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Cuando se pasea por la antigüedad

UXAMA

Uxama Argaela, una de las ciudades  hispanorromanas más importantes de la Meseta norte, era ya en la Segunda Edad del Hierro un establecimiento celtíbero del grupo de los arévacos con dos necrópolis de incineración. Durante la romanización este enclave, magníficamente situao en la red viaria y con un fértil entorno, se convirtió en un destacado núcleo con amplio territorio.
En el siglo VII era ya sede episcopal y en el VIII fue abandonada tras la invasión musulmana. Uxama consta de un rico conjunto arqueológico extendido sobre más de 100 hectáreas y que comprende un extenso casco urbano sobre el Alto de Castro, la necrópolis hispanorromana, barrios periféricos instalaciones artesanales en el Ucero, algunas villas residenciales, un campamento romano y una necrópolis hispanovisigoda.

–  Atalaya árabe, casa y muralla hispano-romanas

En el siglo X los árabes levantaron una torre de vigía en Uxama en relación con la fortaleza califal de Gormaz y las defensas de la línea fronteriza. El alto del Castro, castillo natural sobre la Hoz de Peñalavara, era un punto estratégico importante para el ejército musulmán. La atalaya se apoya sobre las ruinas de una casa hispano-romana de los s. I y II que, tras quedar en desuso en el s. III, había sido incorporada a un bastión de la muralla que en el Bajo Imperio protegía la ciudad.
Las Atalayas son de planta circular, divididas interiormente en varias alturas, generalmente una planta baja, dos pisos y una terraza superior. Están construidas a base de sillarejo menudo trabado con mortero de cal, conformando anchos muros. La entrada se sitúa en el primer piso, a varios metros del suelo, y se accede a ella mediante una escalera de mano.
Todas ellas disponen de un reducido espacio interior, propias para un pequeño destacamento de dos o tres personas en misión de control y vigilancia. La división interior se realiza mediante pisos de madera sujetos con vigas empotradas en el muro, cuya impronta es perfectamente visible en las paredes. La comunicación entre los pisos se realizaría mediante una trampilla de madera y una escalera de mano. La planta baja, sin comunicación con el exterior, estaría destinada a conservar agua y provisiones. El primer piso, servía de acceso y cuerpo de guardia. Encima se dispondría otro, generalmente de menor altura, con pequeños vanos de ventilación e iluminación que servía como zona de descanso. Desde la terraza superior, en algunos casos almenada, se realizaría la vigilancia y transmisión de mensajes y pudo estar cubierta con una techumbre de madera y paja.
Ante una situación de peligro, la eficacia de la torre vigía se ponía de manifiesto al activar el mecanismo de comunicación, basado en espejos, emisiones sonoras o señales de humo durante el día y luminosas por la noche, señales que se iban trasladando de unas torres a otras hasta alertar a las guarniciones emplazadas en las fortificaciones y castillos.
En el año 946, Abderraman III desplaza la capitalidad de la Marca Media a Medinaceli, reforzando las líneas defensivas con el levantamiento de castillos, pequeñas fortificaciones y atalayas. Los castillos, denominados hins por los musulmanes, se establecen en zonas con máxima visibilidad y dificilmente expugnables, repartidos a lo largo de las vías defensivas. Es el caso de Medinaceli, Barahona, Berlanga, Gormaz y San Esteban. Entre estos, se construyen pequeñas fortificaciones como puntos de control y apoyo, capaces de albergar pequeñas guarniciones. Esta función debieron desempeñar fortificaciones como Albubilla de las Peñas, Albubilla del Marqués y Bordecorex.
Finalmente el entramado defensivo se completaba con multitud de atalayas, pequeñas torres circulares cuya misión principal era el control de los movimientos militares en la zona. La mayoría están situadas en los puntos de máxima altura y distribuidas unas de otras estratégicamente, pudiendo mantener un contacto visual entre ellas.
A partir del siglo VI se aprecia un abandono de la ciudad de Uxama, descendiendo su población hacia las laderas del castro, dando lugar a la actual Osma. El asentamiento de los visigodos trajo consigo la creación de la sede episcopal oxomensis, lo que nos indica la existencia de un núcleo de población hispano-visigoda de cierta entidad, del que apenas han quedado restos, a excepción de algunas piezas encontradas en el castro y una necrópolis aparecida en Osma.
La ocupación islámica de la peninsula, tras su llegada en el año 711, se llevó a cabo de forma rápida aunque desigual. Con objeto de reforzar los territorios conquistados, los musulmanes establecen una línea fronteriza que atraviesa la península dividida en tres zonas, quedando el territorio soriano englobado en la Marca Media, cuya capitalidad se establece en Toledo. En el siglo VIII, supone la práctica despoblación de la zona, a excepción de pequeños núcleos agrarios constatados por la historiografía árabe y cristiana.
Entre los siglos IX y X, los condes castellanos impulsarán una lenta repoblación, en núcleos como San Esteban, Clunia y Osma entre otros, llegando hasta la línea del Duero, frontera natural. La respuesta del Califato se tradujo en el desencadenamiento de sucesivas expediciones a la zona, estableciéndose así un territorio fronterizo de confrontación que estuvo a merced de unos y otros.

– Casa de los plintos o del lampadario

Construcción de carácter doméstico, propia de la minoría acomodada, en uso desde mediados del siglo I d. C. a la segunda mitad del siglo III. Tiene 1000 m2 de superficie y ocupa toda una manzana entre calles porticadas, al sur del foro. A principios del siglo II se realizaron importantes reformas en la parte meridional y occidental de la planta que se mantuvo algo más de un siglo hasta ser devorada por un terrible incendio. Ha proporcionado importante ajuar doméstico y pinturas parietales.
A pesar de las reformas, en líneas generales la casa sigue el modelo romano: un gran patio – atrio – , alrededor del cual se distribuyen las numerosas estancias de la casa, comunicadas por medio de pasillos. Han podido ser identificados varios salones de recepción, comedores, cocina (con hogar), despensas y dormitorios, junto con una zona destinada a la huerta. La casa dispone además de una cisterna para el abastecimiento de agua.
Los muros son de piedra en su parte inferior, levantados con adobes recubiertos de estuco, algunos con pinturas al fresco. Los suelos son en su mayoría de arcilla pisada, aunque también los hay de mortero blanco y embaldosados.
La casa de los plintos fue edificada encima de una zona ocupada en la etapa celtibérica por varias viviendas de pequeño tamaño, de las cuales únicamente se conservan los elementos rupestres. En época romana se aprovechan estas pequeñas habitaciones excavadas en la roca, integrándose en el conjunto. Probablemente fueron utilizadas como bodegas o pequeños almacenes para conservar alimentos, ya que por sus características constructivas mantienen una temperatura y humedad constantes.
Las aceras de las calles norte y sur, están bordeadas por una hilera de soportes o plintos, que sirven de  apoyo a las columnas que sostienen un pórtico o soportal. La entrada principal de la casa, marcada en la propia acera formando un pequeño porche, comunica directamente con un amplio atrio o patio, que en este caso debió de ser cubierto. El símbolo fálico, tallado en uno de los sillares de la puerta pretende proporcionar fertilidad y prosperidad a los propietarios de la casa.

– Terraza artificial porticada

En la primera mitad del siglo I d. C. se decidió levantar un edificio que destacase de todo el conjunto monumental y para situarlo se dispuso una terraza artificial, base de una amplia plaza con tres lados porticados. En el centro se alzaría el edificio, seguramente un templo.
Se conocen casos similares en otros lugares del mundo romano, siempre en ciudades destacadas, en las que el templo se dedicaba al culto imperial. Lo excavado es parte de la cimentación de la terraza. Siglos después en el sector norte se edificó una gran casa con mosaicos.
La zona excavada que se conserva corresponde a la parte inferior de uno de los lados de la plaza porticada. Está constituido por un pasillo interior cubierto denominado criptopórtico, utilizado como zona de almacenamiento, y al exterior varias estancias abiertas hacia la plaza del mercado que corresponderían a tiendas o tabernae.

– Gran cisterna subterránea

Es un depósito de reserva que garantizaba a la ciudad el aprovisionamiento de agua. Realizado en encofrado de hormigón, tiene planta semi-anular dividida internamente en cinco compartimentos y una capacidad de 300 m3. Además de esta construcción, fechable en el siglo I d. C., el sistema de abastecimiento de aguas urbano contaba con toda una red de cisternas distribuidas por la zona alta y media y un acueducto que desde Ucero, a 18 km al norte, llevaba el agua a la zona baja. Tal complejidad sugiere una población relativamente alta.
La cisterna está construida mediante encofrado de opus cementicum -hormigón de cal con pequeños fragmentos de caliza y ladrillo machacado. El interior se encuentra compartimentado en cinco espacios comunicados por medio de aberturas en las paredes a distintas alturas, probablemente para facilitar la decantación del agua y el control de las reservas. Las esquinas se rejuntan con un bocelillo de media caña para evitar fugas de agua. Disponen de brocales en los extremos que permiten acceder al interior para su mantenimiento.

  

TIERMES

Ciudad Celtíbero – romana

Los hallazgos más antiguos de Tiermes corresponden a un poblado de la Edad del Bronce datado hacia el año 1700 a. C., y ubicado unos 800 metros al Este, junto al río. Sobre él, entre los siglos VI a. C. – I d. C., se situó la Necrópolis Celtibérica de incineración de Carratiermes. La ciudad celtibérica se emplaza en la parte más alta del cerro y fue conquistada por los romanos en el 96 a. C. La arquitectura rupestre, utilizada desde sus orígenes, alcanzó su más alta expresión en esta etapa. Excavados en la roca arenisca se construyeron edificios públicos y privados, constituyendo el rasgo más característico del yacimiento. Después perdió buena parte de su importancia; los únicos vestigios conocidos son las necrópolis visigoda, rupestre y medieval, y la ermita románica de Nuestra Señora. La despoblación definitiva se produce en el siglo XV d. C.
Tiermes se asienta sobre una plataforma rocosa de forma oval, situada en el margen izquierdo del río Manzanares. Su emplazamiento geográfico, que aprovecha la escarpada topografía del cerro, le aporta un importante papel estratégico y defensivo.

– Calzada romana

La construcción de las calzadas en época romana se hacía de manera sólida; en primer lugar se realiza una fosa, amodo de foso que, posteriormente, se rellenaba con cuatro sucesivas capas, que recibían los nombres de summa crusta (formada por pequeños guijarros o losas), nucleus (a base de mortero de hormigón y ladrillos), rudus (constituida por cantos rodados y cascotes) y statumen (compuesto de piedras de regular tamaño con mortero o tierra). La summa crusta presentaba una ligera inclinación hacia los laterales, con el fin de permitir que las aguas pluviales evacuaran fácilmente.

– Graderío y Puerta del Sol

El rasgo más característico de Tiermes lo constituye la Arquitectura rupestre de orígen celtibérico y amplio desarrollo en el periodo romano. La roca arenisca, blanda y fácil de trabajar, es el soporte de las construcciones tanto públicas como privadas.
El Graderío es un edificio público, interpretado indistintamente como teatro, anfiteatro, área de reuniones o recinto sagrado. Aparece dividido en varios sectores y tendría unas medidas de 60 metros de anchura por 150 metros de longitud. Las gradas se adaptan a la topografía del cerro, combinando los tramos rectos con otros ligeramente curvos, y en el lado Oeste se excavó una escalinata de acceso.
La Puerta del Sol es uno de los tres accesos a la ciudad temestina. La entrada se realizaba por un largo pasillo de 40 metros de longitud por 2.5 metros de anchura. Una doble puerta, de dos hojas, se situaba en mitad del corredor y de ella sólo se conservan los agujeros de los quicios. En el suelo se mantienen también las huellas del paso de los carros.

– Muralla y Termas

En la terraza más elevada se mantiene en pie la arquitectura de las Termas. Este gran edificio público servía también como centro de ocio y diversión. Sus estancias principales eran el caldarium o baño de agua caliente, conseguido mediante un complejo sistema, el frigidarium o gran piscina de agua fría que se bajaba por unas escaleras y el tepidarium o sala de baños tibios, con suelo de mosaico.

– Casa de las Hornacinas

Recibe este nobre por los cuatro nichos horadados en sus paredes cuya utilidad fue contener vasijas de almacenamiento. Se accedía por el Norte mediante una escalera (actualmente tapiada), y hacia el Sur a través de un hueco, por el cual seguramente también se comunicaría con otra habitación. Junto a la escalera se conserva el hogar sobreelevado, de superficie cóncava, con un pequeño canal para recoger las cenizas.

– Casa con escalera central

Esta casa repite las técnicas constructivas características de la arquitectura celtíbero-romana de Tiermes. Está dividida en dos habitaciones separadas por una escalera central de acceso en rampa. La de la derecha conserva todo el espacio habitable excavado en la arenisca. Es de tamaño mediano, con dos entradas y un gran ventanal al Sur. De la estancia situada a la izquierda sólo se mantiene la pared interna con las huellas de los mechinales donde apoyaría una techumbre de madera y tejas, y los quicios de la puerta, tallados en la roca. En este farallón rocoso se suceden otras viviendas cuya complejidad permite hablar de edificios colectivos (de tres plantas) o bloques de viviendas (de hasta siete alturas). También se han documentado calles peatonales, rampas y escaleras que comunican las diferentes terrazas, y depósitos para la recogida del agua de lluvia que luego era canalizada.

– Acueducto

El abastecimiento de agua a la ciudad romana se efectuó mediante una importante obra hidráulica que demuestra el avanzado conocimiento técnico de sus constructores. El manantial se sitúa en el río Pedro, a unos 7  km., y desde aquí se dirigía a Tiermes por un canal excavado y un acueducto volado.
Ante la Puerta del Oeste se dividía en dos ramales que distribuían el agua por los lados Norte y Sur del conjunto urbano, controlando el caudal y la velocidad. El del Norte, excavado a cielo abierto y cubierto por losas, finaliza en el Castellum Aquae. El del Sur se inicia en un pozo que eleva el agua hasta un profundo canal realizado en la roca. Luego se introduce en esta galería subterránea y, tras un tramo al aire libre, sale en las Casas del Acueducto.
El túnel de 140 metros está totalmente perforado en la arenisca. Para su limpieza se abrieron cuatro registros que llegaban hasta la superficie donde se cerraban con una tapa, para evitar impurezas. En sus paredes se horadaron pequeños agujeros para el descenso de los operarios, donde apoyaban los pies y las manos. La iluminación se conseguía con lámparas de aceite colocadas en otros huecos triangulares.

– Puerta del Oeste

Constituyó el acceso occidental a la ciudad desde época celtibérica y permite conectar las tres plataformas que componene el cerro. Tal vez, su uso fuera sólo peatonal ya que la altura del escalón inferior y la pronunciada rampa impediría el paso de los carros. El primer tramo se cerraba en su mitad con una doble puerta de madera, de dos hojas, de la que persisten las huellas de sus batientes. Entre ellas se disponen, a ambos lados, unas oquedades posiblemente utilizadas como puestos de control y custodia de la entrada.
En esta terraza y en la superior, se erigieron una serie de estructuras interpretadas como elementos de defensa y vigilancia de este paso estratégico. En su interior pueden observarse varios silos o pozos que servían para almacenar alimentos y agua potable destinados al abastecimiento. Junto a la puerta se observa un tramo del acueducto romano, que en esta zona llagaba a la ciudad desde su nacimiento en el río Pedro. Desde aquí el trazado se dividía en dos ramales, Norte y Sur, que en ocasiones discurrían a cielo abierto y tallados en la propia roca.

– Casa del acueducto

Situada al Sur del Acueducto y delimitada por cuatro calles, esta vivienda particular tiene unos 1800 m2, respondiendo al esquema típico de las mansiones de época romana. Sus 35 habitaciones se disponen en varios niveles unidos por escaleras. Sobre el zócalo de roca se levantaban los tabiques, mediante un entramado de madera y adobe, que después se enlucía. Para evitar las humedades y a modo de aislante, las paredes se forraban con tejas planas (tégulas) ancladas con grapas y en el suelo labraban pequeños canales que desalojan el agua a un patio.
Este impluvium estaba rodeado de un pasillo porticado o peristilo desde el que se distribuía la casa. Las estancias nobles ocupan el área central, y en ellas destaca la presencia de pinturas murales con motivos arquitectónicos, vegetales, animales, humanos y geométricos muy coloristas. El ala Este estaba destinado al servicio doméstico y en el sector Suroccidental se localizaban las habitaciones privadas del dueño.
Este edificios romano queda separado de la mansión privada por una calle en la que pueden observarse las huellas de los carruajes. Tuvo un uso artesanal o industrial, y sus habitaciones se organizan en varios grupos. El primero era un almacén formado por tres estancias unidas por escaleras o rampas. Una de ellas está tallada en la roca -incluso en el techo-, y las otras dos conservan en el suelo pequeños hoyos alienados donde asentarían bancos de madera para colocar las vasijas.
El otro recinto posee dos compartimentos con pozas rectangulares, similares a las tres piletas conectadas por pequeños conductos y situadas en la parte Norte. Completa el conjunto una única sala dividida por un murete bajo, a la que se accede por dos peldaños.

– Ermita Nuestra Señora de Santa María

En el año 1182, Domingo Martín edificó esta ermita de una sola nave, cabecera de ábside semicircular y galería porticada al Sur. Destaca la magnifica decoración escultórica de la portada y la de los doce capiteles del pórtico donde se representan temas habituales en el repertorio románico: motivos geométricos, vegetales, animales, fantásticos -sirenas, grifos o centauros-, escenas de guerra y pasajes de la Biblia. En la actualidad, y rememorando la antigua tradición de asegurar las cosechas, es el centro de dos romerías anuales.
En las proximidades de la Ermita se dispuso un cementerio visigodo constituido por sencillas fosas y algunos ataúdes orientados hacia el Suroeste. Por el escaso ajuar recuperado en algunos individuos: un anillo, un broche de cinturón… se ha datado entre los siglos VI-VIII.
Más adelante, durante los siglos IX-XI, la necrópolis se situó junto al río Manzanares sobre la cantera romana. Son sepulturas excavadas en la roca, de forma rectangulares, trapezoidales, con forma humana o de bañera.
A partir del siglo XI y hasta el XV, el lugar de enterramiento se traslada al exterior de este templo. Está caracterizado por las tumbas de lajas, los sarcófagos, las fosas y los enterramientos simples, todos ellos orientados de Oeste a Este (cabecera-pies), al igual que en la fase anterior.

~ by lostonsite on 9 abril, 2009.

Castilla y León, España, Viajes

One Response to “Cuando se pasea por la antigüedad”

  1. ¿Quién ha puesto ese cartel en el ábside? ¿Están locos?

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