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Cuando el palacio, que una vez fue prisión, se convirtió en museo

CASTILLO BELLVER

El Castillo Bellver fue levantado durante el reinado de Jaime II, rey privativo de Mallorca, a lo largo de la primera mitad del siglo XIV. Construido sobre una colina que recibía el nombre de «Puig de sa Mesquida» fue concebido como un complejo palatino y militar aprovechando su inmejorable situación, dominando toda la ciudad y bahía. Sin embargo, fue utilizado en contadas ocasiones como residencia real, tan sólo en episódicos periodos de los reinados de Sancho de Mallorca (1314) y de Juan I de Aragón (1395).

 

El Castillo Bellver posee una planta muy original, pero con detalles arquitectónicos que permiten relacionarlo con otras construcciones de los reyes de Mallorca, como el Palacio de la Almudaina de Palma o el Castillo de Perpiñán. Su aspecto actual responde al proyecto original ya que las únicas reformas substanciales del edificio se realizaron a lo largo del siglo XVII para adaptarlo al uso de artillería. Las terrazas fueron modificadas para emplazar en ellas cañones, las almenas fueron eliminadas y se construyeron el revellín y el contramuro que exteriormente sigue el perimetro del castillo. Durante siglos abandonó su función defensiva y residencial para convertirse en prisión. Las abundantes inscripciones que cubren los muros del castillo son memoria de este uso.

MUSEO DE HISTORIA DE LA CIUDAD DE PALMA.

En 1931, el bosque y el castillo de Bellver fueron cedidos por el Gobierno de la II República Española al Ayuntamiento de Palma para dotar a la ciudad de un parque público y de un monumento que fuera a su vez museo de arte. Se creó por tanto el Museo Municipal, siguiendo el modelo del Museo Arqueológico de Barcelona, muy avanzado a su tiempo.

El museo empezó a funcionar en el año 1932 dotándose de personal y laboratorios de restauración y fotografía, abriéndose al público, con sus propias colecciones, en junio de 1936. La guerra civil (1936-1939) supuso la desaparición de las personas y las ideas que sustentaban el Museo, que se mantuvo como colección abierta pero anquilosada hasta los años 70, en que fue definitivamente desmontado y transformada su sede en Museo de Historia de la Ciudad.

Los fondos del Museo Municipal tenían orígenes muy diversos, como si se intentara reunir todas las colecciones relacionadas con Mallorca. Las principales colecciones que integraban los fondos del museo eran:
– Colección Despuig de escultura clásica
– Colección de objetos arqueológicos prehistóricos de las cuevas pretalayóticas de Son Jaumell, Son Mulet y Na Fonda de S’Avall.
– Materiales arqueológicos procedentes de las excavaciones de la ciudad romana de Pollentia.
– Maquetas procedentes de la escuela náutica del Real Patrimonio.
– Colección de objetos relacionados con Gaspar Melchor de Jovellanos.
– Colección numismática de Lluís Ferbal.

La restauración de las salas de la planta baja del castillo de Bellver permitió una importante remodelación del Museo Municipal, con la creación en 1974 de una sección denominada Museo de la Ciudad. Esta sección muestra la evolución urbana de la ciudad de Palma, dando prioridad a las obras artísticas, planos, maquetas, fotografías y objetos relacionados con la ciudad y su evolución.

– CIUDAD DE PALMA:

El reparto de tierras posterior a la conquista cristiana de Mallorca en el año 1229 supone un cambio estructural del espacio geográfico comprendido entre la bahía de Palma y las estribaciones occidentales de la sierra de Na Burguesa. Este territorio, a raíz de la conquista, se divide en dos jurisdicciones feudales distintas que con el paso del tiempo darán lugar a dos municipios distintos: Palma y Marrtxí. Esta división administrativa, junto con el incesante proceso de urbanización, ha provocado una modificación substancial de lo que debió ser el espacio geográfico y su control en época prehistórica. Diversos factores tales como la roturación e irrigación de los campos de la huerta de Palma, la desecación de la albufera, la construcción del aeropuerto, el crecimiento del núcleo de Palma o la modificación de la línea de costa, dificultan la lógica apreciación de los asentamientos prehistóricos conocidos o que han proporcionado restos materiales.

1. Cultura Talayótica.

Hacia el año 1300 aC se producen una serie de cambios importantes en las comunidades que habitan las Islas. Estos cambios marcan el inicio de una nueva etapa que se conoce con el nombre de Cultura Talayótica, por ser el talayot el monumento más característico. Durante el siglo IX aC, las Baleares se convierten en lugar de paso dentro del proceso colonizador del Mediterráneo Occidental que llevan a cabo fenicios, púnicos y más tarde romanos. La cultura Talayótica se enmarca dentro de los períodos Bronce final y Edad del Hierro.

La ganadería continúa siendo la principal actividad económica de las comunidades talayóticas. La necesidad de metales para sus ajuares, armamento y objetos de culto marca de forma determinante las relaciones de estos grupos con el exterior.

La gran evolución que propicia el cambio hacia la Cultura Talayótica se produce principalmente en los ámbitos social y arquitectónico. Los poblados de navetas son sustituidos por nuevos núcleos de población de estructura mucho más compleja, formados por: construcciones de carácter defensivo, viviendas de caracter comunal y santuarios de planta cuadrangular o de herradura.

Aparecen construcciones vinculadas al control del territorio especialmente de los accesos a los poblados. De este modo, se construyen talaiots en las sierras que rodean el término municipal, junto a las vías de acceso desde el interior de la Isla o en lugares elevados con amplio dominio visual.

Los restos materiales de las comunidades talayóticas nos muestran una jerarquización social relativamente compleja que permite intuir la existencia de cierta organización política. Esta mayor jerarquización social va unida a una organización religiosa bien establecida, con presencia de numerosos santuarios y objetos relacionados con el culto que en los mismos se practica, principalmente figuras de bronce que representan toros y guerreros. Las diferencias sociales de los integrantes de estos grupos se reflejan claramente en los ajuares de los enterramientos, especialmente en las necrópolis de la última fase.

La mayoría de los estudios dedicados a la evolución urbana y arquitectónica de la ciudad de Palma se inician especulando sobre la existencia de un poblado indígena de época prehistórica en algún lugar del subsuelo. Hasta la fecha, no se ha localizado ningún resto arqueológico que confirme la presencia de un asentamiento humano anterior a la conquista romana. En el caso de que este asentamiento se hubiera producido no habría dejado ninguna huella en el posterior desarrollo de la ciudad.

2. Evolución desde la Época Romana hasta la conquista árabe.

Palma tiene una fecha concreta de fundación, el año 123 aC, momento en que las islas Baleares se incorporan al territorio que se conocerá como «Imperio Romano». Con la conquista de las Baleares se culmina un proceso por el cual el Estado romano, después de diferentes episodios bélicos con los ejércitos púnicos, ocupa todos los territorios del Mediterráneo Occidental.

El proceso de romanización del territorio de las Islas se inicia con la fundación de cuatro ciudades: Palma, Pollentia, Guium y Tucis. Palma se encontraba en el mismo solar que la ciudad homónima actual, Pollentia cerca de la actual ciudad de Alcúdia, y Guium y Tucis no han sido localizadas todavía.

Casi la totalidad de los restos de la Palma romana se encuentran enterrados en el subsuelo del barrio de la Almudaina, el barrio de la Catedral. El perímetro de la ciudad estaría delimitado por el mar, el antiguo curso del torrente de la Riera (actual av. Antoni Maura), las calles de Miramar y d’en Morey y las plazas de Cort y de Santa Eulália. Estos puntos marcan la extensión máxima de la ciudad romana aunque no se sabe de momento si se corresponde con el momento de la fundación o con posteriores ampliaciones del núcleo urbano.

El perimetro urbano de la ciudad de Palma estaba perfectamente definido por una muralla que se mantuvo por lo menos hasta el siglo XIII y que lentamente se fue demoliendo. Actualmente se encuentran restos visibles de la misma en el interior del Palacio Episcopal y en Can Bordils (c/Almudaina nº9). El arco de la calle Almudaina era originariamente una puerta de la muralla aunque su estructura actual corresponde a reedificaciones medievales. Esta muralla cercaba un espacio de seis hectáreas dividido en manzanas cuadrangulares por un viario de disposición ortogonal.

La información sobre viviendas y otros edificios construidos en época antigua es muy escasa. En los años 30 aparecieron restos de una basílica en el subsuelo del Palacio Episcopal y en los 60 restos de un edificio monumental bajo la sede del Estudio General. Los restos arqueológicos muebles indican que la ciudad estuvo habitada entre 123 aC y el siglo VI dC. Durante la época imperial las necrópolis se situaban al exterior del recinto amurallado (plaza d’en Coll y convento de Santa Clara), sin embargo en los últimos momentos de ocupación las necrópolis se construyen en el interior de la ciudad lo cual indica una reducción del espacio habitado y por tanto el abandono progresivo del espacio urbano.

Portopí fue el principal puerto de la ciudad hasta la construcción del muelle de Palma en el siglo XIV, como así lo indican los numerosos restso subacuáticos localizados. Además, la zona baja del lecho del torrente de la Riera formaba una cala utilizable como puerto con un fondeadero situado en la zona del actual Born.

Cerca de este fondeadero podría haberse situado el teatro de la ciudad. La localización de esta estructura está pendiente de realización de excavaciones arqueológicas, aunque el trazadao del mismo se mantiene en el parcelario. Los trabajos realizados por el arquitecto Luis Moranta dan a conocer la hipótesis de la existencia de un teatro romano en Palma situado en frente de la plaza Joan Carles I, rodeado por las calles Jovellanos, Paraires y Brondo. Los análisis geométricos realizados sobre el plano topográfico municipal mostraron los contornos de una posible zona de «cavea» o gradas semicirculares, una «orchestra» situada a sus pies y un ritmo en la disposición de los muros radiales e intermedios. Además la superposición del esquema del teatro romano de Pollentia sobre la estructura de Palma mostró las coincidencias inicialmente detectadas, reforzando así el estudio realizado por el arquitecto. En el estudio de la evolución histórica de esta zona se ha comprobado que, en la Edad Media, había dos focos de actividad importantes, «Sa Carnisseria d’Avall o Vella» y los «Paraires» o artesanos de tejidos y lanas. Los edificios que ocupaban sus actividades no serían creaciones arquitectónicas nuevas ya que se apoyarían y utilizarían un elemento arquitectónico ya existente, consiguiendo así que, hasta en épocas posteriores, se mantuviese la forma estructural y el uso primario comunal y posteriormente privado mancomunado del actual patio sobre la «orchestra» como ocurrió en otros teatros o anfiteatros romanos absorbidos por la ciudad medieval.

3. La conquista islámica.

Con la incorporación de las Islas Baleares al emirato omeya de Córdoba en el año 902, se inicia un periodo histórico en el cual se producirán los cambios necesarios para que Palma adquiera un aspecto urbano que se mantendrá hasta principios del siglo XX. Madina Mayurqa, el nuevo nombre de Palma, fue ocupada por poblaciones árabes y bereberes. El nuevo estado se ocupó de la construcción de los lugares de residencia, de los edificios de culto y de la infraestructura para el abastecimiento de agua de la nueva ciudad islámica.

Sobre el acantilado entre el mar y la Riera se construyó un alcázar, donde desde entonces han residido siempre los representantes del Estado en Mallorca. Este edificio de nueva planta seguía esquemas y técnicas constructivas importadas de la Península. Cerca del alcázar se construyó la primera mezquita de la ciudad, en el mismo lugar donde ahora se levanta la Catedral. Durante todo el periodo islámico ésta tuvo la consideración de mezquita aljama, lugar donde se reunía la comunidad todos los viernes.

El diseño y construcción de un sistema hidráulico que funcionaba por la gravedad permitió el abastecimiento doméstico y de los edificios públicos y la creación de unas zonas de cultivos irrigados, la huerta de Palma, entorno a la ciudad.

A finales del siglo XI se diseñó el trazado de un recinto amurallado que abarcaba un espacio mucho mayor al del recinto romano. Los nuevos límites de la ciudad coinciden de manera bastante aproximada con el actual lecho del torrente de la Riera y el trazado de las avenidas.

En el siglo XIII, antes de la conquista de 1229, el barrio delimitado por la antigua muralla romana era conocido con el nombre de Almudaina (ciudadela). En él se encontraban el alcázar, la mezquita aljama, el mercado de productos de importación y las viviendas de los funcionarios y de otros personajes ligados al poder civil y religioso.

Los muros de la Almudaina estaban separados de la ciudad por espacios sin edificar ocupados por huertas y cementerios. Mas allá se extendía una zona ampliamente urbanizada, ocupada por casas, talleres y comercios y por un mercado central situado en la plaza del mismo nombre. El centro contaba por lo menos con cuatro mezquitas, situadas en la calle de Peraires, la de Sant Bartomeu, la plaza de Cort y la plaza de la Reina y unos baños públicos situados cerca de esta última.

En el centro de la ciudad confluían las calles procedentes de las distintas puertas de la muralla. Por la calle grande se llegaba a la puerta de al-Balad, sede de uno de los mercados de la ciudad y desde donde salían los caminos hacia Inca y Manacor. Por la calle de la acequia, actual calle de Sant Miquel se llegaba a la Bab-al Kahl, lugar de partida de los caminos de Valldemossa, Bunyola y Sóller, y por donde entraba el agua a la ciudad. Otras puertas estaban situadas al final de la calle Concepció y San Feliu y de ellas salían los caminos hacia la zona de Puigpunyent y Esporles y el camino de Andratx. Finalmente las calles del Convent de Sant Francesc y Ramón Llull constituían la única via de acceso a la puerta portificada del Temple y por tanto a la zona sur de Mallorca.

Estas grandes calles radiales estaban unidas entre sí por calles secundarias que generalmente seguían el recorrido de las acequias que abastecían de agua tanto a los edificios como a las huertas intramuros. El amplio espacio en forma de abanico, que se extendía entre el centro y la muralla, dividido por las calles, no estaba totalmente ocupado por edificaciones. Los márgenes del tramo del torrente de la zona de la Rambla estaban cultivadas así como gran parte de los barrios de la Gerreria y la Calatrava. Cerca de las puertas se situaban las necrópolis y espacios libres dedicados a mercados, otras zonas como el Puig de San Pere no llegaron a ocuparse en época islámica.

La periferia contaba con sus propios edificios públicos. Había mezquitas en Santa Clara, la Merced, Sant Miquel, el Sepulcre y otras todavía por localizar y baños en las actuales calles de Serra, Sindicat, Sant Miquel y la Pau. El sistema de abastecimiento de agua, la red viaria y las murallas, son tres elementos urbanos que han tenido una larga pervivencia después de la época islámica.

El edificio de los Baños Árabes se podría situar cronológicamente en el s. X, en la primera etapa de la época islámica. Tras la conquista se inició una política de arabización y se empezaron a construir posadas, baños y mezquitas. La red hidráulica de la ciudad se hizo más compleja para cubrir las necesidades domésticas y otras funciones públicas inherentes a la vida urbana. En los baños de la calle Serra, el agua llegaba por el «canó del Temple», uno de los de más largo recorrido de toda la ciudad que se fue dividiendo progresivamente.

Actualmente los Baños Árabes se reducen a la sala central destinada a los baños de vapor. La sala tiene forma de cuadrado de 7’20 m de lado. La zona central es una cúpula de media naranja sobre pechinas en los ángulos, de una altura máxima de 4’85 m, sostenida por doce columnas. El resto del espacio se reduce a corredores laterales de 1’50 m de ancho y 3’75 m de altura, cubiertos por una bóveda de cañón y arcos de herradura en los ángulos. La cúpula y los arcos de herradura están hechos de baldosas comunes rojizas y argamasa. El resto de la sala es de arenisca, gres blanco y dos capiteles de mármol. El sistema de sustentación se reduce a la columna sin base, el capitel y el cimacio. Las columnas son de altura variable, desde 1’45 m hasta 1’60 m. Todas muy sencillas, sin ningún ornamento y desgastadas en la base. Los capiteles se pueden clasificar en tres grupos o estilos ya que no hay ninguno exactamente igual y se pueden comparar con los capiteles cordobeses de la primera y segunda ampliación de la mezquita. El primer tipo, con cuatro ejemplares, consta de un dado rectangular con las esquinas inferiores rebajadas 3/4 de altura. El segundo tipo, con seis ejemplares, es una imitación del estilo clásico. Al tercero, pertenecen dos capiteles que se pueden considerar dentro de los límites del orden compuesto clásico. La diversidad de capiteles y cañas hacen pensar en un reaprovechamiento de los materiales.

4. La conquista cristiana.

Madina Mayurqa fue conquistada por las tropas de Jaime I el último día del año 1229. Aquel día comenzó un proceso de doscientos años de duración, en el curso del cual se configuró la imagen de la ciudad, que a partir de ese momento se conocerá con el nombre de Ciutat de Mallorca. En este proceso, el perímetro urbano no fue modificado, manteniéndose los límites de las murallas islámicas. Ello fue posible gracias a la reserva de suelo sin edificar que suponía la existencia de necrópolis y huertos intramuros, lo que permitió la construcción de barrios enteros sin necesidad de ampliar el perímetro amurallado.

A pesar de la conservación del perímetro, las murallas sufrieron un proceso de paulatina degradación, no sólo física, sino como elementos definidores del aspecto urbano. Este proceso se prolongó hasta el siglo XV, en el que quedaron obsoletas. Poco después comenzó el derribo del recinto, conservándose algún fragmento que pasó a formar parte, de una forma totalmente subsidiaria, de las nuevas defensas de la ciudad.

El centro de la ciudad y las puertas de la muralla se mantuvieron en el mismo lugar, y el sistema de distribución del agua, aunque con distorsiones, continuó funcionando como en la época islámica. Con respecto a las zonas urbanizadas de nueva planta, hay que destacar la regularidad de su trazado, cosa que sólo es posible a partir de una cierta ordenación del espacio. Aunque de momento no se tiene ninguna constancia documental de ordenación aplicada en Palma durante la Edad Media, es posible que existiese una cierta planificación que tendiera a conseguir un trazado de las calles lo más regular posible, y una división homogénea del suelo en parcelas de dimensiones parecidas.

De todos los realizados, es el barrio de la Calatrava el que conserva mejor este tipo de división del espacio de origen medieval. En este caso se inició con la urbanización de parte del convento de Santa Clara, acabándose a finales del siglo XIV con la reconstrucción del espacio que antes ocupaba el Call. Esta propensión a trazar las calles de forma ortogonal puede observarse también en el barrio de la Gerreria, en parte del Puig de Sant Pere y en la zona situada entre la iglesia de San Jaime y el convento de las Capuchinas. El final de lo que podrían considerarse urbanizaciones de época medieval viene marcado por el gran cambio que supuso para la ciudad el desplazamiento del lecho de la Riera hacia el foso de las murallas. Con esta operación, realizada en 1613, la Rambla y el Born se convirtieron en ejes viarios totalmente nuevos, y sus márgenes, hasta entonces deshabitadas o periódicamente afectadas por torrentadas, pudieron urbanizarse definitivamente.

Pese a la conservación de buena parte del trazado viario islámico y del mantenimiento de los límites amurallados, el concepto general de espacio público se modificó completamente a partir de la conquista. Además de la ocupación de las calles con edificaciones más o menos efímeras, el espacio público pasó a servir para el desarrollo de una serie de actividades relacionadas con el control del mercado -carnicerías, pescaderías, el granero o los diferentes pesos: de la paja, harina…-, que generarán un conjunto de espacios libres cercanos al concepto actual de plaza. A toda esta relación hay que añadir los mercados, que ocupan el mismo emplazamiento que los islámicos, a los que hay que sumar el situado en la plaza de Santa Eulalia.

Fuera de las murallas, durante el siglo XIV se comenzó la construcción del primer muelle de Palma, que supuso el acercamiento de las actividades que anteriormente debían realizarse en Portopí. Este nuevo emplazamiento de la actividad portuaria puede relacionarse con la urbanización del espacio libre situado entre las atarazanas y la antigua desembocadura de la Riera. En el campo de la arquitectura, dos obras realizadas al mismo tiempo por iniciativa de Jaime II a principios del siglo XIV tendrán el efecto de introducir el estilo gótico en la arquitectura civil, todavía dominada por las técnicas de origen musulmán o románico. Son el Palacio de la Almudaina y el Castillo de Bellver. El primero será reconstruido y ampliado para continuar siendo la sede del poder estatal, adaptándose a las necesidades residenciales de la nueva dinastía de los Reyes de Mallorca, mientras que el castillo, totalmente de nueva planta y situado en una colina dominando la bahía, destaca por la originalidad y perfección de su programa, resuelto en una planta que dibuja un círculo perfecto. Tanto uno como otro presentan muchas coincidencias con las demás obras reales emprendidas en el resto de los territorios del Reino de Mallorca -Perpiñán, Montpellier-, visibles no sólo en la resolución de los aspectos decorativos, sino también en el planeamiento y técnicas empleadas en el conjunto de la obra, lo que vendría a demostrar la participación de los mismos artesanos o el conocimiento general de las realizaciones de unos y otros a ambos lados de un territorio separado por el mar.

Para la construcción de las primeras iglesias conventuales se seguirá el esquema establecido por las órdenes mendicantes: una sola nave, con muros ciegos y cubierta envigada a dos aguas sobre arcos apuntados. Restos de estas primeras construcciones se conservan en la iglesia de Santa Margarita y en el Temple. Este mismo sistema constructivo será el empleado en las primeras iglesias parroquiales de la isla, de las que queda algún ejemplo fuera de Palma. De todas formas, a finales del siglo XIII, las órdenes mendicantes sustituyeron el sistema constructivo primitivo por el de nave única con capillas en los laterales y cubierta de bóveda de crucería. Con este nuevo planteamiento se construyeron las grandes iglesias conventuales -San Francisco y Santo Domingo, hoy desaparecida- y también las primeras parroquias de Palma, excepto Santa Eulàlia que, como la Catedral, se construyó con una planta de tres naves. Este planteamiento de nave única con capillas y cubierta de bóveda de crucería generará un sentido del espacio que se mantendrá a lo largo de los siglos, superando ampliamente su momento estilístico y llegando hasta bien entrado el siglo XVI, en el que se verá sustituido por nuevas técnicas constructivas aunque conservando el sentido del espacio en numerosas ocasiones.

Por lo que respecta a la arquitectura privada, aunque normalmente se habla de casas góticas, son muy pocos los edificios conservados a los que se puede atribuir una adscripción estilística, limitándose ésta a las fachadas y a algunos detalles decorativos.

El tipo más sencillo de estas edificaciones es el construido en las pequeñas parcelas estrechas y profundas de las zonas de nueva urbanización. En este caso, el tamaño de las parcelas no permitió la construcción de patios interiores y no fue sino, con el paso del tiempo, cuando la unión de varias de estas parcelas permitió reproducir el modelo con patio central de las casas más importantes. Éstas siguieron el modelo catalán: arco de medio punto con entrada y ventanas «coronelles» (ajimez) en el resto de las plantas. Todas ellas se organizaban alrededor de patios interiores que, en muchos casos, con posterioridad serán reconstruidos y ampliados, configurando los grandes patios renacentistas y barrocos que caracterizan el casco antiguo de Palma. Ejemplos de este tipo de casa gótica conservados sin grandes modificaciones se pueden encontrar en la calle de la Pau y en el barrio de la Gerrería. Una variante del tipo general de casa se daba cuando la planta baja del edificio se destinaba a tienda o taller de actividad artesanal. Ejemplos de este tipo son las plantas bajas de los edificios del barrio de la Calatrava, que estaban comunicadas entre sí para obtener el espacio necesario para tenerlas, y también en el barrio de la Gerrería, donde la densidad de edificación era más baja que en el resto de la ciudad, ya que se  reservaba el interior de las manzanas de casas para los hornos y chimeneas de las alfarerías que daban nombre al barrio.

Otra variante es aquélla en la que las actividades artesanales se llevaban a cabo al aire libre. En este caso, la primera crujía del edificio se levantaba sobre pilares, a veces con arcos, tal como  se han conservado en la plaza de la Quartera. Esta contribución de las actividades artesanales a la definición del tipo de edificación se amplió con el tiempo al barrio entero, ya que se produjo una concentración de cada actividad en una zona concreta de la ciudad, provocando que cada barrio tuviese unas características propias y diferenciadas de los otros.

En cualquier caso, los edificios construidos a lo largo de los siglos XIII y XIV tienen en común un anonimato casi absoluto de sus proyectistas y ejecutores. Aparte de las excepciones que suponen las intervenciones de Ponç Descoll en las obras de la Casa Real de Mallorca, o las obra de la Catedral, todas las referencias documentales dejan a oscuras, mezclados entre las listas de artesanos, obreros y arrieros, los nombres de aquéllos que crearon, no ya las casas, sino los edificios públicos. Esta falta de información puede ser consecuencia de un tratamiento deficiente de la documentación, pero también un reflejo de la misma condición de la arquitectura en aquella época, que se entendería más bien como una tarea cotidiana de construcción de edificios, adaptados a modelos prefijados para cada uso. Por tanto, la importancia del proyectista no sería mayor que la de cualquier otra persona que interviniera en la obra. La construcción de la Lonja, encargada por el Colegio de Mercaderes, sería el primer caso en el que aparecen claramente tanto el autor de la obra como la institución que la encarga. La fecha d2 1426 y el nombre de Guillem Sagrera marcarán la Lonja como el primer edificio con un estilo y un diseño tan claramente definido que no será posible, como en el resto de los edificios del gótico de Palma, su constante modificación.

5. Época moderna.

La evolución urbana de la ciudad de Palma en este largo período viene marcada por su condición de plaza-fuerte. El recinto amurallado, tanto en lo que se refiere a su construcción como a su desaparición, marcará la vida de la ciudad durante más de trescientos años. La vieja muralla medieval, proyectada en el siglo XI, presentaba un aspecto absolutamente precario desde finales del siglo XV y fue a mediadios del siglo XVI cuando se decidió encargar el diseño de un nuevo recinto murario que incorporara todos los avances de la arquitectura militar del momento. El resultado fue un recinto que, en líneas generales, seguía el mismo trazado que el recinto medieval pero que basaba el sistema defensivo en una serie de baluartes poligonales adaptados al uso y defensa de la artillería. Su construcción, que se prolongó hasta mediados del siglo XIX, facilitó la solución a otro de los problemas urbanos, el desvío del torrente, que cruzaba la ciudad, hacia el foso de la nueva muralla, paliándose así, en gran parte, los terribles efectos de las inundaciones que habían afectado hasta ese momento a la parte baja de la ciudad. Con todo, la nueva muralla no conoció ninguna batalla a lo largo de su historia y tan solo sirvió para delimitar el espacio urbano edificable.

Durante los siglos XVI y XVII fue consolidándose la división del espacio urbano en distintos barrios diferenciados principalmente por la actividad artesanal o comercial que en ellos se realizaba y, en algunos casos, por el uso exclusivamente residencial de los mismos. La densidad de la ocupación del espacio era también muy distinta según las zonas, ya que en los sectores más próximos a la muralla y donde se mantenía el sistema de abastecimiento de agua de origen medieval continuaban existiendo grandes espacios dedicados al cultivo de la huerta.

El cambio del cauce del torrente, proyectado en 1613, supuso no sólo la creación de un nuevo espacio público en su antiguo cauce, sino también la ocupación estable de sus márgenes y el cambio de la orientación de las fachadas de los edificios preexistentes que, de tener muros ciegos sobre el torrente abrieron sus fachadas al nuevo espacio público.

En el siglo XVII se inician también los cambios en las casas, abriéndose los grandes patios interiores de arcos rebajados que sustituyen a los más pequeños y de muros continuos de las edificaciones medievales. En la arquitectura religiosa irrumpe con fuerza el Barroco, que será el primer estilo arquitectónico capaz de acabar con la enraizada tradición de la arquitectura gótica en Mallorca. De hecho, el Renacimiento sólo es perceptible en Palma por presencia de elementos decorativos escultóricos en ventanas de algunas de las casas de la ciudad.

Tras la guerra de Sucesión empiezan a introducirse cambios importantes en la ordenación urbana debidos a las primeras intervenciones municipales encaminadas a mejorar las condiciones de la edificación. Estas primeras ordenanzas municipales regularon las nuevas obras e introdujeron mejoras sanitarias en un doble sentido, el control de usos y la pavimentación de las vias públicas y la prohibición y demolición de las estructuras arquitectónicas que ocupaban el espacio común a partir de la primera planta. El efecto más importante de esta última ordenanza fue el recorte de los aleros de los edificios que, en ocasiones, llegaban a cubrir todo el ancho de las calles.

La regulación de las nuevas obras introdujo la regularidad y la simetría en las fachadas de los edificios, hecho especialmente detectable en aquellos que sin ser de nueva planta iban creciendo en altura para albergar a la creciente población. Tal vez en el incremento de esa población y en la necesidad de su control está el origen de la primera rotulación de las calles de Palma realizada también en esa época. Ya iniciado el siglo XIX se completa esta mejora del viario con la instalación del primer sistema de alumbrado público.

La llegada del siglo XIX trajo consigo importantes cambios: crecimiento demográfico, inicio de una moderada industrialización y rotura del aislamiento geográfico debida a laregularización del transporte marítimo. Estos cambios propician el surgimiento de barrios extramuros que, salvo el caso de Santa Catalina de origen medieval, se construyen a más de un kilómetro de distancia del recinto amurallado, respetando la normativa militar de aislamiento exterior de las defensas.

Los sucesivos gobiernos liberales del Estado español llevaron a cabo un proceso de desamortización de los bienes eclesiásticos que permitieron un cierto respiro en el proceso de saturación del espacio encerrado entre muros. Diecisiete de los veintitrés conventos que había en la ciudad se vieron afectados y seis de ellos fueron totalmente demolidos. En su lugar surgieron importantes espacios públicos como la Plaza Mayor y al Plaza de la Reina y edificios como el Banco de España. Especialmente interesante fue el resultado de la demolición del convento de Santo Domingo de cuyo solar surgieron dos nuevas vías públicas y treinta y siete edificios de entre cuatro y cinco plantas que son el mejor conjunto de viviendas plurifamiliares que se conserva.

En 1865 se produce la primera de una serie de epidemias que durante la segunda mitad del XIX afectaron a los habitantes de Palma. Las deficientes condiciones sanitarias fueron uno de los principales argumentos utilizados para solicitar la demolición de las murallas. De hecho en ese momento el espacio intramuros estaba practicamente colmatado y la única opción de crecimiento era añadir nuevas plantas a los edificios ya existentes.

Será después de la revolución de 1868 cuando se plantee la necesidad de una reforma profunda de la ciudad. La idea de reforma interior es sustituida por la de la creación de un ensanche que comportará la demolición de las murallas. Los primeros proyectos de ensanche, realizados por Pedro de Alcántara Peña y Antonio Sureda, se aprobaron en 1869. De ellos surgió el actual barrio de Son Espanyolet y parte del de Santa Catalina. Este primer ensanche, diseñado todavía a una distancia prudente de la muralla y como continuación del barrio medieval de Santa Catalina se completó en 1871 con la urbanización del Camp den Serralta.

Entre 1850 y 1900 surgirán diez núcleos extramuros situados a más de un kilómetro del perímetro urbano: Santa Catalina, El Terreno, La Vileta, Son Serra, Son Rapinya, Portopí, el Molinar, Els Hostalets, Can Capes y la Soledat. Algunos de estos núcleos tuvieron un caracter de concentración de residencias temporales de veraneo que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX mientras que en el resto se ubicaron las fábricas que, a partir de 1870, debían construirse obligatoriamente en los arrabales. En la misma década de los 70 se inaugura la primera vía férrea y se reforma el puerto de Palma. Para facilitar esta última reforma se autoriza la demolición de un trozo de muralla frente a la Lonja y la plaza de las Atarzanas. Poco después de esta demolición se inician las conversaciones que conducirán a la definitiva autorización para la eliminación de las murallas que se produce en 1895; al año siguiente se aprueba el concurso del Plan de Ensanche.

6. El siglo XX.

El siglo XX empieza en Palma con la aprobación del Plan del Ensanche de la Ciudad que trataba de ampliar el espacio urbano hasta llegar a los barrios extramuros surgidos durante el siglo anterior. El proyecto ganador del concurso, redactado por el ingeniero Bernat Calvet, proponía un ensanche en forma de corona circular que rodeaba el centro histórico.

Siguiendo el modelo del Plan Haussman de París, esta corona se dividía de forma radial en una serie de vías que correspondían a las carreteras preexistentes. Estas calles, proyectadas con una anchura de 30 metros, limitaban una serie de zonas divididas por aspas que, al cruzarse, originaban plazas redondas o cuadradas. A diferencia de los ensanches de Madrid y Barcelona, en los que la forma de la manzana, totalmente ortogonal determina la forma del trazado viario, en el ensanche de Palma, son las calles las que determinan la forma de las manzanas, independientemente de las irregularidades y de las diferencias de extensión. La demolición de las murallas trajo consigo los primeros episodios de protesta por la desaparición de elementos puntuales considerados de valor histórico-artístico. Estos episodios alcanzaron su cénit con la demolición de la Puerta de Santa Margarita, de origen medieval, que previamente había sido declarada Monumento Nacional. El Plan Calvet, tal como se indicaba en las bases del concurso del Plan de Ensanche, no abordaba en ningún momento la problemática urbana del centro histórico. A partir de 1916 surgen diversas propuestas de arquitectos como Jaume Alenyar, Gaspar Bennázar o Guillem Forteza para la modificación del centro: apertura de amplias vías de penetración y dotación de una infraestructura que posibilite el crecimiento turístico.

A partir de 1920 empezó a aumentar el ritmo de crecimiento de la población de Palma. Se construía en los límites del espacio para el ensanche de forma desordenada. Esta situación se intentó paliar con la redacción de un nuevo plan urbanístico encargado al arquitecto Gabriel Alomar poco después de finalizada la guerra civil. El plan proponía dos tipos de actuaciones: reformas interiores en el centro histórico y una ampliación / modificación del ensanche proyectado por Calvet. Las reformas interiores eran similares a las propuestas en las décadas anteriores y tenían la intención de crear grandes vías de penetración. De las doce reformas propuestas se realizaron tres, la más significativa de las cuales fue la apertura de la calle Jaime III. La realización completa de las reformas había supuesto la casi total desaparición del centro histórico, con la demolición de barrios completos que iban a reedificarse con otro aspecto arquitectónico y urbanístico.

Los años 50 marcan el momento del despegue económico de la ciudad y de la isla. Éste va asociado al desarrollo de la actividad turística que a su vez supondrá un considerable aumento de la población inmigrada. El aumento demográfico hará que el plan Alomar resulte infuciente para ordenar y regular el crecimiento urbanístico. Será entonces cuando el Ayuntamiento de Palma asuma la redacción del primer plan municpal de ordenación urbana.

El desarrollo del proyecto del ensanche de Bernat Calvet coincidión con el momento de máxima actividad de una generación de arquitectos titulados a finales del siglo anterior. La nueva zona a urbanizar constituía un buen campo para el desarrollo de los nuevos estilos arquitectónicos aunque algunas de las mejores obras serán levantadas en el centro histórico. Si bien el estilo dominante en los primeros años del siglo XX es el modernismo, se mantienen las herencias historicistas de finales del siglo XIX y en algunas obras aparecen ya apuntes de los que será el regionalismo.

La influencia de los arquitectos modernistas catalanes es bien visible desde la construcción del Grand Hôtel (1902) por Lluis Domènech i Montaner y deja su máxima impronta con la reforma de la catedral realizada por Antoni Gaudí y Josep María Jujol. De entre las obras modernistas de Palma destacan además la casa Forteza-Rey, diseñada por el joyero Luís Forteza-Rey, el Matadero Municipal de Gaspar Bennazar y las casas Casasayas de Francesc Roca. Ninguno de estos arquitectos continuará fiel al modernismo y su obra se verá progresivamente influida por distintos movimientos eclecticistas e historicistas. De hecho, el modernismo se inició en 1902 y finalizó tan solo quince años más tarde.

Acabado el periodo modernista, que conectó la arquitectura local con las corrientes arquitectónicas internacionales, el regionalismo supondrá una vuelta a la tradición que, a diferencia de los historicismos del siglo XIX, se basa en el estudio de los estilos originales de las respectivas regiones. Esta tendencia, que se prolonga hasta los años 50 por los especiales circunstancias de la posguerra, será seguida por la mayoría de los arquitectos que trabajaron en Palma durante los años 2o y 30. Después de la guerra civil será el estilo dominante, muy de acuerdo con los nuevos tiempos, y será desarrollado, con mayor o menor fortuna, en las reformas interiores del centro histórico derivadas del Plan Alomar de 1943.

Sin lugar a dudas la figura más destacada del regionalismo mallorquín será el arquitecto Guillem Forteza que combinará el trabajo como proyectista de edificios con el diseño de diversas reformas urbanas, la mayoría de las cuales no se llevaron a cabo. Destacó también por una importante producción teórica relacionada con su actividad profesional, por su producción literaria y por su compromiso político. Además, como arquitecto director del programa de Construcciones Escolares durante la segunda República fue el responsable del diseño de la re-escolarización en el términon municipal. De hecho, el mismo fue el creador del grupo escolar Jaume I, definitorio del actual espacio urbano de Sa Feixina.

Coincidiendo con el advenimiento de la segunda República, empiezan a llegar los ecos del llamado del Movimiento Moderno en Arquitectura. Para la introducción del Racionalismo en Mallorca será clave la publicación en 1928 de los artículos del escritor Llorenç Villalonga y del arquitecto Francisco Casas titulados «De Arquitectura». En estos artículos se hacía una enoncada defensa de los postulados del nuevo movimiento que había definido Le Corbusier. La influencia de los arquitectos catalanes vuelve a ser determinante en la introducción del racionalismo en Mallorca. Por una parte arquitectos como Francisco Casas, Guillem Muntaner y Enric Juncosa se titularon en Barcelona en aquellos momentos de auge del racionalismo catalán y por otra algunos catalanes como Josep Maria Monravà, Marcel Cases y Jaume Mestres trabajaron a su vez en Mallorca.

De todas maneras la actividad de los arquitectos locales no encajó con el movimiento moderno en todas sus vertientes y su afección al racionalismo fue en muchos casos temporal. De ahí que este tipo de proyectos se hayan definido como «episodio racionalista» dentro de una trayectoria profesional influida por varios estilos y que se verá marcada sobre todo por el regionalismo monumentalista de la postguerra.

A pesar de todo, en algunas obras se detecta una buena utilización del lenguaje racionalista. Se trata de edificios como la casa Ques de Enric Juncosa, muy bien insertada en pleno centro histórico, la casa Llofriu de Francesc Roca, la casa J.Mayol de Francisco Casas o la casa Castañer de José de Oleza, todas ellas situadas en las Avenidas y algunas casas del ensanche y los barrios periféricos como la casa Fullana de Guillem Forteza, la casa Bonet de Carlos Garau o la casa Obrador de Francisco Casas.

Después de la guerra civil se mantuvo, paradójicamente, el lenguaje racionalista en algunos edificios militares como el Cuartel de Ingenieros y el Cuartel de Automóviles. Ello es debido a la modernización de las instalaciones militares inciada durante la guerra y al carácter funcional de estos edificios. El conjunto de edificios racionalistas constituye una de las aportaciones más interesantes al patrimonio arquitectónico de la ciudad de Palma. Tras la guerra civil, la arquitectura, salvo honrosas excepciones, retorna al lenguaje del regionalismo historicista, reutilizando elementos heredados de las casas tradicionales de Palma reinterpretados con más o menos fortuna. Como única excepción de integración en el entorno y a las condiciones del solar se sitúa el Palau March, encargado al arquitecto madrileño Luis Guitérrez Soto. Unos volumenes bastante bien conseguidos se verán cubiertos, como en gran parte de la ciudad, por unos acabados propios del más puro regionalismo. No será hasta avanzados los años cincuenta cuando empiece la renovación arquitectónica de la ciudad, con la importantísima aportación que supone la construcción del taller para Joan Miró de Josep Lluis Sert en 1955.

Los años 50 y 60 marcan el momento del gran crecimiento económico de la ciudad y de la isla, producido por el desarrollo de la actividad turística. Con la llegada de una fuerte inmigración se inicia un aumento progresivo de la población que durará hasta los años 80. El Plan Alomar resulta ya insuficiente para regular y ordenar el crecimiento urbanístico. Por este motivo en 1963 el Ayuntamiento redacta un plan municipal de ordenación urbana. Éste es un plan acultural y atípico que, además de mantener las reformas interiores de Alomar, únicamente aumenta los techos de densidad de población hasta niveles cuatro veces superiores al nivel de colapso circulatorio o dos veces la densidad de población de Hong Kong o Barcelona.

Entre 1970 y 1973 se aprueba un nuevo plan de ordenación urbana. En este caso fue redactado por un equipo dirigido por el arquitecto M. Ribas Piera. El largo proceso de su definitiva aprobación implica una fuerte especulación, ya que las licencias de obra se continuan concediendo según las ordenanzas del plan anterior, mucho más permisivo. Después de las primeras elecciones muncipales democráticas, en 1979, se inician los estudios para la redacción de un Plan de Ordenación Urbana adecuado a los nuevos principios democráticos de gestión del suelo y del patrimonio construido. A partir de este plan se ha ordenado el desarrollo urbano desde 1985 hasta la actualidad con modificaciones y revisiones pertinentes.

La mayor parte de la población de Palma vive fuera del centro histórico, en unas zonas urbanas que morfológicamente se pueden dividir en Ensanche y Periferia. El Ensanche es la parte de la ciudad situada en torno al centro histórico que se forma a principios del siglo XX a partir de la primera planificación urbana (Plan Calvet). La Periferia la forman todas aquellas zonas de la ciudad situadas en el contorno o en el exterior del radio urbano. De hecho, la ciudad se ha extendido sin demasiada uniformidad como una mancha de aceite, con mayor intensidad en las zonas proximas a la costa y a lo largo de las principales vias de comunicación (carreteras de Inca, Sóller y Establisments).

Palma es una ciudad de funciones segregadas y concentradas en grandes polígonos: dos industriales (Son Castelló y Can Valero), uno escolar (Son Rapinya), dos santuarios (Son Dureta y Son Llatzer) y dos zonas turísticas (a levante y poniente). Asimismo, Palma dispone de un conjunto de grandes hipermercados, un aeropuerto, un puerto y una incineradora de residuos que dan servicio a toda la isla. Todo ello obliga a realizar largos desplazamientos de una parte a otra de la ciudad, mayoritariamente en transporte individual.

En los últimos años en el centro histórico se ha iniciado un proceso de recuperación de población y patrimonio arquitectónico. A pesar de ello continua siendo, básicamente, el núcleo de concentración comercial, administrativa y política no sólo de la  ciudad sino de toda la isla.

~ by lostonsite on 17 julio, 2009.

España, Islas Baleares, Viajes

One Response to “Cuando el palacio, que una vez fue prisión, se convirtió en museo”

  1. Buenas noches!. Estoy interesada en este artículo y quisiera saber quién es el autor pues lo quiero citar en una revista.
    Un saludo

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