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Cuando el barroco hace furor

JOYCE DIDONATO.

PROGRAMA: FURORE!

Teatro Real, 3 de Diciembre 2008

GEORG FRIEDRICH HÄNDEL (1685 – 1759):
Teseo, HWV 9
“Dolce riposo, ed innocente pace”
“Ira, sdegni, e furore… O stringerò nel sen”
“Morirò, ma vendicata”
Imeneo, HWV 41
Obertura
“Sorge nell’alma mia”
Il pastor fido, HWV 8
Chacona

Serse, HWV 40
“Crude Furie degl’orridi abissi”

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GEORG FRIEDRICH HÄNDEL (1685 – 1759):

Ariodante, HWV 33
“Scherza infida”

Rodrigo ovvero Vincer se stesso è la maggior vittoria, HWV 5
Pasacalle en Si Mayor para violín obligado, dos oboes y fagotes

Hercules, HWV 60
Obertura
“Cease, ruler of the day, to rise!”
“Where shall I fly?”

Bises:
Serse: “Ombra mai fu”
Ariodante: “Doppo notte”

Joyce DiDonato, mezzosoprano

Les Talens Lyriques
Christophe Rousset, director

Las óperas de Georg Friedrich Händel (Halle, Sajonia, 1685 – Londres, 1759) encierran la más perfecta y asombrosa lección de canto de la música barroca. No en vano la pasión por Händel actúa como nexo común entre los pioneros de la interpretacion con instrumentos de época y criterios historicistas -Nikolaus Harnoncourt, Gustav Leonhardt, Frans Brüggen, Jordi Savall, René Jacobs, Christopher Hogwood, William Christie y John Eliot Gardiner- y la posterior generación de intérpretes que en las últimas tres décadas ha liderado la llamada revolución barroca. Músicos como Alan Curtis, Robert King, Trevor Pinnock, Marck Minkowski, Christophe Rousset y Emmanuelle Haïm, entre otros, que comparten una forma muy viva de hacer música, manteniendo la máxima fidelidad estilística sin que el rigor filológico disminuya la belleza expresiva de la música.

Händel utilizó el aria da capo, una forma musical cerrada, para llamar la atención del espectador, agitar sus senitmientos y llegar a emocionarle.
El aria tiene un papel decisivo en la música barroca y su función, como si de un remanso lírico se tratara, deja al cantante expresar sus sentimientos o comentar la acción, y al mismo tiempo le sirve en bandeja de plata una ocasión de lucimiento personal. En la escena europea, desde mediados del siglo XVII hasta mediados del XVIII se impone en la ópera la denominada aria da capo, en la que Händel fue el más asombroso e imaginativo maestro. En esta composición estructurada en forma ternaria (A-B-A), se impone un especial sentido del contraste en la expresión de atmósferas y sentimientos: la primera parte, más larga, contrasta con la segunda para, finalmente, volver a la primera, con diversas variaciones, ornamentaciones e improvisaciones, es decir, añadiendo dificultades a un sendero de virtuosismo extremo que permite al cantante el lucimiento pleno de sus recursos técnicos y expresivos.

Händel sintió la fascinación por el canto en plena juventud, especialmente durante su provechoso viaje a Venecia, Florencia, Nápoles y Roma, donde recibió la influencia de la música italiana. Dejó Hamburgo a finales de 1706, con apenas veintiún años, para trasladarse a Italia con un claro objetivo: empaparse de los gustos operísticos en boga. En Roma hizo representar en 1707 su primer oratorio, Il trionfo del Tempo e de Disinganno y al año siguiente La Resurrezione. Buscó después la gloria lírica en Nápoles, estrenando en 1708, por encargo del Duque de Alvito, la serenata Aci, Galatea e Polifemo, antecedente de Acis and Galatea.

Maestro de capilla del príncipe elector de Hannover, cuando éste heredó el trono de Inglaterra (1714) con el nombre de George I, se convirtió en su protector en Londres, donde se había establecido tres años antes tras el éxito de Rinaldo. En la capital inglesa dirigió la Royal Academy of Music, compañía creada en 1719 para promocionar la ópera italiana, y forjó un catálogo lírico de más de cuarenta títulos. En sus primeros años londinenses se vio metido de lleno en la mayor controversia artística de su tiempo: escribir óperas italianas que suplantaban formas líricas nacionales inglesas, con la masque como modelo representativo del gusto autóctono. Ante el auge italianista, compositores y libretistas comprendieron que la única forma de sobrevivir era reformar la música teatral en lengua inglesa adaptándola a los nuevos gustos.

Utilizando efectivos modestos, supo hechizar al público con una fluidez elegancia y refinamiento sonoro que define su lenguaje orquestal. En cuanto a la variedad expresiva de las arias, nunca le falló la inspiración, desde la ternura al lamento conmovedor, desde la bravura y la ira al canto más sereno y sensual. Su fama ilustra una paradoja: siendo alemán y escribiendo para el público inglés, acabó siendo el más célebre autor de óperas italianas del siglo XVIII.

Händel tomó bien el pulso al gusto escénico inglés por lo espectacular y lo mágico, herencia del teatro isabelino, y probó muy pronto las mieles del éxito, con el estreno de Rinaldo en 1711, y el agrio sabor del fracaso: su pieza pastoril de estilo italiano, il pastor fido HWV 8, fue un absoluto fracaso, entre otras causas por su pobre presentación escénica. Con Teseo, HWV 9, el único de sus dramas dividido en cinco actos por influencia de la tragedia lírica francesa, la suerte cambió. Se estrenó en 1713, alcanzando las trece representaciones. Gustó, a juzgar por las crónicas, por varios motivos: el “lujoso vestuario”, el “despliegue de maquinaria escénica” y su tema, pues se trata de una ópera mágica, tan del gusto inglés.

En 1735 estrenó Ariodante, ópera de tres actos con argumento basado en Orlando furioso de Ariosto. En esta ópera se define perfectamente la conmovedora expresividad del universo händeliano. El aria “Scherza infida in grembo al drudo” (Acto II, Escena 3) es un inspiradísimo lamento que traduce los sentimientos y el dolor del protagonista. Los efectos orquestales rozan el prodigio, con esa atmósfera nocturna y la intervención de fagotes y violines con sordina. Los silencios que dan protagonismo a la orquesta cobran gran relieve dramático, mientras que el desasosiego y la aflicción reemplazan el furor que parecen indicar las palabras del amante que se siente traicionado.

Durante el invierno de 1737 compuso Serse, HWV 40, una de sus últimas óperas. Se trata de una curiosa obra con elementos cómicos y satíricos que ridiculizan las convenciones de la òpera seria. A pesar de su calidad, el creciente desinterés por el género italiano limitó su permanencia en cartel a sólo cinco representaciones. Después cayó en el olvido absoluto durante dos siglos, no sin compensar al autor con una gran contribución a su gloria, el celebérrimo arioso “Ombra mai fu”, cuya sublime melodía pasó al gran repertorio bajo el título de Largo de Händel.

El vanidoso, presuntuoso y autócrata personaje de Serse, rey de Persia, tiene a su cargo otras páginas de sorprendente fuerza y belleza. Una de ellas es la espléndida aria “Crude Furie degl’orridi abissi” (Acto III, Escena 11), todo un ciclón que exige al cantante aplomo y absoluto dominio estilístico para salir a flote.

Otro título prácticamente olvidado desde el estreno en 1738, en Imeneo HWV 41. El argumento narra en tres actos el dilema de Rosmene, una muchacha que se debate entre el amor de dos pretendientes: Tirinto, su prometido, e Imeneo, que le salvó la vida. La obertura es un magnífico ejemplo de la madurez del sajón y su maestría orquestal, con un admirable equilibrio y transparencia en el uso de unso recursos sencillos con los que consigue una atmósfera de gran frescura.

Drama intimista, concebido, como es rasgo común en sus últimas óperas, con una mirada irónica hacia las convenciones del género italiano, ya en su ocaso. El aria principal de Tirinto, “Sorge nell’anima mia” (Acto II, Escena 3) maravilla por su gran fuerza y puede codearse con sus mejores creaciones en el espectacular terreno de las arias de bravura. La agitación de las cuerdas y el vigor rítmico acompañan un canto brillante, rico en ornamentaciones y plagado de enormes dificultades.

Obra de madurez, Imeneo nos remite a un periodo díficil de su vida empresarial: la decadencia de la ópera cantada en  italiano y la progresiva implantacion del uso del inglés en el género lírico para responder a los nuevos gustos del público.

Harto de confrontaciones entre partidarios de la ópera italiana y la inglesa, y también entre los que consideraban intolerable escuchar oratorios sagrados en el teatro, votó por la suscripción como fórmulas menos arriesgada para sasegurar el estreno de dos obras nuevas. Hercules, HWV 60, estrenada en 1745, fue una de ellas. Sin embargo, no convenció ni a los aficionados a los oratorios ni a los defensores de la ópera. La posteridad no ha hecho demasiada justicia a la obra, y eso que contiene música de extraordinaria calidad y retratos líricos tan poderosos como el personaje de Dejanira, cuyos celos furiosos se mueven en una desbordante tesitura que culmina con la asombrosa esdena de la locura del Acto III, de colores vocales y sentido teatral fuera de serie.

JOYCE DIDONATO.

Después de graduarse en la Academy of Vocal Arts de Filadelfia, se hizo miembro de los programas para jóvenes artistasn en las compañías de ópera de San Francisco, Houston y Santa Fe.
Su carrera internacional tuvo un despegue meteórico con papeles en óperas de Rossini, Händel y Mozart.
Importantes debuts en su desarrollo profesional han tenido lugar en La Scala de Mlán (Angelina en La Cenerentola), en la Ópera de Ginebra (Sesto en La clemenza di Tito), el Metropolitan de Nueva York (Cherubino en Le nozze di Figaro) y en la Ópera de Amsterdam (Sesto en Giulo Cesare).
Ha actuado en los más prestigiosos coliseos líricos del mundo (Londres, Tokio, Múnich, Tel Aviv, San Francisco), así como en los festivales de Pésaro y Aix-en-Provence.

CHRISTOPHE ROUSSET.
Oriundo de Aix-en-Provence, estudió clave con Huguette Dreyfus en la Schola Cantorum de París y con Bob van Asperen en el conservatorio de La Haya. En 1983, a la edad de veintidós años, obtuvo el primer premio en la VII Edición de Competición en Clave en Brujas. Consolidado en la prensa internacional y los más importantes sellos musicales como solista de clave, hizo su debut como director con II Seminario Musical y Les Arts Florissants. En 1991 fundó su propio grupo, Les Talens Lyriques, que se ha convertido en una de las mejores orquestas barrocas de Francia. Al frente de la misma ha actuado en los más famosos festivales barrocos del mundo, incluyendo The Boston Early Music Festival, la Bachfest Leipzig, Haendelfestpiele, la Accademia Santa Cecilia, el Festival d’Ambronay y el Drottningholm Festival. Posee una importante cantidad de grabaciones como director del grupo y en solitario como clavecinista.

~ by lostonsite on 3 diciembre, 2008.

Conciertos, Música

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