inexpugnable, que gracias a su puerto, tenía control sobre el mar. En el año 476 cae el Imperio Romano de Occidente y el rey bárbaro Odoacro asume el título del Rey de Italia y elige Rávena como sede.

En el año 493 Rávena es ocupada por Teodorico, quien gobernó la ciudad durante 30 años con sabiduría, engrandeciéndola con importantes monumentos. Siendo de culto arriano, hizo construir iglesias para su población (la actual Iglesia del Spirito Santo, el Battisterio degli Ariani y la Iglesia de S. Apollinare Nuovo). No obstante, intentó favorecer (al menos durante la primera parte de su reinado) relaciones de tolerancia y de colaboración con la población católica.

En el año 540 entró en Rávena el ejército bizantino, dirigido por Belisario y terminando con el reino de los Godos. La ciudad, bajo el influjo de Justiniano I, que pretendía reunir politicamente y culturalmente Occidente y Oriente, conoció un nuevo periodo de esplendor. Sin embargo, el gran sueño de Justiniano estaba destinado al fracaso y Rávena se vio abocada hacia una lenta e ineludible decadencia. El mal gobierno de los Exarcas inició la decadencia, y cuando en el año 751 la ciudad fue ocupada por los lombardos, la historia de Rávena puede darse por concluida. El puerto de Classe se abandona, la zona circundante se transforma en pantano y desaparece la economía comercial e industrial. Siguieron siglos de diversos hechos, entre las luchas de la edad feudal, el dominio de los arzobispos, la erección de libres comunas, el poder de varios señoríos.

En el año 1431 la ciudad estuvo bajo el dominio de la República de Venecia, hasta principios del 1500, cuando toda la Romagna pasó a ser parte del Gobierno Papal y Rávena fue reducida al rango de un pueblo periférico, sin vida cultural propia. Hasta la mitad del siglo XVIII, Rávena continuó siendo una de las provincias más deprimidas y olvidadas del Norte de Italia, quedando aislada del resto de las ciudades. Tras la  Unificación de Italia las cosas no cambiaron mucho, hasta la reconstrucción de la postguerra, en el que comenzó un periodo de transformación y modernización.

1. SANT APOLLINARE IN CLASSE

El monumental edificio se levantó en la llanura al sureste de Rávena, en la zona del puerto romano – bizantino de Classis, en un lugar de agua, a poca distancia de la costa. Del complejo de edificios sagrados que se erigieron en el territorio de Classe, sólo permanece la basílica dedicada al santo Apollinare, fundador de la Iglesia de Rávena.

Construida por voluntad de la Curia de Rávena con la contribución económica del financiero Giuliano Argentarius, la basílica fue consagrada por el obispo Massimiano el 9 de mayo del 549. Es necesario apreciar el esplendor del edificio en relación con el contexto del poder de la Iglesia de Rávena, que se fortaleció como resultado de la conquista bizantina de la ciudad en el año 540.

Tras el reino de los Godos y la expansión del arrianismo, se establece en Rávena el culto ortodoxo. En esta época, el obispo Maximianus, nombrado directamente por el emperador Justiniano I, hace de la basílica de Classe el lugar de exaltación del primer obispo y mártir Apollinare.

Frente a la fachada con gablete de la Basílica existía un cuadripórtico que concluía en dos torrecillas a los lados. Sólamente el nártex y la torre septentrional pertenecen a la estructura original, aunque en gran parte reconstruido. El campanario, de 37,5 m. data de inicios del siglo X (la parte superior sin embargo data del siglo XI), y representa un interesante ejemplo de campanarios de desarrollo cilíndrico, típicos de la región de Rávena.

Si en las formas basilicales las referencias a la tradición arquitectónica más antigua son evidentes, en otros elementos la estructura del edificia evidencia los cambios culturales de Ravenna: muros de ladrillo alargado, ábside poligonal en el exterior y circular en el interior y a los lados las peculiares estancias de la pastoforia y finalmente las torres adosadas al cuadripórtico.

El interior de la básilica, cuyo tejado es de cerchas de madera, consiste en una nave central y dos laterales con 24 columnas de mármol griego con basas paralelepípedas decoradas con un motivo romboidal y capiteles con hojas de acanto, coronadas con un distintivo cimacio en forma de piramide truncada.

Sobre los arcos de la nave, se pueden ver retratos de los obispos y arzobispos de Rávena, pintados en el siglo XVIII dentro de cameos circulares. Éstos son todos los restos que han perdurado, tras eliminarse muchos elementos decorativos en los trabajos de restauración que se llevaron a cargo a principios del siglo XX bajo la dirección de Corrado Ricci.

La calidad de los diferentes mármoles y la artesanía de los capiteles, las proporciones del amplio interior, junto con los mosaicos de la cúpula y el arco absidial y la luminosidad conferida por las grandes series de ventanas ojivales, contribuyen a la definición de un espacio donde la materia tiende a disolverse en luces y abstracción simbólica. En el siglo XV, cuando los monjes de la Orden de la Camáldula abandonaron la Basílica para establecerse en el nuevo monasterio dentro de las murallas de Rávena, el edificio sufrió una expoliación de los mármoles interiores, reutilizados para la construcción del Templo Malatestiano de Rimini. En el interior de la basílica quedan aún dos grandes restos de la pavimentación original.

En las paredes aparecen numerosas inscripciones, entre las cuales destacan dos: una con el interesante epígrafe “In hoc loco stetit arca…”, que nos proporciona importantes evidencias de la consagración de la basílica y la otra que es una losa grabada para recordar la dieta convenida por el emperador Otón III en el monasterio adyacente a la Basílica.

Los sarcófagos dispuestos en las naves laterales testimonian la evolución de la escultura en Rávena entre el siglo V y el siglo VIII. El llamado “sarcófago de los doce apóstoles”, del siglo V, presenta figuras en relieve de una óptima factura. En el frente está representado la “Traditio Legis” o entrega de Cristo a San Pedro de la Ley y las llaves, tema muy común en los sarcófagos paleocristianos. En los sarcófagos de época posterior aparecen símbolos de la iconografía paleocristiana como pavos reales (símbolo de la resurreción de Cristo) y corderos (símbolo de Cristo). Estos motivos se repiten en composiciones simplificadas, caracterizadas por un relieve menos elegante y simetría menos precisa.

La simbología del mosaico que adorna la zona presbiterial es típico del arte bizantino en la Rávena del siglo VI.  Fruto del pensamiento político y religioso de la época, que tiene en el arzobispo Maximianus un elevado exponente cultural, la iconografía presenta un fuerte énfasis en la doble naturaleza de Cristo (en oposición del arrianismo que niega la divinidad de Cristo). En la cúpula la representación se desarrolla con un cielo y un verde paisaje paradisiaco rico en árboles, rocas, flores y pájaros de muchos colores. Un imponente clípeo cierra el cielo, cubierto con noventa y nueve estrellas que rodean una gran cruz que posee una joya con el busto de Cristo con barba.

Las inscripciones en el interior del escudo subrayan el significado de la cruz, símbolo de salvación. Así aparece el acróstico Ιχθύς (Ixthus), que en griego significa pez, siendo usado por los cristianos primitivos como acróstico de Iesous Xhristos Theou Uios Soter (Jesucristo, de Dios el Hijo, Salvador), también aparece la frase “salus mundi”, y las letras α (alfa) y ω (omega), es decir, principio y fin. Más arriba, la mano de Dios sale de una nube, mientras que a los lados los emergentes bustos de Moisés y Elias y tres corderos (los apóstoles Pedro, Santiago y Juan), que son una referencia simbólica a la Transfiguración de Cristo en el monte Tabor. En el centro se representa la gran figura de San Apolinar (con túnica blanca y la casulla salpicada con abejas de oro, símbolo de la elocuencia) se encuentra en actitud de oración: es decir, está retratado en el momento que dirige sus plegarias a Dios para que conceda la gracia celeste a los fieles que le han sido confiados y que aquí aparecen como doce blancos corderos que le rodean. Así pues, a través de su palabra, los fieles pueden acceder al paraíso.

Los dos paneles laterales del abside fueron realizados en el transcurso del siglo VI. En el lateral sur, se muestra la ofrenda de Abel, de Abraham y Melquisedec, que prefiguran el sacrificio eucarístico. En el panel opuesto se interpreta tanto como el reconocimiento de la autocefalía de la Iglesia de Rávena, concedida por Constante II al arzobispo Mauro en el 666, o como la concesión de inmunidad tributaria a la Iglesia de Rávena por parte de Constantino IV a Reparato en el 675. En los espacios entre las ventanas se representan los obispos Severo, Ecclesio, Orso y Ursicino, apareciendo con sus hábitos sacros.

La decoración del arco absidial se divide en cinco bandas horizontales, datadas entre el siglo VI y el XII. En la parte superior aparace el medallón con el busto de Cristo, y a los lados, sobre un fondo azul adornado de nubes, se representan los símbolos de las Evangelistas. En la segunda banda, realizada en el siglo VII, aparecen dos filas de corderos que saliendo de las ciudades de Belén y Jerusalén (representadas con muros adornados con piedras preciosas), ascienden hasta el retrato de Cristo. Los corderos representan a los Apóstoles, o en otros términos, a la Iglesia en general. En los flancos del arco hay dos palmas que se destacan sobre un fondo azul oscuro. Esta zona se realizó en el siglo VI, al igual que las figuras de los arcángeles Gabriel y Miguel, los que, como milicia celeste, llevan el lábaro con la alabanza a Dios tres veces Santo. Más abajo, se encuentran las figuras del siglo XII de San Mateo y, probablemente de San Lucas.

En el siglo IX fue realizada en la zona absidial una cripta semicircular, con corredor central, creando así una elevación del presbiterio. Por motivos estructurales la cripta no se puede usar.

2. IGLESIA SANTA MARIA IN PORTO

Pietro degli Onesti, que por humildad quiso llamarse y se hizo llamar “Pietro Pecador”, era hijo de una noble familia de Rávena. Nacido en torno a la mitad del siglo XI, vivió hasta el año 1119. Tras 16 años exiliado de Rávena por su desacuerdo con el Arzobispo Guilberto, que se había proclamado antipapa, regresó para llevar una vida de plegaria. Se instaló junto a una iglesia dedicada a la Santa Virgen, junto con otros religiosos. Esta iglesia se encontraba en la playa en Porto Fuori, el último resto del gran puerto de Classe, que el emperador Augusto mandó construir.

Ante el crecimiento en el número de compañeros, Pietro fundó en 1096 una nueva comunidad llamada “Canónigos Regulares de Santa Maria in Porto”. Pietro fue el primer Prior, estableciendo las reglas según el modelo agustiniano y que fueron aprobadas por el Papa Pascual II. Restauró la Iglesia, en la que colocó el Icono de la Santa Virgen procedente de Constantinopla que recibió. La imagen, labrada sobre mármol blanco, es un bajorrelieve de la Virgen en pie, con los brazos alzados en actitud de oración. En seguida fue llamada “Madonna Greca”, quizás por el orígen del mármol, o por los dos carácteres griegos incisos en los dos medallones a los lados de su cabeza que significan “Mater Dei”, o porque procedía de oriente.

“Pietro Peccatore” se dedicó, junto con sus monjes, a promover, intensificar y extender el culto de Maria Santísima, venerada en la imagen de la Madonna Greca, llegando tal culto hasta nuestros días. Los hechos históricos determinaron el cambio de sede de este icono.

Durante el periodo de la dominación veneciana, iniciada en 1441 y que duró 70 años, se prohibió la ampliación necesaria del monasterio, ya que su estratégica posición frente al mar podría ser un comodo refugio de soldados enemigos. Por ello, los monjes decidieron trasladarse al interior de las murallas de Rávena. El 5 de agosto de 1496 se comenzó a construir el nuevo monasterio, colocando el Icono de la Madonna Greca en una capilla interior del claustro. Sin embargo, debido a acontecimientos bélicos, la peste y la carestía, las obras de la construcción de la iglesia no comenzaron hasta unos años después. El 13 de setiembre de 1553 tuvo lugar la colocación de la primera piedra, iniciándose la construcción de la Iglesia Santa Maria in Porto. En 1631 la Madonna Greca fue trasladada a su posición final, en una capilla de la iglesia, cuyo altar se diseñó expresamente para ella.

La suntuosa fachada construida con piedra de Istria y mármol, comenzó a construirse en el año 1759 por Giannantonio Zane, y completada por Morrigia. El interior (de 68 m x 47,50 m) es un espacio grandioso y solemne dividido en tres naves con un ancho transepto coronado con una gran cúpula de 48 m.

En 1944, durante los bombardeos aéreos, cayeron tres bombas sobre la basílica. Una cayó cerca del altar mayor, pero no llegó a explotar, por lo que pudo ser desactivada. Las otras dos cayeron al exterior, y tampoco explotaron, siendo encontradas por casualidad años después.

3. PALACIO DE TEODORICO

Cerca de la Iglesia de S. Apollinare Nuovo se levanta un antiguo edificio de ladrillos que se conoce erróneamente como el Palacio de Teodorico. La fachada está compuesta por un gran arco central y amplos nichos a los lados. En la parte superior se abre un balcón con  logias ciegas en los laterales.

El origen de este edificio no está claro, no existiendo acuerdo entre los historiadores. Algunos estudiosos creen que se debe a una construcción del siglo VII o siglo VIII (época de los Exarcas), usada para el cuerpo de guardia. Sin embargo, otros piensan que se trata de la fachada del nártex de la Iglesia de San Salvador. Al interior se han conservado fragmentos de mosaico en el pavimento, con figuras geométricas y algunas figuras humanas.

4. SANT APOLLINARE NUOVO

La Basílica se hizo construir por orden de Teodorico como iglesia de culto arriano, dedicándose por aquel entonces a Cristo Redentor, hacia finales del siglo V o inicios del VI. Tras la conquista bizantina, en el año 540, todos los edificios sagrados de los arrianos fueron rápidamente integrados al culto católico, de forma que la basílica de Teodorico del Redentor se dedicó a S. Martino, obispo de Tours, defensor de la fe y ferviente opositor de la herejía.

Hacia la mitad del siglo IX, la basílica asume el nombre actual cuando las reliquias de S. Apollinare, el primer obispo de Rávena, fueron trasladadas aquí desde la Basílica de S. Apollinare in Classe, que en aquella época, por su posición, se encontraba aislada y expuesta a los piratas del Adriático.

La fachada, que quizás en su orígen estaba cerrada por un cuadripórtico, presenta un simple y armonioso pórtico de mármol del siglo XVI. En el lado derecho se encuentra el campanario cilíndrico, característico de las construcciones de Rávena, que data del siglo IX o X. Posee una altura de 38 metros, presentando aberturas de una sola luz en la parte inferior y de dos y tres alturas en la zona superior.

El interior (42 m x 21 m) está formado por tres naves, sostenidas por 24 columnas con capiteles corintios bajo pesados cimacios. A principios del siglo XVI las columnas fueron realzadas hasta los 1,20 m. alterando las proporciones arquitectónicas. El ábside barroco es profundo y está precedido por un amplio presbiterio cubierto con una bóveda de crucería. El techo actual data del 1600, hecho mediante casetones.

 Los mosaicos de la parte superior cercanos al techo pertenecen seguramente al periodo de Teodorico. Son trece paneles rectangulares en cada lateral, distanciados por una decoración en forma de concha de varios colores, sobre la cual, dos palomas son protegidas por la cruz. Las escenas representadas escenifican diversos episodios de la vida de Cristo . En la parte izquierda aparecen las bodas de Canaa, la multiplicación de los panes y los peces, Jesús llamando a Pedro y Andrés, la resurreción de Lázaro…, mientras que en la parte derecha se representan la Última Cena, Jesús en el monte de los Olivos, el beso de Judas, el Juicio de Jesús, la negación de Pedro y la Pasión y Resurreción de Cristo.

Bajo los paneles de las escenas de la vida de Cristo, en una segunda banda de mosaicos, a la altura de las ventanas, se representan 36 figuras, todas en posición frontal, de pie. La falta de signos particulares hace que la interpretación de profetas y santos sea muy genérica.

Los mosaicos que se extienden en la zona inferior, sobre los arcos, son seguramente los más conocidos y los más complejos, ejecutados en periodos históricos diversos. En el inicio de la pared derecha, el espléndido mosaico que representa el “Palatium” de Teodorico pertenece a la época de Teodorico. Enfrente se representa la “Civitas Classis”, el antiguo puerto de Classe con su mar, faro y sus murallas que encerraban otros monumentos.

 

Del periodo católico datan las procesiones que siguen en los dos laterales. Por una parte se representa la procesión de vírgenes, y por otra una procesión de mártires. No se sabe si estos mosaicos sustituyeron otros más antiguos, o simplemente fueron realizados para terminar la decoración no conclusa por la muerte de Teodorico. Pese a que sólo hay una diferencia de 50 años de estos mosaicos respecto de los más antiguos, las diferencias estilísticas son evidentes. El influjo helenístico y romano de los primeros mosaicos se ve claramente en los gestos de los personajes y en los paisajes, mientras que en el periodo bizantino los conceptos son diversos, desmaterializándose y estilizándose las figuras, a favor de un simbolismo alegórico.

En el lado izquierdo, 22 vírgenes vestidas con túnicas de oro y adornadas  con blancos velos y con corona, precedidas por los 3 Reyes Magos, se dirigen hacia la Virgen con el niño. (El panel de la Virgen pertenece a los primeros mosaicos). En el lado derecho, 26 mártires llevan una simple túnica blanca, a excepción de la primer figura, que abre la procesión, que es San Martino, segundo titular de la basílica. Esta figura aparece representada con el color púrpura. Los mártires se dirigen hacia Cristo que aparece en el trono rodeado de cuatro ángeles. (También este panel pertenece a los primeros mosaicos).

 

5. IGLESIA SAN FRANCESCO

La Iglesia se presenta en líneas bastante simples. La fachada está realizada en un sencillo ladrillo visto, con una pequeña ventana de dos luces en el centro. Delante de la iglesia se extiende una tranquila plazoleta, dispuesta en el 1936 cuando reconstruyeron el lado norte con un pórtico del siglo XVI (perteneciente al monasterio de Porto).

La iglesia primitiva se construyó en el siglo V por el arzobispo Neone y se dedicó a los Apóstoles Pedro y Pablo. Sin embargo, nada se ha conservado de la estructura original, ya que en el siglo X-XI, la Iglesia fue completamente rehecha y se denominó S. Pedro Mayor. En este periodo se construyó el robusto campanario cuadrado de casi 33 metros de altura, aligerado por el refinado juego de ventas superpuestas (de dos, tres y cuatro luces). La Iglesia tomó el nombre de San Francesco en el año 1261, cuando fue enconmendada a frailes franciscanos. Fue entonces cuando se oficiaron los funerales de Dante, que fue sepultado junto a la Iglesia.

El interior (46,5 x 23,76 m.) está dividido en tres naves por dos filas de 12 columnas de mármol, y cubierto por un techo de madera. La Iglesia se remata con un abside semicircular, interrumpido con ventanas de media altura. La Iglesia sufrió ciertas transformaciones barrocas, pero tras la restauración de 1921, se ha devuelto a la basílica su aspecto austero.

En su interior albergan algunas obras como fragmentos esculturales o sarcófagos del siglo VI. De la capilla interior se conserva un gran arco ojival del siglo XIV, con algunos restos de frescos. Bajo el altar mayor, se sitúa una cripta del siglo X, que debido a su situación se encuentra anegado de agua.

6. BATTISTERIO NEONIANO

El Battisterio Neoniano es el monumento más antiguo de Rávena. Los inicios de la construcción comenzaron a finales del siglo IV o principios del siglo V, cuando el arzobispo Orso comenzó también la catedral. El Battisterio es una simpre construcción en ladrillo, de forma octogonal con cuatro grandes nichos que se manifiestan al exterior.

La decoración interior fue realizada a mitad del siglo V bajo las órdenes del obispo Neone (del cual toma el nombre). En el centro de la cúpula un gran medallón encierra la escena del Bautismo de Cristo. El Redentor aparece de pie, inmerso hasta la cintura en el agua del Jordán. A la derecha, la personificación del río emerge de las aguas con un paño verde para secar a Cristo. San Juan Bautista de pie, vestido con las tradicionales pieles, tiene una cruz en la mano izquierda, mientras que con la derecha rocía agua sobre la cabeza de Cristo. Esta posición de las manos no parece corresponder con la tradición. De hecho, el mosaico fu restaurado en el siglo XIX, y quizás fue arbitrariamente modificado.

En torno al medallón, en una larga banda sobre fondo azul aparecen representados los doce Apóstoles, divididos en dos rangos encabezados respectivamente por San Pedro y San Pablo, que avanzan llevando una corona, símbolo de la gloria.

En las ventanas, una serie de relieves en estuco, a veces pintado, representan profetas del Antiguo Testamento, mientras que en las pechinas, encerrados en medallones aparecen figuras masculinas. En el centro, una pila octogonal de mármol griego del año 1500, conserva algunos fragmentos originales. 

7. BATTISTERIO DEGLI ARIANI

El Battisterio degli Ariani (Baptisterio de los Arrianos) se levantó en periodo de Teodorico, cuando el arrianismo era la religión oficial de la corte. El arrianismo es un conjunto de doctrinas desarrolladas por Arrio, presbítero de Alejandría, que en el año 325 fue condenado como herejía en el Concilio de Nicea. La mayor discrepancia con la doctrina católica versaba en la naturaleza divina del hijo de Dios (Logos). Para el arrianismo, el Hijo (Logos) fue creado de la nada, por lo que no era igual al Padre; negaba por tanto la divinidad de Cristo, siendo la única naturaleza divina la del Padre.

En la segunda mitad del siglo VI, los católicos transformaron el baptisterio en el oratorio de S. Maria de Cosmedin. El edificio tiene forma octogonal y, en sus lados alternos, presenta tres pequeños ábsides. La decoración de la cúpula retoma, pero simplificándolo, el motivo del baptisterio católico. En el medallón central se representa a Cristo, de aspecto juvenil y completamente desnudo, que está inmerso en las aguas transparentes del río Jordán. Una paloma indica la presencia del Espíritu Santo. San Juan Bautista, vestido con pieles, lleva un bastón en la mano izquierda, en una posición muy forzada. El río Jordán aparece personificado en el austero personaje anciano que está sentado junto a un jarrón del que fluye el agua del río.

Al igual que en el Battisterio Neoniano, bajo este medallón aparecen representados los doce Apóstoles, guiados por San Pedro y San Pablo, que avanzan hacia un trono (símbolo de la soberanía de Cristo), con una cruz en la cúspide. Todos los Apóstoles, que están separados el uno del otro por una palma, llevan en sus manos veladas una corona enjoyada, a excepción de San Pedro que tiene las llaves y de San Pablo que tiene un volumen enrollado. En medio de estas dos últimas figuras, una gran cruz está situada sobre un trono decorado.

8. BASILICA SAN VITALE

Tras el viaje realizado a Costantinopla junto al Papa Giovanni I (en el 525, un año antes de la muerte de Teodorico), el obispo Ecclesio (522-532) estableció la fundación de San Vitale. Pocas e inexactas son las noticias que se tienen sobre la figura y el culto de S. Vitale. La tradición considera a S. Vitale como un soldado romano que fue martirizado durante las primeras persecuciones de la iglesia. El financiero de la obra fue Giuliano Argentario, rico banquero de Rávena.

La Basílica fue consagrada el 19 de Abril del año 548 por el  obispo Maximianus (546-556), representado en el mosaico interior. La influencia oriental, siempre presente en la arquitectura de Rávena, asume aquí un papel muy importante. La Basílicia no aparece dividida en tres naves, sino que la planta se desarrolla en un núcleo central de planta octogonal. Sosteniendo la cúpula de 16 m. de diámetro, se disponen ocho pilastras y arcos.

La ornamentación recubre las paredes mediante diversos mosaicos. Cristo es representado con “il volumen”. A la derecha, en el mosaico de Teodora,  aparece un panel con la emperatriz acompañada por dos dignatarios de la corte. La emperatriz aparece con el gesto de ofrecer un gran cáliz dorado.

En la pared izquierda está representada dos episodios de la vida de Abraham, mientras que en en la pared derecha se estructura con dos ángeles en vuelo, el clipeo y la cruz.

La decoración de la zona superior de la logia, se realiza a través de personificaciones alegóricas. A sus pies discurren torrentes de agua límpida, donde se bañan aves acuáticas. En la bóveda aparecen una gran cantidad de motivos decorativos: rácimos de acanto con amplias volutas, gran variedad de aves y animales terrestres y peces. La fastuosidad de los colores, la abundancia de motivos no distrae la observación, sino que atrae la mirada hacia el cielo, que aunque reducido está repleto de estrellas. En el centro aparece el Agnus Dei, seguido por los ojos de los observadores.

9. MAUSOLEO GALA PLACIDIA

Según la tradición el Mausoleo fue hecho construir por la propia Gala Placidia. El insigne monumento, tan bien conservado, es de los más antiguos que nos ha llegado sin sufrir transformaciones. Se construyó en el segundo cuarto del siglo V. Sin embargo, nunca ha albergado los restos de la Augusta Galla Placidia, la célebre hija del emperador Teodosio, mujer de vida agitada tras esposarse con el bárbaro Ataúlfo y posteriormente con el patricio Constancio III, con quien tuvo dos hijos Honoria y Valentiniano. Gala gobernó Rávena y Occidente durante muchos años, primero asociada a la dignidad imperial y después como regente de su hijo Valentiniano III. Gala Placidia murió en el año 450 en Roma, donde seguramente fue enterrada en el mausoleo de la familia de Teodosio, cerca de S. Pedro en el Vaticano.

El exterior del edificio es de una simplicidad extrema. Las líneas son sobrias, con una planta en forma de cruz latina (12,75 m y 10,25 m.). Los muros inferiores están decorados con arcos, entre los cuales se abren siete ventanas largas y estrechas.

Sin embargo, el interior sorprende por su suntuosidad y preciosismo decorativo. Los mosaicos cubren enteramente la bóveda de cuatro brazos y la cúpula central. Solamente la parte inferior está cubierta por un zócalo de mármol amarillo. Los mosaicos de Gala Placidia constituyen un complejo orgánico milagrosamente conservado. Aquí los artistas, al margen de la influencia oriental, trabajaron en línea con las antiguas decoraciones romanas (vivos retratos de las figuras y decoración paisajística). Como elemento nuevo aparece el sentido casi obsesivo del exultante color. Una tonalidad nocturna de azul cubre los cielos y las espléndidas franjas decorativas, como riquísimos tejidos extendidos para cubrir y eludir la finura de la pequeña construcción. Se crea un ambiente y una atmósfera delicada y suave, enriquecida por la cálida luz que penetra pos las pequeñas ventanas de alabastro.

Las decoraciones del mausoleo están dominadas por el gran tema cristiano de la redención, lo que confirma el diestino funerario del edificio en sus orígenes. En el centro de la cúpula, repleta de anillos concéntricos de estrellas de oro sobre un fondo azul, está situada la cruz, símbolo del triunfo de Cristo sobre la muerte y promesa de la salvación de todos los fieles. Entre los ángeles de la cúpula, aparecen representados los cuatro símbolos de los Evangelistas, mientras que en la parte inferior, en los cuatro lunetos aparecen las imágenes de algunos Apóstoles. Éstos visten grandes togas blancas y, al igual que los senadores romanos, levantan la mano derecha con el gesto típico de la “acclamazio”. A sus pies, una pareja de palomas posadas sobre un vaso de límpida agua; una dobla el cuello, mientras que la otra se inclina con el pico para beber. En los lunetos laterales, dos parejas de ciervos, inmersos en exuberantes volutas de acanto, beben agua de un lago encrespado con olas. Tanto las palomas como los ciervos son una sútil mística alusión a las ánimas que obtienen y beben del agua de la verdadera fe y de la vida eterna.

Sobre la luneta frontal está representado San Lorenzo, vestido de blanco con la cruz y el Libro Sagrado. En el luneto que se encuentra sobre la puerta de ingreso aparece la figura del Buen Pastor entre su rebaño. Se trata de uno de los mosaicos más bellos del arte paleocristiano. Cristo, imberbe, vestido con una túnica de oro y un manto púrpura, está sentado sobre una roca en una posición singular, pero que da a la figura vivacidad y fuerza. Con la mano izquierda se apoya sobre una cruz y con la derecha acaricia a una de sus ovejas. Como fondo aparece un paisaje rocoso con árboles y arbustos sabiamente desplazados, cubierto por un cielo azul.

Al interior se pueden observar tres grandes sarcófagos de mármol griego, con ornamentos típicos del arte de Rávena. Según algunos, los sarcófagos fueron introducidos en el mausoleo antes del siglo XIV, mientras que otros opinan que fueron construidos para la capilla. El sarcófago central, comúnmente llamado el de Gala Placidia, es un sarcófago bastante tosco, sin esculturas ni inscripciones, probablemente inconcluso. El sarcófago derecho, del siglo V, es generalmente llamado (pero sin  fundamento histórico) de Constancio III, segundo marido de Gala Placidia, mientras que el sarcófago izquierdo se denomina de Valentiniano III, hijo de Gala.

10. MAUSOLEO DE TEODORICO

Este extraordinario monumento está situado dentro de las viejas murallas de la ciudad, en una zona que los Godos usaban como cementerio. Según varios testimonios, Teodorico lo mandó construir cuando aún estaba vivo. Teodorico, hijo de Teodomiro rey de los Ostrogodos, fue educado en la corte de Constantinopla, y lejos de asimilar la cultura bizantina, se mantuvo afín a la cultura goda. En aquel tiempo, en Italia reinaba Odoacro, contra quien Teodorico marchó con 300000 personas. Tras varias batallas, asedió la ciudad de Rávena que aguantó durante tres años el asedio. Odoacro fue matado por Teodorico, convirtiéndose en el nuevo rey de Italia. Gobernó sabiamente durante casi 33 años en Rávena, capital de su reino, siendo enriquecida con diversas obras monumentales. Manteniendo alianzas con el Imperio de Oriente, disentía en la cuestión religiosa, siendo arriano. El fin de su reino se precipitó cuando se condenó injustamente a Simmaco y Boezio, fieles y sabios consejeros de su corte.

El Mausoleo se construyó con grandes bloques de piedra de Istria, bien encuadrados y colocados en seco, pero unidos en el interior con grapas de hierro. La estructura se articula en dos órdenes superpuestos. La parte inferior está compuesta por imponentes nichos cuyas proporciones y formas aluden a los ritmos monumentales de la arquitectura romana. En el interior, un vano en forma de cruz está ligeramente iluminado por 6 ventanas. No se sabe con exactitud la función original de este espacio, quizás fuese construida como una capilla para el desarrollo de la liturgia fúnebre o como una cámara sepulcral donde deberían haberse situado los sarcófagos de la familia.

El piso superior, de planta decagonal, los nichos repiten en relieve el motivo del pórtico. Este espacio está cubierto con un único bloque de piedra de 11 metros de diámetro, 1 metro de espesor y casi de 500 toneladas de peso. En el centro del piso superior se encuentra una pila de mármol, donde se presume que se encontraría la sepultura de Teodorico. Sin embargo, los restos fueron quitados cuando la ciudad cayó bajo el dominio bizantino y los edificios pasaron a los católicos ortodoxos. En esta época, el Mausoleo fue usado como oratorio y dedicado a S. Maria. Junto al edificio se erigió una torre cuadrada, posteriormente usada como faro. El Mausoleo conoció un periodo de total abandono, llegándose a inundar parte del monumento. En 1748 se realizaron algunos intentos de recuperar las partes anegadas.

~ by lostonsite on 8 agosto, 2009.

Italia, Viajes

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