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Cuando se pinta el horror de la angustia

FRANCIS BACON

Museo del Prado
3 de Febrero – 19 de Abril 2009

FRANCIS BACON (1909 – 1992)

Aunque nació en Dublín y toda su niñez transcurrió en Irlanda, se le suele considerar un pintor inglés debido a sus raíces familiares inglesas y a que desarrolló buena parte de su producción en Londres.
Su padre entrenaba caballos de carreras en Dublín, pero debido a la Primera Guerra Mundial tuvo que mudarse con su familia a Londres en 1914. Entre 1914 y 1925 la familia vivió entre Inglaterra e Irlanda.
La infancia de Francis Bacon no fue fácil. Padecía de asma crónica y tuvo una formación escolar irregular porque la enfermedad le impedía acudir al colegio; cuando sufría ataques asmáticos fuertes le administraban morfina. Fue expulsado de casa por su padre cuando tenía 16 años, al manifestar sus inclinaciones homosexuales.

En 1926 comenzó a tomar lecciones de dibujo en la St Martin School of Arts de Londres. A partir de 1927 vive entre París y Berlín, donde comienza a trabajar como decorador de interiores y es en esta etapa cuando empieza a pintar, no alcanzando el éxito con sus primeros cuadros.
Residió durante medio año cerca de Chantilly, alojado por una pianista y aficionada al arte que había conocido en una exposición en París. En esa época en Chantilly admiró el cuadro La masacre de los inocentes de Poussin, del vecino Museo Condé. Este cuadro le inspiraría múltiples obras. Pero la influencia más importante que le lleva a pintar es una visita a una exposición de Picasso en París, la cual le impresiona y que será una influencia en su trabajo: «Aquellos pierrots, desnudos, paisajes y escenarios me impresionaron mucho, y después pensé que quizá yo también podría pintar». Bacon decidió que el tema de sus pinturas sería la vida en la muerte: debía buscar a su yo más vital, pero también al más autodestructivo. Michel Leiris le sugirió que «el masoquismo, el sadismo y casi todos los vicios, en realidad, eran tan solo maneras de sentirse más humano».

En 1929 regresa a Londres, y de forma autodidacta comienza a pintar en óleo. No obstante no había logrado el reconocimiento, y cuando cumplió 35 años, por su carácter temperamental, destruyó casi todos sus cuadros.
A finales de los años 40 empezó a conformar su estilo más inconfundible. En 1949, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), compró una obra suya. Francis Bacon realizó algunas de las pinturas más desgarradoras del arte contemporáneopero.

En 1964 conoció a George Dyer, su amante por muchos años: le sorprendió robando en su taller y (según relató el mismo artista) terminaron la noche acostándose juntos. Su relación fue más bien tormentosa, si bien inspiró múltiples obras al artista, y Dyer terminó suicidándose con barbitúricos en 1971. Tres años después Bacon inició su relación más estable, con el joven John Edwards, quien heredaría sus bienes (valorados en 11 millones de libras).

Curioso y anárquico, Bacon acumulaba en su taller innumerables recortes de prensa y fotografías de obras de arte antiguas, especialmente de Velázquez. También le interesaban las viejas películas de atletas saltando y corriendo, así como de aves y demás animales, pues le fascinaba el movimiento de los seres vivos. El taller de Bacon estaba tan desordenado, que el artista pisaba sus propias obras. Solía desechar bastantes si no estaba satisfecho con ellas. El taller de Bacon fue donado por su heredero John Edwards al museo Hugh Lane Municipal Gallery de Dublín. Fue desmontado y trasladado como una obra de arte en sí misma a dicho museo.

A lo largo de toda su carrera Bacon recurrió al informalismo, al expresionismo y al surrealismo, pero sus cuadros pertenecen al racionalismo. Sin embargo, para algunos autores la obra de Francis Bacon no pertenece a tal corriente. Se trata de una pintura de corte expresionista pero muy difícil de clasificar, porque nunca perteneció a ningún movimiento artístico. Simplemente prosiguió lo que él consideró (en las entrevistas que le hizo David Sylvester a lo largo de los años sesenta) una línea pictórica postpicasiana, siguiendo la vía abierta que Picasso dejó con la figuración y la representación obsesiva del cuerpo humano. Según el filósofo francés Gilles Deleuze, autor de uno de los ensayos que mejor analizan la obra del pintor (Francis Bacon: Logique de la sensation), la figuras de Bacon son las que mejor representan al hombre del siglo XX: si Cézanne lo hizo con el paisaje, Giacometti y Bacon llevaron al hombre a su mejor representación artística, en relación al hombre angustiado por la vida, pero entusiasmado por el arte.

(ANIMAL)

Las primeras obras de Bacon, a partir de mediados de la década de 1940 y hasta 1950, se basan en su idea de la animalidad intrínseca del ser humano, algo que pervivirá a lo largo de su vida. De este período se conservan muy pocas pinturas, ya que muchas de ellas fueron destruidas por el artista debido a las críticas adversas recibidas.
Para Bacon, el ser humano tiene una parte animal y otra parte humana, aunque existen personas que tienen más parte animal que humana y viceversa. El ser humano no es más que un trozo de carne comestible cuya única finalidad es nacer, copular y morir, puesto que tras la muerte no existe nada. A Bacon le apasionaban las carnicerías, ya que la visión de la carne despedazada le evocaba la idea de muerte y tortura.

– Tres estudios para figuras al pie de una Crucifixión (1944)
El cuadro fue presentado en Londres en 1945, ante una sociedad estupefacta por la barbarie de los campos de concentración. El 27 de enero de 1945, las tropas aliadas entraron en el campo de concentración de Auschwitz y los tabloides londinenses empiezan a publicar las primeras fotografías que muestran esta tragedia humana. El cuadro de Francis Bacon parece una respuesta a ese sentimiento, un reflejo de esa realidad.
Sobre un fondo naranja muy potente se establecen tres figuras: a la derecha una figura agresiva, a la izquierda una figura pasiva, y en el centro una figura sufridora. Bacon maneja diversas fuentes de distintos siglos, de distintos autores, todos ellos entremezclados, pero siempre teniendo en cuenta el orden y la geometrización… así pues, en la figura de la izquierda, Bacon recrea una foto que poseía en la que se apreciaba un ectoplasma saliendo de una medium, mientras que en la figura central dibuja las caderas de La Venus del Espejo de Velázquez. En la figura de la derecha se puede apreciar una referencia a Las bañistas de Picasso, donde las caracteriza con cuerpos enormes y piernas pequeñas, y también al  cuadro del Guernica con la representación de una gran boca abierta, con dientes que rechinan… Bacon siempre incide en la importancia de la boca. A través de ella todas las emociones y pasiones humanas se pueden representar, por eso en toda su obra la boca es una parte trascendental. Además aparecen diversos elementos que nos remiten a su primera vocación, diseñador de muebles, como es la inclusión de un taburete.

– Cabeza I (1947 – 1948)

En este cuadro, Bacon dibuja una cabeza mitad humana, mitad animal. Aparece una perspectiva muy marcada con algunos elementos de mobiliario en la parte de atrás. Se recrea un espacio, delimitando el área donde está ubicada la figura. Del techo cuelga un cordón con una borla, elemento que aparece en muchas de sus obras, y que evoca los pulsadores de luz que Bacon tenía en su estudio.

 

– Estudio del cuerpo humano (1949)
Marca la espina dorsal, algo que lo realiza en muchas ocasiones, porque para Bacon era la zona más frágil del hombre. Para la composición de este cuadro, trabaja igual que la Escuela de Venecia, cuya característica distintiva es el predominio del color sobre la línea y el dibujo, con pinceladas anchas que desdibujan los contornos.

(ZONA Y APRENSIÓN)

En la década de 1950 Bacon empieza a trabajar en las variaciones sobre el Retrato del papa Inocencio X de Velázquez, con una mayor complejidad en su estructura. Esto se puede apreciar también en su serie Hombres de azul, o en el Estudio de Babuino. Las figuras se aislan dentro de una estructura metálica, que recuerda a la cabina de aislamiento de Adolf Eichmann durante el juicio que se llevaría a cabo una década después en 1960. Bacon, que era un gran coleccionista de fotografías y de recortes de períodicos con noticias escabrosas, recopiló algunas fotografías de dicho juicio. En general, estaba muy interesado por la Alemania Nazi debido a esa relación entre el poder y el terror, y algunas de las imágenes le sirvieron para la creación de su propio lenguaje. Así pues, en varias obras se puede apreciar como la figura está rodeada de una cortina de luz, que hace referencia al proyecto de Albert Speer, La catedral de luz, que se basaba en la proyección de luces en el estadio de Nüremberg durante una concentración del partido nazi.

 

Las bocas, expresivamente abiertas en un grito, se convierten en el centro de las composiciones, uniendo a la idea del poder la de la angustia interior y la crueldad.

– Estudio según Velázquez (1950)
Se trata de la primera de las composiciones de la serie que realizó sobre el Papa Inocencio X (llegó a pintar más de 40 composiciones).  El papa Inocencio X estaba dominado por su madre, siendo un papa cruel y violento. Diego Velázquez capta toda su psicología a través de su mirada. Cuentan que el papa exclamó al verlo terminado: Troppo vero! (¡Demasiado verdadero!), ya que le mostraba tal cual era, sin embellecimiento alguno.
Bacon queda impresionado por este retrato, y a través de su figura que representa el poder religioso y político, comienza a pintarlo.

– Estudio según Velázquez (1953)
Vuelve a presentar al papa tras una cortina de pinceladas verticales, referencia a la Catedral de luz de Albert Speer.

 

– Estudio para un retrato (1953)
Junto a la serie de los papas, Bacon realizó la serie de los hombres de luz. Se trata de hombres encuadrados en un espacio delimitado y donde se profundiza en la relación con el poder. En el Estudio para un retrato, la figura central mira con gesto arrogante, plasmando el ansia de poder.

– Hombre con perro (1953)
Sin el uso de veladuras, Bacon intenta captar y plasmar el movimiento. En el cuadro aparece un perro atado con una cadena por un hombre. La posición del perro hace referencia a una serie de fotografías tomadas por Eadweard Muybridge se un perro martín andando (The Walk)

– Estudio de un desnudo (1952 – 1953)
De nuevo utiliza las pinceladas a modo de cortinas verticales, con una clara geometrización del espacio. Representa al ser humano aislado, del que se resalta la espina dorsal, símbolo de su fragilidad.

– Chimpancé (1955) y Estudio de un babuino (1953)
De su estancia en Tánger, Bacon empieza a usar unos colores más vivos, con la inclusión de una fauna y flora más exótica. El babuino agarrado a un árbol forma una cruz, reflejando amenaza y aislamiento.

 

– Estudio para retrato de Van Gogh (1957)
Hace hasta 7 versiones de una pintura de Van Gogh (“The painter on his way to work, on the road to Tarascon”) que fue quemada durante la Segunda Guerra Mundial. En este cuadro, Bacon usa una pincelada muy movida, con árboles que poseen toques amenazantes, y colores rojos muy fuertes.

 

(CRUCIFIXIÓN Y CRISIS)

Durante la década de los 60, Bacon realizó grandes trípticos como Tres Estudios para una Crucifixión, y Crucifixión.
En la década de 1960 Bacon era ya figura capital del arte inglés de vanguardia.

– Estudio para la niñera del Acorazado Potemkin (1957)
Bacon recrea un fotograma de la película del Acorazado Potemkin, donde una niñera es tiroteda y alcanzada con una bala en el ojo, soltando el carricoche de un niño en la escalera de Odessa. De nuevo, Bacon enfoca su energía en plasmar la expresión de la boca, del grito.

 

– Niño paralítico andando a gatas (de Muybridge) (1961)
De nuevo Bacon se inspira en una serie fotográfica de Eadweard Muybridge. En esta serie aparece un niño mutilado andando a gatas.

– Tres estudios para una crucifixión (1962)
El suelo es una línea curva que recuerda a un circo o a un foso taurino.

– Crucifixión (1965)

Para Bacon, la crucifixión es el símbolo de la tortura, del martirio. Por eso lo trata apareciendo cuerpos despedezados, mutilados… El propio artista desveló que el motivo central lo tomó del Cristo en la gran Crucifixión del pintor medieval Cimabue; las relaciones que se establecen son enigmáticas, sin una alusión directa al tema religioso, sino a la crueldad con que los seres humanos son capaces de tratarse unos a otros. Aparece como tema casi exclusivo la violencia, la sangre y la sugerencia del crimen.
En la parte de la derecha se alude a  los nazis, aunque negado por Bacon, se hace patente en la cruz gamada sobre el brazo de una de las figuras que está estrujando algo que posee los colores de la Revolución Francesa (blanco, azul y rojo). La figura, además, está inspirada en un dibujo de Miguel Ángel.
En la parte de la izquierda, Bacon se hace eco de una noticia que apareció en la primera mitad del siglo XX que contaba la aparición del cuerpo de una mujer totalmente destrozado.

  

(ARCHIVO)

En su estudio se revela el riquísimo mundo de las ilustraciones fotográficas que, junto al cine, le sirvió de punto de partida de su inspiración, mezclando las fotos sobre el movimiento de Muybridge con ilustraciones de libros variados, recortes de revistas e instantáneas de periódicos.

(RETRATO Y ÉPICO)

Bacon al hacer retrato se fija en el cubismo de Picasso pero con una pincelada muy movida. Fue muy importante el retrato, que definió como el género propio del siglo XX, sobre todo de sus amigos, como Isabel Rawsthorne, Henrietta Moraes y George Dryer, modelo de elegías pictóricas que le recuerdan tras su muerte, por suicidio en 1971.
En su pintura, a partir de entonces, aparecen con frecuencia las referencias poéticas, desde el teatro griego hasta Shakespeare, T.S. Eliot o García Lorca, y supo unir el influjo de Picasso y Soutine con su interés por Velázquez, Miguel Ángel o Van Gogh.

– Figura yacente (1969) / Henrietta Moraes (1966)
Bacon retrata a su amiga Henriett Moraes en una posición como en composiciones clásicas.

 

– Tríptico en memoria de George Dryer (1971)
En 1971, Bacon viaja junto con su amante George Dryer a París, donde se va a realizar una gran exposición sobre su obra. Sin embargo, mientras Bacon está organizando los últimos retoques de su gran exposición en el Grand Palais de Paris, Georg Dryer se suicidó con barbitúricos. Este hecho conmocionó profundamente a Bacon, que pintó varias obras maestras en recuerdo de este trágico acontecimiento.
En el Tríptico en memoria de George Dryer, le retrata subiendo a la habitación del hotel de París donde se suicidaría. La figura de Dryer está rodeada de color negro, la nada o la muerte que le acecha. También le retrata como un luchador vencido que no se puede levantar.

– Tríptico mayo-junio (1973)
A la izquierda, Bacon pinta a Dryer en la posición que se le encontró en el baño la noche que se suicidó. El negro va haciendo su aparición, le va inundando.

– Tríptico inspirado por el poema de T. S. Eliot “Sweeney Agonistes” (1963)
En el centro retrata un acontecimiento que sucedió durante los años 20; un compartimento de tren apareció completamente repleto de sangre aunque jamás se encontró el cuerpo.
A la izquierda y a la derecha aparecen figuras de dos mujeres y dos hombres, que mediante reflejos de espejos crea un juego de escenas dentro de otra escena muy barroco.

– Tríptico inspirado por la Orestades de Esquilo (1981)
Producto de la lectura de Esquilo, aparece en el centro la figura de Agamenón, asesinado por su mujer. Una vez más, Bacon resalta la espina dorsal como símbolo de la fragilidad. A los lados se encuentran las furias, con un gran pico porque aguijonean a la conciencia.

– Segunda versión del Tríptico de 1944 (1988)
Pasados unos cuarenta y cuatro años después, Bacon retoma su primera gran obra para crear una segunda versión. En esta nueva versión aparecen tres clavos como símbolo de la crucifixión.

– Sangre en el suelo (1988)
Sobre una acera se halla una mancha de sangre. El cuadro está claramente dividido en tres secciones, que hace referencia a las tres actividades naturales del ser humano según Bacon: nacer, copular y morir. La muerte está representada por el negro, la nada, puesto que para él tras la muerte no hay nada.

– Chorro de agua (1988)
Sobre un fondo geometrizado, compartimentado, Bacon experimenta lanzando pintura.

– Retrato de John Edwards (1988)
John Edwards, tabernero de Londres, es retratado en la misma posición que fotografió a su antiguo amante Dryer.

– Tríptico (1991)
Resumen de su vida. Colores muy sobrios sobre un espacio muy ordenado y geometrizado. A la izquierda Bacon retrata a su amante español surgiendo de la oscuridad y saliendo hacia la luz porque según él le quedaba mucha vida por delante. Sin embargo, a la derecha, Bacon se autorretrata pasando de la luz a la oscuridad, porque sabe que está muy enfermo, que le queda poco tiempo. En ambos casos, sus caras aparecen pinchadas con un alfiler.
En el centro se encuentran dos figuras de dos hombres luchando.

~ by lostonsite on 15 abril, 2009.

Arte, Exposiciones

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