header image
 

Cuando la pintura va más allá

MAX ERNST. MÁS ALLÁ DE LA PINTURA.
Colección Würth.

Museo Picasso de Málaga: 22 Septiembre 2008 – 1 Marzo 2009

La obra de Max Ernst es una invitación al extraño mundo del surrealismo, un mundo caprichoso y pesadillesco a la vez, grotesco al mismo tiempo que elegante.

Como el dadá que le precedió, el surrealismo es la respuesta de una generación de jóvenes artistas europeos a la Primera Guerra Mundial, quizá la guerra más devastadora de la historia moderna, que para ellos había demostrado la bancarrota absoluta de la civilización occidental y de su culto al progreso y la razón. En su lugar, los surrealistas se internaron en el ámbito del inconsciente y lo irracional, buscando en sus fantasías y sus sueños una belleza vital y una verdad más honda; una fuerza de la que se sentían despojados por los valores falsos de su cultura.

Max Ernst era uno de aquellos jóvenes. Había nacido en 1891 en Alemania, hijo de un artista aficionado que era también profesor de sordomudos. Caba suponer pues, que desde sus primeros años tuviera contacto con los complejos mecanismos del mundo interior y la capacidad de expresarse al margen de los cauces habituales. La coincidencia de la muerte del ave que tenía como mascota con el nacimiento de su hermana cuando era adolescente pasó a ser parte de la mitología personal y fuente de sus peculiares temas: sus seres semihumanos, las insinuaciones amorosas de sus mujeres con animales y als situaciones donde lo morboso se mezcla con lo erótico.

Ernst quiso inventar algunas maneras de lograr diversas clases de efectos; de verse sorprendido, por así decirlo, por las formas de sus propias obras. Crea una técnica denominada frottage. Para ello se crea un dibujo frotando con carboncillo una hoja de papel bajo la cual se ha colocado un objeto escogido por su textura sugerente.  Aun siendo innovador, el frottage no carecía de antecedentes en la tradición.

El collage, la idea de hacer arte con materiales existentes, fue para Ernst otra mandera de huir de las ataduras del arte tradicional y pasear la mente y la mirada por lugares inesperados. La técnica no era nueva, pero los collages de Ernst no parecen collages, y ni siquiera parecen modernos. Son escenas tan vivídas como una pesadilla o un sueño erótico.

Buen ejemplo de las sugerentes ambigüedades que depara la combinación de fragmentos de imágenes encontradas es el extraño atractivo de un collage perteneciente al primer cuaderno de Une semainde de bonté.

Max Ernst falleció en 1976, casi seis décadas después de la Primera Guerra mundial, en la que afirmaba haber muerto y renacido.

~ by lostonsite on 10 enero, 2009.

Arte, Exposiciones

Leave a Reply




 
A %d blogueros les gusta esto: