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Cuando se amuralla a los pies del meandro

BUITRAGO DEL LOZOYA.

– IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA MARÍA DEL CASTILLO

Citan las fuentes escritas de inicios del siglo XVI hasta cuatro parroquias – San Juan, San Miguel, San Antolín y Santa María – en Buitrago. De ellas tan sólo queda en pie la última, que es hoy día la parroquial de la villa y que muestra aparejo tan diverso, sillares, sillarejos en mampuesto y tapial, que denuncian su heterogeneidad arquitectónica y cronológica.
Situada intramuros del recinto fuerte, en su sector suroeste, junto a la puerta de acceso que se abre bajo la torre del reloj, presenta algunos detalles arquitectónicos que permiten fechar su fábrica en la medianía del siglo XV, bajo el patronazgo de Iñigo López de Mendoza, primer Marqués de Santillana.
En su origen presentaba tres naves, actualmente reducidas a una única nave central, con cabecera hemihexagonal y coro elevado a los pies. La bóveda de crucería original, de estilo gótico, aparece actualmente cubierta por un artesonado de estilo mudéjar. En la Epístola aparece una construcción adosada, de estilo barroco, con funciones de sacristía, construida ya en el siglo XVII. En el lado del Evangelio, junto a la cabecera y a una puerta gótica tapiada, con arco rebajado, se alza una torre de planta cuadrangular y cinco cuerpos, una de las evidencias más antiguas de la primitiva edificación. El cuerpo de campanas presenta vanos en arco de herradura enmarcados en alfiz y recurso decorativo de ladrillos. Unos y otros, presentes también en algunas zonas del castillo, de la torre del reloj y del Hospital de San Salvador, señalan el trabajo de alarifes mudéjares al servicio de la Casa Mendoza.
La portada de acceso es añadido del siglo XVI. Presenta arco mixtilíneo de tres vueltas encuadrado por alfiz con escudos labrados en las enjutas y cobijada por un pórtico a tres aguas sostenido por dos columnas de caliza ubicadas sobre doble pedestal.
En 1936 sufrió un incendio, del que sólo se libraron los muros, quedando calcinados altares, imágenes, retablos y hundidas las bóvedas. En el presbiterio se colocó a mediados del siglo XX, los restos del artesonado mudéjar original procedente de la derruida iglesia del Hospital de San Salvador. La recuperación del edificio se inició en 1980, tratando de recoger la historia religiosa de Buitrago, pueblo en el que convivieron judíos, musulmanes y cristianos.

– MURALLA ÁRABE

Tras las intervenciones realizadas durante 1991 en la restauración y consolidación del tramo sur y sudeste de muralla, se descubrió, tras las pertinentes catas arqueológicas, la existencia de una muralla interior tipológicamente distinta. Ante este descubrimiento, los restauradores decidieron despejar un tramo de la muralla actual, rebajando su altura y grosor, para hacerla accesible al público y dejar constancia de la existencia de una muralla primitiva anterior, sobre la cual y embutiéndola, se alza la muralla más moderna.
La muralla primitiva se construyó con tapiales (estructuras de madera que posteriormente se retiran) rellenos de arcilla apisonada y amasada. Su adarve o parte superior de la muralla, tiene una altura unos metros inferior al actual, sus almenas, de mampostería y ladrillo, acaban en forma piramidal.

Con estos indicios se puede teorizar sobre el origen musulmán del recinto amurallado, datándose su construcción hacia el siglo X u XI; también existe la posibilidad, dado que los árabes tenían una tecnología defensiva más avanzada, que esta muralla se construyera en los tiempos inmediatamente posteriores a la conquista de Buitrago, hacia el siglo XII, con dirección cristiana, pero aplicando los sistemas de construcción musulmanes, e incluso, recurriendo al servicio de alarifes andalusíes.
Sobre el adarve árabe se pueden apreciar las intervenciones que sobre él se hicieron, ya más avanzada la Edad Media. Entre otros, se procedió a engrosar los lienzos, tanto por el exterior como por el interior, con cajas de mampostería y argamasa, consecuencia de los cual es el avance de la muralla sobre las torres exteriores embutiendo, en la práctica, las ventanas más próximas al muro. También se elevó la muralla, con el mismo tipo de material, hasta la altura de las torres, y se macizaron las habitaciones superiores de estas últimas.

El llamado adarve árabe, abarca todo el sector sur y sudoeste de la muralla, lo que denominamos adarve alto, y estaba configurado por una estructura formada por torreones, cada 14 metros aproximadamente y lienzos de muralla más baja; y todo ello rematado con almenas piramidales.

– CASTILLO Y RECINTO AMURALLADO

Legendario emplazamiento de la Litrabus carpetana citada por Tito Livio y de la Brittablo visigoda que menciona el Obispo Montano y en cuyo recinto fortificado y fortaleza se aprecian restos constructivos de tradición árabe como las corachas, el relleno de tapial intercalado entre las caras de mampostería y las pequeñas torres de base cuadrada, aún cuando resulte complejo a los especialistas certificar un origen islámico cierto para este emplazamiento fuerte.
Edificado, probablemente después de la conquista cristiana de la zona en 1075, sobre la península que, a modo de proa de barco, forma el gran meandro del río Lozoya, el complejo fortificado de Buitrago estuvo asociado a la vía de comunicación que, a través del paso de Somosierra, buscaba el enlace con las tierras de la Meseta Norte. Sin mención explícita en las fuentes árabes, sí aparece mencionada en el Fuero de Sepúlveda (1076) y en la Primera Crónica General, donde se señala que capituló tras la caída de Toledo. Alfonso VII fijó en 1134 los límites de su alfoz y concedió privilegio real a la población.
Esta fortaleza, situada en la Butracum citada por el Arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada en 1208, se añadió a la refortificación que las tropas cristianas hicieron de la villa tras la reconquista, prolongándose las obras hasta el siglo XII como testimonian los cambios estilísticos y arquitectónicos existentes en las diferentes torres.
El castillo fue construido bajo el patronazgo de Diego Hurtado de Mendoza quien instaló en Buitrago una de las dos cabezas fuertes que construyó, conforme crecía su poder, en las tierras del Señorío del Real de Manzanares. Por su parte, el desarrollo palaciego de las crujías interiores se atribuye a Iñigo López de Mendoza, primer Marqués de Santillana, si bien algunos restos arquitectónicos señalan también los gustos renacentistas propios de la época del Segundo Duque del Infantado, señor de estas tierras hasta el desmembramiento del Real de Manzanares.
El recinto amurallado y el alcázar fueron declarados Monumentos Nacionales en 1931, y en 1993 es declarado Buitrago, Bien de Interés Cultural, en la categoría de Conjunto Histórico-Artístico.
En este edificio se puede observar un ejemplar típico del movimiento artístico mudéjar, por utilizar en su construcción ladrillo y mampostería, por la forma de sus vanos, por la estructura de sus bóvedas…, que refleja el gusto de una época histórica, la Baja Edad Media, y de un reino, la Castilla medieval, deslumbrados por el arte hispano-musulmán. Los reyes, la nobleza y el clero construyen los palacios, alcázares e iglesias imitando a sus vecinos del sur, fundiendo su personalidad artística con la europea: la del románico y el gótico principalmente.
Parece ser que el Alcázar de Buitrago fue edificado sobre una antigua Alcazaba árabe. De hecho quedan restos de construcción aprovechados por el actual edificio y fácilmente observables.
Ocupa un amplio solar, casi cuadrado, circundado por siete torreones. Los tres torreones del lado sur son en su base los primitivos. Dos de ellos han sido reconstruidos en los años 70. Desgraciadamente el torreón más próximo al río se ha derrumbado. En la torre más alta del sector sur se aprecia que fue recrecida y ampliada, como puede verse fácilmente por el dibujo que las almenas han dejado reflejado a la altura del muro.
Las otras cuatro torres, en los lados oeste y norte corresponden al nuevo Alcázar. Este debió ser levantado a partir del siglo XIII, aunque no se puede considerar terminado en su forma actual, hasta el siglo XV. La torre NE, que da vistas al río, se levanta sobre el antiguo muro árabe. Es la que más rasgos arábigos muestra, como por ejemplo sus bellos ventanales de herradura, que no se repiten en ninguna de las otras. La torre central del lado norte cuenta con el acceso principal al alcázar. Tiene estructura en recodo enmarcado por dos arcos, uno de herradura hacia el exterior y otro apuntado en el interior, ambos de ladrillo; la forma similar al acceso de la Torre del Reloj. Una hermosa bóveda cubre el acceso. Es la única torre con sus tres alturas habitables.
En el resto de las torres sólo la parte superior es habitable. Todas constan de un paso para cruzar hacia el adarve, escaleras para acceder a la parte superior y una habitación con una o dos saeteras. Las torres, construidas casi totalmente de ladrillo, tienen algo curioso, las bóvedas que cubren escaleras y habitaciones son todas entre sí, circunstancia excepcional. El cuerpo inferior de estas torres salvo la de entrada, está relleno de barro pisado con capas de cal.
Sólo podemos apreciar dos entradas desde el exterior: la principal a través del gran arco de herradura, y una poterna en su esquina SE, que comunicaba el patio de armas, las cuadras y el cuerpo de guardia con el acceso al río. Es posible la existencia en su fachada S, de un acceso a la barbacana que en la actualidad no podemos atestiguar con la vista, puesto que el terreno ha sido recrecido en 2 ó 3 metros.
En el interior de la fortaleza se construyó el palacio de la familia Mendoza, concluido por el Marqués de Santillana en el siglo XV, con todas las comodidades de la época. Hoy se puede ver, adosadas a los muros interiores, las chimeneas que calentaban los amplios habitáculos del alcázar, y los mechinales donde se apoyaban las vigas de madera que dividían las diferentes plantas del edificio.
Hacia la década de 1930, el municipio convirtió el espacioso interior del alcázar en plaza de toros, en cuyo muro se pueden observar los restos en ladrillo de las cuatro esquinas del original patio interior, porticado con columnas de piedra, parte de las cuales conforman, también, el actual muro.
En el alcázar han habitado en distintas ocasiones reyes de España; los que más tiempo disfrutaron de él fueron Juan II y Felipe III. También albergó a Juana “la Beltraneja” (dice la tradición popular que su estancia era la del torreón de ventana en herradura, que se llamó por eso “de la Beltraneja”) y más tarde a su madre la infortunada reina Doña Juana esposa de Enrique IV.
En 1536 acabó semidestruido por un pavoroso incendio. Se reedifico posteriormente como castillo-palacio para desaparecer, ya definitivamente, a finales del siglo XVII a causa de un segundo incendio.

~ by lostonsite on 7 abril, 2009.

Castilla y León, España, Viajes

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