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Cuando el río perfila la roca

PARQUE NATURAL DE LAS HOCES DEL RÍO DURATÓN

El Parque Natural de las Hoces del Río Duratón es un paraje protegido que comprende el entorno de las hoces que este río tiene en su tramo medio. Estas son el cañón que el Duratón, afluente del río Duero, ha excavado en una zona de roca caliza entre las localidades de Sepúlveda y Burgomillodo (anejo de Carrascal del Río), al noroeste de la provincia de Segovia (Castilla y León, España).

Este paraje, constituido por el curso medio del Duratón, fue declarado Parque natural el 27 de junio de 1989 por las Cortes de Castilla y León, integrándose con los espacios protegidos de esa comunidad, declaración hecha en atención a la importancia de sus ecosistemas naturales y valores paisajísticos. La colonia de buitres leonados establecida en el área protegida está considerada como la mayor de Europa, tanto por su número, como por su nivel reproductivo. Esta colonia se ha convertido en uno de los principales atractivos del parque.
El parque ocupa una superficie de 5.037 hectáreas que se extiende en terrenos de los municipios de Sepúlveda, Sebúlcor y Carrascal del Río, todos de la provincia de Segovia. Junto a la riqueza natural que guarda hay un importante patrimonio cultural que hacen del mismo un destino turístico y de ocio importante.
El río Duratón discurre durante 27 km encajonado en el cañón que ha excavado en el sustrato calizo. En el último tercio de este recorrido traza cerrados meandros que reafirman la excavación propiamente dicha. Las paredes, que alcanzan los 100 metros de altura en algunos puntos, sirven de lugar de nidificación a muchas especies de aves.
El Parque Natural de las Hoces del Río Duratón tiene como eje el cauce del propio río. Las características orográficas que se dan en este espacio protegido hacen que se distingan tres ambientes o biotopos diferentes. La parte alta está ocupada por el páramo en donde abundan los bosques de sabinas y enebros que han sido muy afectados por la intervención del hombre. Existen también poblaciones de pinos resineros asentadas sobre sustrato arenoso. El fondo del cañón, a excepción de la zona inundada por el embalse, está ocupado por un bosque de ribera compuesto por sauces, chopos y alisos entre otras especies. Las paredes de los cortados rocosos dan sustento a una vegetación rupícola, propia de la roca, adaptada a la escasez de suelo y agua. Estos tres ambientes diferentes dan cobijo a una rica fauna en la que tienen especial relevancia las aves.

Las cotas máximas se hallan en las cumbres de los montes Otero de 1.176 metros de altitud, Alto de las Cejas de 1.118 metros de altitud y Castillejo de 1.176 metros de altura. Mientras que la cota mínima está en Pradillos de Burgomillodo con 844 metros de altitud. Las Hoces están formadas principalmente por calizas y dolomías, con presencia de arenas secundarias puntualmente y de arenas detríticas. El paisaje del parque es el resultado de un conjunto de varios procesos producidos durante millones de años, entre los que la erosión ha sido el más importante.
El proceso kárstico se produce por la combinación del agua, bien procedente de la lluvia o de los ríos, con el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. Esta combinación da lugar al ácido carbónico que disuelve las rocas calizas y dolomíticas. Este proceso ha formado todo un complejo de cavidades, conductos, grietas, cuevas y simas que han conformado el actual paisaje del espacio protegido. En las Hoces la mayor parte de los procesos kársticos son endokársticos (que tienen lugar en el interior de la roca), aunque se encuentran en la superficie de erosión algunas formas exokársticas (producidas en la superficie) como los lapiaces. El karst es un fenómeno vivo que siempre está activo, conformando diariamente el paisaje. La formación del cañón se explica por un conjunto de procesos. El río elabora un cauce superficial al mismo tiempo que las aguas que se filtran a través de la permeabilidad de la roca caliza va formando una galería subterránea, llegado un momento y en función de la fracturación, la galería se hunde y se rebaja el fondo. Las laderas se ven alteradas y los agentes erosivos las fueron suavizando mediante procesos periglaciales. En el nuevo cauce se repite el proceso anterior ahondándose el cañón. En la paramera el proceso kárstico tiene especial reflejo en las dolinas, depresiones geológicas, que se producen por la filtración del agua en los terrenos constituidos por margas.

El espacio del Parque de las Hoces del río Duratón ha sido ocupado por el hombre desde tiempos prehistóricos. Los hallazgos más antiguos son unas cerámicas neolíticas datadas en el año 3000 a. C. Los poblados conocidos pertenecen a la Edad del Cobre (2000 a. C.) mientras que las pinturas rupestres (del denominado arte esquemático) así como la gran mayoría de hallazgos son de la Edad del Bronce (de unos 1000 años a. C.). Es especialmente relevante el yacimiento de El Solapo del Águila, en el Corral de Muñecas, que tiene la mayor concentración de pinturas rupestres del parque. La tribu celtíbera de los arévacos ocupó el lugar que luego fue conquistado por los romanos, de los cuales aún se pueden ver algunos restos de sus obras viales como la calzada en Sepúlveda, o los puentes de Picazos y Talcano. Los romanos dieron de la vecina localidad de Sepúlveda el estatus jurídico de municipio que tuvo una vida amplia y relacionada con el exterior.

Los visigodos ocuparon el lugar dejado por los romanos. A ellos se deben algunos santuarios que se encuentran esparcidos por todo el área del parque, relacionados con la tradición eremita que se mantuvo viva durante mucho tiempo en estas tierras. Muchas de las cuevas existentes en el cañón fueron convertidas en pequeñas ermitas. La más relevante es la Cueva de los Siete Altares, considerada la primera iglesia de la provincia de Segovia. En esa tradición eremita tiene origen la devoción a San Frutos (patrón de Segovia cuya ermita y tumba se encuentran en el parque).
Los árabes no dejaron muchos vestigios de su larga presencia en el cañón, ya que ocuparon el lugar desde el siglo VIII al X. Se puede apreciar algún resto en las murallas de Sepúlveda. En el año 940 se le encargó a Fernán González, conde de Castilla, la repoblación de la villa de Sepúlveda que había quedado despoblada debido a las correrías de Alfonso I, aunque se sabe que existía una población campesina alrededor de la misma, es decir en tierras de los que hoy es el parque. Es esta repoblación la que estabilizó una zona cristiana más allá del río Duero. En el año 979, Almanzor intentó recuperar la villa sin éxito, objetivo que consiguió años más tarde, en 984 o en 986. En el año 1010 la villa pasó definitivamente a manos cristianas al ser tomada por Sancho García, nieto de Fernán González.

Ya en la repoblación efectuada por Fernán González se estableció el Fuero de Sepúlveda, que fue confirmado en diferentes ocasiones y codificado en el año 1300. En este fuero se define lo que se conoce como Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, en donde queda integrado el territorio que conforma el parque del Duratón. Sepúlveda y su zona de influencia vivió un periodo de esplendor llegando a ser aplicado su fuero a otras ciudades y villas como Zaragoza y Teruel y a muchas poblaciones de la Orden de Santiago.
El siglo XI dejó obras románicas como el priorato benedictino de San Frutos. Luego, ya en el siglo XIII se construyó el Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz.
Durante la ocupación francesa y la Guerra de la Independencia el entorno del parque natural sufrió una gran actividad bélica. La villa de Sepúlveda fue asediada por las tropas napoleónicas que no lograron tomarla. Juan Martín Díez, el Empecinado, mantuvo su base en las cuevas del cañón.
En el año 1953 se construyó el embalse de Burgomillodo que inundó una superficie de 132 ha del fondo del cañón. La construcción de esta presa impidió el acceso a pie al monasterio de Nuestra Señora de la Hoz a la vez que permitió la creación de una serie de actividades turístico-deportivas en sus aguas.

– SENDA LA MOLINILLA

Esta senda se adentra en el bosque de ribera por la orilla del río partiendo del puente de Villaseca por la orilla derecha. Su dificultad está calificada como de «muy fácil» y se estima un tiempo de recorrido medio de 45 minutos entre ida y vuelta. Permite un contacto inicial con los valores naturales del parque; ya desde el comienzo de esta senda se pueden ver algunos ejemplares de sabina y enebro, típicos de la paramera, para pasar al bosque de ribera donde se observan sauces, chopos, álamos y alisos. El inicio de la ruta se realiza en una parte abierta del cañón, poco a poco van apareciendo las paredes en las cuales se avistan las buitreras delatadas por el blanco de los excrementos acumulados. Junto a los buitres se pueden observar otras aves y distintos animales. A lo largo del recorrido de la ruta se visitan tres cuevas, la del Cura, la cueva del Santero y la de Cuarcimalo o la de la Parra, que han venido siendo utilizadas para guarecer los rebaños. La presencia de estas cuevas es uno de los elementos más representativos de este recorrido. El recorrido finaliza en la presa de la Molinilla.

 

– PRIORATO DE SAN FRUTOS DEL DURATÓN

•) Necrópolis:

La necrópolis del Priorato está situada en torno al ábside o cabecera de la Iglesia, como es habitual en la época medieval. En este caso, se tallaron en la roca tumbas con la cabecera marcada (antropomorfas), que una vez realizado el enterramiento fueron cubiertas con lajas de piedra y tierra.
Estas tumbas tienen la cabeza orientada al oeste de forma que la mirada del inhumado se dirige hacia la salida del sol.

•) San Frutos y el Priorato

San Frutos nació en Segovia, a mediados del S. VII, de familia acomodada. Muy joven y de acuerdo con sus hermanos Valentín y Engracia, repartieron sus bienes a los pobres y se retiraron a este lugar para vivir santamente.
San Frutos murió a los 73 años, fue enterrado por sus hermanos en la misma ermita donde había vivido y ellos se marcharon a Caballar, donde les martirizaron.

El Priorato. El Año 1076, el rey Alfonso VI hacía donación de este Priorato al monasterio de Santo Domingo de Silos. Su abad Fortunio, Regente de San Sebastián de silos, ordenaba la construcción de la iglesia en honor del Confesor San Frutos que fue levantada por el Maestro Michel y dedicada al Santo por D. Bernardo, arzobispo de Toledo, en el año 1100.
La zona ocupada por los monjes en los últimos siglos fue situada en el ángulo del Sur-Este del recinto, junto a la puerta principal. La planta baja la ocupaba la cocina y el refectorio y en la planta alta, desde la que se podía acceder directamente el Atrio, estaban las habitaciones.
El Priorato estuvo habitado por los monjes de Silos hasta la desamortización de 1835.

~ by lostonsite on 7 abril, 2009.

Castilla y León, España, Viajes

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