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Cuando se huye de lo superfluo

MONASTERI DE LA REAL.
Palma de Mallorca

La orden del Císter nació a finales del siglo XI como un movimiento de reforma monástica motivado por la relajación de las órdenes existentes, sobre todo en la de Cluny. El monje Roberto, futuro San Roberto, queriendo recuperar el espíritu de la Regla de San Benito, en 1075 se retiró a Molesmes, Borgoña, y catorce años después, junto a Esteban Harding y veinte monjes más, fundó el primer monasterio en Citeaux – en latín Cistercium-.

A partir de entonces, la nueva orden fue conocida como la del Císter. Las intenciones fundacionales de ésta fueron, sobre todo, aislarse del mundo, volver al espíritu de estricta pobreza material y convertir suelos yermos en granjas agrícolas para su mantenimiento. En el caso de la Corona de Aragón, la organización y explotación de estas granjas estuvo estrechamente ligada al proceso de colonización de las tierras recién conquistadas: Poblet o Santes Creus en Cataluña; Piedra en Aragón; Benifassà en Valencia; Altofonte en Palermo; y La Real en Mallorca. Ello explica la intensa relación que tuvo el Císter con las órdenes militares, sobre todo con la del Temple, de la cual San Bernardo –que sin duda ha sido el personaje más importante de la Orden- protegió, ayudó e influenció.

Para el caso de Mallorca, cuenta la tradición que el Papa Gregorio IX pidió a Vidal d’Alguaire, abad de Poblet, que enviase monjes para una fundación en el nuevo Reino de Mallorca, acabado de conquistar por Jaime I. Los monjes cistercienses de Poblet entraron en contacto con el conde Nuño Sans, quien cedió su alquería Alpich de Esporles para construir el nuevo monasterio. También cedió otras alquerías, como la de Deià, y casas en Manacor. En 1236 los monjes ya estaban establecidos en el pueblo de la Sierra de Tramuntana, cuya comunidad era conocida como Santa Maria de la Font de Déu (actual Sa Granja). Esta situación duró muy poco tiempo, pues tres años más tarde los monjes se establecieron dentro del término de Palma, en un lugar conocido como La Real, lugar de la huerta que era regada a través de dos importantes acequias: la Real y la de Baster. La fundación del monasterio de Santa María de la Real dependió directamente del monasterio de Poblet; poseyendo este último la tutoría plena del monasterio de Mallorca.

Esta situación duró hasta el año 1560, momento en el cual la Real se independizó del monasterio de la Conca, a pesar de continuar siendo filial suyo. El abad cisterciense tuvo siempre un papel importante en la administración eclesiástica y política de la isla, tanto es así que en las Leyes Palatinas de Jaime III se le sienta en segundo lugar, después del obispo, en las cortes del rey. Dos son los personajes que, entre todos los relacionados con el monasterio cistercense, sobresalen: Ramón Llull y el abad Antoni Raimon Pasqual. Cuando Llull decidió cambiar de vida y cultivarse, eligió la Real. Allí uno se podía aislar del mundo y concentrarse en instruir su vida espiritual y contemplativa. Además, la biblioteca del monasterio era una de las importantes de Mallorca, allí se familiarizó con la mística y la doctrina de San Agustín. Fue precisamente en el Monasterio de la Real donde parece que pudo escribir su obra “Art General”, y donde buscó en la vida de los monjes, inspiración para su obra “Blanquerna”. A pesar de su vida agitada, de andar de aquí para allá, Llull debió tener siempre comunicación con los monjes del Císter y ello explica que en su testamento (1313) dejase un cofre lleno de libros a la biblioteca de la Real.

El abad Antoni Ramon Pasqual vivió en el siglo XVIII. Destacó como gran lulista y gran erudito. Fue autor de las Vindicaciones Lulianae, así como de una historia del monasterio. Ya en el siglo XIX, la Real no pudo librarse de las leyes desamortizadoras. En 1820, después de seis siglos de historia, los monjes del Císter tuvieron que abandonar Mallorca. Los terrenos del monasterio fueron parcelados y vendidos. Según el archiduque Luis Salvador “volvieron los monjes de la Real en 1823 a sus antiguos dominios, pero el monasterio había sufrido mucho y el edificio estaba en ruinas, incluso había servido de hospital durante la epidemia de 1821”. En 1835 la Real fue definitivamente abandonada por los monjes. En pocas décadas lo que quedaba del monasterio quedó al amparo del saqueo y de la barbarie, dejándolo prácticamente irreconocible. En 1897, el obispo Jacinto Mª Cervera encomendó a la congregación de Misioneros de los Sagrados Corazones – es Coritos – los restos del monasterio.

A finales del siglo XIX el monasterio fue restaurado por dicha congregación y, tal y como apuntan los historiadores María Barceló y Guillem Rosselló: “Reocupado el lugar a finales del siglo XIX, el monasterio ha llegado a nosotros totalmente reconstruído. Es, por tanto, imposible pretender dar una visión de la estructura medieval del lugar”.

Los elementos arquitectónicos que hoy en día llaman más la atención son el claustro, que, muy restaurado y reconstruido, fue realizado en el siglo XVI; y la iglesia, que poco tiene que ver con la original. La estructura de la iglesia es gótica, parte del claustro es barroco, pero por lo general destaca el eclecticismo.

A pesar de la desaparición del antiguo monasterio, los Misioneros de los SS.CC. consiguieron convertir la Real en un centro de ejercicios espirituales y centro de formación de los miembros de la congregación. También han conseguido ser el epicentro de la vida social del barrio del Secar de la Real. Su romería, el día de Sant Bernat, es probablemente de las más antiguas que se celebran en Mallorca, y en la Palma que pervivió hasta hace tres generaciones fue la más importante de las celebradas en los alrededores de Ciutat, muy vinculada a los hortelanos.

El Secar de la Real donde se ubica el Monasterio de la Real está situado a unos tres kilómetros de las murallas de Palma y se ha caracterizado hasta las últimas décadas del siglo XX por su carácter rural y por tener una población dispersa. Estas características se explican por el hecho de que es una zona con abundancia de agua, lo que permitió el desarrollo de una importante agricultura desde la época islámica hasta el siglo XIX, constituyendo, junto con Sa Sardina y la Indioteria la denominada Horta d’Amunt.

A partir de los años 60 del siglo XX, cuando la agricultura entró en crisis debido al crecimiento turístico, se inició un proceso de fragmentación de la propiedad que causó una importante transformación urbanística, con la edificación de viviendas de Son Serra Parera y en el decenio de 1980, cuando se creó la urbanización del Secar Nou.

El conjunto del Monasterio de la Real, del que debía ser la parte construida, era, según las descripciones que nos han llegado, un recinto custodiado por un alto muro rematado con almenas, del cual parece que solo quedaría el portal de ingreso al recinto.
Este portal está formado por un gran arco de medio punto, con anchas dovelas, coronado por un remado superior que contiene como elemento central un nicho que parece que se añadió a comienzos de la segunda mitad del siglo XVII. En el nicho se encuentra una imagen de la Virgen María con el Niño en brazos.
Una vez traspasado este portal se accede a un espacio libre que hace como de espacio de acogida, a manera de gran terraza, que flanquea la entrada al monasterio.

Actualmente el conjunto edificado de monasterio e iglesia se encuentran rodeados de una zona de espacio libre que se limita por una tapia de alzada variable, siendo en algunas zonas superior a los dos metros.

El conjunto se estructura en planta con el monasterio organizado en torno a un claustro de planta casi cuadrada, y con iglesia, con el eje longitudinal dispuesto de forma perpendicular al lateral del claustro al cual se adosa.

La estructura del conjunto no cumple, al menos en la actualidad, los esquemas tradicionales de organización espacial que seguían las construcciones monacales del Císter. La construcción del claustro no es cronológicamente unitaria; parte de las arcadas interiores son del siglo XV, las alas norte y este del piso superior se pueden datar a finales del siglo XVII y primera mitad del siglo XVIII y el ala poniente es del final del XIX. Es de planta rectangular, tendiendo al cuadrado, y cuenta con dos pisos de arcadas, de arcos carpaneles sobre columnas de sección bien octogonal, bien helicoidales en la planta baja, y sobre columnas jónicas estriadas en el primer piso y de sección circular las construidas en la última reforma. No se discierne, en principio, ninguna ley lógica que guíe a la planta baja la alternancia entre las columnas de sección octogonal y las helicoidales y el sentido de la rotación. Sobre el ala norte y este del claustro se encuentra un segundo piso de dependencias de construcción reciente.
El claustro se encuentra estructurado por dos pasos adoquinados en forma de cruz, y los cuatro cuadrados que restan están ajardinados. En el centro del claustro hay una fuente del siglo XVII. Situadas sobre uno de los ejes, junto al ala norte, una cisterna de cuello cuadrangular de piedra y una estatua de Ramón Llull, obra de mediados del siglo XIX del escultor Orell.
Las paredes del claustro presentan tumbas procedentes de la iglesia. Así, se puede ver la lauda sepulcral del abad Onofre Pol, decorada con mármoles de diferentes colores, es de una gran riqueza. También hay en los corredores de una de las alas del claustro una trona realizada en piedra arenisca, la cual posiblemente ya corresponde a la época de los Misioneros que ocupan en la actualidad la Real, puesto que lleva el emblema de los Sagrados Corazones en uno de sus lados.
Las dependencias más significativas dispuestas en torno al claustro son:
– En la planta baja: el ala este la biblioteca y la sala capitular; en el ala norte las actuales cocina y comedor, en el ala oeste algunas dependencias comunes; y en el ala sur se dispone la iglesia.
– En la planta baja, algunos de los accesos de las dependencias de alrededor del claustro están configurados por arcos de factura antigua; así, el de la biblioteca está constituido por un arco apuntado de arenisca; el de la sala capitular, en cambio, es adintelado, pero está enmarcado por dos emblemas con la fecha de 1600.
– En la planta primera en las alas este y norte están las celdas y el colegio, en el ala oeste diversas dependencias donde se guardan objetos, una habitación que reproduce la celda del fundador de los Misioneros de los Sagrados Corazones el padre Joaquim Rosselló Ferrá.
– La planta segunda, existente sólo en las alas norte y este, es fruto de un reciente aumento de volumen, cuando la congregación consideró que necesitaba más superficie construida. Estas dependencias se utilizaban con finalidades que se podían denominar benéfico – asistenciales.
– La sala capitular, convertido en dormitorio y establo tras la exclaustración, fue reformada y recuperada a los años 50 del siglo XX. Es de planta rectangular y presenta cuatro tramos de vuelta de crucería. Las clave de bóveda son de factura reciente y representan emblemas relacionados con los Misioneros de los Sagrados Corazones.
– La biblioteca ocupa un espacio que ha estado rehecho totalmente a partir de la recuperación de la función religiosa tras las desamortizaciones.

Las dependencias más destacables con respecto a sus características arquitectónicas, por lo tanto, las de la planta baja. El conjunto presenta cubiertas inclinadas excepto en parte de las alas norte y oeste, las de reciente recrecimiento que en su zona central se reservó una parte de cubierta plana.

La iglesia conventual: El templo actual es el resultado de una intervención a la iglesia gótica del monasterio llevada a cabo en el año 1908 por el arquitecto Guillem Reynés y promovida por el obispo Campins. Esta intervención significó una profunda reforma del antiguo templo, e incluso ha sido calificada por algún historiador (como Miquel Seguí) de poco afortunada. Existe una hipótesis que apunta que Reynés contó con la colaboración, o cuando menos el asesoramiento de Gaudí para esta intervención, de la cual fue maestro de obras Joan Manera. De entre los hechos que debieron suponer una mayor alteración de la anterior construcción se pueden citar:
1) Para dar amplitud al templo, y aumentar su altura se procedió a rebajar el suelo en torno a un metro.
2) Se agujerearon los arcos diafragmáticos, con el objetivo de aligerarlos.
3) Se cambió la orientación del templo. Así, el altar mayor pasó al extremo al lado del claustro y la portada principal, que anteriormente daba al claustro, se situó en la placeta que hay justo traspasado el callejón de acceso al monasterio. Esta operación quizás se explicaría porque mientras que la iglesia era del monasterio y daba servicio a este, el acceso a la misma era por el claustro, en cambio, con la reforma, lo que se pretendía era que la iglesia fuera del pueblo, que venía de fuera.
Años después, se construyó un atrio o pórtico de acceso a la iglesia en fachada principal, según un proyecto de Guillem Fortaleza. La iglesia es de planta rectangular, de una sola nave y con cuatro capillas laterales a cada lado. Tiene acceso a través de un pórtico de menor altura que la nave y con tres grandes arcos de medio punto; el paramento de este cuerpo presenta un esgrafiado de círculos.

La cubierta de la nave central es a doble vertiente y está configurada por un artesonado de madera y placas cerámicas con motivos de inspiración mudéjar, sostenida por arcos diafragma apuntados con óculos. Las capillas laterales presentan bóveda de crucería. Se accede a las capillas laterales a través de arcos apuntados. La capilla de San Bernat presenta una decoración pictórica mural de factura reciente. La capilla de San Onofre presenta una clave de bóveda con el escudo del abad Onofre Pol, el cual conserva la policromía, y unos capiteles con representaciones antropomórficas.

En el primer tramo de la iglesia hay una tribuna sostenida por tres arcos de medio punto, donde se encuentra el órgano. A cada lado también hay sendas capillas, la de la derecha con cubierta de bóveda de crucería y la de la izquierda con un artesonado plano de madera. Se accede a través de arcos de medio punto ligeramente rebajados.
Finalmente, hace falta mencionar la sacristía, con techo muy alto y cubierta a doble vertiente como la de la nave central de la iglesia. Empotrado en uno de los muros vemos un interesante lavamanos de piedra y enmarcado de ladrillos con motivos florales diseñado por Reynés. El aspecto de esta sacristía es también de estilo modernista, igual que el de la iglesia, aun cuando se observa que restan elementos anteriores, como por ejemplo un gran arco ojival que se encuentra en uno de los paramentos verticales.

Fachadas:

Fachada por dónde actualmente se accede al conjunto: La fachada que da a la placeta de la iglesia presenta tres alturas. La planta baja está constituida por un pórtico con unas arcadas de arcos carpaneles. El paramento presenta un portal con un arco con piezas muy anchas. En el primero hay una sucesión de ventanas rectangulares y en el porche una sucesión de pequeñas ventanas. La disposición de estas aperturas es simétrica y regular y todas ellas presentan un enmarcado constituido por una faja pintada de un color rosado, que destaca sobre el blanco de la fachada. Hace falta mencionar que en la parte izquierda de la fachada, entre el primer y el segundo piso, se observa un reloj de suelo esgrafiado en el paramento. En el lateral izquierdo de la fachada se adosa un bloque de planta cuadrangular de menor altura, el cual presenta una pérgola en su parte superior.
En el porche del piso inferior, en el muro de mano derecha, se encuentra el portal de acceso al claustro adintelado.
La iglesia presenta adosado por la fachada sur (de los pies) un atrio con tres arcos de medio punto.
El campanario, situado al lado del ángulo sur oeste de la iglesia es también fruto de la última reforma importante llevada a término en el conjunto.
Fachadas norte, este y oeste: Desgraciadamente, lo que se ha de explicar estas fachadas es que presentan una composición y una relación entre hueco y lleno que no tan solo nada tiene que ver con lo que debía ser la tipología original de las mismas, sino que desdicen del resto del conjunto, siendo una de las partes que peor actúa en el conjunto compositivo del monumento. Presentan ventanas de proporción vertical, tamaño considerable y con una elevada proporción de vacíos respecto de la superficie de macizo.
Son muy pocos los elementos que parecen de factura antigua, entre ellos, una ventana coronada por un pequeño escudo y un portal de arco redondo ambos situados en la parte correspondiente a la biblioteca, por lo tanto a la fachada este.

~ by lostonsite on 15 julio, 2009.

España, Islas Baleares, Viajes

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