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Cuando se escribe una nueva comedia

LA COMEDIA NUEVA O EL CAFÉ
Leandro Fernández de Moratín

Teatro Pavón: 12 de Diciembre 2008, al 25 de Enero 2009

Reparto:
Aníbal / Don Hermógenes ………..………… Vicente Colomar
Don Serapio / Luso / alguacil .………..……. David Lorente
Doña Agustina / Himilce ……..…….….……. Yara Capa
Doña Mariquita / Hesione .…………………… Natalia Hernández
Don Pedro de Aguilar ……………………….…. José Luis Esteban
Don Antonio / Senescal …………….…………. Carles Moreu
Pipi / alguacil …………..……………………..… Iñaki Rikarte
Don Eleuterio / Tago ………………………..… Jorge Martín

Escenografía .……………………………………………. José Luis Raymond
Movimiento escénico  ……………..………………. Pilar Andújar
Dirección ..………………………………………………… Ernesto Caballero

La obra más conocida de Moratín, El sí de las niñas, es una comedia representativa como pocas del ideal ilustrado, pero resulta curioso que la obra más apreciada por los profesionales y amantes del XVIII, La comedia nueva o El café, haya tenido una vida escénica tan escasa.

En cierto modo no es tan extraño: no es una pieza al uso; transcurre en un solo espacio y en tan sólo dos horas, la peripecia no es muy teatral y sus contenidos son muy críticos, tanto que se ha considerado como una verdadera crítica dramatizada. Su tema central es el teatro, y si bien habla de unas circunstancias y un momento muy concreto, su enseñanza resulta tan actual como universal. No en vano se trata de un asunto del que se han ocupado innumerables escritores desde los orígenes del arte teatral. El siglo XVIII es una época dividida, como casi todas, en dos fuertes tendencias que pugnan por definir el arte teatral en la escritura y en la escena.

La comedia nueva o El café es una comedia satírica en dos actos de Leandro Fernández de Moratín estrenada el 7 de febrero de 1792 en el Teatro del Príncipe de Madrid. Tiene por asunto la crítica del drama heroico de su tiempo y está escrita en prosa, algo excepcional en esta época, y que solo tenía como precedente ilustre El delincuente honrado (1774), comedia lacrimógena de Jovellanos.

 

Moratín tenía escrita La comedia nueva a fines de 1791 como una breve pieza cuyo objeto era la crítica del efectista drama histórico contemporáneo. A la vez, la obra promovía la dramaturgia defendida por los ilustrados, que abogaba por el respeto a las tres unidades dramáticas (de acción, espacio y tiempo) y la primacía de los carácteres de los personajes sobre el enredo complicado y los efectos de tramoya en que se basaba el teatro más popular en el siglo XVIII, cultivado por autores como Luciano Comella, quien se sintió aludido como blanco de esta sátira e intentó censurarla.

La comedia nueva condena la grandilocuencia e inverosimilitud de los dramas que se representaban en los coliseos a finales del Dieciocho, al tiempo que propone un modelo alternativo ajustado a la preceptiva neoclásica, es decir, obligado a respetar las célebres unidades de acción, tiempo y lugar, incorporando una inequívoca enseñanza moral. Y, a pesar de que su autor la consideró coyuntural, efímero testimonio de la situación del teatro de su tiempo, la obra logró perdurar al ser considerada como un determinante punto de inflexión para el desarrollo de buena parte de la dramaturgia posterior, muchas de cuyas fórmulas se inspiran en las premisas moratinianas.

La acción transcurre en un café de Madrid próximo a un teatro. Allí, varios personajes muy reconocibles para el público de su época manifiestan sus miserias y sus afanes en una deliciosa estampa que no oculta los ecos de Molière y de Goldoni, y donde don Pedro, trasunto del propio Moratín, reclama un gran proyecto de reforma del teatro que sirva de instrucción y deleite para una nueva sociedad. En un café cercano al madrileño teatro del Príncipe, un autor teatral novel y su familia departen animadamente media hora antes —según el reloj del pedante don Hermógenes— del estreno de la primera obra de Eleuterio, el joven autor, que acaba de lanzarse a la escritura dramática para solventar sus problemas económicos. La inquietud por la acogida del estreno y las ilusiones acerca de la carrera literaria de Eleuterio les hacen olvidarse del tiempo cuando vuelven a preguntar la hora a don Hermógenes, quien con su respuesta (la misma hora de antes) revela que su reloj está parado. Tras perderse gran parte de la representación, llegan a tiempo de comprobar que la obra es rechazada con estrépito por el público.

En esta versión, se ha incorporado dos añadidos. La representación se inicia con la escena final de La destrucción de Sagunto, de Gaspar Zavala y Zamora, paradigma de aquellos efectistas dramones de corte seudo- histórico que tanto irritaban a los ilustrados, a la que siguen, en boca de don Pedro, unos versos del propio Moratín acerca de la poesía dramática. Estos dos añadidos, junto a un curioso bando de 1790, son incorporaciones que pretenden arrojar mayor luz sobre las circunstancias en que se estrenó la obra.

~ by lostonsite on 27 diciembre, 2008.

Arte, Teatro

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